jueves, 5 de abril de 2018

José Antonio Pagola - ¿AGNÓSTICOS?


José Antonio Pagola - ¿AGNÓSTICOS?

Pocos nos han ayudado tanto como Christian Chabanis a conocer la actitud del hombre contemporáneo ante Dios. Sus famosas entrevistas son un documento imprescindible para saber qué piensan hoy los científicos y pensadores más reconocidos acerca de Dios.

Chabanis confiesa que, cuando inició sus entrevistas a los ateos más prestigiosos de nuestros días, pensaba encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado. En realidad se encontró con que, detrás de graves profesiones de lucidez y honestidad intelectual, se escondía con frecuencia una «una absoluta ausencia de búsqueda de verdad».

No sorprende la constatación del escritor francés, pues algo semejante sucede entre nosotros. Gran parte de los que renuncian a creer en Dios lo hacen sin haber iniciado ningún esfuerzo para buscarlo. Pienso sobre todo en tantos que se confiesan agnósticos, a veces de manera ostentosa, cuando en realidad están muy lejos de una verdadera postura agnóstica.

El agnóstico es una persona que se plantea el problema de Dios y, al no encontrar razones para creer en él, suspende el juicio. El agnosticismo es una búsqueda que termina en frustración. Solo después de haber buscado adopta el agnóstico su postura: «No sé si existe Dios. Yo no encuentro razones ni para creer en él ni para no creer».

La postura más extendida hoy consiste sencillamente en desentenderse de la cuestión de Dios. Muchos de los que se llaman agnósticos son, en realidad, personas que no buscan. Xavier Zubiri diría que son vidas «sin voluntad de verdad real». Les resulta indiferente que Dios exista o no exista. Les da igual que la vida termine aquí o no. A ellos les basta con «dejarse vivir», abandonarse «a lo que fuere», sin ahondar en el misterio del mundo y de la vida.

Pero ¿es esa la postura más humana ante la realidad? ¿Se puede presentar como progresista una vida en la que está ausente la voluntad de buscar la verdad última de nuestra vida? ¿Se puede afirmar que es esa la única actitud legítima de todo? ¿Se puede afirmar que es esa la única actitud legítima de honestidad intelectual? ¿Cómo puede uno saber que no es posible creer si nunca ha buscado a Dios?

Querer mantenerse en esa «postura neutral» sin decidirse a favor o en contra de la fe es ya tomar una decisión. La peor de todas, pues equivale a renunciar a buscar una aproximación al misterio último de la realidad.

La postura de Tomás no es la de un agnóstico indiferente, sino la de quien busca reafirmar su fe en la propia experiencia. Por eso, cuando se encuentra con Cristo, se abre confiadamente a él: «Señor mío y Dios mío». ¡Cuánta verdad encierran las palabras de Karl Rahner!: «Es más fácil dejarse hundir en el propio vacío que en el abismo del misterio santo de Dios, pero no supone más coraje ni tampoco más verdad. En todo caso, esta verdad resplandece si se la ama, se la acepta y se la vive como verdad que libera».

Domingo 2 Pascua - B 
(Juan 20,19-31)
8 de abril 2018

José Antonio Pagola 


TÚ ERES PASCUA
Florentino Ulibarri

Eres pascua,
aunque tus proyectos fracasen,
si mantienes la confianza en hombres y mujeres
y dejas a Dios ser Padre y Madre.

Eres pascua,
aunque tu vida parezca estéril,
si te sientes habitado por su presencia amiga
que misteriosamente te acompaña y salva.

Eres pascua,
aunque en nada destaques,
si bebes en sus manantiales
y te conformas con ser simplemente cauce.


Eres pascua,
aunque andes errante,
si compartes lo que eres y tienes
y despiertas alegría en otros caminantes.

Eres pascua,
aunque seas débil y torpe,
si escuchas su palabra serena y abierta
–"Soy yo, no temas"– y dejas que florezca.

Eres pascua,
aunque pidas pruebas para creer,
si besas las llagas que otros tienen
y esperas entre hermanos su presencia.

