miércoles, 6 de agosto de 2014

EN MEDIO DE LA CRISIS - José Antonio Pagola


EN MEDIO DE LA CRISIS - José Antonio Pagola

No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas y tentada desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar?

Según el evangelista, “Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.

Este es nuestro primer problema. Estamos viviendo la crisis de la Iglesia contagiándonos unos a otros desaliento, miedo y falta de fe. No somos capaces de ver que Jesús se nos está acercando precisamente desde esta fuerte crisis. Nos sentimos más solos e indefensos que nunca.

Jesús les dice tres palabras: “Ánimo. Soy yo. No temáis”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos? 

Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y “se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.

No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”.

¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para “sobrevivir” dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?

Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo. 

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a despertar la confianza en Jesús. Pásalo. 10 de agosto de 2014
19 Tiempo ordinario (A)
Mateo 14, 22-33

fuentes:





EN ESTA BARCA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Muchos dicen que en esta barca
vamos, más que nunca, a la deriva;
que es muy antigua y nada atractiva,
que ha perdido seguridad y rumbo,
que hace aguas por todas las esquinas
a pesar de sus arreglos y proclamas;
y que sus timoneles desconciertan
a quienes se acercan con fe y ganas.

Dicen que sólo ofrece palabras;
que coarta la libertad y la gracia;
que ata, en nombre de Dios, la esperanza
anunciándose servidora humana;
y que se cree tan verdadera y necesaria
que las personas honestas y sanas
acaban dejando que pase,

Y aunque se pase las noches bregando
no pesca nada en las aguas que surca
ni puede compartir con otras barcas
las fatigas y gozos de las grandes redadas.
Lo único que le queda en esta travesía,
antes de quedar varada en la orilla,
es remar mar adentro y echar las redes
siguiendo tu consejo y palabra.

Y, sin embargo, esta barca,
tan llena de miserias, tan humana,
tan poco atractiva y desfasada,
a la que ya pocos miran
y es objeto de risas y chanzas,
es la que me llevó por el mar de Galilea
y me enseñó a no temer tormentas
y a descubrirte, sereno, en la popa.

Esta barca a la que Tú te subiste,
para hacerme compañía y prometerme
ser pescador y entrar en tu cuadrilla,
todavía recibe ráfagas de brisa y vida
y es, aunque no lo comprenda,
mi casa, mi hogar, mi familia
para andar por los mares de la vida
a ritmo y sin hundirme, con la esperanza florecida.

Florentino Ulibarri



EL DIOS DE PODER ES EL ÍDOLO HECHO A NUESTRA MEDIDA
Escrito por  Fray Marcos

Como el domingo pasado vemos una parábola en acción. No es fácil imaginar lo que en realidad pudo pasar, si es que hubo un episodio real, que diera pie a este relato. En este relato, lo que pasó tiene poca importancia; todo él está lleno de símbolos que nos quieren llevar más allá de una información de sucesos puntuales.

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exegetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real.

También hoy es la primera lectura la que nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una magistral lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les enseña que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mateo, lo narran Marcos y Juan. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mateo y Marcos dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

En Marcos y Mateo, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego, deja entrever cierta imposición. En Juan, la iniciativa es de los discípulos y se deja entender que lo hacen despechados porque Jesús no acepta ser proclamarlo rey.

En el AT, el monte es el lugar de la divinidad. Jesús, después de un día ajetreado, se eleva al ámbito de lo divino. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue en esa cercanía a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para la tentación, Jesús se pone a orar. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así, la idea simplista que tenemos, de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica  contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo, el mar. Creen que van a encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar la gloria humana. En realidad encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte.

Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice expresamente que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, se están diciendo dos cosas: que domina sobre las fuerzas del mal y que es Dios.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre  y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de la resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles, son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Juan, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente saciada.

Pero Jesús no les abandona a ellos y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía, sin embargo, les hace descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda.

La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro, merece una mención especial. Es muy probable que sea una tradición, seguramente legendaria, exclusiva de esa comunidad. Aunque así sea, tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; haz que yo partícipe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ven.

Estamos hablando de la aspiración más profunda de todo ser humano consciente. En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que aún no han comprendido las exigencias del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación.

Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera y a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarlo. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya; es un ídolo. Si lo buscas fuera de ti, estás persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús no está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo.

