jueves, 9 de noviembre de 2017

José Antonio Pagola - ENCENDER UNA FE GASTADA


José Antonio Pagola - ENCENDER UNA FE GASTADA

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus lámparas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue el novio a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo, donde se celebrará el banquete nupcial.

Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para alimentar sus lámparas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite, con el riesgo de que se les apaguen las lámparas.

Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus lámparas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las lámparas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del aceite. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal...? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?

¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

32 Tiempo ordinario - A
(Mateo 25,1-13)
12 de noviembre 2017

José Antonio Pagola 




LA SORPRESA
Florentino Ulibarri

Llega de día, llega de noche.Se le espera por la puerta, llega por la ventana.
Le buscamos con alegría, llega con su cruz.
Estamos de guardia, nos llama desde dentro.
Rastreamos huellas, llega por senderos nuevos.

Llega en la abundancia
y más todavía en la pobreza.
Llega cuando triunfamos
y nos acompaña en los fracasos.
Llega cuando es deseado
y se presenta cuando no se le espera.

Llega en el silencio y en el áspero y abrasador viento.
Llega también en la multitud y el ruido.
Llega para dormirnos y para despertarnos.
Llega a través de todas las caras que encontramos
a lo largo del día en nuestro camino.

Llega en el desierto de manantiales inciertos,
en las estepas de desconocidos pozos,
en los bosques frondosos en que nos perdemos,
en las altas cumbres que hollamos,
y en los valles que nos dan vértigo.

Llega a cada instante.
Llega en cada lugar.
Allí donde estamos, está.

Fiel a tu palabra
ya estás esperándonos.

Florentino Ulibarri



DESPERTAR O SEGUIR DORMIDO, ESA ES LA CUESTIÓN
Fray Marcos
Mt 25, 1-13

En los tres domingos que quedan vamos a leer todo el capítulo 25 de Mt (el último, antes del relato de la pasión). Los tres episodios que en él se narran (diez doncellas, los talentos y juicio definitivo) siguen siendo advertencias a su comunidad, con el fin de poner en guardia a los cristianos de las consecuencias definitivas de sus actitudes vitales. Dios no puede hacer ya nada. La pelota está en nuestro tejado y depende de nosotros que la juguemos o no, que la juguemos bien o mal. En cualquier caso, pitarán el final del partido.

Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Por fortuna, ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver como puede cogernos en un renuncio y condenarnos. Ya no se oye la tremenda frase: “Dios te coja confesado”, que es un insulto a Dios y a todo el mensaje de Jesús. Dios no nos espera al final del camino para someternos a un juicio. No, Dios es el principio y está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.

Hoy no tiene sentido meter miedo: No sabéis el día ni la hora. ¡Temblad! Y eso que, en el ciclo (A) nos libramos de textos apocalípticos, que son todavía más terroríficos. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. Aunque solo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo el vivir plenamente ese segundo. La muerte ni quita ni añade nada; el sentido debemos dárselo a la vida, mientras estamos de pie.

Recordad. Después de un año, o más, de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes, iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola. La verdadera Sabiduría es encontrar el sentido de la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como vida humana. Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Hay que despertar, porque de lo contrario, perderás la oportunidad de ser tú.

¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz, son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor, sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser. Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios.

Interpretar la parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura de Jesús, es pura mitología que nos lleva a un callejón sin salida. La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido.

Obsesionados por la “salvación eterna” y para el más allá, hemos interpretado esta parábola como una advertencia de preparación para la muerte, o peor aún, para el juicio. Nada más lejos del sentido del relato. Si el aceite es el amor, que hace funcionar la vida cristiana, no podemos pensar en el último día para que tenga sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo a todo el mensaje de Jesús.

La venida de Jesús al final de los tiempos, es una imagen escatológica que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos. El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia” porque solo permanecerá identificado con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio.

Los cristianos cayeron en la trampa de entender la segunda venida de Jesús de una manera temporal. Nosotros seguimos esperando esa segunda venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos. No nos gusta cómo terminó Jesús su paso por la tierra. Esta es la causa por la que hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Nos sentiríamos muy a gusto si volviera lleno de gloria y nos comunicara a los “buenos” esa misma gloria. Esta visión raquítica, la hacemos desde nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás.

