viernes, 26 de febrero de 2016

EL OTRO HIJO - José Antonio Pagola


EL OTRO HIJO - José Antonio Pagola

Sin duda, la parábola más cautivadora de Jesús es la del «padre bueno», mal llamada «parábola del hijo pródigo». Precisamente este «hijo menor» ha atraído siempre la atención de comentaristas y predicadores. Su vuelta al hogar y la acogida increíble del padre han conmovido a todas las generaciones cristianas.

Sin embargo, la parábola habla también del «hijo mayor», un hombre que permanece junto a su padre, sin imitar la vida desordenada de su hermano, lejos del hogar. Cuando le informan de la fiesta organizada por su padre para acoger al hijo perdido, queda desconcertado. El retorno del hermano no le produce alegría, como a su padre, sino rabia: «se indignó y se negaba a entrar» en la fiesta. Nunca se había marchado de casa, pero ahora se siente como un extraño entre los suyos.

El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha acogido a su hermano. No le grita ni le da órdenes. Con amor humilde «trata de persuadirlo» para que entre en la fiesta de la acogida. Es entonces cuando el hijo explota dejando al descubierto todo su resentimiento. Ha pasado toda su vida cumpliendo órdenes del padre, pero no ha aprendido a amar como ama él. Ahora solo sabe exigir sus derechos y denigrar a su hermano.

Esta es la tragedia del hijo mayor. Nunca se ha marchado de casa, pero su corazón ha estado siempre lejos. Sabe cumplir mandamientos pero no sabe amar. No entiende el amor de su padre a aquel hijo perdido. Él no acoge ni perdona, no quiere saber nada con su hermano. Jesús termina su parábola sin satisfacer nuestra curiosidad: ¿entró en la fiesta o se quedó fuera?

Envueltos en la crisis religiosa de la sociedad moderna, nos hemos habituado a hablar de creyentes e increyentes, de practicantes y de alejados, de matrimonios bendecidos por la Iglesia y de parejas en situación irregular... Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos, Dios nos sigue esperando a todos, pues no es propiedad de los buenos ni de los practicantes. Es Padre de todos.

El «hijo mayor» es una interpelación para quienes creemos vivir junto a él. ¿Qué estamos haciendo quienes no hemos abandonado la Iglesia? ¿Asegurar nuestra supervivencia religiosa observando lo mejor posible lo prescrito, o ser testigos del amor grande de Dios a todos sus hijos e hijas? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que saben comprender, acoger y acompañar a quienes buscan a Dios entre dudas e interrogantes? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? ¿Les ofrecemos amistad o los miramos con recelo?

4 Cuaresma - C
06 de marzo 2016

José Antonio Pagola


DÉJALA UN POCO MÁS
Escrito por  Florentino Ulibarri

No es la primera vez que vienes
y que la higuera muestra sus hojas arrogante
–verdes, grandes, ásperas, sin fruto–,
engañándote.

Sabes que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste cuidándola
para que diera los higos mejores,
inútilmente.

Y aunque tienes ganas de cortarla
tu corazón hortelano se resiste.
Le cavarás la tierra, le echarás abono
nuevamente...

Hablo robándote las palabras
que me dijiste al encontrarme
e invitarme a tu causa y buena nueva
urgentemente.

Déjala un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más, Señor,
y cuídame.



EL AGUA VIVA ESTÁ EN LO HONDO DE TI
Escrito por  Fray Marcos

El mensaje de hoy es muy sencillo de formular, pero muy difícil de asimilar. Con demasiada frecuencia seguimos oyendo la fatídica expresión: ¡Castigo de Dios! El domingo pasado decíamos que no teníamos que esperar ningún premio de Dios. Hoy se nos aclara que no tenemos que temer ningún castigo. Premio y castigo son dos realidades correlativas, si se da una, se da la otra. Si Dios es el que manda la lluvia, la sequía es necesariamente un castigo. Es difícil superar la idea de “el Dios que premia a los buenos y castiga a los malos”. La dinámica en la que hemos metido a Dios, es un callejón sin salida, para Él y para nosotros.

La gran teofanía de Yahvé a Moisés, indica el principio de la liberación. Debemos tener mucho cuidado al leer estos textos. No son relatos históricos tal como entendemos hoy la historia. Los acontecimientos a los que hace referencia sucedieron en el s. XIII a. de C. No se escribieron de una vez, sino que fueron elaborándose durante más de siete siglos. Los primeros relatos fueron orales. La última fijación de la Biblia se produjo en el siglo V a. de C. en tiempos de Esdras y Nehemías. Se trata de relatos que hacen referencia a siete siglos antes. No solo no responden a acontecimientos sino que solo intentan fundamentar la fe.