Eres pascua,
aunque tus manos estén vacías,
si te abres al otro, el que sea,
y le dejas que ponga tu corazón en ascuas.

Eres pascua,
aunque no lo creas,
aunque te rompas en mil pedazos,
aunque mueras en primavera...,
porque Él pasa y te libera.

Eres pascua,
aunque tengas las puertas y ventanas cerradas,
porque Él te ama y se hace presente
para abrirte a la vida y alegrarte.



EN LA COMUNIDAD SE ENCUENTRA LA VIDA
Fray Marcos
Jn 20, 19-31

Este relato es la clave para entender la teología de todas las apariciones pascuales. No nos quieren decir qué pasó sino transmitirnos su vivencia. La experiencia pascual demostró que solo en la comunidad se descubre la presencia de Jesús vivo. La comunidad es la garantía de la fidelidad a Jesús y al Espíritu. Es la comunidad la que recibe el encargo de predicar. La misión de anunciar el evangelio no se la han sacado ellos de la manga sino que es el principal mandato que reciben de Jesús.

Juan es el único que desdobla el relato de la aparición a los apóstoles. Con ello personaliza en Tomás el tema de la duda, que es capital en todos los relatos de apariciones. “El primer día de la semana”. Dios hizo la creación en seis días. Jesús da comienzo a la nueva creación. En Jesús, la creación del hombre llega a su plenitud. El local cerrado a cal y canto delimita el espacio de la comunidad, fuera está el mundo hostil. Como el antiguo Israel están atemorizados ante el poder del enemigo.

Jesús aparece en el centro como factor de unidad. La comunidad está centrada en Jesús. No atraviesa la puerta o la pared, no recorre ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad. El saludo elimina el miedo. Las llagas, signo de su entrega, evidencian que es el mismo que murió en la cruz. La verdadera Vida nadie pudo quitársela a Jesús. La permanencia de las señales de muerte, indica la permanencia de su amor. Garantiza además, la identificación del resucitado con el Jesús crucificado.  

El segundo saludo les fuerza para la misión. Les ofrece paz para el presente y para el futuro. En los relatos de apariciones la misión es algo esencial; les había elegido para llevarla a cabo. La misión deben cumplirla, demostrando un amor total. Si toman conciencia de que poseen la verdadera Vida, el miedo a la muerte biológica no les preocupará en absoluto. La Vida que él les comunica es definitiva.

El verbo soplar, usado por Jn, es el mismo que se emplea en Gn 2,7. Con aquel soplo el hombre barro se convirtió en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da Vida. Se trata de una nueva creación del hombre. La condición de hombre-carne se transforma en hombre-espíritu. Esa Vida es la capacidad de amar como ama Jesús. Les saca de la esfera de la opresión y les hace libres (quita el pecado del mundo).

El Espíritu es el criterio para discernir las actitudes que se derivan de esa Vida. Debemos tener cuidado de no hacer decir a los textos lo que no dicen. El Espíritu no es la tercera persona de la Trinidad. Se trata de la Fuerza que les capacita para la misión. Del mismo modo, deducir de aquí la institu­ción de la penitencia es ir mucho más lejos de lo que permite el texto. El concepto de pecado que tenemos hoy no se elaboró hasta el s. VII. Lo que entendía entonces por pecado era algo muy distinto.

En la comunidad quedará patente el pecado de los que se niegan a dar su adhesión a Jesús. Ni Jesús ni la comunidad condenan a nadie. La sentencia se la da a sí mismo cada uno con su actitud. El Espíritu permite a la comunidad discernir la autenticidad de los que se adhieren a Jesús y salen del ámbito de la injusticia al del amor.

La referencia a "Los doce", designa la comunidad cristiana como heredera de las promesas de Israel. Tomás había seguido a Jesús pero, como los demás, no le había comprendido del todo. No podían concebir una Vida definitiva que permanece después de la muerte. Separado de la comunidad, no tiene la experiencia de Jesús vivo. Una vez más se destaca la importancia de la experiencia compartida en comunidad.