Si de verdad queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, debemos desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio solo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar. Estamos completamente equivocados si pretendemos alzarnos con el santo y la limosna.

Meditación-contemplación

“Yo soy la luz del mundo”.
Su experiencia de Dios, fue su lámpara encendida.
Dentro de ti debes descubrir el aceite.
Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.
Tú eres la lámpara, el aceite y la luz.
Nadie te lo puede prestar, porque es tu propia vida.

Fray Marcos



PREPARANDO EL EXAMEN FINAL
José Luis Sicre

Se acerca el fin de curso
Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el 2 de diciembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32º-34º), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto. El evangelio de Marcos termina la enseñanza de Jesús con el discurso sobre el fin del mundo. Quizá a Mateo le pareció un final demasiado sensacionalista; y añadió estas tres parábolas, que animan a tomarse la vida muy en serio.

Un viaje mortal a Nueva York
Cuando salieron del aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, aquellos cinco amigos argentinos no sabían lo cerca que estaba su día y su hora. Si lo hubieran sabido, no habrían hecho ese viaje. Pero la muerte los habría sorprendido, más tarde, en cualquier otro sitio y hora. Como aquel matrimonio que salvó la vida al perder el vuelo de Air France que se hundió en el Atlántico, y murió meses después en un accidente de automóvil. “Estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”.

Vigilar no es vivir angustiado
San Luis Gonzaga estaba un día jugando al frontón y le preguntó un compañero: “Hermano Luis, si supieras que ibas a morir dentro de poco, ¿qué harías?” Y él respondió: “Seguir jugando”. ¿Cómo se conjugan la vigilancia y el juego? La parábola de hoy puede ayudarnos a comprenderlo.

Las diez muchachas
En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompa­ñaba al novio a recoger a la novia para celebrar la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encon­tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repues­to. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.

Mientras, las diez se han quedado dormidas. Y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.

La conclusión de la parábola es desconcertante: “Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”. Es desconcer­tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. ¿Qué significa esto en la práctica?

Dos interpretaciones posibles
La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.
Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras. Lo que hace falta es estar preparados espiritualmente.

Otra línea no concede una importancia capital al simbolismo del aceite; lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.

La clave de la 1ª lectura
La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece una perspectiva muy interesante. Se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de las cinco muchachas. En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que se encuentra sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.

Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar
preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: “No os conozco”. La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas. Sin olvidar que el segundo mandamiento es igual que el primero: el amor y la preocupación por el prójimo tampoco se improvisan a última hora.

José Luis Sicre



¡DESPIERTA, QUE ESTÁS DORMIDO!
José Enrique Galarreta
Mt 25, 1-13

Quedan - según el evangelio de Mateo - tres parábolas para terminar la predicación de Jesús: las diez doncellas, los talentos, el juicio final. Serán las lecturas de los tres domingos que quedan para terminar este año litúrgico.

Se sigue enmarcando todo esto en el contexto de la última predicación de Jesús en Jerusalén. A estas parábolas les ha precedido el gran discurso escatológico en el que se funden la predicción de la ruina de Jerusalén y las advertencias sobre los últimos tiempos.

Toda esta predicación lleva a una consecuencia: estad alerta, aprovechad el tiempo, haced rendir a vuestros talentos, obrad mirando al final. En este contexto se sitúa la parábola nupcial de las diez doncellas.

El asunto se toma como casi siempre de las costumbres y sucesos cotidianos. Y, como casi siempre, Jesús introduce modificaciones para llamar la atención y sacar sus conclusiones:

· Era la novia la que solía ser conducida, pero aquí es al novio a quien se espera.
· Se contraponen dos grupos de doncellas, y esto sugiere cierto ambiente de juicio.
· El banquete es a media noche y se demora, para introducir el tema de "velad".
· Se entra a la fiesta o se queda uno fuera, como en la parábola del banquete.
· Los candiles que se apagan sugieren la necesidad de una atención personal vigilante: no es noche para dormir, porque viene el novio y hay que entrar en la fiesta.
· El ambiente se ha transformado en algo irreal, muy lleno de símbolos sugerentes.
Los destinatarios de la parábola, tal como la hemos recibido, son los discípulos y todo Israel. Jesús es el novio, ahora es la noche, ésta es la oportunidad, no la dejéis pasar que se cierran las puertas. Es clara la conciencia de Jesús de que ésta es la oportunidad de Israel, y que habrá quien la deje pasar.

