jueves, 14 de mayo de 2015

CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD - José Antonio Pagola


CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD - José Antonio Pagola

Al evangelio original de Marcos se le añadió en algún momento un apéndice donde se recoge este mandato final de Jesús: «Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación». El Evangelio no ha de quedar en el interior del pequeño grupo de sus discípulos. Han de salir y desplazarse para alcanzar al «mundo entero» y llevar la Buena Noticia a todas las gentes, a «toda la creación».

Sin duda, estas palabras eran escuchadas con entusiasmo cuando los cristianos estaban en plena expansión y sus comunidades se multiplicaban por todo el Imperio, pero ¿cómo escucharlas hoy cuando nos vemos impotentes para retener a quienes abandonan nuestras iglesias porque no sienten ya necesidad de nuestra religión?

Lo primero es vivir desde la confianza absoluta en la acción de Dios. Nos lo ha enseñado Jesús. Dios sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas, aunque nosotros los consideremos «ovejas perdidas». Dios no está bloqueado por ninguna crisis.

No está esperando a que desde la Iglesia pongamos en marcha nuestros planes de restauración o nuestros proyectos de innovación. Él sigue actuando en la Iglesia y fuera de la Iglesia. Nadie vive abandonado por Dios, aunque no haya oído nunca hablar del Evangelio de Jesús.

Pero todo esto no nos dispensa de nuestra responsabilidad. Hemos de empezar a hacernos nuevas preguntas: ¿Por qué caminos anda buscando Dios a los hombres y mujeres de la cultura moderna? ¿Cómo quiere hacer presente al hombre y a la mujer de nuestros días la Buena Noticia de Jesús?

Hemos de preguntarnos todavía algo más: ¿Qué llamadas nos está haciendo Dios para transformar nuestra forma tradicional de pensar, expresar, celebrar y encarnar la fe cristiana de manera que propiciemos la acción de Dios en el interior de la cultura moderna? ¿No corremos el riesgo de convertirnos, con nuestra inercia e inmovilismo, en freno y obstáculo cultural para que el Evangelio se encarne en la sociedad contemporánea?

Nadie sabe cómo será la fe cristiana en el mundo nuevo que está emergiendo, pero, difícilmente será «clonación» del pasado. El Evangelio tiene fuerza para inaugurar un cristianismo nuevo.
SEMILLAS DEL REINO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Sois semillas del Reino
plantadas en la historia.
Sois buenas
y tiernas,
llenas de vida.

Os tengo en mi mano,
os acuno y quiero,
y por eso os lanzo al mundo:
Salid, acoged, proponed.
¡Perdeos!

No tengáis miedo
a tormentas ni sequías,
a pisadas ni espinos.
Bebed de los pobres
y empapaos de mi rocío.

Fecundaos,
reventad,
no os quedéis enterradas.
Floreced
y dad fruto.
Dejaos mecer por el viento.

Que todo viajero
que ande por sendas y caminos,
buscando o perdido,
al veros,
sienta un vuelco
y pueda amaros.

¡Sois semillas de mi Reino!

¡Somos semillas de tu Reino!






AL CIELO SE LLEGA CAMINANDO HACIA LO HONDO DE NUESTRO SER
Escrito por  Fray Marcos
Mc 16, 15-20

¿Qué estamos celebrando? Es la pregunta que debemos hacernos hoy. Nos va a costar Dios y ayuda superar la visión física, corpórea y chata de la Ascensión, que venimos aceptando durante demasiados siglos. Nos encontramos con el problema de siempre: Mezclar la realidad con el relato mítico. La Ascensión no es más que un aspecto de la cristología pascual. Resurrección, Ascensión, glorifica­ción, Pentecostés, constituyen una sola realidad, que está fuera del alcance de los sentidos. Esa realidad no temporal, no localizable, es la más importante para la primera comunidad y es la que hay que tratar de descubrir.