Hemos visto al Señor. No se trata una visión ocular sino de la presencia de Jesús que les ha trasformado porque les comunica Vida. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que brilla en la comunidad. El relato insiste. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. A pesar de todo, los testimonios no pueden suplir la experiencia; sin ella Tomás es incapaz de dar el paso.

A los ocho días… Cuando se escribe este texto, la comunidad ya seguía un ritmo semanal de celebraciones. Jesús se hace presente en la celebración comunitaria, cada ocho días. La nueva creación del hombre que Jesús ha realizado durante su vida, culmina en la cruz el día sexto. Estaban reunidos dentro, en comunidad, es decir, en el lugar donde Jesús se manifiesta, en la esfera de la Vida, opuesto a "fuera", el lugar de la muerte. Tomás, reintegrado a la comunidad, puede experimentar lo que no creyó.

La respuesta de Tomás es extrema, igual que su incredulidad. Al llamarle Señor, reconoce a Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Al decir “mío” expresa su cercanía. Jesús ha cumplido el proyecto, amando como Dios ama. “Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre”. “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dándoles su Espíritu, Jesús quiere que ese proyecto lo realicen también todos los suyos.

Tomás tiene ahora la misma experiencia de los demás: Ver a Jesús en persona. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al Jesús presente que es, a la vez, el mismo y distinto. El marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo.

La experiencia de Tomás no puede ser modelo. El evangelista elabora una perfecta narración de apariciones y a continuación nos dice que no es esa presencia externa la que debe llevarnos a la fe. La demostración de que Jesús está vivo tiene que ser el amor manifestado. La advertencia es para los de entonces y para todos nosotros. El mensaje queda abierto al futuro. Muchos seguirán creyendo aunque no lo vean.

El mensaje para nosotros hoy es claro: Sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando. Se trata del paso del Jesús aprendido al Jesús experimentado. Sin ese cambio, no hay posibilidad de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo no significa nada si yo no vivo.

Meditación

Mi principal tarea es descubrir esa Vida que Dios ya me ha dado.
No en confiar en que un día tendré lo que ahora no tengo.
Para confiar en lo que ya tengo,
primero hay que descubrirlo, aceptarlo y vivirlo.

Fray Marcos



"JESÚS HA RESUCITADO" SIGNIFICA "CREO EN EL CRUCIFICADO"
José Enrique Galarreta
Jn 20, 19-31

El Evangelio nos lleva al género histórico tan especial de los relatos de la Resurrección. Sin solución de continuidad con los relatos de la pasión, se nos siguen narrando los "acontecimientos de aquel fin de semana". Y esto nos induce creer que el género sigue siendo tan histórico como en los relatos de la Pasión, pero no es así.

En los relatos de la Resurrección se recogen dos mensajes: uno sobre sucesos comprobables, otro sobre la fe de los primeros seguidores de Jesús.

Los sucesos comprobables, incluso verificables como sucesos históricos, son:
+ la increíble transformación de los seguidores de Jesús, que pasan de ser un grupo medroso en dispersión a una comunidad valerosa que da testimonio de su fe en Jesús.
+ el nacimiento de una "fe" nueva, profundamente diferente de la fe judaica, aunque tenga sus raíces en ella, que en un tiempo relativamente corto será capaz de formularse con independencia de esas raíces. (Por ejemplo, la cristología de Juan, que aparece en el texto del Apocalipsis).
+ la confesión de aquellos primeros creyentes, que manifestaron su fe en Jesús afirmándose como "testigos" de que el Crucificado ha sido exaltado por Dios, no ha sucumbido en la muerte.

Estos sucesos comprobables tienen un contenido de fe: la primera comunidad y los testigos lo expresan por medio de los relatos de Apariciones del Resucitado. En estos relatos, lo simbólico y lo teológico tienen tal importancia que apenas podemos descubrir en el fondo de estas narraciones los sucesos reales.

