jueves, 26 de febrero de 2015

NO CONFUNDIR A NADIE CON JESÚS - José Antonio Pagola


NO CONFUNDIR A NADIE CON JESÚS - José Antonio Pagola

Según el evangelista, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los lleva aparte a una montaña, y allí «se transfigura delante de ellos». Son los tres discípulos que, al parecer, ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de crucifixión.

Pedro ha intentado incluso quitarle de la cabeza esas ideas absurdas. Los hermanos Santiago y Juan le andan pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Ante ellos precisamente se transfigurará Jesús. Lo necesitan más que nadie.

La escena, recreada con diversos recursos simbólicos, es grandiosa. Jesús se les presenta «revestido» de la gloria del mismo Dios. Al mismo tiempo, Elías y Moisés, que según la tradición, han sido arrebatados a la muerte y viven junto a Dios, aparecen conversando con él. Todo invita a intuir la condición divina de Jesús, crucificado por sus adversarios, pero resucitado por Dios.

Pedro reacciona con toda espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la cruz del Calvario.

Dios mismo le va a corregir de manera solemne: «Este es mi Hijo amado». No hay que confundirlo con nadie. «Escuchadle a él», incluso cuando os habla de un camino de cruz, que termina en resurrección.

Solo Jesús irradia luz. Todos los demás, profetas y maestros, teólogos y jerarcas, doctores y predicadores, tenemos el rostro apagado. No hemos de confundir a nadie con Jesús. Solo él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar. Las demás nos han de llevar a él.

Y hemos de escucharla también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos. El éxito nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino, sin conflictos, sin rechazo y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos «crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad cristiana.
¡QUIERO VERTE, SEÑOR!
Escrito por  Florentino Ulibarri

Quiero cerrar los ojos
y mirar hacia dentro
para verte, Señor.

Quiero también abrirlos
y contemplar lo creado
para verte, Señor.

Quiero subir a l monte
siguiendo tus huellas y camino
para verte, Señor

Quiero permanecer acá
y salir de mí mismo
para verte, Señor.

Quiero silencio y paz
y entrar en el misterio
para verte; Señor.

Quiero oír esa voz
que hoy rasga el cielo
y me habla de ti, Señor.

Quiero vivir este momento
con los ojos fijos en ti
para verte, Señor.

Quiero bajar del monte
y hacer tu querer
para verte, Señor.

Quiero recorrer los caminos
y detenerme junto al que sufre
para verte, Señor.

Quiero escuchar y ver,
gozar de este instante,
y decirte quién eres para mí, Señor.



UNA GLORIA EXTERNA NO ES LA META
Escrito por  Fray Marcos

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Mc, que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Parece que hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro y difícil de la cruz.

Es muy complicado encontrar un significado coherente con nuestra perspectiva actual. Sobre todo, si nos negamos a entrar por la puerta fácil y trillada de la explicación oficial. Para mí, es inaceptable que Jesús se dedicara hacer su puesta en escena particular. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Mc en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato y su redacción a base de símbolos del AT, nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de una teofanía, a ejemplo de las que se narran a lo largo de todo el AT. No supone que Dios en un momento determinado, desde su omnipotencia, realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un individuo concreto. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa cercanía y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones aparentemente sensoriales, se trata de fenómenos paranormales o sicológicos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser, es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en el noúmeno. "Si te encuentras al Buda, mátalo".

Jesús, por ser plenamente humano, tuvo que luchar en la vida por descubrir su plenitud. El relato de hoy quiere decir que aún siendo hombre, había en él algo que iba más allá de lo humano. Es muy probable que se trate de un relato pascual que, en un momento determinado, se consideró oportuno retrotraer a la vida terrena de Jesús. En los relatos Pascuales, se insiste una y otra vez, en que ese Jesús Vivo, es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración, se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. Ese Jesús que vive con ellos es el mismo Cristo "glorificado".

La manera de construir el relato, quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, solo que no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que se quiere contar en este relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús, está en su humanidad, no añadido a ella en un momento determinado. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús con el fin de manifestar de manera apodíctica su divinidad.

Pedro, Santiago y Juan fueron los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Parece que necesitaban clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en la agonía del huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús, que de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús, en el capítulo siguiente, que quieren ser los primeros en su reino... Los tres demuestran no haber entendido nada del mensaje de su Maestro. Los tres necesitan un buen correctivo.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios les acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos, no disminuye en nada la profundidad del mensaje que nos quieren transmitir, al contrario, el  lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios que eran todos judíos.

Moisés y Elías conversando con Jesús. Además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Me pregunto, cómo supieron que se trataba de esos dos personajes. También me gustaría saber en qué lengua hablaban. Está claro que lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Desde ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes Jesús para dentro de muy poco. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. El mismo afán de gloria que a todos nos acecha.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la "gloria", y pretende retener el momento. Pedro, diciendo lo que piensa, manifestando su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar, porque se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas han cumplido su papel y están ya superados. La voz corrige esta visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, "akouete autou" significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él solo. Es curioso que el AT sigue siendo el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy también lo es la estructura religiosa y los prejuicios que nos han inculcado sobre el mismo Jesús. Escuchar, es la actitud básica del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que "escuchamos" nos compromete y nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie... Es la referencia más clara a la experiencia pascual del relato. No tiene sentido hablar de lo que ellos ni estaban buscando ni habían descubierto. No sólo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó muy pronto. En el capítulo siguiente nos narra Mc la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro siguió sin enterarse de quién era Jesús y termina negándolo ante una criada. Estos dos hechos hubieran sido impensables después de una experiencia como la transfiguración.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que tenemos que escuchar. La conclusión no es, que tenemos que aceptar la cruz porque es el único camino para la gloria. No se llega a la vida a través de la muerte, sino que en lo que llamamos "muerte" está ya la Vida.

Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: Hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y los profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT. El mensaje de Jesús nos viene demasiado grande. Como Pedro, lo más que nos hemos atrevido a hacer, es ponerlo al mismo nivel que la Ley los profetas.

Meditación-contemplación

¡Escuchadlo!
No se refiere sólo a lo que nos dijo con sus palabras.
En Mc, Jesús nos habla más y mejor con su hechos.
El mayor atractivo de Jesús es su coherencia.
En él, lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía era todo uno.
........................

Esa autenticidad es la clave de un verdadero ser humano.
Jesus era verdad, le miraras por donde le miraras.
Ahí tenemos el modelo y el ejemplo.
Nuestro objetivo será arrancar de nosotros toda falsedad.
..................

Ahí está la tarea de toda nuestra vida:
purificar, día a día, nuestros pensamientos;
apartar de nuestra lengua toda mentira;
evitar en todas nuestras acciones la falsedad.
...........

Fray Marcos





LA ANTICIPACIÓN DEL TRIUNFO DE JESÚS
Escrito por  José Luís Sicre

El domingo 1º de Cuaresma se dedica siempre a las tentaciones de Jesús, y el 2º a la transfiguración. El motivo es fácil de entender: la Cuaresma es etapa de preparación a la Pascua; no sólo a la Semana Santa, entendida como recuerdo de la muerte de Jesús, sino también a su resurrección. Este episodio, que anticipa su triunfo final nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas.

El contexto
Jesús ha anunciado que debe padecer mucho, ser rechazado, morir y resucitar. Pedro, que no quiere oír hablar de sufrimiento y muerte, lo lleva aparte y lo reprende, provocando la respuesta airada de Jesús: «Retírate, Satanás». Luego llama a toda la gente junto con los discípulos, y les dice algo más duro todavía: no sólo él sufrirá y morirá; los que quieran seguirle también tendrán que negarse a sí mismos y cargar con la cruz. Pero tendrán su recompensa cuando él vuelva triunfante. Y añade: «Algunos de los aquí presentes no morirán antes de ver llegar el reinado de Dios con poder». ¿Se cumplirá esa extraña promesa? ¿Hay que hacerle caso a uno que pone condiciones tan duras para seguirle?

El cumplimiento: la transfiguración
Seis después tiene lugar este extraño episodio. El relato podemos dividirlo en tres partes: la subida a la montaña, la visión, la bajada. Desde el punto de vista litera­rio es una teofanía, una manifestación de Dios, y Marcos utiliza los mismos elementos que empleaban los autores del Antiguo Testamento para describirlas.

La subida a la montaña (v.1).
Es significativo el hecho de que Jesús sólo elige a tres discípu­los, Pedro, Santiago y Juan. La exclusión de los otros nueve no debemos interpretarla sólo como un privilegio; la idea principal es que va a ocurrir algo tan importante que no puede ser presen­ciado por todos. Por otra parte, se dice que subieron «a una montaña alta». Mc usa el frecuente simbolismo de la montaña como morada o lugar de revelación de Dios. Entre los antiguos cananeos, el monte Safón era la morada del panteón divino. Para los griegos se trataba del Olimpo. Para los israelitas, el monte sagrado era el Sinaí. También el Carmelo tuvo un prestigio especial entre ellos, igual que el monte Sión en Jerusalén.

La visión
En la visión hay cuatro elementos que la hacen avanzar hasta su plenitud.
1) La transformación de las vestiduras de Jesús, que se vuelven «de un blanco deslumbrador, como no es capaz de blanquearlos ningún batanero del mundo». Mc parece sugerir que del interior de Jesús brota una luz deslumbradora que transforma sus vestidos. Esa luz simboliza la gloria de Jesús, que los discípulos no habían percibido hasta ahora de forma tan sorprendente.

2) Elías y Moisés. Curiosamente, el primer plano lo ocupa Elías, considerado en el judaísmo el precursor del Mesías (Eclesiástico 48,10); el puesto secundario que ocupa Moisés resulta difícil de explicar. Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios hablaba cara a cara. Sin Moisés, humana­mente hablando, no habría existido el pueblo de Israel ni su religión. Elías es el profeta que salva a esa religión en su mayor momento de crisis, hacia el siglo IX a.C., cuando está a punto de sucumbir por el influjo de la religión cananea. Sin él, habría caído por tierra toda la obra de Moisés. Por eso los judíos concedían especial importancia a estos dos personajes. El hecho de que se aparezcan ahora a los discípu­los (no a Jesús), es una manera de confirmarles la importancia del personaje al que están siguiendo. No es un hereje ni un loco, no está destruyendo la labor religiosa de los siglos pasados, se encuentra en la línea de los antiguos profetas, llevando su obra a plenitud.

3) En este contexto, las palabras de Pedro proponiendo hacer tres tiendas suenan a simple despropósito. Mc lo justifica aduciendo que estaban espantados y no sabía lo que decía. Generalmente nos fijamos en las tres tiendas. Pero esto es simple conse­cuencia de lo anterior: «qué bien se está aquí». Pedro quiere que Jesús no sufra. Mejor quedarse en lo alto del monte con Jesús, Moisés y Elías que tener que seguirle con la cruz.

