viernes, 15 de agosto de 2014

JESÚS ES DE TODOS - José Antonio Pagola


JESÚS ES DE TODOS - José Antonio Pagola

Una mujer pagana toma la iniciativa de acudir a Jesús aunque no pertenece al pueblo judío. Es una madre angustiada que vive sufriendo con una hija “atormentada por un demonio”. Sale al encuentro de Jesús dando gritos: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”.

La primera reacción de Jesús es inesperada. Ni siquiera se detiene para escucharla. Todavía no ha llegado la hora de llevar la Buena Noticia de Dios a los paganos. Como la mujer insiste, Jesús justifica su actuación: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

La mujer no se echa atrás. Superará todas las dificultades y resistencias. En un gesto audaz se postra ante Jesús, detiene su marcha y de rodillas, con un corazón humilde pero firme, le dirige un solo grito: “Señor, socórreme”.

La respuesta de Jesús es insólita. Aunque en esa época los judíos llamaban con toda naturalidad “perros” a los paganos, sus palabras resultan ofensivas a nuestros oídos.: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Retomando su imagen de manera inteligente, la mujer se atreve desde el suelo a corregir a Jesús: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los señores”.

Su fe es admirable. Seguro que en la mesa del Padre se pueden alimentar todos: los hijos de Israel y también los perros paganos. Jesús parece pensar solo en las “ovejas perdidas” de Israel, pero también ella es una “oveja perdida”. El Enviado de Dios no puede ser solo de los judíos. Ha de ser de todos y para todos.

Jesús se rinde ante la fe de la mujer. Su respuesta nos revela su humildad y su grandeza: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! que se cumpla como deseas”. Esta mujer le está descubriendo que la misericordia de Dios no excluye a nadie. El Padre Bueno está por encima de las barreras étnicas y religiosas que trazamos los humanos.

Jesús reconoce a la mujer como creyente aunque vive en una religión pagana. Incluso encuentra en ella una “fe grande”, no la fe pequeña de sus discípulos a los que recrimina más de una vez como “hombres de poca fe”. Cualquier ser humano puede acudir a Jesús con confianza. Él sabe reconocer su fe aunque viva fuera de la Iglesia. Siempre encontrarán en él un Amigo y un Maestro de vida. 

Los cristianos nos hemos de alegrar de que Jesús siga atrayendo hoy a tantas personas que viven fuera de la Iglesia. Jesús es más grande que todas nuestras instituciones. Él sigue haciendo mucho bien, incluso a aquellos que se han alejado de nuestras comunidades cristianas. 


José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Jesús es de todos y para todos. Pásalo.
17 de agosto de 2014
20 Tiempo ordinario (A)
Mateo 15, 21-28
Escrito por  Florentino Ulibarri

Era mujer, extranjera,
y madre sufriente
viendo cómo estaba lo que más quería,
la hija nacida de sus entrañas.

El evangelista nos narra,
sin eufemismos ni edulcorantes,
su encuentro contigo
cuando saliste de las fronteras patrias.

Su lectura siempre me intriga y sorprende,
y me deja con la sensación de no entender nada.
Mas no quiero que me lo expliquen,
ni que me lo maticen,
ni que me lo contextualicen
poniéndote aureola de luces, Señor.
La escena perdería su encanto,
y no rompería nuestros esquemas
respecto a lo divino y a lo humano,

Así, tal como nos la han transmitido,
suena a escándalo,
pero quizá sólo así sea manantial de gracia
y un gran regalo.

Porque, ¿qué es, sino gracia,
lo que esa madre cananea
nos enseña con su actitud y fe?
¿Qué es, sino gracia,
ver cómo podemos influirte?
¿Qué es, sino gracia,
descubrir la fuerza de nuestra oración?
¿Qué es, sino gracia
constatar cómo tú cambias
ante nuestra testaruda insistencia?
¿Qué es, sino gracia,
percibir que nunca están las puertas
de tu corazón cerradas?
¿Qué es, sino gracia,
terminar siendo tratados como hijos
aunque seamos extranjeros?
¿Qué es, sino gracia,
saber que hasta los “perrillos”
tienen alimento y derecho en casa?

