jueves, 25 de junio de 2015

HERIDAS SECRETAS - José Antonio Pagola


HERIDAS SECRETA - José Antonio Pagola

No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se ha pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.

Personas buenas que se sienten indignas de acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza» de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.

La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan:

«Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

13 Tiempo Ordinario - B
(Marcos 5,21-43)
28 de junio 2015
TALITHA QUMI
Escrito por  Florentino Ulibarri

A ti, que eres pobre y pequeña,
que desconfías de mi amor y presencia,
que vives en el destierro y la periferia,
que evitas el silencio y la escucha,
que te abruma la soledad y la lejanía,
que estás marcada por los fracasos y la melancolía,
que tienes hambre y sed de ternura,
que dudas de las cosas gratuitas,
que te sientes olvidada e incomprendida,
que te asfixia el peso de las estructuras,
que no encuentras lo que tanto anhelas cada día,
que te enfrían tantas y tantas rutinas,
que acumulas miedos y heridas,
que andas sin rumbo y perdida,
que has dejado de ser experta en cosas de la vida,
que nadie te quiere por compañera,
que quedas excluida de las nuevas iniciativas,
que te andas dolorida y quejosa,
que recibes el desprecio de quienes te miran,
que eres débil aunque tengas aires de grandeza,
que te consideran vieja y anacrónica,
que sufres tus propias incoherencias,
que te has convertido en hazmerreir de los que triunfan,
que dudas del sentido de la historia y de tu vida,
que no puedes explicar lo que te pasa y desconcierta,
que estás más muerta que viva...
a ti te digo:
Talitha qumi.

¡Escucha, levántate y camina!



¿QUÉ SALVACIÓN BUSCO?
Escrito por  Fray Marcos
Mc 5, 21-42

Del final del c. 4 de Mc, pasamos al final de c. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdo, que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca. Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del "poder"de Jesússobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de "poder"sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: "Poder"sobre la enfermedad (la hemorroísa); Y  "poder"sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadorade Jesús.

En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen  de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de  vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús. La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy. Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. Es muy interesante constatar que en los dos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de puesta en marcha de la curación-salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice: "La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella". Es muy difícil hacernos una idea de como quedaban limitadas las posibilida­des de relaciones sociales y religiosas con esta ley. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera­ción de impura. La hemorroísa tenía prohibido, por imperativo social y religioso, tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía la devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta "¿Quién me ha tocado?", está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo. Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo "impuro" de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Se da una complicidad total entre dos seres humanos que se relacionan desde lo más hondo de su ser. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso. La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera. Se seca la fuente de su hemorragia. Subjetivamente, nota que había sido curada.

El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús. Es la fe-confianza de la mujer la que desencadena los aconteci­mientos. También es interesante la alusión a una fuerza especial que sale de Jesús. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de "milagros". No significa una acción que va en contra de las leyes de la naturale­za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone la racionalidad humana.Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas que están siempre a nuestro favor. Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante. Cogió de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate!, el mismo verbo Mc emplea para hablar de resurrección. En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar el contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.

No nos engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas puntuales de aquí abajo. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados y explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte. La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros. No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser o/y a los demás.

En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la  salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello. También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantas personas atrapadas por las interpretaciones aberrantes de Dios. La religión, mal entendida, seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

Meditación-contemplación

"Tu fe te ha curado". "Basta que tengas fe".
En el orden espiritual, es imprescindible la fe.
Aunque sería cómodo, las seguridades son imposibles.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.
........................

¡Despierta! ¡Resucita!
No permanezcas inerte en el cálido capullo,
que tú mimo has tejido.
Atrévete a volar.
Si no afrontas el riesgo, no encontrarás la Vida.
.......................

No te quejes de que estés apagado.
La culpa es tuya porque no acabas de conectarte.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que tocar la fuente de energía.
....................

Fray Marcos



EN BUSCA DE LA MEJOR MEDICINA
Escrito por  José Luis Sicre

La muñeca rusa
En los evangelios, los relatos de milagros son como contenedores bien cerrados, unos juntos a otros, sin que se mezcle su contenido. El pasaje de Marcos que leemos hoy recuerda, en cambio, a las muñecas rusas: un milagro dentro de otro. Jesús va a curar a una niña y se cuela por medio una enferma con flujo de sangre. Esa mezcla da gran dramatismo e interés al conjunto.

