miércoles, 20 de diciembre de 2017

José Antonio Pagola - EN UN PESEBRE


José Antonio Pagola - EN UN PESEBRE

Según el relato de Lucas, es el mensaje del ángel a los pastores el que nos ofrece las claves para leer desde la fe el misterio que se encierra en un niño nacido en extrañas circunstancias en las afueras de Belén.

Es de noche. Una claridad desconocida ilumina las tinieblas que cubren Belén. La luz no desciende sobre el lugar donde se encuentra el niño, sino que envuelve a los pastores que escuchan el mensaje. El niño queda oculto en la oscuridad, en un lugar desconocido. Es necesario hacer un esfuerzo para descubrirlo.

Estas son las primeras palabras que hemos de escuchar: «No temáis. Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo». Es algo muy grande lo que ha sucedido. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño no es de María y José. Nos ha nacido a todos. No es solo de unos privilegiados. Es para toda la gente.

Los cristianos no hemos de acaparar estas fiestas. Jesús es de quienes lo siguen con fe y de quienes lo han olvidado, de quienes confían en Dios y de los que dudan de todo. Nadie está solo frente a sus miedos. Nadie está solo en su soledad. Hay Alguien que piensa en nosotros.

Así lo proclama el mensajero: «Os ha nacido hoy un Salvador: el Mesías, el Señor». No es el hijo del emperador Augusto, dominador del mundo, celebrado como salvador y portador de la paz gracias al poder de sus legiones. El nacimiento de un poderoso no es buena noticia en un mundo donde los débiles son víctima de toda clase de abusos.

Este niño nace en un pueblo sometido al Imperio. No tiene ciudadanía romana. Nadie espera en Roma su nacimiento. Pero es el Salvador que necesitamos. No estará al servicio de ningún César. No trabajará para ningún imperio. Es el Hijo de Dios que se hace hombre. Solo buscará el reino de de su Padre y su justicia. Vivirá para hacer la vida más humana. En él encontrará este mundo injusto la salvación de Dios.

¿Dónde está este niño? ¿Cómo lo podemos reconocer? Así dice el mensajero: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». El niño ha nacido como un excluido. Sus padres no le han podido encontrar un lugar acogedor. Su madre le ha dado a luz sin ayuda de nadie. Ella misma se ha valido como ha podido para envolverlo en pañales y acostarlo en un pesebre.

En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres. No le encontraremos entre los poderosos, sino en los débiles. No está en lo grande y espectacular, sino en lo pobre y pequeño. Vayamos a Belén; volvamos a las raíces de nuestra fe. Busquemos a Dios donde se ha encarnado.

Natividad del Señor- B 
(Lucas 2,1-14)
25 de diciembre 2017

José Antonio Pagola 




ESPERAR COMO MARÍA
Florentino Ulibarri

Esperar bien despiertos, pero no desvelados.
Esperar caminando, pero no adelantándonos.
Esperar embarazados, pero no adueñándonos.
Esperar expuestos, pero no a cualquier viento.
Esperar sedientos, pero no yermos.

Esperar entre niebla, pero no perdidos en esta tierra.
Esperar con velas encendidas, pero no consumidos.
Esperar ofreciéndonos, pero no vendiéndonos.
Esperar preparando tu camino, pero no encorvándonos.
Esperar en silencio, pero cantando a lo que va viniendo.

Esperar gestando, no abortando.
Esperar acogiendo, no reteniendo.
Esperar dándonos, no reclamando.
Esperar en silencio, no alborotando.
Esperar compartiendo y disfrutando.

Esperar aunque sea de noche
y no veamos signos en el horizonte.
Esperar a cualquier hora del día,
aunque nos quedemos solos y se rían.
Esperar en soledad... ¡y en compañía!

Esperar con mucha paz, pero pellizcados por los hermanos.
Esperar anhelando, pero mecidos en su regazo.
Esperar mirando a lo alto, pero con los pies asentados.
Esperar refrescándonos en tus manantiales vivos y claros.
Esperar encarnados y ya naciendo a tu Reino.

Esperar en este tiempo de crisis y recortes.
Esperar con el Evangelio en la mano.
Esperar con los que vienen y con los que se van.
Esperar disfrutando lo que se nos ha dado.
Esperar viviendo y amándonos.

Esperar trabajando y profetizando.
Esperar sufriendo, pero enamorándonos.
Esperar pregonando lo que nos has dado.
Esperar con las entrañas listas para la acogida.
Esperar, para que no pases de largo.