¡Que no me cambien ni expliquen este evangelio!
Quiero sentir el escándalo
de tu propio proceso divino y humano.

Florentino Ulibarri



UN AUTÉNTICO DIÁLOGO QUE ENRIQUECE A AMBOS
Escrito por  Fray Marcos
Mt 15, 21-28

Hoy las tres lecturas y hasta el salmo van en la misma dirección: La salvación universal de Dios. El tema de la apertura a los gentiles fue de suma importancia para la primera comunidad. Muchos cristianos judíos pretendían mantener la pertenencia al judaísmo como la marca y seña de la nueva comunicad, conservando la fidelidad a la Ley. Esta postura originó no pocas discusiones entre los discípulos y no se vio nada claro hasta pasado casi un siglo de la muerte de Jesús. Por eso es tan importante este relato.

Mateo relata este episodio inmediatamente después de una violenta discusión de Jesús con los fariseos y letrados, acerca de los alimentos puros e impuros. Seguramente la retirada a territorio pagano está motivada por esa oposición. Jesús viendo el cariz que toman los acontecimientos prefiere apartarse un tiempo de los lugares donde le estaban vigilando. El relato pretende romper con los esquemas estereotipados que algunos cristianos pretendían mantener: Judío=creyente y extranjero=pagano y ateo.

El evangelista no pretende satisfacer nuestra curiosidad sobre un acontecimiento más bien anodino. Quiere dejar claro, que si una persona tiene fe en Jesús, no se puede impedir su pertenencia a la comunidad aunque sea “pagana”. Es un relato magistral que plantea el problema desde las dos perspectivas posibles. En él se quiere insistir tanto en la actitud abierta de los cristianos como en la necesidad de que lo paganos tuvieran unas disposiciones adecuadas de reconocimiento y humildad.

La alusión de Jesús a los perros es más dura de lo que pensamos. Los perros son considerados impuros en muchas culturas. La idea que nosotros tenemos de hiena, es lo que más se aproxima a la idea de perro inmundo. Pero hay gran diferencia entre los perros salvajes y los de compañía que pueden ser considerados como de la familia. A esta diferencia se aferra la mujer para salir airosa. Jesús no podía prescindir de los prejuicios que el pueblo judío arrastraba. Era el pueblo elegido, y todos los demás eran perros. Jesús, como buen judío, tenía motivos para no hacer caso a la Cananea; pero nos encontramos con un Jesús dispuesto a aprender, incluso de una mujer y además pagana.

En el AT hay chispazos que nos indican ya la apertura total por parte de Dios a todo aquel que le busca con sinceridad. La primera lectura nos lo confirma: "A los extranje­ros que se han dado al Señor les traeré a mi monte santo". No cabe duda de que Jesús participa de la mentalidad general de su pueblo, que hoy podríamos calificar de racista, pero que, en tiempo de Moisés, fue la única manera de garantizar su supervivencia.

Gracias a que para Jesús la religión no era una programación,  fue capaz de responder vivencialmente ante situacio­nes nuevas. Su experiencia de Dios y las circunstancias le hicieron ver que solo puede uno estar con Dios si está con el hombre. Las enseñanzas de Jesús no son más que el intento de comunicarnos su experiencia personal de Dios. Pero para poder comunicar una experiencia, primero hay que vivirla. Jesús, como todo hombre, no tuvo más remedio que aprender de la experiencia.

Jesús toma en serio a la mujer Cananea; no como los discípulos que solo quieren quitársela de encima porque venía molestando. Curiosamente el texto litúrgico quiere suavizar la expresión de los discípulos y dice ‘atiéndela’. Pero el “apoluson” griego significa también despedir, rechazar; exactamente lo contrario. La respuesta de Jesús: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, no va dirigida a los apóstoles, sino a la Cananea. La dureza de la respuesta no desanima a la mujer, sino todo lo contrario. Le hace ver que el atenderla a ella no va en contra de la atención que merecen los suyos.