Todo el relato del éxodo es un intento de fundamentar la fe de un pueblo. Dios salva a su pueblo y en esa salvación, el pueblo se reconoce como elegido por Dios. Fíjate bien, Dios responde a las quejas del pueblo. No es un Dios impasible trascendente que le importa muy poco la suerte de los seres humanos. Es un Dios que interviene en la historia a favor del pueblo oprimido. Así lo creían ellos, desde una visión mítica de la historia. Dios se sirve de los seres humanos para llevar a cabo la obra de salvación. Esto es muy importante a la hora de pensar la liberación. Somos nosotros los responsables de que la humanidad camine hacia una liberación o que siga hundiendo en la miseria a la mayoría de los seres humanos.

“Yo soy el que soy”. Estamos ante la intuición más sublime de toda la Biblia, y seguramente de todo el pensamiento religioso: Dios no tiene nombre, simplemente, ES. El nombre de Dios es una expresión verbal: “El que es y será”. En aquella cultura, conocer el nombre de alguien era dominarlo. La enseñanza es que Dios es inabarcable y nadie puede conocerle ni manipularle. Es una pena que, sin tener esto en cuenta, hayamos intentado durante dos mil años, meterlo en conceptos y manipularlo. Las pretensiones de la “teología” han sido y siguen siendo descabelladas. Todos sabemos que el discurso sobre Dios es siempre analógico, es decir: sencillamente inadecuado, y solo “sequndum quid” acertado. Pero a la hora de la verdad, olvidamos esto y defendemos nuestros ridículos conceptos sobre Dios como si se tratara de la mismísima realidad divina.

Partiendo de la experiencia de Israel, Pablo advierte a los cristianos de Corinto, que no basta pertenecer a una comunidad para estar seguro. Nada podrá suplir la respuesta personal a las exigencias de tu ser. El ampararse en seguridades de grupo puede ser una trampa. Esta recomendación de Pablo está muy de acuerdo con el evangelio. Pablo dice: “El que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga.” Y Jesús dice por dos veces: “si no os convertís todos pereceréis”. La vida humana es camino hacia la plenitud, que necesita de constantes “rectificaciones”, si no corregimos el rumbo equivocado, nos precipitaremos al abismo.

El evangelio de hoy nos plantea el eterno problema: ¿Es el mal consecuencia del un pecado? Así lo creían los judíos del tiempo de Jesús y así lo siguen creyendo la mayoría de los cristianos de hoy. Desde una visión mágica de Dios, se creía que todo lo que sucedía era fruto de su voluntad. Los males se consideraban castigos y los bienes premios. Incluso la lectura de Pablo que acabamos de leer se pude interpretar en esa dirección. Jesús se declara completamente en contra de esa manera de pensar. Lo expresa claramente el evangelio de hoy, pero lo encontramos en otros muchos pasajes; el más claro es el del ciego de nacimiento en el evangelio de Jn, donde los discípulos preguntan a Jesús, ¿Quién peco, éste o sus padres? Para Jesús la relación de Dios con nosotros está en un ámbito más profundo.

Debemos dejar de interpretar como actuación de Dios lo que no son más que fuerzas de la naturaleza o consecuencia de atropellos humanos. Ninguna desgracia que nos pueda alcanzar, debemos atribuirla a un castigo de Dios; de la misma manera que no podemos creer que somos buenos porque las cosas nos salen bien. El evangelio de hoy no puede estar más claro, pero como decíamos el domingo pasado, estamos incapacitados para oír lo que nos dice. Solo oímos lo que nos permiten escuchar nuestros prejuicios.

Insisto, debemos salir de esa idea de Dios Señor o patrón soberano que desde fuera nos vigila y exige su tributo. De nada sirve camuflarla con sutilezas. Por ejemplo: Dios, puede que no castigue aquí abajo, pero castiga en la otra vida... O, Dios nos castiga, pero es por amor y para salvarnos... O Dios castiga solo a los malos... O merecemos castigo, pero Cristo, con su muerte, nos libró de él. Pensar que Dios nos trata como tratamos nosotros al asno, que solo funciona a base de palo o zanahoria, es ridiculizar a Dios y al ser humano

Claro que estamos constantemente en manos de Dios, pero su acción no tiene nada que ver con las causas segundas. La acción de Dios es de distinta naturaleza que la acción del hombre, por eso la acción de Dios, ni se suma ni se resta ni se interfiere con la acción de las causas físicas. Desde el Paleolítico, se ha creído que todos los acontecimientos eran queridos y por lo tanto realizados puntualmente, por un dios todopoderoso. Pero resulta que Dios, por ser acto puro, por estar haciéndolo todo en todo instante, no puede hacer nada en concreto. No puede empezar a hacer nada, porque una acción es enriquecimiento del ser que actúa, y si Dios pudiera ser más, no sería Dios. Tampoco puede dejar de hacer nada de lo que está haciendo, porque perdería algo y dejaría de ser Dios.

