jueves, 28 de junio de 2018

José Antonio Pagola - LA FE GRANDE DE UNA MUJER


José Antonio Pagola - LA FE GRANDE DE UNA MUJER

La escena es sorprendente. El evangelista Marcos presenta a una mujer desconocida como modelo de fe para las comunidades cristianas. De ella podrán aprender cómo buscar a Jesús con fe, cómo llegar a un contacto sanador con él y cómo encontrar en él la fuerza para iniciar una vida nueva, llena de paz y salud.

A diferencia de Jairo, identificado como «jefe de la sinagoga» y hombre importante en Cafarnaún, esta mujer no es nadie. Solo sabemos que padece una enfermedad secreta, típicamente femenina, que le impide vivir de manera sana su vida de mujer, esposa y madre.

Sufre mucho física y moralmente. Se ha arruinado buscando ayuda en los médicos, pero nadie la ha podido curar. Sin embargo, se resiste a vivir para siempre como una mujer enferma. Está sola. Nadie la ayuda a acercarse a Jesús, pero ella sabrá encontrarse con él.

No espera pasivamente a que Jesús se le acerque y le imponga sus manos. Ella misma lo buscará. Irá superando todos los obstáculos. Hará todo lo que pueda y sepa. Jesús comprenderá su deseo de una vida más sana. Confía plenamente en su fuerza sanadora.

La mujer no se contenta solo con ver a Jesús de lejos. Busca un contacto más directo y personal. Actúa con determinación, pero no de manera alocada. No quiere molestar a nadie. Se acerca por detrás, entre la gente, y le toca el manto. En ese gesto delicado se concreta y expresa su confianza total en Jesús.

Todo ha ocurrido en secreto, pero Jesús quiere que todos conozcan la fe grande de esta mujer. Cuando ella, asustada y temblorosa, confiesa lo que ha hecho, Jesús le dice: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». Esta mujer, con su capacidad para buscar y acoger la salvación que se nos ofrece en Jesús, es un modelo de fe para todos nosotros.

¿Quién ayuda a las mujeres de nuestros días a encontrarse con Jesús? ¿Quién se esfuerza por comprender los obstáculos que encuentran en algunos sectores de la Iglesia actual para vivir su fe en Cristo «en paz y con salud»? ¿Quién valora la fe y los esfuerzos de las teólogas que, sin apenas apoyo y venciendo toda clase de resistencias y rechazos, trabajan sin descanso por abrir caminos que permitan a la mujer vivir con más dignidad en la Iglesia de Jesús?

Las mujeres no encuentran entre nosotros la acogida, la valoración y la comprensión que encontraban en Jesús. No sabemos mirarlas como las miraba él. Sin embargo, con frecuencia, ellas son también hoy las que con su fe en Jesús y su aliento evangélico sostienen la vida de no pocas comunidades cristianas.

Domingo 13 Tiempo ordinario - B 
(Marcos 5,21-43)
1 de julio 2018


TALITHA QUMI
Florentino Ulibarri

A ti, que eres pobre y pequeña,
que desconfías de mi amor y presencia,
que vives en el destierro y la periferia,
que evitas el silencio y la escucha,
que te abruma la soledad y la lejanía,
que estás marcada por los fracasos y la melancolía,
que tienes hambre y sed de ternura,
que dudas de las cosas gratuitas,
que te sientes olvidada e incomprendida,
que te asfixia el peso de las estructuras,
que no encuentras lo que tanto anhelas cada día,
que te enfrían tantas y tantas rutinas,
que acumulas miedos y heridas,
que andas sin rumbo y perdida,
que has dejado de ser experta en cosas de la vida,
que nadie te quiere por compañera,
que quedas excluida de las nuevas iniciativas,
que te andas dolorida y quejosa,
que recibes el desprecio de quienes te miran,
que eres débil aunque tengas aires de grandeza,
que te consideran vieja y anacrónica,
que sufres tus propias incoherencias,
que te has convertido en hazmerreir de los que triunfan,
que dudas del sentido de la historia y de tu vida,
que no puedes explicar lo que te pasa y desconcierta,
que estás más muerta que viva...
a ti te digo:
Talitha qumi.

