jueves, 31 de julio de 2014

DENLES USTEDES DE COMER - José Antonio Pagola


DENLES USTEDES DE COMER - José Antonio Pagola

Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado 
erróneamente “la multiplicación de los panes”.

Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.

La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.

Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.

¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.

El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.

En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Sacude las conciencias .  Pásalo.
3 de agosto de  2014
28 Tiempo ordinario (A)

¡HAY QUE TENER HAMBRE...!
Escrito por  Florentino Ulibarri

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues vives en el pan tierno
que se rompe y comparte
en cualquier casa, mesa y cruce,
entre hermanos, desconocidos y caminantes.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues tú eres banquete de pobres, 
botín de mendigos
que, vacíos, sin campos ni graneros,
descubren que son ricos.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
hambre de vida y justicia
que no queda satisfecha
con vanas, huecas palabras,
pues aunque nos sorprendan y capten,
no nos alimentan ni satisfacen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
pues sin ella olvidamos fácilmente
a los dos tercios que la tienen,
entre los que tú andas perdido
porque son los que más te atraen.

Para creer en ti
hay que tener hambre,
y mantener despierto el deseo
de otro pan diferente al que nos venden
en mercados, plazas y encuentros
donde todo se compra y vende.

Para creer en ti
hay que tener hambre
y, a veces, atragantarse al oírte
para descubrir la novedad
de tu presencia y mensaje
en este mundo sin ilusiones.

Para creer en ti
hay que encarnarse,
vivir entre los pobres,
tener muchas ganas  de compartir
los cinco panes y dos peces
y todas las ilusiones y necesidades.

Florentino Ulibarri



COMPARTIR EL PAN ES DAR VIDA
Escrito por  Fray Marcos
Mt 14, 13-21

Seis veces se narra en los evangelios este episodio. Jesús da de comer a una multitud en un despoblado. Es seguro que algo muy parecido, pasó en realidad y probablemente más de una vez. Es importante, acercarnos lo más posible a la realidad de los hechos; solo desde lo histórico, podremos desentrañar su verdadero sentido para nosotros.

Con los conocimientos exegéticos que hoy tenemos, no podemos seguir entendiendo este relato como multiplicación milagrosa de unos panes y peces. Es más, entendido como un milagro material, nos quedamos sin el verdadero mensaje del evangelio.

Podríamos decir que es una parábola en acción. También hace falta “oídos” y “ojos” bien abiertos para entenderla. El punto de inflexión del relato está en las palabras de Jesús: dadles vosotros de comer. Jesús sabía que eso era imposible. Parece ser que no entraba en los planes del grupo preocuparse de las necesidades materiales de los demás. Por otra parte, ni tenían dinero suficiente para comprar tanto pan, ni había donde comprarlo.

No podemos seguir hablando de un prodigio que Jesús lleva a cabo gracias a un poder divino. Si Dios pudo hacer un milagro para saciar el hambre de los que llevaban un día sin comer, con mucha más razón tendría que hacerlo para librar hoy de la muerte a millones de personas que están muriendo de hambre en el mundo.

Tampoco podemos utilizar este relato como un argumento para demostrar la divinidad de Jesús. El sentido de la vida de Jesús salta hecha añicos cuando suponemos que era un ser humano, pero con el comodín de la divinidad guardado en la chistera y que podía utilizar a capricho.

Lo que pasó no fue un milagro, como lo entendemos normalmente. En ninguno de los relatos se dice que los panes y los peces se multiplicaran. Realmente fue un verdadero “milagro”, que un grupo tan numeroso de personas compartiera todo lo que tenían hasta conseguir que nadie quedara con hambre.

Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo no se podía repostar por el camino, todo el que salía de casa para un tiempo, iba provisto de alimento para todo ese tiempo. Los apóstoles tenían cinco panes y dos peces; seguramente, después de haber comido ese día. Si el contacto con Jesús y el ejemplo de los apóstoles les empujó a poner cada uno lo que tenían al servicio de todos, estamos ante un ejemplo de respuesta a la generosidad que Jesús predicaba.

Es muy útil recordar la importancia que tienen en la Biblia las comidas. Con frecuencia se hace referencia a los tiempos mesiánicos con la imagen de un banquete. El mismo Jesús se dejaba invitar por las personas importantes. Él mismo organizaba comidas con los marginados; esa era una de las maneras de manifestarles su aprecio y cercanía. La más importante ceremonia de nuestro culto cristiano está estructurada como una comida. Que todo un día de seguimiento haya terminado con una comida no nos debe extrañar. Lo verdaderamente importante es que en esa comida todo el que tenía algo que aportar, colaboró, y el que no tenía nada, se sintió acogido fraternalmente.

Si tenemos “ojos” y “oídos” abiertos, en el mismo relato podemos hallar las claves para una correcta interpretación. Los discípulos se dan cuenta del problema  y actúan con toda lógica. Como tantas veces decimos o pensamos nosotros, se dijeron: es su problema, ellos tienen que solucionárselo. Jesús rompe con toda lógica y les propone una solución mucho menos sensata: “dadles vosotros de comer”. Él sabía que no tenían pan para tantas personas. Aquí empieza la necesidad de entenderlo de otra manera.

Recordar algunos datos nos ayudará a comprender el relato más ajustadamente. Junto al lago, los alimentos básicos de la gente, eran el pan y los peces. Los libros de la Ley eran cinco; y dos el resto de la Escritura: Profetas y Escritos. El número siete (5+2) es símbolo de plenitud. También el número de los que comieron (cien grupos de cincuenta) es simbólico. Los doce cestos aluden a las doce tribus. Es el pan compartido el que debe alimentar al nuevo pueblo de Dios. La mirada al cielo, el recostarse en la hierba… Ya tenemos los elementos que nos permites interpretar el relato, más allá de la letra.

El evangelio nos dice que Jesús se preocupó de las necesidades materiales de la gente. Pero también se quejó de que le entendieran mal, y terminaran creyendo que había venido para eso. El mensaje del evangelio de hoy no es que, al ver el milagro, concluyamos que Jesús es Dios; ni que podemos esperar de Dios que nos saque las castañas del fuego. El ver a Jesús como un taumaturgo, está ya muy criticado en los mismos evangelios. Seguir creyendo en el siglo XXI en milagros para solucionar los problemas, es la mejor demostración de nuestra falta de madurez religiosa.

El verdadero sentido del texto está en otra parte. La dinámica normal de la vida nos dice que el “pan” indispensable para la vida, tenemos que conseguirlo con dinero; porque alguien lo acapara y no lo deja llegar a su destino más que cumpliendo unas condiciones que el que lo acaparó impone: el “precio”. Lo que hace Jesús es librar el pan de ese acaparamiento injusto. La mirada al cielo y la bendición son el reconocimiento de que Dios es el único dueño y que a Él hay que agradecer el don. Liberado del acaparamiento, el pan, imprescindible para la vida, llega a todos sin tener que pagar un precio por él.

Jesús, nos dice el relato, primero siente compasión de la gente, y después invita a compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían, lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”. Cuando se deja de acaparar los bienes, llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte. Los hombres no deben actuar de manera egoísta.