Hoy tenemos conocimientos suficientes para intentar una interpretación más acorde con lo que los textos nos quieren trasmitir. No podemos seguir pensando en un Jesús subiendo físicamente más allá de las nubes. Para poder entender la fiesta de la Ascensión, debemos volver al tema central de Pascua. Estamos celebrando la Vida, pero no la biológica sino la divina. Esa Vida no está sujeta al tiempo, por lo tanto no hay en ella acontecimientos, es eterna e inmutable. Sólo teniendo en cuenta estas sencillas verdades, podremos comprender adecuadamente lo que estamos celebrando este domingo.

Mt no sabe nada de una ascensión. Jn no habla de ascensión, pero en la última aparición, Jesús le dice a Pedro: "si quiero que éste permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?" Está claro que para volver, primero tiene que irse. El final canónico de Mc, que fue añadido a mediados del s. II, nos dice que Jesús sentó a la derecha de Dios (menos mal, porque esperar de pie hasta que vuelva al final de los tiempos hubiera sido un poco cansado). Solo Lc nos habla de ascensión: "se separó de ellos y fue elevado al cielo". También en Hechos nos cuenta, incluso con más detalles, la subida de Jesús al cielo.

Relatos de raptos eran frecuentes en la literatura clásica. Tito Livio, en su obra histórica sobre Rómulo dice: "Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo". Tenemos otros ejemplos: Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todos siguen el mismo esquema.

El AT cuenta el rapto de Elías. También se habla de la asunción de Henoc en (Gen 5, 24). El libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe el rapto de Henoc: "Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y cogieron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre".

La palabra "cielo" es una de las más utilizadas en religión. Todavía hoy, la repetimos dos veces en el Padrenuestro, dos en el Gloria y tres en el credo. Su amplia gama de significados se arrastra desde la cultura griega y de todo el Oriente Medio. La complejidad de las concepciones del mundo físico en aquella época, está a la altura de los innumerables matices que podemos encontrar en el "cielo" teológico. No siempre es fácil dilucidar qué sentido se quiere dar a la palabra en cada caso. En el bautismo de Jesús, el cielo se rasgó y lo divino bajó hasta él. Cuando termina su ciclo humano, el cielo vuelve a romperse, ahora para que Jesús vuelva a traspasar el límite de lo terreno, para entrar en el cielo.

Un dato muy interesante que nos proporciona la exégesis, es que las más antiguas expresiones de la experiencia pascual que han llegado hasta nosotros, sobre todo en escritos de Pablo, están formuladas en términos de exaltación y glorifica­ción, no con la idea de resurrección y menos aún de ascensión. En el AT encontramos abundantes textos que hablan del siervo doliente, machacado por los hombres, pero reivindicado por Dios. Esta fue la base de la idea de glorificación con la que se quiso expresar la experiencia pascual.

Lo que celebramos, por no ser una realidad sujeta al tiempo, pertenecen al hoy como al ayer, es tan nuestras como de Pedro o Juan. No hacen referencia a un pasado. Son realidades que están afectando hoy a nuestra propia vida. Puedo vivirlas como las vivieron los primeros cristianos. El hombre Jesús se transforma definitivamen­te, alcanzando la meta suprema. Se hace una sola realidad con Dios. Nosotros necesitamos desglosar esa realidad para intentar penetrar en su misterio, analizando los distintos aspectos que la integran. La Ascensión quiere manifestar que llegó a lo más alto, pero no en sentido físico.

La verdadera ascensión de Jesús empezó en el pesebre y terminó en la cruz cuando exclamó: "consumatum est". Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer. Después de ese paso, todo es como un chispazo que dura toda la eternidad. Pero había llegado a la plenitud total en Dios, precisamen­te por haberse despegado (muerto) de todo lo que en él era caduco, transitorio, terreno. Solo permaneció de él lo que había de  Dios y por tanto se identificó con Dios totalmente, divinamente. Esa es también nuestra meta. El camino también es el mismo que recorrió Jesús: despegarnos de nuestro ego.