Esperar con mucho gozo y osadía.
Esperar con humildad atentos a toda brisa.
Esperar que el Espíritu fecunde nuestra vida,
Esperar el milagro de tu presencia viva.
Esperar tu encarnación definitiva en esta tierra.

¡Esperar como María!





BELÉN: PARADA SIN FONDA
Dolores Aleixandre, RSCJ.

Belén  fue  solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría  para siempre al que  venía a estar entre nosotros como uno de tantos. Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas,  una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir  sin abrigo. Si venía a buscar a los más olvidados,  mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía  de probar el desamparo.  Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como  recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera  iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él  mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y  portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo.  Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta;  la de la suerte, aventurada y  peligrosa; la del corazón, desmesurada”.

A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran  y no sabía que estaba abriendo para nosotros  las puertas de tanta dicha.

Dolores Aleixandre
Vida Nueva, Diciembre 2017



DIOS ES SIEMPRE ENCARNACIÓN
Fray Marcos
Lc 2, 1-14

El relato de Lc no es una crónica de sucesos, sino teología narrativa, que es algo muy distinto. Hoy identificamos verdadero con histórico. En tiempo de Jesús era distinto y lo importante era la vida, no la historia. Jesús vivió en un momento y en un lugar histórico, Pero lo importante es que nos invitó a vivir la realidad de un Dios que no está atado a un tiempo ni a un espacio. Lo importante de este relato es la idea de Dios que transmite. La profundización no es nada fácil, porque exige una actitud personal de silencio y de escucha. Desde fuera, es muy poco lo que te puede ayudar a esta tarea.

Lo que deja claro el evangelista es, que Jesús se inserta plenamente en la historia universal, para que nadie pueda poner en duda su condición humana. Una censo oficial al que están sujetos como cualquier mortal, sus padres. Importa poco que los datos no sean exactos. Lo que nos interesa es la intención de Lc, es decir, conectar la buena noticia con Jesús que nace en un lugar y en un momento de la historia. A nosotros hoy lo que de verdad nos cuesta es descubrir al Jesús humano que nos pueda servir de modelo. Enfrascados durante siglos en la trascendencia, nos hemos olvidado de que no hay más divinidad que la que se manifiesta a través de la plenitud de un ser humano.

Ponernos en el lugar del que escribe es la clave para poder entender lo que nos quiere trasmitir. Para Lc, de mentalidad helenista, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo, pero para llevarla a cabo, Dios tiene que bajar primero. Pero solo lo encontrará el que está en camino, el que está buscando, el que está velando, no los que están satisfechos, instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche.

Los dioses, desde su trascendencia necesitan intermediarios. Estos se ponen en acción y quieren anunciar el acontecimiento. ¿Quién estará preparado para escucharlo? Solo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de aquella sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos, a los que menos cuentan. Los demás están descansando, dormidos, cómodos; no necesitan ninguna salvación. Este dato es decisivo porque nosotros nos encontramos entre ese grupo que para nada necesita la salvación que el ángel anunció. Solo necesitamos que nos confirmen en nuestro bienestar.

El anuncio es ‘buena noticia’. El Dios verdadero es siempre buena noticia. La noticia es que Dios viene para salvarlos. “Os ha nacido un Salvador”. Puesta al día, la noticia sería que Dios está viniendo siempre hacia mí para darme plenitud. Los pastores salen corriendo. No será fácil encontrarlo. Alguna pista: Un niño en un pesebre (comedero) semidesnudo y entre pajas, él mismo es alimento (apuntando a la eucaristía). Está acompañado por sus padres que no dicen nada. ¿Qué podrían decir? Cuando Dios decide enviar su Palabra a los hombres, resulta que nos envía a un niño que no sabe hablar.

Es importante el matiz de que la salvación es para todo el pueblo, no para los privilegiados del momento. No en Jerusalén, sino en la ciudad de David. Él viene a destronar a los poderosos, pero se presenta como uno de los pobres y oprimidos. Esto es la causa de la alegría en el cielo y de la alabanza a Dios en la tierra. Los pastores descubren con alegría la gran noticia y no tienen más opción que proclamarla. Entre los que escuchan, sorpresa. Dios se encuentra lejos de las instituciones, lejos del templo.

