jueves, 26 de marzo de 2015

EL GESTO SUPREMO - José Antonio Pagola



EL GESTO SUPREMO - José Antonio Pagola

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.

Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.

Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.

Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.

Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.

Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.

Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.

PREGÓN AL INICIO DE LA SEMANA SANTA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Éste es el tiempo de la historia,
de la historia pura y dura
que sucede cada día a todas horas;
de la pasión de Dios desbordada
sobre nosotros y las realidades humanas
que gritan y mueren machacadas.

Éste es tiempo de muerte y vida,
de salvación a manos llenas;
del nosotros compartido,
del todos o ninguno;
de gestos que destilan esperanza
y del silencio respetuoso y contemplativo.

Tiempo de amor, tiempo de clamor;
tiempo concentrado, tiempo no adulterado;
tiempo santo, humano y divino,
para sorberlo hasta la última gota;
tiempo en el que Dios nos toma la delantera
y nos ofrece la vida a manos llenas.

Tiempo de fidelidad y Nueva Alianza
por encima de lo que sabemos,
queremos, soñamos y podemos.
Es el tiempo de todos los que han perdido,
de los que han sufrido o malvivido,
y de los que se han dado sin medida a su ejemplo.

Es el tiempo de la memoria subversiva,
de Dios haciendo justicia
en el templo y en la historia
y dándonos su espíritu y vida.
¡Es Semana Santa, humana y divina,
gratuita y portal de la Pascua florida!





LA MUERTE DE JESÚS ES SIGNO DE AUTÉNTICA VIDA
Escrito por  Fray Marcos

Aunque la liturgia comienza con la entrada "triunfal" de Jesús en Jerusalén, la fuerza de los acontecimientos que vamos a recordar esta semana, anula casi por completo ese triunfo muy relativo y pasajero. Como en el caso de la purificación del templo, no podemos pensar en una manifestación multitudinaria espectacular. Hubiera sido la ocasión ideal, que los dirigentes judíos estaban esperando, para prender a Jesús. Probablemente se trató de un pequeño grupo de seguidores que se unieron a los discípulos en aclamaciones espontáneas. Jesús había desarrollado toda su actividad en Galilea, y la mayor parte de los peregrinos que venían a la fiesta eran galileos. Muchos de ellos reconocerían a Jesús, que también subía a Jerusalén, y se unieron a su grupo. Este hecho lo aprovecharon después los cristianos para evocar la profecía de Zacarías e interpretarla como una entrada de Jesús como Mesías.

Lo verdaderamente importante en el relato de la pasión, está más allá de lo que se puede narrar. Lo esencial de lo que ocurrió no se puede meter en palabras. Lo que los textos nos quieren trasmitir, hay que buscarlo en la actitud de Jesús que refleja plenitud de humanidad. Lo importante no es la muerte física de Jesús, lo importante es descubrir por qué le mataron, por qué murió y cuales fueron las consecuencias de su muerte para él y para los discípulos. La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos al significado de la salvación que descubrimos en Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la revisión de nuestros esquemas teológicos sobre el valor salvífico de la muerte en la cruz.

La Semana Santa es el mejor momento del año para tomar conciencia de la coherencia de toda la vida de Jesús. Dándose cuente de la consecuencia de sus actos, no da un paso atrás, y las acepta plenamente. Es todo un aldabonazo para nosotros, que estamos siempre tratando de acomodarnos a todos los vientos, con tal de evitar consecuencias desagradables. Sabemos perfectamente que nuestra plenitud está en darnos a los demás, como decíamos el domingo pasado, pero seguimos calculando nuestras acciones para no ir demasiado lejos; poniendo límites "razonables" a nuestra entrega; sin darnos cuenta de que un amor "calculado" es un egoísmo camuflado.

¿Por qué le mataron? La muerte de Jesús es la consecuencia directa de un rechazo frontal y absoluto por parte de los jefes religiosos de su pueblo. Rechazo a sus enseñanzas y rechazo a su persona. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Los sacerdotes, los escribas, los fariseos no eran gente depravada, que se opusieron a Jesús porque era buena persona. Eran gente religiosa que pretendía ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida en la ley de Moisés. También para Jesús era prioritaria la voluntad del Padre, pero no la buscaba en la Ley sino en el hombre.

La pregunta que se hacían era ésta: ¿era Jesús el profeta, como creían algunos de los que le seguían, o era el antiprofeta que seducía al pueblo y le llevaba fuera de la religión judía? La respuesta no era tan sencilla como nos puede parecer hoy. Por una parte, Jesús iba claramente contra la Ley y contra el templo, signos inequívocos del antiprofe­ta. Pero por otra, los signos de amor a todos que hacía, eran una muestra de que Dios estaba con él, como dijo el mismo Nicodemo. Lo mataron porque denunció a las autoridades religiosas por utilizar a Dios y la religión para oprimir al pueblo. Pero ellos siguieron pensando que era Dios el que legitimaba ese dominio sobre la gente sencilla. Le mataron por afirmar, con hechos y palabras, que el hombre concreto está por encima de la Ley y del templo.

¿Por qué murió? Solo indirectamente podemos aproximarnos a lo que Jesús experimentó ante su propia muerte. Ni era un inconsciente ni era un loco ni era masoquista. Tuvo que darse cuenta que los jefes religiosos querían eliminarlo. Lo que nos importa a nosotros es descubrir las poderosas razones que Jesús tenía para seguir diciendo lo que tenía que decir y haciendo lo que tenía que hacer, a pesar de que estaba seguro que eso le acarrearía la muerte. Además tomó conscientemente la decisión de ir a Jerusalén donde estaba el verdadero peligro. Que le importara más ser fiel a sí mismo y a Dios, que salvar la vida, es el dato que nosotros debemos valorar. Dejó que le mataran para demostrar que la única manera de servir a Dios es ponerse del lado del oprimido.

No se trató de la muerte física de Jesús sino de la total aniquilación y escarnio de toda la persona ante la sociedad. No se puede pensar en la muerte de Jesús, desconectándola de su vida. Su muerte fue consecuencia de su vida. La encarnación no ha sido una programación por parte de Dios para que su Hijo muriera en la cruz y de este modo nos librará de nuestros pecados. Jesús fue plenamente un ser humano que tomó sus propias decisiones. Porque esas decisiones fueron las adecuadas, de acuerdo con las exigencias de su verdadero ser, nos han marcado a nosotros el camino de la verdadera salvación. Si nos quedamos con el Cristo glorioso, que murió por obediencia al Padre, hemos malogrado muerte y su vida.

¿Qué consecuencias tuvo su muerte? Hay explicaciones teológicas de la muerte de Jesús que han llegado hasta nosotros y que se siguen presentando a los fieles, aunque la inmensa mayoría de los exegetas y de los teólogos las han abandonado hace tiempo. Se trataría de interpretar la muerte de Jesús como un rescate exigido por Dios para pagar la deuda por el pecado. Además de ser un mito ancestral, está en contra de la idea de Dios que el mismo Jesús despliega en todo el evangelio. Un Dios que es amor, que es Padre, no casa muy bien con el Señor que exige el pago de una deuda hasta el último centavo.

No es la hora de insistir en la atrocidad del pecado que ha llevado a Jesús a la cruz. Debemos de insistir en la salvación que necesitamos como pecadores, es decir, no salvados. Pero no para estar pendientes de que Dios tenga misericordia de nosotros, sino para descubrir que nuestra salvación está en seguir el camino de entrega que Jesús recorrió. La salvación consiste en descubrir el amor que es Dios y está ya en nosotros.