La experiencia pascual, consistió en ver a Jesús de una manera nueva. El haber vivido con él, el haber escuchado lo que decía y visto lo que hacía, no les llevó a la comprensión de su verdadero ser. Estaban demasiado pegados a lo externo, y lo que hay de divino en Jesús no puede entrar por los sentidos, ni ser fruto de la razón. Su desaparición física les obligó a mirar dentro de sí, y descubrir allí lo mismo que había vivido Jesús. Entonces ven al verdadero Jesús, el que vive y les sigue dando Vida. Nosotros hoy estamos apegados a una imagen terrena de Jesús que también nos impide descubrir su verdadero ser.

Esa vivencia no puede venir de fuera, sino de lo más íntimo de nosotros mismos. Por eso decía Pablo en la segunda lectura: "Que el Dios de Nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerle; ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la riqueza..." No se pide ciencia, sino Sabiduría. No pide que nos ilumine los ojos del cuerpo ni de la mente, sino los del corazón... Todo lo que podamos aprender sobre Dios y Jesús, nunca podrá suplir la experiencia interior.

Debemos tener en cuenta que todos estos relatos teológicos tienen una finalidad catequética. Están elaborados para que nosotros entremos en la dinámica de Cristo. No se nos proponen para que admiremos la figura de Jesús ni para que nos sintamos atraídos por ella, sino para que repitamos su misma vivencia. "El padre que vive..." En él debemos descubrir las posibilidades que todo ser humano tiene de llegar a lo más alto del "cielo". La verdadera salvación del hombre no está en que los libren del pecado, sino en alcanzar la plenitud a la que estamos llamados todos. Esta verdad, es la base de toda salvación.

El fin del periplo humano de Jesús da paso al comienzo de la nueva comunidad. Podemos considerar la Ascensión como el final de una etapa en la que los discípulos tuvieron una experiencia singular y única de la resurrección. Sería el momento en que los primeros cristianos dejan de estar pasmados y empiezan la tarea de llevar esa experiencia a todos los hombres. Dejan de mirar hacia el cielo y comienzan a mirar a la tierra. Recordemos que los cuarenta días, no es una medida cronológica. Se trata de un tiempo simbólico (kairos) que da paso al desarrollo de la nueva comunidad.

Meditación-contemplación

Jesús nos ha marcado el camino de la plenitud humana.
Durante el año litúrgico vamos examinando los pasos que dio.
Hoy nos fijamos en la meta a la que llegó,
que es, al mismo tiempo, el punto del que partió.
..............

Si creemos que nuestro objetivo es alcanzar la misma meta,
está claro que tenemos que caminar en la misma dirección.
Todos hemos salido del Padre y hemos llegado al mundo.
Todos tenemos que dejar el mundo y volver al Padre.
................

Ese Padre sigue en lo más hondo de nuestro ser
y allí tenemos que penetrar para encontrarlo.
Si me empeño en buscarlo en otra parte,
me encontraré con un dios a mi medida, pero falso.
.............

Fray Marcos





CATEQUESIS EN LA COMUNIDAD DE JUAN
Escrito por  José Luís Sicre

Leer el mismo día la primera carta de Juan y su evangelio es una forma sutil de tortura. Aunque los dos textos fueron escritos en griego, distan mucho de la lógica normal. Imaginemos el siguiente diálogo de Juan con su comunidad.

Juan: Si Dios nos ha amado tanto, ¿qué debemos hacer nosotros? Ya os lo dije el día pasado.

Comunidad: Amarnos unos a otros.

̶  Bien. Que no se os olvide.

(Hace una pausa y los sorprende con otra pregunta).

̶  ¿Alguien ha visto a Dios?

(Silencio)

̶  Nadie. Ni siquiera Moisés. Pero, ¿qué ocurre si nos amamos unos a otros?

Uno: Que vemos a Dios.

̶  No. Que Dios permanece en nosotros. Aunque no lo veamos.

(Nueva pausa y nueva pregunta)

̶  ¿Cómo sabemos que permanecemos en Dios?