4) La nube y la voz. Como en el Sinaí, Dios se manifiesta en la nube y habla desde ella. Sus primeras palabras repiten exactamente las que se escucharon en el momento del bautismo de Jesús, cuando Dios presentaba a Jesús como su siervo. Pero aquí se añade un imperativo: «¡Escuchadlo!». La orden se relaciona con las anteriores palabras de Jesús, que han provocado tanto escán­dalo en Pedro, y con la dura alternativa entre vida y muerte que ha planteado a sus discípulos. Ese mensaje no puede ser eludido ni trivializado. «¡Escuchadlo!»

Este episodio está contado como experiencia positiva para los apóstoles y para todos nosotros. Después de haber escuchado a Jesús hablar de su pasión y muerte, de las duras condiciones que impone a sus seguidores, tienen tres experiencias complementarias: 1) ven a Jesús transfigurado de forma gloriosa; 2) se les aparecen Moisés y Elías; 3) escuchan la voz del cielo.

Lo cual supone una enseñanza creciente: 1) al ver transformados sus vesti­dos tienen la expe­riencia de que su destino final no es el fracaso, sino la gloria; 2) al aparecérseles Moisés y Elías se confirman en que Jesús es el culmen de la historia religiosa de Israel y de la revela­ción de Dios; 3) al escuchar la voz del cielo saben que seguir a Jesús no es una locura, sino lo más conforme al plan de Dios.

El descenso de la montaña (vv.9-13).
La orden de Jesús de que no hablen de la visión hasta que él resucite (v.9) se inserta en la misma línea de la prohibición de decir que él es el Mesías (16,20). No es momento ahora de hablar del poder y la gloria, suscitando falsas ideas y esperanzas. Después de la resurrección, cuando para creer en Cristo sea preciso aceptar el escándalo de su pasión y cruz, se podrá hablar con toda libertad también de su gloria.

José Luis Sicre



Cuaresma, una celosía de la Pascua
Pedro Miguel Lamet

En mi imaginario de infancia la Cuaresma está velada por ceniza, paños morados y la idea de penitencia. A diferencia del Adviento que estaba impregnado de esperanza y caminos hacia la alegría de la Navidad, parecía que el centro de este tiempo tenía que ser casi obligadamente el pecado.

Era como una losa para mi frágil sensibilidad de niño enfermo. Yo había sentido el dolor en mi pierna. De niño tuve una coxalgia, enigmática palabra con la que se me ocultaba mi verdadera dolencia: una tuberculosis, término maldito entonces que llevaba en mi caso el calificativo de “ósea”, pues me afectaba directamente a la cadera. Como no existían aún antibióticos, me escayolaron desde la cintura para abajo, lo que suponía llevarla durante un año ser conducido en un carrito y guardar reposo (Luego fue sustituida por un aparto). Semanalmente me conducían a una clínica donde me extraían pus con una jeringuilla de la cadera.

Tuve una infancia sin poder jugar ni brincar como los demás niño y protagonizada por un intenso e inolvidable dolor.

La vida entonces era para mi ya cuaresma física y calvario impuesto.
Oír hablar de Cuaresma era pues sumar dolor a la tristeza de una Iglesia que me pedía centrarme en la cruz y el dolor de Cristo como único camino.

Sólo al cabo del tiempo descubrí que en la pastoral de entonces había un enorme desenfoque teológico. “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Penitentes con la cruz a cuestas y arrastrando cadenas paseaban nuestras calles y nuestras imágenes parecían canonizar el sufrimiento y la sangre. ¿Y la Pascua? Sólo un día, el domingo en que la costumbre era estrenar algo, pero casi sin procesiones. Como si lo importante de nuestra vida fuera precisamente el dolor.

Sin embargo el último sentido de la Cuaresma es la Pascua de Resurrección. Y para mi asombro, en nuestros pueblos y ciudades se celebraba y se sigue celebrando -solo que con menor presencia social- la penitencia, el dolor, la sangre.
Luego vino el Concilio y se cambió la imposición de ceniza con la frase: “Convertíos y creed en el Evangelio”.

En nuestro mundo actual en crisis, donde el sufrimiento protagoniza ya la vida de muchas personas, en un mundo con paro, hambre, noticias de violencia y una depresión difusa, ¿cual debería ser nuestro mensaje?

Primero: Tomar conciencia de que si creemos en la Buena Noticia, estamos ya salvados, somos parte de la Alegría Total.

Segundo: Existe el pecado, por desgracia está a la vista, pero el acento para un cristiano ha de ponerse en el abrazo del Padre en el Hijo Pródigo nos libera de todo.
Tercero: La verdadera penitencia no es machacarnos, sino querernos bien para querer a los demás y compartir con ellos, que es lo que constituye la verdadera conversión.
Cuarto: Ir al desierto un rato, encontrar el silencio en medio de la ciudad es percibir la conexión existente ya con el Infinito.

Quinto: No imponernos más dolor, sino sublimar el que ya tenemos impuesto por la vida, como rendijas de una luz que poseemos aquí y ahora. “Somos polvo, mas polvo enamorado” (Quevedo)

La cuaresma es como un celosía de limitaciones por la que contemplar la Alegría y sentirnos llenos de amor y libertad, pues ya somos Pascua.

Pedro Miguel Lamet





¡AQUELLAS PIEZAS ARQUEOLÓGICAS!