El evangelista no está dando los primeros datos de una biografía sino poniendo los fundamentos de una teología. Desde la perspectiva de una biografía, tendríamos que decir: No sabemos nada; ni dónde nació, ni cuándo, ni cómo. Por el contrario, tenemos suficientes elementos de juicio para saber que no pasó nada extraordi­nario desde el punto de vista externo. Ni María ni José ni nadie se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo allí. Nació como todos los niños. Fue un niño normal. Cuando Jesús empezó su vida pública, decían sus vecinos: ¿No es este el hijo de José, su madre no se llama María? ¿De dónde saca todo eso? En otra ocasión su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decían que estaba loco. ¿Se habían olvidado de los prodigios de su nacimiento?

Y sin embargo aquello era el comienzo de todo. Allí empezaba Jesús su andadura humana, que iba a ser capaz de hacer presente a Dios entre los hombres. Era Emmanuel (Dios-con-nosotros) y era Jesús (salvado). Nacimiento, vida y muerte de Jesús, forman una unidad inseparable. Es importante su nacimiento por lo que fue su vida y su muerte. Hizo presente a Dios, amando, dándose, entregándose a los demás. Eso es lo que es Dios. Salió a su Padre. Es Hijo de Dios. Como pasó con todos los grandes personajes anteriores a él, se hace la biografía de la infancia desde la perspectiva de su vida y “milagros”.

En el ambiente de la celebración de la Navidad, hoy, lo más probable es que nos quedemos en las pajas y no vayamos al grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo, aquí y ahora. Dios no tiene que venir de ninguna parte, ni puede estar en ninguna parte más que en otra. Dios está donde nosotros le descubrimos y le hacemos presente. Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás.

El único objetivo de esta fiesta es que aprendamos a amar. Que aprendamos a salir de nosotros mismos y seamos capaces de ir al otro. El verdadero amor es el resultado del nacimiento de Dios en mí, en todo ser humano, en todo niño recién nacido. No debemos cerrarnos al entorno familiar o afectivo. Debemos recordar también a aquellos niños o mayores que en este momento están muriendo de hambre o de cualquier enfermedad perfectamente curable. Mueren porque nosotros preferimos adorar un muñeco de cartón, antes que aceptar que cualquier recién nacido es divino porque en él reside Dios.

Todo lo que nos hace más humano debemos incorporarlo a la fiesta. La reunión con la familia, la comida, los encuentros y abrazos, todo puede ayudarnos a descubrir lo que somos como seres humanos y a manifestarlo con alegría. La fiesta cobrará sentido para todos en el momento que sepamos aunar lo humano y lo divino. Si unos y otros sabemos ir más allá de los mitos y folklores, nos podemos encontrar celebrando la única realidad que debe interesarnos a todos: la VIDA que está en nosotros y espera ser desplegada. Merece la pena hacer un esfuerzo en estos días y dedicar tiempo a lo que nos debía interesar de verdad: ser hoy un poco más humanos que ayer pero menos que mañana.

Meditación

Lo que el silencio no diga
nadie te lo podrá dar.
Cuanto te venga de fuera
de nada te servirá.
En tu interior está el pozo
donde tienes que beber.
Ninguna otra agua prestada
llegará a apagar tu sed.

Fray Marcos



LA ENCARNACIÓN DE DIOS EN JESÚS ES LA CLAVE
Fray Marcos
Lc 1, 26-38

Los textos que vamos a leer estos días, están tomados del “evangelio de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy se destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él, quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones.

Lo que Lc nos propone, es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Casi todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lc toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios mismo sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia”, se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mt, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lc María misma impondrá el nombre a Jesús = Salvado. No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Jn. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará contra nosotros si le fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.

Meditación

La disponibilidad de María es la clave del mensaje.
Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.
Él lo está haciendo todo en cada instante.
Descubrir esta presencia activa,
Es la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En ti está ya la plenitud, que quieres alcanzar.

Fray Marcos



DIOS NO HABITA EN CASAS DE PIEDRA
José Enrique Galarreta
Lc 1, 26-38

El relato de la Anunciación es, quizá, el más conocido de todos los textos evangélicos; no necesita especial comentario. Frente a nuestra interrogación sobre el "qué sucedió" (qué pudieron ver los ojos) debe predominar la aceptación del mensaje: una especialísima acción de Dios que hace posible la presencia en el mundo de "el hombre lleno del Espíritu", "el Hijo".

La forma literaria del relato, por otra parte, es del género "anunciaciones", con exactamente el mismo esquema que la anunciación a Zacarías del capítulo anterior.