La medicina tradicional: imposición de manos
El comienzo parece normal: un padre preocupado por su hija gravemente enferma. Lo que no es normal es su convencimiento de que Jesús puede curarla con sólo ponerle la mano encima. En nuestra cultura, el enfermo agradece que el médico no le hable a distancia; que lo ausculte y lo palpe si es preciso. En la cultura antigua, el hombre santo y el curandero ejerce su poder mediante el contacto físico. Jesús cura a la suegra de Pedro tomándola de la mano; imponiendo las manos cura a diversos enfermos (Mc 6,5; Lc 4,40), a un sordomudo (Mc 7,32), a un ciego (Mc 8,23.25), a la mujer tullida (Lc 13,13); poniendo barro en los ojos del ciego de nacimiento le devuelve la vista (Jn 9,15); y a los discípulos les concede el poder de curar enfermos imponiendo las manos (Mc 16,18). Quien se haya fijado en las citas, habrá visto que casi todas son del evangelio de Marcos. Parece que a Mateo y Juan no les entusiasmaba el procedimiento, podría causar la impresión de un poder mágico.

Una nueva receta: tocar el manto
Si Jairo está convencido de que la imposición de manos de Jesús basta para salvar a su hija, la mujer con flujo de sangre va mucho más lejos: le bastaría tocar su manto. El relato acentúa la gravedad y persistencia de la enfermedad (¡doce años!), el fracaso de los médicos y el dineral gastado en buscarle solución. De repente, a la mujer le basta oír hablar de Jesús para depositar en él toda su confianza; ni siquiera en él, en su manto. ¿Fe o desesperación? Algunos de los primeros cristianos, amantes de aplicarse los relatos evangélicos, podrían identificarse fácilmente con la mujer. «Yo también estaba desesperado, oí hablar de Jesús, y todo cambió.»

La verdadera medicina: la fe
La mujer se cura al punto. Pero el relato toma un sesgo dramático. Jesús nota que una fuerza especial ha salido de él y quiere saber quién la ha provocado. Pregunta, rechaza la excusa de los discípulos, mira con atención a su alrededor, hasta que la mujer se presenta temblorosa y asustada. (Marcos describe a Jesús de forma tan humana, tan poco ortodoxa, que a Mateo por poco le dio un infarto y suprimió toda esa parte de su evangelio: Jesús sabe perfectamente lo que ha pasado.)

El lector termina poniéndose en contra de Jesús y a favor de la mujer. ¿Por qué le está haciendo pasar un rato tan malo? Es un recurso genial de Marcos, el mismo que utiliza en la curación de la hija de la mujer cananea: poner al lector en contra de Jesús y a favor del quien le suplica. ¿Para qué? Para que Jesús ofrezca al final la verdadera enseñanza.

Imaginemos que la mujer se cura y Jesús no pregunta nada. El lector se dice: «Llevaba razón la mujer. Bastaba con tocarle el manto.» Quizá añadiría: «En realidad, quien cura es Jesús, no el manto.» Pero todo el teatro montado por Jesús sirve para llegar a una conclusión muy distinta: «Hija, tu fe te ha curado.» Ni Jesús ni el manto, «tu fe». Esta afirmación podrá parecer atrevida, casi herética, a algunos teólogos. Pero, en este caso, Mateo y Lucas coincidieron con Marcos al pie de la letra: «Hija, tu fe te ha curado.»

Una medicina que, además de curar, resucita
La acción vuelve a su origen, pero de forma trágica: la niña ha muerto. No hay que molestar al Maestro. Pero Jesús le recomienda al padre la medicina usada por la hemorroisa: «No tengas miedo; tú ten fe, y basta». Siguen hasta la casa y se sumergen en un mundo de llantos y lamentos.

La gente es lista, no se deja engañar por Jesús
Cuando yo era joven, me indignaba leer que la gente se ríe de Jesús cuando dice que la niña no está muerta, sino dormida. Me parecía una tremenda falta de respeto. Pero estaba equivocado. La risa de la gente demuestra que Jesús no puede engañarlos. Él quiere pasar desapercibido, presentar lo que hace como algo normal, sin importancia; pero la gente sabe muy bien que la niña ha muerto, que Jesús ha realizado un gran milagro. El detalle final de darle a la niña de comer sirve para demostrar la realidad de la resurrección.

Resurrecciones en esta vida y fe en la vida futura
La resurrección de la hija de Jairo (contada por Marcos, Mateo y Lucas) trae a la memoria otros relatos parecidos, pero peculiares: la resurrección del hijo de la viuda de Naín, que sólo cuenta Lucas; y la resurrección de Lázaro, que sólo cuenta Juan. ¿Cómo es posible que estos dos hechos tan famosos no se encuentren en los cuatro evangelios? Es cierto que la tradición oral olvida a menudo cosas y detalles. Pero resulta extraño que un evangelista no los conozca. Como un biógrafo de Beethoven que no ha oído hablar de la 9ª Sinfonía.

A los evangelistas no les preocupaba, como a nosotros, el hecho histórico en cuanto tal, sino la realidad de lo que contaban. Lo importante no es que Jesús resucitara a Lázaro (que al cabo de los años volvería a morirse), sino que nos resucitará a todos a una vida sin fin. «Yo soy la resurrección y la vida» es también el gran mensaje de la resurrección de la hija de Jairo.