Por ser auténtico y sincero por ambas partes, el diálogo es fructífero. Jesús aprende y la cananea también aprende. Se produce el milagro del cambio en ambos. Lo que en este relato resalta de Jesús, es su capacidad de reacción. A pesar de su actitud inicial, sabe cambiar en un instante y descubrir lo que en aquella mujer había de auténtica creyente. Jesús descubre que esa mujer, aparentemente ajena al entorno de Jesús, tiene más confianza en él que los más íntimos que le siguen desde hace tiempo.

En el diálogo con esta mujer, Jesús es capaz de cambiar su actitud porque la Cananea demuestra una sensibilidad mucho mayor de la que muestra Jesús. De ella aprendió Jesús que debía superar sus prejuicios racistas. Aprendió que hay que proteger ante todo a los débiles; una idea femenino-maternal. Le sorprendió la confianza absoluta que en él tenía aquella mujer; otro valor típicamente femenino. Lo que más maravilla en el relato es la capacidad de Jesús de aceptar, es decir, hacer suyos los valores femeninos que descubre en aquella mujer. Jesús descubre su "anima" y la integra.

La mujer representa a todos los que sufren por el dolor de un ser querido al que no  pueden ayudar. La profunda relación entre madre e hija impide delimitar dónde empieza el problema de su hija. La madre es también parte del problema; de hecho le dice; socórreme. La enfermedad de la hija no es ajena a la actitud de la madre, tienen relación directa y curar a la madre supone curar a la hija. Los problemas sicológicos de la hija nos hace pensar en problemas de relación materno-filial. Cuando la madre se encuentra a sí misma con la ayuda de Jesús, empieza a solucionarse el problema de la hija.

Los cristianos hemos heredado del pueblo judío el sentimiento de pueblo elegido y privilegiado. Estamos tan seguros de que Dios es nuestro, que damos por sentado que el que quiera llegar a Dios tiene que contar con nosotros. Esta postura que nos empeñamos en mantener, es tan absurda y está tan en contra del evangelio de Jesús, que me parece hasta ridículo tener que desmontarlo. Dios es de todos, y todos y cada uno de los seres humanos son igual de valiosos para Él. El que se crea otra cosa está ante su propio ídolo.

Juzgar y condenar en nombre de Dios a todo el que no pensaba o actuaba como nosotros, ha sido una práctica constante en nuestra religión a través de dos mil años de existencia. Va siendo hora de que admitamos los tremendos errores cometidos por actuar de esa manera. Debemos reconocer, que Dios nos ama a todos, no por lo que somos, sino por lo que Él es. Esta simple verdad bastaría para desmantelar todas nuestras pretensiones de superioridad y como consecuencia, todo atisbo de intolerancia y rechazo.

El mensaje de este texto, para nosotros, es que ser cristiano es acercarse al otro necesitado, superando cualquier diferencia de edad, de sexo, cultura o religión. El prójimo es siempre el que me necesita. Los cristianos no hemos tenido, ni tenemos esto nada claro. Nos sigue costando demasiado aceptar a “otro”, y dejarle seguir siendo diferente; sobre todo al que es “otro” por su religión. Tenemos que aprender del relato, que el que me necesita es el débil, el que no tiene derechos, el que se ve excluido. También en este punto está la lección sin aprender.

También debemos aceptar, como la Cananea, que muchas de las carencias de los demás, se deben a nuestra falta de compromiso con ellos. Sobre todo en el ambiente familiar, una relación inadecuada padres-hijos e hijos-padres, es la causa, en la mayoría de los casos, de las tensiones y mal comportamiento del otro. Muchas veces, la culpa de lo que son los hijos la tienen los padres por no ponerse en su lugar e intentar comprender sus puntos de vista. El acoger al otro con cariño y comprensión podría evitar muchísimas situaciones que pueden llegar a ser crónicas y por lo tanto enfermizas.

