martes, 9 de diciembre de 2014

Oraciones y Adviento

YO SOY TU BUEN PASTOR.

«Yo soy tu pastor, nada te falta.
Te llevo por praderas muy verdes, 
llenas de hierba, 
donde puedes descansar a gusto,
sin miedo a nada ni a nadie.

Te llevo hasta donde hay arroyos
de agua bien clara y fresca,
donde da gusto beber 
después de haber recorrido el monte.

Te llevo por caminos que conozco, 
caminos seguros, 
y así hago honor a mi nombre 
de Buen Pastor.

Y aunque a veces el camino 
y los parajes sean oscuros 
y nos den un poco de miedo, 
tú no temas, 
porque yo voy contigo.

Voy a tu lado, marcho delante,
vigilo desde atrás, reviso el horizonte: 
mi bastón de pastor te da tranquilidad. 
Vas acompañado de mi bondad 
y mi cariño.

¡Vamos a mi casa, 
a vivir todos juntos y felices! 
Conmigo vas seguro 
y sin temor».

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(Variación al Padre Nuestro)

Hija mía que estás en la tierra,
Gracias por haber venido ante mí.
Sé de tu sufrimiento porque
Te conozco perfectamente,
Yo soy tu Padre y te amo.
Lo que siento por ti será
Más grande que tus problemas.
Quiero que sepas que nunca vas a estar sola.
Quiero que me consideres como un amigo a quien
puedes confiar todos tus problemas, jamás te sientas sola.
Quiero apoyarte en esos problemas.
Quiero decirte que jamás te dejaré de amar.
Eres una parte muy especial en mi Reino.
Yo nunca te abandonaré.
Te enviaré mi Espíritu Santo
Para que te fortalezca, te ilumine
y te ayude, con voluntad y perdón
encontraremos una solución
para que llegues aquí: a mi Reino, tu casa.
Siempre te querré,
Papá Dios.

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(Oración de Adviento)

Jesús no nació 
para condenar
El Dios humano
y lleno de compasión
sale a nuestro encuentro.

Dios nació 
pequeñito
y está ahí,
frágil 
e indefenso
para quedarse 
con nosotros.

Miremos al fondo 
de los ojos 
de este niño.

Veremos cómo en ellos
        sonríe el amor 
        y la alegría 
    de nuestro Dios.

Canten, 
  coros celestiales,
  porque tenemos 
  un Dios cercano
que camina con nosotros.

Dejemos 
que Dios 
entre a 
nuestra vida,
esté como esté...

Decidamos 
amar 
a los que 
nos rodean,
nos caigan 
bien o mal...

Compartamos 
lo que 
somos 
y tenemos
con quienes 
nos necesitan...

Tomémonos 
el tiempo
para estar solos,
y para estar
con quienes 
están solos...

Elijamos 
estar
con los que 
nadie 
quiere estar...

Abrámonos 
al perdón
y a la reconciliación...

Dejemos que Dios sea
esa serena brisa
que ilumina nuestra historia...

para que nuestra vida 
sea Esperanza, Bendición, Adviento, Navidad.

El reino de los cielos
se parece a un hombre
que vendió todas sus palabras
para comprar un silencio.

Cuando el silencio fue suyo
entró en él, despacio,
sin hacer ruido.
Lo sembró, lo regó, lo cuidó...

y al poco tiempo
brotó una 
«palabra jamás oída»

Él la escuchó sin decir nada
y la palabra 
se hizo
 carne
y habitó 
entre 
nosotros.

Ayúdanos, Padre Bueno,
a saber detenernos
donde señalan las estrellas...
Dios está llegando siempre.

Abramos 
los ojos a la confianza,
los brazos a la esperanza,
el corazón al amor.

Tratemos, en esta época de adviento,
de ser mejores, de ser realmente 
hermanos unos de otros.

Abracemos a nuestros hijos,
padres y hermanos,
parientes y amistades
así como este niño-Dios-amigo nos abraza.

¡Qué esta Navidad 
sea una bendición para ti 
y qué tu seas una bendición para los demás!

(varios autores)

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ORACIÓN DE COMPROMISO POR LA PAZ

Dios y Padre bueno, lléname de tu Espíritu
porque quiero comprometerme
y ser mensajero de tu paz.