Vimos el domingo pasado la enorme diferencia de los relatos en los cuatro evangelistas y la imposibilidad de concordar los textos en un relato único (cosa tan fácil en los relatos de la Pasión). Nos encontramos ante un tipo de textos diferente. En ellos, los sucesos que pudieron ver los ojos quedan envueltos en los símbolos y las elaboraciones teológicas, de manera que el mensaje es la profesión de fe en Jesús Señor; son textos escritos para profesar la fe el crucificado, la fe a pesar de la muerte y sepultura. Sólo seremos fieles a los textos leyéndolos así, no como mera narración de sucesos físicamente comprobables.

Es conveniente recordar el esquema que sigue Juan en su narración:
+ Capítulo 19: Muerte y entierro de Jesús
+ Capítulo 20: Magdalena en el sepulcro. La piedra quitada. Avisa a los apóstoles.
o Juan y Pedro en el sepulcro. Juan cree.
o Aparición a Magdalena.
o Aparición a los apóstoles. No está Tomás. Repetición a los ocho días. Con Tomás. Primera conclusión (Éste es el evangelio de hoy)
+ Capítulo 21: Aparición en Tiberíades.
o La pesca infructuosa: Jesús en la orilla.
o El primado de Pedro. El destino de Juan.
o Segunda conclusión.

Así pues, el cuarto evangelio se ha interesado solamente por el papel de María Magdalena, la fe de los Once y la confirmación de Pedro.

Hay un tema transversal importante en todos estos relatos: la superación de la cruz.
· Magdalena (en los otros evangelios con otras mujeres) va al sepulcro a honrar el cadáver de Jesús.
· Los Once están encerrados (con las puertas atrancadas) por miedo.
· Hay síntomas de que la comunidad se está empezando a dispersar (como en el relato lucano de Emaús).
· Siete discípulos con Pedro se han ido ya a Galilea y vuelven a ser pescadores... Se acabó: la crucifixión y la sepultura han terminado con la fe en Jesús.
Pero en este contexto se produce la conversión, la recuperación de la fe en el Crucificado.
· En María Magdalena que le reconoce sólo cuando es llamada por su nombre.
· En los Once que tienen la experiencia de que "ése mismo Jesús al que vimos muerto" está vivo y encomienda su misión.
· En Pedro, que después de su traición vuelve a asumir su función de "confirmar a sus hermanos".

Se trata pues, ante todo, de la "narración" del comienzo de la fe en Jesús después del trauma de la muerte y sepultura. No podemos entrar en detalles sobre cada uno de los pormenores de los textos. Indicaremos solamente que:
+ Jesús es reconocible, es el mismo, es el crucificado, es su cuerpo llagado. Se trata de creer en el crucificado.
+ Jesús resucitado es el mismo, pero hay que re-conocerlo. Antes no le conocían, lo confundían con el Mesías victorioso. Ahora han reconocido en aquel Jesús que creían conocer, al verdadero enviado, el que da la vida. Han cambiado el rey victorioso por el grano de trigo enterrado, y han reconocido a Jesús en ese grano de trigo, no en el rey.

El libro se termina con la más avanzada expresión de fe en Jesús, en boca del más incrédulo: "Señor mío y Dios mío" es una expresión de la más alta cristología joanea, de tal manera que contrasta vivamente con las expresiones cristológicas de Hechos que hemos reseñado antes. ("Dios estaba con él").

Y esto nos muestra toda la intención del cuarto evangelio, como se expresa en la conclusión.
"Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Esto se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre."

La finalidad del libro, y muy especialmente del conjunto Pasión/Resurrección es "que creáis en el crucificado".

Solemos perdernos en la investigación histórica de lo que sucedió. Leemos los evangelios más que como creyentes como periodistas. Nuestra ilusión sería haber estado allí y verlo todo con nuestros propios ojos. Pero, si hubiésemos estado allí, ¿habríamos creído en el crucificado?

A veces consideramos afortunados a los que "vieron y creyeron", como si lo hubieran tenido más fácil que nosotros. Podemos dudarlo. Creer en el crucificado tuvo que ser muy difícil. La fe no nace de lo que se ve. Muchos ven y no creen. Muchos vieron y no creyeron.

