jueves, 11 de mayo de 2017

José Antonio Pagola - EL CAMINO


José Antonio Pagola - EL CAMINO

Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro le negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertados y abatidos. ¿Qué va a ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: «No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí». Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino por mí». No lo hemos de olvidar nunca.

«Yo soy el camino»
El problema de muchos no es que vivan extraviados o descaminados. Sencillamente viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

¿Y qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? El que camina tras los pasos de Jesús podrá seguir encontrándose con problemas y dificultades, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

«Yo soy la verdad»
Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. Y, sin embargo, también hoy hemos de escuchar a Jesús. No todo se reduce a la razón. El desarrollo de la ciencia no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de su existencia.

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede conducir a confiar en su bondad.

«Yo soy la vida»

Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde lo más profundo de nuestro ser, infunde en nosotros un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

5 Pascua - A
(Juan 14,1-12)
14 de mayo 2017

José Antonio Pagola 




LA CASA SOLARIEGA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Hay una casa en mis sueños
que es casa solariega
con mucha historia,
espaciosa,
bien asentada
y acogedora.

Está abierta a cualquiera
que pasa y detiene su marcha
para compartir
lo que lleva
en su alforja
y en su alma.

Es casa con umbral y ventanas,
limpia y bien oreada,
que ofrece siempre
descanso y paz,
diálogo, alimento
y fresca agua.

Tiene muchas estancias,
muy diversas
y bien preparadas,
pues está pensada con amor
para hijos e hijas diferentes
que andan errantes.

Dicen los más ancianos
que su hacedor y Señor
marchó, a otros lares
a abrir nuevos horizontes,
y nos dejó su casa solariega
para ser felices.

Hoy día parece estar fuera
de los caminos que frecuentan
la mayoría de los hombres y mujeres,
poco atractiva
y necesitada
de gran reforma.

Pero dicen los que cuentan historias,
que quienes entran en ella
desnudos y sin prejuicios,
a pesar de las apariencias,
tarde o temprano,
vuelven y se aposentan.

Hay una casa en mis sueños, Señor,
que es tu casa solariega,
que me atrae y emociona
con su historia,
con sus inquilinos
y sus ofertas.

Florentino Ulibarri





EN JESÚS SE MANIFIESTA DIOS-VIDA
Escrito por  Fray Marcos
Jn 14, 1-12

El contexto de este evangelio es el discurso de despedida después de la cena. En el capítulo 13, el centro es Jesús. Termina con la despedida, diciendo: a donde yo voy vosotros no podéis venir. En éste (14) el centro es el Padre. El ambiente es de inquietud. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es inquietante. Está justificada la invitación a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación de Jesús, y la de sus discípulos, con el Padre.

Aunque Jn pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata de reflexiones de la comunidad a través de muchos años de andadura. Lo que se propone como futuro, es ya presente para el que escribe y para aquella comunidad para la que se escribe. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando. Se percibe la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre.

Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa creer, en el sentido que damos hoy a esa palabra. Sería “creer” en sentido bíblico, es decir, “poned vuestra confianza en...” Jn utiliza esta construcción 30 veces, aplicada a Jesús. Solo dos ocasiones, en 12,44 y aquí, pone como término a Dios, indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. La confianza en Jesús y la confianza en Dios son la misma cosa. Si buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No tienen nada que temer.

En el hogar de mi Padre, hay muchas estancias. Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No hay diferencia entre unas moradas y otras. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podría traducirse: en la familia de Dios hay sitio para todos. Todos los seres humanos están llamados a formar parte de la familia del mismo Dios. Jesús está en el seno del Padre y todos pueden sentirse allí.

Todo el lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, etc. No se puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de Jesús y a la vez, su permanencia con ellos. Aunque la formulación es mítica, el mensaje sigue siendo válido. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios. Esa identificación con Dios es la que tenemos que descubrir y vivirla ya aquí. En Jesús, Dios ha manifestado su proyecto para el hombre, que se tiene que realizar en ellos.

