viernes, 16 de febrero de 2018

José Antonio Pagola - ENTRE CONFLICTOS Y TENTACIONES



José Antonio Pagola - ENTRE CONFLICTOS Y TENTACIONES

Antes de comenzar a narrar la actividad profética de Jesús, Marcos nos dice que el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. Se quedó allí cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Estas breves líneas son un resumen de las tentaciones o pruebas básicas vividas por Jesús hasta su ejecución en la cruz.

Jesús no ha conocido una vida fácil ni tranquila. Ha vivido impulsado por el Espíritu, pero ha sentido en su propia carne las fuerzas del mal. Su entrega apasionada al proyecto de Dios le ha llevado a vivir una existencia desgarrada por conflictos y tensiones. De él hemos de aprender sus seguidores a vivir en tiempos de prueba.

«El Espíritu empuja a Jesús hacia el desierto»
No lo conduce a una vida cómoda. Lo lleva por caminos de pruebas, riesgos y tentaciones. Buscar el reino de Dios y su justicia, anunciar a Dios sin falsearlo, trabajar por un mundo más humano es siempre arriesgado. Lo fue para Jesús y lo será para sus seguidores.

«Se quedó en el desierto cuarenta días»
El desierto será el escenario por el que transcurrirá la vida de Jesús. Este lugar inhóspito y nada acogedor es símbolo de pruebas y dificultades. El mejor lugar para aprender a vivir de lo esencial, pero también el más peligroso para quien queda abandonado a sus propias fuerzas.

«Tentado por Satanás»
Satanás significa «el adversario, la fuerza hostil a Dios y a quienes trabajan por su reinado. En la tentación se descubre qué hay en nosotros de verdad o de mentira, de luz o de tinieblas, de fidelidad a Dios o de complicidad con la injusticia.

A lo largo de su vida, Jesús se mantendrá vigilante para descubrir a «Satanás» en las circunstancias más inesperadas. Un día rechazará a Pedro con estas palabras: «Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios». Los tiempos de prueba los hemos de vivir, como él, atentos a lo que nos puede desviar de Dios.

«Vivía entre alimañas y los ángeles le servían»
Las fieras, lo seres más violentos de la tierra, evocan los peligros que amenazarán a Jesús. Los ángeles, los seres más buenos de la creación, sugieren la cercanía de Dios, que lo bendice, cuida y sostiene. Así vivirá Jesús: defendiéndose de Antipas, al que llama «zorro», y buscando en la oración de la noche la fuerza del Padre.

Hemos de vivir estos tiempos difíciles con los ojos fijos en Jesús. Es el Espíritu de Dios el que nos está empujando hacia el desierto. De esta crisis saldrá un día una Iglesia más humana y más fiel a su Señor.

Domingo 1 Cuaresma - B 
(Marcos 1,12-15)
18 de febrero 2018
José Antonio Pagola

José Antonio Pagola 




PREGÓN PARA EMPEZAR LA CUARESMA
Florentino Ulibarri

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espírit
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.


Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.


Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
...¡y a la aventura, cada día!




SIN LUCHA NO PUEDE HABER VICTORIA
Fray Marcos
Mc 1, 12-15

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.  

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó, sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Mc sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mt y Lc, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte de Mc. También pudiera ser que Mt y Lc encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Mc. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en Mt y Lc, y en Mc. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Mc no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Mc, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mt y Lc, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Mc no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Mc no nos habla de penitencia, sino de lucha.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô”, que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.       

Nada ni nadie puede malearnos sustancialmente; ni el pecado de Adán, ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándome llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
el Abba que me hace vivir su misma Vida.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirán dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

Fray Marcos




LLENAR LA CARNE DE ESPÍRITU
José Enrique Galarreta
Mc 1, 12-15

El evangelio de Marcos comienza con la predicación del Bautista (1:1-8), el Bautismo de Jesús (1:8-12), y el fragmento que hoy leemos (1:12-15)

Marcos presenta muy esquemáticamente la cuarentena de oración y ayuno de Jesús en el desierto. Mateo y Lucas la desarrollan más (las tres tentaciones) y Juan la omite. (El cuarto evangelio omite los sucesos que no le van bien a su teología, tales como éste, la angustia de Getsemaní y el desamparo de la cruz).

Se muestra el retiro de Jesús, su tentación y el principio de su predicación. Movido por el Espíritu. El bautismo de Juan es presentado en todos los evangelistas como infusión del Espíritu. Jesús, pleno del Espíritu de Dios, va a comenzar el anuncio de la Buena Nueva. El Espíritu le lleva a cuarenta días de soledad, de oración y ayuno, en que se incluye la tentación.

El tema de la tentación no es lo central en este domingo. Jesús se prepara para su trabajo con un tiempo de oración y soledad. Retirarse a orar en soledad será una costumbre de Jesús, frecuente en su vida, y lo hará muy especialmente en los momentos más importantes.

Los cuarenta días son simbólicos, como siempre en la Biblia. Son los cuarenta días de peregrinación de Elías al Horeb, al encuentro de Dios. Son los cuarenta años de peregrinación del pueblo por el desierto... Cuarenta, un ciclo completo.