La fe no procede de ver el sepulcro vacío. La fe interpreta el sepulcro vacío: en el sepulcro no hay nada, es vano ir al sepulcro. Las mujeres van al sepulcro buscando un cadáver, pero Jesús no es un cadáver: "¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?", "no está aquí".

Al estudiar estos relatos padecemos de un miope y estéril realismo. ¿Qué vieron? ¿qué pasó? ¿cómo entró? ... Interesa sólo a la curiosidad del periodista. La pregunta es: ¿creemos en el crucificado?

Nos centramos por tanto en lo que creemos. Y seguimos algunas de las expresiones del evangelio de hoy para formular esta fe.

"Sopló sobre ellos". Lo mismo que el Creador para hacer del hombre de barro un "ser viviente". Todo esto, Jesús incluido, es la obra del Espíritu. Dios actuó en Jesús y actúa en nosotros y actúa en el mundo. Fundamento básico de nuestra fe.

"Enviados". Jesús fue enviado por el Padre y nosotros somos enviados por Jesús. La obra de la Creación continúa. El Séptimo Día, Dios no descansa, el salvador no descansa hasta que todos sean hijos. Jesús es nueva creación, obra del Espíritu. Nosotros también. Somos creadores con Dios, a su imagen y semejanza.

Para anunciar el perdón, la reconciliación. Habíamos construido imágenes falsas de Dios, basadas en el temor, en lo jurídico (la ley). Hemos visto cómo es Dios, estamos liberados de los ídolos. Una Gran Noticia, esto hay que anunciarlo. Y hemos visto los planes de Dios: un Reino de Hijos por anunciar y por construir. A eso dedicaremos la vida.

La crucifixión destruye la fe. Muchas personas, cuando escuchan estas interpretaciones de los evangelios, dicen que les están quitando la fe. Es posible que sea verdad. Es posible que para que nazca la fe en Jesús tenga que morir otra "fe". El que no siente su fe interpelada, puesta en peligro, por el crucificado y por los crucificados del mundo, no tiene la fe correcta. No se puede creer en Dios más que superando el escándalo de la cruz.

El escándalo de la cruz se supera por la fe en Jesús, sentido y percibido en el Espíritu de la comunidad, ese espíritu que trabaja contra la crucifixión, que no se deja amilanar ni por la muerte. El Espíritu que contradice a la carne y está brillantemente presente en muchas partes de la Iglesia y de fuera de la Iglesia. Creemos en el hombre crucificado, creemos en él y damos la vida por él. Todo esto lo hemos leído en Cristo crucificado, todo esto hemos creído en Cristo resucitado.

Jesús no vuelve a la vida. Está ya en la vida. Somos nosotros los que no estamos aún en la Vida. Él sí. La palabra "resurrección" se queda corta, como tantas, como todas. Resucitar es que el cadáver se levante y siga como antes, tan mortal como antes. Lo de Jesús es que ya ha sido dado a luz definitivamente, ya no es mortal, ya se ha realizado del todo.

Y esto no es un fenómeno físico, no se trata de recuperar las mismas células que tuvo antes. Se trata de la Realidad Profunda, de aquello que es más que cuerpo, de lo que nunca verán los ojos, incapaces de enterarse del significado de las cosas.

Nosotros vivimos ya resucitados: con Dios en medio, sin miedo a Dios, en paz con él, en alegría, porque tenemos misión, porque está en medio de nosotros Jesús. No su cuerpo, "la carne no vale para nada", sino su Espíritu, que da la Vida, la Vida definitiva que ya está alentando nuestra vida. Nosotros vivimos como resucitados si vivimos con los criterios y los valores de Jesús, enganchados a su mismo proyecto.

Jesús vuelve entre nubes y resplandores divinos en el Apocalipsis, no en los evangelios. Jesús resucitado es muy diferente del Jesús de la Transfiguración. Es más bien el mismo de Marcos. Pero ahora saben todos cuál es su Espíritu.

Lo que abráis quedará abierto, lo que cerréis quedará cerrado. Muy por encima de toda aplicación jurídica, hay una interpretación de Misión: si perdonáis habrá perdón, si no perdonáis no lo habrá. Fuera de todo sentido jurídico y/o fundacional. Es la misión de la iglesia, hacer presente el espíritu de Jesús. Si lo hacemos presente, estará presente. Si no, no. Si la Iglesia no vive como resucitada ¿habrá resucitado Jesús?