Todos: Porque nos amamos unos a otros.

̶  Eso ya lo he dicho. Otra forma de saberlo. ¿Nadie responde? (Tras un breve silencio.) Porque nos ha dado su Espíritu. Y hemos visto que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Uno: Maestro, acabas de decir que a Dios no lo ha visto nadie. Ahora dice que hemos visto al Padre enviar a su Hijo.

(Juan no le hace caso. Ellos están acostumbrados a que no responda a sus preguntas o a que responda hablando de otro tema.)

̶  ¿Quién permanece en Dios?

Uno: El que ama a su hermano.

Otro: El que ha recibido el Espíritu.

̶  Eso ya lo hemos dicho antes. Quiero una respuesta nueva.

(Silencio sepulcral)

̶  Quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios. Por consiguiente, ¿cuántas cosas hay que hacer para permanecer en Dios?

(Todos miran a Camila, la única capaz de hacer resúmenes perfectos.)

̶   Amarnos unos a otros, recibir su Espíritu y confesar a Jesús como Hijo de Dios.

Juan enrolla el pequeño volumen de su primera carta y lo entrega a Antonino, que le alarga el rollo del evangelio.

̶  Lo que hoy leeremos en la Eucaristía es un pequeño fragmento de la oración que pronuncia Jesús al final de la última cena. Es una oración pidiendo por todos nosotros. ¿Qué suponéis que le pedirá Jesús al Padre?

̶  Que nos amemos unos a otros.

̶  Eso ya está muy dicho. Otra cosa.

̶  Que nos envíe su Espíritu.

̶  También está dicho. Otra cosa.

(Silencio. Juan intenta ayudarlos).

̶  ¿Qué le va a pasar a Jesús dentro de poco?

̶  ¡Qué lo van a matar!

̶  ¿Y qué les va a pasar a los discípulos?

̶  Que se van a quedar solos.

̶  Como ovejas sin pastor (añade Salomé, que le gusta la poesía).

̶  Eso es. Y no van a tener nadie que los guarde. Por eso Jesús le pide al Padre que se encargue de guardarlos como él hacia cuando estaba con los discípulos. ¿Guardó Jesús a todos sus discípulos?

̶  ¡Sí!

̶  ¿Permitió que se perdiese alguno?

̶  ¡No!

̶  Sí. Uno se perdió. ¿Quién?

̶  ¡Judas! ¡El ladrón! ¡El hijo...! (se escuchan insultos diversos).

̶  Pero de los demás no se perdió ninguno. Y lo mismo quiere de todos nosotros. Que no se pierda ninguno, aunque nos persigan. ¿Creéis que van a perseguirnos?

̶  ¡Sí!

̶  ¿Por qué?

̶  Porque persiguieron a Jesús.

̶  Entonces, ¿cómo puede guardarnos el Padre? ¿Llevándonos al desierto? ¿Llevándonos a una isla perdida? ¿Subiéndonos a una montaña muy alta? Fijaos en lo que pide Jesús: «No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal.»

(Nueva pausa)

̶  A menudo os quejáis de que la gente os odia por ser cristianos, de que no os sentís a gusto en el mundo que os rodea, que os vienen ganas de iros a otro sitio más tranquilo. Eso no es lo que quería Jesús de nosotros. Él sabía que el mundo nos odia, que no somos del mundo, pero no quiere que huyamos. Al contrario, nos envía al mundo, igual que el Padre lo envió al mundo. Y no debemos sentirnos asustados ni tristes, sino llenos de alegría, de la alegría de Jesús, la que no puede dar el mundo.

(Todos piensan que el comentario ha terminado, pero Juan les hace una nueva pregunta).

̶  ¿Cómo nos guardará Dios en medio de un mundo hostil? ¿Hará algún milagro? Recordad que no lo hizo por Jesús: lo apresaron y lo mataron. ¿Cómo nos guardará a nosotros?

(Callan porque no lo saben y porque cualquier respuesta sería equivocada. La experiencia de años les demuestra que nunca aciertan).