¡Escucha, levántate y camina!



¡BASTA QUE TENGAS CONFIANZA!
Fray Marcos
Mc 5, 21-42

Del final del c. 4 de Mc, pasamos al final de c. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, se narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdos, que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca. Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del “poder” de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de “poder” sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: “Poder” sobre la enfermedad (la hemorroísa); Y “poder” sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.

En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús. La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy. Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. En ambos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice: "La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o hemorragias. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera­ción de impura. La hemorroísa tenía prohibido tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía le devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta “¿Quién me ha tocado?”, está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo. Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo “impuro” de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso. La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera.

El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús (una fuerza especial que sale de él. La fe-confianza de la mujer desencadena los aconteci­mientos. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de “milagros”. No significa una acción que va en contra de las leyes de la naturale­za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone la racionalidad. Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas. Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante. Cogió de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo Mc emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar él contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.  

No os engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte. La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros. No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser y/o a los demás.

En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello. También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantos seres humanos atrapadas en las interpretaciones aberrantes de Dios y de su Lesy. La religión seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

Meditación

En el orden espiritual, es imprescindible la fe-confianza.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que dejar que fluya la energía.

Fray Marcos



LA FE EN JESÚS PRODUCE SALUD
José Enrique Galarreta
Mc 5, 21-43

Se relatan dos sucesos que, al parecer, ocurrieron juntos, puesto que en los tres Sinópticos se relatan entrelazados (Mateo 9, Lucas 8). El relato forma parte de la actividad de Jesús, que pasa por toda Galilea curando a los enfermos, de tal modo que su fama se hace enorme, y acuden a él de todas partes.

Es notable la diferencia entre la gente normal, que lleva sus enfermos a Jesús, y la gente importante, que le pide que acuda a su casa y los cure. Pero Jesús no se niega a nadie.

El relato de la mujer que toca la orla del manto de Jesús es bastante misterioso, y tiene ciertos ribetes semi-mágicos que nos sorprenden. Muy probablemente estamos en presencia de una amplificación semi-legendaria. La actividad de sanador de Jesús le dio fama indiscutible, y sus "hazañas" fueron sin duda engrandecidas al ser repetidas de boca en boca. El evangelista transcribe sin embargo el relato por su contenido, tan importante: el poder de la fe.

Una interpretación ingenua y superficial de los milagros de Jesús tiende a entenderlos como manifestaciones del poder divino. Con ellos demuestra Jesús su naturaleza divina. No es suficiente, ni es esa la intención de los evangelistas. Jesús cura porque en él está el Espíritu, porque se parece a su Padre, que es compasivo, que es el Médico, que es el que nos ha creado para la vida y la salud.

Lo más importante de los milagros no es que se manifiesta un poder sino qué poder se manifiesta: el poder de sanar. La acción de Jesús muestra lo acertado del Libro de la Sabiduría: No fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes; él todo lo creó para que subsistiera...

El Dios de Jesús es un padre que crea por amor, no un ingeniero que fabrica para exhibir poder. El Dios de Jesús es un padre que engendra y trabaja por sacar adelante a sus hijos. Este es el fundamento primero de nuestra confianza en Dios.

No pocas personas piensan en un dios lejano, creador hace miles de años, ausente durante nuestra vida, que espera al final como un juez implacable. No es ese el Dios que vemos en Jesús. Es una madre que sueña en tener hijos porque a ello le empuja el amor. No ama a los hijos que ya tiene y conoce, sino que engendra porque ama de antemano. Y no los abandona: trabaja por sacarlos adelante, los alimenta, los cura, los corrige. Y prepara un banquete para ellos cuando lleguen al final del camino.

Estas imágenes de la vida humana son mucho más estimulantes, pero, sobre todo, son las de Jesús, no las que nosotros nos hemos inventado.