La intención de Lucas es clara: se anuncia a Jesús como cumplimiento de La Promesa y la absoluta superación de la Promesa al manifestar quién es ese que viene: Santo, Hijo del Altísimo, heredero del trono de David su Padre, su reino no tendrá fin... Todo esto queda encerrado en el nombre: Jesús = Dios Salvador. Y todo, por la fuerza del Altísimo, por la acción del Espíritu.

Es evidente que se coloca aquí por dos razones. En primer lugar, porque estamos ya a pocos días de la Navidad: va a nacer Jesús, hijo de María, y es lógico colocar en este lugar este evangelio en el que aparece el anuncio a María de su condición de Madre de Jesús, y la aceptación por parte de María de esa misión.

En segundo lugar, porque en las palabras del ángel se revela la condición de Jesús. El evangelio enlaza directamente con la primera lectura. Se presenta a Jesús como el esperado, el cumplimiento definitivo de la promesa. Pero el cumplimiento de la promesa es mil veces superior a lo esperado... y es sorprendente. Se muestra igualmente que no habíamos esperado bien. Jesús no tiene nada que ver con un rey. Viene el Reino, pero no es de este mundo.

La Navidad es celebración de "Dios con nosotros", y para eso nos prepara el Adviento, para "ir al encuentro del Señor". Pero ni "Dios con nosotros" ni "ir a su encuentro" tiene nada que ver con asentamiento en lugares físicos ni con peregrinaciones exteriores. Este es el paso fundamental de Jesús y uno de los pasos que el creyente en Jesús tiene que dar si quiere pasar del Antiguo testamento al Evangelio.

El tema de la presencia de Dios y el posterior de la residencia de Dios en medio de su pueblo, es de larga tradición en todos los pueblos y también en Israel. Las primeras "presencias de Dios" son verdaderamente primitivas, de una religiosidad prehistórica. Recordemos las expresiones de Jacob, cuando despierta del sueño de la escala:

"Realmente, está el Señor en este lugar y yo no lo sabía" - Y añadió, aterrorizado: "Este lugar es terrible, es la morada de Dios y la puerta del Cielo" (GÉNESIS 24,16)

Texto antiquísimo que muestra la fe en un "lugar de poder", un recinto material en el que reside la divinidad, la cual produce terror. Esta misma mentalidad asoma en el episodio del Éxodo en que Moisés encuentra a Dios en la Zarza ardiente. (EXODO 3,5)

El Éxodo sin embargo da un paso significativo. Dios va a morar en una tienda de campaña porque el pueblo habita en tiendas de campaña, y Él se mueve con el pueblo.

No está en un lugar a donde el pueblo va, sino que va con el pueblo. En el fondo, se está ya diciendo que el verdadero templo no es una casa, sino el pueblo, las personas: ahí reside Dios.

La construcción del Templo será un arma de doble filo. Por un lado es la Morada de Dios entre los hombres, signo de la presencia y la protección del Señor. Pero es también un peligroso tranquilizador. "¡Este es el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!", es una expresión que indica bien tanto la devoción como el orgullo de "poseer a Dios", en un Templo, el único lugar de toda la tierra en que Dios puede ser adorado...

No es extraño que el texto del libro de Samuel sea muy reticente con la construcción de un Templo, y que se sustituya la construcción de una casa física por la promesa de estar con "la casa de David". No es Dios de un espacio físico, sino del tiempo: no presencia en un lugar al que hay que acudir para encontrarle, sino acompañante en el camino de la humanidad.

Y así se presenta a Jesús, como morada definitiva de Dios entre los hombres y revelación de la verdadera presencia de Dios. Este es el misterio a que se refiere Pablo, escondido por los siglos a la mirada de los hombres, revelado ahora en Jesús.

Que "Dios con nosotros" no es un templo sino una persona, Jesús. Y que nosotros también somos así: que Dios no está afuera ni arriba, sino dentro, en el fondo, como fuerza vital más íntima. Se está hablando de "El Espíritu", insuflado en las narices del muñeco de barro (Génesis 2) para que fuera un ser viviente; porque el ser humano es barro, pero está animado por el Espíritu de Dios.

Esta es la fe que se manifiesta en el relato de Lucas: "Dios está con nosotros". Esto es Jesús: hemos visto que Dios está con nosotros. Pero antes, "Dios con nosotros" significó que por él ganábamos batallas, que por su presencia en el templo nuestra capital era inexpugnable.