O R A C I Ó N
"Ha resucitado" significa "creo en el crucificado". 
Expresamos nuestra fe en Jesús crucificado con palabras tomadas de la 1ª carta a los Corintios.

Los judíos pedían milagros
y los griegos sabiduría.
Pero nosotros creemos en Jesús crucificado,
escándalo para los judíos,
necedad para los griegos:
para nosotros, Salvación de Dios.

Porque lo más necio de Dios
es más sabio que lo más sabio de los hombres.

Esto no es cosa de sabios ni de poderosos.
Dios ha elegido a lo necio del mundo
para confundir a los sabios,
a lo más débil del mundo
para confundir a los poderosos.

Para que nadie se gloríe de sí mismo,
sino de la gracia de Dios.
De Él nos viene que estemos en Cristo Jesús,
porque a Jesús lo hizo Dios, para nosotros,
Sabiduría, Justicia y Salvación.

Por tanto, nosotros nos gloriamos solamente
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual está la Salvación, la Vida y la Resurrección.

Demos gracias a Dios Padre
por Jesucristo, nuestro Señor.

José Enrique Galarreta



UNA APARICIÓN MUY PECULIAR
José Luis Sicre

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Las peculiaridades de este relato de Juan
1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este  momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

José Luis Sicre



SABERME VIVO
Pedro Miguel Lamet, SJ.

Llega la Pascua y con ella una cierta locura. Los discípulos se hacen un lío. María de Magdala, la enamorada, no reconoce a Jesús a primera vista. Los de Emaús huyen atrapados por la murria. Tomás quiere meter su mano en la llaga del costado. Y en el centro la polémica de la tumba vacía, que tanto preocupará a los teólogos-

No hay una prueba física, científica y racional de la resurrección. La gran experiencia definitiva de que Cristo ha resucitado es la transformación de aquel grupo de pescadores ignorantes y atemorizados, cuyo líder ha sido ejecutado a las puertas de Jerusalén, la confluencia de sus testimonios. Jesús ahora atraviesa paredes, está y no está, despierta la duda o inflama el corazón.

La experiencia del resucitado, aunque se apoya en hechos históricos, requiere la fe o en cierto modo la mística. En mi opinión los apóstoles despertaron por dentro, descubrieron que la muerte no existe, que desde siempre eran seres sin tiempo en el tiempo, pertenecían a la explosión de luz que une lo creado con lo increado, manifestación de lo inmanifestado, y eso les cargó de comprensión y fuerza.

Hoy abunda la noche, el miedo, las puertas tranqueadas, los corazones solitarios, las tesis e ideas que dividen, el enfrentamiento agresivo de creyentes e increyentes e incluso de fieles entre sí, como siempre hubo, hasta ocasionar incluso guerras de religión. La resurrección ocurre en lo íntimo de cada conciencia y fuera de ella. De poco vale que se demuestre la autenticidad de la sábana santa o que se encuentre un papiro más antiguo para convencer de su verdad. Es una verdad a la vez histórica y metahistórica. Porque la mejor historia es la escrita con las vivencias de los hombres. Resucitar es ver más, romper nuestros códigos, tocar la alegría del Ser. “El que cree en mi tiene vida permanente”. (Jn 5.25)

Ocurrió en la historia. Pero cualquier ser humano despierto pudo resucitar y podrá resucitar siempre, si entra por la contemplación iluminada en el no tiempo. Y sin embargo no es un hecho sólo espiritual, sino también material en cuanto cualquier resucitado es capaz de transformar la materia, las injusticias, la dinámica del odio y el dolor, e incluso nuestra falsa sensación de morir. Desde esta perspectiva es un acontecimiento cósmico que disuelve todos nuestros miedos y angustias y que puede experimentar cualquier hombre que se abra a lo profundo del hombre. Resucitar es descubrir que puedo volar, saberme vivo para siempre, en este momento aquí y ahora, sin depender de las arrugas, el paso del tiempo, el dolor y hasta la misma muerte.