Curiosamente hoy son la primera y la segunda lectura las que nos empujan hacia una interpretación espiritual del evangelio. Los interrogantes planteados en las dos primeras lecturas podrían ser un buen punto de partida para la reflexión de este domingo. La primera nos advierte que la comida material, por sí misma, ni alimenta ni da hartura. Solo cuando se escucha a Dios, cuando se imita a Dios se alimenta la verdadera vida. En la segunda lectura nos indica Pablo, dónde está lo verdaderamente importante para cualquier ser humano: el amor que Dios nos tiene y se manifestó en Jesús.

Después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y peces resecos. Ese es el verdadero mensaje. Nosotros, después de años junto a Jesús, ¿qué somos capaces de compartir? No debemos hacer distinción entre el pan material y el alimento espiritual. Solo cuando compartimos el pan material, estamos alimentándonos del pan espiritual. En el relato no hay manera de separar el nivel espiritual y el material. La compasión y el compartir son la clave de toda identificación con Jesús. Es inútil insistir porque es el tema de todo el evangelio.

El  mensaje del evangelio de hoy es muy profundo. Cada vez que se comparte el pan, se comparte la vida y se hace presente a Dios que es Vida-Amor. No hay otra manera de identificarnos con Dios y de acercar a Dios a los demás. La eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total. El pan que verdaderamente alimenta, no es el pan que se come, sino el pan que se da.

Meditación-contemplación 

¡Dadles vosotros de comer!
No deberíamos olvidar nunca estas palabras.
Es lo primero que espera Dios de cada uno de nosotros.
Es lo que esperan todos los “muertos de hambre”.
………………… 

Si de nuestra relación con Dios no se desprende esta exigencia,
podemos estar seguros de que ese dios es falso.
Si no veo a Dios en el que muere de hambre,
mi dios es un ídolo que yo me he fabricado.
…………………………

La clave del mensaje de Jesús es la compasión.
Si no me aproximo al que me necesita,
me estoy alejando del Dios de Jesús.
Si he descubierto a Dios dentro de mí,
lo estaré viendo siempre en los más pobres.
………………

Fray Marcos



JESÚS ALIMENTA A SU COMUNIDAD
Escrito por  José Luís Sicre

Una vez terminado el discurso en parábolas sobre el Reino de Dios, el evangelio de Mateo ofrece una sección que podríamos titular «Del escándalo a la fe» (13,53-16,20). El escándalo se da en Nazaret, donde sus paisanos lo rechazan; la fe, en la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe. En conjunto se trata de nueve episodios, de los que la liturgia ha elegido cuatro para los próximos domingos:

― la multiplicación de los panes (domingo 18)
― la tempestad calmada (domingo 19)
― la curación de la hija de la mujer sirofenicia (domingo 20)
― la confesión de Pedro (domingo 21)

Suave tarea veraniega
Quienes no sepan en qué entretenerse durante el mes de agosto, pueden leer estos capítulos de Mateo, con las sugerencias que ofrezco a continuación.

a) El tema capital de la sección es la pregunta: ¿quién es Jesús? Encontrará respuestas muy distintas:
los nazarenos: un hombre (13,55-56)
Herodes: Juan Bautista resucitado (14,2)
los de la nave: Hijo de Dios (14,33)
la cananea: Señor, hijo de David (15,22)
la gente: diversidad de opiniones (16,14)
Pedro: el Mesías (16,16)

b) Jesús intensifica su contacto con los extranjeros viajando a Tiro, Sidón (15,21) y Magadán (15,39). Por el contrario, su patria, Nazaret, lo rechaza; y de Jerusalén viene el peligro, la oposi­ción (15,1).

c) Jesús aparece en continuo movimiento. Mateo parece sugerir que la actividad misionera es intensa, aunque la mayoría de los episodios se sitúa en torno al lago de Galilea. A pesar del movimiento continuo, la gente cada vez se une más a él. Y Jesús les demuestra su preocupación y afecto de modo cada vez mayor.

d) El tema de los milagros (dynameis) es fundamental; más aún que en los capítulos anteriores. Se convierten en signo de la salvación mesiánica y, al mismo tiempo, de la aceptación o rechazo de Jesús, de la fe o incredulidad.

Jesús alimenta a su comunidad (la multiplicación de los panes)
Cuando los discípulos de Juan le comunican a Jesús la muerte del maestro, Jesús se retira en barca a un sitio apartado. Este detalle es significativo de la postura de Jesús. No va en busca de Herodes a denunciarlo. Huye, para poder seguir cumpliendo su misión.

Le sigue mucha gente de todas los pueblecillos, Jesús siente lástima y cura a los enfermos. Pero lo más importante ocurre al caer la tarde, cuando Jesús multiplica los panes para alimentar a una gran multitud formada por cinco mil varones acompañados de mujeres y niños. ¿Cómo hay que interpretar este episodio?

Problemas de la interpretación puramente histórica
Podríamos entender el relato como el recuerdo de un hecho histórico que demostraría el poder de Jesús y su preocupación, no sólo por la formación espiritual de la gente, sino también por sus necesidades materiales. Esta interpretación histórica encuentra grandes dificultades cuando intentamos imaginar la escena.

Se trata de una multitud enorme, quizá diez o quince mil personas, si incluimos mujeres y niños. Para reunir esa multitud tendrían que haberse quedados vacíos varios pueblos de aquella zona.

La propuesta de los discípulos de ir a los pueblos cercanos a comprar comida resulta difícil de cumplir: harían falta varios Hipercor y Alcampo para alimentar de pronto a tanta gente.

Aun admitiendo que Jesús multiplicase los panes, su reparto entre esa multitud, llevado a cabo por sólo doce camareros (a unas mil personas por cabeza) plantea grandes problemas.

¿Cómo se multiplican los panes? ¿En manos de Jesús, o en manos de Jesús y de cada apóstol? ¿Tienen que ir dando viajes de ida y vuelta para coger nuevos trozos cada vez que se acaban?

¿Por qué no dice nada Mateo del reparto de los peces? ¿Es que éstos no se multiplican?
Después de repartir la comida a una multitud tan grande, ya casi de noche, ¿a quién se le ocurre ir a recoger las sobras en mitad del campo?

¿No resulta mucha casualidad que recojan precisamente doce cestos, uno por apóstol? ¿Y cómo es que los apóstoles no se extrañan de lo sucedido?
Estas preguntas, que parecen ridículas, y que a algunos pueden molestar, son importantes para valorar rectamente lo que cuenta Mateo. ¿Se basa su relato en un hecho histórico, y quiere recordarlo para dejar claro el poder y la misericordia de Jesús? ¿Se trata de algo puramente inventado por el evangelista para transmitir una enseñanza?

Problema de la interpretación racionalista y moralizante
En el siglo XIX, por influjo especialmente de la Vida de Jesús de Renan, se difundió la tendencia a interpretar los milagros de forma racionalista, que no supusieran una dificultad para la fe.

En concreto, lo que ocurrió en la multiplicación de los panes fue lo siguiente: Jesús animó a sus discípulos y a la gente a compartir lo que tenían, y así todos terminaron saciados. El relato pretende fomentar la generosidad y la participación de los bienes.