Sin embargo, en la situación vital en que se pronunció, la parábola iría destinada primariamente a las autoridades de Israel, a los responsables, escribas, fariseos y sacerdotes. Jesús se presenta a ellos como "el novio", al que hay que esperar, a riesgo de "quedarse fuera"; esto es lo que les está pasando a esos responsables de Israel: llega el Reino, figurado en las imágenes del novio y del banquete, pero ellos se van a quedar fuera. Tiene fuerte relación con la frase con que Jesús acompañaba a sus parábolas: "Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no entienden".

No es, sin embargo, una parábola de condenación, ni se deben sacar de ella consecuencias moralizantes basadas en el temor de ser sorprendido por Dios. No se afirma que "alguien se quedará fuera". Esta extensión del significado no está en la intención de la parábola. El mensaje es, simplemente "estad alerta". No se trata de presentar a Dios como dispuesto a cazarnos al menor descuido. ¡Ya conocemos a Dios!

También es útil recordar que, en una parábola, lo que importa es la enseñanza que Jesús pretendía: los ropajes literarios no son más que ropajes. En esta parábola no se alaba el proceder egoísta de las doncellas prudentes, ni se dice que Dios es como el novio intransigente que no concede más que una oportunidad. El ropaje no es más que ropaje: aquí se hace una advertencia a la vigilancia: la vida es ese momento de espera y de elección, estad atentos, optad por Jesús.

Reflexión
Las parábolas de la vigilancia, tema en que tantas veces insiste Jesús, plantean una alternativa seria a nuestro modo habitual de vivir la fe en Jesús. Nosotros, frecuentemente, añadimos el seguimiento de Jesús a una vida ya hecha, a costumbres, valores... La fe es un adjetivo, un matiz, una manera de vivir mejor lo de siempre.

En el tema concreto que hoy se plantea, la radicalidad de Jesús, nos interpela. Nosotros vivimos bien, disfrutamos de una más que aceptable instalación en la sociedad, y además nos proponemos los ideales del Reino, los valores de Jesús. La fe en Jesús nos lleva a moderar nuestro modo de vivir, compartir algo más, ser un poco menos consumistas... Lo nuestro es servir a dos señores: un moderado y lúcido disfrute de esta vida y un moderado y razonable seguimiento de Jesús.

Parábolas como la de las diez doncellas nos despiertan del sueño. Las diez doncellas adormiladas son una buena imagen de nuestra propia vida. Se nos ha olvidado quizá que esto es la noche, que esto es la espera, que esto es camino. Nos resulta extraño oír que ésta no es nuestra patria, que ésta no es la vida, que las cosas no son buenas por ser agradables, que nuestra tarea aquí no es disfrutar. Pero es la Palabra de Jesús.

Nos han adormilado además los mensajes acerca de la bondad de Dios. Dios Padre ha constituido a veces un motivo para tomarnos la mediocridad con calma. Pero Dios-Padre no es únicamente ni preferentemente un mensaje tranquilizador. Es una motivación más fuerte para el deseo de liberación plena del pecado y para la urgencia de servir a los hermanos. Es motivo más poderoso que el temor para llevar una vida más radical.

Y Jesús es muy radical, tanto en la proclamación de Dios-Abbá como en la urgencia de liberarse de todas las cadenas, en la urgencia de tomarse la vida muy en serio, en la urgencia de ponerse a trabajar por los hijos de Dios que sufren en el mundo.

Nuestra cultura, nuestra sociedad, son blandas. Vivimos un seguimiento de Cristo bastante "light", descafeinado, compatible con comodidades, consumos, prestigio social, aceptación por parte de una sociedad no-cristiana...

