jueves, 12 de abril de 2018

José Antonio Pagola - TESTIGOS


José Antonio Pagola - TESTIGOS

Lucas describe el encuentro del Resucitado con sus discípulos como una experiencia fundante. El deseo de Jesús es claro. Su tarea no ha terminado en la cruz. Resucitado por Dios después de su ejecución, toma contacto con los suyos para poner en marcha un movimiento de "testigos" de contagio de todos los pueblos en Buena Noticia: «Vosotros sois mis testigos».

No es fácil convertir en testigos que los hombres hundidos en el desconcierto y el miedo. A lo largo de toda la escena, los discípulos permanecen callados, en silencio total. El narrador solo describe su mundo interior: están llenos de terror; solo sentir turbación e incredulidad; todo lo que parece demasiado hermoso para ser verdad.

Es Jesús quien va a regenerar su fe Lo más importante es que no se siente solos. Lo han sentido lleno de vida en medio de ellos. Estas son las primeras palabras que han escuchado del Resucitado: «La paz está con vosotros ... ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?».

Cuando olvidamos la presencia viva de Jesús en medio de nosotros; cuando lo ocultamos con nuestros protagonismos; cuando la tristeza nos impide sentir todo menos su paz; cuando nos contagiamos unos a otros pesimismo e incredulidad ... estamos pecando contra el Resucitado. Así no es posible una Iglesia de testigos.

Para despertar su fe, Jesús no les pide que miren su rostro, sino sus manos y sus pies. Que vean sus heridas de crucificado. Que tengan siempre ante sus ojos su amor entregado hasta la muerte. No es un fantasma: «Soy yo en persona». El mismo al que han conocido y amado por los caminos de Galilea.

Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él hemos de recorrer el relato de los evangelios; descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado por el Padre.

A pesar de verlos llenos de miedo y de dudas, Jesús confía en sus discípulos. Él mismo les enviará el Espíritu que los sostendrá. Por eso les encomienda que prolonguen su presencia en el mundo: «Vosotros sois testigos de estas cosas». No han de enseñar doctrinas sublimes, sino contagiar su experiencia. No han de predicar grandes teorías sobre Cristo, sino irradiar su Espíritu. Han de hacerlo creíble con su vida, no solo con palabras. Este es siempre el verdadero problema de la Iglesia: la falta de testigos.

Domingo 3 Pascua - B 
(Lucas 24,35-48)
15 de abril 2018

José Antonio Pagola 


VIVIR PASCUALMENTE
Florentino Ulibarri

Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.

Es inspirar amor y conciencia
en nuestro frágil cuerpo e historia,
y entrar con gozo y paz
en el cuerpo universal y místico
que todos somos ya ahora.

Es acoger la liberación y sanación
de nuestro ser entero
que se hacen presentes, aquí y hora
y en el reverso de la historia,
rompiendo nuestros normas y credos.

Es mirar y ver las llagas
del cuerpo y del alma
tan sangrantes en tantas personas,
y no pensar que quienes las tienen
son aprovecadas o fantasmas.

Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hemanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.

Es desprendernos del sufrimiento y miedo,
que atenazan y cierran
nuestra mente, corazón y entrañas,
y abrir todas las ventanas
a tu brisa resucitada.

Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.

Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados...



QUE LES COSTARA TANTO CREER, ES UNA GARANTÍA PARA NOSOTROS
Fray Marcos
Lc 24, 35-48

Vamos a hacer un rápido repaso por todos los relatos de apariciones para que quede claro  que no son crónicas de lo que sucedió tal día a tal hora en cierto lugar. Si fueran relatos de algo que ha sucedido, los primeros que escriben los tendrían más recientes y podían hacerlo con mucha más precisión que aquellos que lo hacen habiendo pasado mucho más tiempo. Pero resulta que en los relatos pascuales que nos han llegado, pasa justo lo contrario.

Mc que es el primero que escribió, no sabe nada de apariciones. Incluso en el final canónico, que es un añadido del s. II, únicamente se mencionan algunas apariciones constatadas ya en otros evangelistas. En Mt tampoco hay ningún relato completo. Jesús se aparece a las mujeres que van al sepulcro y les manda anunciar a los discípulos que vayan a galilea y allí le verán. En un monte en Galilea se aparece Jesús y les manda a predicar y a bautizar. Lc y Jn, que son los últimos que escriben, tienen relatos con todo lujo de detalles, lo que nos indica que los relatos se han ido elaborando por la comunidad a través de los años.