Esta opinión, que sigue apareciendo incluso en libros pretendidamente científicos, inventa algo que el evangelio no cuenta, incluso en contradicción expresa con él, e ignora el mundo en el que fueron redactados los evangelios.

La interpretación simbólica y eucarística
A la comunidad de Mateo este episodio no le resultaría extraño. Con su conocimiento del Antiguo Testamento vería en el relato la referencia clarísima a dos pasajes bíblicos.

En primer lugar, la imagen de una gran multitud de hombres, mujeres y niños, en el desierto, sin posibilidad de alimentarse, evoca la del antiguo Israel, en su marcha desde Egipto a Canaán, cuando es alimentado por Dios con el maná y las codornices gracias a la intercesión de Moisés.

Hay también otro relato sobre Eliseo que les vendría espontáneo a la memoria. Este profeta, uno de los más famosos de los primeros tiempos, estaba rodeado de un grupo abundante de discípulos de origen bastante humilde y pobre. Un día ocurrió lo siguiente:
«Uno de Baal Salisá vino a traer al profeta el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo:
- Dáselos a la gente, que coman.

El criado replicó:
- ¿Qué hago yo con esto para cien personas?

Eliseo insistió:
- Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.

Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor"

(2 Reyes 4,42-44).
Cualquier lector de Mateo podía extraer fácilmente una conclusión: Jesús se preocupa por las personas que le siguen, las alimenta en medio de las dificultades, igual que hicieron Moisés y Eliseo en tiempos antiguos.

Al mismo tiempo, quedan claras ciertas diferencias. En comparación con Moisés, Jesús no tiene que pedirle a Dios que resuelva el problema, él mismo tiene capacidad de hacerlo. En comparación con Eliseo, su poder lo sobrepasa también de forma extraordinaria: no alimenta a cien personas con veinte panes, sino a varios miles con solo cinco, y sobran doce cestos. La misericordia y el poder de Jesús quedan subrayados de forma absoluta.

Sin embargo, aquellos lectores antiguos se preguntarían qué sentido tenía ese relato para ellos. Porque su generación no podía beneficiarse del poder y la misericordia de Jesús para saciar su hambre en momentos de necesidad. Y sabían que otros muchos contemporáneos de Jesús habían pasado hambre sin ser testigos de ningún milagro parecido. En el fondo, la pregunta es: ¿sigue saciando Jesús nuestra hambre, nos sigue ayudando en los momentos de necesidad?

Aquí entra en juego un aspecto esencial del relato: su relación con la celebración eucarística en las primeras comunidades cristianas. Es cierto que estos detalles no pueden exagerarse. Por ejemplo, el levantar la vista y pronunciar la bendición antes de la comida era un gesto normal en cualquier familia piadosa. También era normal recoger las sobras.

Sin embargo, Mateo ofrece un detalle importante: omite los peces en el momento de la multiplicación. Algunos autores se niegan a darle valor a este detalle. Pero es interesantísimo. Cuando se come pan y pescado, lo importante es el pescado, no el pan. Carece de sentido omitir la mención del alimento principal. Si se omite, es por una intención premeditada: acentuar la importancia del pan, con su clara referencia a la eucaristía. Porque en ella acontece lo mismo que en la multiplicación de los panes.

Jesús la instituye antes de morir con el sentido expreso de alimento: «Tomad y comed... tomad y bebed». Los cristianos saben que con ese alimento no se sacia el hambre física; pero también saben que ese alimento es esencial para sobrevivir espiritualmente. De la eucaristía, donde recuerdan la muerte y resurrección de Jesús, sacan fuerzas para amar a Dios y al prójimo, para superar las dificultades, para resistir en medio de las persecuciones e incluso entregarse a la muerte.

Un cristiano de hoy debería sacar el mismo mensaje de este pasaje: Jesús se compadece de nosotros y manifiesta su poder alimentándonos con su cuerpo y su sangre, mucho más importante que la multiplicación de los panes y los peces.

También podríamos sacar otras enseñanzas: la obligación de preocuparnos por las necesidades materiales de los demás, de poner a disposición de los otros lo poco o mucho que tengamos. Así, los benedictinos alemanes han querido recordar la preocupación de Jesús por los necesitados instituyendo en el sitio donde se recuerda la multiplicación de los panes un centro de atención a niños disminuidos físicos. Pero lo esencial del relato es lo que decíamos anteriormente.

José Luís Sicre



EL HUMOR COMO EXPRESIÓN DE SALUD PSÍQUICA Y ESPIRITUAL
Escrito por  Leonardo Boff

Todos los seres vivos superiores poseen un acentuado sentido lúdico. Basta observar a los gatos y los perros de nuestras casas. Pero el humor es propio sólo de los seres humanos. El humor nunca fue considerado un tema «serio» por la reflexión teológica, aunque es sabido que se encuentra presente en todas las personas santas y místicas, que son los únicos cristianos verdaderamente serios. En la filosofía y en el psicoanálisis tuvo mejor suerte.

Humor no es sinónimo de chiste, pues puede haber chiste sin humor y humor sin chiste. El chiste es irrepetible; repetido, pierde su gracia. La historieta llena de humor conserva siempre su gracia y nos gusta oírla muchas veces.

El humor sólo puede ser entendido a partir de la profundidad del ser humano. Su característica es ser un proyecto infinito, portador de inagotables deseos, utopías, sueños y fantasías. Tal dato existencial hace que haya siempre un desajuste entre el deseo y la realidad, entre lo soñado y su concretización.

Ninguna institución, religión, Estado ni ley consiguen encuadrar totalmente al ser humano, aunque para encuadrarlo exista justamente cierto tipo de orden. Pero él desborda estas determinaciones. De ahí la importancia de la violación de lo prohibido para la vivencia de la libertad y para que surjan cosas nuevas. Y esto en el arte, en la literatura y también en la religión.

Cuando nos damos cuenta de esta diferencia entre la ley y la realidad ―véase por ejemplo, la esdrújula moral católica sobre la prohibición de usar el condón en estos tiempos en que abunda el sida― surge el sentido del humor. Dan ganas de reír, pues tiene todo tan poco buen sentido y es tanto hablar en pleno desierto, ya que nadie escucha ni observa, que sólo puede provocarnos humor. Esas personas viven en la luna, no en la Tierra.

En el humor se vive el sentimiento de alivio del peso de las limitaciones y del placer de verlas relativas y sin la importancia que ellas mismas se dan. Por un momento, la persona se siente libre de los superegos castradores, de las imposiciones que nos exige la situación y realiza una experiencia de libertad, como una forma de plasmar su tiempo, dar sentido a lo que está haciendo y construir algo nuevo.

Detrás del humor existe la creatividad, propia del ser humano. Por más limitaciones naturales y sociales que haya, siempre hay espacio para crear algo nuevo. Si no fuese así, no habría genios en la ciencia, en el arte y en el pensamiento. Inicialmente son tenidos por «locos», excéntricos, anormales. Mucho tiempo después, una nueva mirada descubre la genialidad de un van Gogh o la creatividad fantástica de Bach, casi desapercibidas en su tiempo.

