miércoles, 24 de enero de 2018

José Antonio Pagola - CURADOR


José Antonio Pagola - CURADOR

Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseñan oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos un Dios bueno.

De pronto, un hombre se pone a gritar: «¿Has venido a destruirnos?». Al escuchar el mensaje de Jesús se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañinas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios bueno que anuncia Jesús?

Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal y grita: «¡Cállate y sal de este hombre!». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curarnos liberándonos de un Dios opresor.

Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor de Dios, no hacia el sometimiento ciego a la Ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque nos enseña a vivir solo de la bondad, el perdón y el amor, que no excluye a nadie. Sana porque nos libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.

Domingo 4 Tiempo 
ordinario - B
(Marcos 1,21-28)
28 de enero 2018

José Antonio Pagola 




SORPRESA Y ADMIRACIÓN
Florentino Ulibarri

En este tiempo que nos toca vivir,
en el que todo se programa,
se sopesa, cuenta y mide,
no hay espacio para la sorpresa
ni para admirar tu presencia
junto a nosotros,
en la intimidad más íntima
o en la plaza pública.

Y, sin embargo, yo quiero ser tocado,
conquistado,
embelesado,
fascinado,
ilusionado,
hechizado,
seducido,
enamorado
por tu presencia,
por tus gestos y palabras,
por tus hechos y buena nueva.

Y quiero que me envuelva
tu aliento,
tu autoridad,
tu sonrisa,
tu ternura y fortaleza,
tu fuego y paz,
tu chispa y bondad;
que me atrape tu Espíritu,
me desconcierte tu esperanza
y me extrañe tu ausencia.

Y, ojalá, me admire mi fe,
me sobrecoja tu toque y mi curación
y me maraville de lo que soy para Ti.

Aventura,
sorpresa,
novedad,
curación,
vida vida nueva
Contigo.

¡Y a seguir manteniendo
puertas y ventanas
abiertas!



JESÚS ENSEÑA CON LA AUTORIDAD DE LA EXPERIENCIA INTERIOR
Fray Marcos
Mc 1, 21-28

En la primera lectura, Moisés, después de convencer a los israelitas de que Dios les hablaba desde la tormenta con voz de trueno, promete que no va a meterles más miedo. Pero eso solo será posible si prometen hacerle caso a él y a los profetas. Les habla de una futura figura profeta que liberaría de verdad al pueblo. Los primeros cristianos vieron en Jesús a ese profeta. Era la figura anunciada y esperada por el pueblo. Esa identificación garantiza que las palabras de Jesús son las palabras de Dios. Esta es la clave para interpretar todo el evangelio de Mc. Hablará con la autoridad propia del mismo Dios. Sus palabras tendrán la fuerza creadora y sus acciones serán liberadoras como las acciones del mismo Dios.

Pablo, con una visión de Dios muy cercana a la del “Júpiter tonante” del Sinaí, llega a la conclusión de que preocuparse del marido, o de la mujer o de los hijos, es alejarse de Dios. El Dios de Jesús es muy distinto. El mensaje de Jesús nos dice que a Dios solo se puede ir a través del hombre. Buscar a Dios prescindiendo del prójimo es idolatría. Creer que el tiempo dedicado a las personas es tiempo negado a Dios es una trampa. No me explico de dónde puedo sacar Pablo una doctrina tan contraria al evangelio.

Primer día de actividad de Jesús. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo. Por dos veces en el relato se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. Se habla de sus obras. Lo que Jesús hace es liberar a un hombre de un poder opresor. Jesús libera, cuando actúa. La buena noticia que anuncia Mc es la liberación de la fuerza del mal y de la fuerza opresora de la Ley. La intención de Mc es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es Jesús? Todo lo que sigue en este evangelio, será la respuesta.