La gran tentación ha sido siempre que se manifestara de forma portentosa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a la búsqueda del verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma: mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran, en cambio,  muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre al Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor mío si cumplo determinadas condiciones.

Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

Meditación-contemplación

Mándame ir hacia ti… Ven.
El ansia de lo divino es una constante en el ser humano.
Es un anhelo positivo que está puesto ahí por Él.
La trampa es querer conseguirlo por un camino equivocado.
……………………

Lo divino forma parte de mí.
Es la parte sustancial y primigenia de mi ser.
Cuando descubro y vivo esa presencia,
despliego todas las posibilidades de ser que ya hay en mí.
…………………

El secreto está en la absoluta confianza en Él.
Si pretendo buscarle como un bien más de consumo,
solo me encontraré con seguridades ficticias.
Solo lanzándome sin “paracaídas” conseguiré aterrizar en Él
……………

Fray Marcos



REMANDO CONTRA VIENTO Y MAREA
Escrito por  José Luís Sicre

Hay dos episodios en los evangelios bastante parecidos, aunque también muy diferentes. Se parecen en el escenario (una barca en medio del lago de Galilea en circunstancias adversas) y en los protagonistas (Jesús y los discípulos). Se diferencian en que, en el primer caso, la barca está a punto de zozobrar y los discípulos corren peligro de muerte; en el segundo, sólo se enfrentan a un fuerte viento en contra que hace inútiles todos sus esfuerzos.

Traducido a la experiencia de nuestros días, la tempestad calmada recuerda a numerosas comunidades cristianas, sobre todo de África y Oriente Medio, que se ven amenazadas de muerte y gritan a Jesús: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» El viento en contra hace pensar en tantas otras comunidades, especialmente de occidente, que luchan contra viento y marea, cada vez con menos fuerzas, y sin ver resultados tangibles.

El primer episodio, la tempestad calmada, tiene un claro paralelo en el Salmo 107 (106), 23-32: en el Salmo, los navegantes gritan a Dios en el peligro y Él los salva; en el evangelio, los discípulos gritan a Jesús y es éste quien los salva.

Pero el segundo episodio, el de la barca con viento en contra y Jesús caminando sobre el agua, no me recuerda ningún episodio del Antiguo Testamento (y tampoco le veo relación con la primera lectura de este domingo). Sin embargo, está tan anclado en la primitiva tradición cristiana que no sólo lo cuentan Marcos y Mateo, sino incluso Juan, que generalmente va por sus caminos.

Es muy curioso que Lucas omita esta escena: probablemente pensó que presentar a Jesús caminando sobre el agua y confundido con un fantasma iba a plantear a sus cristianos más problemas que beneficios. 

El relato de Mateo
Se inspira en el de Marcos, pero introduciendo cambios muy significativos. Podemos dividirlo en cuatro escenas.

Primera escena: Jesús se separa de los discípulos
Hablando en términos cinematográficos, es un montaje en paralelo. Inmediatamente después de la comida, Jesús obliga a sus discípulos a embarcarse, mientras él despide a la gente. Luego se retira a rezar «a solas» y, al anochecer, «seguía allí solo».

Mientras, los discípulos se encuentran «a muchos estadios de tierra» (Juan dice que a unos 25-30 estadios, 5-6 km, lo que supone en mitad del lago). Con esto se acentúa la distancia física de Jesús con respecto a los discípulos; y también la distancia temporal, porque los despide por la tarde y no se dirige hacia ellos hasta el final de la noche.

[La traducción litúrgica dice «de madrugada»; el texto griego, «a la cuarta vela», entre las 3 y las 6 a.m.; los romanos dividían la noche en cuatro velas, desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m.].

A nivel simbólico, quedan contrapuestos dos mundos: el de la intimidad con Dios (Jesús orando) y el de la dura realidad (los discípulos remando). Ha sido Jesús el que los ha abandonado a su destino.

Segunda escena: Jesús se acerca a los discípulos
Mateo cuenta con asombrosa naturalidad y sencillez algo inaudito: el hecho de que Jesús se acerque caminando sobre el lago. Los discípulos no reaccionan con la misma naturalidad: se asustan, porque piensan que es un fantasma, tienen miedo, gritan.