Para los apóstoles, la muerte fue el revulsivo que les llevó al descubrimiento de lo que era verdaderamente Jesús. Durante su vida lo siguieron como el amigo, el maestro, incluso el profeta; pero estaban muy lejos de conocer el verdadero significado de la persona de Jesús. A ese descubrimiento no podían llegar a través de lo que oían y lo que veían; se necesitaba un proceso de maduración interior, al que solo se puede llegar por experiencia interna. La muerte de Jesús les obligó a esa profundización en su persona, y a descubrir, en aquel Jesús de Nazaret, al "Señor", al "Mesías" al "Cristo" y al "Hijo"... En esto consistió la experiencia pascual. Ese mismo recorrido debemos hacer nosotros si queremos celebrar la Pascua.

A nosotros hoy, la muerte de Jesús nos obliga a plantear la verdadera hondura de toda vida humana. Jesús supo encontrar, como ningún otro hombre, el camino que debe recorrer todo ser humano para alcanzar su plenitud. Amando hasta el extremo, nos dio la verdadera medida de lo humano. Desde entonces, nadie tiene que romperse la cabeza para buscar el camino de mayor humanidad. Si quiero dar pleno sentido a mi vida, no tengo otro camino que el amor total, hasta la muerte si las circunstancias lo exigieran.

La interpretación de la muerte de Jesús determina la manera de ser cristiano. Ser cristiano no es subir a la cruz con Jesús, sino ayudar a bajar de la cruz a tanto crucificado que hoy podemos encontrar en nuestro camino. Jesús, muriendo de esa manera, hace presente a un Dios sin pizca de poder, pero repleto de amor, que es la fuerza suprema. En ese amor reside la verdadera salvación. El "poder" de Dios no se manifiesta en el momento de la resurrección sino en la vida de quien es capaz de amar hasta la muerte.

Meditación-contemplación

Ningún sufrimiento salva por sí mismo, tampoco el de Jesús.
Lo que salva es la fidelidad a su verdadero ser,
que Jesús mantuvo durante su vida y manifestó en la cruz.
.................

Vivir una verdadera humanidad, es perder el miedo a la muerte,
porque no afecta para nada a mi verdadero ser.
El miedo a la muerte es la esclavitud más difícil de romper.
Toda clase de opresión nace de esta esclavitud.
...................

La Vida de Dios en mí, envuelve todo mi ser.
Con esa Vida divina, se me dan oportunidades infinitas de ser.
Con ella se me ha dado todo.
Nada tengo que esperar y nada debo temer.
............

Fray Marcos





DOMINGO DE RAMOS
Escrito por  José Luís Sicre

Este domingo se lee el relato de la Pasión de Jesús en el evangelio de Marcos. Dada su extensión me limito a sugerir dos puntos de atención (Jesús y sus discípulos) y a ofrecer cuatro posibles lecturas de la pasión.

Dos puntos de atención
¿Quién es Jesús?
El relato del capítulo 15 supone un gran contraste con el de los dos anteriores, 13-14. En estos, Jesús se enfrenta a toda clase de adversarios en diversas disputas y los vence con facilidad. Ahora, los adversarios, derrotados a nivel intelectual, deciden vencerlo a nivel físico, matándolo (14,1). Lo que más se destaca en Jesús es su conocimiento y conciencia plena de lo que va a ocurrir: sabe que está cercana su sepultura (14,8), que será traicionado por uno de los suyos (14,18), que morirá sin remedio (14,21), que los discípulos se dispersarán (14,27), que está cerca quien lo entrega (14,42). Las palabras que pronuncia en esta sección están marcadas por esta conciencia del final y tienen una carga de tristeza. Como cualquiera que se acerca a la muerte, Jesús sabe que hay cosas que se pierden definitivamente: la cercanía de los amigos ("a mí no siempre me tendréis con vosotros": 14,7), la copa de vino compartida (14,25). No falta un tono de esperanza: del vino volverá a gozar en el Reino de Dios (14,25), con los discípulos se reencontrará en Galilea (14,28). Pero predomina en sus palabras un tono de tristeza, incluso de amargura (14,37.48-49), con el que Marcos subraya ―una vez más― la humanidad profunda de Jesús.

Cuatro veces se debate en estos capítulos la identidad de Jesús: el sumo sacerdote le pregunta si es el Mesías (14,61), Pilato le pregunta si es el Rey de los judíos (15,2), los sumos sacerdotes y escribas ponen como condición para creer que es el Mesías que baje de la cruz (15,31-32), el centurión confiesa que es hijo de Dios (15,39). A la pregunta del sumo sacerdote responde Jesús en sentido afirmativo, pero centrando su respuesta no en el Mesías, sino en el Hijo del Hombre triunfante (14,62). A la pregunta de Pilato responde con una evasiva: "tú lo dices" (15,2). A la condición de los sumos sacerdotes y escribas no responde. Cuando el centurión lo confiesa hijo de Dios, Jesús ya ha muerto.

Los discípulos
Los datos son conocidos. Se entristecen al enterarse de que uno de ellos lo traicionará; pero, llegado el momento, todos huyen. Una vez más, Pedro desempeña un papel preponderante. Se considera superior a los otros, más fiel y firme (14,29), pero comenzará por quedarse dormido en el huerto (14,37) y terminará negando a Jesús (14,66-72). En este contexto de abandono total por parte de los discípulos adquiere gran fuerza la escena final del Calvario, cuando se habla de las mujeres que no sólo están al pie de la cruz, sino que acompañaron a Jesús durante su vida (15,40-41).

Cuatro lecturas posibles de los relatos de la pasión de Jesús.

La lectura de identificación personal y afectiva
El testimonio escrito más antiguo que poseemos en este sentido es el de san Pablo. A veces, cuando habla de la muerte de Jesús, lo hace con frialdad dogmática, recordando que murió por nuestros pecados. Pero en otra ocasión lo enfoca de manera muy personal y afectiva: "He quedado crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en la carne vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,19-20). En línea parecida, san Ignacio de Loyola, en la tercera semana de los Ejercicios espirituales, cuando se contempla la pasión, el ejercitante debe pedir "dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, llanto, pena interna de tanta pena como el Señor pasó por mí".

La lectura indignada
Es la que practicamos todas las mañanas al leer el periódico, cuando acompañamos la lectura de los titulares y de las noticias con toda suerte de imprecaciones, insultos y maldiciones. Los relatos de la pasión cuentan tal cantidad de atropellos, injusticias, traiciones, que se prestan a una lectura indignada. Sin embargo, los evangelios nunca invitan al lector a indignarse con la traición de Judas, a maldecir a las autoridades judías o romanas que condenan a Jesús, a insultar a quienes se burlan de él, a sentir como en el propio cuerpo los azotes, la corona de espina o los clavos, a llorar la muerte de Jesús. En ningún momento pretenden los evangelios excitar los sentimientos y, mucho menos, fomentar el sentimentalismo.

La lectura detallada
Mi comentario, que puede bajarse de la dirección indicada más arriba, consiste en una lectura del texto, prestando gran atención a cuatro aspectos:
1) la división minuciosa de cada episodio, que a veces quizá parezca exagerada, como cuando distingo siete momentos en el relato de la oración del huerto; pero es la única forma de no pasar por alto detalles importantes.
2) los protagonistas, advirtiendo qué hacen o no hacen, qué dicen o no dicen, cómo reaccionan, por qué motivos se mueven, qué sienten.
3) la acción que se cuenta y sus presupuestos; a veces predominará lo informativo, ya que ciertos detalles a veces no se conocen bien, como la celebración de la Pascua en el mundo judío y en Qumrán o el proceso ante el Sanedrín.
4) el arte narrativo de Mc, que a menudo no se tiene en cuenta, pero que sirve también para captar su teología.