Lc y Jn nos trasmiten relatos muy elaborados teológicamente. En los textos más antiguos se habla siempre de (ôphthè) “dejarse ver”. Es un término técnico, que normalmente se traduce por aparecerse, pero no es una traducción adecuada. Para que veáis la dificultad de traducir esa palabreja, basta recordar que Pablo la utiliza en 1 Cor, 15 para decir que Cristo se apareció a Cefas, a Santiago y a Pablo; y en 1 Tim 3,16, para decir que se apareció a los ángeles. La misma palabra se emplea para decir que Moisés y Elías se “aparecieron” junto a Jesús. Las lenguas de fuego también “aparecieron” sobre los apóstoles en Pentecostés.

En los relatos más tardíos, se tiende a la materialización de la presencia, tal vez para contrarrestar la duda, que se destaca cada vez más. En Mt se duda que sea el Cristo; en Lc y Jn se duda de que sea Jesús de Nazaret. La materialización y la duda están relacionadas entre sí. Cuando los testigos de la vida de Jesús van desapareciendo, se siente la necesidad de insistir en la corporeidad del Jesús resucitado. Caen en la trampa en la que nosotros seguimos aprisionados: confundir lo real con lo que se puede constatar por los sentidos.

En el evangelio de Lc todas las apariciones y la subida al cielo tienen lugar en el mismo día. En el episodio que leemos hoy, Jesús aparece ‘a los once y a todos los demás’, de improviso, como había desaparecido después de partir el pan en Emaús. Se presenta en medio, no viene de ninguna parte. El relato de Emaús, que precede, había dejado claro que Jesús se hace presente en el camino de la vida, en la Escritura y en la fracción del pan. Aquí se hace presente en medio de la comunidad reunida. Esto lo tenía ya muy claro la primitiva iglesia, cincuenta o sesenta años después de la muerte de Jesús, cuando se escribió este evangelio.

Llenos de miedo. No tiene mucha lógica. Los discípulos ya conocían el anuncio de las mujeres, la confirmación del sepulcro vacío, y una aparición al mismo Pedro que el evangelio menciona, pero no narra. Los de Emaús estaban contando lo que les acababa de pasar. Si a pesar de todo siguen teniendo miedo, quiere decir que fue difícil comprender que la Vida puede vencer a la muerte. También nos advierte de que, lo que se narra no pudo ser una invención de los discípulos, porque no estaban nada predispuestos a esperar lo sucedido. En Jn, los discípulos tienen miedo de los judíos; en Lc, tienen miedo del mismo Jesús.   

“Creían ver un fantasma”. El texto se empeña en que tomemos conciencia de lo difícil que fue reconocer a Jesús. Los que acaban de llegar de Emaús caminan varios kilómetros con él y cenan con él sin conocerle. Incluso Magdalena pensó que se trataba del hortelano. ¿Qué nos quieren decir estas acotaciones? Era Jesús, pero no era él. En relato de hoy se dice: Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros”. ¿Es que en ese momento no estaba con ellos? Estas incongruencias nos tienen que abrir los ojos.

Mirad mis manos y mis pies, palpadme. Las manos y los pies, prueba de su muerte por amor en la cruz; y de que ese Jesús que se deja ver ahora, es el mismo que crucificaron. Una vez más se insiste en la materialidad, para demostrar que no se trata de fantasías o ilusiones de los discípulos. En absoluto estaban predispuestos a creer en la resurrección, más bien se les impuso contra el común sentir de todos ellos. Esto da plena garantía de autenticidad a lo que nos quieren trasmitir, aunque al empaquetarlo en una narración, tenemos el peligro de quedarnos en el cuento. No les importa la falta de lógica del relato.

Así estaba escrito. Lc insiste, siempre que tiene ocasión, en que se tienen que cumplir las Escrituras. En todos los salmos que hablan de siervo doliente, termina con la intervención de Dios que se pone de su parte y reivindica al humillado. Los primeros cristianos eran todos judíos; no tenían otro universo religioso para interpretar a Jesús que su Escritura. A pesar de que Jesús dio un paso de gigante sobre las Escrituras a la hora de decirnos quién es Dios, ellos siguen echando mano del AT para interpretar su figura. Al insistir en que la Escrituras se tienen que cumplir, nos está diciendo que todo está bajo el control de Dios.

Mientras estaba con vosotros. Indica con toda claridad que ahora no está con ellos físicamente. Estas son las pistas que tenemos que advertir para no caer en la trampa de una interpretación material. Jesús está presente en medio de la comunidad. Su presencia es objeto de experiencia personal, pero no se trata de la misma presencia de la que disfrutaron cuando vivía con ellos. Jesús es el mismo, pero no está con ellos de la misma manera que lo hacía cuando andaba por los caminos de Galilea. Esta presencia de Jesús en medio de la comunidad es mucho más real que antes. Ahora es cuando descubren al verdadero Jesús.