Es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento el término “fantasma”, que en griego clásico se aplica a los espíritus que se aparecen, o a «las visiones fantasmagóricas de mis ensueños» (Esquilo, Los siete contra Tebas, 710). Es la única vez que Jesús provoca en sus discípulos un pánico que les hace gritar de miedo. Es la única vez que les dice «¡animaos!». Una escena peculiar sobre la que volveremos más adelante.

Tercera escena: Jesús y Pedro
Quien conoce los relatos de Marcos y Juan advierte aquí una gran diferencia. En esos dos evangelios, Jesús sube a la barca y el viento se calma. Pero Mateo introduce una escena exclusivamente suya, que subraya la relación especial entre Jesús y Pedro. Igual que en otros pasajes de su evangelio, Mateo aporta rasgos de la personalidad de Pedro que justifican su importancia posterior dentro del grupo de los Doce. Pero no ofrece una imagen idealizada, sino real, con virtudes y defectos.

Su decisión de ir hacia Jesús caminando sobre el agua lo pone por encima de los demás, igual que ocurrirá más adelante en Cesarea de Filipo. Pero Pedro muestra también su falta de fe y su temor. Incluso entonces, es salvado por la intervención de Jesús. Dentro de la sobriedad de Mateo, esta escena llama la atención por la abundancia de detalles expresivos, que adquieren su punto culminante en la imagen de Jesús alargando la mano y agarrando a Pedro.

Cuarta escena: confesión de los discípulos (32-33)
Marcos termina su relato diciendo que los discípulos «no cabían en sí de estupor, pues no habían entendido lo de los panes, ya que tenían la mente obcecada» (Mc 6,51-52). Mateo introduce un cambio radical: los discípulos no se asombran, sino que se postran ante Jesús y confiesan: «realmente eres Hijo de Dios». Esta actitud y estas palabras significan un gran avance.

Anteriormente, en el relato de la tempestad calmada (Mt 8, 23-27), los discípulos terminan preguntándose: «¿Quién será éste que hasta el viento y el agua le obedecen?» Desde entonces, el conocimiento más profundo de Jesús ha provocado un cambio en ellos. Ya no se preguntan quién es; confiesan abiertamente que es «hijo de Dios», y lo adoran.

Este título no podemos interpretarlo con toda la carga teológica que le dio más tarde el Concilio de Calcedonia (año 451). También el centurión que está junto a Jesús en la cruz reconoce que «este hombre era hijo de Dios». Lo que quiere expresar este título es la estrecha vinculación de Jesús con Dios, que lo sitúa a un nivel muy superior al de cualquier otro hombre. De aquí a confesar la filiación divina de Jesús sólo queda un pequeño paso.

Anticipando la gloria de Jesús resucitado.
Este relato, tal como lo cuenta Mateo, ofrece tres datos curiosos:
1) el cuerpo de Jesús desafía las leyes físicas;
2) los discípulos no reconocen a Jesús, lo confunden con un fantasma;
3) Jesús, a pesar del poder que manifiesta, trata a los apóstoles con toda naturalidad.

Estos tres detalles son típicos de los relatos de apariciones de Jesús resucitado:
1) su cuerpo aparece y desaparece, atraviesa muros, etc.;
2) ni la Magdalena, ni los dos de Emaús, ni los siete a los que se aparece en el lago, reconocen a Jesús;
3) Jesús resucitado nunca hace manifestaciones extraordinarias de poder, habla y actúa con toda naturalidad.

Por consiguiente, lo que tenemos en Mateo (no en Marcos) es algo muy parecido a un relato de aparición de Jesús resucitado. ¿Qué sentido tiene en este momento del evangelio? Anticipar su gloria. Igual que el relato de la muerte de Juan Bautista, contado poco antes, anticipa su pasión, su maravilloso caminar sobre el agua anticipa su resurrección.  

Sentido eclesial y personal
Desde antiguo, se ha visto en la barca una imagen de la Iglesia, metida por Jesús en una difícil aventura y, aparentemente, abandonada por él en medio de la tormenta. Este sentido, que estaba ya en Marcos, lo completa Mateo con un aspecto más personal, al añadir la escena de Pedro: el discípulo que, confiando en Jesús, se lanza a una aventura humanamente imposible y siente que fracasa, pero es rescatado por el Señor.