Este tipo de lectura, aunque aplique el mismo método a todas las escenas, pone de relieve lo típico de cada una de ellas y deja claro que el relato de la pasión está formado por episodios aparentemente cotidianos y por otros terriblemente dramáticos, como la oración del huerto. Lo importante es captar el espíritu y mensaje de cada episodio y el mensaje global de cada evangelio.

La lectura interactiva y orante
Sería la respuesta personal al comentario anterior, reflexionando cada cual sobre lo que el texto le sugiere y lo que le invita a pedir.

José Luis Sicre





SI ME MATAN, RESUCITARÉ EN MI PUEBLO
Adolfo Pérez Ezquivel
(Premio Nobel de la Paz)

Los mártires son semillas de vida que siembran la esperanza y fortalecen los caminos de la fe. Ellos han fecundado el continente de la Tierra Fecunda - "Abya Yala"- por la fuerza de la palabra profética y el testimonio de vida de quienes tuvieron el coraje y la fe de caminar junto a la Iglesia Pueblo de Dios. Sus voces se alzaron en todo el continente y el mundo. Así fue en el país hermano de El Salvador, sometido a la violencia con más de 70 mil muertos, exiliados y perseguidos. De ese dolor surgió una voz que fue guía y esperanza, denunciando la violencia y reclamando el respeto a la vida y dignidad del pueblo sometido a la guerra civil y la dictadura militar.

Fue la voz de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien vive la conversión del corazón y abraza el camino de la Cruz como señala San Pablo: "para algunos es locura, para otros es vida y redención."

Romero soportó muchas incomprensiones dentro de la misma iglesia, su voz, sus reclamos y denuncias no quisieron ser oídas en el Vaticano; hubo corrientes ideológicas y mala información sobre lo que ocurría en El Salvador. El simplismo conceptual y político redujo todo a la polarización Este-Oeste, entre el capitalismo y el comunismo, basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional imperante. Se olvidaron de miles de hermanos y hermanas víctimas de la violencia. Romero trató que el Vaticano lo escuchara y ayudara, pero salió angustiado y regresó a su país con el dolor en el alma.

Algunos campesinos que lo conocieron recuerdan que seguían las homilías de Monseñor Romero, sentían necesidad de oír su palabra y cuando viajaban no necesitaban de la radio ya que todos los vecinos las tenían encendidas y podían seguir la palabra del obispo en el camino.

Monseñor sabía de las amenazas que era objeto, pero la fuerza del Evangelio y su compromiso con el pueblo eran parte de su propia vida; buscaba en la oración y en el silencio escuchar el silencio de Dios, que le decía a su corazón, a su mente y espíritu.

Cuentan que unos periodistas en marzo de 1980 decían que el obispo estaba en la raya, en el límite en la mira de los militares y él presintiendo les contestó: "Sí, he sido frecuentemente amenazado de muerte, pero debo decirles que como cristiano no creo en la muerte sin resurrección. Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Se lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Ojalá, sí, se convencieran de que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás"

Ese 23 de marzo en la Catedral, Monseñor Romero habló de un comité de ayuda humanitaria. Criticó "el Estado de Sitio y la desinformación a la que nos tienen sometidos" y señaló las muertes de la semana: 140 asesinatos... "Lo menos que se puede decir es que el país está viviendo una etapa pre-revolucionaria". Seguidamente tomó impulso en su homilía y dijo:..."Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles: "Hermanos son de nuestro mismo pueblo, ¡matan a sus mismos hermanos campesinos! Y ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice "¡No matar!"...Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La iglesia defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas, si van teñidas de tanta sangre...
"En nombre de Dios, y en nombre de éste sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!"

La voz de Monseñor Romero se hizo escuchar con claridad a pesar de todos los inconvenientes e interferencia radial y en los equipos: "La iglesia predica la liberación"... "La catedral estalló en aplausos, el pueblo emocionado sentía el clamor de sus corazones". -así lo relatan Jacinto Bustillo y Felipe Pick-.

Necesitaba profundamente del silencio y la oración, de buscar en su interior la palabra de Dios para que lo ayude a acompañar y escuchar a su pueblo, sufriente y esperanzado.

Muchos mártires sembraron sus vidas en tierra salvadoreña, entre ellos hay sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos en las comunidades de base, en reclamar el derecho de vivir sin violencia y alcanzar la Paz.

Han pasado muchos años y el Santo de América, Óscar Romero ilumina el caminar de la Iglesia, su palabra y testimonio de vida es luz del Espíritu, como dice en la Noche Buena de 1979: "El país está pariendo una nueva edad y por eso hay dolor y angustia, hay sangre y sufrimiento. Pero como en el parto, dice Jesús, a la mujer le llega la hora de sufrir, pero cuando ha nacido el nuevo hombre, ya se olvidó de todos los dolores.
Pasarán estos sufrimientos. La alegría que nos quedará será que en esta hora de parto fuimos cristianos, vivimos aferrados a la fe en Cristo, y eso no nos dejó sucumbir en el pesimismo. Lo que ahora parece insoluble, callejón sin salida, ya Dios lo está marcando con una esperanza. Esta noche es para vivir el optimismo de que no sabemos por dónde, pero Dios sacará a flote a nuestra patria y en la nueva hora siempre estará brillando la gran noticia de Cristo".

El Papa Francisco buscó con justicia reparar del olvido al mártir y profeta y restablecer el testimonio de Monseñor Romero, luz de la Iglesia latinoamericana Pueblo de Dios que reconoce a sus profetas que inspiran y muestran el camino de la fe y la esperanza.
Así se va pariendo el espíritu de vida del Hombre Nuevo.

Vienen a mi memoria, hermanos de caminada en el continente de la Tierra Fecunda que están presentes en la vida de los pueblos, son las voces proféticas de la Iglesia de nuestro tiempo, en Ecuador la voz de Monseñor Leónidas Proaño, Obispo de Riobamba; en Chiapas y Cuernavaca, en México, las voces de los obispos Samuel Ruiz y Sergio Méndez Arceo, en Brasil voces proféticas como las de Don Helder Cámara, Arzobispo de Olida y Recife; el Cardenal de Sao Paulo, Don Pablo Evaristo Arns; Don Pedro Casaldáliga de Sao Felix de Araguaya, Tomás Balduino de Goias, Antonio Fragoso de Crateus, teólogos como Leonardo Boff y Fray Betto; en Nicaragua Ernesto Cardenal, en Chile, el Cardenal Silva Enríquez y en Bolivia, Jorge Manrique en la Paz. En Argentina la voz del mártir de los llanos riojanos, Monseñor Enrique Angelelli, y sus sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longeville; los obispos Jaime de Nevares de Neuquén, Jorge Novak de Quilmes y Miguel Hesayne de Viedma, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos desde la fe con el pueblo, el martirologio de las hermanas misioneras francesas y los Palotinos, y tantos otros que son como los ríos subterráneos que emergen con fuerza a la superficie y cambian la realidad iluminando la vida y la esperanza.

Otros hermanos y hermanas marcaron el mismo caminar en la fe desde la diversidad, de otras vertientes religiosas como la Iglesia Evangélica Metodista, con los obispos Federico Pagura, Carlos Gattinoni y Aldo Etchegoyen y sus mártires, la Iglesia Luterana con su compromiso con los más necesitados. El rabino Marshall Mayer, en defensa de los derechos humanos.