Jesús termina su ciclo completo de preparación, en soledad, oración y ayuno. Esta preparación ha dado origen a la Cuaresma. Cuarenta días de camino hacia la Pascua.

Marcos parece indicar que Jesús empieza su predicación justamente cuando Juan es encarcelado, pero la conexión temporal de los dos párrafos puede no ser más que un recurso redaccional.

El centro del pasaje se encuentra sin duda - en Marcos - en el contenido del principio de la predicación de Jesús:

"El Reino de Dios está cerca:
convertíos y creed en la Buena Nueva"

Viene a ser como el pregón de toda la predicación de Jesús, el anuncio de todo lo esencial de su contenido. Inmediatamente después se describe el comienzo de su predicación en Galilea, que hemos leído en los domingos anteriores (domingos 2-9 del Tiempo Ordinario)

R E F L E X I Ó N
Es fácil identificar esos cuarenta días con unos días de "penitencia por los pecados". Y la presencia del Carnaval ha acentuado esa práctica.

Llevado hasta el extremo, se entiende a veces como unos días de purificación por el resto del año en que no nos preocupamos de ello.

No es necesario insistir en la poca validez del planteamiento. Pero, más en profundidad, tampoco nos basta con "penitencia por los pecados". El concepto que se maneja es más fuerte: conversión, y, en este sentido, la Cuaresma sirve para revivir uno de los aspectos más básicos, diríamos que el primero, de nuestra vida religiosa. Es el primer mensaje de Jesús: "Convertíos".

Convertirse es "volverse", "ir en otra dirección", "cambiar de mentalidad". El encuentro con Jesús produce un cambio, un cambio de dirección, de criterios, de valores, de Dios. El cambio es, ante todo, "creer en la Buena Noticia". Por tanto, volvemos a los orígenes de nuestra fe, a aquello que nos hace llevar una vida distinta: que creemos en la Buena Noticia que Jesús trae, que le creemos a Jesús.

Esto plantea el enfrentamiento entre "la carne y el espíritu". En el lenguaje del Nuevo Testamento, estos son dos términos que indican simplemente la vida del creyente la vida animada por el Espíritu) y la vida dedicada a las cosas perecederas, la vida sin espíritu de Dios.

La acción de "El Espíritu" es el trabajo de Dios por salvar. Aceptar la Buena Noticia es aceptar ese concepto de Dios, esa visión de la vida, esa misión para la vida de cada uno, vivir con el Espíritu de Jesús. Con ese Espíritu, la vida es algo diferente, es una vida nueva, renovada, salvada de la oscuridad, de la muerte.

Todo esto lo celebramos en el Bautismo, con el signo del agua. Por eso está presente en este domingo la mención del Diluvio. En aquel desastre natural, el agua fue la muerte para muchos. Los autores del relato bíblico entienden la acción de Dios con Noé como "salvarlo de las aguas", salvarlo del desastre, de la muerte. Éste es el primer simbolismo - bastante olvidado - del agua del bautismo, y por eso se celebraba en la primera iglesia "por inmersión": se sumergía al catecúmeno en el agua y se le sacaba de ella.

Era el símbolo de que Dios nos salva de la muerte. Era también un símbolo de la resurrección de Jesús: sumergido en la muerte y salvado de ella por el poder de Dios.

Pero es un texto peligroso. Antes, Dios ha decidido exterminar al género humano a causa de sus pecados, y éste dios no es Abbá. Ahora es aplacado por el sacrificio de Noé, y esta acción ha sido presentada para explicar la muerte sangrienta de Jesús como sacrificio que aplaca la ira de Dios. Finalmente, Dios se muestra como aliado ¿de quién?

Israel lo entenderá no pocos veces como aliado suyo, de ese pueblo, contra otros pueblos. Graves peligros. Quizá sería necesario explicarlo detenidamente, pero no habrá tiempo en una homilía. Quizá podríamos repetir la primera lectura del domingo pasado (7º TO). Porque el tema básico que transmite el evangelio es más válido y profundo.

Toda nuestra celebración de la Pascua tiene un tema fundamental: Dios salvador de la muerte, Dios más fuerte que el mal. Por eso, el centro de la celebración no es el pecado o la penitencia, sino la resurrección, el triunfo del bien, que se realiza en Jesús resucitado, el Primogénito, detrás del cual vamos todos nosotros.

La Cuaresma es por tanto el principio de un camino que conduce hacia la Vigilia Pascual, con la renovación de nuestro Bautismo. El día en que nos bautizaron empezó para nosotros una vida nueva, una vida inspirada y animada por el Espíritu de Jesús. Jesús muerto y resucitado es el origen de esa vida nueva, y cada año, al recordar y celebrar su muerte y su resurrección, celebramos nuestra incorporación a esa nueva vida.

La muerte se toma siempre en dos sentidos: la muerte como término de la vida, como paso a la vida definitiva y como última prueba para la fe. Pero también la muerte como símbolo: nuestra vida anterior, la que llevábamos antes de seguir a Jesús, atenta a los criterios y valores mundanos, ha muerto. Vivimos ya otra vida, resucitados, salvados de aquella vida que no es vida.