Enseñaba como quien tiene autoridad. La palabra clave es “exousia”. No es nada fácil penetrar en el verdadero significado de este término. Debemos distinguirlo de “dynamis”. Esta distinción es relativamente fácil: “Dynamis” sería la fuerza bruta que se impone a otra fuerza física. “Exousía” sería la capacidad de hacer algo en el orden jurídico, político, social o moral, siempre en un ámbito interpersonal. La palabra griega significa, además de autoridad, facultad para hacer algo, libertad para obrar de una manera determinada. Otra característica de la “exousía” es que la persona la puede tener por sí misma o recibirla de otro que se la otorga.

Qué quiere decir el evangelista cuando le aplica a Jesús esa “autoridad”. Se trata de una autoridad que no se impone, de una potestad que se manifiesta en la entrega, de una facultad de acción que se pone al servicio de los demás. Sería la misma autoridad de Dios dándose a todas sus criaturas sin necesitar nada de ninguna de ellas. El concepto de Dios “Todopoderoso” que exige un sometimiento absoluto, nos impide entender la exousía de Jesús. Solo desde la experiencia del Dios-Amor de Jesús podremos entenderla.

Jesús enseñaba con autoridad, porque no hablaba de oídas, sino de su experiencia interior. Trataba de comunicar a los demás sus descubri­mientos sobre Dios y sobre el hombre. Los letrados del tiempo de Jesús, (y los de todo tiempo) enseñaban lo que habían aprendido en la Torá. De ella tenían un conocimiento perfecto, y tenían explicaciones para todo, pero el objetivo de la enseñanza era la misma Ley, no el bien del hombre. Se quería hacer ver que el objetivo de Dios al exigir los preceptos, era que le dieran gloria a Él, no al hombre.

Les llamó la atención ver que Jesús hablaba con la mayor sencillez de las cosas de Dios tal como él las vivía. Su experiencia le decía que lo único que Dios quería, era el bien de la persona. Que Dios no pretendía nada del ser humano, sino que se ponía al servicio del hombre sin esperar nada a cambio. Esta manera de ver a Dios y la Ley no tenía nada que ver con lo que los rabinos enseñaban. Todos los problemas que tuvo Jesús con las autorida­des religiosas se debieron a esto. Todos los problemas que tienen los místicos y profetas de todos los tiempos con la autoridad jerárquica, responden al mismo planteamiento.

Cállate y sal de él. La expulsión del “espíritu inmundo” refleja el planteamiento del evangelio como una lucha entre el bien y el mal. “Mal” es toda clase de esclavitud que impide al hombre ser él mismo. Nadie se asombra del “exorcismo”, que era corriente en aquella época. Lo que les llama la atención es la superioridad que manifiesta Jesús al hacerlo. Jesús no pronuncia fórmulas mágicas ni hace ningún signo estrafalario. Simplemente con su palabra obra la curación. Lo que acaban de ver les suscita la pregunta: ¿Qué es esto?

Hablar con autoridad hoy sería hablar desde la experiencia personal y no de oídas. Lo único que hacemos, también hoy, es aprender de memoria una doctrina y unas normas morales, que después trasmitimos como papagayos. Eso no puede funcionar. En religión, la única manera válida de enseñar es la vivencia que se trasmite por ósmosis, no por aprendizaje. Esta es la causa de que nuestra religión sea hoy completamente artificial y vacía, que no nos compromete a nada porque la hemos vaciado de todo contenido vivencial.

Espíritu inmundo sería hoy todo lo que impide una auténtica relación con Dios y con los demás. Fijaos hasta qué punto estamos todos poseídos por un espíritu inhumano. Esas fuerzas las encontramos tanto en nuestro interior como en el exterior. Nunca, a través de la historia, ha habido tantas ofertas falsas de salvación. Una de las tareas más acuciantes del ser humano es descubrir sus propios demonios; porque solo cuando se desenmascara esa fuerza maléfica, se estará en condiciones de vencerla. Muchas de las fuerzas que actúan en nombre de Dios también oprimen, reprimen, comprimen y deprimen al ser humano.