Necesitamos seguir las huellas de quienes nos precedieron en los caminos de esperanza, de luchas desde la fe en el reencuentro de la gran familia humana.

Varios de los hermanos mencionados fueron firmantes del Pacto de las Catacumbas en Roma en 1965 al finalizar Vaticano II donde fueron convocados por Dom Helder Cámara, y renovaron su compromiso de vivir el Evangelio junto a los pobres.

El Espíritu del Señor está presente en la vida y memoria, San Romero de América camina junto a los pueblos de nuestro continente.

Adolfo Pérez Esquivel
Buenos Aires, 22 de marzo de 2015





Gustavo Gutiérrez: El testimonio de Monseñor Romero

El 23 de mayo próximo tendrá lugar el reconocimiento de Mons. Oscar Romero como fiel testigo (es el significado de la palabra 'mártir') de la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. Dicho reconocimiento tiene dos momentos principales; la beatificación que lo declara beato, es decir feliz, una felicidad que surge de la voluntad de vivir según los Evangelios, y la canonización, la aceptación plena de su santidad, y su definitiva presentación como un modelo a seguir para los cristianos de nuestro tiempo.

El proceso de beatificación y canonización del arzobispo de San Salvador no fue fácil. El pueblo salvadoreño y latinoamericano, en general, vio rápidamente su santidad y su entrega; san Romero de América Latina lo proclamó, tempranamente, el obispo y poeta Pedro Casaldáliga; pero hubo resistencias y dilaciones de parte de quienes aducían que, todavía, no era prudente hacerlo; lo veían como una persona incómoda, o no comulgaban con el sentido de su predicación. Dificultades hoy superadas por el Papa Francisco al reabrir el caso Romero. Caso que se inserta en una larga y dolorosa historia, de signo martirial, vivida por muchos en el continente desde hace 50 años; y a la que nuestro propio país no ha sido ajeno. La inmensa mayoría de las víctimas fueron personas solidarias con los pobres.

Romero no buscó el martirio, lo encontró en el camino de su fidelidad a la entrega de Jesucristo. Con sencillez dijo temer que lo mataran –algo que todos temíamos–, pero se negaba a dejar a su pueblo saliendo del país. En los días siguientes a su asesinato (24 de marzo 1980) era impresionante ver las interminables colas para ver y orar junto a su cuerpo en la catedral.

Lo hacían en silencio ante quien puso su vida al servicio de ellos, los había respetado como personas y comprendido sus sufrimientos. El domingo 30 tuvo lugar el entierro, pero una violenta interrupción, intencionalmente provocada, dio lugar a una gran confusión y pánico entre los miles de personas presentes en la plaza, dejando el saldo de varias decenas de muertos, la mayoría por asfixia y otros por disparos. En esas circunstancias, varias horas después, y casi a escondidas, Mons. Romero fue enterrado en la catedral por las pocas personas que permanecían en ella.

Romero fue ante todo un predicador, preparaba –y escribía– sus homilías con sumo cuidado; las tenemos hoy recogidas en varios volúmenes. Una voz escuchada en todo el país. Su prédica reclamaba una sociedad justa, respetuosa de todos sus ciudadanos, dado que solo así, según la Biblia, puede haber paz, pero con un importante acento en los derechos de los pobres y oprimidos, como lo hizo Jesús. En la línea de "una Iglesia pobre y para los pobres", recordada por el Papa Francisco.
Este propósito tiene la frescura del evangelio, pero puede ser muy costoso. La muerte del arzobispo fue resultado de un asesinato, crimen provocado por su firme actitud de pastor que no calló ante el maltrato a un pueblo víctima de injusticias y vejaciones cotidianas, un pastor que el día anterior suplicó –y ordenó– a los soldados que no disparen contra el pueblo. Mons. Romero no intentó ponerse por encima de todo y de todos proclamando una pretendida universalidad del amor de Dios, colocándose en una cómoda abstracción, en un ángulo muerto de la historia para verla pasar sin comprometerse con ella. A esta evasión de la realidad –y del Evangelio– se refería cuando decía "es muy fácil ser servidores de la palabra sin molestar al mundo, una palabra muy espiritualista, una palabra sin compromiso con la historia, una palabra que puede sonar en cualquier parte del mundo, porque no es de ninguna parte del mundo".

Pastor cercano a su pueblo, Romero no tomó ese camino; su palabra quiso encarnar el Evangelio en la vida de su pueblo, en la de todos nosotros. Veía a la Iglesia como una comunidad "que haga sentir como suyo todo lo humano y quiera encarnar el dolor, la esperanza, la angustia de todos los que sufren y gozan, esa Iglesia será Cristo amado y esperado, Cristo presente". Esa es la razón de su insistencia en la justicia, la entendía como parte capital del mensaje cristiano, no tenerla en cuenta, no practicarla, es rechazar una afirmación bíblica fundamental. De este modo, el reconocimiento del testimonio martirial de Oscar Romero amplía y enriquece la noción clásica del martirio.

Gustavo Gutiérrez (*)
es sacerdote-Teólogo peruano.



Declaración de Jorge Costadoat, SJ.
24 marzo, 2015 

El Cardenal Ricardo Ezzati, Gran Canciller de la P. Universidad Católica de Chile, me recibió en su oficina el jueves 12 de marzo para comunicarme que no renovaría la “misión canónica”, la cual me permite ser académico de la Facultad de Teología. Como consecuencia, debo abandonar mi docencia en la PUC. En esta decisión nada tiene que ver la dirección de la Facultad, que, por el contrario, pidió la renovación de mi “misión canónica”. Hace tres años Mons. Ezzati me dio este permiso en el entendido que yo guardaría fidelidad al Magisterio. Esta exigencia, ni antes ni ahora, ha sido para mí un problema. Estoy absolutamente convencido de que la revelación de Dios, viva y multifacética en la tradición de la Iglesia, tiene una fuerza humanizante extraordinaria y, por ende, una enorme actualidad.

La única justificación aducida por Mons. Ezzati para esta medida es una tensión entre mi libertad académica y la libertad de la Facultad para tenerme a mí entre sus profesores. Según entendí, él estima que hay algunos alumnos que no estarían preparados para asistir a un curso de Trinidad y Cristología como el que yo imparto por una razón más bien pedagógica. No me hizo ningún reparo doctrinal. De haberlo habido, era ese el momento de plantearlo. Mons. Ezzati me recomienda desempeñarme como teólogo en algún lugar donde pueda hacerlo sin tensión.

Me llamó la atención la razón invocada. Le expresé que nunca los alumnos se habían quejado por haber ejercido mi libertad para enseñar. La evaluación que ellos han efectuado después de los cursos, que se me ha comunicado oficialmente, ha sido en veinte años de docencia consistentemente positiva. Muchos son los estudiantes que se han mostrado agradecidos de la forma como he enseñado. Doy mis cursos mostrando en qué consiste la fe de la Iglesia, obviamente teniendo en cuenta el legítimo debate que dentro de la ortodoxia se establece entre los teólogos, tomando yo mismo posición en las materias controvertidas. Me parece decisivo que el dogma de la Iglesia esté al servicio de una evangelización que atienda a los signos de los tiempos y que, por tanto, se haga cargo del sufrimiento de nuestros contemporáneos y de cómo Dios los va orientando en sus vidas.