Si no os convertís, todos pereceréis. La expresión no traduce adecuadamente el griego metanohte, que significa “cambiar de mentalidad, ver la realidad desde otra perspectiva”. No dice Jesús que los que murieron no eran pecadores, sino que todos somos igualmente pecadores y tenemos que cambiar de rumbo. Sin una toma de conciencia de que el camino que llevamos nos lleva al abismo, nunca estaremos motivados para evitar el desastre. Si soy yo el que voy caminando hacia el abismo, solo yo puedo cambiar de rumbo. Cada uno tiene la responsabilidad de sus acciones. No somos marionetas en las manos de Dios, sino personas, es decir seres autónomos que debemos apechugar con nuestra responsabilidad. La mejor traducción sería: si no aprendes, incluso de los errores, perecerás.

La parábola de la higuera es esclarecedora. La higuera era símbolo del pueblo de Israel. El número tres es símbolo de plenitud. Es como si dijera: Dios me da todo el tiempo del mundo y un año más. Pero el tiempo para dar fruto es limitado. Dios es don incondicional, pero no puede suplir lo que tengo que hacer yo. Soy único, irrepetible. Tengo una tarea asignada; si no la llevo a cabo, esa tarea se quedará sin realizar y la culpa será solo mía. No tiene que venir nadie a premiarme o castigarme. El cumplir la tarea será el premio, no cumplirla el castigo. La tarea del ser humano no es hacer cosas sino hacerse, es decir, tomar conciencia de su verdadero ser y vivir esa realidad a tope.

¿Qué significa dar fruto? ¿En qué consistiría la salvación para nosotros aquí y ahora? Tal vez sea esta la cuestión más importante que no debemos plantear. No se trata de hacer o dejar de hacer esto o aquello para alcanzar la salvación. Se trata de alcanzar una liberación interior que me lleve a hacer esto o dejar de hacer lo otro porque me lo pide mi auténtico ser. La salvación no es alcanzar nada ni conseguir nada. Es tu verdadero ser, estar identificado con Dios. Descubrir y vivir esa realidad es tu verdadera salvación.

Meditación-contemplación

No tienes que esperar nada de fuera.
Dios ya te lo ha dado todo, lo que falta lo tienes que hacer tú.
La tarea fundamental está dentro de ti mismo.
Es un proceso de iluminación, de toma de conciencia de lo que eres.
.........................

Convertirse es centrarse.
Presupone la conciencia de estar descentrado.
Si no descubres que tu camino te lleva fuera, a las cosas terrenas,
no estarás motivado para ninguna rectificación.
........................

No intentes cambiar de objetivos fuera de ti. Es perder el tiempo.
La única meta que te puede saciar está dentro.
Céntrate, concéntrate.
Ese es el único camino de conversión.
.......................



 Fray Marcos



FRUTOS DE CONVERSIÓN
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 13, 1-9

Se trata de dos sucesos de diferente tipo. Una insurrección de Galileos cruelmente sofocada por Pilato y un accidente laboral durante la construcción de una torre en Siloé. De esas noticias toma pie Jesús para una exhortación a no creerse mejor que otros y dar buenos frutos de conversión.

El final está directamente relacionado con lo anterior. Ante una sociedad satisfecha de ser el pueblo elegido, de ser hijos de Abraham, Jesús habla de frutos. Como siempre, por sus frutos los conoceréis. El relato es parabólico, no hay por qué buscar simbolismos a cada detalle. Es el mensaje global lo que importa: si no da frutos, para nada vale la higuera por muy hermosa que sea.

Pero es interesante repensar el significado de los personajes. Tendemos a identificar a Dios con el amo que está decidido a arrancar la higuera. Personalmente me gusta más identificar al amo con nuestro sentido común y ver una imagen de Dios en el viñador, en su paciencia, movida por su amor a la viña.

Los tres textos de hoy se ordenan en torno a un nivel de urgencia de la Palabra que nos importa extraordinariamente. Se nos plantea el tema básico: la conversión, vista desde un ángulo práctico y de exigencia: "Ya conocemos a Dios, ya sabemos cómo vivir; ahora ¿qué hacemos?".

Y en este contexto, las lecturas de hoy pueden "resumirse", de manera un tanto simple, así: "Conocemos a Dios, pero esto puede no servir para nada"

Hemos visto cómo el texto del Éxodo presenta el encuentro de Moisés con Dios. Dentro de sus características bastante primitivas, (Dios inspira temor, su presencia delimita un espacio físico sagrado) es el comienzo de la fe de Israel en EL SALVADOR, la fuerza del pueblo, el que está empeñado en la liberación. Y ésta será, como bien conocemos, la más importante de las líneas de fuerza de la revelación, culminada espectacularmente en Jesús: "Tanto amó Dios al mundo..."