En la imagen de Pedro podían reconocerse muchos apóstoles y misioneros de la Iglesia primitiva, y podemos vernos también a nosotros mismos en algunos instantes de nuestra vida: cuando parece que todos nuestros esfuerzos son inútiles, cuando nos sentimos empujados y abandonados por Dios, cuando nosotros mismos, con algo de buena voluntad y un mucho de presunción, queremos caminar sobre el agua, emprender tareas que nos superan. Ellos vivenciaron que Jesús los agarraba de la mano y los salvaba. La misma confianza debemos tener nosotros.

José Luís Sicre



La espiritualidad de cada día (saliendo de Ejercicios)
Jose Arregi


En homenaje a san Ignacio de Loyola y a sus Ejercicios Espirituales.
Esta fue la última meditación de unos ejercicios celebrados la semana pasada en Oharriz (Navarra).

En este clima de silencio contemplativo, a través de la escucha, del silencio o del mantra, como una especie de compendio fundamental de lo que hemos visto en días anteriores, hoy os propongo centrarnos en la espiritualidad de cada día, porque cada día es lo decisivo.

La espiritualidad creo que es una necesidad y una urgencia cada vez más sentida en nuestro mundo occidental con su ritmo vertiginoso, con su sentimiento de amenaza o de cierto vacío o de vértigo incluso ante el futuro. Necesitamos espiritualidad. Siempre fue necesaria y hoy la sentimos más, me atrevo a decir, justo en el momento en que los templos se han vaciado y se van a vaciar. Dentro de veinte años yo imagino todos los templos vacíos en Europa. ¿Os asusta? Es así. Pero la espiritualidad no ligada al templo es una de las consecuencias fundamentales de ese paradigma nuevo del que hablamos, que no consiste solamente en que ahora pensamos sobre Dios de otra forma. Está dándose en la sociedad una manera de vivir que lleva a una forma de espiritualidad laica.

¿Qué significa espiritualidad laica? Significa como mínimo, mínimo -y creo que necesario tenerlo en cuenta – espiritualidad en una sociedad laica, espiritualidad que acepta la laicidad. ¿Qué significa laicidad? No significa que no hay sitio para las religiones en la vida pública. De hecho, cada vez tienen menos sitio, pero “laicidad” no quiere decir que la religión desaparece de la sociedad, sino que las instituciones religiosas ya no tienen el monopolio de la verdad y del bien, de lo que hemos de creer y de lo que hemos de hacer. Las religiones han perdido ese control dejando de ser garantía de verdad y de bien y lo tenemos que asumir en nuestra espiritualidad no solo como una situación de hecho, sino como algo positivo, una situación de derecho.

Espiritualidad laica significa también espiritualidad no ligada o identificada con lo que se llama vida religiosa, con ser fraile, cura, monja… No. El clero, los monasterios y la vida religiosa, de alguna forma, en nuestra tradición occidental cristiana han secuestrado la espiritualidad hasta el punto de que religiosidad, y más aun espiritualidad, significaban vida religiosa en conventos con votos,  o vida clerical. Esos eran los que vivían la espiritualidad. Espiritualidad laica significa, pues, también espiritualidad emancipada de la tutela de la vida religiosa institucional, de las órdenes religiosas, de las formas monacales y del privilegio “teológico” de los votos. Yo he sido religioso y sacerdote hasta los 57 años. En realidad, hacía muchos años que había dejado de creer en ese sistema, en el que la vida religiosa se creía con un privilegio. Éramos un estamento religioso superior. Ya lo decía S. Anselmo de Canterbury, en el siglo XI:  “La virginidad es oro, la continencia plata y el matrimonio cobre. La virginidad es opulencia, la continencia medicina, el matrimonio pobreza. La virginidad es paz, la continencia rescate, el matrimonio cautiverio”. Eso ha marcado mucho. En definitiva, lo que ha caracterizado a la llamada vida religiosa canónica ha sido la virginidad. Era eso lo distintivo, porque en cuanto a pobreza yo he visto más pobreza fuera de los conventos que dentro. Había más pobreza en nuestro caserío que en el seminario de Arantzazu, que era bien pobre. En cuanto a la obediencia, la verdadera obediencia es la convivencia en el día a día en la familia, con la pareja, en el trabajo. La obediencia al superior en los conventos no es más exigente que eso… Han sido otros moldes y hace tiempo que se ha superado esa superioridad teológica de los votos canónicos. A mí me parece que ese formato de vida religiosa canónica va a ir desapareciendo. Y no penséis que lo digo porque estoy fuera. Eso lo escribí hace 30 años.