También el encargo de predicar se apoya en la Escritura. La buena nueva es la conversión y el perdón. Si pecado es toda opresión, el dejarse matar, antes que oprimir a nadie, es la señal de que el pecado está superado. La buena noticia de Jesús es que Dios es amor. Su experiencia del Abba nos tiene que tranquilizar a todos. En la primera lectura, Pedro, y en la segunda Juan, nos recuerdan que somos nosotros los que debemos manifestar ese amor de Dios. "Arrepentíos y convertíos para que se perdonen los pecados"; y Juan: "Quien dice, yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él".    

Para terminar, recordar la última diferencia notable entre Lc y Jn. En Jn exhala su aliento sobre ellos y les confiere el Espíritu. En Lc les promete que se lo enviará. La diferencia es solo aparente, porque el Espíritu ni tiene que mandarlo ni tiene que venir de ninguna parte. Es una realidad Espiritual que está siempre en nosotros. Podemos decir que llega a nosotros cuando lo descubrimos y dejamos que su presencia renueve todo nuestro ser.

La epístola de Jn tiene que hacernos reflexionar. Quien dice: yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso. Está claro que no habla de un conocimiento teórico, sino de una identificación con él. Una erudición exhaustiva sobre la figura de Jesús no garantiza una vida cristiana. Aceptar con escrupulosidad todos los dogmas no dará garantía ninguna de verdadera salvación en Jesús. No se trata de conocer mejor a Jesús, sino de nacer a la Vida que él vivió y desplegarla con la mayor intensidad posible.

Meditación

Jesús se hace presente en medio de la comunidad.
Ésta es la realidad pascual vivida por los primeros seguidores.
Ésta es la realidad que tememos que vivir hoy.
Somos nosotros los que tenemos que hacerle presente.
Eso solo es posible a través del amor manifestado.

Fray Marcos



EL SEÑOR ESTÁ CON NOSOTROS
José Enrique Galarreta
Lc 24, 35-47

El evangelio de hoy tiene dos partes bastante claras. En la primera, los discípulos están encerrados en casa "por miedo a los judíos". Jesús se hace presente, les comunica la paz y sopla sobre ellos: "Recibid el Espíritu Santo". Es el Pentecostés del cuarto evangelio, que los envía en misión a todo el mundo. De esto concluimos que los relatos de la resurrección y el de Pentecostés de Lucas no tienen intención histórica ni nos sirven para fijar tiempos y lugares.

La fe de la primera comunidad consiste en la convicción de que Jesus mismo les encomienda la misión y les promete el Viento del Padre para realizarla.

Esto nos obliga a saltar a la segunda parte de esta escena, ocho días después, con Tomás. El mensaje es enteramente diferente, aunque con el mismo carácter que es más una profesión de fe que un relato de sucesos. Aquí se muestra la realidad física del cuerpo del Resucitado, con las heridas de la Pasión palpables físicamente. Reafirmación de la verdadera humanidad de Jesús.

Todo se hace en un contexto muy intencionado. Es "el primer día de la semana". Y ya conocemos a Juan y sus constantes alusiones al Antiguo Testamento. El primer día. De nuevo nos hallamos ante la imagen de la Creación. Éste sí que es EL DÍA PRIMERO, el comienzo de la Nueva Creación. Están los discípulos reunidos en torno a la mesa (lo puntualizan así los Sinópticos) y "Jesús en medio".

Es una clara situación de celebración de la Eucaristía, y del cambio de día, de Sábado a Domingo, en la celebración. Los cristianos en adelante celebrarán solamente la Cena del Señor, la fiesta del encuentro, con el Señor en medio, el Señor Resucitado, el Primer día de la Semana.

El saludo de Jesús es igualmente importante. No es el "Shalom" cotidiano, que es un deseo de paz. No se dice "que la paz esté con vosotros", sino que se señala una acción, se constata un hecho. Cristo produce la paz. El es nuestra paz, la paz con Dios, la paz entre nosotros. Hay comunidades que han modificado el saludo; el sacerdote dice "la paz está con vosotros", y la asamblea responde: "está con nosotros".

(Paralelamente, está muy mal traducido el "Dominus vobiscum" por "El Señor esté con vosotros". El sacerdote no desea sino que proclama y celebra ya de entrada la presencia del Señor en la comunidad. Sería preferible decir: "El Señor está con vosotros")

Y la paz se traduce en fiesta: "Los discípulos se llenaron de alegría de ver al Señor". Ya se empieza a utilizar sistemáticamente la expresión "el Señor" para designar al Resucitado. "Dios le ha constituido Señor".