José Luis Sicre





Laudato si': Una encíclica estremecedora
Autor: Jorge Costadoat SJ.

laudato-si-en-las-manos-del-hombreAl papa “franciscano” le faltaba una encíclica sobre la creación. Hasta ahora para todos ha sido patente su “opción por los pobres”. El “pobre de Asís” estará feliz con que el papa Francisco no solo se haga cargo del tema ecológico, sino que, además, lo vincule con el de la pobreza. Laudato si’ es una encíclica impresionante. Se ocupa del medioambiente con una mirada integral, vinculando estrechamente lo ecológico y lo social, con el objeto de estremecer las conciencias de una humanidad que se salvará junta o junta acabará en un tarro basurero. El Papa hace un llamado a volver a amar nuestra Tierra, pues su estado es dramático. Lo hace con un lenguaje sencillo, suave en general, pero a veces duro y directo.

La encíclica abunda en describir los males que aquejan a la naturaleza y a las personas en ella. Estos son innumerables: deterioro del aire y de las aguas, deforestaciones, basura y contaminación en los mares, suciedad, aniquilación de especies vegetales y animales, y miseria humana por doquier. Al mismo tiempo, se evoca en la encíclica la belleza del mundo que hemos heredado y que hemos dejar en herencia a las futuras generaciones.

El Papa no ahorra palabras para denunciar a los culpables. En términos generales nuestra cultura consumista hace que prácticamente todos usemos y tiremos las sobras sin la más mínima responsabilidad con la naturaleza o el prójimo actual o futuro. Pero Francisco dirige los cañones contra los grandes poderes económicos y políticos, y la tecnocracia de que se sirven, para obtener las máximas ganancias con los menores costos posibles. Estos mismos poderes, sean corporaciones o países, son quienes le bajan el perfil al peligro del caos ecológico o esperan que algún día la ciencia y la economía encuentren la solución que siempre dicen se ha encontrado para que el progreso continúe. Es una misma la lógica explotadora que ha generado el daño ecológico y la pobreza. El Papa cuestiona radicalmente la idea predominante de progreso. Interroga a fondo la cultura moderna que ha despejado la cancha para intervenir la creación sin escrúpulos y la cultura posmoderna individualista y egoísta.

La encíclica ofrece una visión teológica del mundo. Dios creador hace de principio de unidad y de solidaridad de toda la realidad, del tiempo y del espacio, de lo grande y de lo pequeño, de los ricos y los pobres. Llama la atención como en ninguna otra encíclica papal anterior una visión amplia, integradora y profundamente histórica de la realidad, pero en clave apocalíptica. El futuro no está cerrado. La apocalíptica cristiana se nutre de la “buena noticia” de la resurrección de Cristo, pero incoa la posibilidad del desastre de la creación y, por lo mismo, urge proféticamente decisiones en el presente.

¿Qué hacer? La pendiente al desastre requiere de una reacción enérgica. Francisco habla de la necesidad de una “revolución cultural”. No tenemos actualmente la cultura suficiente para revertir la situación. Es preciso generarla. El Papa apela a cambiar la mirada, a desarrollar una espiritualidad sensible a la belleza y empática con cada uno de los seres, a cultivar estilos de vida cuidadosos de la naturaleza y del medio ambiente.

Se requiere, por otra parte, impactar en las prácticas actuales de consumo y enderezar la economía a otro tipo de crecimiento. Una mayor conciencia, reflejada en pequeños cambios de vida, en la medida que va cuajando en una educación de mayor responsabilidad con todo lo existente, puede incidir reorientando la economía en otra dirección. La política, sobre todo si es posible fortalecer alguna forma de gobierno internacional que pueda imperar soluciones globales, tendría que domeñar la libre acción del dinero.

La encíclica no ha gustado a todos. Algunos querrán que se la olvide pronto.

Laudato si’ es un llamado a una fraternidad cósmica. Proclama que todos los seres de la creación tenemos por vocación ser hermanos, considerarse parte, pertenecer y, en el caso de la humanidad, hacerse responsables unos de otros, de los ecosistemas y del planeta. El Papa recuerda que el principio clave de la enseñanza social de la Iglesia es el “destino común de todos los bienes”. La propiedad privada es, a este efecto, un medio. En esta perspectiva ecológica, la propiedad privada ha de ser relativizada. La Tierra nos pertenece a todos.

Este llamado, en el actual estado de cosas, es subversivo. Así como siempre es posible gozar con poco, la subversión de la cultura consumista y explotadora de la naturaleza y de los pobres, ocurrirá con pequeñas conversiones de corazones. Pero se necesitan muchos nuevos corazones.

Autor: Jorge Costadoat SJ.