Cuando encuentre odio y venganza,
 voy a ser portador de tu amor.
En los pleitos y divisiones, 
voy a ofrecer perdón y reconciliación.

Cuando encuentre dudas y problemas, 
voy a compartir mi fe.
En las tristezas y penas, 
voy a ser signo de alegría y amistad.

Donde exista desánimo y frustración, 
voy a llevar esperanza y verdad.
En las oscuridades que la dureza de la vida nos da,
 mi vida va a ser un signo de luz.

Dios y Padre bueno,
que la fuerza del Espíritu Santo 
llene mi corazón de tu compasión y ternura,
porque quiero ser el mensajero 
de tu consuelo y libertad.

Padre Santo, 
quiero que mi vida sea un testimonio de tu presencia,
de tu bondad y de tu acción en el mundo.
Sólo con la fuerza de tu Espíritu lo puedo lograr.

 adaptación:  José Luis Moreno Aranda, SJ

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BIENAVENTURADOS

Caminen hacia adelante los bienaventurados,
que tienen un espíritu compasivo,
porque de ustedes es la presencia de Dios.

Caminen hacia delante los bienaventurados,
que tienen un corazón humilde, abierto a los demás,
porque ustedes construyen la paz.

Caminen hacia delante los bienaventurados,
que tiene hambre y sed de justicia e igualdad,
porque ustedes construyen la verdad.

Caminen hacia delante los bienaventurados,
que con compasión y ternura se relacionan con los demás,
porque de ustedes es la felicidad.

Caminen hacia delante los bienaventurados,
que tiene un corazón transparente,
porque ustedes son la imagen del Dios vivo y verdadero.

Caminen hacia delante los bienaventurados,
que reconociendo lo difícil que significa ser humanos,
saben perdonar, porque ustedes poseen la alegría y la paz.

Caminen hacia delante, los bienaventurados
que están en la cárcel, sepan que ustedes son los dueños del Reino de Dios.

Caminen hacia delante, los bienaventurados
cuando estén tristes, porque ustedes recibirán consuelo.

Caminen hacia delante, bienaventurados,
cuando sufran incomprensiones, desánimo,
cansancio, desprecio o maltratos
porque son mensajeros del amor,
sepan que ustedes viven en la plenitud.

Caminen hacia delante, bienaventurados,
alégrense, estén contentos, tómense de la mano,
rían y gocen construyendo el futuro, porque ustedes son los Cristos* que traen al mundo al Dios que vive, al Padre bueno, que es esperanza, compasión, sentido y plenitud.
* No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi (Pablo)

adaptación:  José Luis Moreno Aranda, SJ

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SEÑOR, DIOS MÍO

No tengo idea hacia dónde voy.
No veo el camino que aún queda por delante.
No puedo saber con certeza dónde termina.
Ni siquiera me conozco a mí mismo 
y el hecho de que creo cumplir tu voluntad no significa que lo haga realmente.

Pero creo que mi deseo de agradarte,
sí te complace de verdad.
Y espero tener ese deseo en todo lo que haga.
Confío nunca hacer nada contra este deseo.
Y sé que si lo hago tú me conducirás por el camino recto aun sin enterarme.

Por eso confiaré siempre en ti aunque parezca perdido y en las sombras de la muerte. 
No temeré puesto que tú estás siempre a mi lado 
y nunca permitirás que me enfrente solo con peligro alguno.

Thomas Merton

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EN BUSCA DE DIOS
“¡Te necesito, Señor!,
porque sin Ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración, 
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante Ti.

¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado; en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro, y en la profundidad de un bosque que protege con sus hojas los latidos escondidos de todos sus inquilinos.

¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.

¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño y en el ruido de la muchedumbre.

¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso y, un día, en la debilidad de mi vida, cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo”.

Teilhard de Chardin, SJ.

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PROFESIÓN DE FE de Adviento

Yo creo en un niño pobre
que nació de noche en una cuadra,
arropado sólo por el amor de sus padres
y la bondad de la gente más sencilla.

Yo creo en un hombre sin importancia
austero, fiel, compasivo y valiente,
que hablaba con Dios como con su madre,
que hablaba de Dios como de su madre,
contando, llanamente, cuentos sencillos,
y por eso molestó a tanta gente
que al final lo mataron,
lo mataron los poderosos, los santos, los sagrados.