Jesús completa y fundamenta al libro de la Sabiduría. Nuestra fe en la inmortalidad no se funda en ninguna filosofía, ni en Pitágoras ni en Platón ni en ninguna sabiduría humana; se funda en que conocemos a Dios, y sabemos cómo es el corazón del Creador.

La historia de la Creación se concibe a veces en tres estadios: primero, el Gran Ingeniero, solo; después, el Gran Ingeniero que crea todas las cosas como un alarde de poder y Sabiduría; finalmente, el Gran Ingeniero vuelve a estar solo, cuando todas las cosas, criaturas temporales, hayan desaparecido.

El Dios de Jesús nos hace pensar en otro esquema: primero, la madre soñando en tener hijos y queriéndolos antes de que nazcan; después, la madre trabajando por sacar a sus hijos adelante, instruyendo, alimentando, curando; finalmente, todos los hijos reunidos en casa, al final del largo viaje, fuera ya del todo peligro y de todo mal.

Evidentemente, esta imagen no explica por qué el camino es oscuro, por qué corremos tantos riesgos, por qué ha permitido el Padre tanto mal y tanto dolor en el camino. Pero la imagen sigue siendo válida, aunque no sea completa. Y es la fuente de nuestra fe en la Vida definitiva (y de nuestra esperanza en que ninguno falte en el banquete, porque si alguno faltase, no podría ser completa la alegría del Padre).

La enorme abundancia de curaciones que consignan los evangelios, y muy en especial Marcos, revelan por tanto un aspecto básico de Jesús. El Hijo "está en las cosas de su Padre". Las cosas de su Padre son sus hijos, y el Primogénito, el Hijo Preferido, lleno del Espíritu de su Padre, se dedica en cuerpo y alma a sanar y a iluminar, a liberar de esclavitudes, con todos los que tropieza, pobres, ricos, judíos, paganos, samaritanos, publicanos, prostitutas: para Jesús no hay ninguna diferencia: son todos hijos que necesitan la luz y la curación.

Los detalles de cada curación son anecdóticos, y nos ayudan a comprender que se trata de sucesos, no de narraciones míticas, aunque estén amplificados por la leyenda. Nos importa, en todas las curaciones de Jesús, ver con los ojos de la fe: entender cómo es Dios, recordando la frase del evangelio de Juan: "El que me ve, ve a mi Padre".

Éste es el lugar correcto de la fe. Sería ingenuo pensar que el secreto de la curación reside en que Dios premia la confianza que se pone en él. Esta actitud es semejante a la de los que piensan que la oración todo lo alcanza, como si pudiéramos "forzar la voluntad de Dios".

La fe de que habla Jesús no es el disparador de un efecto mágico. Jesús está alabando a la mujer y a Jairo, que han confiado en él, mientras otros sospechan o lo rechazan. Los que creen en él, se acercan y son curados. Más significativa aún que la fe de la mujer es la incredulidad y burla en casa de Jairo. Pero "No temas, basta con que tú tengas fe".

No podemos permitirnos la ingenuidad de atribuir a todas nuestras convicciones, a nuestra fe en la bondad de Dios, en Jesús mismo, la categoría de certezas racionales, de evidencias. Estamos hablando de fe y, concretamente, de fe en Jesús, es decir, de fiarse de él, de apostar por él.

Todo el mundo apuesta: hay quienes apuestan únicamente por disfrutar la vida. Es una apuesta, que puede salir mal. Algunos apostamos por Jesús de Nazaret, por sus criterios y valores. Y es una apuesta razonable: da sentido a la vida para todas las personas, lleva a más desarrollo personal, a más solidaridad. Y se funda en la fiabilidad de una persona admirable... De aquí en adelante, la fe, nuestra apuesta personal, por Jesús y por el Dios de Jesús, con todas sus consecuencias.

Pero hay también un desafío a la felicidad. Todo el mundo quiere curarse, porque todo el mundo aborrece el dolor, el mal, porque todo el mundo quiere ser feliz. Contra la felicidad se interpone la enfermedad y la muerte... y tantas cosas más. El desafío del ser humano es ser feliz en una vida frecuentemente hostil.

