sábado, 15 de octubre de 2016

Arturo Sosa - General de la Compañía de Jesús - Jesuitas

“Queremos contribuir a lo que parece imposible” 
– homilía del P. Sosa, General de la Compañía de Jesús -



La tarde del viernes 14 de octubre, los miembros de la congregación se tomaron un merecido descanso tras la elección. Esta mañana se reunieron en la iglesia del Gesú, por segunda vez en dos semanas. En este caso, para celebrar con alegría una eucaristía de acción de gracias con el Padre Arturo Sosa, que, por vez primera como General de la Compañía, tuvo la oportunidad de ofrecer un mensaje espiritual inspirado en la Escritura.

En su breve homilía, p. Sosa ha tocado numerosos puntos:

Comenzó repitiendo las palabras del Dominico Bruno Cadore quién en la misa de apertura de la nos invitó a cultivar la actitud de “audacia de lo improbable” para ser testigos de la fe en el mundo actual.

A continuación, se centró en el cuidado del cuerpo apostólico de la Compañía citando las palabras de Ignacio: “la Compañía no ha sido instituida por medios humanos, y por lo tanto no puede ser conservada o desarrollada por ellos, sino por la mano omnipotente de Dios y Señor Nuestro, en él sólo es necesario poner la esperanza “. Y entonces recordó que el cuidado del cuerpo de la Compañía está “estrechamente relacionado con la profundidad de la vida espiritual de cada uno de sus miembros y las comunidades en las que compartimos la vida y misión”. A continuación, el P. Sosa invitó a los jesuitas a cultivar una activa vida espiritual, pero sin olvidar que “al mismo tiempo es necesaria una extraordinaria profundidad intelectual para  pensar creativamente sobre las formas en que nuestro servicio a la misión de Jesucristo puede ser más eficaz, en la tensión creativa propia del magis ignaciano “.

El cultivo de la interioridad es necesario para permanecer conectado con el mundo intelectual, “para entender en profundidad el momento que estamos viviendo en la historia humana y contribuir a la búsqueda de alternativas para superar la pobreza, la desigualdad y la opresión. Tampoco hay que cesar en la profundización sobre las cuestiones relativas a la teología y la comprensión de la fe que pedimos al Señor que aumente en nosotros “.

Otro de los grandes temas de fondo ha sido la justicia, dejando bien claro el nuevo General que “queremos contribuir a lo que parece imposible hoy en día: una humanidad reconciliada en la justicia, viviendo en paz en una casa bien cuidada, donde hay espacio para todo el mundo, ya que reconocemos hermanos y hermanas, hijos e hijas de un mismo Padre y único.”

P. Sosa se centró posteriormente en el tema de la colaboración con otros: “Queremos colaborar generosamente con otros, dentro y fuera de la Iglesia, en la conciencia que surge de la experiencia de Dios que lleva a la misión de Cristo Jesús, que no nos pertenece en exclusividad, sino que compartimos con muchos hombres y mujeres consagrados al servicio de los demás “.

Finalmente, el nuevo Padre General relacionó la colaboración con las vocaciones a la Compañía: “En nuestro trabajo de colaboración con la gracia de Dios, también nos vamos a encontrar nuevos compañeros que aumentan el número, siempre un mínimo por grande que sea, de los invitados a ser parte de este cuerpo apostólico . No hay duda acerca de la necesidad de aumentar nuestra oración y nuestro trabajo por las vocaciones a la Compañía y de continuar con el complejo reto de ofrecer una formación compleja que nos convierta en verdaderos jesuitas, miembros de este cuerpo universal llamado a defender la riqueza de la interculturalidad como un rostro de una humanidad creada a imagen y semejanza de Dios “.

Al terminar la eucaristía, el Padre General se dirigió a la tumba de Ignacio donde veneró sus reliquias, y antes de dirigirse a la sacristía, se desvió a orar delante de la tumba del Padre Arrupe.




Seguidor de Arrupe, amigo del Papa y defensor de los pobres.
Texto: Pedro Miguel Lamet, SJ.

Reflexión de Pedro Miguel Lamet sobre Arturo Sosa, SJ. nuevo General de la Compañía de Jesús: Decididamente en Roma soplan vientos latinoamericanos. La Compañía de Jesús acaba de elegir a Arturo Marcelino Sosa Abascal, un venezolano de 68 años, abierto y comprometido, forjado al mismo tiempo en la lucha fronteriza a favor de los pobres, en importantes cargos de gobierno jesuíticos y con una profunda formación intelectual sobre todo en temas políticos y sociológicos. ¿A qué responde esta elección? Ayer mismo, durante una amigable comida, a la pregunta de Jesús Bastante, redactor-jefe de RD, sobre quién podría ser el futuro superior general, respondí sin dudarlo: Arturo Sosa. ¿Por qué? Muy sencillo: la Compañía, aparte de buscar un hombre de Dios con preparación y experiencia, no podía dejar de tener en cuenta de que a dos pasos de su Curia General gobierna un Papa latinoamericano y jesuita.