Una importante tarea en esta liturgia, sería descubrir nuestras ataduras y tratar de desembarazarnos de ellas. Todos estamos poseídos por fuerzas que no nos dejan ser lo que debiéramos ser. Hoy sigue habiendo mucho diablo suelto que trata por todos los medios de que el hombre no alcance su plenitud. La manera de conseguirlo es la manipulación para que no consiga alcanzar libremente su plena humanidad.

Nuestra vida debía ser un acopio de autoridad para ayudar al hombre a liberarse de sus demonios. Jesús emplea su autoridad, no contra hombre alguno sino contra las fuerzas que los oprimen. Como individuos, como comunidad y como Iglesia, estamos siempre tratando de aumentar nuestra autoridad, pero no la que desplegó Jesús, sino la que nos permite creernos superiores a los demás. Si utilizamos esa autoridad para someterlos a nuestro capricho, aunque sea bajo pretexto de hacer la voluntad de Dios o de buscar el bien de los demás, estamos en la antípoda del evangelio.

Todos los seres humanos necesitamos ayuda para superar nuestros demonios, y todos podemos ayudar a los demás a superarlos. Es verdad que existe mucho dolor que no podemos evitar, pero debíamos distinguir entre el dolor y el sufrimiento que ese dolor puede infligir. Soportar el dolor, antes de que alcance la categoría de sufrimiento, sería la tarea decisiva de cada ser humano. Aquí tenemos un margen increíble para la maduración personal, pero también para desplegar cauces de ayuda a los demás. Estoy seguro que las curaciones de Jesús fueron encaminadas a suprimir el sufrimiento, no el dolor.

Meditación

Toda autoridad que se ejerce desde el poder viene del diablo.
Solo la autoridad que da el servicio viene de Dios
Tu tarea primera como ser humano,
es liberarte de todo lo que te impide ser tú.
La segunda es ayudar a los demás a liberarse
de todos los demonios que andan sueltos.

Fray Marcos




JESÚS, EL LIBERTADOR
José Enrique Galarreta
Mc 1, 21-28

El Evangelio de Marcos tiene una estructura que revela bien su intención. En el primer capítulo se presenta a Jesús, a partir del testimonio de Juan: pasada la experiencia de oración y ayuno, y la tentación, en la montaña, llama a los primeros discípulos y empieza su ministerio: recorre Galilea enseñando en las sinagogas y curando toda clase de enfermedades.

En esta parte, Marcos va alternando los discursos con las curaciones, en un mensaje claro: "Esta es su autoridad: él viene de parte de Dios".

El texto de hoy presenta como un resumen programático: las palabras y las obras. Y ambas cosas producen admiración. Las palabras, porque son algo nuevo, diferente de la enseñanza de los escribas, en contenido y en autoridad. Los escribas no hacían otra cosa que comentar La Ley y Los Profetas. Jesús "es diferente". Y el pueblo está sorprendido. Y además, Jesús avala sus enseñanzas con curaciones sorprendentes, tenidas por la gente como milagros.

Por tanto, el mensaje de este comienzo del evangelio de Marcos se refiere ante todo a "autentificar a Jesús": "éste es El Profeta anunciado", se nota en sus obras y en sus palabras. Dios está con él, es necesario creerle. Pero es conveniente analizar un poco más la escena, porque tiene significados profundos.

Se trata de la reunión ritual de los judíos, el sábado, en la sinagoga: se lee y explica, por parte de los escribas, la Ley, como enseñanza "autorizada". Jesús y su grupo, como personas piadosas, acuden; pero Jesús, sin ser escriba, pasa a enseñar. Se indica así lo "oficial" de la predicación de Jesús.

En contraposición a los escribas, Jesús muestra "otra autoridad", sin basarse en otros maestros o tradiciones, no como mero repetidor de la Ley, sino con autoridad propia.

Nosotros la Iglesia no hemos subrayado lo suficiente la enorme distancia que hay entre Jesús y el Antiguo Testamento. Haríamos bien en recordar lo del vino nuevo y los odres viejos. Pero me temo que a buena parte de la Iglesia le gusta más vivir en el Antiguo Testamento: por ejemplo, les gusta mucho más el culto esplendoroso que la Cena del Señor, la teología metafísica que las parábolas.