El Rey David entiende a Dios como aliado, pero no entiende a Dios. El profeta le muestra el futuro: ni templo, ni arca, ni reinado... Jesús, que es mucho más. Me parece importante reflexionar en el cambio profundo de sensibilidad religiosa que supone todo esto. Podríamos mostrarlo con la siguiente oposición:

DE DÓNDE VENIMOS
Dios protege nuestra nación
Dios está "arriba", "fuera" y "lejos"
Dios es lo "extraordinario"
A Jesús se le notaba la divinidad
Dios aparecía de vez en cuando
Encontramos a Dios en el templo
Temo a Dios Juez.

A DÓNDE VAMOS

Dios es el Salvador de todos
Dios es lo más íntimo de todo
Es el sentido de todo
En Jesús había que creer
Todo es revelación de Dios
"Conmigo lo hicisteis"
Qué alivio, mi Juez es Abbá.

En resumen,
descubrir a Dios en Jesús-Hombre
y servir a Dios en los hombres.

Misterio mantenido en secreto durante siglos: Pablo es consciente de que hasta que Dios no lo ha dicho, nadie ha podido sospecharlo. Dios ha sido siempre para los hombres lejano, excepcional, dueño, juez... Y a Dios se le ha servido sobre todo en su santo Templo...

Solo la Palabra hecha hombre ha sido capaz de hacernos entender que Dios es el alma de lo cotidiano, íntimo, libertador... Abbá, y que solamente en sus hijos le podemos servir.

De nuevo una buena, una estupenda noticia. Esto no va de templos suntuosos, de apariciones deslumbrantes. Esto va de reconocer lo divino en las personas, y de reconocer en ellas su espíritu divino. Esto va de ver a Dios en un hombre, el hijo de María, y de reconocer en todos los humanos a los hijos de Dios.

Y no es sencillo ni intrascendente. Por esto, por no querer ser el Mesías hijo de David rey terreno, por no dar importancia al Templo, por esas cosas mataron a Jesús. Y este asesinato fue un suicidio: con él murió el viejo Templo y el viejo mesías rey de un pueblo.

Y nació, resucitó, el Reino, la fe en Dios desde la conciencia, la fe en Dios creador de vida, la fe en la reunión de los hermanos que trabajan por ese reino que es la dignidad de todos los hijos... Esto es otro Dios, otra religión.

Esto es lo que se nos ofrece, en esto hay que creer. María tuvo que creer en su hijo, tuvo que abandonar el templo y cambiarlo por la fracción del pan en las casas. Creer en la Encarnación no es tragarse una anomalía biológica inexplicable: es cambiar de Dios y recuperar la fe en la dignidad humana.

En vísperas ya de Navidad se nos enfrenta a la necesidad de hacer un acto de fe en Jesús: Dios es como Jesús lo muestra, no como lo mostraba el Templo; el ser humano es como aparece en Jesús, hijo seguro y responsable, no un esclavo ni un asalariado. La Navidad va a ser una oferta y un desafío: aceptar o rechazar a Dios y al ser humano como se muestran en Jesús.

Finalmente, María dijo "sí" a la propuesta de Dios. No fue fácil para Maria aceptar a su hijo como aquel Mesías que nadie esperaba. Quizá sea nuestra misma situación: aceptar a Jesús como es, a Dios como es, no inventar dioses ni 'jesuses' a nuestra medida.

DEL EVANGELIO Y LAS CARTAS DE JUAN. 
Tomamos las palabras de Juan pera hacer una profesión
de fe en Dios que se revela en Jesús.

Lo que existía desde el principio,
lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que contemplamos y tocaron nuestras manos
acerca de la Palabra de vida,
lo que hemos visto y oído,
os lo anunciamos,
para que también vosotros estéis en comunión con nosotros.

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre
para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!.
Ahora somos hijos de Dios
y aún no se ha manifestado lo que seremos.
Sabemos que, cuando se manifieste,
seremos semejantes a él,
porque le veremos tal cual es.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene;
en que Dios envió al mundo a su Hijo único
para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor:
no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo
A Dios nadie le ha visto nunca. El Hijo nos lo ha dado a conocer.

Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene,
y hemos creído en él.
Dios es Amor y quien permanece en el amor
permanece en Dios y Dios en él.
No hay temor en el amor;
quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.
Nosotros amemos, porque él nos amó primero.