La apuesta por una felicidad basada en que todo me salga bien fracasa. El Antiguo Testamento se aferra a la idea de que "a los justos todo les sale bien porque Dios les protege", pero es mentira. La realidad es que a todos les salen muchas cosas mal, y que todos mueren.

¿Es posible la felicidad en un mundo lleno de mal y abocado a la muerte?

Esta certeza existencial de fracaso global ha desesperado a muchos y se ha constituido en argumento para negar que pueda haber un dios tras tanto absurdo y tanto dolor.

Los que creen a Jesús y le siguen hacen otro planteamiento, más existencial incluso, menos cognitivo. Ante todo, no entienden la felicidad como algo que viene de fuera, resultado de satisfacciones recibidas, sino como una satisfacción interior, que puede ser más fuerte que la alegría o tristeza que deparen los acontecimientos.

En segundo lugar, entienden la vida no como búsqueda de la propia satisfacción sino como misión de evitar en lo posible el dolor de los demás.

En tercer lugar, no pretenden entender la providencia divina, sino que dejan su propio destino y el de todos en las manos de Dios, confiando en que el Padre sabrá los porqués y tiene en su mano el futuro de sus hijos.

Así, la búsqueda de la felicidad se transforma: ya no se busca simplemente sentirse a gusto porque todo salga bien, sino sentirse bien por tener sentido, misión y confianza en el Amor que es Todopoderoso... a pesar de la infelicidad del mundo.

S A L M O   3 2

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de Ti.
Cantad de alegría ante el Señor
alabadle de todo corazón,
cantad al Señor un cántico nuevo
con todas las fuerzas de vuestro espíritu.

Es justa la Palabra del Señor,
todas sus obras son Verdad.
El Señor busca la justicia y el bien,
la tierra entera está llena de su amor.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de Ti.

Desde lo alto de los cielos mira el Señor
y contempla a los hijos de los hombres.
Él, que forma el corazón de cada uno,
que discierne todas sus acciones.
El Señor vela sobre todos sus hijos,
sobre todos los que esperan en Él.
Él preserva su vida de la muerte
y salva su vida para siempre.
Nuestra alma espera en el Señor,
nuestro refugio, nuestra fuerza.
En Él nuestra esperanza y nuestra fe.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de Ti.

 José Enrique Galarreta



EN BUSCA DE LA MEJOR MEDICINA
José Luis Sicre

La muñeca rusa
En los evangelios, los relatos de milagros son como contenedores bien cerrados, unos juntos a otros, sin que se mezcle su contenido. El pasaje de Marcos que leemos hoy recuerda, en cambio, a las muñecas rusas: un milagro dentro de otro. Jesús va a curar a una niña y se cuela por medio una enferma con flujo de sangre. Esa mezcla da gran dramatismo e interés al conjunto.

La medicina tradicional: imposición de manos
El comienzo parece normal: un padre preocupado por su hija gravemente enferma. Lo que no es normal es su convencimiento de que Jesús puede curarla con sólo ponerle la mano encima. En nuestra cultura, el enfermo agradece que el médico no le hable a distancia; que lo ausculte y lo palpe, si es preciso. En la cultura antigua, el hombre santo y el curandero ejerce su poder mediante el contacto físico. Jesús cura a la suegra de Pedro tomándola de la mano; imponiendo las manos cura a diversos enfermos (Mc 6,5; Lc 4,40), a un sordomudo (Mc 7,32), a un ciego (Mc 8,23.25), a la mujer tullida (Lc 13,13); poniendo barro en los ojos del ciego de nacimiento le devuelve la vista (Jn 9,15); y a los discípulos les concede el poder de curar enfermos imponiendo las manos (Mc 16,18). Quien se haya fijado en las citas, habrá visto que casi todas son del evangelio de Marcos. Parece que a Mateo y Juan no les entusiasmaba el procedimiento, podría causar la impresión de un poder mágico.