Esta autoridad se ve refrendada por sus curaciones, en este caso de un "poseído por un espíritu impuro". En el NT aparecen con frecuencia personas afectadas de males morales, presiones internas que son superiores a ellos, que les hacen no ser dueños de sí mismos. Se les considera poseídos por "espíritus", y estos espíritus son considerados "inmundos", es decir, opuestos al Señor, alejadores de Dios.

Jesús se muestra como un poder liberador de las personas respecto de esos espíritus, capaz de devolver a la persona su libertad, su capacidad de ser dueño de sí mismo. Su autoridad se manifiesta más aún por cuanto la curación se verifica con la sola fuerza de su Palabra.

Por lo demás, Jesús está curando en sábado. Empieza, ya desde el principio, una costumbre de Jesús que va a llegar a resultar "agresiva". El cumplimiento del descanso sabático era tan estricto que curar en sábado se consideraba como quebrantar la Ley. Jesús pasará una y otra vez sobre esta prohibición, y este será un tema de grave enfrentamiento con las autoridades religiosas.

Todos los textos son un ejemplo bonito de provisionalidad. Está en el fondo la semilla de la Palabra, pero arropada -mal- en las creencias y deficiencias del momento.

En el texto del Deuteronomio:

Yahvé es temible. Hace falta un intermediario, el profeta. Los que no le escuchen serán castigados: el falso profeta morirá.

En el texto de Pablo:

Los últimos tiempos. No merece la pena ni casarse. Se sirve mejor a Dios en el celibato.

En el Evangelio:

"Una doctrina nueva". Prodigios para demostrar poder...

Ninguna de estas afirmaciones son aceptables sin más.

· Dios no es terrible.

· El único intermediario es Jesús, pero no porque ver a Dios resulte mortal.

· No se está acabando la historia: el matrimonio y "las cosas del mundo", y toda nuestra vida, forman parte de nuestra misión y tienen -todas las actividades- el mismo valor: cumplir "mi" misión.

· Los milagros no son una manifestación del poder del Amo sino de la voluntad de curar del Libertador.

Puede parecer sorprendente que apliquemos esta noción de "provisionalidad" tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. Sin embargo, así es. "Los testigos" ven y oyen a Jesús, creen en él y nos cuentan lo que han visto y oído, y su fe. Y la Palabra está ahí, una vez más, encarnada. Si los testigos fueran daltónicos, nos describirían a Jesús en blanco y negro. Lo que los testigos nos cuentan es lo que pueden captar.

Pero el Espíritu sigue animando a la Iglesia; el pueblo peregrino avanza en el conocimiento de Dios. No entiende lo mismo Moisés que Isaías, ni Juan Bautista que Pedro, ni Juan Evangelista que nosotros. Y no porque seamos más listos o tengamos más medios, sino porque el Espíritu de Jesús sigue trasformando a la Iglesia.

De aquí sacamos consecuencias importantes para nuestra vida, bien representadas las dos en frase de la gente sobre Jesús: "¿Quién es éste, qué es esto...?". ¿En quién creemos, en qué creemos?

¿Creemos en un taumaturgo que arregla los males del mundo por arte de magia? ¿Por qué hacían milagros los apóstoles y no los hacen los obispos? ¿Sólo porque ellos tenían más fe?

¿Creemos en una Palabra de Dios dictada al oído a los autores sagrados, sin posibilidad de sombra de error o interpretación?

¿Creemos en Jesús Dios con apariencia de hombre, lleno de poder, que simula ser como nosotros?

¿Creemos en un Dios terrible, al que tenemos acceso por intermedio de elegidos que se interponen entre el pueblo y El Amo?

¿Creemos que las cosas corrientes de la vida son inútiles para el Reino de Dios?

Creemos que todo lo que los hombres pueden entender de Dios está dicho en Jesús. Y no entendemos más, aunque tenemos más preguntas.