No estamos velando en la noche, esperando la oportunidad de servir, esperando la Palabra que nos exija liberarnos más... Más bien tememos todo eso, todo lo que nos vaya a arrancar de la dorada mediocridad de nuestro seguimiento condicionado y medido.

Las consecuencias de todo esto son, para la Iglesia, patentes. No atrae. Nosotros la Iglesia, que deberíamos ser un fermento revolucionario poderoso, un dinamizador de la transformación de la sociedad, nos hemos convertido en un justificador de mediocridades, un mantenedor de status convencional, un monstruoso maridaje entre el evangelio y el consumo.

Las parábolas de la vigilancia nos asoman a una imagen de Jesús que olvidamos con gusto: el radical, el que vive solamente para el reino, solamente para servir, solamente para salvar. El que hace de "El Reino" la esencia, no un añadido de su vida.

La urgencia y el final de los tiempos
Es muy fácil, y muy frecuente, desviar las palabras de Jesús hacia especulaciones falsamente teológicas, y así evitar su exigencia concreta. Estas parábolas de la urgencia a menudo se aplican al ámbito escatológico, es decir, al "final de los tiempos". Pero es un truco maligno, una trampa. A nadie nos interesa cómo ni cuándo será el fin de los tiempos. La urgencia es otra, mucho menos espectacular y mucho más apremiante.

La urgencia es que millones de hermanos míos se mueren hoy de hambre. La urgencia es que millones de niños son prostituidos. La urgencia es que millones personas no pueden creer en Abbá porque no ven nada de hermandad, ni han tenido nunca cariño.

La urgencia es que nosotros la iglesia nos preocupamos mucho más de nuestros ritos y nuestra ortodoxia que de la angustia de millones de hermanos. La urgencia es que en nosotros no ven el amor y la solidaridad, que no damos soluciones a los problemas del mundo, que nos preocupamos más de la integridad de la liturgia que de dar soluciones a los separados, nos preocupamos más de asegurar nuestras inversiones que de dar de comer al hambriento, dedicamos más tiempo a la especulación ortodoxa que a la explotación de los miserables.

La urgencia es que, por todo eso y mucho más, no creen en nosotros la iglesia, y no pueden creer en el mensaje de Jesús: que Dios les quiere. La urgencia es que va para nosotros la frase terrible de Jesús a los escribas y fariseos "ay de vosotros que ni entráis ni dejáis entrar".

Hay muchas personas, seguidores de Jesús, que por todo el mundo hacen presente el amor del Padre trabajando heroicamente por sus hijos. Pero entre nosotros, la magnífica Iglesia del primer mundo, somos más los que dormimos, con las lámparas apagadas. Y ésa es nuestra propia y personal urgencia. Nosotros nos estamos perdiendo la Fiesta, nosotros no esperamos al Novio, nosotros tenemos poco que ver con el Reino. Esa es nuestra urgencia personal. Como buscamos ante todo nuestra vida, la estamos echando a perder.

José Enrique Galarreta




QUE VEA

Señor, que vea...
... que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros
de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada
cierra los infiernos del mundo.
Que en el otro vea a mi hermano,
en el espejo un apóstol,
y en mi interior te vislumbre
Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada ...
equivocando mis pasos
hacia lugares sin ti.
Señor, que vea...
.. . que vea tu rostro en cada esquina.

José Mª Rodríguez Olaizola, S.J.



EFECTOS DE LA MEDITACIÓN
Enrique Martínez Lozano

Modifica las zonas cerebrales relacionadas con los objetivos de las técnicas empleadas.
La práctica de la meditación modifica las zonas del cerebro vinculadas a la atención, las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas dependiendo de las técnicas mentales empleadas, ha comprobado un estudio. Es la primera vez que se determina qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos cerebrales implicados en cada técnica.

La meditación cambia la arquitectura de algunas zonas del cerebro y consigue mejorar las habilidades sociales y reducir los niveles de ansiedad, ha descubierto un nuevo estudio realizado por científicos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Leipzig, Alemania, cuyos resultados se publican en Science Advances.