Tampoco la dirección de la Facultad, en estos veinte años, me ha manifestado molestia alguna por esos conceptos. Los decanos me han felicitado por mi trabajo. Valoran la pasión con que trato de comunicarme. Solo con ardor se puede hablar de la pasión de Cristo. Nunca he recibido de ellos un solo reparo ni por mi ortodoxia ni por otras razones.

Me duele esta decisión por mí y por la universidad. Pertenezco a mis colegas y a mis alumnos. Siento por ellos un enorme afecto. Juntos hemos estado trabajando por hacer inteligible el Evangelio a la gente de nuestro tiempo. No creo que en una universidad se pueda enseñar sin libertad. Por cierto en el decreto de la “misión canónica”, otorgada por el mismo Mons. Ezzati hace tres años atrás, se me dice: “gózase de libertad académica en la docencia y la investigación”, teniendo en cuenta evidentemente el Magisterio en general, y en particular el del Arzobispo y del Romano Pontífice, lo cual he observado lealmente. No hago pública esta declaración para perjudicar a M. Ezzati. De la defensa de mi honor como teólogo y profesor universitario depende el respeto a mis colegas y la formación de mis alumnos.

Espero a futuro seguir como siempre: expresándome con libertad, porque “para la libertad nos liberó Cristo” (Gálatas 5,1).

Jorge Costadoat S.J.





Antonio Delfau, sacerdote jesuita criticó "doble discurso" de Ezzati en despido de profesor.

El sacerdote jesuita Antonio Delfau conversó con Cooperativa sobre el despido del profesor Jorge Costadoat de la Universidad Católica y la designación de Juan Barros como obispo de Osorno.

En Una Nueva Mañana, Delfau comentó que "me llama la atención un doble discurso en el cardenal Ezatti. Es decir, a mi provincial, al padre Costadoat, al decano de la Facultad de Teología y al consejo académico de la facultad a través del vice gran canciller les dice que el padre Costadoat se va no por razones doctrinales, sino porque simplemente hay un choque entre dos libertades: la libertad del padre Costadoat y la libertad de la Facultad de Teología".


"Sin embargo, después al consejo superior de la Universidad Católica él ya cuestiona la enseñanza misma del padre Costadoat", añadió.

Delfau planteó que "el cardenal Ezzati tiene todo el derecho de hacer lo que hizo (...) pero se ha saltado todas las instancias subsidiarias que funcionan normalmente, como son el decano, la Facultad de Teología".

"No hay razones, no hay fundamentos, no hay papeles. Esto daña a la Universidad Católica y daña a la desprestigiada Iglesia chilena", recalcó.

Finalmente, Delfau también se refirió a la polémica relacionada con la designación de Juan Barros como obispo de Osorno, indicando que "nadie habla a favor de Juan Barros desde su nombramiento a la semana anterior a su asunción como obispo. Hay un silencio sepulcral por tres meses desde su nombramiento".

"El caso de Barros es muy triste, es triste para él también", ya que nadie habló a su favor, sostuvo el religioso.





Rector Montes y despido de Costadoat:
“Los estudiantes de teología no son niños y no se les puede tratar como tal”Por 21 años fue profesor de la Universidad Católica. Pero el cardenal Ricardo Ezzati decidió no renovar "la misión canónica" del sacerdote jesuita Jorge Costadoat. La razón: una supuesta "tensión" entre la libertad con que la que enseñaba Costadoat y la libertad del establecimiento. El hecho generó molestia y desconcierto en el mundo jesuita, congregación que el año pasado ya se enfrentó a Ezzati, cuando este abrió una especie de inquisición contra tres de sus sacerdotes más emblemáticos. 

El ramo que impartía el cura jesuita Jorge Costadoat en la Facultad de Teología en la Universidad Católica se llamaba Cristología. En él enseñaba sobre la construcción de los dogmas en la teología y sobre la Santísima Trinidad. Si bien llevaba cerca de dos décadas como docente de esa universidad, había algo en sus clases que llevó a que el cardenal Ricardo Ezzati -Gran Canciller de la UC- tomara una decisión irreversible: no renovar la misión canónica del profesor e invitarlo a que se desempeñara en otro establecimiento.

El motivo de Ezzati fue que la forma de enseñar de Costadoat producía una “tensión” con la libertad que tiene la Facultad para decidir sus contenidos. “No hay claridad con respecto a la razón”, explicó Rafael García, vicepresidente del centro de estudiantes de la carrera. Y si bien explica que el jesuita no enseñaba “herejías” en sus clases, el cardenal Ezzati tiene la facultad para tomar dicha decisión. Algo que discutirán los estudiantes de teología en una reunión extraordinaria este mediodía para tomar una postura al respecto.

Desde el mundo jesuita, el sacerdote y rector de la Universidad Alberto Hurtado, Fernando Montes, rechazó tajantemente el hecho. “Encuentro inaceptable que a alguien se le despida sin que sepa objetivamente cuál es el motivo”, planteó a El Dínamo. “A mí me parece que a un sacerdote hay que prepararlo para que enfrente verdaderamente las dificultades que se esperan en el mundo. Un estudiante de teología llega con una formación preparada, ya no son niños y no se les puede tratar como tal. Es fundamental que conozcan las controversias que hay en la Iglesia y tengan un posición personal profunda. No se puede tapar el sol con un dedo”, añadió.

Sin embargo, no es primera vez que los jesuitas se enfrentan a una decisión de esta naturaleza. El año pasado, Ezzati, máxima autoridad eclesiástica del país, inició una especie de inquisición contra tres curas de esa congregación -Felipe Berríos, Mariano Puga y José Aldunate- por tener una postura crítica a la tarea de la iglesia chilena. Consultado sobre si los jesuitas se sienten perseguidos, Montes respondió: “Yo espero que no sea así. Habría que preguntárselo a él. Personalmente no me siento atacado. Tengo mucha libertad para hablar, para pensar y espero que eso se reconozca como un derecho. Nosotros queremos ser fieles a la Iglesia, pero la Iglesia tiene que dialogar con el mundo de hoy”.

El hecho provocó especial desazón en Montes, dado que Jorge Costadoat es su superior en la comunidad jesuita. “Está tranquilo, quiere estar retraído, pero solamente porque cree que los dardos están echados y quienes son responsables tendrán que verlo”.

Pese a ello, horas antes, el propio Costadoat escribió en su blog: “Según entendí, él (Ezzati) estima que hay algunos alumnos que no estarían preparados para asistir a un curso de Trinidad y Cristología como el que yo imparto por una razón más bien pedagógica. Muchos son los estudiantes que se han mostrado agradecidos de la forma como he enseñado. Doy mis cursos mostrando en qué consiste la fe de la Iglesia, obviamente teniendo en cuenta el legítimo debate que dentro de la ortodoxia se establece entre los teólogos, tomando yo mismo posición en las materias controvertidas”. A lo que termina diciendo que “no creo que en una universidad se pueda enseñar sin libertad”.

La polémica no terminó ahí. En una declaración pública firmada por cerca de 200 personas del mundo político, académico y religioso, expresando el más “enérgico rechazo”, se señala que “no es sostenible una libertad de enseñanza en la Universidad sin que exista libertad de cátedra. Esta medida pone en duda la misión propiamente universitaria de la P. Universidad Católica de Chile, y ofende el cultivo de la verdad. El Arzobispo pretende custodiarla mediante la coacción sobre la conciencia, en este caso de los académicos”, reza la misiva firmada por el senador Ignacio Walker, el sacerdote Pedro Pablo Achondo (SS.CC.), la ex ministra Laura Albornoz y el diputado Giorgio Jackson, entre otros. Otra crítica que suma Ricardo Ezzati, el jerarca de la iglesia nacional.