El tema se presenta desde el punto de vista de "conocer el nombre de Dios", que equivale a "conocer a Dios". El Antiguo Testamento lo resolvió con toda lógica: "No es posible conocer a Dios sin morir", "no es posible para el ser humano ver el rostro de Dios". Por eso, en La Morada, Yahvé permitirá que Moisés le vea "de espalda". Es preciosa la expresión de Agar, la esclava de Abraham expulsada al desierto con su hijo Ismael, cuando en un ángel le socorre proporcionándole agua y ella, aterrada, se pregunta: "¿Habrán visto mis ojos la espalda de Aquel que me ve?".

Todo esto es superado de manera inconcebible por Jesús. Nuestros ojos lo han visto. Nuestros oídos le han escuchado, nuestras manos han podido palpar. Y no han visto ni palpado terrores, nubes ardientes, lejanías temibles: han visto bondad, compasión, arriesgarse para curar, solidaridad con el pobre, capacidad de entrega incondicional: la revelación de Dios en Jesús pone patas arriba todas las fantásticas y temibles imaginaciones de la Antigua ley.

Pero Pablo retoma el tema desde una perspectiva mucho más personal y urgente: "no todos los israelitas que salieron de Egipto agradaron a Dios". Pertenecer al pueblo, salir de Egipto.... ¿Se creían seguros? ¿Pensaban quizás "somos el Pueblo elegido, somos superiores, estamos salvados, Dios está con nosotros", y esto era toda su religión? Si esto era así, cometieron el mayor error: pensar que "la salvación" es algo que viene de fuera, que religión es pertenecer a un pueblo, conocer a Dios, cumplir unos ritos... No agradaron a Dios.

Y el evangelio de Lucas lo plantea ya de manera polémica y "actual". Le cuentan a Jesús el fin desgraciado de unos "guerrilleros anti romanos" y de un accidente de la torre de Siloé. Jesús aprovecha estos sucesos para una "catequesis" doble:

En primer lugar, a la "gente bien", que ve con malos ojos a los guerrilleros y piensan que bien merecido tienen el castigo. En segundo lugar a los que, superficialmente, piensan que todo mal es "castigo de Dios".

Jesús desarrolla dos ideas: "¿Os creéis mejores que esos guerrilleros?" "¿Os creéis que los males del mundo son los castigos de los pecados?" Y aprovecha la oportunidad para decir: "Vosotros, que sois "los que conocéis a Dios", os creéis 'justos', pero sois como una higuera bien cuidada, en buena tierra, bien abonada.... Si no da fruto no vale más que para leña".

Una más de las "parábolas" vegetales, agrícolas, de Jesús. El sembrador, el grano de mostaza, la cizaña, la cosecha abundante, el árbol bueno y malo... Y prácticamente todas ellas apuntando a un mensaje: frutos.

Es la vertiente exigente, radical y práctica de la Buena Noticia.

"Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer"

Nosotros tenemos la tendencia a pensar que estamos salvados porque hemos tenido suerte, porque Dios nos ha querido más que a otros, porque estamos bautizados, porque tenemos el modo de que se nos perdonen los pecados... Son todo cosas exteriores, que nos vienen de fuera, que no suponen nuestra conversión. Pero pertenecer a la Iglesia, conocer a Dios, participar en la Eucaristía... son la buena tierra, la poda, el riego, el abono de la higuera. Si no dan fruto, no sirve para nada más que "para cansar la tierra". No estamos "salvados"; lo que estamos es bien cuidados, bien abonados, bien podados, bien alimentados... en espera del fruto. Y no podemos menos que recordar en este contexto otras palabras de Jesús: (Mt 23)

"Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de Dios; porque vosotros no entráis, y les impedís la entrada a otros.

"Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas que pagáis el diezmo de la menta y del comino y habéis descuidado lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad.

"Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis el exterior de la copa mientras el interior está lleno de rapiña y de intemperancia......."

Y quizá la más expresiva de todas: (Mt 7,22)

"Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis. «No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"

Es claro que nuestra situación es más de debilidad que de hipocresía. Pero no pocas veces resulta intolerable la desproporción entre nuestro conocimiento de Dios y la escasa transformación de nuestra vida.

Pienso que la fe sin obras es un tema teológico estéril. Pero pienso también que la mediocridad de nuestra vida, nuestro servicio a dos señores es una característica de nuestra religiosidad que la hace estéril. ¿Qué poder de transformación de la vida tiene de hecho la Palabra de Dios entre nosotros? Sin querer responder a esta pregunta, porque debe ser respondida personalmente, pienso que se debe plantear como test de sinceridad religiosa. Somos cristianos exactamente en la medida en que la Palabra tiene poder para cambiar nuestra vida.