Entre la muerte, y la Vida, también ahora
Santi María Obiglio

No es que no sea real tu resurrección, Señor. El sepulcro, las vendas, la noche, las dudas… no es que no sea verdad tu resurrección. Sepulcro, vendas, oscuridad, fieras. Todos signos de muerte, experiencias de muerte que hoy todavía tengo, tenemos. ¿Y la Vigilia Pascual? ¿Y el bautismo? ¿Y tu resurrección histórica? ¿Y la Pascua celebrada y actualizada en cada misa, en cada reconciliación, en cada sacramento, sacramental…? No es que no sean reales. Aunque a veces pareciera.

Hoy tu resurrección me invita a aceptar la verdad de esta lucha entre la vida y la muerte que hoy todavía se da. Siento que solo así tu Pascua puede ser real. ¡Porque los signos de muerte están tan visibles! Y afirmar tu triunfo, esquivando la mirada, cerrando los ojos al dolor que todavía hoy sufrimos, es quitarle toda su consistencia, es dejar tu victoria sin ninguna autoridad, porque la evidencia, en parte, contradice. Pero: en parte, sólo en parte… esto es lo más real, lo más verdadero. Que no es cierto que todo es muerte, que todo es tinieblas, que todos son fieras, que todo es sepulcro, que todo es vacío. No es cierto que todo en mi vida está roto, que todo en el mundo está quebrado. Cerrar los ojos al dolor es tan falso como cerrar los ojos a la vida, también evidente, también imposible de ocultar, también imposible de callar. La vida que tocamos en cada amanecer, en cada flor, en cada niño jugando, en los ojos profundos y en las arrugas sabias de cada abuelo, en la fuerza de los jóvenes, en la frescura de sus amistades y en el entusiasmo de sus búsquedas de sentido y de ideales, abiertos siempre a la esperanza de que la vida puede dar más; en la madurez del amor de tantos varones y mujeres fecundos: en amor mutuo -entregados sinceramente el uno por el otro; en progreso, en fe enraizada en generaciones y concretada -explícita o implícitamente, en historias de perdón y solidaridad.

Ese en parte es el que hoy María Magdalena, Pedro y el otro discípulo, yo y tantos cristianos nos atrevemos a mirar y a compartir como Buena Noticia. Con el coraje de ver el dolor, pero también con el coraje de abrirse a la vida, que entre tanta muerte, traen y manifiestan tu resurrección y tu victoria. Hoy, tu Pascua, nos cura la ceguera y regala al mundo esta mirada nueva: los cristianos, sostenidos en tu resurrección, nos animamos a entrar en el sepulcro –la muerte–, y con esperanza abrirnos a la vida, y a Vos, que querés venir a rescatarlo todo.

Santi María Obiglio



El último abrazo
José María Rodriguez Olaizola, sj

Tal vez, solo tal vez, lo que empieza ahora es la búsqueda. Una búsqueda que nos ha de llevar toda la vida. Una búsqueda que se irá trenzando entre destellos y pérdidas, entre instantes de júbilo y otros de grisura. Una búsqueda en la que el amor será una batalla a tiempo entero. Una pelea en la que, por más que vuelvan una y otra vez los fantasmas que nos atormentan, podemos mirar, con esperanza, a una luz mayor; una luz que nos habla de un espíritu humano que se niega a rendirse. Es ahora el momento de seguir creyendo, por más que agoreros y profetas de calamidades inviten al escepticismo. Empieza ahora el tiempo de los testigos, que nos hablan de lo que han descubierto. No los embaucadores, que solo apuntan a palabras muertas, sino los que muestran, en lo que cuentan, pero sobre todo en cómo lo viven, que merece la pena arriesgarlo todo.

Tal vez, solo tal vez, el último abrazo aún está pendiente. Y será tan profundo, tan verdadero, tan liberador, que sabremos, al fin, que todo ha valido la pena.

José María Rodriguez Olaizola, sj