Una nueva receta: tocar el manto
Si Jairo está convencido de que la imposición de manos de Jesús basta para salvar a su hija, la mujer con flujo de sangre va mucho más lejos: le bastaría tocar su manto. El relato acentúa la gravedad y persistencia de la enfermedad (¡doce años!), el fracaso de los médicos y el dineral gastado en buscarle solución. De repente, a la mujer le basta oír hablar de Jesús para depositar en él toda su confianza; ni siquiera en él, en su manto. ¿Fe o desesperación? Algunos de los primeros cristianos, amantes de aplicarse los relatos evangélicos, podrían identificarse fácilmente con la mujer. «Yo también estaba desesperado, oí hablar de Jesús, y todo cambió.»

La verdadera medicina: la fe
La mujer se cura al punto. Pero el relato toma un sesgo dramático. Jesús nota que una fuerza especial ha salido de él y quiere saber quién la ha provocado. Pregunta, rechaza la excusa de los discípulos, mira con atención a su alrededor, hasta que la mujer se presenta temblorosa y asustada. (Marcos describe a Jesús de forma tan humana, tan poco ortodoxa, que a Mateo por poco le dio un infarto y suprimió toda esa parte de su evangelio: Jesús sabe perfectamente lo que ha pasado.)

El lector termina poniéndose en contra de Jesús y a favor de la mujer. ¿Por qué le está haciendo pasar un rato tan malo? Es un recurso genial de Marcos, el mismo que utiliza en la curación de la hija de la mujer cananea: poner al lector en contra de Jesús y a favor del quien le suplica. ¿Para qué? Para que Jesús ofrezca al final la verdadera enseñanza.

Imaginemos que la mujer se cura y Jesús no pregunta nada. El lector se dice: «Llevaba razón la mujer. Bastaba con tocarle el manto.» Quizá añadiría: «En realidad, quien cura es Jesús, no el manto.» Pero todo el teatro montado por Jesús sirve para llegar a una conclusión muy distinta: «Hija, tu fe te ha curado.» Ni Jesús ni el manto, «tu fe». Esta afirmación podrá parecer atrevida, casi herética, a algunos teólogos. Pero, en este caso, Mateo y Lucas coincidieron con Marcos al pie de la letra: «Hija, tu fe te ha curado.»

Una medicina que, además de curar, resucita
La acción vuelve a su origen, pero de forma trágica: la niña ha muerto. No hay que molestar al Maestro. Pero Jesús le recomienda al padre la medicina usada por la hemorroisa: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Siguen hasta la casa y se sumergen en un mundo de llantos y lamentos.

La gente es lista, no se deja engañar por Jesús
Cuando yo era joven, me indignaba leer que la gente se ríe de Jesús cuando dice que la niña no está muerta, sino dormida. Me parecía una tremenda falta de respeto. Pero estaba equivocado. La risa de la gente demuestra que Jesús no puede engañarlos. Él quiere pasar desapercibido, presentar lo que hace como algo normal, sin importancia; pero la gente sabe muy bien que la niña ha muerto, que Jesús ha realizado un gran milagro. El detalle final de darle a la niña de comer sirve para demostrar la realidad de la resurrección.

Resurrecciones en esta vida y fe en la vida futura

La resurrección de la hija de Jairo (contada por Marcos, Mateo y Lucas) trae a la memoria otros relatos parecidos, pero peculiares: la resurrección del hijo de la viuda de Naín, que sólo cuenta Lucas; y la resurrección de Lázaro, que sólo cuenta Juan. ¿Cómo es posible que estos dos hechos tan famosos no se encuentren en los cuatro evangelios? Es cierto que la tradición oral olvida a menudo cosas y detalles. Pero resulta extraño que un evangelista no los conozca. Como un biógrafo de Beethoven que no ha oído hablar de la 9ª Sinfonía.

A los evangelistas no les preocupaba, como a nosotros, el hecho histórico en cuanto tal, sino la realidad de lo que contaban. Lo importante no es que Jesús resucitara a Lázaro (que al cabo de los años volvería a morirse), sino que nos resucitará a todos a una vida sin fin. «Yo soy la resurrección y la vida» es también el gran mensaje de la resurrección de la hija de Jairo.