Yo soy Camino. Yo soy Verdad. Yo soy Vida. Sin artículo ni determinado ni indeterminado, porque lo que se quiere decir está más allá de ambos. Se trata del texto más profundo de todo el evangelio. Camino, Verdad, Vida hacen referencia al Padre. No se pueden separar los conceptos. La Realidad a la que se refieren, está más allá de tiempo y espacio. Se han dado infinidad de interpretaciones desde los primero padres y siguen hoy los exegetas intentando desentrañar el significado del texto.

Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. En medio está Jesús, pero no significa  espacio ninguno. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto ya realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese camino, es decir, ir de Dios que es el origen, hasta Dios que es la meta. En el AT el camino era la Ley. Jesús la sustituye por su persona.

Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser. No se trata de la verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Es lo que tiene que ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo Dios en la zarza. Jn repite hasta la saciedad el “yo soy”. El complemento puede ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad, vid. Si descubro y vivo que Dios está identificado conmigo, ya lo soy todo.

Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía que hace que sea lo que soy. Recordad: "El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está hablando de la misma Vida que es Dios, que se le ha comunicado a él y que se nos comunica a nosotros. De la misma manera que no podemos encontrar la vida biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.

Nadie va al Padre sino por mí. En c. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Estas aparentes contradicciones deben hacernos pensar. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al discípulo participar de la misma Vida-Dios.

“Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre”. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia misma de Dios.

¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron ni jota de lo que era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y: si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo.

“Las exigencias que os propongo no lo hablo por cuenta propia”. “Remata” no significa dicho o palabra sino propuesta, exigencia realizada y manifestada a través de la vida. Fíjate que a continuación habla de obras: “el Padre que permanece en mí, él mismo hace las obras”. Y a continuación: “si no me creéis a mí, creed a las obras”. Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de su propia experiencia, propone las “exigencias” que Dios le pide a él. Jesús a través de sus obras realiza el designio creador.

Meditación

Jesús era uno con el Padre.
Ésta es la experiencia de los cristianos de finales del s. I.
En Jesús descubrieron la presencia de Dios.
Mi tarea hoy es descubrir en mí, ese Dios-Vida de Jesús.

Para encontrar ese Dios, tengo que abandonar mis ídolos.
Dioses que tengo muy arraigados en lo hondo de mí.
El Dios de Jesús, por ser amor, me exige amar.
Y eso es lo más contrario a mis deseos egoístas.


Fray Marcos





¿NADIE HA VISTO JAMÁS A DIOS?
Escrito por  José Enrique Galarreta
Jn 14, 1-14

Este fragmento del sermón de la Cena, el último discurso de Jesús en el cuarto evangelio, presenta la fe de los discípulos en Jesús, en varios aspectos fundamentales:

· El Primogénito. El va el primero. Es la cabeza del cuerpo que somos todos. Jesús resucitado no es simplemente el triunfador glorificado individualmente. Es el primogénito de los resucitados, la cabeza de puente de la humanidad en el reino definitivo.

· El camino. El domingo pasado Jesús se definía como "la puerta". Nuestro acceso a Dios es Jesús. El nos ha hecho posible ver a Dios, de otra manera, incomparablemente superior a nuestra razón o a cualquier otra. Nuestra fe consiste básicamente en llegar a Dios por Jesús. Y por Jesús se llega a "Abbá". Nuestra aceptación de ese Dios y de la manera de vivir que eso conlleva constituye la piedra fundamental de nuestra fe.

Jesús es el camino. No simplemente sus palabras indican el buen camino. El es el camino, él es la Palabra, él es el hombre nuevo, él es Dios-con-nosotros, él es la Liberación, él es la Buena Noticia. Toda la fe del cristiano se basa en una adhesión a él.

· La verdad, la vida, es lo mismo. La vida queda revelada en Jesús. Lo que nosotros llamábamos vida, antes de conocerle a él, no es sino manifestación de "la vida", que se muestra en Jesús Resucitado. Es la única Verdad definitiva, la verdadera esencia del hombre, del mundo.

La vida como camino, como búsqueda de verdad: Dios ayuda para caminar, espíritu para vivir, la verdad os hará libres...

· Muéstranos al Padre. En el momento definitivo de la vida de Jesús, Juan incluye la cumbre de su revelación. Esta es la verdadera Buena Noticia, que podemos conocer a Dios en Jesús, y qué Dios conocemos en Jesús.