Yo creo que está vivo, más que nadie,
y que en él, mas que en nadie,
podemos conocer a Dios
y sabemos vivir mejor.

Y doy gracias al Padre
porque Él nos regaló este Niño
que nos ha cambiado la vida,
y nos ha dado sentido y esperanza.

Yo creo en ese niño pobre,
y me gustaría parecerme a Él.

José Enrique Galarreta, SJ.

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YO CREO

Yo creo solo en un Dios:
en Abbá, como creía Jesús.
Yo creo que el Todopoderoso
creador del cielo y de la tierra
es como mi madre
y puedo fiarme de él.
Lo creo porque así lo he visto
en Jesús, que se sentía Hijo.
Yo creo que Abbá no está lejos
sino cerca, al lado, dentro de mí,
creo sentir su Aliento
como un Brisa suave que me anima
y me hace más fácil caminar.
Creo que Jesús, más aún que un hombre
es Enviado, Mensajero.
Creo que sus palabras son Palabras de Abbá
Creo que sus acciones son mensajes de Abbá.
Creo que puedo llamar a Jesús
la Palabra presente entre nosotros.
Yo sólo creo en un Dios,
que es Padre, Palabra y Viento
porque creo en Jesús, el Hijo
el hombre lleno del Espíritu de Abbá

José Enrique Galarreta, SJ.

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Esta mañana
enderezo mi espalda,
abro mi rostro,
respiro la aurora,
escojo la vida.

Esta mañana
acojo mis golpes,
acallo mis límites,
disuelvo mis miedos,
escojo la vida.

Esta mañana
miro a los ojos,
abrazo una espalda,
doy una palabra,
escojo la vida.

Esta mañana
remanso la paz,
alimento el futuro,
comparto alegría,
escojo la vida

Benjamín González Buelta, SJ

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Adviento

Si dejas a Dios entrar en tu vida, esté como esté...
Si decides amar a los que te rodean, te caigan bien o mal...
Si acoges a los emigrantes como hermanos  e iguales...
Si compartes lo que eres y tienes con quienes te necesitan...
Vives en la Esperanza, vives en el Adviento.

Si dejas a Dios desmantelar tu vida, te guste o no...
Si te tomas tiempo para estar con quienes solos están...
Si te abres al perdón y la reconciliación...
Si aportas luz a quienes andan buscando o perdiéndose...
Vives en la Esperanza, vives en el Adviento.

Si dejas a Dios cargar las cargas que te hunden...
Si das lo mejor de ti sin  hacer ruido y gratuitamente...
Si te aligeras de méritos, normas y compromisos...
Si eliges estar con los que nadie quiere estar...
Vives en la Esperanza, vives en el Adviento.

Si dejas a Dios ser el sereno de la historia...
Si los rostros anónimos recuperan sus rasgos y nombres...
Si sabes detenerte donde señalan las estrellas...
Si acoges y das toda esa ternura que te llega...
Vives en la Esperanza, vives en el Adviento.

Si dejas a Dios ser Dios como a él le gusta...
Si en silencio buscas luz, verdad y vida...
Si ningún camino te parece definitivo,
pero en los que eliges buscas su encuentro y rostro...
Vives en la Esperanza, vives en el Adviento.

Florentino Ulibarri

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YO TE SALUDO, MARÍA, 

Yo te saludo, María, 
porque el Señor está contigo,
en tu casa, en tu calle, en tu pueblo, 
en tu abrazo, en tu seno.

Yo te saludo, María, 
porque preguntaste lo que no entendías
-aunque fuera un mensajero divino- 
y no diste un sí ingenuo ni un sí ciego,
sino que tuviste diálogo y palabra propia.

Yo te saludo, María, 
porque concebiste y diste a luz un hijo, 
Jesús, la vida; 
y nos enseñaste cuánta vida hay que gestar
y cuidar si queremos hacer a Dios presente.

Yo te saludo, María, 
porque te dejaste guiar por el Espíritu
y permaneciste a su sombra, 
tanto en la tormenta como en la bonanza, 
dejando a Dios ser Dios
 y no renunciando a ser tú misma. 