La victoria sobre Satanás (1ª lectura)
La 1ª lectura, tomada del libro de la Sabiduría, afirma que la muerte no es algo querido por Dios, sino que entró en el mundo por envidia del diablo. Aunque esto resulte discutible desde un punto de vista científico moderno, así lo interpretaban los judíos del siglo I. Con ello, la resurrección de la hija de Jairo adquiere un sentido nuevo. Marcos enfoca su evangelio como una lucha entre Jesús y Satanás. Y este es un ejemplo de su victoria sobre el que introdujo la muerte en el mundo por envidia.

Una llamada a la solidaridad en tiempos de migración (2ª lectura)
Aunque no tenga relación con el evangelio, el fragmento de Pablo es de enorme actualidad en una época en la que miles de personas (hermanos nuestros) se encuentran en grave necesidad de acogida, comida, vestido, trabajo…

Pablo anima a los corintios a ayudar económicamente a la comunidad madre de Jerusalén, que sufre la terrible hambruna del tiempo del emperador Claudio. Su mejor argumento es recordarles el ejemplo de generosidad de nuestro Señor Jesucristo.

José Luis Sicre



LUCIDEZ CÓSMICA
Pedro Miguel Lamet, SJ.

El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón. 
Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal", de lo que renta. 
Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca. 
Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol. 
Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total. 
Cuando no me limito a mi mismo por mis propias ‟chorradas", despierto. 
El silencio me hace crecer en todas direcciones, me expande, me libera. 
Yo hago silencio cuando me suelto a mi mismo, y suelto ideas, esquemas, formulaciones. Perderse es encontrarse. (Lo decía Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que lo han estropeado con ascética, cilicios y mortificaciones. Él se refería al ego, al personaje ese en el que hemos centrado todo). 
De esta forma asisto desde lo que aparece a lo que no aparece, de lo visible a lo invisible, de lo particular a lo universal, de lo terrenal a lo cósmico. 
Uno con el mar. Uno con el fuego. Uno con el aire. Uno con la tierra.
Cuando más allá esté, más aquí me descubriré. Mirar es renacer. Te abrirás a lo cósmico en cada brizna de la realidad.

Pedro Miguel Lamet, SJ.



Los gestos del Papa Francisco son un poderoso vehículo de comunicación
Federico Lombardi, SJ.

El padre Federico Lombardi, sacerdote jesuita, ha supervisado la comunicación de la Santa Sede durante más de 25 años, prestando su servicio a tres pontífices (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco) y cubriendo papeles de gran prestigio en los medios del Vaticano. Fue director de programas de Radio Vaticano desde 1991 y gerente general de 2005 a 2016. En esos mismos años, de 2001 a 2013, también fue director general del Centro de Televisión del Vaticano (CTV) y, de 2006 a 2016, director de la sala de prensa de la Santa Sede.

Desde el 1 de agosto de 2016, después de terminar su largo recorrido en el mundo de las comunicaciones en el Vaticano, el padre Lombardi es presidente de la Junta de Directores de la Fundación del Vaticano Joseph Ratzinger - Benedicto XVI. En la sede de este instituto, en Via della Conciliazione 1, el padre Lombardi nos recibió, para permitirnos abordar en profundidad algunos aspectos de su largo servicio dedicado a explicar a los Pontífices al mundo, con particular reflexión sobre el pontificado de Benedicto XVI.

Ha servido usted a los últimos tres pontificados. A su juicio, ¿cuáles son los elementos peculiares de cada uno de ellos?

Seguí al Papa Juan Pablo II sobre todo como director de Radio Vaticano y en los últimos años como director del Centro de Televisión, no como director de la Sala de Prensa; en mi memoria, su fue grabando como un pontificado sin límites, inmenso como el tiempo y los horizontes. Por su gran personalidad, por el contacto que supo establecer con las personas y los viajes que hizo, lo recuerdo sobre todo como un maestro de los pueblos.