Creemos en Jesús visibilidad de Dios.
¿Qué está pidiendo Felipe? Sin duda "ver a Dios", la más vieja aspiración, la misma de Moisés en Éxodo 33,18: "Déjame ver tu Gloria". Y el Señor dejó entonces claro que no se puede ver su Rostro, que solo se le puede conocer "de espaldas". Parece como si Felipe volviese a la más primitiva aspiración, como si estuviese pidiendo una "Teofanía" semejante a la del Sinaí, "ver a Dios cara a cara". Y la respuesta de Jesús es la esencia de la fe cristiana: "Ya lo has visto". Me has visto a mí, y es todo lo que puedes ver de Dios, y esto te basta.

Es uno de los núcleos esenciales el evangelio de Juan. Recordamos:
Juan 1, 18: A Dios nadie le ha visto jamás:
El Hijo único, el que está en el seno del Padre,
nos lo ha dado a conocer.

1ª Jn, 1,1: Lo que hemos contemplado con nuestros ojos,
lo que han tocado nuestras manos
acerca de la Palabra de la Vida...

Estamos hablando de Jesús "visibilidad de Dios". Estamos hablando de que en Jesús conocemos a Dios: en sus Palabras reconocemos Palabra de Dios, en sus modos de actuar vemos cómo actúa Dios, porque en él reside la divinidad en plenitud, porque es el hombre lleno del Espíritu, porque "Dios estaba con él".

Es este un domingo para refrescar la fe, para ir a lo más íntimo, para re-encontrar las raíces de nuestro ser cristiano. "¿Creéis en Dios?"

Tenemos que contestar: "Solo creo en el Dios de Jesús", es decir, "solo creo en un Dios, el Padre, al que hemos conocido en Jesús, ese hombre lleno de su espíritu".

"No tendrás otros dioses delante de mí", decía el segundo mandamiento del Decálogo del Éxodo. No tendrás otro Dios que el Padre, conocido en Jesús, manifestado en Jesús, visible en Jesús.

Es el desafío de los cristianos, de la iglesia entera: tener solamente el Dios de Jesús.

El Creador, el Juez... quedan detrás, reducidos casi a su dimensión de filosofía, de conocimiento por la deducción de la razón humana... Yo creo en Dios luz, en Dios sal, en Dios camino, en Dios pastor, en Dios médico, en Dios pan, en Dios vino, en Dios agua, aire y viento: creo en mi Madre Dios, manifestada en Jesús.

Creo en un solo Dios, no hay más Dios que Él, y en Jesús lo hemos podido ver. Es la esencia de la fe de los cristianos. Y la fe queda definida por esas mismas palabras del Evangelio de hoy: fiarse de Jesús. Fíate de Jesús, acepta a Dios como se ve en Jesús. La fe es un acto de confianza: ¿Por qué crees en Dios médico, sal, camino, pastor, madre...? Porque, de Jesús, me fío. La esencia de nuestra fe.

Luego vendrá nuestra curiosidad por explicar en qué consiste esa deslumbrante presencia del Espíritu en Jesús, y hablaremos de la encarnación, de la Segunda Persona hecha hombre, de Dios y hombre verdadero...

Está todo muy bien. Necesitamos comprender, nos esforzamos por comprender.

Y siempre nos encontramos con que nuestras explicaciones acaban en absurdos, porque estamos hablando de Dios, que supera absolutamente nuestra capacidad mental, porque nuestra mente es un cesto y Dios es agua, porque nuestra mente son unas manos y Dios es viento, y nuestro cesto queda mojado, pero no encierra a Dios, nuestras manos sienten el viento pero no lo agarran... y seguimos prefiriendo a Jesús, que nos hace a Dios visible, a Jesús en el cual vemos que nos podemos fiar de Dios.

Ese es el buen Camino, la más profunda Verdad, lo que hace que vivir sea verdaderamente Vida.

La objeción de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?", y la respuesta de Jesús "Yo soy el camino", me recuerdan mucho a una famosa frase de Pedro Arrupe: "No sé a dónde vamos, pero vamos bien".

Pedro Arrupe, uno de los muchos profetas crucificados en el último cuarto del Siglo XX, decía esto indicando que en la sociedad actual, de cambios tan frenéticos, no es posible tener la clarividencia de prever el futuro, de la Compañía, de la Iglesia... Pero sí es posible saber si vamos por buen camino.