Meditación-contemplación

“¡Qué grande es tu fe!”
La Cananea tiene lo verdaderamente importante:
una confianza ilimitada en Jesús.
A ver si aprendemos nosotros hoy,
que todo lo demás tiene una importancia relativa.
……………

Esa confianza no se fundamenta en lo que yo soy,
sino en lo que Dios es para mí.
Pero todo lo que Dios es para mí,
lo es para todos los seres humanos sin excepción.
…………………

Mi relación con un dios abstracto será siempre ilusoria.
El verdadero Dios está en mí y está en el otro.
Solo volcándome sobre el otro y ayudándole a ser,
manifestaré que estoy cerca del verdadero Dios.
…………………

Fray Marcos



LA MUJER QUE CALLÓ A JESÚS
Escrito por  José Luís Sicre

Un evangelio políticamente incorrecto
Hace años, durante una estancia en Argentina, me invitaron a tener una charla en la parroquia de Lomas de Zamora (Gran Buenos Aires). En el coloquio posterior, una muchacha me comentó que no le gustaba el pasaje en el que Jesús trata muy mal a una mujer cananea. Le dije: «Es cierto. Ese relato parece políticamente incorrecto. Te lo voy a contar de otra forma, a ver si te gusta más».

«Una vez Jesús se dirigió al territorio de Tiro y Sidón. Una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

― Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.

Jesús se volvió hacia ella y le dijo:
― Vuelve a tu casa. Tu hija está sana.»

«¿Te gusta más así?» La muchacha se quedó desconcertada, porque había algo en esta versión que no acababa de convencerle. Le resultaba demasiado sencilla, faltaba algo. Efectivamente, falta todo lo que escandaliza; pero falta también la prueba de sabiduría de la mujer, capaz de retorcer el argumento de Jesús y dejarlo sin palabras.

El Mesías antipático y la pagana insistente
Para entender la versión que ofrece Mateo de este episodio hay que conocer la de Marcos, que le sirve como punto de partida.

Marcos cuenta una escena más sencilla. Jesús llega al territorio de Tiro, entra en una casa y se queda en ella. Una mujer que tiene a su hija enferma, acude a Jesús, se postra ante él y le pide que la cure. Jesús le responde que no está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. Ella le dice que tiene razón, pero que también los perritos comen de las migajas de los niños. Y Jesús: «Por eso que has dicho, ve, que el demonio ha salido de tu hija».

Mateo describe una escena más dramática cambiando el escenario y añadiendo detalles nuevos.

El encuentro no tiene lugar dentro de la casa, sino en el camino. Esto le permite presentar a Jesús y a los discípulos andando, y la cananea detrás de ellos.

La cananea no comienza postrándose ante Jesús, lo sigue gritándole: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Pero Jesús, que siempre muestra tanta compasión con los enfermos y los que sufren, no le dirige ni una palabra.

La mujer insiste tanto que los discípulos, muertos de vergüenza, le piden a Jesús que la atienda. Y él responde secamente: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

La cananea no se da por vencida. Se adelanta, se postra ante Jesús, obligándole a detenerse, y le pide: «Señor, socórreme». Vienen a la mente las palabras de Mt 6,7: «Cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso». Esta pagana no es palabrera; pide como una cristiana. Imposible mayor sobriedad.

Sigue el mismo diálogo que en Marcos sobre el pan de los hijos y las migajas que comen los perritos.

Pero el final es muy distinto. Jesús, en vez de decirle que su hija está curada, le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

¿Cuáles son los cambios fundamentales que introduce Mateo?
1) Presenta a Jesús de forma antipática: no responde ni una palabra a pesar de que la mujer va gritando detrás de él; parece un nacionalista furibundo al que le traen sin cuidado los paganos; es capaz de avergonzar a sus mismos discípulos.

2) En cuanto a la mujer, acentúa su angustia y su constancia. No se limita a exponer su caso (como en Marcos), sino que intenta conmover a Jesús con su sufrimiento: «Ten compasión de mí, Señor», «Señor, socórreme». Y lo hace de manera insistente, obstinada, llegando a cerrarle el paso a Jesús, forzándolo a detenerse y a escucharla.

Ni obstinación ni sabiduría, fe
Jesús podría haberle dicho: «¡Qué pesada eres! Vete ya, y que se cure tu hija». O también: «¡Qué lista eres!» Pero lo que alaba en la mujer no es su obstinación, ni su inteligencia, sino su fe. «¡Qué grande es tu fe!».