Mari Paz López Santos

Empieza la Cuaresma un año más. Han pasado ya diez años desde que escribí sobre este tema. He vuelto a leer el artículo (ECLESALIA, 18/02/05) con ánimo de ponerme a tono ante la llegada de la Cuaresma.

¡Qué livianas me parecen mis palabras de entonces! Después de tres mil seiscientos cincuenta y pico días y, aunque "lo escrito, escrito está" y era para un tiempo concreto, han cambiado muchos las cosas.

Entonces aún nadábamos en la abundancia (o eso creíamos); aún no habían saltado por los aires los engranajes de un pozo de corrupción financiera, económica y política a nivel mundial; aún no nos sonaban nombres como Lemans Brothers, Prima de Riesgo, Rescate, Perdonar Deuda a países del Bloque Occidental; aún no aguantábamos un Paro desorbitante pues fluía dinero no controlado (eso se ha visto luego); había Paro pero no a los niveles que tocamos ahora. Aunque es buena la memoria y recordemos que, aún en la abundancia, la denominación "mileurista" es de aquellos tiempos. Aún podíamos hablar del 0,7 para los países en vías de desarrollo; aún... aún no había estallado la Crisis.

Aquí estoy de vuelta preguntándome como hace 10 años si el ayuno y la abstinencia tienen un sentido traducido a nuestros días: los del año 2015, después de siete años de caída libre y recortes sociales hasta en lo más esencial y pagando siempre los de abajo.

¿Cómo vivir el ayuno y la abstinencia en este momento cuando ya casi no sirven los planteamientos de hace unos pocos años?

... Y si el ayuno y la abstinencia se convirtieran en ayuda y asistencia a quienes no tienen ingresos.

... Y si la denuncia de las injusticias se convirtiera en un deber diario sumando voces más allá de ideas y colores políticos.

... Y si empezáramos a hacer gestos de apoyo mutuo, intercambiando tiempo y cuidado unos por otros.

... Y si la televisión pasara a un segundo o tercer plano en la realidad de nuestros hogares. De esto ya hablaba en el anterior... pero seguimos dependiendo más y más de los medios.

... Y si apagamos el móvil de vez en cuando. No dije poner en vibración ni en silencio (¡hace diez años no teníamos whatsapp!) digo practicar la desconexión como una forma de terapia.

... Y si diéramos tiempo a la conversación, a la escucha, a dar nuestro tiempo con quienes están más solos.

... Y si hiciéramos más cosas de esas que no cuestan dinero.

... Y si no nos dejáramos saquear por las grandes compañías y exigiéramos un trato más humano, por ejemplo: no hablar con ordenadores por teléfono; no pagar por pedir información a un banco, aseguradora o compañía de telefonía; no dar datos personales sin que a su vez nos faciliten los de la empresa.

... Y si cada vez más participáramos en Mareas (blancas, verdes... científicas, artísticas, etc.) que siguieran impulsado la protesta ante tanto despropósito.

... Y si fomentáramos el encuentro interreligioso en pequeños detalles de la vida para que dejáramos de mirar "al otro" como estereotipo, el diferente, el "no-yo".

... Y si dedicamos más tiempo al silencio, a la oración, a la meditación para recobrar energía y sentido, necesarios para salir al ruedo de la vida de todos los días.

... Y si dejáramos de escuchar tanta confrontación y violencia política hasta que se dieran cuenta de que hay que ponerse de acuerdo en beneficio de todos y en perjuicio de los que abusan y se corrompen.

... Y si en esta Cuaresma, el ayuno es el de muchos padres que han visto partir a sus hijos a buscar trabajo en otros países. Ayunar de hijos... es muy triste.

... Y si en esta Cuaresma, la abstinencia la vemos materializada en quienes se abstienen de ir a su casa, porque han sido desahuciados por los bancos; en quienes esperan su medicación contra el cáncer, la hepatitis C (y otras) que no llega porque el presupuesto se gastó en otra cosa.

Creo que después de estos 10 años, el ayuno y la abstinencia que es mucho más que si como carne o pescado, se han convertido para muchas personas en el modo de vida; una vida no elegida pero sí sufrida. Cáritas sabe muy bien qué es ayunar y qué es abstenerse mucho más de 40 días.

La Cuaresma puede ser el principio de un camino de conversión. Los cuarenta días que dura es el pistoletazo de salida. Si algo caló, el año se quedará pequeño para vivir una vida en coherencia y solidaridad y querremos comprometernos cada día de nuestra vida.

Que no tengamos que escuchar un año más las palabras de Jesús: "¿Todavía no comprendéis ni entendéis nada?" (Mc 8, 14-21). No, no atendemos, no entendemos y no comprendemos; por mucho que nos advierta seguimos tragando la levadura de los que engañan y manipulan.

Unas palabras del Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2015 también ayudarán en este tiempo: "Toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres".

Vayamos, entonces, como mujeres y hombres libres: con ojos que miran y ven; oídos que oyen y saben escuchar; con mente  clara que sepa discernir y no se deje manipular; y con un corazón atento y amante ante el sufrimiento humano. Sin olvidar la alegría que produce la levadura que, compartiendo el pan con otros, al final sobra. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Mari Paz López Santos
pazsantos@pazsantos.com



A Rafael Calvo
Jose Arregi

Jose Arregi es un colaborador de Fe Adulta desde hace tiempo. Esta entrada va muy unida, por tanto, con la anterior. En su columna José habla de cómo surgió ese portal que es muy parecido a ATRIO y que nosotros apoyaremos todo lo que podamos, aunque vemos dos diferencias esenciales entre los dos. ATRIO no se autoindentifica como cristiano sino como laicista abierto. Y sobre, todo, ATRIO está abierto a debates libres por todas las personas que visiten sus rincones. Es un atrio que quiere estar totalmente abierto a cualquier tipo de creyente o increyente que busque en profundidad inteligencia de la realidad y justicia social. AD.