En todo este contexto, Juan recalca ante todo, La Misión. "Como el Padre me envió, así os envío Yo a vosotros". Es la mejor definición de la iglesia: enviados por Jesús, con su misma misión. Esta misión se define en la línea siguiente: hacer presente el Espíritu, hacer presente la reconciliación del género humano con Dios, su Padre.

La comunidad se va a caracterizar en adelante por la presencia del Espíritu de Jesús. Esta es la gran novedad: la comunidad de los creyentes tiene el Espíritu; esto se significa en un gesto de Jesús:

"Sopló sobre ellos". Lo mismo que el Creador para hacer del hombre de barro un "ser viviente" (Génesis 2). El Espíritu es el que da vida, la carne no vale para nada. Ya lo expresó Juan en la entrevista de Jesús con Nicodemo: nacer de nuevo, ser del Espíritu, no de la carne. "Pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba". "Porque estamos muertos y enterrados al mundo, y nuestra vida está escondida, con Cristo, en Dios".

Recibir el Espíritu es entrar en el mundo de la Reconciliación, el mundo en que Dios es el Padre, el que ofrece el perdón gratis. Enviados por tanto a manifestar el perdón. "El que me ve, ve a mi Padre". "Como mi Padre me envió, así Yo os envío a vosotros". Es decir, parafraseando un poco, "que el que os vea, me vea a Mí y conozca a mi Padre". No podemos reducir el perdón a la función sacramental. Esta es una, y magnífica, manifestación del perdón. Pero nosotros estamos llamados a vivir en el perdón y a anunciarlo con nuestro modo de vivir.

Finalmente, en el reconocimiento de Tomás se introduce una frase en la que culmina el Evangelio de Juan: "Señor mío y Dios mío". Tomás creía en Jesús de otra manera. La fe de Tomás en Jesús/Mesías/Rey había quizá hecho quiebra, como la de otros discípulos, en la cruz. Ahora, ve y cree. También Juan, cuando entró en el sepulcro vacío, "vio y creyó".

Esto supone el desafío último de nuestra fe en Jesús. Nosotros admitimos de buen grado la cristología de los hechos de los Apóstoles, que leíamos en la segunda lectura del domingo de Resurrección: la recordamos:

"Me refiero a Jesús, el de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el Diablo; porque Dios estaba con él."

Sí, hasta aquí nuestra fe va tranquila. Pero, tras la resurrección, hay otra fe, la que expresa el Evangelio de Juan.

El Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros.

Es la misma fe que ahora expresa Tomás, el final de la fe de Juan. Quizá nosotros no entendemos: nos enfrentamos, una vez más, al misterio que siempre significa para los humanos el contacto con la divinidad.

Éste es un tema sobre el que ya meditamos en las fiestas de Navidad, y sobre el que siempre tendremos que meditar más despacio.

Enviados, mensajeros, testigos; es la definición de los que formamos la iglesia, un grupo de mujeres y hombres que se sienten enviados, que han aceptado ser mensajeros, que quieren hacer de su vida un testimonio, porque se sienten invadidos por el mismo Espíritu que arrastraba a Jesús, el que le sacó de su casa de Nazaret, el que le llevó a curar y enseñar, el que le empujó hasta le entrega total, hasta tener que morir por esa causa.

Testigos del Espíritu de Jesús: espíritu de fraternidad, de curación, de veracidad, de fidelidad, de servicio... espíritu exigente y alegre a la vez, espíritu filial, responsable y confiado ante su Padre, comprometido y solidario ante sus hermanos. Espíritu lleno de esperanza en el futuro, que se siente en paz con Dios y con todos. Espíritu seguro de la presencia de Dios, comprometido en la bella misión de hacer visible su Presencia.

Pero no podemos olvidar que el Espíritu es visible en el comportamiento de los que siguen a Jesús, en la iglesia. Los textos de Hechos lo muestran con sencilla y desafiante claridad: "no había indigentes entre ellos".

El primer efecto de la fe en Jesús es el sentimiento de fraternidad. Los primeros cristianos, antes de llamarse "la iglesia", se llamaban "los hermanos". Una vez más, el uso y abuso de las palabras ha desgastado "hermanos". "Queridos hermanos" es el saludo normal del sacerdote al empezar la eucaristía. Pero no suele ser más que un tópico. Por eso, en las primeras comunidades no había indigentes. ¿Cómo va a tolerar un buen hermano que a su hermano le falte lo necesario, o que sea tratado injustamente? La terrible expresión de la parábola del Juicio Final, "a Mí me lo hicisteis" , se entiende muy bien en boca de un buen hermano.