De aquí se derivaría otra consideración más general sobre la Iglesia Católica Romana y su poder de transformación de la sociedad. Hay un texto estremecedor de Dibelius que me parece oportuno citar:

"En mi opinión, la causa del fracaso de la Iglesia en el siglo XIX... hay que buscarla ante todo en el hecho de que la Iglesia siempre estuvo tan estrechamente ligada a los poderes de este mundo que no se atrevió a desatar revoluciones espirituales. El Sermón del Monte es una "cámara del tesoro" de una radical energía espiritual, pero cualquiera que se hubiera atrevido a aplicar esas fuerzas a la civilización o a la existencia humana en el mundo moderno, habría aparecido como si quisiera echar a pique el mundo; y esto hizo que el cristianismo dudara en atreverse.

En esta situación, el cristianismo no era revolucionario, sino relativamente conservador, unas iglesias más que otras. Pero, en conjunto, las iglesias actuaron más bien como "buena conciencia" en lugar de actuar como "conciencia crítica". Prefirieron apoyar el orden reinante en el mundo, en vez de criticarlo: fortalecer a los poderes dominantes, en lugar de oponerse a ellos. La Iglesia, que antaño había sido de los predicadores del Evangelio para la Vida Eterna, se convirtió en un poder de este mundo, monstruosamente conservador."

José Enrique Galarreta, SJ. (qepd)



TRES MANERAS DE MORIR Y UNA SOLA DE SALVARSE
Escrito por  José Luis Sicre

Tres maneras de morir
1) Asesinado por Pilato; 2) Aplastado por una torre; 3) Negándonos a convertirnos.

Todo comienza con el deseo de tenderle a Jesús una trampa. ¿Cómo reaccionará él, que es galileo, ante el asesinato de otros galileos por orden del procurador romano? La trampa es muy astuta: nadie le pregunta qué piensa de este hecho; se limitan a contarle el caso. Si responde airadamente, se enemistará con las autoridades; si se calla la boca, se revelará como un mal galileo y un mal israelita.

Para quienes han venido a contarle el caso, todo se juega entre unos galileos muertos, Pilato y Jesús. Ellos se limitan a informar, como la prensa; el caso no les afecta personalmente. Y aquí es donde Jesús va a cazarlos en su propia trampa. Con una ironía muy sutil da por supuesto que sus informadores no le piden una declaración de tipo político (Pilato es un asesino, muerte a los romanos) sino de tipo religioso (esos galileos han muerto por ser pecadores). De hecho, la mayoría de los judíos de la época (y muchos cristianos actuales), consideran que una desgracia es consecuencia de un pecado.

Pero Jesús toma un rumbo completamente distinto. Los importantes no son los galileos muertos, Pilato y Jesús. Los importantes son ellos, los que preguntan, que no pueden considerarse al margen de los acontecimientos. Si piensan que esos galileos eran más pecadores que ellos, se equivocan. También se equivocaron quienes pensaron que los dieciocho aplastados por el derrumbe de la torre de Siloé eran más pecadores que los demás.

La muerte no solo la provocan políticos injustos y criminales (Pilato) o desgracias naturales evitables (la torre). Hay otra amenaza mucho más grave: la que tramamos contra nosotros mismos cuando nos negamos a convertirnos.

Dios pide higos a la higuera, no pide peras al olmo
La historia de los galileos y de la torre la ha utilizado Jesús para avisar seriamente, y por dos veces: “Si no os convertís, todos pereceréis”. Quienes conciben a Jesús como un hippy de los años 80 del siglo pasado, repartiendo flores y besos, no han leído nunca el evangelio. Él no hay traído paz sino espada.

Pero la invitación tan seria a convertirse, con la amenaza de perecer en caso contrario, no debe interpretarse de forma equivocada. Dios no va a caer sobre nosotros como una torre ni va a mandar a sus ángeles con espadas desenvainadas. Mediante una breve parábola Lucas cuenta cómo nos va a tratar: como un agricultor sensato, realista y paciente.

Sensato, porque solo nos pide lo que podemos dar naturalmente, sin especial esfuerzo. De la higuera solo espera que dé higos, no plátanos ni melones. Lo que espera de nosotros es algo que cada uno debe pensar teniendo en cuenta sus circunstancias familiares y laborales, pero nunca esperará nada que exceda nuestra capacidad.

Realista, porque no se deja engañar. La higuera lleva tres años sin dar fruto. Con él no valen las excusas del mal estudiante que asegura haber trabajado mucho cuando no ha dado golpe en todo el curso. A nosotros podemos engañarnos diciendo que damos fruto; a Dios, no.