Yo te saludo, María, 
hermana peregrina.
Camina con nosotros,
llévanos junto a los otros
y mantén nuestra fe.

Florentino Ulibarri

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Condúcenos al desierto,
Espíritu de Jesús.
Toma nuestra mano
y guíanos al encuentro con el Señor.
Invítanos al silencio
para aprender a escuchar su voz.
Enséñanos a dialogar
para llamar a Dios Papá
y discernir cuál es su voluntad
para nuestra vida.
Condúcenos al desierto,
para estar a solas con el Señor,
para saborear su presencia
y aprender a gustar su compañía.
En el silencio que brota
de la contemplación y la entrega.
¡Aquí estoy, como un niño,
para aprenderlo todo, Señor!
- Que así sea -

(anónimo)

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Creo que el Señor viene.
La fe del Adviento es fe de esperanza:
Creer que vendrá,
Que está para llegar el tiempo de la liberación plena y definitiva.

A pesar de que no es fácil encontrar razones
para mantener la esperanza,
creo que el amor misericordioso del Padre
está presente en la historia.

Creo que la muerte temprana,
violenta e injusta de los inocentes
grita la cercanía del Salvador,
que librará al pobre que suplica
y al afligido que no tiene protector.

Por eso creo que cuando el Señor venga:
el lobo vivirá con el cordero,
el novillo y el león pasearán juntos,
el niño meterá su mano en el escondrijo de la serpiente,
y no habrá daño, ni estrago,
ni violencia, ni guerras en toda la tierra.

Cuando tantas personas están metidas en el pozo ciego
de la angustia, de la miseria y de la desilusión,
creer es dejar la puerta abierta a la esperanza.
Por eso creemos que vendrá.

Vendrá el Salvador, el Mesías esperado, el Cristo liberador,
como don gratuito del Padre,
que nunca es indiferente al dolor, a la opresión
y a la esclavitud de la humanidad.

Creemos en el Espíritu que da la vida
y que transforma la fe del Adviento en oración agradecida.
Una oración que la Iglesia repite con la esperanza
y las palabras de María.

Creemos en la fe del Adviento,
una fe que impulsa a creer que
Dios no abandona nuestros desiertos y nuestras sequedades.
Sino que hace brotar ríos en las cumbres peladas,
Transforma la tierra árida en manantiales de agua
y pone cedros, acacias, mirtos y olivares en el desierto.

Sí, creemos que el Señor está cerca, que vendrá,
que con él vendrá también el Reino que nos ha prometido.
Que vendrá y hará posible la vida.
Y que cuando venga aniquilará la muerte para siempre,
enjugará las lágrimas de todos los rostros
y el oprobio de todos los países.
Creo que el Señor viene.

(desconozco el autor)

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Mi Dios es frágil.

Mi Dios no es un Dios duro, impenetrable, insensible, estoico, impasible.
Mi Dios es frágil.
Es de mi raza.
Y yo de la suya.
Él es hombre y yo casi Dios.
Para que yo pudiera saborear la divinidad él amó mi barro.
A mi Dios le hizo frágil el amor.
Mi Dios conoció la alegría humana, la amistad, el gozo de la tierra y de sus cosas.
Mi Dios tuvo hambre y sueño y se cansó.
Mi Dios fue sensible.
Mi Dios se irritó, fue pasional.
Y fue dulce como un niño.
Mi Dios tembló ante la muerte.
Mi Dios se alimentó a los pechos de una madre y sintió y bebió toda la ternura femenina.
No amó nunca el dolor, no fue nunca amigo de la enfermedad.
Por eso curó a los enfermos.
Mi Dios sufrió el destierro.
Fue perseguido y aclamado.
Amó todo lo humano mi Dios: las cosas y los hombres; el pan y la mujer; a los buenos y a los pecadores.
Mi Dios fue un hombre de su tiempo.
Vistió como todos, habló el dialecto de su tierra, trabajó con sus manos, gritó como los profetas.
Mi Dios fue débil con los débiles y severo con los soberbios.
Murió joven por ser sincero.
Lo mataron porque le traicionaba la verdad en sus ojos.
Pero mi Dios murió sin odiar.
Murió excusando que es más que perdonando.
Mi Dios es frágil.
Mi Dios rompió la vieja moral del “diente por diente”, de la venganza mezquina para inaugurar la frontera de un amor y de una violencia totalmente nuevos.
Mi Dios, tirado en el surco, aplastado contra la tierra, traicionado, abandonado, incomprendido, siguió amando.
Por eso mi Dios venció a la muerte.
Y brotó con un fruto nuevo entre sus manos: la resurrección.
Por eso estamos resucitando todos: los hombres y las cosas.
Es difícil para tantos mi Dios frágil, mi Dios que llora, mi Dios que no se defiende.
Es difícil mi Dios abandonado de Dios.
Mi Dios que debe morir para triunfar.
Mi Dios que hace de un ladrón y criminal el primer santo canonizado de su iglesia.
Mi Dios joven que muere acusado de agitador político.
Mi Dios sacerdote y profeta que sube a la muerte como la primera vergüenza de todas la inquisiciones religiosas de la historia.
Es difícil mi Dios frágil, amigo de la vida, mi Dios que sufrió el mordisco de todas las tentaciones, mi Dios que sudó sangre antes de aceptar la voluntad de su Padre.
Es difícil este Dios, este mi Dios frágil para quienes creen que sólo se triunfa venciendo, para quienes creen que sólo se defiende matando, para quienes salvación es sinónimo de esfuerzo y no de regalo, para quienes lo humano es pecado, para quienes santo es igual a estoico y Cristo igual a ángel.
Es difícil mi Dios frágil para quienes siguen soñando con un Dios que no se parezca a los hombres.

