lunes, 24 de agosto de 2015

NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS - José Antonio Pagola


NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS - José Antonio Pagola

No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. Al evangelista solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.

Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar: «¿Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores?». Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones al crear en torno suyo un «espacio de libertad» donde lo decisivo es el amor.

Aquel grupo de maestros religiosos no ha entendido nada del reino de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, las normas, los usos y las costumbres marcadas por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo establecido por «los mayores». No piensan en el bien de las personas. No les preocupa «buscar el reino de Dios y su justicia».

El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Los doctores hablan con veneración de «tradición de los mayores» y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de «tradición humana». No hay que confundir jamás la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.

Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesucristo, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.

Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.

22 Tiempo Ordinario - B
(Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
30 de agosto 2015

José Antonio Pagola
Fuentes:



AMAR NO TIENE NOMBRE


Pedro Miguel Lamet

Amar es un vacío,
un llevar en las manos
el temblor de estar solo
mirando las estrellas,
un saberse una pluma
movida por la brisa
y olvidarse que el miedo
hizo en ti su morada
y arrumbar en lo oscuro
los planes ya trazados
y dejar que tu alma
llore a solas lo absurdo
que es estar y no estar.

Amar es un insólito
querer ser lo imposible,
derrotar los deseos,
recomponer el mundo
a trozos de ilusiones,
arrimar a las rosas
la eternidad rompiente
y regar con ausencia
la cuna de la noche
donde acecha el dolor.

Amar no es el anhelo
de vivir la primicia
de un ser entre los brazos
o llevar de la brida
el feliz yo caliente,
o andar con un espejo
de un tú mismo mejor.

Ni pensar que ya es tuyo
el ser que has aprehendido,
ni pregonar al mundo
desde un tú apuntalado,
ni reírse del salto
que el otro no ha querido,
ni poner a tus ojos
parcelas por el mundo
con un cartel: “No entrar”.
Amar es un perderse
en la noche estrellada
y saber que hace tiempo
has dejado de ser.
Es flotar sin un norte
por el mar de tu alma
y mañana ¡quién sabe!
no saber, no saber…

Amar es estar solo
con todo en compañía
y morir de vivirse
tan lleno del presente,
canción de un gran vacío
de lo amado que nace
en llamas del recuerdo
y el grito de un instante
que es, que fue, que apenas
vuela en lo casi perfecto
en la luz que no ha sido.

Amar no tiene nombre,
quizás sólo la noche
que queda si has querido
al borde de la orilla,
una huella en la playa
que dejaste al pasar
y ser mar en la mar.

Pedro Miguel Lamet



CUMPLIR LA NORMA NO GARANTIZA SALVACIÓN HUMANA
Escrito por  Fray Marcos

CONTEXTO
Terminado el paréntesis de los cinco domingos que hemos dedicado al cap. 6 del evangelio de Juan, retomamos el de Marcos. Después de la multiplicación de los panes. Jesús se encuentra en los alrededores del lago de Genesaret, en la parte más alejada de Jerusalén, donde eran mucho menos estrictos a la hora de cumplir las normas de purificación. No se trata de una trasgresión esporádica de los discípulos de Jesús. El problema lo suscitan los fariseos, llegados de Jerusalén, que venían precisamente a inspeccionar.

EXPLICACIÓN
Hoy no se requieren mayores explicaciones. El texto contrapone la práctica de los discípulos con la enseñanza de los letrados y fariseos. Jesús se pone da parte de los discípulos, pero va mucho más lejos y nos advierte de que toda norma religiosa, escrita o no, tiene siempre un valor relativo.

Cuando dice que nada que entra de fuera puede hacer al hombre impuro, está dejando muy claro que La voluntad de Dios solo se puede descubrir en el interior y está más allá de toda Ley.