Quizá no hemos caído en la cuenta de que se trata de una nueva concepción del "derecho de propiedad". Se trata de que mi propiedad privada está subordinada a las necesidades de los demás. Si lo llevamos a la práctica, revolucionamos el mundo.

José Enrique Galarreta



PERDÓN, RESURRECCIÓN Y MISIÓN
José Luis Sicre


El perdón
Las tres lecturas de hoy coinciden en el tema del perdón de los pecados a todo el mundo, gracias a la muerte de Jesús. La primera termina: "Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados." La segunda comienza: "Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo." En el evangelio, Jesús afirma que "en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos".

Gente con muy poco conocimiento de la cultura antigua suele decir que la conciencia del pecado es fruto de la mentalidad judeo-cristiana para amargarle la vida a la gente. Pero la angustia por el pecado se encuentra documentada milenios antes, en Babilonia y Egipto. Lo típico del NT es anunciar el perdón de los pecados gracias a la muerte de Jesús.

La resurrección y sus pruebas
Pero el evangelio de este domingo concede también especial importancia al tema de la resurrección. Imaginemos la situación de los primeros misioneros cristianos. ¿Cómo convencer a la gente para que crea en una persona condenada a la muerte más vergonzosa por las autoridades, religiosas, intelectuales y políticas? Necesitaban estar muy convencidos de que su muerte no había sido un fracaso, de que Jesús seguía realmente vivo. Y la certeza de su resurrección la expresaban con los relatos de las apariciones. En ellas se advierte una evolución muy interesante:
1. En el relato más antiguo, el de Marcos, Jesús no se aparece; es un ángel quien comunica a las mujeres que ha resucitado, y éstas huyen asustadas sin decir nada a nadie (Mc 16,1-8).
2. En el relato posterior de Mateo, a la aparición del ángel sigue la del mismo Jesús; su resurrección es tan clara que las mujeres pueden abrazarle los pies (Mt 28,9-10).
3. Lucas parece moverse entre cristianos que tienen muchas dudas a propósito de la resurrección (recuérdese que en Corinto había cristianos que la negaban), y proyecta esa situación en los apóstoles: ellos son los primeros en dudar y negarse a creer, pero Jesús les ofrece pruebas físicas irrefutables: camina con los dos de Emaús, se sienta con ellos a la mesa, bendice y parte el pan. Pero es sobre todo en el episodio siguiente, el que leemos este domingo, donde pone toda la fuerza de las pruebas físicas: Jesús les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de tocarlos, y llega a comer un trozo de pescado ante ellos.
4. Finalmente, Juan parece matizar el enfoque de Lucas: Jesús ofrece a Tomás la posibilidad de meter el dedo en sus manos y en el costado. Pero ese tipo de prueba física no es el ideal. Lo ideal es "creer sin haber visto". En esta misma línea se mueve la aparición final junto al lago: cuando llegan a la orilla y encuentran ven las brasas preparadas y el pescado (Jesús no come) "ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor". Juan ha expresado de forma magistral la unión de incertidumbre y certeza. No hay pruebas de que sea Jesús, pero no les cabe duda de que lo es.

He querido alargarme en estas diferencias entre los evangelistas porque a menudo se utilizan los relatos de las apariciones como armas arrojadizas contra los que tienen dudas. Dudas tuvieron todos y, de acuerdo con los distintos ambientes, se contó de manera distinta esa certeza de que Jesús había resucitado y de que se podía creer en él como el Salvador al que merecía la pena entregarle toda la vida.

La sección final de Lucas
El hecho de que Jesús comiese un trozo de pescado podría ser una prueba contundente para los discípulos, pero no para los lectores del evangelio, que debían hacer un nuevo acto de fe: creer lo que cuenta Lucas.

Por eso, Lucas añade un breve discurso de Jesús que está dirigido a todos nosotros: en él no pretende probar nada, sino explicar el sentido de su pasión, muerte y resurrección. Y el único camino es abrirnos el entendimiento para comprender las Escrituras. A través de ella, de los anunciado por Moisés, los profetas y los salmos, se ilumina el misterio de su muerte, que es para nosotros causa de perdón y salvación.

La mejor prueba de la resurrección de Jesús
Las últimas palabras de Jesús anuncian el futuro: "En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto." La frase final: "vosotros sois testigos de esto" parece dirigida a nosotros, después de veinte siglos. Somos testigos de la expansión del evangelio entre personas que, como dice la primera carta de Pedro, "lo amáis sin haberlo visto". Esta es la mejor prueba de la resurrección de Jesús.

José Luis Sicre