Poco antes, a Pedro, cuando comienza a hundirse en el lago, le ha dicho que tiene poca fe. Y a los discípulos les dirá que «si tuvierais fe como un granito de mostaza…», dando por supuesto que no tienen ni eso. En cambio, la pagana tiene gran fe. Y esto trae a la memoria otro pagano del que ha hablado antes Mateo: el centurión de Cafarnaúm, con una fe tan grande que también admira a Jesús.

Con algunas mujeres no puede ni Dios
El episodio de la cananea recuerda a otro aparentemente muy distinto: las bodas de Caná. También allí encontramos a un Jesús antipático, que responde a su madre de mala manera cuando le pide un milagro (la expresión hebrea mâ lî walak siempre se usa en contexto de reproche), y que busca argumentos teológicos para no hacer nada: «Todavía no ha llegado mi hora». Sólo le interesa respetar el plan de Dios, no hacer nada antes de que él se lo ordene o lo permita.

En el caso de la cananea, Jesús también se refugia en la voluntad y el plan de Dios: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Yo no puedo hacer algo distinto de lo que me han mandado.

Sin embargo, ni a María ni a la cananea les convence este recurso al plan de Dios. En ambos casos, el plan de Dios se contrapone a algo beneficioso para el hombre, bien sea algo importante, como la salud de la hija, o aparentemente secundario, como la falta de vino. Ellas están convencidas de que el verdadero plan de Dios es el bien del ser humano, y las dos, cada una a su manera, consiguen de Jesús lo que pretenden.

En realidad, el título de este apartado se presta a error. Sería más correcto: «Dios usa a algunas mujeres para dejar clara cuál es su voluntad». Pero resulta menos llamativo.

«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel»
Con estas palabras pretende justificar Jesús su actitud con la cananea. Si los discípulos hubieran sido tan listos como la mujer, podrían haber puesto a Jesús en un apuro. Bastaba hacerle dos preguntas:

1) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué nos has traído hasta Tiro y Sidón, que llevamos ya un montón de días hartos de subir y bajar cuestas?»

2) «Si sólo te han enviado a las ovejas descarriadas de Israel, ¿por qué curaste al hijo del centurión de Cafarnaúm, y encima lo pusiste como modelo diciendo que no habías encontrado en ningún israelita tanta fe?»

Como los discípulos no preguntaron, no sabemos lo que habría respondido Jesús. Pero en el evangelio de Mateo queda claro desde el comienzo que Jesús ha sido enviado a todos, judíos y paganos. Por eso, los primeros que van a adorarlo de niño son los magos de Oriente, que anticipan al centurión de Cafarnaúm, a la cananea, y a todos nosotros.

Primera lectura y evangelio
La primera lectura ofrece un punto de contacto con el evangelio (por su aceptación de los paganos), pero también una notable diferencia. En ella se habla de los paganos que se entregan al Señor para servirlo, observando el sábado y la alianza. Como premio, podrán ofrecer en el templo sus holocaustos y sacrificios y serán acogidos en esa casa de oración.

La cananea no observa el sábado ni la alianza, no piensa ofrecer un novillo ni un cordero en acción de gracias. Experimenta la fe en Jesús de forma misteriosa pero con una intensidad mayor que la que pueden expresar todas las acciones cultuales.

José Luís Sicre



GRITAD HERMANAS, GRITAD
Escrito por  Joan Chittister

No hace mucho tiempo en el mundo las monjas pasaban desapercibidas y cuando aparecían lo hacían de forma anónima o estereotipada. Hoy no pasa un día sin que el mundo descubra su presencia.

La ironía es palpable, cuando aparecíamos como “monjas” no se nos veía y ahora que somos simplemente nosotras, todo el mundo conoce lo que hacemos. Está claro que el testimonio es, al menos, tan poderoso como los HÁBITOS. Y las religiosas han dado claro ejemplo de contemplación, igualdad y justicia en estos últimos años.

El problema con esta forma de pensar es que las personas que se consideran adultas plenas empiezan a actuar como si lo fueran. Pero con sus consecuencias.