Arrupe quería decir que la Compañía caminaba hacia más sencillez, menos soberbia, más servicialidad, más atención a los pobres y a la justicia, más oración, más sentido de "mínima" que de gloriosa... buen camino, por ahí vamos bien, Dios sabe hacia dónde.

Y sería una buena reflexión para los momentos actuales de la iglesia. Algunos quizá crean que saben hacia dónde hay que ir. Pero sería mejor pensar en si vamos por buen camino. Si vamos por el camino de Jesús.

Me permito sugerir algunos puntos de test para diagnosticar si vamos por buen camino.

· Nuestra teología: ¿vamos por el camino de las parábolas o por el camino de la metafísica? ¿Vamos por el camino de la sencillez de Jesús o de la complicada filosofía?

· Nuestra presencia en el mundo. ¿Levadura o espectáculo? La levadura se esconde, se confunde en la masa, no se ve, actúa desde dentro y en silencio. El espectáculo son fuegos artificiales que meten gran estrépito y pasan sin que nada quede de ellos. Jesús no dio espectáculos.

· Estar con la gente normal, más cuanto más pobres, ser gente normal, vivir habitualmente en sencillez, en familiaridad, en colaboración, o subirse a los dorados esplendores del Templo para impartir doctrina desde la riqueza y la seguridad. Hacer de la vida cotidiana una ofrenda a los hermanos o delegar en una pomposa casta sacerdotal los sacrificios sagrados.

· Celebrar la eucaristía fraternalmente, alrededor de la mesa, entender y compartir la Palabra, entenderse como grano de trigo molido y granos de uva estrujados para ser pan y vino para el mundo, comulgar con los demás al comulgar con Jesús el Pan y el Vino entregado por todos... o asistir a ceremonias semejantes a los sacrificios de Caifás en el Templo de Jerusalén.

· Ser aplaudido o ser hostigado. ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo os alabe y hable bien de vosotros! Así trataron vuestros padres a los falsos profetas. La señal de Jesús no es el aplauso de las naciones, sino la persecución. Si nos aplauden las naciones, es que somos de su cuerda, que no molestamos.

Por eso sabemos que en la Iglesia hay mucha gente en el buen camino, en el camino de Jesús, porque son perseguidos, marginados, silenciados, asesinados, no canonizados....

Es una buena señal, hay Espíritu de Jesús en la Iglesia. Aunque no en todas partes. No se puede estar con el crucificado y con los crucificadores.

S A L M O 4 0

Oramos al Señor juntos, como iglesia;
recitamos este salmo sintiéndonos la voz de la iglesia
que clama al Señor.

En Dios pongo mi esperanza.
El se inclina hacia mí y escucha mi oración.
El salva mi vida de la oscuridad,
afirma mis pies sobre roca
y asegura mis pasos.

Dichoso el que pone en Dios su confianza.

No quieres sacrificios ni oblaciones
pero me has abierto los ojos,
no exiges cultos ni holocaustos,
y yo te digo : aquí me tienes,
para hacer, Señor, tu voluntad.

Tú, Señor, haznos sentir tu cariño,
que tu amor y tu verdad nos guarden siempre.
Porque nuestros errores recaen sobre nosotros
y no nos dejan ver.

¡Socórrenos, Señor, ven en nuestra ayuda!
Que sientan tu alegría los que te buscan.
Somos pobres, Señor, socórrenos,
Tú, nuestro Salvador, nuestro Dios, no tardes tanto.

José Enrique Galarreta





IGLESIA NACIENTE, SUFRIENTE, CREYENTE
Escrito por  José Luis Sicre

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente
La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Iglesia sufriente
La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

Iglesia creyente
El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. Sabe el miedo que puede embargarles a quedar solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos.

Aparece en este texto una de las mejores definiciones de Jesús, de las más adecuadas para presentar su persona: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Camino para llegar al Padre (el evangelio parece sugerir que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús).

Verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará poco más tarde Pilato preguntando: «¿Qué es la verdad?»

Vida que todos anhelamos que no termine nunca, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Como ocurre siempre en el cuarto evangelio, el texto supone también un reto para la fe. Nos invita a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

José Luis Sicre