(Juan Arias)

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SALMO A LA ENCARNACIÓN DE DIOS

Que suenen las trompetas en todos los rincones del cosmos.
Proclamen la gran noticia: Dios ha venido al mundo.
Resuenen hasta temblar las entrañas del universo:
Dios se ha hecho hombre, se ha hecho pobre, se ha hecho ser humano.
El Dios grande, terrible, creador y juzgador deja paso,
entra el Dios humano,
hecho debilidad, carne, acogida y compasión.
Un Dios-hombre conocedor de sudores,
cansancio y desconcierto,
angustias, penas y alegrías.

Te adoramos Dios humanado,
Jesús de nuestras vidas.

Entonen cantos celestiales los coros angélicos,
suenen todas las cuerdas de los violines del mundo,
porque tenemos un Dios cercano que camina con nosotros
y ama con corazón humano, con capacidad infinita
y con el perdón de una madre llena de ternura.

Nos llenamos de gozo por tener este Dios cercano y amoroso.

Brinque gozosa y feliz la realidad entera,
hasta la subpartícula atómica más elemental,
porque todo lo existente ha sido transfigurado.
La materia aspira hacia lo divino
porque Dios ha visitado a la humanidad
y la ha asumido dentro de su Misterio.
Todo tiene ya la marca de lo divino.
Hermanas, Hermanos, nada es profano; todo es sagrado,
y lo más sagrado de la tierra es el ser humano.

En ti, Jesús, somos hermanas y hermanos de todos
y lo asumimos todo
  
Qué bailen hasta las partículas más pequeñas
en una danza universal y gozosa, fraterna y solidaria,
porque Dios ya recorre la realidad toda
con su dinamismo secreto y profundo,
como el motor impulsor de todos los seres,
igual que el Viento del Espíritu
que nos hincha las velas de todos los sueños.

Contigo Señor, soñamos y deseamos hoy
un mundo nuevo

Alégrense los pobres y sufrientes,
los oprimidos y las víctimas,
los abandonados y miserables,
porque ya no están solos,
porque Dios se bajó hasta ellos
y puso su morada predilecta en medio de su miseria.
Nos mira a los ojos desde los rostros implorantes
y nos llama benditos cuando la compasión
nos mueve a entregar algo de nosotros mismos.

Danos, Señor, compasión solidaria esta Navidad
y todos los días de nuestra vida.

Alabado seas mi Señor, cercano, tierno, amoroso
Uno mi voz al universo, 
A lo viviente y lo consciente,
para cantarte el Hosanna más universal.
Te adoro desde lo más íntimo del corazón
donde tú anidas y me hablas, quedito a veces, tonante otras.
No me pides nada,
imploras mi ayuda a la tarea de tu Espíritu
de llevar a Plenitud tu Encarnación solidaria.