Te has ido, Rafael, con la misma naturalidad con que has vivido. Con la misma facilidad y soltura con que hacías tantas tareas difíciles, con la misma resolución con que tomabas decisiones complejas. Te has ido con esa tu peculiar confianza vital tan descomplicada, secreto de vuestra vida, la tuya y la de tu inseparable Conchita.


Ella se fue primero, un bello día de otoño en la sierra madrileña, hace tres meses. Tu vida y la de vuestros hijos y nietos se inundaron de lágrimas. Vuestra casa se llenó de un vacío inmenso, aunque habíais tenido tiempo para despediros de ella, para acompañarla en su tránsito y dejaros acompañar por ella en vuestro duelo anticipado. ¿Qué eras tú sin ella, la sabiduría omnipresente? A pesar de todo, te mantuviste en pie, con tu entereza, tu seguridad, tu naturalidad de siempre. En el vacío descubriste su presencia, y en tu gran soledad te sentiste acompañado, como cuenta la Biblia de Tobías, a quien el ángel Rafael –que significa “Dios cura”– acompañó en su largo y peligroso viaje en busca de esposa para sí y de medicina para su padre Tobit, anciano y ciego. Seguiste adelante, entregado de lleno a tus proyectos, a tu misión eclesial.

Pero tu corazón no pudo esta vez seguir a tu voluntad. Y se quebró. Las flores de San José ya habían florecido, y solo faltaban ocho días para la fiesta de San Valentín. Y, a pesar de la doble orfandad en que dejabas a tus cuatro hijos, tu corazón sabía que era el mejor momento para dar el paso, sin sufrir ni ser carga para nadie, e ir a encontrarte con ella en la plenitud de la Vida. Con ella, Conchita, tu esposa de la vida, tu amiga del alma, tu compañera de camino y de proyectos sin fin. Ahora os habéis ido los dos.

Pero era la única forma de quedaros plenamente. Os habéis ido como se va la semilla al fondo de la tierra en busca de la savia. Como se va la sal hasta fundirse en el sabor. Como se va luz cuando se apaga la lámpara. Cuando se apaga la lámpara, ¿acaso no permanece la luz en la energía oculta y poderosa, presente en todo, desde el átomo a las galaxias y hasta nuestro pequeño corazón batiente? Ese movimiento misterioso e invisible de fotones ¿no es acaso una imagen del Infinito o de Dios? Y Dios, ¿no es acaso el nombre de la Vida inmortal, de la Presencia o de la Comunión universal que ni ojo vio ni oído oyó ni la palabra acierta a decir, pero es?

Rafael y Conchita, fuisteis uno. Ahora lo sois plenamente en la pura Vida más allá de todas las formas. Sois uno con todos. Sois uno con nosotros. Fuisteis y sois como la semilla fecunda, como la sal exquisita llena de sabores, como la luz inasible llena de colores. Si el corazón no nos miente –lo más profundo del corazón nunca miente–, vivís en todo, con todos los vuestros, con todos nosotros. Vivís en el corazón de la Vida sin comienzo ni fin, en la Vida sin espacio ni tiempo, en la Vida más allá de todo dónde, cuándo y cómo. En la Vida que nos bendice y que bendecimos. La bendeciremos siempre, y no desmentiremos a nuestro corazón. Ésta es hoy nuestra confesión y nuestro compromiso. Es nuestro consuelo y nuestra tarea.

¡Gracias por tu vida, Rafael! Tú, el infatigable emprendedor, incansable buscador, innato formador, inagotable inventor de ideas y de métodos, pionero de tantos proyectos de formación. Un buen día inventaste Feadulta.com, y nos conquistaste a muchos antes de que pudiéramos entender de lo que se trataba exactamente. Tú ya lo sabías. Hace pocos meses inventaste “Effa”, Escuela de Formación en Fe Adulta. Fue tu última o quién sabe si penúltima idea feliz, antes de dejarnos huérfanos.

Pero la orfandad nos emplaza a tomar el testigo, como escribía vuestra hija Inma en Feadulta.com dos días después de tu partida: “Recién estrenada nuestra total orfandad y con el encargo de continuar tan preciosa misión, se me viene al corazón un sentimiento de responsabilidad propia del que se convierte en adulto”.

Queda prometido, Rafael y Conchita. Descansad vosotros. Seguid celebrando San Valentín. Seremos creyentes adultos. Os reconoceremos y haremos vivir, prolongaremos vuestra vida cada día, en nuestros días alegres y tristes. Seremos semilla, sal y luz para la gloria de la Vida en nuestra tierra.

(Publicado el 22-02-2015 en DEIA y los Diarios del Grupo Noticias)






Sólo el evangelio nos sacará del atasco
José Mª Castillo,

José María Castillo acaba de publicar en su blog Teología sin censura este artículo que suena mucho a llamada del bautista a la meta-noia (cambio de mente) para poder acoger el Proyecto de igualdad humana de Jesús. Esa será la verdadera Cuaresma que empezó ayer.