Se dice de Jesús que los suyos vinieron a llevárselo, pues decían “está loco” (Mc 3,21). De San Francisco se dijo lo mismo: es un «pazzus», un loco, cosa que él aceptaba como expresión de la voluntad de Dios. Y era un santo lleno de humor y alegría hasta el punto de llamarsele «el fraile siempre alegre».

En palabras más pedestres: el humor es señal de que nos es imposible definir al ser humano dentro de un cuadro establecido. En su ser más profundo y verdadero es un creador y un ser libre.

Por eso puede sonreír y mirar con humor los sistemas que lo quieren aprisionar en categorías establecidas. Y el ridículo que constatamos en señores serios (por ejemplo, profesores, jueces, directores de escuela y hasta monseñores) que quieren, solemnemente y con aires de una autoridad superior cuasi divina, hacer a los otros ciegos y sumisos, o que obedezcan cual ovejas a sus órdenes. Eso también causa humor.

Estaba en lo cierto aquel filósofo (Th. Lersch, Philosophie des Humors, Múnich 1953, 26) que escribió: «La esencia secreta del humor reside en la fuerza de la actitud religiosa, pues el humor ve las cosas humanas y divinas en su insuficiencia delante de Dios».

Desde la seriedad de Dios, el ser humano sonríe de las seriedades humanas con pretensión de ser absolutamente verdaderas y serias. Son nada delante de Dios. Y existe también toda una tradición teológica que nos viene de los Padres de la Iglesia Ortodoxa que hablan del Deus Ludens (Dios lúdico), pues creó el mundo como un juego para su propio entretenimiento. Y lo hizo sabiamente, uniendo humor con seriedad.

Quien vive centrado en Dios tiene motivos para cultivar el humor. Relativiza las seriedades terrenas, hasta los propios defectos y es un ser libre de preocupaciones. Santo Thomas Moro, condenado a la guillotina, cultivó el humor hasta el final: pedía a los verdugos que le cortasen el cuello pero que no le tocasen la larga barba blanca. San Lorenzo sonría con humor a los verdugos que lo asaban en la parrilla y los invitaba a darle la vuelta porque un lado ya estaba bien cocido, o san Ignacio de Antioquia, anciano obispo de la primera Iglesia, que suplicaba a los leones que viniesen a devorarlo para pasar más rápidamente a la felicidad eterna.

Conservar esta serenidad, vivir en estadode humor y comprenderlo a partir de las insuficiencias humanas es una gracia que todos debemos buscar y pedir a Dios.            

Leonardo Boff



A veces, cuando vuelves
Pedro Miguel Lamet, SJ.

De muchos modos y maneras Dios se nos comunica en la vida. En mi juventud, cuando tenía diecisiete años, disfrutaba a pleno pulmón de la biblicleta proque, como había sido un niño enfermo, con tuberculosis ósea en la cadera, me costó mucho volver a pedalear. Empecé a usarla a medio pedal hasta que conseguí dar la pedalada entera. Entonces mi hermano menor, Miguel Ángel corrió muy contento a contárselo a nuestra madre: ¡Pedro ya puede pedalear del todo! Y la bici se convirtió para mi en sacramento del encuentro con la naturaleza, particularmente junto al mar de Cádiz, un infinito que la abraza.

Aprendí entonces a saborear el silencio a piñón libre para poder escuchar el Mar...

A VECES CUANDO VUELVES

A veces, cuando vuelves,
de nuevo soy aquel
que en bicicleta
renacía del mar
el aire y el silencio,
compañero de amor,
mi Dios de cerca;

y escucho en mí otra vez
el canto agudo
del piñón, lanzando la cadena,
mientras, azul el cielo,
volaban gaviotas.

Me renacen las teclas olvidadas
de un piano de agua
y de requiebros.
Oh voz, palabra familiar,
desde la sangre antigua,
llamándome otra vez
a ser del todo
una gota en el mar
polvo del aire,
y andar con los bombachos
soñoliento
por las olas sin rumbo
que inventa el horizonte.

Pedro Miguel Lamet



San Ignacio de Loyola. Volver al Jesús histórico
Xavier Pikaza

Inicié este blog hace exactamente ocho años... y uno de mis primeros textos estuvo dedicado a San Ignacio de Loiola/Loyola. Aprovecho la ocasión para volver a presentarlo, hoy día de su fiesta (31.7.14), pues entonces eran pocos los que entraban en el blog.

--De Ignacio me importan muchas cosas,tanto en un plano personal como eclesial, y no puedo referirme a todas. Aprendí las principales con mi madre, devota ignaciana y con Ignacio Tellechea (Sólo y a Pie. Ignacio de Loyola), Sígueme, Salamanca 2004. He leído una y otra vez sus textos. Hoy quiero presentar dos rasgos importantes de su vida: La historia de Jesús, la visión "mística" de Dios.

-- Me importa hoy más Ignacio porque el Papa Francisco es jesuita, fiel devoto e imitador de su Compañía, no sólo por su política y prudencia eclesial, sino por un tipo intenso de entrega en manos de la Providencia. Murió Ignacio en un tiempo de dura crisis de su Compañía, casi enfrentado con el Papado. El papado debe retomar hoy el mejor camino de Ignacio, unido al de Francisco, los dos creadores de la Iglesia católica moderna.

-- Me importa Ignacio porque siendo un hombre de la modernidad siguió inmerso en un tipo de Edad Media religiosa, como muestran las visiones que he querido recoger en esta postal, en un camino que pasa especialmente por Manresa. Unió su piedad más tradicional con su capacidad de organización. Está terminando quizá una época que Ignacio inició, nos queda su experiencia más honda de Dios, en el río de la vida, en el cambio del tiempo... y nos queda sobre todo su retorno a la historia de Jesús, el gran programa de sus "Ejercicios": Rehacer la vida desde la historia de Jesús, uno a uno, cada uno desde sí mismo, para ponerse al servicio del evangelio (si es que el impulso brota)..

-- Me importa Ignacio porque es un hombre de Jesús. Dejó a un lado la Gran Escolástica, y centró el "ejercicio cristiano" en el seguimiento radical del Jesús histórico, de su vida (semana 2), de su fidelidad y entrega humana (sem. 2) y de su pascua (sem. 4). La Iglesia hoy necesita volver también a Jesús, es decir, a su humanidad concreta, que la lea cada uno, que la asuma, la recorra...

-- La Iglesia moderno en conjunto (en su gran aparato) ha perdido la humanidad de Jesús... y la libertad de fondo de Ignacio, sólo ante Cristo. Por eso es necesario volver a esa humanidad y a esa libertad, de un modo radical, sabiendo que todo el resto de las cosas resultan accesorias, incluso un tipo de episcopados y de vaticanos. Sólo Jesús Jesús, su historia. Ese es el mensaje de Ignacio (al fin, Ignacio pide a su gente un voto de obediencia al Papa... pero sólo después que cada uno se ha encontrado radicalmente libre ante y con Jesús). Es un "voto de Iglesia" desde la plena libertad, cada uno con la misma "autoridad" que el Papa.