Aquí estamos, Jesús amado, ábrenos el corazón
para darte lo mejor de nosotras/os.

Mil gracias, Señor del Pesebre,
Porque vienes continuamente a nuestras vidas
en los rostros y vicisitudes del mundo,
por tu encarnación diaria y universal,
Navidad perpetua,
regalo impagable de tu búsqueda sin término,
persecución divina del pequeño corazón humano.

Danos sensibilidad
para percibir tu presencia misteriosa y real
y abrirte nuestras vidas.

Te adoramos, Niño divino, 
Ahora eres nuestro Hermano,
Primicia de la Creación Plena
y Futuro de nuestro destino.

Te alabamos, te adoramos
y te entregamos nuestras vidas.

- José María Mardones -

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ORACION – SENSIBILIDAD DE JESUS

Probablemente, lo primero que cautiva en Jesús a quien se acerca por vez primera a su persona es su sensibilidad ante el sufrimiento humano y su capacidad de recibir a todo tipo de personas y ser amigo, incluyendo a todo el que vive excluido de una vida digna, sana y dichosa.

Creyentes y agnósticos lo han reconocido diciendo que Jesús es «el místico de los ojos abiertos», «el hombre de Dios, amigo de delincuentes y prostitutas», «el Profeta de la compasión», «el Enviado de Dios que vivió en malas compañías».

Lo primero que hemos de destacar es su sensibilidad ante la persona doliente. Las fuentes más auténticas emplean, una y otra vez, una expresión que lo dice todo: al ver a alguien sufriendo, a Jesús «le temblaban las entrañas». Hacía suyo el dolor de los demás. Le dolía a él. No podía pasar de largo ante aquellos enfermos y enfermas que encontraba tirados por los caminos de Galilea: ciegos, paralíticos, sordomudos, desquiciados…

El dato histórico es innegable: Jesús se dedica a ellos antes que a nadie; ellos son los primeros que han de experimentar en su carne que Dios es Amigo de la vida.

Jesús se acerca a ellos buscando siempre el contacto personal. La gente acude a él, no en busca de remedios o recetas, sino para encontrarse con él. Lo importante es él, la fuerza curadora que irradia su persona.

Lo primero que hace Jesús es despertar en ellos la confianza en un Dios bueno que se acerca como buenas noticias: «¿Quieres curarte?», «Ábrete», «No tengas miedo», «Ten fe».

Aquellos hombres y mujeres ya no se sienten solos. Acompañados y sostenidos por Jesús, comienzan a abrirse a una vida que los regenera desde dentro.

Jesús multiplica sus gestos. A veces los «agarra» para expresarles su cercanía y transmitirles su fuerza; otras veces, «extiende sus manos sobre ellos» para envolverlos con su ternura; casi siempre los «bendice» y les recuerda que Dios perdona, que cree en ellos y que quiere verlos felices.

Lo que más sorprende es que Jesús acoge sin excluir a nadie, ni siquiera a los leprosos que viven marginados por la sociedad y la religión. Con ellos actúa siempre de la misma manera: «extiende su mano y los toca». 

Jesús insistía: «Dios hace salir su sol sobre buenos y malos; manda la lluvia sobre justos e injustos». Dios no es propiedad de los que se creen buenos. Su amor está abierto a todos. Dios no discrimina ni excomulga a nadie. Su proyecto de sociedad es claro: no a la exclusión, el rechazo o la marginación; sí a la acogida, la amistad solidaria y la comunión.
Jesús no se echó nunca atrás ante las acusaciones. Su mesa siguió abierta a todos. Se defendió de los ataques descubriendo el contenido terapéutico de su actuación: «No necesitan de médico los sanos sino los enfermos».