Paciente, porque ha esperado ya tres años, y todavía está dispuesto a conceder uno más.
Pero la parábola no habla solo del dueño de la viña. El gran protagonista es el viñador, el que intercede por la higuera y se compromete a cavarla y echarle estiércol. Ya que la higuera nos representa a cada uno de nosotros, el viñador tiene que ser Jesús. Se espera que la higuera produzca fruto no solo por ella misma sino también gracias a su acción.

En definitiva, la parabolita final matiza bastante la dureza de la primera parte del evangelio. Pero matizar no significa anular. Si nos empeñamos en no dar fruto, si no mejora nuestra relación con Dios y con el prójimo, por más que Jesús cave y trabaje, la higuera será cortada.

Nosotros no somos distintos ni mejores (lecturas 1ª y 2ª)
En el evangelio, Jesús advierte a los presentes que no deben considerarse mejores que los asesinados por Pilato o muertos por el derrumbe de la torre. Las dos primeras lecturas nos recuerdan que nosotros no somos mejores que el pueblo de Israel, para que nadie se sienta seguro y termine cayendo, como indica Pablo.

La lectura del Éxodo nos habla de la preocupación de Dios por su pueblo esclavizado en Egipto. La vocación de Moisés será el primer acto de su liberación. Por eso, el estribillo del Salmo repite: “El Señor es compasivo y misericordioso”.

Pero la carta a los Corintios recuerda que, a pesar de tantos beneficios divinos (paso del Mar, maná, agua que brota de la roca), muchos israelitas no agradaron a Dios y terminaron pereciendo en el desierto. Y añade que esto debe servirnos  de ejemplo y escarmiento. Nos puede ocurrir lo mismo si nos comportamos igual que ellos. Dicho con las palabras del evangelio. “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.”

José Luis Sicre, SJ.



Pregoneros y profetas

Cuando pase el mensajero
que no me encuentre dormido,
afanado en otras metas,
indiferente a su voz.
Que no sea su relato
semilla que el viento barre
o luz que a nadie ilumina.
Cuando pase el mensajero
que no le vuelva la cara
para esquivar su propuesta.

Se presentará en un libro,
en un verso,
o será estrofa de un canto
que me envuelva.
Vendrá, tal vez, en un amigo,
en un hombre roto,
o en el pan partido.
Le abriré la casa,
pondré en juego el corazón
y escucharé, con avidez,
sus palabras.

Y entonces
me cambiará la vida.

José María R. Olaizola, sj




Brechas en la identidad de Europa
Pedro Miguel Lamet, SJ.

Dos recientes hechos nos recuperan esta frase de González Tuñón: el desenlace de las conversaciones sobre la permanencia en el Reino Unido, y la vergonzosa inoperancia en el mayor desafío de la historia europea después de la II Guerra Mundial: el drama de los refugiados. “Nosotros no coligamos Estados, nosotros unimos a las personas“, había afirmado Jean Monnet, uno de los que inició el sueño de Europa al emprender el primer paso de la unión económica. Parece que sus ideales, así como los valores que motivaron a los padres de Europa, están comenzando a resquebrajarse de forma preocupante.

Después de 40 horas de intensa negociación, los veintiocho se han bajado los pantalones ante la amenaza de que el Reino Unido abandone la Unión Europea. Lo lógica más obvia es, desde luego, que ni a los intereses de los ingleses ni a los del resto de Europa convendría tal disgregación. Pero la historia de la Gran Bretaña, basada en una insularidad que va desde conducir por la izquierda y no admitir el sistema métrico a hacer siempre lo que le ha dado la gana, es seguir sus intereses desde su “espléndido aislamiento”. Su economía, su potencia militar, su amistad con Estados Unidos y su vieja Commonwealth se lo permiten.

Ahora, ante el referéndum planteado por David Cameron para contentar al ala más conservadora de su país y salvarse a sí mismo, ha impuesto sus condiciones. Entre las principales, los líderes europeos aceptan crear un “freno de emergencia” que permitirá al Reino Unido suspender el acceso de los inmigrantes europeos a determinados complementos salariales, durante sus primeros años de trabajo. Una vez activado el mecanismo, el Gobierno podrá hacer uso de él durante un periodo máximo de siete años y no de los 13 que aspiraba lograr Cameron. También podrá ajustar al precio de la vida en el país de origen las ayudas por hijo que le correspondan al trabajador, si el menor no reside en Reino Unido. Esta será una medida no retroactiva, que se aplicará desde su aprobación a los recién llegados y, tras un periodo de transición hasta 2020, a los que ya residen en el país. Además, a petición de Bélgica y Francia, se ha incluido una cláusula que especifica que las condiciones del acuerdo quedarán sin valor si el resultado del plebiscito británico es contrario a la UE.