Pero es que además esta elección representa un nuevo respaldo a la línea Arrupe y la misión por él inaugurada de unir fe y justicia, un binomio que se inscribe en el diálogo con el mundo de la Iglesia del Vaticano II para afrontar los desafíos de un futuro complicado. Luis Ugalde, SJ, otro politólogo muy influyente en Venezuela, ex provincial, ex rector de la Universidad, gran amigo de Sosa, --le conoce desde que este era un adolescente y congregante mariano--, que se encuentra estos días en Madrid, me confesaba hoy mismo: “Le he seguido paso a paso y puedo decir que es excepcional. Cuando era una muchacho le encargué que vendiera un libro, “Lo social y yo” de Carlos Giner y colocó muchos más de los que le había pedido. Dirigí su vocación y cuando entró en la Compañía, después estudiar en Roma teología y doctorarse en Ciencias Políticas, lo nombré director del Centro Gumilla. Antes durante el tiempo de “maestrillo” (docente antes de ordenarse sacerdote) no estuvo en colegios, sino en la creación de un Movimiento de Cooperativas de Ahorro y Crédito para Campesinos”. En el Centro Gumilla de los jesuitas, dedicado a investigación y la acción social contra la exclusión, dirgiió la revista Sic, un órgano de pensamiento muy prestigiado en Venezuela. Más tarde Ugalde apoyó su provincialato, llegando a ser el primer provincial nativo de la Compañía en su país.

La amistad con Bergoglio procede de la Congregación General XXXIII, donde ambos coincidieron, y se ha consolidado con su último cargo de Delegado del General, una especie de superior de las casas interprovinciales de Roma.

¿Qué piensa social y políticamente el nuevo general? Sus conocimientos de profesor los ha contrastado en la frontera de los más postergados y pobres. Jesús Rodríguez Villarroel, Txuo para los amigos, es un joven jesuita venezolano que concluye en España sus estudios en Cooperación Internacional trabajando al mismo tiempo en Entreculturas: “Estuve con él ocho años en la RAIF, una labor conjunta entre venezolanos y colombianos en la frontera, una zona difícil, calificada de Tierra de Misión. Él era rector de nuestra Universidad de Táchiara y superior de nuestra comunidad. Nos animaba con una apertura increíble y mucha fe en las personas. Cree en la gente, incluso aunque le falle, escucha mucho, es cercano. Como el Papa no tiene miedo a abrazar y besar. Cree también en los laicos, las redes, y es muy chistoso. Para los jesuitas venezolanos ha sido siempre un referente. Goza de buena salud, aunque a veces se queja de ciática. Será un gran general y nos durará”.

Respecto a sus ideas políticas hay constancia en vídeos, sobre todo uno de una conferencia pronunciada en Medellín (Colombia). Ahí se pronuncia como antichavista, aunque algunos le acusan de haber pronunciado estas críticas fuera del país y haber guardado silencio dentro. Luis Ugalde, gran conocedor de la situación y también muy crítico de la misma, afirma: “Al principio la situación era tan mala que nosotros teníamos cierta esperanza en la llegada de Chaves, pero sin tomar partido. Recuerdo que Arturo y yo fuimos a verle para presentarle un diagnóstico de lo que nosotros pensábamos sobre las carencias de Venezuela. Nada resultó de aquella entrevista. Vimos enseguida lo obvio: que estábamos en manos de un militar”.
En la actual Venezuela de Maduro, aunque no tenga ni por asomo esa intencionalidad, se puede tachar la elección de un golpe contra el régimen y a favor de la oposición. Sobre todo porque cae sobre mojado, ya que la erección al cardenalato de Baltasar Porras, muy crítico con el Gobierno, ha sentado como un jarro de agua fría en las altas esferas. Sin embargo Rodríguez Villarroel piensa que “puede ser un puente, un llamado para los venezolanos y gran asesor en este tema para el Papa”.

De apariencia informal, Ugalde recuerda que cuando el padre Kolvenbach hizo una visita a Venezuela y él le encargó de las relaciones con la Prensa, sus padres tuvieron que buscarle rápidamente un traje, pues no tenía ni uno decente. Desde muy joven luce bigote, ahora cano, sobre un rostro sonrosado y cordial. ¿Se lo afeitará el que a partir de ahora, según el tópico popular es “papa negro”? Txuo y otros amigos aseguran que no, que es parte de su personalidad, por otra parte no carente de carácter.