Ya se sabía que la meditación se desarrolla mediante una variedad de técnicas de entrenamiento mental que, en principio, pueden ser practicadas por cualquier persona. También se ha demostrado repetidamente que la meditación puede tener un efecto positivo en determinados aspectos de la salud y del bienestar.

Sin embargo, hasta ahora, no estaba claro qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos subyacentes de los efectos detectados, y es lo que aporta de nuevo esta investigación.

En esta investigación participaron 160 personas que realizaron tres programas de entrenamiento,  cada uno de ellos de tres meses de duración y centrados en un área específica de habilidades.

El primer programa estuvo dedicado los factores de conciencia y atención plena, en el cual los participantes realizaron técnicas básicas de meditación, respiración y atención a las sensaciones.

El segundo programa se centró en las competencias socio-afectivas, como la compasión, la gratitud, la empatía o la gestión de emociones difíciles. En este programa los participantes tuvieron que trabajar en parejas para compartir sus emociones.

Actividades socio-cognitivas
En el tercer programa, centrado en actividades socio-cognitivas, como la autopercepción y adquirir la perspectiva de los otros, los participantes aprendieron a tomar diferentes perspectivas de aspectos de su personalidad a partir de experiencias subjetivas, que compartían a través de ejercicios específicos y en parejas.

Las 160 personas realizaron los ejercicios descritos para cada grupo durante 30 minutos al día, seis días a la semana. Al finalizar cada programa, los científicos registraron el estado de los participantes mediante test psicológicos, la medición de la actividad cerebral a través de resonancia magnética y también mediante diferentes análisis para establecer niveles de estrés en el cuerpo, como la liberación de cortisol.

Al concluir el primer programa,  los investigadores observaron cambios en áreas en la corteza cerebral vinculadas a la atención, mientras que al acabar los otros dos, centrados en las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas, se vieron mejoras en aspectos como la compasión o la toma de perspectiva, con cambios en las regiones del cerebro donde se desarrollan esas habilidades.

Por último, mediante un examen de estrés psicosocial, se descubrió que la secreción de cortisol, la hormona del estrés, disminuyó más de un 51%, aunque solo tras acabar los dos programas centrados en desarrollar competencias sociales. No se percibió esa bajada al acabar el primer programa, destinado a fomentar la atención. Sin embargo, al terminar cada uno de los tres programas, sí se había reducido la percepción subjetiva del estrés.

Cambios estructurales en el cerebro
“Nuestros descubrimientos muestran claramente que el entrenamiento mental diario, breve y específico puede producir cambios estructurales en el cerebro, lo que a su vez conduce a una mejora en la inteligencia social”, explica la investigadora Tania Singer, en un comunicado del Instituto Max Planck.

Singer destaca la relevancia de estos descubrimientos para el sistema educativo y la aplicación clínica, teniendo en cuenta que “la empatía, la compasión y la toma de perspectiva son competencias cruciales para el éxito de las interacciones sociales, la resolución de conflictos y la cooperación”.

Los resultados, concluye Singer, muestran que cualquier adulto sano pueden mejorar competencias sociales cruciales necesarias para el éxito de la interacción social y la cooperación reduciendo el estrés a través de la meditación, y que cada ejercicio mental tiene un efecto diferente en el cerebro, la salud y el comportamiento.

“Dependiendo de la técnica de entrenamiento mental que se practique, cambiarán de forma significativa estructuras cerebrales específicas y los marcadores de comportamiento vinculados a ellas “, destaca Sofie Valk, autora principal del artículo. La investigación ha girado en torno al ReSource Project.

Enrique Martínez Lozano
Referencia
Structural plasticity of the social brain: Differential change after socio-affective and cognitive mental training. Science Advances 04 Oct 2017:Vol. 3, no. 10, e1700489. DOI:10.1126/sciadv.1700489



VIAJE DEL PAPA FRANCISCO A CHILE
Peticiones al Papa
Por Jorge Costadoat Carrasco, SJ

El Papa Francisco visitará Chile en enero próximo. ¡Bienvenido! Sus palabras y sus gestos, han sido una señal poderosa de por dónde va el Evangelio. Impacta él mismo, porque evoca el reino que Jesús anunció a los menospreciados de su época. Asimismo, su empeño por proseguir con la misión de Jesús también entusiasma para sumarse a sus varias causas. Su viaje a Chile, a mí en particular, me motiva para hacerle algunas peticiones que, planteadas desde este rincón del planeta, pueden tal vez parecerle pertinentes para el gobierno de la Iglesia.