̶   Dios nos guarda consagrándonos en la verdad, que es su palabra. Los judíos se consagran, se santifican, observando una serie de normas. Nosotros nos consagramos, nos santificamos, viviendo de acuerdo con la palabra de Dios, que es Jesús. ¿Lo entendéis?

̶  Entonces, ¿nos consagra Dios o nos consagramos nosotros?

̶  Las dos cosas. Dios nos consagra en la verdad y nosotros nos consagramos en la verdad.

José Luis Sicre






Jesús Nazareno
J. I. González Faus.

Hace 70 años, desde una cárcel de Hitler, en momentos de desesperación tras el holocausto y años en guerra, uno de los grandes profetas de nuestro futuro, escribió que hay una razón para seguir amando a esta tierra sin desesperar: y es que ha producido a Jesús de Nazaret. Parecerá una afirmación exagerada, pero sorprende por venir de alguien tan sobrio y contenido como D. Bonhoeffer. ¿Quién era pues ese tal Jesús?

De los primeros testigos de su paso por la tierra quedan dos rápidas pinceladas: “no buscó su propio interés”; “pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos”. De quienes recogieron recuerdos de su vida y los sistematizaron en forma de biografías-invitaciones a la fe, podemos destacar algunos rasgos:

Procedía de un pueblo pequeño casi desconocido. No tuvo estudios especiales, trabajó durante años en cosas de albañilería. Un buen día comenzó a recorrer su tierra anunciando que es posible otro mundo si nos decidimos a mirar a Dios con una palabra que, a la vez, denota el máximo de familiaridad y cercanía, pero también la imposibilidad de disponer de Él: pues, llámesele padre o madre, lo es de todos, no sólo mío. Otro de sus biógrafos presenta como programa de su vida unas palabras del profeta Isaías: “el Espíritu de Dios está sobre mí… para anunciar una buena noticia a los pobres y liberación a los oprimidos”.

En consonancia con este programa, solía comer públicamente con “gentes de malvivir”, desafiando una costumbre de su época de públicos banquetes ostentosos de las clases altas. Se le conoce amistad y cercanía con algunas prostitutas, a las que liberó de su esclavitud, pero de las que decía que estaban más cerca de Dios que sus oyentes. Defendió a las mujeres, rechazando el derecho al repudio que se atribuían los hombres de su época, y abriendo a la mujer el estudio de la “Ley de Dios”, que su sociedad reservaba solo a los machos.

Fue también un terapeuta innegable, pero provocativo: parece que prefería curar en días “de precepto”, como si quisiera mostrar que los enfermos tienen derecho a no esperar más, porque su salud es más importante que la guarda de preceptos cúlticos. Una de las expresiones que más se dicen de él es que “se le conmovieron las entrañas”.

Junto a esa práctica de misericordia tenía a veces un lenguaje duro y provocativo: enseñaba a no llamar a nadie padre ni señor: porque los hombres (aunque tengamos funciones diversas) somos todos hijos de un mismo Padre y tenemos un único Señor que es Dios. Armó una escandalera en el “vaticano” de su época, alegando que el culto a Dios no debe ser ocasión de comercio. Su visión de los hombres cabe en un palabra que sólo se ha conservado en sus labios: hipócritas (aunque esa acusación la dirigió sobre todo a los poderes religiosos). Pese a ello, exhortaba a ser misericordiosos como el Dios que Él anunciaba.

Su regalo era siempre la paz; y tenía una extraña concepción de la felicidad, que prometía a quienes opten por los condenados de la tierra desde una actitud de misericordia que genera hambre de justicia. Porque veía al mundo dividido entre pobres, hambrientos, llorosos y perseguidos, por un lado y, por el otro, ricachones hartos, que ríen y persiguen, los cuales son “malditos”.