Apoyo y Solidaridad con Jorge Costadoat, SJ

DECLARACIÓN PÚBLICA

El Gran Canciller de la P. Universidad Católica de Chile y Arzobispo de Santiago, Monseñor Ricardo Ezzati, ha comunicado al profesor P. Jorge Costadoat sj, la no renovación de la misión canónica para enseñar en la Facultad de Teología de dicha Universidad. En la práctica ha despedido a un profesor que lleva más de 20 años trabajando en la Facultad. El Sr. Decano de la Facultad de Teología conoció la medida por intermedio del mismo afectado. Previamente él había solicitado al Arzobispo la renovación de misión para el P. Costadoat, acogiendo el parecer del Consejo de Facultad y del Consejo de Calificación Académica. Esta decisión, por tanto, no ha sido consecuencia de una mala evaluación académica de parte de las autoridades de dicha Facultad.

Consideramos que el procedimiento seguido por el Gran Canciller de la P. Universidad Católica de Chile es de la mayor gravedad. El año pasado, con ocasión de la discusión sobre la reforma educacional, él mismo defendió públicamente la libertad de enseñanza. Sin embargo, en este caso, incumple su compromiso de respetar la libertad de cátedra del profesor. No es sostenible una libertad de enseñanza en la Universidad sin que exista libertad de cátedra. Esta medida pone en duda la misión propiamente universitaria de la P. Universidad Católica de Chile, y ofende el cultivo de la verdad. El Arzobispo pretende custodiarla mediante la coacción sobre la conciencia, en este caso de los académicos. El Papa pidió en el reciente Sínodo sobre la Familia, “hablar con libertad, escuchar con humildad”. El Arzobispo no permite que esto suceda en la Facultad de Teología.

Al comunicar la decisión, explícitamente le señaló al profesor que no había problema doctrinal ni en su enseñanza ni en sus escritos, pero que enseñaba con mucha libertad. Luego, ha sostenido que posee razones suficientes. No son éstos motivos universitariamente aceptables, pues no satisfacen exigencias básicas de razón pública, especialmente si se sabe que la decisión no se funda en la opinión académica de personas competentes, ni en el juicio de sus pares teólogos de la Facultad, sino que aparece como una decisión arbitraria que atropella la libertad académica. Exonerar al P. Costadoat, no sólo le daña a él, sino también a la Facultad de Teología, a los estudiantes que se forman allí, y a toda la comunidad universitaria, que deberá tomar nota que en lo sucesivo el ejercicio de su propia libertad de cátedra estará sometido a censura y eventuales castigos por parte de la autoridad eclesiástica, prescindiendo de la opinión de la autoridad universitaria y de procedimientos transparentes. Se instala así un ambiente de suspicacia que promueve más bien el acomodo sumiso que la creatividad académica.

Expresamos nuestro más enérgico rechazo a esta medida y al procedimiento seguido para materializarla. Queremos una Iglesia con procedimientos abiertos, sujetos a razón y justicia. Manifestamos asimismo nuestro apoyo y agradecimiento al P. Jorge Costadoat sj por su dedicada labor teológica. Él es un académico de excelencia, que combina erudición y piedad. Como teólogo de los signos de los tiempos ha tendido puentes para un mejor diálogo de la Iglesia con el mundo, de la fe con las ciencias y la cultura. Éste es el intelectual y sacerdote objetado por el Arzobispo.