De eso tratará la postal que sigue: Cito primero los momentos de la vida de Jesús que la Iglesia ha de recorrer para ser iglesia. Me detengo después en su visión espiritual. Sería bueno comentar estas visiones ignacianas de Dios en un plano psicológico y religioso, pero las dejo ahí, para que los lectores puedan entenderlas a su gusto, en toda su anchura. Buen día a todos, a jesuitas y amigos de Ignacio. Buen trabajo al Papa.

1. VOLVER A LA HISTORIA DE JESÚS
IÑIGO/IGNACIO DE LOIOLA fue un hombre de mundo: un señor de tierra vasca, un guerrero, un caballero, un convertido, un fundador universal,uno de los creadores de la Edad Moderna. Fue un hombre que quiso "reencontrar" y reinterpretar a Jesús, para caminar a su lado, en libertad. Por eso, sus "Ejercicios espirituales" (tras la primera semana de ajustes) son un ejercicio de encuentro radical con Jesús, a solas con el Evangelio (sin otras mediaciones de ningún tipo, sin órdenes externas, ni episcopados, ni derechos; cada uno a solas ante Jesús).

(Imagen segunda: Ignacio entre los grandes doctores cristianos, tal como aparece en la portada de mi Diccionario de Pensadores Cristianos, Estella 2010. ¿Pueden distinguirle?)
Dic

Ignacio de Loyola ha ofrecido (en torno al 1530) el más poderoso e influyente de todos los retablos espirituales (literarios, meditativos) de la vida de Jesús para los tiempos modernos, en la línea de los temas del retablo de la Catedral Vieja de Salamanca y de las grandes vidas de Jesús que están surgiendo en la Devotio Moderna. El tratamiento de la vida de Jesús de Ignacio es radicalmente bíblico y moderno... Sus Ejercicios Espirituales, que son una vuelta al Jesús histórico, siguen siendo un momento clave de la vida cristiana actual, con su exigencia de vuelta al Jesús histórico.

La iglesia actual, con Francisco SJ como Papa necesita volver a la historia de Jesús, con urgencia, con radicalidad... Todo lo demás son añadiduras, emplastos, malos remedios... En esa línea se unen Francisco e Ignacio: Volver a Jesús, ése es el camino de Dios, ésa es la Iglesia... Todo lo demás serán caídas al vacío.

2. UNA VISIÓN DE DIOS. FONDO ESPIRITUAL
Sólo a partir de lo anterior (la historia de Jesús) se puede entender esta segunda parte de su espiritualidad, su visión mística de Dios, es decir, sus visiones, en línea de Trinidad. No voy a entrar en ellas, no voy a comentarlas, simplemente presentarlas con cariño, para descubrir así la riqueza y libertad de su "imaginario" espiritual.

Por favor, estas visiones no forman su "programa espiritual", son simplemente una parte de su biografía interior... que nos ayuda a entenderle. su programa está en los Ejercicios, con los temas de Jesús que he recordado.

Propiamente hablando, Ignacio de Loyola no ha tenido una visión de Dios como Trinidad, sino una experiencia interior, una comprensión en profundidad del misterio trinitario, que se ha expresado en un consuelo y un gozo perdurable.

Así lo muestra tanto su Autobiografía¸ como su Diario espiritual, del que tomo algunas citas, el día de su fiesta, felicitando a todos mis amigos ignacios e iñakis, a todos los jesuitas:

Visión de la Trinidad: Tres teclas. Montserrat.

Tenía mucha devoción a la santísima Trinidad, y así hacía cada día oración a las tres personas distintamente. Y haciendo también a la santísima Trinidad, le venía un pensamiento, que ¿cómo hacía cuatro oraciones a la Trinidad? Mas este pensamiento, le daba poco o ningún trabajo, como cosa de poca importancia. Y estando un día rezando en las gradas del mesmo monasterio (Monserrat) las Horas de nuestra Señora, se le empezó a elevar el entendimiento, como que veía la santísima Trinidad en figura de tres teclas, y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer.
Y yendo aquella mañana en una procesión, que de allí salía, nunca pudo retener las lágrimas hasta el comer; ni después de comer podía dejar de hablar sino en la santísima Trinidad; y esto con muchas comparaciones y muy diversas, y con mucho gozo y consolación; de modo que toda su vida le ha quedado esta impresión de sentir grande devoción haciendo oración a la santísima Trinidad (Autobiografía, num 28).

Visión intelectual: río hondo. Manresa.
Una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama sant Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo.
Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas... Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parescía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes (Autobiografía, 30. 5º).

Diario espiritual, 21 de Febrero de 1544, Paris.
Durante la oración, todo el tiempo, devoción continua y muy grande, luz cálida y gusto espiritual, entrañando en cierto modo alguna elevación [...]. En la misa...yo conocía, yo sentía o veía, Dominus scit (Dios lo sabe) que hablar al Padre, ver que él era una persona de la Santa Trinidad, ello me llevaba a amarle del todo y tanto más porque las tres restantes personas se encontraban totalmente en él. Yo sentía la misma cosa cuando oraba al Hijo y la misma cosa cuando oraba al Espíritu Santo, gozando indiferentemente de una o de la otra persona, mientras yo sentía las consolaciones, atribuyéndolas a los tres.

(Conocimiento y visión. Roma)

Cuando decía misa tenía también muchas visiones, y cuando hacía las Constituciones las tenía también con mucha frecuencia; y que ahora lo puede afirmar más fácilmente, porque cada día escribía lo que pasaba por su alma y lo encontraba ahora escrito. Y así me mostró un fajo muy grande de escritos de los cuales me leyó una parte. Lo más eran visiones que él veía en confirmación de alguna de las Constituciones y viendo unas veces a Dios Padre, otras las tres personas de la Trinidad, otras a la Virgen que intercedía, otras que confirmaba (Autobiografía, 100).

Recordar las visiones de un hombre de Dios .

He querido recordar las visiones de un hombre de Dios, de uno de los creadores del cristianismo occidental moderno. Fue un precursor del racionalismo, de la organización eficaz, de la unidad de la empresa misionea de la Iglesia. Pero fue, al mismo tiempo, un hombre de visiones y experiencias interiores, en contacto personal con el Dios que le hablaba por dentro, sin necesidad de visiones exteriores.

Este Ignacio de la experiencia sigue siendo para nosotros un guía y maestro, no para hacer sin más lo que él hizo, sino para buscar a Dios como él le buscó,descubriendo incluso caminos distintos de los suyos. Un peregrino fue, peregrinos seguimos siendo nosotros. (Los textos que cito están tomados San Ignacio de Loyola, Obras completas, BAC, Madrid 1992; hay un desarrollo más extenso de esta vertiente espiritual de Ignacio en mi libro Enquiridion Trinitatis, Sec. Trinitario, Salamanca 2005).

Xavier Pikaza
fuente: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2014/07/31/p178341#more178341



Barbara Andrade (1934-2014): Una memoria, una obra teológica
Xavier Pikaza

Acaba de morir el pasado 17 de este mes (Julio 2014), tras una breve enfermedad. Era a mi juicio la teóloga católica latino-americana más significativa, más culta, más abierta a la modernidad. De origen y lengua alemana, de cultura norteamericana y de corazón mexicano. Permanece en el recuerdo de cientos de alumnos que han seguido su magisterio en la Universidad Latinoamericana de México, permanece en la vida de muchos amigos que hemos recibido no sólo su cariño, sino (y sobre todo) su palabra de ánimo en la vida. Ha sido una gran teóloga, pero sobre todo educadora: Mujer de gran vida interior, maestra de espíritu en el mejor sentido de la palabra, psicóloga amiga.