Por eso eran provocativas sus palabras cuando entraba en el campo económico: los propietarios del “proyecto de Dios” que él anunciaba son sencilla y únicamente los pobres (vivió en una sociedad agobiada por las deudas, que llevaban a muchos a perder su terruño y dedicarse a la esclavitud, la prostitución o el bandolerismo). Enseñaba que es imposible que un multimillonario se salve, a menos que se produzca un milagro que sólo Dios puede hacer: que se desprenda de su fortuna (salvo aquello que necesite para una vida sobria y digna), poniéndola al servicio de las víctimas. Porque, según él, “es imposible servir al hombre y al dinero”.

La otra palabra que más se le aplica en los evangelios significa, a la vez, libertad y autoridad: “las gentes se maravillaban de la libertad-autoridad con que hablaba” y que no tenía nada que ver con lo que estaban acostumbrados a oír.

Sorprendentes vida y palabras. Pero más sorprendente es la reacción que desató: los responsables de aquella sociedad se hartaron de acusarlo de populista y terrorista. La conflictividad explotó cuando él puso de relieve que hablaba y actuaba así porque así es como actúa Dios. Entonces se le tachó de blasfemo, y los poderes religiosos y políticos dieron un respiro porque ya tenían algo claro por lo que condenarlo. Aun así, buscaron para él la muerte más ignominiosa y la condena más “ejemplar”…

¿Es posible que haya existido un hombre así? preguntaba R. Attenborough en su película sobre Gandhi. Prescindiendo ahora del santo hindú (que se confesaba muy influido por Jesús), esa misma pregunta sigue vigente para nosotros hoy. Los cristianos confiesan que un hombre así fue posible porque era transparencia y calco del mismo Dios, revelado en la humanidad de aquel hombre. Dios “hecho hombre”, pero no simplemente hombre, sino Dios hecho esclavo.

Esa fe no se les exige hoy a todos. Pero lo que sí pueden (y deberían) todos hoy, es paladear la humanidad de aquel Nazareno. Y sacar consecuencias.





Recomendación de Película: La familia Bélier
Sinopsis
En la familia Bélier todos son sordomudos, salvo Paula, la hija de 16 años, que se ha convertido en intérprete y apoyo cotidiano de todos, especialmente para la gestión de la granja familiar. Cuando el profesor de música del instituto la anima a presentarse a un concurso de canto de Radio France, que puede suponer su marcha a París, Paula tendrá que plantearse su futuro, la dependencia de su familia y la necesidad de volar.

¿Por qué ver La familia Bélier?
Porque es una película entretenida, divertida y arriesgada en su planteamiento. No parecía fácil hacer una película centrada en una familia de sordomudos, y sin embargo el director y todo el equipo lo consiguen, con frescura y alegría.
Por las interpretaciones de sus protagonistas, especialmente las dos mujeres de la familia. Louane Emera ganó el Cesar a la mejor actriz revelación y Karin Viard borda el papel de la madre, robando cada una de las escenas en las que aparece.
Por su forma de reflejar las contradicciones, tensiones y rebeldía de la adolescencia, especialmente en el proceso de maduración de Paula.
Porque nos invita a reflexionar sobre la discapacidad y los prejuicios que podemos tener sobre ella.

Para pensar...
1. Hay un equilibrio difícil en todas las familias, cuando crecen los hijos. ¿Cuándo deben volar? ¿Cuándo dejan de ser niños? ¿Cuándo tienen que tomar sus propias decisiones?
2. Sin desvelar nada de la trama, ¿qué te parece la escena de la función colegial, especialmente el dúo entre Paula y Gabriel? ¿Y el momento en que Paula canta para su padre? ¿Qué te explican ambas escenas sobre la discapacidad?
3. Hay un momento en que la madre de Paula le confiesa: «Nunca he soportado a los oyentes». Es una original perspectiva que nos permite cuestionar las percepciones que tenemos sobre la realidad.
4. El papel del profesor de música, siendo secundario, refleja muy bien la idea de vocación, en qué consiste ser de verdad un educador que pueda sacar lo mejor de la gente. ¿Qué te ha parecido?

fuente: http://www.pastoralsj.org