Podemos seguir manteniendo la tradición como criterio de verdad, pero no debemos olvidar que Jesús desbarató el sentido absoluto que le daban los fariseos. Dios no ha dado directamente ninguna norma de conducta. Dios no tiene una voluntad que pueda comunicarnos por medio del lenguaje, porque no tiene nada que decir ni nada que dar.

La Escritura es una experiencia cristalizada por la aceptación de un pueblo. Por ejemplo: las experiencias del Éxodo las vivió el pueblo en el siglo XIII a. de C., pero se pusieron por escrito en los s. VII – VIII. Los evangelios se escribieron 50 años después de morir Jesús.

Todas las normas que podemos meter en conceptos, son preceptos humanos; no pueden tener valor absoluto. Un precepto que puede ser adecuado para una época, puede perder su sentido en otra. Es más, las normas morales tienen que estar cambiando siempre, porque el hombre va conociendo mejor su propio ser y la realidad en la que vive.

El número de realidades que nos afectan está creciendo cada día. Las normas antiguas no sirven para las situaciones nuevas que van apareciendo. Algunas cosas que eran importantes para el ser humano en el pasado, han perdido ahora todo interés en orden a su plenitud humana.

En todas las religiones las normas y preceptos se dan en nombre de Dios. Esto puede tener consecuencias desastrosas si no se entiende bien. Todas las leyes son humanas. Cuando esas normas surgen de una experiencia auténtica y profunda de lo que debe ser un ser humano y nos ayudan a conseguir nuestra plenitud, podemos llamarlas divinas.

En realidad, lo que llamamos voluntad de Dios no es más que nuestro propio ser en cuanto perfeccionable. Eso que puede llegar a ser y aun no es, es la voluntad de Dios. Dios no tiene voluntad. Dios es un ser tan simple que no tiene partes. Todo lo que tiene lo es, todo lo que hace lo es. No existe nada fuera de Él y nada puede darnos que no sea Él.

El precepto de lavarse las manos antes de comer, no era más que una norma elemental de higiene, para que las enfermedades infecciosas no hicieran estragos entre aquella población que vivía en contacto con la tierra y los animales. Si la prohibición no se hacía en nombre de Dios, nadie hubiera hecho puñetero caso. Esto no deja de tener su sentido. Si comer carne de cerdo producía la triquinosis, y por lo tanto la muerte, Dios no podía querer que comieras esa carne, y además si lo comías, te castigaba con la muerte.

Lo que critica Jesús, no es la Ley como tal, sino la interpretación que hacían de ella. En nombre de esa Ley, oprimían a la gente y le imponían verdaderas torturas con la promesa o la amenaza de que solo así, Dios estaría de su parte. No tenían más remedio que dar a la Ley valor absoluto. Todo tiene que estar sometido a ella, incluso el ser humano. Todas las normas tenían la misma importancia, porque su único valor era que estaban dadas por Dios.

Esto es lo que Jesús no puede aceptar. Toda norma, tanto al ser formulada como al ser cumplida, tiene que tener como fin primero el bien del hombre. Ni siquiera podemos poner por delante a Dios, porque el bien de Dios es el bien del hombre. La base de todo fundamentalismo está en intentar el bien de Dios en contra del bien del ser humano.

Incluso lo que llamamos "mandamientos de la ley de Dios", son preceptos en los que se recoge lo mejor de la experiencia humana conocida, en orden a buscar lo que es bueno y lo que es malo para el hombre. En concreto, los diez mandamientos están encaminados a hacer posible la convivencia como pueblo de una serie de tribus dispersas y con muy poca capacidad de hacer grupo. En aquella época, cada país, cada grupo, cada familia tenía su dios. Para hacer un pueblo unido, era imprescindible un dios único. De ahí los mandamientos de la primera tabla. Los otros van encaminados a respetar la vida y hacienda de los demás y hacer posible una convivencia, sin destruirse.

La segunda enseñanza es consecuencia de esta: no hay una esfera sagrada en la que Dios se mueve, y otra profana de la que Dios está ausente. En la realidad creada no existe nada impuro. Tampoco tiene sentido la distinción entre hombre puro y hombre impuro, a partir de situaciones ajenas a su voluntad. Por eso la pureza nunca puede ser consecuencia de prácticas rituales ni sacramentales. La única impureza que existe la pone el hombre cuando busca su propio interés a costa de los demás.

APLICACIÓN
Las tradiciones son la principal riqueza de un colectivo, hay que valorarlas y respetarlas en grado sumo. La tradición es la cristalización de las experiencias ancestrales de los que nos han precedido. Sin esa experiencia acumulada, ninguno de nosotros podríamos alcanzar el nivel de humanidad que desplegamos.

Siendo cierto todo esto, no podemos dar valor absoluto ese bagaje, porque lo convertiremos en un lastre que nos impide avanzar hacia una mayor humanidad. En el instante en que una tradición nos impida ser más humanos debemos abandonarla. Es lo que quiere decir Jesús: dejáis a un lado la voluntad de Dios por aferraros a las tradiciones.

Todo el que pretenda daros leyes en nombre de Dios, os está engañando. La voluntad de Dios, o la encuentras dentro de ti, o no la encontrarás nunca. Lo que Dios quiere de ti, está inscrito en tu mismo ser, y en él tienes que descubrirla.

Es muy difícil entrar dentro de uno mismo y descubrir las exigencias de mi verdadero ser. Por eso hacemos muy bien en aprovechar la experiencia de otros seres humanos que se distinguieron por su vivencia y nos han trasmitido lo que descubrieron. Gracias a esos pioneros del Espíritu, la humanidad va avanzando en el camino de una mayor dedicación a los demás, superando el egoísmo.

Todo lo que nos enseñó Jesús, es la manifestación de su experiencia de Dios, que quiere decir experiencia de su ser más profundo. "Todo lo que he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer". Esa experiencia completamente original, hizo que muchas normas de su religión se tambaleasen.

La Ley hay que cumplirla porque (y cuando) me lleva a la plenitud humana. Para los fariseos, el precepto hay que cumplirlo por ser precepto no porque ayude a ser más humano. El tema no puede ser más actual. En la medida que hoy seguimos en esta postura "farisaica", nos estamos apartando del evangelio.

El obrar sigue al ser, decían los escolásticos. Lo que haya dentro de ti, es lo que se manifestará en tus obras. Es lo que sale de dentro lo que determina la calidad de una persona. Yo diría: lo que hay dentro de ti, aunque no salga, porque lo que sale puede ser una pura programación.

Lo que comas te puede sentar bien o hacerte daño, pero no afecta a tu actitud espiritual. La trampa está en confiar más en la práctica externa de una norma, que en la actitud interna que depende solo de mí. Las prácticas religiosas son, con frecuencia, una coartada para dispensarnos de la conversión del corazón.

Meditación-contemplación

"El culto que me dan está vacío".
Tremenda acusación, pero cierta, también hoy, en la mayoría de los casos.
Todo culto que no proceda del corazón
y no lleve a descubrir la cercanía de Dios, es inútil.
.....................

Dios no tiene ojos para ver las ceremonias
ni oídos para escuchar los cantos y oraciones.
Eres tú el que tienes que descubrir a Dios dentro de ti
y escuchar lo que te dice a través de tu propio ser.
Sin esa escucha, no hay religiosidad posible.
....................

Los ritos, ceremonias, sacramentos y oraciones
son útiles en la medida que me llevan al interior de mí mismo,
Me hacen descubrir lo que Dios es para mí en ese instante
y me llevan a vivir y manifestar esa realidad en mi relación con los demás.
....................

Fray Marcos





JESÚS Y LA RELIGIÓN
Escrito por  José Enrique Galarreta

El texto que leemos ha sido despiadadamente mutilado, eligiendo un serie de versículos y prescindiendo de otros, con lo que se pierde bastante de la energía de la composición de Marcos, aunque se conserva lo esencial. El texto completo es:

Cp 7|v1 Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. |v2 Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, |v3 es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, |v4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas .

|v5 Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: « ¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras? »

|v6 El les dijo: « Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. |v7 En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. |v8 Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. » |v9 Les decía también: « ¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! |v10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. Pero vosotros decís: |v11 Si uno dice a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán es decir: ofrenda ", |v12 ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, |v13 anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas. »

|v14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: « Oídme todos y entended. |v15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. |v16 Quien tenga oídos para oír, que oiga. » |v17 Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. |v18 El les dijo: « ¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, |v19 pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado? » así declaraba puros todos los alimentos .

|v20 Y decía: « Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. |v21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, |v22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. |v23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre. » (Mc 7:1 23)

Los versículos suprimidos son 8-13 y 15-20. En 8-13 Jesús aplica la doctrina no sólo a las costumbres tradicionales sino a la misma interpretación de la Ley que hacen los fariseos. En efecto, los fariseos habían desarrollado los preceptos de la Ley ampliándolos y especificándolos en infinitos mandamientos, transmitidos muchas veces oralmente. Esta enorme carga de preceptos era absolutamente incumplible por la gente normal, pero se observaba meticulosamente por parte de los fariseos, que se consideraban, por ello, "justos". Jesús rechaza en principio todo ese mundo de preceptos pero, además, la misma interpretación de la Ley como cumplimiento escrupuloso de preceptos. Lo que mancha al hombre no viene de fuera, sino de dentro: las cosas no son puras o impuras; es el corazón del hombre lo que las hace puras o impuras.

En 15-20 se da la enseñanza al pueblo, en contraposición de 21-23 en que se explica todo más detenidamente a los discípulos. Marcos va subrayando cada vez más la doble actividad de Jesús: con las masas y con los discípulos. En esta línea se inscribirá el "secreto mesiánico", tan característico de Marcos, que en definitiva significa el alejamiento por parte de Jesús del concepto mesiánico habitual, sustituyéndolo por el anuncio de la cruz y la resurrección.

Así, la enseñanza de Jesús pasa de la defensa de los discípulos porque no cumplen todas las tradiciones farisaicas, a una interpretación mucho más profunda y espiritual de la ley y de la religión misma.

El texto refleja dos oposiciones históricamente reales: la que opusieron a Jesús los fariseos y los letrados (especialmente los de Jerusalén), y la que sufrieron las comunidades cristianas por parte de esos mismos fariseos, ya en el nacimiento de las comunidades cristianas (recuérdese la persecución ejercida por el fariseo Saulo) y más radicalmente tras la destrucción del Templo y la desaparición de la clase sacerdotal.

Es un texto muy característico de la mentalidad e intención de Marcos. Desde el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea, Marcos presenta la oposición de los fariseos y los letrados, en contraste con el entusiasmo de la gente. Desde los capítulos primero y segundo se subraya la oposición larvada, que se hace manifiesta en la comida en casa de Leví (2, 16), en el ayuno (2,18) en las acciones y curaciones en sábado (2,23. 3,1). Esta oposición va a ir creciendo hasta convertirse en una verdadera persecución. Ya en 3,6 los fariseos y los herodianos se proponen acabar con él, y en 3,22 dicen que lleva dentro a Belcebú.

Marcos presenta pues una figura de Jesús sumamente polémica, que culmina en la gran reprobación del capítulo 12, en vísperas de la Pasión, cuando ya la situación de ruptura es irreversible. Así, el evangelio de Marcos representa una posición muy diferente a la de Mateo, que presenta a Jesús mucho más como culminación de la Ley, aunque es el que más violentamente narra la oposición y condena de los fariseos en el terrible capítulo 23.

Marcos nos muestra la evolución de las comunidades cristianas, que parten de entender a Jesús desde la Antigua Ley, como cumbre de la misma, y llegan hasta entenderle como "vino nuevo que rompe los odres viejos" (Mc.2,22).

REFLEXIÓN
El evangelio de Marcos nos invita a entrar una vez más en el mundo de la religiosidad, de las deformaciones de la religiosidad, y de la extremada supremacía del mensaje de Jesús sobre otras formas de religiosidad, presentes tanto en su entorno como en nosotros, hoy. A Jesús lo llevarán a la muerte cuatro irreligiosidades básicas: la de los fariseos y letrados, la de los saduceos y sacerdotes, la de los políticos romanos, la del pueblo.

Los saduceos, los sacerdotes y el poder político romano serán los que definitivamente y como protagonistas eliminen a Jesús: lo consideran un peligro para la estabilidad y la conveniencia.Jesús desequilibra una situación conveniente: el status quo entre el poder de Israel y Roma, el enorme negocio del Templo, la religión "oficial", la estabilidad política y religiosa, injusta pero conveniente para las clases dirigentes.

Externamente, el pueblo abandona a Jesús en el momento más importante. Las autoridades temían que detener a Jesús públicamente produjera una revuelta, pero se equivocaban: el pueblo tiene que elegir entre la religión de Jesús, tan pura, tan personal y tan poco nacionalista, y la religión tradicional. Y el pecado del pueblo es elegir "pan y circo", como se muestra en la reacción popular ante la multiplicación de los panes: un mesías milagrero que da de comer gratis, ése es nuestro rey. Un Mesías desinteresado por esos aspectos, que predica el Reino a los pobres y propone como programa la conversión, deja de ser popular. La inmensa mayoría del pueblo no quiere conversión sino facilidades materiales.

En lo más íntimo del problema, los fariseos y los letrados, que entienden muy bien el meollo del problema, desde el principio: no se trata de política o de nacionalismo religioso, se trata del corazón de la religión. Y esta polémica es absolutamente actual, en el corazón de cada uno y en la concepción misma de la iglesia.

Hay dos clases de "religión". Una "de fuera a dentro y de arriba a abajo". Otra "de dentro a fuera y de abajo a arriba", y éstas dos se pelean en el mundo y en cada uno de nosotros. "De fuera a dentro y de arriba a abajo" significa separar el mundo en sagrado/profano, entender a los creyentes como privilegiados, dar valor objetivo al culto por el mero hecho de asistir a lo que se celebra, sentirse justo por cumplir preceptos, imaginar a Dios como juez, creer más en la divinidad que en la humanidad de Jesús, entender a la jerarquía religiosa desde los parámetros del poder civil multiplicado por el aval divino. Es una religiosidad fundada en la seguridad, en la posesión de la Palabra, no siente la necesidad de cambio (más aún, lo teme y lo rechaza), tiende a excluir y condenar a los que piensan de distinta manera, da gran importancia a las manifestaciones externas de lo religioso, se considera maestra de todos los demás.

"De dentro afuera y de abajo a arriba" significa que la esencia de lo religioso es la búsqueda de sentido a la vida desde el interior, sentir a Dios como levadura de todo lo humano, entender la divinidad desde la humanidad de Jesús, no sentirse poseedor de la verdad absoluta sino mensajero de una palabra que es para todos, sentir menos seguridad que necesidad de buscar y caminar, sentirse inclinado a compartir la búsqueda con todos los hombres de buena voluntad, preferir sembrar entre los sencillos que dominar desde las estructuras, no entender el pecado como ofensa sino como enfermedad, sentirse invitado a cambiar todos los segundos de la vida, no utilizar la Palabra como seguridad sino como llamada a la conversión.

Los fariseos y los letrados fueron expresión paradigmática de la primera actitud: Dios es para Israel; la palabra humana de la Ley está avalada por Dios; cumplir los preceptos nos hace justos ante Dios; la autoridad de la tradición es inmutable, tan importante como la misma Palabra de Dios; sólo los jerárquicamente autorizados pueden interpretar la palabra; el pueblo es pecador y sus jefes, letrados y sacerdotes son santos.

Jesús es la más sorprendente manifestación de todo lo contrario; es la gente sencilla la que entiende la Palabra; la Palabra transforma la vida desde dentro, como la semilla, como la levadura; los preceptos son para el hombre, y no al revés; nadie es más que nadie, ni el israelita más que el gentil ni el juez más que la viuda ni el sabio más que el niño ni el varón más que la mujer, ni el ortodoxo más que el hereje; los jefes no tienen poder sino más obligación de servir; no se trata de ganar la vida eterna invirtiendo lo que me sobra en limosnas, sino de ser capaz de con-padecer y evitar el sufrimiento de los hermanos.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Nuestra religiosidad es un proceso de conversión. De dentro a fuera. Religión no es someterse a unos modos culturales establecidos y convenientes sino atender a la Palabra de Dios y seguirla. La religión que fundamenta y justifica los modos y costumbres de una sociedad es sospechosa. La Palabra llama siempre a caminar. La religión que lleva a que nos consideremos justos es más sospechosa aún. La Palabra hace que nos sintamos cada vez más insuficientes y necesitados de Dios.

La conversión es siempre conversión a la Palabra: dichosos los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica. Y la Palabra es el Evangelio, la Palabra es Jesús. En todos los tiempos, y en el nuestro como en todos o más que nunca, volver al evangelio es la asignatura pendiente de cada cristiano y de la iglesia, del magisterio y la teología.

A veces siente uno la impresión de que la Teología considera al Evangelio como demasiado simple, que hay que desarrollar en forma doctrinal, científica y sistemática, lo que en los evangelios tiene forma de dichos y parábolas. Pero cada vez que meditamos los dichos, las parábolas, los gestos de Jesús, encontramos en ellos tal profundidad que cada uno de ellos, por sí mismos, es capaz de transformar nuestra religiosidad y revolver nuestros criterios y certezas.

A veces tiene uno la impresión de que predomina entre los cristianos cierta espiritualidad de "cumplimiento para la seguridad": obediencia a magisterio seguro, normas morales fijas y claras, observancia de lo cultual como obediencia. Todas estas cosas tienen que existir, pero no como protagonistas de lo religioso: el protagonismo de lo religioso es la disposición a cambiar urgidos por la palabra, en el ámbito individual y en el colectivo.

Por todo lo anterior debemos concluir al menos en dos reflexiones básicas, de importante aplicación actual:

- ante todo, la necesidad inexcusable de todo cristiano y de la iglesia como comunidad, de atender permanentemente a la Palabra, tal como el evangelio la presenta: entenderla, meditarla, hacer de ella alimento cotidiano. Su capacidad de cuestionar nuestra vida, criterios y valores es más que humana. Ése es el pan bajado del cielo y el único que pude dar vida eterna. No hay cristianismo ni iglesia sin el alimento de La Palabra.

- las polémicas con los letrados y fariseos son sin duda relatos históricos, pero adquieren valor de símbolo de la resistencia del pecado a la palabra, y siguen existiendo en cada uno de nosotros y en la iglesia como comunidad. La historia nos muestra a aquellas personas como soberbias, vengativas, inmisericordes... pero consideradas por los demás (y por sí mismos) como "justas", por la ortodoxia dogmática y el cumplimiento de preceptos externos. Esto no es un simple acontecimiento histórico, algo que sucedió una vez; es la cara más peligrosa del pecado, es el Mal disfrazado de Religión; y es quizá una de nuestras tentaciones más peligrosas, a nivel personal y de Iglesia.

- volvamos a la carta de Santiago, que termina con una expresión absolutamente drástica:

"religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo".

No se puede dar mejor resumen de la mentalidad completa de Jesús. Debemos sacar las consecuencias más severas: por decir esto lo mataron, lo mató la otra religión (¿la nuestra?).

José Enrique Galarreta