El papa Francisco les dijo a los cardenales el domingo 15 de febrero: “Nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: la lógica de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada; y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio”. Esto es lo que dijo el papa. Lo que pasa es que ni nos enteramos del todo de lo que Francisco quiso decir. Y menos aún entendemos las consecuencias que lleva consigo asumir de veras la “lógica de Dios”.

La “lógica de Dios” es el meollo del Evangelio. Esto supuesto, la pregunta que tendríamos que afrontar es ésta: ¿nos puede sacar el Evangelio del atasco en que estamos metidos? Me refiero a la crisis y al atasco económico, social, político, cultural, jurídico y sobre todo ético en que nos tiene estancados y hundidos esta maldita crisis.

Así las cosas, yo me pregunto si el Evangelio nos podrá sacar de este atasco. Porque está visto que la economía y sus magnates, la política y sus gestores –al menos hasta ahora– ni nos sacan del atasco, ni dan visos de querer, incluso de poder, sacarnos. ¿Podrían hacerlo? Hay quienes piensan que sí. Pero, ¿podrán hacerlo, tal como están las cosas? Sinceramente, lo veo muy difícil. Extremadamente difícil, al menos en varios años, que quizá van a ser demasiados años. ¿Por qué? Yo no soy economista. Pero no estoy ciego. Y lo que veo es que la economía mundial funciona de tal manera, que, cada año que pasa, la riqueza mundial se va concentrando más y más en menos y menos personas. Con lo cual la desigualdad entre unos pocos (muy pocos) ricos y el resto de los habitantes del planeta es increíblemente asombrosa. Instituciones de ámbito mundial muy autorizadas nos dicen que el uno por ciento de los habitantes del planeta acumula ya tanta riqueza como el noventa y nueve por ciento restante. Ahora bien, una sociedad tan asombrosamente desigual es inevitablemente una sociedad, no sólo estancada, sino sobre todo desquiciada y sin futuro.

Pero no es esto lo peor. Lo más grave del asunto es que, en las sociedades democráticas, en que vivimos, la gente sigue votando a quienes nos han llevado a este desastre total. Y esos votantes quieren que nos sigan gobernando los mismos que nos han llevado a esta ruina y al futuro tan dudoso y sombrío que nos espera. Los mecanismos del sistema (no los partidos) hacen posible este desquiciamiento aterrador. Y no sólo lo hacen posible, sino que hasta lo hacen inevitable. Porque han llegado a producir un modelo de sociedad, una gestión del poder y un estilo de vida al que nos hemos acomodado y que –aquí está el secreto y la clave del asunto– nos resulta irresistiblemente seductor. Ya no es el “poder opresor” el que nos domina. Es el “poder seductor” el que hace con nosotros lo que quiere y lo que le conviene. Teniéndonos y manteniéndonos convencidos de que somos libres, más libres que nunca. Y persuadidos, además, de que esto no puede ser de otra manera. Porque es “el mejor estado de cosas” que se ha inventado hasta ahora. Nos han metido en la cabeza que este modelo (de economía y de política), hoy por hoy, no tiene alternativa.

Por todo esto digo que veo muy difícil que, al menos por ahora, salgamos de este atasco en el que estamos metidos. Y en el que, además, nos sentimos a gusto. Precisando más, estamos a gusto los que hacemos falta para apuntalar, mantener, asegurar y hacer que dure este sistema canalla, que tanto sufrimiento, tanta violencia y tanta desvergüenza sigue produciendo, y acumulando de día en día. Por supuesto, hay millones de criaturas que ya no pueden más. Pero también, para esos desamparados del sistema, hay “bancos de alimentos” y otras “ayudas” por el estilo. Para que sigan aguantando y no alboroten demasiado. Por eso insisto en mi pregunta: ¿podremos salir de este atasco? Esta es la cuestión que no me deja en paz.

Llegados a este punto, a muchos les parecerá ridículo el solo hecho de preguntarse si el Evangelio nos podrá sacar de este atasco. Podrá, por supuesto y en el mejor de los casos, atraer a los “alejados” y a los “excluidos” para que se acerquen a la Iglesia. Y eso, sin duda, es bueno. Es necesario. Más aún, es urgente. Pero con eso nada más no cambiamos el sistema. Ni, por tanto, salimos de la crisis. Sinceramente y pensando en serio, ¿puede el Evangelio modificar el camino que lleva la economía, la cultura, la sociedad y la historia?

Hace más de medio siglo, el profesor de la Universidad de Oxford, E. R. Dodds, nos recordó cómo, en el imperio romano, en el largo período que medió entre Marco Aurelio y Constantino (del a. 161 al 306), se extendió por el mundo occidental la más grave crisis de su historia. Los ciudadanos de aquel enorme imperio se daban cuenta de que todo se desmoronaba: el mismo Imperio, las instituciones, la vida social, la economía y la religión, todo se venía abajo. Así cundió lo que el mismo Dodds denominó “una época de angustia”. Y fue en esta dura situación en la que ya, por primera vez, el Evangelio, no vivido como una religión de ritos, normas morales, promesas eternas, convento y sacristía, sino como “una conciencia nueva de sí mismo” que modificó aquella cultura, fue el factor determinante de una recuperación que ahora no estamos en condiciones de imaginar.