Se llamaba originalmente Barbara Anna Max Hoseit y había nacido en Heidelberg, Alemania (1934), cursó filosofía y teología en Heidelberg y Frankfurt (Sankt Georgen) que amplió en Madrid (donde fue compañera del Prof. Alfonso López Quintás), Paris y Nueva York, donde se especializó en literatura. Allí se casó con un profesor mexicano (de quien tomó su apellido: Andrade), con quien tuvo cuatro hijos. Se trasladó a la Ciudad de México y desde 1982 es directora del área de teología y religiones en la Universidad Iberoamericana (de la Compañía de Jesús).

La conocí en Cholula, México, en torno al año 1979, y desde entonces hemos sigo amigos, compartiendo temas de teología trinitaria y, sobre todo, momentos de vida personal y cristiana. Tengo el honor de haberle acompañado en la elaboración de sus tesis doctoral madura, titulada Gott mitten unter uns. Entwurf einer kerygmatischen Trinitätstheologie, Lang, Frankfurt 1998, reelaborado con el título Dios en medio de nosotros. Esbozo de una teología trinitaria kerigmática, Sec. Trinitario, Salamanca 1999.

Quiso haberla presentado conmigo (bajo mi dirección amistosa) en la Universidad Pontificia de Salamanca, por lo que significa en el área de los estudios teológicos. Pero, vergonzosamente, la Pontificia de Salamanca no aceptó su “curriculum” por algunos defectos formales de tipo académico, de manera que la presentó en alemán, sin ninguna dificultad, en la Facultad de Sankt Georgen de Frankfurt.

He estado varias veces en México, en la Iberoamericana y en su casa, compartiendo la cena con su marido y sus hijos. Ella ha estado en Salamanca, invitada por el Prof. Nereo Silanes, nuestra editor y amigo. Nos hemos contado ciertas cosas, éramos amigos… Participe en su último homenaje: Dios Clemente y Misericordioso. En Honor de B. Andrade (Ibero, México 2012). La última vez que la he visto ha sido en abril de este año (2014), en mi visita a México. Estuvo en la Ibero, escuchando una de mis conferencias, y el Prof. A. Maldonado me llevó a su casa, donde cenamos y conversamos largamente, sobre nuestras familias (¡sus hijos, su marido enfermo!) y sobre teología. Me dio los últimos consejos amistosos, más íntimos y cercanos, con su orientación sobre mi próximo libro de Trinidad.

Ella estaba ya más centrada en la psicoterapia y en la literatura (¡era amiga de Elena Poniatowska, él último premio Cervantes…). Habría querido seguir la conversación, pero se ha ido pronto, a la casa del Padre, con las tristezas viejas, con las nuevas alegrías, con su gozo de haber podido enseñar teología en los últimos decenios de su vida.

Publicaré en los próximos días otros trabajos sobre (y de) ella. Hoy quiero presentar lo que me dice Ch. Godínez de su muerte, con las páginas que le dedico en mi Diccionario de Pensadores Cristianos (Verbo Divino, Estella 2010, 47-51). Buen día, Bárbara. Ahora sabes ya cuánto te quiero.

De la carta de Christa Godínez, profesora de la Ibero y Amiga (22. 7. 14):

Querido Xabier:

Te agradezco mucho tu correo. No sabía cómo avisarte pues no estoy en la Universidad y solamente puedo ver los correos que llegan y no las direcciones electrónicas que tengo archivadas . Estaba pensando cómo avisarte. Siento decirte que sí Barbara ya está en la Casa del Padre.

El miércoles 17 de julio por la mañana falleció. Después de que se instaló en la residencia de religiosas que la cuidaban, estuvo un tiempo ahí pero luego la tuvieron que volver a internar porque tenía bajo el sodio y una infección urinaria, pero después le detectaron neumonía y el problema fue que no reaccionaba a los medicamentos, sus hijos vinieron de nuevo y el lunes 15 de julio decidió ella con su hijos dejar el hospital pues ya no le podían hacer nada ahí y regresó a la residencia de las religiosas, todavía el martes 16 Gerardo Cortés, jesuita, biblista, que recordarás que nos acompañó en la comida después de tu conferencia, celebró una misa en la residencia para Barbara, pues ella le insistía mucho que celebrara una misa por ella, aunque por su estado no pudo salir de su cuarto, y al día siguiente murió, la verdad no pensamos que esto fuera a pasar, todavía Gerardo y nosotros teníamos esperanza de que estuviera estable un tiempo más en la residencia.

Todavía estaban aquí 2 de sus hijos. Ahora ella ya goza de la presencia del Padre, sentiremos su ausencia, pero seguramente ella está feliz contemplando el Misterio en el que profundizó y a quien siempre buscó. Por otro lado, no sé si te dijimos que en agosto del año pasado, presentamos el libro que se publicó como homenaje a ella y donde tu participas, y ella estaba muy contenta de ese acontecimiento, estuvieron profesores, alumnos y exalumnos de ella felicitándola. La recuerdo contenta. Espero ver todavía a uno de sus hijos en agosto y le haré llegar tus sentimientos. Reza por sus hijos.
Un abrazo
Christa

ANDRADE, BARBARA (1934- ). (Pikaza, Diccionario de Pensadores Cristianos)

De origen alemán, casada con un profesor de México (de ahí su nombre castellano). Cursó la carrera de filosofía en Alemania (Heidelberg) y amplió estudios en Madrid, Paris y New York, donde se especializó en literatura. Vivió por un tiempo en USA, donde nacieron sus cuatro hijos. Se trasladó después con su familia a México y allí culminó sus estudios, licenciándose en teología. Desde 1982 es profesora en el área de teología y religiones en la Universidad Iberoamericana, de los Padres Jesuitas de la Ciudad de México. Su amplia labor docente se ha expandido y concretado en diversas publicaciones sobre temas de exégesis bíblica y antropología.En plena madurez, B. Andrade ha querido culminar su andadura teológica, elaborando una tesis doctoral de de hondo calado que recoge de manera unitaria y sistemática sus investigaciones de tipo antropológico y trinitario. Su tesis, defendida en la Facultad de Teología de Sankt Georgen de Frankfurt se titula Gott mitten unter uns. Entwurf einer kerygmatischen Trinitätstheologie (Frankfurt 1988) y ella misma la ha traducido al castellano (Dios en medio de nosotros. Esbozo de una teología trinitaria kerigmática, Salamanca 1999). Más de una vez he tenido ocasión de hablar con ella de esa tesis; ahora quiero condensar sus aportaciones.