Creemos que Religión no es lo extraordinario, sino el sentido y valor de lo ordinario.

Creemos que todos los hombres van entendiendo mejor a Dios.

Creemos que en eso consiste nuestra vida: en caminar hacia más conocimiento, fiados en Jesús, la Palabra.

Pero podemos estar confusos: ¿por qué recibimos unas cosas de la Escritura y otras no, o unas más y otras menos­?. ¿No corremos el riesgo de entender la Palabra de Dios a nuestra conveniencia?

En efecto, corremos ese riesgo, e incluso caemos en él, como cayó Pedro y Pablo y todos. El riesgo está en aceptar lo que nos parece razonable. El acierto está en compararlo todo con las líneas claras, profundas, de Jesús:

· vemos como "provisional" el Dios terrible del Sinaí porque Jesús nos ha mostrado a "Abbá",

· vemos como insuficiente la fe en Jesús "ser divino de apariencia humana con poderes mágicos", porque le hemos visto nacer de María y morir en la cruz...

· Y sabemos que nuestra tentación es siempre aceptar lo que nos parece razonable; y sabemos que lo sensato es ir a buscarle a él, a ver cómo es.

Uno de los aspectos del evangelio que más nos molestan hoy son, quizá, los milagros. No estamos dispuestos a aceptar lo maravilloso, probablemente porque nuestro pensamiento tiene mucho de exclusivamente racional, exclusivamente científico. Incluso a algunos nos parecería más aceptable el Evangelio sin milagros, porque nos resulta más verosímil.

Y sin embargo, los milagros están ahí, nos guste o no. No todas las narraciones de milagros que hay en los evangelios son crónicas de sucesos que ocurrieron: algunos son fruto de la exageración legendaria, otros tienen sentido simbólico. Pero muchas sí que son narraciones de sucesos.

Y es histórico que muchas de estas actuaciones de Jesús fueron interpretadas por la gente como milagros. Las personas "poseídas por malos espíritus" eran enfermos, desde luego. Y Jesús las curaba. Y muchas veces sin tratamiento, sin contacto físico. Si estas cosas no nos gustan, es nuestro problema. Se trata de creer en el Jesús que existió, no de que nos guste o no.

José Enrique Galarreta




DOS REACCIONES ANTE JESÚS
José Luis Sicre

Marcos ha presentado a Jesús recorriendo Galilea para anunciar la buena noticia del reinado de Dios. Pero no ha dicho cómo reaccionaba la gente. Sabemos que cuatro muchachos, atraídos por su persona, lo dejan todo para seguirle. ¿Y el resto? ¿Cómo reacciona? Este será el tema del primer relato extenso del evangelio.

El asombro del auditorio

Marcos nos sitúa en uno de los pueblos más importantes de Galilea, Cafarnaúm, nudo de comunicaciones con Damasco. Un sábado, Jesús entra en la sinagoga y enseña. Pero Marcos no se detiene a concretar su enseñanza. Lo que le interesa es la reacción del auditorio: “se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.” La idea es curiosa, porque los escribas no eran gente impreparada e ignorante que decían cualquier tontería para salir del paso. Tenían una larga y profunda formación. Pero, en opinión de la gente, enseñaban sin autoridad, incapaces de tener una idea propia, de aportar algo nuevo. Jesús, en cambio, los asombra por esa autoridad. ¿Qué dijo para suscitar esa impresión? Marcos no lo concreta, porque su táctica consiste en despertar la curiosidad del lector y animarle a seguir leyendo el evangelio con interés.

El rechazo de un pobre diablo

Sin embargo, no todos están de acuerdo con lo escuchado. Hay uno que reacciona en contra: un endemoniado. En realidad, se trata de un pobre diablo. No opone resistencia. Sólo puede protestar, reconocer que los suyos están derrotados y abandonar, retorciéndose y huyendo, el campo de batalla.