Por último algunas curiosas anécdotas sobre sus raíces. Su abuelo materno era español, santanderino por más señas, y sastre de profesión. Vivió 104 años, y era muy cordial y tan aficionado a los toros que procuraba no perderse las corridas de San Isidro en Madrid, hasta el extremo que llegó a sentarse en el tendido con más de cien años. Su padre, Arturo Sosa, llegó a ser ministro del Gobierno venezolano, y su madre, de 90 años aún vive.

En una palabra, a Adolfo Nicolás sucede una figura según el corazón del papa Francisco, que revela la importancia de América Latina en la Iglesia actual, la teología en favor de los pobres, los emigrantes, los últimos, y la vigencia del Vaticano II y del padre Pedro Arrupe, ese gran testigo del siglo XX que fue además, como se está comprobando, aunque incomprendido en su tiempo, profeta del XXI.

Texto: Pedro Miguel Lamet, SJ.




Elegido para sostener
Texto - Jose Ignacio García, SJ

He vuelto al aula vacía para evocar las emociones de esta mañana. Queda el eco de los aplausos, la escucha atenta e interesada mientras se iban contando los votos, y la intensidad de la oración en el silencio allí reunidos.

El ritual de elección del nuevo general se ha desarrollados con precisión, sencillez y austeridad de formas. Comenzamos con la eucaristía en la Iglesia del Espíritu Santo, con una clara exhortación a sobreponerse al miedo. La armonía de la liturgia, la sobriedad de los gestos, todo contribuye a serenar el ánimo, a confiar con alegría en el proceso que estamos siguiendo. ¿Cuantas veces en la vida no pedimos confirmación a nuestras búsquedas? ¿cómo podemos saber que estamos haciendo lo correcto? Más aún, ¿cómo saber que estamos haciendo lo que Dios quiere? La oración final de la eucaristía resumía nuestro estado de ánimo: “Padre, que nos has confortado con este sacramento de salvación, concédenos un Prepósito General, según tu corazón que, mediante el testimonio de su vida, nos aliente a buscar solamente tu voluntad y tu mayor gloria”.

La liturgia se prolonga en el Aula. Escuchamos una breve exhortación por parte del más veterano de los Consejeros del Padre General: los rasgos del general previstos por Ignacio, las claves para hacer una sana elección, algún consejo de dinámica de grupos para conservar nuestra libertad, pero sin hacer un uso caprichoso de ella.  Permanecimos en silencio el tiempo restante hasta completar una hora. Enorme serenidad. Disfrutamos de la confianza que hemos ido tejiendo estos dos días. Puse delante de mí la imagen de un cuadro que se acaba de colocar en la Iglesia del Gesú, aquí en Roma obra del bosnio Zec. Es una imagen del descendimiento de Jesús, en ella aparecen tres generales de la Compañía de Jesús recogiendo el cuerpo crucificado de Jesús, ante la mirada sobrecogida de María.

El P. Pignatelli (1737-1811) sostiene a Jesús por el pecho, lo abraza por detrás, por debajo de los hombros. Sostiene el cuerpo sin vida de Jesús como sostuvo a la Compañía suprimida, a la Compañía muerta. La sostuvo con la esperanza de que volviera a la vida. El general Jan Roothaan (1785-1853) aparece sujetando a Jesús por la cintura y sus piernas, hace que el cuerpo sin vida tenga forma humana. El P. Roothaan se empeñó en fortalecer la vida interna de la Compañía, después de su restauración, se preocupó de que fuese el cuerpo apostólico vigoroso que la Iglesia esperaba: cuidando la vida interior de los jesuitas, reformando el apostolado de la educación, abriendo una etapa de expansión misionera, creó también nuevas instituciones del apostolado intelectual. Dio forma y fondo al cuerpo de la Compañía. En la imagen, a los pies de Jesús está el P. Arrupe (1907-1991). Arrupe sostiene los pies del Señor y los acerca al suelo. Arrupe se arrodilló para limpiar los zapatos de aquél niño en una favela de Brasil para mostrarnos desde dónde debe situarse la Compañía: junto a los que sufren, a los excluidos, las víctimas y los pobres de este mundo.  Arrupe sostiene los pies de Cristo, como nos invitó a sostener a todos los crucificados de nuestro tiempo.