Por ejemplo, después de la caída del Muro de Berlín, pudo dirigirse a los países de Europa del Este mediante la valoración de sus identidades y sus raíces, mostrándoles el camino a seguir para el futuro y las responsabilidades que se deben asumir en la comunidad mundial. Este fue un rasgo que siempre lo cracterizó, cuando se dirigió a los pueblos que conoció durante sus numerosas visitas apostólicas. En los últimos años de su pontificado, que seguí principalmente desde el Centro de Televisión del Vaticano, experimenté con gran intensidad la experiencia de comunicar a través de imágenes la época de la enfermedad del Pontífice, sobrellevada con gran fuerza y ​​dignidad, sin ocultar nada. Fue un gran testimonio de fe dado por él a todo el pueblo de Dios. Creo que comunicarlo a través de imágenes fue un gran servicio en la historia de un pontificado tan grande e importante.

¿Y el pontificado de Benedicto XVI?

Como teólogo, Joseph Ratzinger admiraba, sobre todo, a la persona e invitaba a hacer una lectura profunda, positiva y equilibrada del cristianismo. Algunos de sus libros, como la Introducción al cristianismo, ya me habían atraído en mi juventud. Así que siempre he tratado de entender su doctrina y, una vez elegido Papa, me sentí en sintonía con su enseñanza, siempre dispuesta al diálogo y a la apertura con la cultura actual. En Benedicto XVI no era brillaba sólo la primacía de Dios y de su revelación por medio de Jesucristo, sino también una inmensa confianza en la razón humana y en su capacidad de diálogo con la fe. Este aspecto continúa hasta nuestros días, en mi trabajo hoy en la Fundación Ratzinger, que me fascina. También me llama mucho la atención el que el Papa Benedicto siempre haya tenido la necesidad de estudiar e investyigar intelectual y espiritualmente la figura de Jesús, incluso durante los años de su papado. Desde este punto de vista, se podría decir que su incesante estudio de la figura de Jesús (cuyo resultado es la obra en tres volúmenes publicados durante el curso de su pontificado), fue la fundación y el alimento espiritual de toda su enseñanza.

Este estudio constante siempre lo he visto no tanto "como el del Papa", es decir, como "formalmente magisterial", pero sí como un servicio prestado al pueblo de Dios por el sucesor de Pedro, que, con su fe, debe fortalecer y consolar la fe de los demás.

Con respecto al gobierno de la Iglesia, la forma en que Benedicto XVI luchó contra el abuso sexual por parte del clero es un aspecto que me ha impresionado y comprometido mucho. El estilo y la determinación con la que se acercó a esta crisis han sido perfectamente coherentes con su determinación y su modus operandi: medido y cuidadoso, pero firme en su deseo de restablecer la justicia y arrojar luz allí donde, hasta entonces, en general se intentó ocultar los fallos. Fue un ejemplo de sinceridad, profundidad y búsqueda de la verdad ante Dios y ante el mundo, sin negar o disminuir las responsabilidades de la Iglesia.

En el centro de la gran energía del actual pontificado indentifico la gran eficacia del Evangelio de la misericordia de Dios, con la atención a los pobres y los últimos; son todos elementos contenidos en el carisma del Papa Francisco, en su capacidad de estar cerca de la gente. Bergoglio es un Pontífice con un modo efectivo de comunicación, sus gestos se han convertido en un poderoso vehículo para los mensajes que desea anunciar y que, para mí, es una respuesta al tema de la nueva evangelización o, más bien, su demostración real, que practica constantemente, como los Viernes de la Misericordia.

¿Hay algún aspecto de Benedicto XVI que nunca haya percibido, o que haya permanecido secreto, y que solo haya descubierto ahora, ocupando el cargo de director de la Fundación Ratzinger?