Las palabras que Marcos pone en su boca son esenciales: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» En ellas se condensa el misterio de Jesús y de su actividad.

El que aparentemente es sólo un hombre natural de Nazaret llamado Jesús, es en realidad “el Santo de Dios”. Este título es muy raro. Sólo se encuentra aquí, en el texto paralelo de Lucas, y en el evangelio de Juan, cuando Pedro, después de que muchos abandonen a Jesús, afirma: “Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios.” (Juan 6,69). Lo que Pedro y los demás discípulos han terminado creyendo, superando una gran prueba de fe, el endemoniado lo sabe de entrada. Descubrir el misterio de Jesús será una de las misiones del lector del evangelio.

En cuanto a su actividad, la pregunta del endemoniado la deja claro: ha venido a acabar con los demonios y el poder de Satanás. Al lector moderno, puede resultarle un lenguaje extraño. Prefiere hablar de lucha contra el mal, de victoria del bien sobre las fuerzas del mal. Pero Marcos se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas.

La guerra contra Satanás y los espíritus inmundos

Marcos concibe su evangelio como una guerra entre el bien y el mal. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, y allí es tentado por Satanás, mientras los ángeles le sirven. Marcos no cuenta ninguna de las famosas tentaciones. Se limita a presentar a los dos adversarios en lucha: Jesús y Satanás. Y esa guerra continúa con una batalla, vencida fácilmente por Jesús, contra un soldado de Satanás.

Ya que nuestra idea del demonio está muy marcada por ideas posteriores, recuerdo que en el evangelio de Marcos los espíritus inmundos aparecen con dos rasgos principales:

a) sirven para explicar casos muy complicados para la medicina de la época. En Mc hay dos episodios especialmente famosos: el del endemoniado gadareno (Mc 1,23.26; 5,2.8.13) y el del niño sordomudo que padece epilepsia (9,14-29), al que se presenta como poseído por un espíritu mudo (v.17), mudo y sordo (v. 25). En el caso de la hija de la cananea (7,25) no sabemos en qué consiste la enfermedad.

b) expresan la oposición radical al plan de Dios. Lo esencial no es que hagan daño a las personas, sino que protestan de la actividad de Jesús. El endemoniado reconoce su poder, sabe quién es y la misión que tiene: destruirlo. Con este mismo aspecto se menciona a los espíritus inmundos en 3,11.

Un aspecto esencial de la actividad de Jesús es expulsar demonios (1,34.39). Los discípulos reciben de Jesús ese poder contra ellos (6,7), aunque algunos son muy difíciles de echar, hace falta oración (9,28-29).

Pero Marcos dejará claro a lo largo de su evangelio que los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios sino los hombres. Serán ellos quienes terminen matándolo.

La admiración final

Tras la huida del demonio, el protagonismo pasa a los presentes en la sinagoga. Antes se admiraron de la autoridad con la que enseña Jesús. Ahora se quedan estupefactos al ver que, además, tiene también poder sobre los espíritus inmundos. Y se preguntan: “¿Qué es esto?” ¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Cuál será nuestra reacción?

Marcos ha presentado dos reacciones muy opuestas ante la persona y la actividad de Jesús: admiración y rechazo. Con ello queda claro lo que espera de cada uno de sus lectores. Decía un pensador griego que “el asombro llevó a los hombres a filosofar”. Marcos, de forma parecida, sugiere que la admiración es el punto de partida para creer en Jesús. Poco a poco, la pregunta de la gente “¿qué es esto?” se convertirá en “¿quién es éste?”.

Nota sobre la primera lectura

Dios promete que, tras la muerte de Moisés, suscitará a un profeta, más bien a una serie de profetas, que transmitirán al pueblo su palabra. Al situar este texto del Deuteronomio como primera lectura, la liturgia nos recuerda que ese profeta prometido es Jesús. De todos modos, el evangelio no pretende presentar a Jesús como profeta ni dice que la respuesta a su palabra sea la obediencia, sino el asombro. La lectura está bastante traída por los pelos.

José Luis Sicre