La votación comienza. El lento escrutinio, los nombres de nuestros compañeros resuenan en el Aula rodeados del silencio solemne y fraterno de estas ocasiones, de discernir por mayorías. Con enorme respeto. Al final se alcanza el acuerdo, salva de aplausos, abrazo espontáneo entre el nuevo y el viejo Padre General. En fila, esperando mi turno para abrazar al P. Arturo Sosa, le pido al Señor que le conceda sostener la Compañía, que la conforme -en su vida interior y en su apostolado- como el Señor y la Iglesia desean, y que nos acerque a los pobres. Hoy el abrazo nos llena de consuelo, sabemos que el camino no es fácil, pero no es nuestra actividad la que está en juego, es la misión del Señor.




CONFIANZA CUMPLIDA
Texto de Llorenç Puig, SJ.

Mi vivencia de este proceso de elección del P. General la podría resumir en dos palabras: confianza cumplida.

Efectivamente, he podido experimentar en primera persona que san Ignacio y la tradición de la Compañía tienen una gran sabiduría sobre los procesos humanos y del Espíritu. Y más, en cómo los dos se interrelacionan: "el alma debe disponerse".... para que pueda actuar el Espíritu. Así es como sabemos que pasa en los Ejercicios Espirituales.

Pues bien, en la Congregación General, en los primeros días todo parecía muy complejo: la diversidad cultural, de experiencias e itinerarios, el hecho de que no hubiera nombres a priori dados ni destacados, un grupo de personas que no se conocían hondamente y que debían hacer un discernimiento muy profundo comunitariamente... Todo ello asustaba, ciertamente. Tal vez por ello, unos días antes de empezar las 'murmuratio', el P. Orlando Torres dijo sabiamente a los congregados: "confiad, confiad, que funciona, ya lo veréis!"

Y entonces empezó el milagro: cuatro días realmente intensos de conversaciones vis a vis, hondas, sinceras, para hablar de tal o cual persona, de sus capacidades, de sus límites, de sus cualidades... Cuatro días de gran hondura y cariño a las personas y la Compañía, buscando conocer más las personas que podrían liderarla... Cuatro días de ver que estábamos todos, tan diferentes, tan diversos en tantos aspectos, en una única búsqueda. Cuatro días, también, de ver que este proceso no lo controlábamos nosotros: es demasiado complejo, parece que no pueda llevar a buen puerto... y por ello necesitábamos buenos tiempos de oración en común, y también ratos personales de oración en una capilla u otra, ante el Santísimo expuesto tal vez...

Y el día de la elección, es el momento de dejar de lado la frenética actividad de los días precedentes, para ponerse en manos de Dios, para invocar el Espíritu que nos ha de conducir, y nosotros dejarnos llevar por Él...

Misa votiva del Espíritu Santo temprano por la mañana, y luego directamente al aula, donde tras una breve y clarificadora plática sobre las actutudes del discernimiento, tenemos una hora de oración. En silencio, a ratos con los ojos cerrados, otros mirando a los compañeros en oración sincera, o alguna frase inspiradora de los puntos de oración del P. D'Souza... Yo iba mirando a ratos, he de decir, a las personas que veía que podían ser los elegidos: cómo oraban, cómo estaban ante el Señor, dispuestos...

San Ignacio propone que uno llegue al aula todavía sin haber cerrado del todo la decisión. Cuesta creer que se pueda hacer, pues supone una gran libertad interior, no apegarse a una decisión predeterminada, sino estar hasta el último momento abierto al susurro del Espíritu. Yo ya veía que llegaría así, con cierta indiferencia, a ese momento. Creía que podría ser así, confiaba.

Y lo impresionante del caso es que sí, que he empezado la oración con indiferencia entre algunos nombres que había explorado más profundamente en las murmuratio. Pero poco a poco ha ido ganando peso una convicción honda, decidida, firme, sin dudar ni poder dudar. Había que escuchar también, como decía el P. D'Souza, la sabiduría del resto de electores, pero nacía inesperadamente una gran seguridad.

Y las votaciones han fluido mucho más de lo esperado... Ante las diversas posibilidades que había, y la variedad de personas, sensibilidades, itinerarios, ¿cómo es posible que se llegue tan fácilmente a un sentido aplauso, una alegría compartida, una consolación vivida tan ampliamente?

Sí, hacía falta confianza, y el Señor la ha cumplido. 
Tenemos un nuevo Padre General, ya no estamos huérfanos de ese que nos debe acompañar e indicar caminos de futuro... La Congregación General continúa, y debe proporcionarle un equipo y directrices para el futuro, pero una vez disuelta, le encomendaremos el cuidado e impulso para los próximos años.

Que el mismo Espíritu que nos ha invitado a elegirle, le acompañe en esa difícil tarea que inicia hoy.

NOTA: este texto está en infosj: