viernes, 24 de julio de 2015

NUESTRO GRAN PECADO - José Antonio Pagola



NUESTRO GRAN PECADO - José Antonio Pagola

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque solo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿Quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿Hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿Se producirá algún día ese «milagro» de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

SIGUIENDO TUS HUELLAS, SEÑOR
Escrito por  Florentino Ulibarri

Partir con quien nada tiene,
pero que es digno de todo lo mejor
a sus ojos tristes y rojos,
y a los de Dios que nos mira a todos.

Partir no sólo lo sobrante,
también lo que hemos robado,
lo que hemos trabajado,
y hasta lo que nos es necesario.

Partir por justicia, por amor,
por encima de lo que es legal,
sin intereses y sin llevar la  cuenta,
hasta que el otro sienta la hermandad.

Partir con sencillez y entrega,
sin creerse mejor ni superior,
sin exigir cambio, ni recompensa,
ni reconocimiento a nuestra actitud.

Partir, y aceptar decrecer
sin agobio, sin temor, sin tristeza,
con la confianza puesta en ti
para hacer posible la fraternidad.

Partir evangélicamente
en todo tiempo, en todo lugar,
dentro y fuera de nuestro hogar,
en toda ocasión, aquí, ahora ya.

Partir, o al menos intentarlo cada día,
nunca en solitario, siempre en compañía;
pero sin pretensiones ni vanidad,
sólo para hacer posible el compartir.

Como Tú, Señor.





LA GENTE ACEPTA QUE LE DEN, PERO NO ACEPTA DARSE
Escrito por  Fray Marcos
Jn 6, 1-15

El domingo pasado nos dejaba el relato evangélico de Mc ante la multiplicación de los panes. En su lugar, la liturgia inserta, a partir de este domingo, todo el c. 6 de Jn. Es el más largo y denso de todos los evangelios, y que nos va a ocupar cinco domingos. En sus 71 versículos, partiendo de la multiplicación de los panes, elabora toda una teología del seguimiento. En el fondo se trata de un proceso de iniciación catequética, que en la comunidad duraba varios años y que, al final, obligaba a tomar una decisión definitiva: el bautismo.

El evangelio de Jn fue escrito en una comunidad de iniciados para su uso en ella. Todos comprenden los signos que en él se emplean. Este evangelio es esotérico. La numerología, la cábala, el tarot, lo impregnan todo. Los 21 capítulos del evangelio se corresponden con cada una de las cartas del tarot. La 6ª (el enamorado) representa un joven en un cruce de caminos, ante dos doncellas. Una, de amarillo y verde, representa la vida sensitiva. Otra, de azul, representa la vida espiritual. El joven tiene que elegir uno de los dos caminos.

Como siempre en Jn, todo son símbolos, El monte es el lugar donde habita la divinidad. Jesús subió al lugar que le es propio. Sentarse es el símbolo de enseñanza rabínica. "Estaba cerca la Pascua", no es un dato cronológico, sino teológico. La gente no sube a Jerusalén, como era su obligación, sino que busca en Jesús la liberación, que el templo no puede darles

El dinero tiene un significado profundo. El dinero es lo que había desplazado a Dios del templo, utilizado por el sistema opresor, es el causante de la injusticia y del hambre. Comprar pan, es obtener un bien necesario para la vida, a cambio de dinero, inventado para dominar. El vendedor dispone del alimento; lo cede solo bajo ciertas condiciones dictadas por él. La vida no está al alcance de todos, sino mediatizada por los que detentan el poder. Jesús no acepta tal estructura, pero quiere saber si sus discípulos la aceptan. Felipe no ve solución. Doscientos denarios era el salario de más de medio año de trabajo.

Andrés muestra otro posible horizonte; una solución distinta a la del comprar. Habla de los panes y los peces que descubre como algo de lo que se puede disponer. El muchacho (muchachito, doble diminutivo) representa al insignificante grupo de los discípulos. Los números simbólicos 5+2=7 indican totalidad. Todo se pone a disposición de los demás. Al decir que son de cebada, pone en relación este episodio con el de Eliseo; pero marca una gran diferencia: Eliseo dio de comer a cien, con veinte panes. Jesús da de comer a cinco mil con cinco. La propuesta de Andrés es la adecuada pero no sirve. No hay medios suficientes.

Comer recostado era signo de hombres libres. Jesús quiere que todos se sientan personas con su propia responsabilidad. No quiere servidumbres ni dependencias de ninguna clase. Aquí está ya apuntando a la falsa interpretación que van a hacer del signo. El lugar (con artículo determinado) era el modo de designar el templo. Dios no está ya en el templo sino donde está Jesús. La mucha hierba, signo de la abundancia de los tiempos mesiánicos.

Pronunció la acción de gracias (eucaristhsaV). Este dato tiene mucha miga. Se trata  de conectar la comida con el ámbito de lo divino (los sinópticos hablan de elevar la mirada al cielo). Se reconoce que el alimento es don de Dios a todos; nadie puede apropiárselo para después sacar provecho de su venta. Una vez liberado del acaparamiento egoísta, todos tendrán acceso a ese bien necesario. Su finalidad primera, alimentar, se eleva para convertirlo en signo de Vida. Solo en este nuevo espacio es posible el compartir.

Recoged los pedazos que han sobrado. Lo sobrado, no tiene sentido de resto, desperdicio sino de sobrante, sobreabun­dante. En la Didaché se llama al pan eucarístico "los trozos" (klasma). Deben recogerlos porque la comunidad tiene que continuar la obra de la entrega. Otra gran diferencia con la experiencia del Éxodo. El maná no duraba de un día para otro; lo que Jesús ofrece tiene valor permanente y hay que cuidarlo. Recordemos que en los Hch se llama a la eucaristía "la fracción del pan". No es pan, sino pan partido.

Llenaron doce canastas. "doce" no hace referencia a los apóstoles (en Jn no se identifica los discípulos con los 12). Es más probable que haga referencia a las doce tribus de Israel, como símbolo de todo el pueblo que había acompañado a Moisés por el desierto. El profeta que tenía que venir al mundo estaba anunciado en (Dt 18,15). Se trata de un profeta como Moisés que haría los mismos prodigios que él. No reconocen la novedad de Jesús. Siguen creyendo en una salvación venida de fuera, al estilo del A T. Más tarde se establece una clara distinción entre el alimento que les da Jesús y el maná.

El intentar hacerle rey demuestra que no han entendido nada. La multitud queda satisfecha con haber comido. La identificación con Jesús y su mensaje no les interesa. Sus intereses están muy lejos de la exigencia de Jesús. Jesús quiere liberarles, ellos prefieren seguir dependiendo de otro. Jesús les pide generosidad; ellos prefieren recibir gratis. Jesús quiere asociarlos a su obra; ellos quieren descargar en un jefe su responsabilidad. La solución no es el dinero o un milagro externo, sino el saber compartir todo con todos. La verdadera salvación no está en que alguien solucione nuestros problemas. La liberación está en superar el egoísmo y estar dispuesto a dar a los demás lo que uno tiene y lo que uno es.

Se retiró a la montaña él solo. En algunos manuscritos se dice que 'huyó' al monte. Jesús sube al lo alto, mientras los discípulos bajan... Ante la total incomprensión de la gente, Jesús no tiene alternativa, se vuelve al monte (lugar de la divinidad). Completamente solo, como Moisés después que el pueblo traicionó a su Dios, haciéndose un ídolo. Este paralelo con Moisés, muestra la gravedad de lo sucedido. Haciendo de Jesús un Mesías poderoso, repiten la idolatría de los israelitas en el desierto. Ambos quieren adorar a Dios, pero bajo la falsa imagen (ídolo) que ellos mismos habían hecho de Él.

El dinero sigue siendo hoy la causa de toda desigualdad. Todo tiene un precio, incluídos los bienes espirituales. La gratuidad y el compartir son conceptos que han desaparecido de nuestra sociedad. Conocemos bien la alternativa; seguimos ante la encrucijada pero aún no hemos tomado una decisión. No somos conscientes de que no tomar el camino espiritual, es ya dejarnos llevar por el hedonismo. La búsqueda de placer a cualquier precio es la tónica de nuestra sociedad. En el mejor de los casos, nos empeñamos en ir por dos caminos opuestos al mismo tiempo. La religión como la mayoría la entiende, nos lleva a la esquizofrenia.

Jesús pudo escapar de la pretensión de aquella gente, pero de nosotros, no puede escapar y lo hemos proclamado rey del universo. Cada uno de nosotros debemos examinar los motivos que nos mantienen unidos a Jesús. ¿Por qué somos cristianos? ¿Por qué venimos a misa? Yo os lo voy a decir: Para asegurarnos sus favores aquí abajo y además, garantiaza una eternidad dichosa en el cielo. ¡Poco han cambiado las cosas! También nosotros seguimos sin querer saber nada del servicio y la entrega a los demás. El evangelio sigue sin estrenar

Seguimos tratando de poner lo espiritual al servicio de lo material, que es lo que de verdad nos interesa. No nos interesa lo que Dios quiere de nosotros, sino lo que nosotros esperamos de Dios. No nos importa la visión trascendente de la vida, sino que el Todopoderoso se ponga a nuestro servicio. Si todos los que nos llamamos cristianos empezáramos a compartir, como Jesús nos pide en el evangelio, se produciría la mayor revolución de la historia humana. Si esperamos a compartir cuando hayamos cubierto todas nuestras necesidades, nunca compartiremos nada, porque la técnica del capitalismo hedonista es precisamente aumentar las necesidades a medida que se van satisfaciendo.

Meditación-contemplación

"Se retiró a la montaña él solo".
Una vez más queda clara la actitud de Jesús.
Él no quiere estar por encima de los demás.
Tampoco quiere que la gente se esclavice.
................

La auténtica salvación no puede venir de fuera.
Porque la verdadera esclavitud viene del falso yo.
Jesús quiere personas libres y responsables.
No acepta títeres ni gregarios que dependan de los demás.
.......................

Debes tomar las riendas de tu propio destino
y escapar de la tiranía de todo lo que te atenaza.
El horizonte de tu plenitud está dentro de ti.
Lo externo ni te tiene que atar ni te puede liberar.
..................

Fray Marcos





JESÚS PREPARA UN DISCURSO
Escrito por  José Luis Sicre

A la tercera ola de calor que padecemos en España se añaden, por obra y gracia del zapping litúrgico, cinco domingos dedicados a la lectura del evangelio de san Juan: el discurso del pan de vida, precedido del milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Un caso extraño
Es raro que Juan coincida con los Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) en algún relato. Este de la multiplicación de los panes y los peces es uno de los pocos casos, pero conviene advertir los matices propios de Juan. El primero es la fecha: «Estaba próxima a la Pascua, la fiesta de los judíos.» Ninguno de los Sinópticos ofrece esta indicación, que para Juan es muy importante: hace referencia al momento de la muerte de Jesús. Juan no cuenta la institución de la Eucaristía, pero este milagro, ocurrido en la misma fiesta, simboliza la idea de que Jesús alimenta a su pueblo.

Jesús y Eliseo
Uno de los grandes obradores de milagros en el Antiguo Testamento es el profeta Eliseo. La 1ª lectura recoge cómo alimentó con veinte panes de cebada a cien personas (teniendo en cuenta las dimensiones de los antiguos panes, no era demasiado difícil sacar un bocadillo para cada uno). En contra de las dudas de su criado, comieron todos y sobró.

El milagro de la multiplicación de los panes y los peces está calcado sobre el de Eliseo, pero aumentando las dificultades. En vez de cien personas son cinco mil (los Sinópticos añaden "sin contar mujeres y niños", Juan sólo menciona a los varones). Y en vez de veinte panes, Jesús sólo dispone de cinco. Para dejar clara la dificultad se indica lo que costaría alimentar a esa gente: 200 denarios. El denario era el salario diario de un campesino; 200 denarios suponen una cantidad muy grande para un grupo que vive de limosna, como el de Jesús.

A pesar de todo, igual que Eliseo dijo: «comerán y sobrará», los comensales de Jesús comen «todo lo que quisieron» y, para demostrar la abundancia, se recogen doce canastos de sobras.

La relación entre el milagro de Jesús y el de Eliseo queda especialmente clara en Juan, ya que mientras los Sinópticos hablan simplemente de "cinco panes", Juan indica que son "panes de cebada", como los que regalan a Eliseo.

Simbolismo eucarístico
Mateo, al contar este milagro, omite la referencia a los peces en el momento de la multiplicación, para subrayar la importancia del pan como símbolo eucarístico.

Juan lo sugiere de forma distinta. La orden de Jesús: "Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda", la refieren los discípulos sólo a los panes, no se preocupan de los peces. Es probable que estas palabras de Jesús reflejen la práctica litúrgica posterior, cuando se pensó que el pan eucarístico no podía ser tratado como otro cualquiera.

La reacción del pueblo y la reacción de Jesús
En los Sinópticos, la gente no es consciente del milagro ocurrido. En Juan, el pueblo se sorprende de lo hecho por Jesús y deduce que es el profeta esperado, semejante a Moisés, que alimentó al pueblo en el desierto. A primera vista, extraña que identifiquen a ese «profeta que iba a venir al mundo» con el futuro rey de Israel. Pero Flavio Josefo habla de profetas que se presentaban en el siglo I con pretensiones regias, mesiánicas.

La intención del pueblo es claramente revolucionaria, nombrar un rey que los gobierne distinto del César romano, un rey que los libere. Pero Jesús no comparte ese punto de vista y huye.

Un milagro que continúa en un discurso
En los Sinópticos, el milagro está cerrado en sí mismo. En Juan, el milagro supone el punto de partida para un largo discurso, que se leerá en los próximos domingos. Es importante recordar este detalle al comentar el texto: se puede subrayar la preocupación de Jesús por la gente, su poder infinitamente superior al de Eliseo, el simbolismo eucarístico, la oposición de Jesús a un mesianismo político... pero hay que dejar claro que el relato es sólo la puerta a un discurso. «Ahora viene lo bueno».

Pero Juan, al escribir los discursos de Jesús, los concebía como un desafío para el lector: no se debían entender a la primera, sino tras diversas lecturas y continua reflexión. Por desgracia, la mayoría de los fieles no está para muchos desafíos en el mes de agosto. Sobre todo, si continúa la tercera ola.

José Luis Sicre



JESÚS ROMPE NUESTROS ODRES VIEJOS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Jn 6, 1-15

Hasta ahora veníamos haciendo una lectura continua del evangelio de Marcos. Hoy la interrumpimos, para leer el capítulo 6º de Juan prácticamente entero, hasta el domingo 21. La razón está en que en los tres ciclos A, B y C leeremos los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, pero no el de Juan. Se recurre a él algunas veces, cuando parece que expresa mejor que los otros algún aspecto importante. Este es el caso de hoy.

El evangelio de Marcos llegaba a la multiplicación de los panes y los peces, y este episodio está en Juan más desarrollado, de manera que ofrece todo un tratado teológico, que vamos a ir leyendo en los domingos siguientes. Desde este domingo hasta el 21, leeremos el largo capítulo 6º de Juan, que se ha llamado, "el discurso del pan de vida"

Hoy leemos el relato de la multiplicación de los panes y los peces, que dará origen a todo el sermón y las discusiones posteriores. La gente ha seguido a Jesús fuera de poblado, se hace tarde y los discípulos apremian a Jesús para que los despida. Jesús no lo hace, sino que les da de comer, con sólo cinco panes y dos peces.

En el relato se funden tres estratos: el primero, un hecho sorprendente que sin duda ocurrió, y que se conserva en la memoria de los testigos. El segundo, una amplificación de tipo más bien legendario, producto sin duda de la fama que cobró tanto el relato como el mismo Jesús. Tercero, una utilización del relato para la catequesis acerca de Jesús mismo, entendido como alimento, y aplicada después a la eucaristía.

Nos gustaría recomponer exactamente el suceso, qué pasó, qué vieron los ojos. Nos resistimos a aceptar un milagro tan poco acorde con las costumbres de Jesús; somos capaces de aceptar a Jesús sanador, pero estos otros milagros que llamamos "de naturaleza" (éste, la tempestad calmada, las bodas de Caná...) nos resultan un tanto desconcertantes.

En el que hoy nos ocupa no falta quien lo interpreta de modo completamente natural: Jesús consiguió que la gente compartiera lo que cada uno llevaba, y bastó para todos y más. El milagro consiste en que todos compartan su pan. Es muy sugerente, pero no parece que los textos estén diciendo eso. De todas formas, dada la cantidad de simbolismos que se han ido añadiendo al relato, es muy difícil conseguir una reconstrucción de los hechos.

Los símbolos intentan interpretar aquel relato, ofrecer un mensaje a la fe. Este mensaje no es el poder de Dios y la abundancia material del reino del Mesías; ésta será la interpretación de la gente, que Jesús rechaza. La interpretación vendrá dada en los párrafos posteriores, que leeremos los domingos siguientes.

REFLEXIÓN
Los signos del evangelio de Juan se presentan siempre a partir de una narración, para elevarse a un mensaje (y en el proceso, no pocas veces los sucesos se convierten en símbolos y al revés, los símbolos son entendidos como sucesos). Recordaremos cuatro de estos hechos/signos.

El pan (la multiplicación), el agua (la samaritana), el vino (las bodas de Caná), la luz (el ciego de nacimiento). En todos ellos, el autor se eleva de la narración de un suceso al mensaje sobre Jesús, que en los cuatro es semejante o complementario: Jesús es el pan bajado del cielo, el agua viva, el vino nuevo, la luz que lucha con las tinieblas. Son éstas interpretaciones metafóricas de Jesús las que constituyen el mensaje.