En realidad no. Tiendo a ver siempre la continuidad en todas las cosas, así que no he descubierto aspectos "nuevos" en el Papa Benedicto. Lo repito a menudo, pero tampoco la noticia de la renuncia del Papa me sorprendió por completo. Me pareció una opción muy lúcida y coherente, de una manera predecible, en el sentido de que el Papa ya había hablado de ello antes, por lo que era seguro suponer que lo pensó seriamente. Observo que la gente volvió a leer su pontificado a la luz de la renuncia, porque fue un gesto que nos hizo reflexionar y comprender más profundamente quién era Joseph Ratzinger / Benedicto XVI y su personalidad. La renuncia la leí e interpreté en perfecta continuidad con el estilo del papa emérito. En resumen, vi una gran coherencia en la elección que hizo, precisamente por su enfoque espiritual y humano de la fe y la razón.

Ahora que desempeño el cargo de presidente de la Fundación Ratzinger, encuentro elementos que ya había notado en el pasado y que ya tenía claros cuando lo seguí, especialmente en el servicio de la comunicación. Por ejemplo, su intensa relación con la figura de Jesús como persona viviente y siempre objeto de investigación, porque es un misterio infinito. Esto también se refleja en sus "últimas conversaciones" con Peter Seewald, cuando habla de su vida espiritual, su oración y su meditación sobre el Evangelio. El impulso intelectual, la fe y la búsqueda espiritual de Benedicto XVI siempre se han extendido hacia la figura de Jesús. Éste siempre ha sido un elemento constante en él.

¿Cuál es el mayor legado cultural y espiritual que el Papa Benedicto XVI deja al mundo y a los fieles?

Es inevitable que sea recordado más por la renuncia que por cualquier otra cosa y, desde cierto punto de vista, es comprensible que sea así, ya que su gesto representó un hito. Al mismo tiempo, aquello a lo que Benedicto XVI hizo una importante contribución es lo que ya dije antes: Una presentación de la fe cristiana a la altura de los problemas del mundo moderno, en diálogo con ella gracias a la razón. La continua afirmación del papel de la razón humana, que también contribuye a preservar la pureza de la fe, está en el centro de su pensamiento, que todavía me fascina y que deseo seguir estudiando. Por otro lado, la fe no es algo que deba ser rechazada por la humanidad, sino que ayuda, según Ratzinger, a vivir dignamente en esta tierra, porque ayuda a la razón a no cerrarse a sí misma y la salva de sus peores derivaciones, como la desesperación o el totalitarismo.

Recientemente hablé de un ejemplo que me conmovió personalmente: la atención a los presos, la oposición a la pena de muerte, pero también la cadena perpetua, que el Papa Francisco condena enérgicamente, y en general la humanización del derecho en el campo criminal. Todo esto es fuertemente cristiano y ésta es precisamente la vocación de fe que ayuda a la razón a ver todos los argumentos positivos para un derecho restaurativo de la dignidad de la persona, en lugar de punitivo o que tiene la intención de excluir al culpable del consorcio humano. Papa Francisco presenta bien esto, usando el poder del Evangelio, pero quien lo ha racionalizado y explicado como una realidad histórica fue ya el Papa Benedicto XVI. La reciente relectura del discurso en la Universidad "La Sapienza" me lo confirmó (se refiere al discurso que Benedicto XVI debería haber pronunciado el 17 de enero de 2008, pero que solo fue entregado, porque la visita fue cancelada dos días antes).

Este sentido de razonabilidad del Papa como portavoz de una importante razón ética para la humanidad, me pareció muy fascinante y se presentó de una manera muy respetuosa durante todo el papado de Benedicto XVI. La relación entre fe y razón no es unidireccional, porque, en la relación dialéctica, evita, por ejemplo, las derivaciones del fundamentalismo. Es un razonamiento profundamente cristiano y que traza perfectamente la evolución histórica de los cristianos, que inmediatamente se sintieron aliados de la razón griega y la hicieron suya contra la religión mitológica. Creo que esta contribución, en la que siempre ha insistido Ratzinger, es muy importante.

Tal como están las cosas (y espero que este aspecto también se recuerde en el futuro), otra de sus contribuciones fue la lucha contra los abusos sexuales cometidos por el clero, un gran problema que estamos sobrellevando y que me temo que todavía necesitará tiempo para ser resuelto.