Espiritualidad laica significa también – y creo que esto es igualmente esencial- una espiritualidad emancipada de las formas llamadas religiosas. Esto es algo bastante nuevo en la cultura y sociedad occidental, pero es lo que va a ir desarrollándose.  Una espiritualidad que no tiene por qué estar acompañada de creencias, ritos y normas morales “religiosamente” fundadas, ni inspirada en los textos llamados tradicionalmente religiosos. Si a uno le inspira una música, esa música es espiritual. Que sea espiritual no depende de que hable de la Virgen o sea una misa de Mozart. No depende de esas formas religiosas. Cada vez más estamos llamados a abrirnos a una espiritualidad no ligada a lo religioso. Eso significa espiritualidad laica. De la misma manera que en los ritos fundamentales de la vida (como el nacimiento, la boda, la muerte) ya se están desligando de formas religiosas tradicionales. La gente se casa espiritualmente también en la montaña o en el ayuntamiento. Pueden celebrar espiritualmente el nacimiento de un hijo sin bautizarlo. La muerte se acompaña y el duelo se hace espiritualmente sin funerales en la parroquia con misa. Claro que una sociedad laica tiene el reto de crear sus propias formas desligadas de las tradicionales formas religiosas pero que sean inspiradoras para esos momentos fundamentales de la vida. Esto es un reto importante. ¿De qué se trata? La espiritualidad es el arte de vivir, de respirar, de acoger y de infundir espíritu, como “luz que penetra las almas y fuente del mayor consuelo” eso es fundamental y estamos llamados a vivirlo con formas religiosas o no.

1ª parte: Creer en el Espíritu Santo.
Os leeré alguna cosa y después pasaremos a hacer un silencio. Cree en el Espíritu Santo, no en el dogma del Espíritu Santo sino en ese espíritu o aliento vital que mora en nosotros y que suscita y crea la confianza en las horas oscuras. El, ella, ello más allá de todo género mora en ti, tú moras en él, en ella, en ello. Es tu huésped y tú el suyo, aunque no aciertes a acogerlo o acogerla, siempre te acoge y te cobija dulcemente como una madre.

Es importante ahondar esta vivencia, se crea o no en el dogma de la divinidad del Espíritu Santo, en tercera persona de la Santísima Trinidad, que es lo de menos. Espíritu vital, figura de energía o aliento. Eso es lo fundamental.

Es espíritu de verdad y de consuelo, que consiste en que tenemos un suelo firme en medio de todas nuestras incertidumbres y complejidades; espíritu de la fidelidad, de la paciencia de todos los días. Cree siempre en ese espíritu que tú tienes que acompañar y ser su voz, que pugna en ti por hacerse carne y manifestarse en el corazón que vibra en palabras de verdad, de consuelo, en actitud de paciencia consigo mismo, con los demás, con la lentitud para la renovación del mundo. Cree en ese espíritu que está activo en la raíz de cuanto es.

Vamos a hacer 10 minutos de silencio. Podéis tomar como mantra que acompaña a vuestra inspiración y espiración: “Luz que penetra las almas” mientras inspiramos, y ”fuente del mayor consuelo” mientras espiramos.

2ª parte: Mirada nueva de cada día.
Aprender a mirar de nuevo y mirar cada día todo de manera nueva. La espiritualidad puede resumirse también en todos los demás sentidos, porque la mirada no se refiere solamente a la mirada física. ¡Menudo milagro es el hecho de poder ver! No significa que nosotros veamos las cosas como son o que sean como las vemos. Los pájaros ven el mundo de otra manera. ¿Cómo es? ¿Como lo vemos nosotros o como lo ven los pájaros? Como lo vemos nosotros, pero también como lo ven los pájaros, los peces, los animales de noche… ¿cómo es la realidad? ¿a la luz del día o en la oscuridad de la noche?. Es de una forma y de otra. Nadie ve las cosas como son, porque son también como las ve cada uno, pero también como las ve el otro. Cada especie animal ha desarrollado un sistema de visión para orientarse, que es una obra de suma sabiduría y de suprema ingeniería. Ni los drones ni nada parecido todavía han igualado el sistema que los murciélagos tienen para ver o para sentir. Son casi ciegos, no tienen ojos como nosotros ni como los peces, pero tienen un sistema de radar casi perfecto. Se trata de diversos sistemas de adaptación, y la realidad es infinitamente más que la manera como nuestros ojos siendo tan maravillosos la ven.