El mensaje, en estos y otros pasajes, parece variado, pero en el fondo es el mismo: el Reino como abundancia, como banquete, ofrecido por Dios mismo, visible en el Jesús de carne y hueso (de carne y sangre). Aceptar a Jesús es aceptar la abundancia del Reino, vivir saciado y a plena luz. Debemos recordar que, aunque el cuarto evangelio no tiene parábolas propiamente dichas, se expresa en términos metafóricos, no en conceptos metafísicos.

Si convertimos las metáforas en conceptos podemos llegar a conclusiones desastrosas, enteramente ajenas a lo que el autor quiso comunicar. (Como la escalofriante "teología de la comunión", entendida como "tragarse físicamente a Dios para que produzca un efecto espiritual").

Pero en este texto todavía no se ha planteado la catequesis sobre Jesús/abundancia, que veremos en los domingos siguientes. Los temas protagonistas de hoy son otros, dos en concreto y muy importantes. Ante todo, el banquete de Jesús ofrecido a toda la gente.

Todo el que viene a Jesús es alimentado, Jesús atiende al hambre de todos, simplemente porque están hambrientos. Este tema está profundamente conectado con las famosas comidas de Jesús con publicanos y pecadores. Esa "comensalía abierta" de Jesús es una de sus características, tan notable y sorprendente que provocó el escándalo de legistas y fariseos. Jesús es pecador porque come con pecadores. Pero Jesús da otra explicación: el médico tiene que estar donde están los enfermos.

Esta actitud de Jesús subvierte una concepción religiosa muy frecuente: el santo debe estar separado, lejano, elevado sobre la gente normal, que, por definición, es impura, pecadora, desconocedora de la Ley.

En resumen, Dios está en el escalafón superior, con los importantes de la religión y de la sociedad. Pero Jesús no es así, Jesús está con todos, come con todos, se roza con todos; pero más especialmente, más habitualmente, diríamos que más a gusto, con la gente más sencilla, incluso con la más marginal.

Por otra parte, los asistentes al banquete sacan conclusiones equivocadas: quieren hacerle rey. Es obvio entender que la proclamación, en Israel, equivale al reconocimiento como Mesías, el Rey Libertador por excelencia, el esperado.

Y ¿qué mejor Rey/ Mesías que alguien que cura las enfermedades y da de comer gratis y en abundancia?. Como hemos dicho ya otras veces, la gente - incluidos sus discípulos- están dispuestos a aclamar a Jesús como Mesías. A lo que no están dispuestos es a cambiar su imagen de Mesías, a admitir que el Mesías no va a ser el Rey que ellos esperan, sino Jesús, tal como es. Ésta va a ser una de las líneas de fuerza de estos cuatro domingos: Jesús va a hablar del pan del cielo, del alimento del Espíritu, y le van a entender todo al revés.

Ésta va a ser una de las crisis más fuertes de la vida de Jesús (suele hablarse de "la crisis galilea") que fue significativa en su vida, y probablemente determinante para su muerte. Pero, además, es un mensaje muy importante para nosotros: hasta qué punto seguimos a Jesús; si le seguimos solamente mientras nos parece razonable, mientras concuerda con nuestras expectativas religiosas, o somos capaces de seguirle incondicionalmente, dejándonos cambiar por él.

Fue un drama para sus discípulos, y para las primeras comunidades. Los discípulos esperaban a un Mesías Davídico. Estuvieron a punto de perder toda fe en Jesús por su muerte en la cruz. Tuvieron que cambiar de mente, y esto se produjo sólo cuando, como fruto de la resurrección, creyeron en él, como hemos visto en los domingos de Pascua.

Las primeras comunidades tuvieron que abrirse al mundo, entender que Jesús rompía los moldes de la Antigua Ley, prescindir de la circuncisión, de los alimentos tabúes, del Templo, del Sábado .... Lo hicieron: su fe en Jesús fue capaz de cambiarles radicalmente.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Jesús marchándose al monte, él solo, a orar, mientras la gente se va a su casa, decepcionada, sintiendo que está echando a perder la gran oportunidad ... Se nos invita a una revisión profunda de criterios. El estilo de Jesús y nuestro estilo, sus valores y los nuestros.

Jesús es vino nuevo que rompe continuamente nuestros viejos odres. Si la fe en Jesús no nos va rompiendo constantemente viejas convicciones, desconfiemos. Jesús es caminante, siempre se marcha hacia delante: ir con Jesús es siempre estar dispuesto a abandonar algo que teníamos como seguro e indispensable; y no siempre por algo mejor sino, siempre, por confiar en él, por creer en él.

José Enrique Galarreta