Fue entonces cuando el cristianismo se presentó “como una fe que merece la pena vivir porque es también una fe por la que merece la pena morir”. Así lo reconocieron, a pesar de sí mismos, hombres como Luciano (Peregr., 13), Marco Aurelio (11, 3), Galeno (R. Walzer, Galen and Jesus…, 15) y Celso (Orígenes, Contra Cels. 8, 65). Por otra parte, es notable que aquellos cristianos, por la fuerza del Evangelio, llamaron poderosamente la atención porque estaban abiertos a todos. No hacían distinciones sociales: aceptaban al obrero manual, al esclavo, al proscrito y al ex criminal. Todo el mundo encontraba acogida en cada grupo o comunidad de cristianos. Nadie era censurado, ni enjuiciado. De forma que, como bien notó Cipriano, en la comunidad cada cual se encontraba igual o mejor que en su propia casa (Ad Donat. 4 y 14). Es verdad que, durante el s. II e incluso el III, el cristianismo era aún en gran medida un “ejército de desheredados” (A. D. Nock). Pero también es cierto que los beneficios que acarreaba el Evangelio, vivido en serio, no se reducían a ofrecer esperanzas para el otro mundo. Cada grupo, cada “iglesia local”, poseía un sentido comunitario más fuerte que cualquier otro grupo laico o religioso (sobre todo las religiones de Mitra e Isis de aquel tiempo).

Así, los creyentes en Jesús se sentían unidos no sólo por unos ritos comunes, sino sobre todo por una forma común de vida, cosa que ya percibió Celso (Orígenes, o. c., 1, 1). Y también unidos por el mismo peligro que juntos corrían (E. R. Dodds). Su pronta disposición para prestar ayuda a quien la necesitase es cosa que quedó atestiguada no sólo por los autores cristianos, sino incluso por el mismo Luciano (Peregr., 12 s). Ya a comienzos del s. III, Tertuliano hace, en una apología pública y dirigida a los gobernantes, la audaz afirmación según la cual los cristianos “lo tenían todo en común, excepto la esposa de cada cual” (“Omnia indiscreta sunt apud nos praeter uxores”. Apol.39, 11).

Pero, como bien nota Dodds, más importante que los beneficios materiales era el sentimiento de grupo que la fe en Jesús estaba en condiciones de fomentar. Los modernos estudios sociológicos nos han familiarizado con la universalidad de ese “sentimiento de grupo” como algo absolutamente necesario para el individuo, así como con las formas inesperadas en que esa necesidad puede influir sobre la conducta humana, particularmente sobre los individuos desarraigados en las grandes ciudades. Epicteto (3.13.1-3) nos ha descrito el horrible desamparo que puede experimentar un hombre en medio de sus semejantes. Y el mismo Dodds nos describe con admirable sencillez y profundidad cómo debió de vivirse aquel desamparo. “Debieron ser muchos los que experimentaron ese desamparo: los bárbaros urbanizados, los campesinos llegados a las ciudades en busca de trabajo, los soldados licenciados, los rentistas arruinados por la inflación y los esclavos manumitidos. Para todas estas gentes, el entrar a formar parte de la comunidad cristiana debía de ser el único medio de conservar el respeto hacia sí mismo y dar a la propia vida algún sentido. Dentro de la comunidad se experimentaba el calor humano y se sentía la prueba de que alguien se interesa por nosotros, en este mundo y en el otro”. Y termina el insigne estudioso de la antigüedad: “Los cristianos eran “miembros unos de otros” en un sentido mucho más que puramente formal”. Con esta conclusión final:”Pienso que ésta fue una causa importante, quizá la más importante de todas, de la difusión del cristianismo” (Paganos y cristianos en una época de angustia, Madrid, 1975, 179).

Reflexión conclusiva
¿Seria esto posible en este momento? Mi modesto punto de vista es que, no sólo es posible, sino que es tan necesario que, a mi manera de ser, es la salida que nos queda. No digo que todos nos hagamos cristianos. Lo que digo es que el Evangelio, en el que tanto insiste el papa Francisco, es la salida que nos queda. Hoy ya no manda en el mundo lo que es más noble en la condición humana, la bondad, la honradez, la justicia, el amor y la ternura. No. Lo que manda sobre nosotros es la tecnología y sus mil artilugios, utilizados en interés de los potentados que lo manejan todo para su propio provecho.

¿Qué hacer? Vamos a fiarnos del gran líder mundial que ha surgido, que no es otro que el papa Francisco. Este papa repite constantemente que el Evangelio de Jesús es lo que nos puede sacar de este atasco que nos tiene paralizados en la falsa idea de que estamos saliendo y vamos adelante. Si la Curia Vaticana, si el Episcopado mundial, si el clero y los religiosos/as, si las parroquias…, las comunidades y grupos cristianos, todos y todas, dejamos de lado nuestros intereses y conveniencias, y nos centramos en organizarnos como grupos humanos en los que todo el mundo encuentra acogida, protección, ayuda, respeto, y sobre todo verdadero cariño, por ahí iremos viendo la luz de un Evangelio con menos carga de religión y costumbres de tiempos pasados, y más fuerza para hacer presentes y tangibles las tres preocupaciones que centraron la vida y las enseñanzas de Jesús; la salud para todos/as, la alimentación para todos/as, y las mejores relaciones humanas de que somos capaces. Lo demás vendrá por sí solo.

José María Castillo 





Francisco y el drama de la mexicanización
Bernardo Barranco V.