Otra de las ventajas que ha logrado el Gobierno británico, con ayuda de Angela Merkel, es una salvaguarda que permitirá a un Estado que no integre la moneda única aplazar políticas económicas de la eurozona o de la unión bancaria, si las considera una “amenaza” para sí.

Otros países como Francia o España plantearon sin éxito que fueran necesarios al menos dos países para poner en marcha esta cláusula. Los países del euro sí han introducido una referencia en el acuerdo que deje claro que Londres no tendrá por ello capacidad de “veto”, ni podrá ralentizar medidas urgentes. Cameron cree que este acuerdo con la UE es suficiente para recomendar el “sí” a los ingleses y ha asegurado que ha logrado un pacto que concede un “estatus especial” a Reino Unido dentro de la Unión Europea. El que se abra una brecha en la libre circulación y que un inmigrante esté menos protegido en la Pérfida Albión que en el resto de Europa, le importa un comino, así como sentar un precedente a otras singularidades. Por supuesto el RU sigue apeado del ansiado tren de la unión política.

Pero esta cerrazón, este bloqueo, esta xenofobia en favor del egoísmo de la Europa del bienestar está patente también en el resto de países de la Unión en el urgente caso de los refugiados. Europa no solo no se ha puesto en marcha para responder ante tamaña situación, sino que las medidas que ha ido tomando a lo largo de estos meses dejan el camino cada vez más difícil para todas esas personas que huyen. En 2014 estaba vigente una operación europea llamada Mare Nostrum en el Mediterráneo. Esa operación tenía el objetivo de rescatar y salvar a personas en riesgo. Pues bien, ha sido sustituida por otra llamada Tritón, cuyo objetivo no es el rescate y salvamento, sino la protección de fronteras europeas. Esto obliga a los organismos rescatadores a que, en vez de trabajar en todo el Mediterráneo, solo puedan actuar a 30 millas de la costa italiana. Durante los primeros cuatro meses de 2014, 86 personas murieron en el Mediterráneo; en 2015, con esa nueva operación, fueron más de 1.700.

El cambio de estrategia en el Mediterráneo ha impelido a que Médicos sin Fronteras fletara una operación con tres barcos que ha estado funcionando desde mayo hasta noviembre del año pasado, gracias a la cual 20.000 personas han sido rescatadas. España anunció que iba a acoger a 18.000 refugiados. Los acogidos hasta ahora no pasan de 20. Más del 90% de las víctimas de las guerras actuales pertenece a la población civil, que lo único que ha hecho ha sido nacer y vivir en ese país. Dos niños mueren cada día en la huida por el Mediterráneo. 10.000 menores han desparecido, seguramente para caer en poder las mafias. Más de 300 han muerto en el Egeo. Austria endurece sus fronteras y Merkel, ante su caída de popularidad, negocia ahora con Turquía que los refugiados no crucen el muro levantado por las autoridades. No digamos nada el caos que supone para la empobrecida Grecia. Sobre ese tema los líderes europeos celebraran un encuentro durante los primeros días de marzo después de no llegar a nada en la reciente cumbre.

Europa con estas brechas en su ideario se está jugando su propia identidad.




FERNANDO CARDENAL:
JESUITA, EDUCADOR Y MINISTRO DEL GOBIERNO SANDINISTA: 1934-2016
Por José Ignacio González Faus, SJ.
  
Algunos me oirían decir antaño: si tuviera que canonizar a algún vivo, éste sería Fernando Cardenal. Hombre sencillo, directo, limpio y comprometido. Uno de los apellidos más señoriales de Nicaragua. En sus memorias cuenta que, estando en Ecuador, donde había ido a estudiar humanidades, se topó directamente con la pobreza y prometió dedicar toda su vida al servicio de los pobres.

Esa promesa se activó luchando contra la dictadura de Somoza, movilizando la generosidad de muchos jóvenes (algunos de los cuales dieron su vida, y no merecen ni ser olvidados ni que su lucha fuera traicionada más tarde por el sandinismo).

Tras la caída de Somoza y el triunfo del Frente Sandinista fue nombrado ministro de educación (su hermano Ernesto, el poeta, lo era de cultura) y puso en marcha la famosa "cruzada de alfabetización" hacia 1980. Coincidí por aquellos días con algunos jóvenes alfabetizadores en los poblados del norte de Nicaragua  (por Ocotal y Estelí). Vi a Fernando tenso, agotado, con dolores de cabeza porque los exsomocistas (que luego cuajarían en la tristemente célebre "Contra", subvencionada por el gobierno de R. Reagan) incursionaban y asesinaron algunos de esos muchachos. Le recuerdo en una eucaristía comunitaria (en "Bosques de Altamira" 14) pidiendo "que nuestros obispos sean un poco más evangélicos". En cinco meses Nicaragua pasó de más del 50% de analfabetos a menos del 13%. Me pregunto hoy que quedará de todo aquello.