Santiago, 25 de marzo de 2015
Firmantes:
Naschla Aburman, Pedro Pablo Achondo ss.cc. Oliver Aguayo Morales Carlos Aguirre, Ana María Aguirre Valdivieso, Claudio Agurto Spencer, M. de la Luz Ahumada, Mario Ahumada Briones, Laura Edwards Valdés, Bernardo Eissmann Valenzuela, Carlos Elton García-Huidobro, Isabel Elton, Paul Endre Saavedra, Marcelo Energici, Daniela Eroles, Josefina Errázuriz, Ismael Oviedo Valdés, Daniela Oyarce Cádiz, Darío Oyarzún Hermosilla, M. Angélica Palacios, Juan Cristóbal Palma, Mario Palma Torres, Jaime Parada Hoyl, Andrea Pardo Lagos, Francisco Albornoz Farías, Laura Albornoz Pollmann ,Mónica Aldea Espinoza, José Aldunate Lyon sj, Sofía Almarza, Verónica Almonacid, Jaime Álvarez González, Hernán Amenábar Cantillana, M. Verónica Anguita Mackay, Rodrigo Angulo Burgos, M. Angélica Anjari Millar, Verónica Apablaza Ochsenius, Carlos Arancibia Neculmán, Susana Arancibia Torres, Rodrigo Aranda Gómez,  Soledad Aravena, Rubén Araya Krstulovic, Cecilia Araya Maureira, M. Francisca Araya Varela, Daniel Arellano Fuenzalida, José Pablo Arellano, Claudia Arellano Lorca, Pedro Arellano, Marín Magdalena Arellano Recabarren, María del Pilar Ariztía Sandoval, Paula Arteaga Manieu, Gonzalo Arteaga Rozas, Rubén Astete Altamirano, Pablo Astudillo Lizama, José Astudillo Pizarro, Horacio Atenas, Fernando Atria Lemaitre, Sergio Avendaño Ojeda, Andrés Aylwin Azócar, Isabel Aylwin Oyarzún, Mariana Aylwin Oyarzún, Nicolás Azócar Rojel, Marta Bachino, Jaime Baeza Freer, Giancarlo Baghetti Rojas, Benito Baranda Ferrán, Monserrat Baranda Ferrán, Juan Pablo Baraona Reyes, M. Eugenia Barías Céspedes, Cristián Barría Iroumé, Pablo Barrientos Saavedra, Pilar Barriga Vargas, María Paz Barrios, Andrés Barrios Fernández, Enrique Barros Bourie, Alejandro Barros Cabero, Gabriel Barros Marfán, Ignacio Errázuriz Arellano, Enzo Escalona Fuentes, Teresa Escárate, Fernando Escobar Aguirre, Jaime Escobar Martínez, Sergio Espejo Yaksic, Ernesto Espíndola, Andrea Espinoza Morales, Margarita Estrada Uribe, Leonor Etcheberry,  Alberto Etchegaray, A. M. Magdalena Farías Dupouy, Marta Faunes Sanhueza, Eduardo Fermandois, Carmen Fernández F., Luisa Fernández Fábres, Pablo Fernández Gumucio, M. Jesús Fernández Gumucio, Ivón Ferreira Oyarzún, Sofía Ferretti Contreras, Constanza Figueroa, Carlos Figueroa Salaza,r Felipe Figueroa Zimmermann, Ximena Figueroa, José Pablo Flores Cano, Juan Ignacio Fogliatti, Luciano Fouillioux Fernández, José Frías, Danilo Frías Sáez, Nicole Fuentealba, Danae Fuentes Ferrera, María Eugenia Ferretti, Francisco Fuenzalida, M. Teresa Fuenzalida, Rosita Fuenzalida, M. Cristina Fuenzalida Kaulen, Juan Fuenzalida Risopatrón, Tomás Fuenzalida Risopatrón, Yuri Gahona Muñoz, Joaquín Galeno Ghio, Andrés Gallardo Johnson, Paula Gana del Río, M. Josefina García Binimelis, Sebastián García Cornejo, Enrique García Fernández, Laura García Fernández, Carlos García Lazcano, Álvaro García Monge, Diego García Monge, M. Cecilia García Monge, M. Pilar García Monge, Andrés García Prieto, Verónica Pardo Lagos, Lucy Paredes, Francisco Paredes Grob, M. Lidia Pardo Álvarez, Norma Parrao Arellano, Tomás Pascual, Juan Cristóbal Pasini, Catalina Pasini Carvallo, Claudio Pasini Murúa, María de los Ángeles Pavez,  Susan Peake Lorca, Juan Cristóbal Peña, Mario Peñailillo Acevedo, Luis Pérez, José Antonio Pérez Balmaceda, Claudio Pérez Barros, M. Josefina Pérez Cruz, Carolina Pérez Dattari, M. Beatriz Pérez Juricic, Horacio Pérez Walker, María Luisa Pérez Walker, Tomás Peters, Esteban Pincheira Ramos, Juan Pablo Pincheira Sánchez, Carlos Pino Navea, Francisco Pinto, M. Ignacia Pinto, Bernardita Pizarro Guerrero, Javiera Pizarro Guerrero, Loreto Pizarro Guerrero, Magdalena Poblete Azcona, Camilo Poblete Bravo, Sebastián Poblete Coddou, Mónica Poblete Ilharreborde, Gilberto Ponce Vera, Carlos F. Pressacco, Isabel Margarita Price Elton, M. Angélica Quezada Olguín, Claudia Quezada Quiroz, M. Loreto Quijada Bascuñán, Augusto Quintana Benavides, Anita Quiroga Araya, Lyssue Quiroga Espinoza, Jorge Radic, María Paz Ramírez, María Trinidad Ramírez, Miguel Ramírez Leiva, Franco Ramírez Salamanca, Violeta Ramírez Feliú ,Álvaro Ramis, Daniela Ramos, Juan Rauld Plott, Andrés Bartelsman Vega, Camila Bas, M. Javiera Basaure Oróstica, Ricardo Batarce, María Paz Bayo, Paulina Beca, Alejandro Behnke García, Ignacio Beltrán Irureta, Rosario Berardi, Carolina Berguño, Bernardita Bettancourt Mujica, María Paz Bettancourt Mujica, Mónica Bettancourt Mujic,a Jaime Bettancourt Siggelkow, José Miguel Beytía Reyes, M. de los Ángeles Beytía Reyes, M. Josefina Bilbao Mendezona, Francisca Binimelis, José Binimelis Coddou, Pilar Blanco Cristi, Andrea Botto S., M. Isabel Bravo Cánepa, María José Bravo, Carolina Bravo Colomer ,Nicolás Browne Arellano, Carolina Buneder ,José Miguel Burmeister ,Felipe Burrows Grau, Francisco Bustos Yusta, M. Margarita Cabello Silva, Ximena Cabezas Arenas, Agustín Cabré Rufatt cmf , Martín Cáceres, Alejandra Cáceres Contreras, Manuel Caire Espinoza, Elisa Calcagni García, Magdalena Calcagni García, Rodrigo Calcagni González, Marco Calderón Rivera, Gabriela Campos, Paz Campusano Palacios, Ricardo Capponi Martínez, Ricardo Carbone, Pilar Cárdenas Benítez, Rodrigo Caro Cordero, Cristóbal Caro Fuentealba, Mauricio Carrasco Briones, Matías Carrasco Ruiz-Tagle, Valentina Carrozzi Reyes, Ana Carvajal Aguilera escj, Carmen Luz Carvallo de Pasini, Carolina Casanueva Johnson, Diego García Prieto, Rodrigo García S., Carolina Gasman León, Rosita Gazmuri Méndez, Fabián Gil Mc Cawley, Damián Gildemeister Díaz, Pedro Glatz, Iván Godoy,  Héctor González Isla, Daniel Gordon Adam, Felipe Gross Dempster, Marcelo Gross Fuentes, Pablo Guarda Barros, Héctor Guajardo León, Verónica Gubbins Foxley, Carmen Luz Güemes, M. Olga Güemes Álvarez, Gloria Guerrero rscj, Carmen Luz Gumucio, Rosa María Gutiérrez, Marcelo Gutiérrez Billa, Gabriel Gutiérrez Cofré, Gloria Gutiérrez Mujica, Sergio Guzmán Costabal, Patricio Guzmán Iglesias, Pablo Hermansen Ulibarri, Javier Hernández, Gloria Hernández Aravena, Rafael Hernández Contreras, Elizabeth Herrera Garrido, Consuelo Herreros Silva, Luis Hevia Boisen, Carolina Hirmas, Josefina Huneeus Lagos, María de los Ángeles Hurtado, Martín Hurtado Covarrubias, Tomás Ilabaca Turri, Carlos Illanes Acuña, Enrique Infante, Carlos Inostroza Herrera, Valentina Insulza Court, Diego Irarrázaval csc, Mónica Irarrázaval Saavedra, María Irigoin Barrenne, Rodrigo Iturriaga Valenzuela, Giorgio Jackson, Vinka Jackson González, Andrea Jaramillo Torrens, Juan Pablo Jiménez, M. Isabel Jiménez Castro, Catalina Jiménez Muñoz, Cristóbal Joannon, Cecilia Ravanales Alvarado, Catalina Rébora A. M., Elena Recabarren, Jorge Recabarren Silva, Jaime Retamal Salazar, M. Carolina Rickenberg, Cristián Richard Guzmán, Patricia Richard, Paula Richard Lisboa, M. Ignacia Riesco