La preocupación del Papa en la que pidió “evitar la mexicanización” de su país natal, Argentina, ha calado hondo no sólo en el gobierno, sino en diversos sectores de la clase política. Se confirma la imagen que tiene el país en el exterior y que, lamentablemente, hay sobrados indicios que sugieren que la expresión con toda la carga que porta, responde a una realidad que vivimos lo mexicanos. La expresión del Papa ha lacerado porque fue hecha en privado, fuera de micrófonos y protocolos oficiales. Por tanto, los enunciados son espontáneos y genuinos que los hace a un amigo de manera confidencial. El mismo Bergoglio revela a su amigo la fuente de su afirmación: los obispos mexicanos. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror, dijo. La cancillería ha reaccionado sin virulencia con evidente molestia y hasta desilusión, si tomamos en cuenta que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha apostado por encontrar en la Iglesia católica una aliada natural a su gestión. Sin embargo, me parece que la nota diplomática del gobierno mexicano buscará no escalar a conflicto, en cambio mostrar un suave extrañamiento. Pero corre el riesgo de contribuir para que la locución mexicanización circule aún más en el mundo hasta universalizarse. Y sea equivalente a la colombianización, entonación que utilizamos en los años 80 para describir un siniestro coctel político social en aquel país marcado por el terrorismo, la corrupción, grandes cárteles, guerrilla, ausencia de autoridad, crisis económica y violencia descomunal.

El tema tiene muchas aristas. Primero reconocer la imprudencia de Mario Bergoglio, así como de su interlocutor Gustavo Vera, quien jamás imaginó el trance que armaría al dar a conocer de manera temeraria el contenido del e-mail. El primer apunte es resaltar el paulatino pero progresivo alejamiento del Papa y de misma Iglesia católica del actual gobierno mexicano.

Los hechos así lo demuestran, en primer lugar la negativa del pontífice de visitar México en septiembre de este año. Circulan por ahí versiones de que el Papa pidió oficiar misa en Guerrero con los padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y que el gobierno objetó. Lo más sensato como hipótesis, es que Francisco se ha negado a ser factor de distracción o de legitimación en la que su imagen fuera utilizada políticamente. Un segundo indicio se aprecia en el nombramiento de Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, como nuevo cardenal, un religioso en edad de retiro que por su experiencia es fortalecido para jugar un papel relevante en una zona de conflicto en la que muchos sacerdotes han sufrido agresiones y muertes. Recordemos que en lo que va del sexenio han sido asesinados nueve sacerdotes, los recientes cuatro justamente en Tierra Caliente.

Una tercera señal de distanciamiento: el Papa ha enviado de manera inusual dos veces mensajes de aliento al pueblo mexicano por las desapariciones en Ayotzinapa, la primera declaración fue a finales de octubre de 2014, el mensaje expresó lo siguiente: Envío un saludo especial al pueblo mexicano que sufre la desaparición de sus estudiantes y por tantos problemas parecidos; en la segunda alocución Francisco expresó: Se hace visible la realidad dramática de toda la criminalidad que existe detrás del comercio y tráfico de drogas. Estoy cerca de ustedes y de sus familias. El pontífice no está conforme en cómo ha evolucionado el caso Ayotzinapa. Ha enviado al nuncio Cristoph Pierre, quien se solidarizó con las familias y comunidades de Guerrero. En homilía les externó: La Iglesia camina con ustedes. Lo peor cuando uno sufre es sentirse solo. Yo sé que ustedes no están abandonados. ¡Estamos con ustedes! ¡También el Papa está con ustedes! Igualmente, una de las primeras declaraciones del nuevo cardenal Suárez Inda en Roma giró en torno al temor de que el conflicto en Guerrero crezca, que los padres y comunidades, sea por convicción o manipulación, tomen la vía de las armas. Cuarto signo: los obispos mexicanos desde abril de 2014 han venido endureciendo sus críticas, en el espacio público, hacia el gobierno de Peña Nieto y expresan creciente inquietud por la situación actual. El año pasado redactaron dos duros documentos, uno en forma de preguntas en que cuestionaban las orientaciones de las reformas estructurales del Presidente. El segundo documento titulado ¡Ya basta! versa sobre la inseguridad y la violencia en el país. El tercer texto, ¡Alto a los corruptos!, publicado hace unas semanas, se refiere a la corrupción imperante en el país. Tema que Francisco ha abordado con insistencia con un discurso fuerte e incisivo.

Pese a este alejamiento no significa ni la ruptura de las relaciones ni que los actores rompen lanzas. Por el contrario, como ha ocurrido en otras coyunturas, también cabe la posibilidad de que se esté reconstruyendo la relación con base en un nuevo paquete de demandas. Al gobierno de Peña Nieto no le conviene crecer un conflicto ni con el Papa ni con la Iglesia. Francisco goza como nunca de la aceptación y popularidad internacional. Y en el diseño original de gobernabilidad, Peña Nieto incluyó a la Iglesia católica como aliada estratégica incondicional en su proyecto. Finalmente, no creo que la querella del gobierno mexicano se expanda. La política y la diplomacia vaticana tienen mucha experiencia y sagacidad para enfriar con tacto el malestar e incomodidad del gobierno. Probablemente el Papa ofrezca una explicación o Federico Lombardi, un viejo lobo de la diplomacia a quien le sobran recursos para apagar brazas humeantes y sabe cómo actuar en el control de daños. Tampoco a la cancillería le conviene sobredimensionar una disputa en que tiene más que perder, pues ante la opinión pública internacional el gobierno mexicano actual padece una estropeada imagen y una reputación cada vez más maltratada. Todo indica que se vaya enfriando la aparente indignación mexicana y que reformulen bases de entendimiento, pero ¿a qué costo?