Aprende a oler. Si tienes el sentido del olfato reducido, no importa. Aprende a tocar: tenemos órganos sensoriales, células de la piel que transmiten información, ¡qué maravilla! Yo toco algo y las células de la piel transmiten una información muy precisa e instantánea a mi cerebro sobre lo que toco. Si yo no tuviese esas células en mi piel me moriría enseguida, porque lo mismo me quemaría en una hoguera que me congelaría en un lago helado. Gracias al tacto nos podemos cuidar. Espiritualidad también es eso: tocar, palpar, sentir…

Y lo mismo el gusto, ¡qué maravilla el sabor de lo que comemos! Sabiduría y sabor tienen la misma raíz. Aprecia el sabor de lo que comes en vez de estar siempre escuchando la radio, viendo la TV, discutiendo con la pareja o con los hijos o consigo mismo, que es peor. No. Come. Espiritualidad de la vida, de la tierra, del cuerpo, de los sentidos, de la sensibilidad. Podemos, pues, fijarnos en la mirada o en cualquier otro sentido.

Mirar, mirar. Jesús dijo –seguramente es un dicho histórico-: “dichosos vuestros ojos porque ven lo que ven, porque muchos profetas y padres quisieron ver lo que vosotros veis y no lo podían ver”. Jesús tenía conciencia de que algo decisivo estaba teniendo lugar: transformación, liberación, curación, comensalía, que nadie fuese excluido de la mesa, que nadie tuviese hambre. Eso iba a suceder enseguida. Estaba profundamente convencido y atraído por ese horizonte. ¿No sucedió? No de la manera en que él lo imaginaba, pero esa fe profunda, que no consiste en creer que iba a suceder sino en adherir profundamente a ese horizonte, ese deseo y compromiso vital hizo que él practicara la comensalía, que sanara enfermedades, que diera confianza, que devolviera la dignidad a la gente despreciada y humillada por tantos motivos, que hiciera levantar la cabeza…

Pues eso es lo que veía Jesús como algo que estaba sucediendo ya. “Dichosos vosotros porque veis”. También se podría decir: el que sabe ver siempre es dichoso. Espiritualidad es saber ver. Saber mirar en paz, que no significa decir que todo está bien como está. No. O no meterme en líos, no. O no denunciar lo que está mal y es intolerable, no. O decir: todo está perfectamente como está. No, no. Mirar en paz es  infundir paz, desenmascarar la mentira, la injusticia, el daño, transformar en paz lo que no es paz. No está escrito lo que haya que hacer para transformar en paz, pero solamente se puede transformar desde el impulso profundo y desde la adhesión profunda al Shalom, al Salam, a la paz. Mirar en paz.

Mirarlo todo como nuevo cada vez como auténtico milagro. A alguien le molesta que se pongan en duda los milagros. Para mí no existe el milagro de que dos panes se conviertan de repente en mil o que alguien vaya a Lourdes con una pierna y vuelva con dos. Sí sucede, en Lourdes o en tantos otros lugares, que uno va deprimido, desanimado por su enfermedad, cualquiera que sea, y allí encuentra consuelo y sale reconfortado, reconfortada. El milagro es eso, pero para eso no hace falta ir a Lourdes. Que yo sienta desaliento y pueda volver a ponerme en pie y seguir avanzando a pesar de todo. Eso es milagro: que cada día salga el sol, que haya primavera y otoño, cada átomo de aire y agua. Cada brizna de hierba es milagro, cada mota de polvo es milagro. Todo es milagro. Mira todo con esa novedad de lo milagroso, la plenitud en cada parte por ínfima que sea. Eso es la resurrección en la vida, la eternidad en el presente, en cada instante, eso es ver a Dios en todo. El todo que no es la suma de las partes, no. El todo viviente en cada parte. Eso es saber mirar. Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, pero a nadie le está vedado el ver.