José Antonio Pagola

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PARA ORAR EN LA MAÑANA.
Mi conexión con Jesús
1. Escucho los sonidos que me rodean (el sonido más cercano, el más lejano)
 Percibir las sensaciones de mi cuerpo (frío)
Mis pies, el peso de mi cuerpo, roce de la ropa con mi piel.
Mi Respiración. Aire que entra. Aire que sale. Respiro, estoy vivo. Vida que entra y sale.
y descubro la vida que despierta en torno a mí. 
2. Abro mi corazón a su amor: "¡Señor, aquí estoy, ven a mi encuentro, gracias por todo lo venga hoy". 
3. Pongo al servicio de Jesús mis cualidades, trabajos y esfuerzos de este día. 
4. Le entrego todo mi ser, también mis debilidades, mi barro, para que lo trabaje y transforme. 
5. Ofrezco mi vida y la dejo en sus manos: 
mis proyectos, expectativas y preocupaciones: 
"Señor, te abro mi corazón, mi vida. Ven, Señor Jesús". 
6. Muestro mi corazón y le presento las personas que amo para que las bendiga. 
7. Pido su Espíritu para que inspire, entusiasme, ilumine e impulse todo lo que realice en este día. 
Me pongo en presencia de Dios: 
Ilumina, este momento para que sepa descubrir tu voluntad y para que viva unido a ti. 
Abre mis ojos para que vea tu acción y tu presencia en medio de mis hermanos. 
Abre mis oídos para que sepa oír con comprensión y cariño. 
Inspira mi boca para que te diga la palabra oportuna y sobre todo para que te comunique a ti. 
Activa mis manos para que sepa servir. 
Dirige mis pies para que en cada momento, ocupe el lugar que Tú quieres. 
Despierta mi corazón y apasiónalo por ti y por tu Reino. 
Señor, que toda mi persona sea instrumento del que puedas servirte para seguir amando. 
Amén . 

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EXAMEN DEL DIA.
1. Le pido a Dios: 
- Memoria para recordar los regalos que me ha dado en este día.
- Entendimiento para comprender su significado. 
- Voluntad para realizar el deseo que me ha manifestado 

2. Reviso si he puesto los medios para que resulte bien: 
- ¿Qué me ayudó para serenar el corazón? 
- ¿Qué me ayudó para entrar al silencio y a mi interior?

3. ¿Cómo fue el día de hoy? ¿ qué frutos se dieron?
¿Qué me impresionó particularmente?

4. ¿Con qué sentimiento termino el día? 
Utiliza palabras que lo definan: paz, alegría, confianza, sensación de perder el tiempo, temor.. Busco el eco que el contacto con Dios me ha dejado en mi corazón. 
 ¿Qué impulsos, deseos venían junto con esos sentimientos? 

5. ¿He visto algo con claridad? 
¿Qué me está tratando de comunicar Dios? 
¿Qué luces experimenté, qué “hallazgos”, qué tesoros encontré?
Concientizo lo que Dios me ha regalado en la Oración 
¿Hay algún punto al que deba yo retomar mañana cuando vuelva a orar?

Agradezco todo lo que el Señor me ha regalado en este día
Le pido me de serenidad para descansar y ánimo para mañana continuar

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PREPARAR LA ORACION
Busco a Dios en la vida 
1. Me sereno y dispongo para compartir mi día con un Amigo muy especial. 
2. Pido luz para conocer las señales y la acción de Dios en este día. 
3. Le cuento a Jesús como me ha ido hoy: mis actividades, experiencias, encuentros, dificultades, estados de ánimo, etc. 
4. Le doy gracias por lo que hoy he vivido. No me importa lo que haya sucedido, todo me puede ayudar a crecer: "¡Señor, por todo, gracias!". 
5. ¿Cuál ha sido el momento de mayor cercanía con Jesús? Jesús siempre nos sorprende, pero son claras las señales de su presencia: paz, motivación, libertad y alegría, perdón, esperanza, entrega, gratitud, etc. ¿En qué momentos del día he tenido estos sentimientos?. 
6. ¿A qué me invitó hoy Jesús? ¿Qué promesas me hizo? (en las personas, situaciones, sentimientos, deseos…) 
7. ¿Cuál ha sido mi respuesta? 
8. Le pido perdón por mis faltas y omisiones, por que muchas veces me quedo a la mitad del camino. Pido perdón a quienes hoy ofendí. Doy mi perdón a quienes me lastimaron. Me doy a mí mismo el perdón que Jesús me regala. 
9. Le presento las personas con las que hoy me he relacionado, con sus necesidades y deseos para que las bendiga. 
10. Sueño junto con Jesús cómo quiero ser y actuar mañana. 
11. Le renuevo mi amistad y mi deseo de amar y servir: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". 
12. Le pido la bendición a María.