José Enrique Galarreta



TRES MENSAJEROS, TRES PROMESAS Y UN MISTERIO
José Luis Sicre

Primer mensajero (Natán) y primera promesa (a David)
Al final de numerosas aventuras, David se ha convertido en rey del Norte y del Sur, de Israel y Judá. Ha conquistado una ciudad, Jebús (Jerusalén) que le servirá de capital. Se ha construido un palacio. Y ahí es donde comienzan los problemas. Mientras se aloja cómodamente en sus salas, le avergüenza ver que el arca de Dios, símbolo de la presencia del Señor, está al aire libre, protegida por una simple tienda de campaña. Decide entonces construirle una casa, un templo. El profeta Natán está de acuerdo. Dios, no. Será Él quien le construya a David una casa, una dinastía. A su heredero lo tratará como un padre a su hijo. “Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre”.

Segundo mensajero (Gabriel) y segunda promesa (a Israel)
El anuncio de Gabriel a María es como un cuadro que solo comprendemos bien cuando lo comparamos con otro situado a su izquierda: el anuncio de Gabriel a Zacarías. Entonces, contemplando las diferencias, captamos mejor su mensaje.

1) El anuncio a Zacarías tiene lugar en el espacio sagrado del templo, el de María, en un pueblecillo desconocido de Galilea, de doscientos habitantes.

2) Gabriel se aparece a un anciano venerable, casado con una mujer muy piadosa, los dos israelitas modélicos; luego Dios lo envía a una pareja joven, todavía sin casar, de los que no se menciona ninguna virtud.

3) En el primer caso, el protagonista es un varón, Zacarías; en el segundo, una muchacha, María.

4) En ambos casos se anuncia el nacimiento de un niño, pero con enormes diferencias entre ellos: Juan será un profeta, al estilo de Elías, y su misión consistirá en preparar al pueblo; Jesús será un rey que gobernará en la Casa de David eternamente. A menudo se pasa por alto el fuerte contenido político de las palabras relativas a Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Si tenemos en cuenta que «Hijo del Altísimo» no significa «Segunda persona de la Santísima Trinidad», sino que es un título del rey de Israel, las palabras de Gabriel repiten insistentemente la idea de la realeza de Jesús. Pero su reino no es universal, se limita a «la casa de Jacob».

5) En ambos casos, el nacimiento parece imposible: Zacarías e Isabel son ancianos; María no ha tenido relaciones con José. [La traducción habitual: “no conozco varón” se presta a malentendido, ya que María conoce a José, es su novio; lo que quiere decir es “no he tenido relaciones sexuales con ningún hombre”.]

6) Ante esa dificultad, Zacarías pide una garantía de que eso pueda ocurrir [algo que solo se percibe claramente en el texto griego: kata. ti, gnw,somai tou/toÈ]; María se limita a formular una pregunta: “¿Cómo puedo quedarme embarazada si no he tenido relaciones con un hombre?” [pw/j e;stai tou/to( evpei. a;ndra ouv ginw,skwÈ].

7) En consecuencia, mientras Zacarías queda mudo hasta el día del nacimiento de Juan, María es la que pronuncia la última palabra: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Tercer mensajero (Pablo) y tercera promesa (al mundo entero)

Pablo no ha visitado todavía Roma cuando escribe su carta a los romanos. Pero tiene una larga experiencia de apostolado y de reflexión. Sobre todo, ha tenido una experiencia fundamental en el momento de su vocación: el Mesías Jesús no ha sido destinado por Dios sólo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.          

El misterio
Desde David hasta Pablo se recorre un largo camino y la perspectiva se abre de modo asombroso: lo que comenzó siendo la promesa a un rey, más tarde un pueblo, termina siendo la promesa al mundo entero. Como dice la segunda lectura, esta es la “revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos”.

Tres reacciones a tres mensajeros

¿Cómo reaccionan los interesados antes los mensajes que reciben?

La respuesta de David no la recoge la lectura, pero es una extensa oración de alabanza y acción de gracias por la promesa que Dios le hace (2 Samuel 7,18-29).

María reacciona con aceptación y fe. No imagina los momentos tan duros que tendrá que aceptar por causa de Jesús (“una espada te atravesará el alma”) ni la cantidad de fe que necesitaría cuando vea a su hijo criticado y condenado por terrorista y blasfemo.

La reacción de Pablo, la que desea inculcar a sus lectores romanos, es cantar la sabiduría y la gloria de Dios a través de Jesucristo.

Estas tres reacciones nos sirven para vivir estos días previos a la Navidad.

José Luis Sicre