Es ésta una parte fundamental del mensaje de Jesús: "convertíos" viene a significar lo mismo que "despertad", "salid de la muerte", "asomaos a la Vida plena". Por eso la Noticia es Buena, es una invitación a vivir, a vivir más plenamente.

La vida de los seguidores de Jesús está invitada a la plenitud, a ser más plenamente humana. Una Vida comparada con la cual lo anterior es estar muerto. Que existe ese otro modo de vivir, que ese modo de vivir es la obra de Dios, que todo eso lleva al ser humano a su plenitud, es una muy Buena Noticia.

Así, el primer mensaje de la Cuaresma es una invitación a vivir en plenitud, a dejar que la vida se llene del Espíritu, siguiendo a Jesús, que, lleno del Espíritu, empieza su camino, un camino que no lleva a la cruz sino que pasa por la cruz y llega hasta la Vida definitiva.

Para terminar, es muy significativa la última frase del evangelio de Marcos: Jesús sale a los caminos a invitar a la conversión. Más allá de su verdad histórica, es una magnifico símbolo de la espiritualidad del cristiano: no ha ido él a buscar a Dios, sino que Dios ha "bajado" a sus caminos, a encontrare, a invitarle. Lo nuestro es responder.

Por eso, la cuaresma no es un esfuerzo nuestro "a ver si Dios me perdona", "a ver si Dios me escucha". Es un esfuerzo de Dios para que yo le escuche, una oferta de perdón, una oferta de vida: "Convertíos" significa simplemente, hacedle caso, aceptad la oferta de Dios Salvador.

José Enrique Galarreta





TENTACIÓN SIN TENTACIONES Y PRIMERA ACTIVIDAD
José Luis Sicre

Volver a empezar
El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de ser bautizado, ha recibido una misión de Dios. Pero antes de lanzarse a una actividad pública, el espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.

Un relato sin tentaciones
Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso. Con una brevedad pasmosa sólo dice que Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, es tentado por Satanás, vive con las fieras, y los ángeles le sirven. Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado para ver si eran fieles. La inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, no anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas... Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

«A sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en todos tus caminos;
te llevarán en sus palmas
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre chacales y víboras,
pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe de todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

Primera actividad de Jesús y síntesis de su predicación

El relato de las tentaciones en Mc es tan breve que la liturgia ha añadido las frases siguientes. Aunque tratan un tema muy distinto (el comienzo de la actividad de Jesús) y ya las leímos en el Domingo 3º, la invitación a la conversión encaja muy bien al comienzo de la Cuaresma. Recuerdo lo que comenté entonces.

Marcos ofrece tres datos: 1) momento en que comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio (“Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca”) y una invitación (“convertíos y creed en la buena noticia”).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que “está cerca”.

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.

Pero Jesús invita también a “creer en la buena noticia” del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

El recuerdo del bautismo (dos primeras lecturas)
Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas de la Cuaresma, que pretenden recordar episodios que jugaron un gran papel simbólico en la preparación para el bautismo. La carta de Pedro (llamada así, aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal. Menos clara es la relación de la lectura del Génesis con el bautismo; aunque también ella habla de Noé, todo se centra en la promesa de Dios de no volver a destruir la tierra. Es posible que se haya elegido el texto por la convivencia de hombre y animales, que recuerda a lo que dice el evangelio sobre Jesús viviendo con las fieras.

Jesús y nuestro bautismo
La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

José Luis Sicre





MIÉRCOLES DE CENIZA

Polvo y ceniza soy, lo rememora

este fluir del tiempo y la figura

de un mundo que se pasa con presura

y entre las manos huye cada hora.

Se me escapa la vida cuando llora

ante la tumba su fugaz ventura

y pierde en un instante la hermosura

la flor que seduce y enamora.

Pero al mirar tus ojos y la risa

de un niño, un jazmín o una palmera,

su silencio me habla de su esencia,

un ahora eterno, esa perenne brisa

del mar de Dios que canta en la escollera

y un no sé qué de luz y de presencia.


Pedro Miguel Lamet





EL AMOR SE RESPIRA COMO EL AIRE
Pedro Miguel Lamet

El amor está en el aire. Siente su calidez, el
gozo que trae y la libertad que le acompaña.
El amor es un estado interior del ser. No
hace falta que se hable de él, porque se
expresa a través de mil y un detalles : una
mirada, un gesto, una acción.

El amor está en todas partes, pero tienes que darte cuenta
de él para apreciarlo plenamente. El aire que
respiras está en todas partes, pero lo das por
hecho hasta que te detienes y te das cuenta
de que él es lo que te mantiene vivo. No des
nada por hecho, pues cuando lo haces,
desaparecen la dicha y la chispa de la vida.

El amor tiene pequeños comienzos, y crece y
se expande cuando en verdad os amáis los
unos a los otros, tenéis fe y confiáis unos en
otros. Que ese amor siga fluyendo y que
nada se interponga en su camino. Que Mi
amor divino fluya a través de todas las cosas,
y reconoce esa paz que está más allá de toda
comprensión.