1. El sentido de la persona.

A juicio de B. Andrade, la tarea fundamental del ser humano consiste en hacerse persona. En esa línea, la salvación se identifica con la humanización, es decir, con el despliegue del ser personal. Eso significa que, en el fondo, creación y salvación se identifican. Elaborando unas intuiciones básicas de M. Buber, → K. Jaspers y K. Rahner, B. Andrade ha empezado definiendo la persona como "sujeto capaz de encuentro, en apertura ilimitada" hacia Dios y hacia los otros hombres.

Según eso, el ser humano se experimenta a sí mismo como persona, es decir, como un "yo" (sujeto), sólo en la medida en que es comunión participativa. No es sustancia cerrada (ser que existe en sí mismo), ni sujeto ya fijado, que domina sobre su entorno objetivo, sino un yo que se busca a sí mismo (pregunta por su propia identidad), trascendiéndose por dentro, en apertura ilimitada hacia el tú divino (misterio), abriéndose al mismo tiempos hacia otros "tus" del mundo. Así decimos que es un yo-en-relación, abierto siempre a un "tú": «La persona es yo-en-relación, que se comporta ante un 'tú' simultáneamente y en una sola y única realidad, de modo trascendental-cuestionante y dependiente» (pag. 109).

Eso significa que no existe el "yo" antes del "tú", pues ambos se dan al mismo tiempo, formando una única realidad, en línea trascendental, en cuestionamiento, dependencia y vida compartida. Desde ese fondo, superando la terminología de sujeto, relacionado siempre con unos objetos, en línea de posesión, Andrade ha definido la persona como auto-presencia: ser que está-en-sí-mismo. La persona no es distensión (como la define → A. González), ni es sustancia separada o sujeto que se posee (en clave de seguridad), sino algo mucho más frágil y fuerte: una presencia que se sabe (auto-presencia), no en aislamiento, sino en una relación comunicativa, que se puede concretar en el nivel de la apertura a Dios, a los otros seres humanos y a uno mismo:

a. Persona como autopresencia trascendental. El ser humano es auto-presencia, una realidad autocomunicativa que se rebasa a sí misma, en línea de misterio (en relación con Dios). Sólo de esa forma, como apertura superior, el ser humano puede mostrarse estrictamente como un "yo", es decir, como una autopresencia verdadera: estoy en mí (puedo identificarme conmigo mismo) únicamente en cuanto vivo en apertura al que me hace ser (el misterio). Sólo si el misterio me llama puedo responder y decir "yo", identificándome así conmigo mismo. Sólo si el misterio me liga y relaciona (me religa), separándome, al mismo tiempo, de todo el resto de las realidades, puedo decir "yo" y ser persona, estando presente en mí mismo. Esta presencia (que no es pura posesión, ni conciencia cerrada), sino don y diálogo, conciencia compartida, me define en radicalidad, como persona. Por eso es lógico que Andrade inserte en la apertura trascendente la línea del yo como autopresencia: me descubro y me conozco en la medida en que soy conocido.

b. Persona como autopresencia relacional: los otros. La línea anterior, de apertura trascendente, resulta inseparable de esta línea horizontal, que liga a una persona a otras personas, es decir, a otros “tú” humanos. Sólo estoy presente en mí (soy yo) en la medida en que me encuentro abierto desde y hacia otros, en camino compartido. No soy ante los demás un "yo" hecho (sujeto definido ya), al que luego se le añaden algunas relaciones, más o menos accidentales, sino que solamente existo en relación con ellos, pues me fundan, crean y definen, como seguiré indicando. Ciertamente, el lugar de la definición plena de la persona como yo (autopresencia) es la misma apertura hacia el misterio, pues sólo esa apertura puede hacer que surja el yo, de manera definitiva, como duradero. Pero esa apertura resulta inseparable de la que me liga con otros seres humanos, en relación horizontal. Esto significa que el encuentro trascendente con Dios no puede entenderse ni vivirse fuera de la apertura comunicativa, gratuita, creadora, hacia los humanos, como iremos viendo en lo que sigue: por ellos y con ellos me hago a mí mismo, pues ellos me hacen, me crean.

c. Persona como autopresencia en el mundo y en la historia. Sólo puedo estar presente en mí, en apertura al misterio y en comunicación con otros, en la medida en que formo parte de un mundo y me encuentro inmerso en una historia compartida. Por eso, historia y mundo no son algo simplemente objetivo (opuesto a mi ser de sujeto), como realidad exterior a mi persona, sino que configuran mi apertura trascendente y definen mi encuentro con los otros. De esa forma constituyen elementos integrantes de mi auto-presencia; son momentos de mi propia realidad. Esto significa que, en contra de lo que ha supuesto un pensamiento existencial (o puramente ontológico), la relación con el mundo y el compromiso con la historia (que la teología de la liberación había puesto de relieve), constituyen un momento integrante de la apertura religiosa y relacional de los seres humanos, es decir, de su definición como personas. Por eso, la “gracia” del ser personal no puede separarse de la “ley” cósmica (págs. 110-111).

Con este planteamiento, B. Andrade ha superado la ontología de la sustancia (que definiría al hombre como ser en sí, absoluto), para pensar y presentar a la persona como relación activa, que sólo existe y se mantiene en la medida que se actúa y relaciona, desde y con otros (Dios, los demás, el mundo), vinculando de esa forma esencia y praxis, ser y hacerse, intimidad y encuentro interhumano. Eso significa que la relación pertenece a la sustancia de nuestra realidad, si es que puede emplear este lenguaje. Más aún, la misma relación sustantiva ha de entenderse como auto-presencia relacional, en línea de comunicación que se hace y se sabe a sí misma (como iremos viendo en lo que sigue). Más que animal racional o constructor de utensilios, pastor del ser o soledad radical, el hombre es auto-presencia relacional, ser que se descubre en manos de sí mismo al encontrarse en manos de los otros, en gesto de vida compartida.

2. Una nueva ontología teológica.

B. Andrade nos hace pasar de la "ontología de la sustancia", propia del mundo griego, a la metafísica de la relación y de la presencia, propia de las personas, como sabía → Juan de la Cruz, al pedir a Dios (al Amado): "descubre tu presencia". No hay primero persona y después relación, pues la autopresencia es siempre relacional, don de los otros. No hay primero ser propio y luego alteridad, porque en el principio de mi (nuestro) ser está la Alteridad radical (Dios trascendente), que se hace presencia creadora, de tal forma que en ella y por ella puedo decirme "yo", descubriendo que estoy "presente en mí mismo" (como transparencia gratuita de ser), por el don de Dios y de los otros, dentro del mundo, como historia.

No soy ni sujeto ni objeto en sentido absoluto; soy presencia relacional. Eso significa que mi "yo" no surge como algo separado, que puede desligarse de la relación con el misterio y con las otras realidades (los otros “yo”, la historia), pues esas relaciones me constituyen y definen, me instauran y transforman, al mismo tiempo que yo las cambio y defino, definiéndome a mí mismo en cuanto presencia en relación. Mi vida entera se define, según eso, como don o gratuidad, por encima de lo que en perspectiva protestante se ha llamado el imperativo de la ley, dominado por un sistema de juicio.
En este contexto resulta básico el encuentro del yo-tú (a nivel de autopresencia relacional), tal como habían destacado, en perspectivas distintas, algunos grandes pensadores judíos, como M. Buber y E. Lévinas. Según eso, el "yo" humano, como "auto-presencia" personal, sólo tiene sentido y se despliega en relación con Dios/Misterio (que es la Presencia originaria) y en relación con los otros, que son mi entorno de presencia.