Luego vino el conflicto con el Vaticano: Juan Pablo II impuso al General de los jesuitas que Fernando o tenía que dejar la Compañía de Jesús o tenía que dejar de ser ministro en un gobierno "comunista". Y la decisión final de Fernando: "si tengo que equivocarme, prefiero equivocarme con los pobres, porque será una manera indirecta de acertar". Fue expulsado de la Orden, pero consiguió permiso del General para seguir viviendo en una comunidad jesuítica, con este hábil argumento que me contó él mismo con una deliciosa ironía imperceptible: como ministro tendré casa propia, pero quisiera seguir dando testimonio de Cristo con mi celibato, y sé que si vivo solo en una casa buena, voy a tener muchas "tentaciones"...

El último desengaño fue la corrupción del Frente Sandinista tras perder las elecciones en 1990, con la "piñata" y reparto de propiedades antes de dejar el gobierno. Fernando abandonó el Frente, se enemistó con Daniel Ortega y pidió... volver a entrar en La Compañía. Hizo el noviciado en El Salvador, donde tuvo como maestro al jesuita catalán Rafa Sivatte. Pasó luego a llevar en Nicaragua la organización "Fe y Alegría", dedicada a la escolarización popular y promoción social en toda América Latina. Las palabras que pronunció el día de su "nueva incorporación definitiva" a la  Orden, eran de una serenidad, de un amor a la Compañía y de una ausencia de rencor, que recuerdo que las leí varias veces, y me sugirieron corregir la letra de la canción de Mejía Godoy: "Ay Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer, abonada con la bendita, vida de Cardenal... Porque ahora que estás sufriendo, Nicaragüita, él te quiere mucho más".

Adjuntamos un pequeño video de 7 minutos hecho con fotografías de toda la vida de Fernando.

José Ignacio González Faus



Homenaje de Gioconda Belli, escritora nicaragüense, Fernando Cardenal SJ (qepd)

Los ojos de Fernando
Los ojos azules de Fernando
Los ojos fijos de Fernando
Llovió en Granada;
un chaparrón en verano
a las 9 de la mañana
el día de su muerte,
el mismo día en que terminó el Festival de Poesía.
Lo que más impresiona a los poetas
que vienen de tantas partes del mundo
es el silencio de las multitudes que llenan la plaza.
Se callan para escuchar poesía:
los que venden raspado, pop-corn, cigarrillos,
las mujeres que venden vigorón en el parque
los que ofrecen sobre una hoja de madera
anteojos oscuros, decenas de ellos.
Gente encopetada
profesionales, niños, familias enteras
callan y oyen con veneración la poesía.
Los ojos dulces de Fernando
Los ojos fieros de Fernando
Pienso en el amor del nicaragüense por la poesía;
Y veo a Ernesto, el gran poeta
y a Fernando, puño en alto, libro abierto, abriendo los ojos de Nicaragua.
¿Cuántos ojos cerrados, ojos para quienes estaba negada la lectura
y la escritura; el mundo mágico de la poesía, de la ficción, de la ciencia, la
matemática se abrieron de par en par en esa, la más importante de las
batallas de la Revolución?
La única batalla de amor que tuvo un general tenaz y transparente
con huestes de adolescentes,
que cantando dejaban sus casas para irse montaña adentro
a enseñar a leer.
Los ojos azules de Fernando
Los ojos dulces de Fernando
Se perdió tanto de cuánto valió la pena de aquella revolución
pero la guerra de Fernando permanecerá en los anales de nuestra historia
como la más grande y la más dulce campaña jamás emprendida
en este país.
Los ojos dulces de Fernando
Los ojos fieros de Fernando
Ni un palmo de tierra para su sepultura, sin embargo, nada pidió para sí
este general. Hizo mutis de la vida pública, callado se retiró a seguir
sirviendo porque su compromiso nunca fue con un partido, fue con Dios y
con sus semejantes. Y con ellos, humilde y tenaz siempre cumplió.
Los ojos fijos de Fernando
Difícil imaginar que ya no lo veremos más. Quisiera invocar palabras
nuevas para decir que su memoria vivirá, que jamás lo dejaremos morir,
pero es muy pronto para pensar en días sin él y prefiero no despedirme.
Prefiero aplaudir, tocar los timbres,
las bocinas, las castañuelas, por cuánto nos dio,
por su hermosa,
generosa vida.
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20 de Febrero de 2016
Poema de Gioconda Belli