La próxima semana la LCRW tomará decisiones que moverán el tema de la actuación de las mujeres en una iglesia de varones, hacia delante o hacia atrás.

Aunque parezca mentira en el siglo XXI, el problema estriba en si las mujeres son capaces de escuchar a varios conferenciantes y continuar siendo católicas. El problema estriba en si las mujeres pueden discutir diversos puntos de vista sobre temas candentes y seguir siendo fieles católicas. El problema estriba en si las mujeres son capaces de manejar sus propias organizaciones y seguir siendo católicas. La respuesta vaticana es negativa pero en los últimos 45 años la respuesta de la LCRW a estas mismas preguntas ha sido un claro y pertinente sí.

Los hombres y las mujeres del mundo entero están viendo cómo se mueve la sociedad, buscan modelos para resolver los problemas, buscan guía espiritual para manejar sus frustraciones.

La hermana benedictina Mary Lou Kownacki cita en su blog Old Monk’s Journal a Catalina de Siena:

“Ya hemos escuchado suficientes exhortaciones para permanecer calladas. Gritad con mil lenguas. Veo al mundo podrido por causa del silencio”.

Esta cita es la que su blog medita ante la asamblea de la LCRW en Nashville, en agosto del 12 al 16. El silencio ante la injusticia es un crimen, un pecado, un acto horrible que ha utilizado la autoridad eclesial, a lo largo de los siglos, para matar preguntas, nuevas ideas y castigar a los que se atreven a cuestionar.

Me rompió el corazón el comentario de Tom Fox, editor del National Catholic Reporter sobre la próxima asamblea de la LCRW:  

“Este grupo que se había vanagloriado de tener un liderazgo sin miedo y una transparencia inmejorable se ve ahora restringido ante los medios, como ninguna otra organización católica incluyendo a los obispos de los EEUU”.

Es este tipo de intimidación con el que cuenta la Iglesia, guardar los abusos en secreto, tras puertas cerradas.

Mary Lou Kownacki reza y pide para la LCRW:

“Queridas hermanas, no habéis hecho nada malo. Es vuestra obligación como religiosas preguntaros las cuestiones que necesitan ser oídas. Es la santa obligación de los religiosos defender a los más desfavorecidos. Estad orgullosas de las preguntas que os habéis hecho, de los conferenciantes que habéis invitado a vuestras asambleas, de las cuestiones que habéis planteado, de las liturgias que habéis celebrado.

Id al micrófono y decid: Creemos en la teología feminista y en la ordenación femenina, creemos en los derechos de los homosexuales, gays y lesbianas de manera que continuaremos hablando de estos temas. Con todo respeto no obedeceremos la orden de dar la lista de los conferenciantes a nuestra asamblea anual al Vaticano para su aprobación. Si eso quiere decir que la LCWR no será reconocida como asociación católica, mala suerte. 

Hemos entregado nuestras vidas a la Iglesia pero no hemos dado nuestras conciencias a nadie, sino a Dios. Reconocemos la legitimidad de la ley eclesial pero creemos que en ocasiones entra en conflicto con el evangelio y nuestros corazones, desde nuestra juventud, han ardido con el mensaje radical y la vida de Jesús de Nazaret. Obrar de otro modo afectaría a nuestra integridad.

Como miembros de la LCWR estamos de acuerdo con nuestra hermana Catalina de Siena recordando a los fieles: “Ya hemos escuchado suficientes exhortaciones para permanecer calladas. Gritad con mil lenguas. Veo al mundo podrido por causa del silencio”.

Desde mi posición, me parece que si la cantidad de medios de tinta y de artículos aparecidos nos dicen algo es que hay muchas personas a las que les importa que se mantengan fuertes las voces de las religiosas de USA.

Joan Chittister

Artículo reproducido en el blog de Isabel Gómez Acebo “Cajón de ilusiones” en 21rs. “Este artículo de Joan Chittister sobre las monjas americanas de la LCRW, refleja el problema de estas religiosas y de muchas mujeres católicas”. http://blogs.21rs.es/ilusiones/



Mil veces buenas noches
Pedro Miguel Lamet, SJ.