San Ignacio de Loyola cuenta en su autobiografía una experiencia que tuvo en Manresa, junto al río Cardener. (No hace falta que la experiencia sea extraordinaria, puede darse de muchas formas: con vivencias especiales fuertes, normales, cotidianas). Fue una experiencia que le marcó para toda la vida. El dice que desde entonces veía todas las cosas como nuevas.

Hacemos 10 minutos de silencio. Al inspirar vamos a decir dichosos tus ojos. Y al espirar porque ven lo que ven.

Tal vez mejor, mientras respiramos profundamente, vemos, miramos y lo vemos todo como nuevo.

3ª parte: Libre de formas religiosas
En esta tercera parte voy a abordar algo que me parece fundamental para esta espiritualidad libre de formas religiosas, en una sociedad liberada de tutelas o de monopolios de verdad y de bien. Por eso es una sociedad mucho más arriesgada, porque antes ya nos decía la Iglesia lo que se podía ver en la televisión. Lo decidían los obispos en España, pero eso se acabó. En una generación se ha transformado la sociedad, y no solo porque murió Franco. Si no se hubiese transformado la sociedad, Juan Carlos I hubiese seguido con el régimen de Franco. No solamente murió Franco, sino que vivimos en otro mundo y por lo tanto no se pueden mantener determinados esquemas tradicionales que siguen siendo como muy absolutistas. Eso se ha acabado.

Yo no creo en la mala voluntad de nadie, y tampoco puedo decir que las cosas son solo como yo las veo, pero hay un cúmulo de datos que aseguran que realmente vivimos en otro universo. Desde las ciencias físicas a las ciencias humanas pasando por la biología. La filosofía y buena parte de la teología ha ido también cambiando, aunque en los últimos años la teología ha vuelto al pasado. Todo nos indica que el universo cultural ha cambiado y va a seguir cambiando. El universo físico está cambiando continuamente y la cultura también ha cambiado.

No creo que se trate de mala voluntad sino de error de enfoque o de visión cuando las instituciones religiosas todavía quieren seguir funcionando como si la cultura no hubiese cambiado desde hace 50 años. Eso es hacer un grandísimo daño al espíritu que alienta en este mundo, en esta cultura. Nos enzarzamos en peleas intestinas, en discusiones eclesiásticas, ridículas, pero me parece que lo grave que está sucediendo es que estamos impidiendo a toda una generación, que son los niños de hoy pero también los adolescentes de hoy, los universitarios de hoy, los jóvenes adultos de hoy (que no se casan entre otras cosas porque no disponen de una casa donde ponerse a vivir, emancipados)… a toda una sociedad en masa desde los 55 ó 60 años para abajo se le está impidiendo respirar espiritualidad por el empeño de las grandes instituciones religiosas dominantes que siguen pensando que el mundo es como lo veíamos hace 60 años. Es un error de visión.

Este tercer momento lo quiero centrar en otro de los aspectos fundamentales de la espiritualidad cotidiana en esta cultura, que tiene que ver no ya con que tú acates lo que te dice un obispo o el papa o tu teólogo de preferencia, no. Tiene que ver con que tú creas en ti misma, en ti mismo a fondo, con que tú creas que puedes, y que extraigas agua de tu propio pozo. Lo cual no significa que se las apañe cada uno y se desentienda de todos los demás. No tiene nada que ver con ese individualismo. Peligro de individualismo claro que hay, pero si realmente tú extraes agua de tu propio pozo dirás: esta agua no es mía, me viene, ¿de dónde me viene? Es el agua que sacia la sed de mi hermana, de mi hermano, hay que cuidarla… Solamente podemos sentirnos hermanas y hermanos de otros cuando ahondamos en nuestro propio pozo y cuando nos sentimos responsables del otro, cuando creemos en nosotros mismos a fondo y, si no, el individuo se ahoga en los colectivos y en las instituciones frías que no consiguen salvaguardar el agua viva y la espiritualidad del respiro.