Binimelis, M. Patricia Ríos Dempster, Daniel Risopatrón Echenique, Rodrigo Rivera Ascencio, Giovanna Roa, Patricia Robles State, Rafael Rodríguez Arancibia, Mario Rodríguez Castillo, Cristián Rodríguez Cuevas, Paulina Rodríguez Vial, Eduardo Rodríguez Zañartu, Germán Rogers Niedmann, Felipe Rojas Vera,Magdalena Rojas Wettig, Gonzalo Rojo Lorca, Sabine Romero Bergdolt, Natacha Romero Valdivia, Raúl Rosales, César Ross, Ignacio Rosselot Pomés, Cecilia Rovaretti, José Manuel Ruiz, Emma Ruiz de Gamboa, Juan Andrés Ruiz-Tagle, Ignacio Saffirio Palma, Javier Sajuria, Pablo Salvat Bologna, Loreto San Miguel, M. Isabel San Pedro Bravo, Germán Sánchez, Javiera Sánchez, Jorge Sanhueza, Macarena Sanhueza Céspedes, Eliana Santibáñez Viani, Ximena Saric Solari, Fernando Schmidt, Bernardita Schmidt Barriga, Jorge Schmidt W., Judith Schönsteiner, Pilar Segovia Lastarria, Soledad Segura Salas, J. Ignacio Sepúlveda del Río, Isabel Señoret, Nemo Castelli sj, René Castillo, Sylvia Castillo Araya, M. Cecilia Castro Cruz, M. Isabel Castro Domínguez, Felipe Castro Fones, Claudio Castro Salas, M. Olga Cattani, Francisco Javier Celedón, Javier Celedón sj, Francisca Celedón , Roberto Celedón Fernández, Luz Cereceda Troncoso, Adela Cerón Manríquez, Marianela Cerri López, Loreto Céspedes, Javier Cifuentes Ovalle, Luis Cisternas Aguirre ofm, M. Inés Cisternas Zañartu, Pabla Claro Huneeus, Pablo Coloma Correa, Rodrigo Coloma Correa, Pablo Coloma Puga, Patricia Concha Bañados, Verónica Concha Bañados, Ximena Concha Bañados ,Patricia Concha Gutiérrez, Luis Conejeros S., Oscar Contardo, Rocío Contrera, Fernando Contreras Cortés, Felipe Contreras Haye, Diego Contreras Klock, Fernando Contreras, M. Constanza Contreras, Silvia Contreras Toledo, Isabel Contrucci Hohlberg, Nicolás Cordier, Sebastián Correa Duval, Carolina Correa Maturana, Rosa Correa Rosas, Loreto Cortés Alvear, Adrián Cortez Parraguez, Andrés Couble Miñón, Ana Cox Donoso, Daniel Cox Donoso, Lucía Cox Donoso, Fernando Cox Morandé, Bernarda Cox Schmidt, Miguel Crispi, Pedro Pablo Cristi Díaz ,Marta Cruz Coke, Beatriz Juricic, Catalina Justiniano, Anna Magdalena Kapitanska, Sebastián Kaufmann Salinas, Mario Kriz Sarria, María José La Rivera, Pedro Labrín sj, Carmen Gloria Lafuente, Antonia Larraín, Guillermo Larraín, Jorge Larraín Ibáñez, Francisca Larraín Marshall, Alberto Larraín Salas, Juan Ignacio Latorre, Valentina Latorre, Oscar Lazo Jerez, Jorge Leyto,n Elizabeth Lira, Amalia Lira Morales, Patricia Lisboa Combettes, Viviana Lizama S., Marcela Lobo, Francisco López Fernández, Celso López Saavedra, Alejandra Lustig Falcón, Silvestre Lyon Rodríguez, Gina Macari Pucci, Pablo Maino Swinburn, Fabiola Mansilla Zúñiga, Julia Marfán Reyes, Marcos Maricoy Carimán, Teresita Marín Keymer, Guillermo Marín Vargas, Blanca Marió Guerrero, José Ignacio Maritano, Felipe Márquez, M. Angélica Márquez Maass, Paulina Marshall de la Maza, María Jesús Martínez, Rocío Martínez Gutiérrez, Felipe Matta Aylwin, Manuel Matta Aylwin, Karoline Mayer Hofbeck, Bernardita Mayo, Pedro Mayorga Montalva, Beatriz Mediano, Jorge Medina A., Cecilia Meliñán Fuentes, Romina Melloni Sita, Ricardo Mena Burgos, Constanza Mena Silva, Manuel Méndez Becerra, Sandra Sierra Reyes, José Tomás Silva, Pastor Silva Beiza, Carlos Silva Alliende, Loreto Silva Fernández, Silvia Silva Palacios, Nicolás Soler, David Soto sj, Guillermo Soto Giordani, J. Sebastián Squella Correa, Conrado Stingo Tealdo, Ana María Stuven, Mónica Stuven, Gastón Suárez, Juan Subercaseaux Amenábar, Esteban Szmulewicz Ramírez, Beatriz Tapia, Francisco Tapia Ferrer, Carola Tapia Sepúlveda, Felipe Téllez Guzmán, M. Cristina Tirado Krüger, Noam Titelman, Sergio Todorovic Gallo, Viola Todorovic Gallo, Johann Todorovic Karmelic, Pablo Toro Blanco, Jaime Torres, Constanza Tresoldi Manríquez, Magdalena Troncoso del Río, Carolina Troncoso K., Raúl Troncoso Keymer, M. Lucía Trujillo Carrasco, Laura Tupper Satt, Daniela Undurraga, Raimundo Undurraga, Teresa Undurraga Alessandri, Pilar Ureta Lyon, Isabel Undurraga Matta ,Trinidad Undurraga, Alejandra Vaccaro Unnash, Hernán Valderrama Lemos, Ximena Valdés Echenique, M. Eugenia Valdés Ossa rscj, Ana María Valdivia Romero, Catalina Valenzuela, M. Eliana Valenzuela, Jorge Valenzuela Carreño, Pablo Valenzuela Casesempere, Nicolás Valenzuela Levi, Ester Valenzuela Rivera, Raúl Valenzuela Rodríguez, Esteban Valenzuela Van Treek, Juan Carlos Cruz Chellew, Carlos Chong Campusano, Francisco De Ferari Correa, Ignacio De Geyter, Rafael Del Campo Mullins, Nicolás del Canto, Sonia del Río Carvallo, Carolina del Río Mena, José Luis del Río, Ana María del Valle, Rodrigo del Valle, M. Soledad del Villar Tagle, Beatriz de la Cerda S., José Miguel De la Vega, Antonio Delfau sj, Carmen Cecilia Díaz, Pedro Pablo Díaz Herrera, Rodrigo Díaz Montero, Carlos Díaz Navarro, Javier Díaz Vernon, Guido Diez Cros, M. Teresa Divin Larraín, Alberto Dittborn R,. Cristián Domínguez Hamilton, Gerardo Domínguez Hamilton, Patricia Domínguez Hamilton, M. Isabel Donoso Ureta, Linda Donovan Vigeant, Claudia Drago Camus, Rodrigo Echecopar, M. Angélica Echenique, Cristián Echeverría, Mónica Echeverría Yáñez, Roberto Méndez , Cristián Meneses sj, Santiago Meneses, M. Caridad Merino, Andrés Millar Deuma, Antonio Mingo Marinetti, Patricio Miranda Rebeco, Eduardo Molina Cantó, Carolina Monsalve, Nelson Montaldo Lorca, Montserrat Montecino ss.cc., Alejandra Montenegro, Raimundo Montero Labbé, Carolina Montiel Vilarnau, M. Francisca Morales Ahumada, M. Isabel Morales Brogsitter, Isabel Margarita More,l Renato Moretti Tapia, Carolina Moure, Manuel Mour,e Ana Carolina Munchmeyer, Pía Mundaca Ovalle, Teresita Mujica Piwonka, Sebastián Muñoz Ruz, Ignacio Muñoz Sepúlveda, Jessie Muñoz Sepúlveda rscj, Boris Navarro Alarcón, Iván Navarro Espinoza, Javiera Navarro Marshall, Felipe Nesbet Montecinos, Sofía Nicolai Manaut, Rodrigo Núñez Poblete, Rodolfo Núñez Úbeda,Tomás Ojeda Güemes, Javiera Olivares, M. Edith Opazo Encina rscj, Hernán Orchard Pinto, Claudio Orrego Larraín, Marcia Orrego Pastén, Magdalena Ossa Cox, Andrés Otero Klein, Germán Ovalle Noguera, Pablo Vallasciani, Mike Van Treek, Alejandro Vargas, Mariano Vásquez Campos, Sylvia Vega, José Vega Contreras, Diego Vela Grau, Nicolás Velasco Hodgson, Marco Antonio Velásquez Uribe, M. Inés Vergara Cisternas, Guillermo Vergara Orellana, Ana María Vicuña Navarro, José Vidal, Diego Vidal Sánchez, Rodrigo Vidal Sánchez, Nicolás Viel ss.cc. , Gonzalo Reyes, Alejandra Escobar, Sebastián Vielmas, Cecilia Violic Goic, Astrid Villouta, Felipe Viveros Caviedes, Soledad Waidele, Joaquín Walker Martínez, Ignacio Walker Prieto, Augusto Wiegand Cruz, Harry Williams Carvajal, María Luz Willumsen May, Linn Wragg Larc,o José Ignacio Yáñez, Samuel Yáñez Artu,s Karima Yarmuch García, Ximena Zabala, Juan Pablo Zamora, Denise Zamorano Vera, Juana Zunino...