El dilema ético del fotoperiodista en zonas de conflicto con una interpretación antológica de Juliette Binoche
Nunca como  ahora hemos asistido en directo a los más graves acontecimientos mundiales. La presencia de una cámara en cualquier tragedia o conflicto bélico se ha convertido en una obligación informativa y también en un negocio, la venta de la noticia por encima de todo. Ello comporta una serie de interrogantes éticos. ¿Puede el fotoperiodista en conciencia dar cuenta de un hecho tan grave como la autoinmolación de un hombre-bomba sólo para contarlo, sin intervenir de alguna manera, sin denunciar? ¿Está el scoop, la exclusiva, por encima de todo, incluso de la vida privada? ¿Es la información un agente real de cambio en nuestra sociedad?

Todas estas preguntas y más se formula el director noruego Erik Poppe (Aguas tubulentas, Hawai-Oslo), que fue reportero gráfico de Reuters y vivió en carne propia algunos de los dilemas que plantea en este film.

Rebecca es una periodista gráfica de guerra, atrapada por el virus de la información bélica. Sigue los pasos de una terrorista suicida que se inmola en Kabul, y como consecuencia de la explosión es internada gravemente herida en un hospital. Es la segunda vez que le ocurre. Su marido, el biólogo marino Marcus, con el que forma en Irlanda, junto a sus dos hijas una familia casi perfecta, va a recogerla y le da un ultimátum: la familia o ese trabajo de riesgo que les mantiene en una perenne angustia.
A partir de ahí la película contrasta dos mundos: el verde y tranquilo irlandés de la vida familiar junto al mar, y el yermo y polvoriento de Afganistán y otros paisajes bélicos. Ella intenta volcarse como madre y ama de casa. Pero no es fácil. El debate se centra en si la denuncia del fotoperiodismo en primera línea del terror y la injusticia justifica el riesgo y hasta qué punto puede uno ser testigo impávido de las masacres. El punto de inflexión entre familia y actividad profesional se da cuando Rebecca junta ambas facetas en un viaje que hace a África con su hija para documentar un trabajo de ésta en el colegio.

Lo mejor del film es sin duda la excelente interpretación de una Binoche cada vez más madura, sensible y llena de registros, que pasa de la risa al llanto con una naturalidad que asombra, que colma de credibilidad la historia, prestándole hondura psicológica al personaje: desde el subconsciente de las imágenes submarinas a momentos de lucidez, donde se mezcla el amor de esposa y madre con la torpeza de una obsesión profesional que tiene componentes de morbosidad y amor al riesgo o fuga de lo cotidiano. La actriz, que debe tener carácter y mandar y desobedecer a sus directores, es en gran parte autora del film. Quizás el único desfase es que por la edad del marido, interpretado por Nikolaj Coster-Waldau, famoso por la serie Juego de tronos, y las niñas, se nota a veces excesiva diferencia en años con Juliette Binoche, pese a los retoques estéticos de esta bellísima actriz, que últimamente opta por papeles difíciles incluso a costa de riesgos personales. Recordemos la interpretación extraordinaria y sin concesiones, por ejemplo, de Camille Claudel.

Mil veces buenas noches, un título tomado de una frase de Romeo a Julieta, está realizada con buen pulso y muestra la vocación del último cine noruego a llegar a un público  cada vez más amplio. Supera no obstante los intereses puramente comerciales para profundizar en el gran desafío moral de los medios de información hoy día. Hay una cierta respuesta en la última secuencia en Kabul, donde el sentimiento humano y la fibra maternal parecen imponerse sobre el virus irrefrenable de la primicia periodística.
Un film pues que plantea eficazmente un tema de actualidad, con garra, interés y aliento humano;  que muestra que el director toca aspectos autobiográficos –él mismo se planteó el dilema desde la cama de un hospital- y lo resuelve con buen ritmo, antológica interpretación y bella fotografía. Eso sí, dentro de los límites de un buen film comercial, donde los recursos para agradar están por encima de una auténtica película de autor.

Pedro Miguel Lamet, SJ.