Le pido, en primer lugar, y como lo más importante, que continúe anunciando el Evangelio a los más pobres. Al hacerlo, nos hace saber a todos que el reino de Dios es cosa de crucificados. Cada víctima de la infinidad de pobrezas que pueden aquejar a un ser humano, es Cristo: los migrantes indocumentados, las mujeres aprovechadas, los padres que han perdido a un hijo, los jóvenes empepados… ¡Son tantos! Le pido a Francisco que no ceje de anunciar a ellos que el reino de Dios les pertenece.

Él ha señalado que las mujeres deben ser aún más incorporadas a la Iglesia. Las bautizadas, a diferencia de los bautizados, no son consideradas suficientemente “hijas de Dios” y “hermanas” nuestras. Solicito al Papa que remueva los obstáculos –canónicos y teológicos- que impiden que las mujeres participen en la Iglesia de acuerdo a los estándares de la civilización contemporánea. ¿Por qué no pueden ser elegidas en ningún cargo importante? ¿Por qué no pueden elegir a ninguna autoridad importante? ¿Por qué no votan en la aprobación de ningún documento importante? La importancia de la mujer en la Iglesia es secundaria. Esto no es cristiano.

También le pido a Francisco que fomente la creación de comunidades. Los católicos necesitan “tocar” la Iglesia de Jesús. Les es necesario “experimentarla” como un lugar que los acoja y los quiera. Las personas hoy están muy solas. Nadie pertenece a nadie. Los católicos cada vez que se habla de “la Iglesia” piensan en la jerarquía eclesiástica o en el Vaticano, lo cual les resulta lejano y ajeno. Hubo en América Latina “comunidades eclesiales de base”, alegres, solidarias, reunidas en torno a la lectura de la Biblia. Casi no quedan. Todavía hay comunidades cristianas inspiradas en diversas espiritualidades. Tendría que haber muchas más. Nada impide que en ellas participen personas que no creen en Dios o que tengan otras pertenencias religiosas. Enriquecerían aún más la convivencia.

Falta diálogo y participación en la Iglesia chilena a todos los niveles. Se necesita que los católicos puedan expresarse con libertad y que se creen instancias para que esto sea posible. Los laicos debieran ser oídos cuando sea necesario elegir obispos y párrocos, y votar incluso por ellos o dejarles, al menos, la posibilidad de veto. Ningún obispo debiera ser impuesto.

Le pido al Papa que revise las condiciones exigidas para ser sacerdote. Prueba de vocación sacerdotal auténtica, debiera ser un equilibrio afectivo-sexual en los eventuales candidatos. En todo caso, sería conveniente que se revisara la exigencia del celibato para los sacerdotes. Es un requisito muy oneroso. Y, en vista a ampliar el servicio evangelizador, pudiera abrirse la posibilidad de que los viri probati –varones de reputada virtud y capacidad- reciban el sacramento de la ordenación sacerdotal.

Los tiempos que corren exigen que los cristianos, en vez de saber muchas cosas, sepan discernir. Pero esta capacidad requiere de una buena formación. Por esto, también solicito al Papa Francisco que promueva una sólida formación intelectual de los católicos. Estos debieran saber explicar a la gente de su época que significa ser cristianos hoy. Con mayor razón debiera capacitarse a los seminaristas para responder, de un modo inteligente, a los requerimientos intelectuales que cualquier persona pueda hacerles. Estos debieran aprender a conectarse con la gente de hoy a nivel de la experiencia. De lo contrario continuarán tratando de transmitir el credo en un lenguaje que ya nadie entiende ni soporta.

Alguien creerá que estoy pidiendo demasiado. Tampoco faltará quien diga que poco. Que el Papa juzgue.

Autor: Jorge Costadoat Carrasco, SJ