Quiero decir que para esta espiritualidad, en esta sociedad, es muy importante, fundamental, que te convenzas de que tú puedes. Cree y espera en ti misma, en ti mismo. La esperanza en sí misma, en sí mismo, en el mundo, en el universo, en la vida, en Jesús el Viviente, en Dios… no son esperanzas yuxtapuestas, pero tampoco son esperanzas superpuestas en niveles: más bajo, más alto… No, no; todo está co-implicado como en la vida, como en la trama de la realidad universal. De modo que si esperas a fondo en ti misma estás realizando la esperanza en Dios. La cuestión es vivir a fondo. Tú puedes cuidar esa esperanza como tu propio aliento vital. Tú puedes no desistir. Algunos días nos sentimos incapaces de seguir. Tú puedes recuperar tu aliento vital y seguir caminando humildemente, confiadamente, activamente. Tú puedes hacer que el mundo sea otro.

¿Cómo puedo hacer que el mundo sea otro? Sí, igual que Jesús, haciendo las cosas que hizo Jesús. Esa es tu vocación y en la medida en que creas en ti misma, en ti mismo, desde una profunda reconciliación con tu límite y tu realidad, nuevas posibilidades pueden ir abriéndose en ti y no hace falta que llegues a nada, que logres nada, sino que todavía puedas recuperar la paz y la fe en ti misma, en ti mismo.

Tú puedes procurar un granito de arena para la construcción de un mundo mejor.  No quieras nada más. Tú puedes aportar un granito de trigo para amasar el gran pan sabroso de la mesa común de todos los vivientes. Tú puedes beber agua de tu propio pozo. Tú puedes vivir las Bienaventuranzas de Jesús, sentirte dichosa, dichoso, siendo pobre, manso, misericordiosa, misericordioso, pacífico, constructor de paz. Tú puedes ser buen samaritano, buena samaritana, cuidar, curar, sanar, salvar. Eso es ser como Dios, ser Dios, ser Jesús. Tú puedes, pero no te exijas. Cree y deja que suceda pero, en la medida que puedas, no te cierres nunca en tu desaliento y sé muy paciente con tu desaliento y con tu falta de paciencia y no te avergüences nunca de nada de lo que hay en ti. No te instales nunca en nada de lo conocido, de lo creído, de lo logrado. Decía Martínez Lozano en uno de sus mensajes recientes: “La persona que cambia puede equivocarse, pero la que no cambia nunca vive siempre equivocada”.

Claro que sí, podemos equivocarnos, pero la persona que no cambia nunca vive equivocada porque la vida es devenir y transformación constante y movimiento permanente, como un río. Heráclito dijo aquello de que nadie se baña dos veces en el mismo río porque el río va cambiando constantemente y querer aferrarnos a lo que pensamos, creímos, a lo que nos dio seguridad, eso es asfixiar la vida.

A modo de conclusión, voy a terminar leyéndoos un texto precioso de Patxi Ezkiaga:
“Una hermosa mañana, cansado de vivir, aburrido de la rutina de cada día, salí en busca de la felicidad. Mientras iba caminando vi el fulgor rojo de las amapolas en los campos, la blancura de las margaritas, el azul intenso de los lirios. Hice un ramillete pero el intenso calor me lo secó y marchitó al momento. Esto no puede ser la felicidad, me dije a mí mismo.

Algo más adelante, me adentré en el bosque y vi los rayos de sol que desgarraban la oscuridad. Corrí hacia la luz para que me inundara pero nada más llegar una nube cruzó el cielo y apagó la luz que yo quería abrazar. Tampoco esto puede  ser la felicidad, dije para mis adentros.

Oi el murmullo de un riachuelo. Allí, en un banco de la orilla, vi un violonchelo metido en su estuche. Traté de arrancarle una bella melodía pero el cello sólo lanzó un sonido parecido a un sollozo. Tampoco esto puede ser la felicidad, pensé.

Cansado de vivir, aburrido de la rutina de cada día, regresé a casa con las manos vacías. Al día siguiente me eché otra vez al camino. Tan pronto como di mis primeros pasos vi a una niña llorando a la vera del camino. Cogí una roja amapola con la blanca margarita y un lirio azul y se las regalé para que se consolara.

Un poco más lejos vi a un anciano que tiritaba de frío a la entrada del bosque…..Cogí los rayos de sol en mis manos y se los di al anciano para que entrara en calor. Por fin, sentado junto al arroyo, vi a un chico joven que cantaba, cogí el cello y empecé a tocarlo para acompañar su canción. La sonrisa de la niña, el calor del anciano y la melodía del joven fueron para mí perfume, paz y alegría en brazos de una felicidad redescubierta”

José Arregi