Desde aquí se entiende la aportación fenomenológica de Andrade, que ahora podemos condensar, evocando su análisis de las relaciones personales, que ella ha trazado en lenguaje narrativo y coloquial, de encuentros inmediatos. Sólo en ese lenguaje se despliega el carácter específico de la "vida humana", pues ella no es objeto de laboratorio, ni tema separable (en distancia objetiva), sino que se descubre y expresa a través de un compromiso y encuentro personal. Sólo sé lo que soy (quien soy) en la medida en que trazo desde y con los otros el perfil de mi existencia:

a. Encuentro creador: tú me hace ser. Significativamente, Andrade no empieza hablando de la creación desde el misterio (=Dios), sino desde los otros o, mejor dicho, desde otro que se vuelve tú al decirme su palabra y hacer que yo sea: «Tengo acceso a mi propia identidad como 'yo' sólo cuanto tú me 'creas' para mí» (pag. 115). No puedo crearme por aislado, no soy 'sujeto absoluto de mí', sino que empiezo a nacer desde los otros, desde un 'tú' que me diga quien soy, haciéndome persona.

Así lo sabía Lévinas, pero insistiendo en el carácter trascendente, infinito de un tipo de “tú” muy concreto, el "tú” de los abandonados y rechazados (huérfanos, viudas, extranjeros), que me hacen sujeto moral y religioso, despertándome a la responsabilidad infinita por ellos. En esa línea avanza Andrade, pero ella amplía el abanico del "tú" y concede valor creador no sólo al huérfano-viuda, sino también al hombre o mujer que me ama y dialoga conmigo de manera positiva (recuperando así los motivos básicos del Cantar de los Cantares.

Desde ese fondo, ella ha podido añadir que ningún encuentro concreto con un 'tú' simplemente humano responde a la pregunta más honda de mi ser y resuelve los problemas esenciales de mi vida, pues tanto ese “tú” como “yo” somos finitos y estamos amenazados de manera inflexible por la muerte. Por eso, en el fondo de nuestra realidad ha de encontrarse el “yo-tú” pleno, es decir, la Trinidad de la que hablaremos luego.
b. Encuentro en mutua aceptación: nos hacemos ser. "El 'yo' y el 'tú' pueden experimentarse de manera simultánea, descubriendo que su autopresencia les está siendo dada a cada uno por el otro". "Cada uno es para el otro el mediador del propio yo", es creador de su pre-sencia (cf. 120). De esa forma, los dos “son”, creándose mutuamente, y cada uno aparece como principio, meta y compañía para el otro: yo soy para ti, tú eres para mí'.

En ese contexto ha elaborado Andrade una "fenomenología del amor creador", destacando el gozo y tarea de la vida compartida, como algo que desborda el nivel de la ley (es decir, de una historia concebida como batalla mutua). Por eso, ella ha introducido el mundo y la historia (con el encuentro interhumano) en el espacio de manifestación de lo divino.

c. Encuentro como don: comunión, regalo de la vida. Cada uno se deja “liberar” (alcanza la libertad) por el otro, en el encuentro mutuo, de tal forma que existe porque el otro le hace existir (existe como regalo del otro). Esta liberación mutua 'por ti y para ti' (cf. pag. 123) hace que la vida humana deba interpretarse como regalo: «el único sentido que puede tener mi realidad para mí es el de ser regalo tuyo, porque tú me liberaste para ti y has hecho que yo no me hunda en lo precario de mi situación» (pag. 124).

En ese contexto ha situado Andrade la conversión, como un retorno al otro y desde el otro a sí mismo, en encuentro creador. Cada uno debe su ser al otro y así se lo agradece: «Toda mi realidad depende de ti. (Esa realidad) me pertenece a mí mismo sólo en la medida en la que te pertenece a ti y en la medida en que, en el encuentro, ha sido aceptada por ambos nosotros» (pág. 126). Eso significa que no soy sustancia aislada, sino comunión desde la que debo convertirme sin cesar.
Desde este fondo se entiende el valor y fragilidad de nuestra auto-presencia en los diversos encuentros sociales, dentro del mundo y la historia. Somos don (nacemos unos de otros), debemos convertir ese don en tarea (darnos la vida mutuamente). Somos don y tarea que transciende siempre aquello que ya somos. No podemos encontrarnos jamás del todo unos en otros, ni darnos tampoco plenamente. Todos los encuentros que vamos desplegando resultan efímeros.

Eso significa que somos búsqueda trascendental: «La persona es una paradoja, porque es simultáneamente búsqueda e imposibilidad de encontrar; es pregunta e imposibilidad de respuesta; encuentro y soledad... Toda respuesta a la pregunta que somos, nunca puede ser más que preliminar e incompleta. La pregunta y la respuesta, el buscar y el encontrar nunca son proporcionales... » (pág. 140).

3. Trinidad. Una historia teológica.

Desde esa perspectiva, Andrade ha podido desarrollar una historia del pensamiento cristiano sobre la Trinidad, poniendo de relieve tres momentos importantes de la experiencia eclesial: (Padres de la iglesia, Ricardo de San Víctor, Vaticano II), porque ellos le permiten ofrecer una visión de conjunto de la teología trinitaria, en perspectiva de acción y comunión, es decir, de acontecimiento cristiano (historia de la salvación) y de relación personal (comunión divina).
No basta con decir que la trinidad inmanente (Dios en sí) y económica (salvación de Dios) se hallan unidas; hay que concretar esa unidad. Ciertamente, ella ha dejado al margen otros motivos y autores también importantes, que yo estudio en este diccionario (→ Tomás de Aquino y Hegel, Rahner y Barth...), pero los que analiza son significativos y nos introducen en el gran misterio de la unidad y comunión divina. :

a. Trinidad y unidad. Los capadocios, Agustín y León Magno (págs. 329-396). La iglesia mantuvo en los primeros siglos su unidad práctica apoyándose en una visión kerigmática de Dios, tal como se expresa en el anuncio cristiano de la salvación y en la experiencia del Espíritu en las comunidades. Ciertamente, resultaban necesarios los conceptos teológicos y así lo fueron mostrando los concilios, que utilizaron los términos de naturaleza y sustancia, hipóstasis y persona.
La confesión de fe aparece en ellos clara. Confusos y, en parte, contrarios a la misma fe resultan, sin embargo, esos conceptos helenistas que ellos utilizan, fundados en una terminología de sustancia, que convierte a Dios en algo objetivo y le aleja de los hombres. A pesar de eso, los grandes testigos de la iglesia lograron expresar la novedad cristiana y nos siguen ofreciendo su aportación doctrinal: los capadocios insisten en la necesidad de mantener la relación trinitaria en el mismo ser de Dios; san Agustín se esfuerza por mantener un lenguaje antropológico; san León Magno insiste en la diferencia entre el lenguaje de esencia (sustancia, naturaleza) y el de comunión, que ha de hallarse en el centro de la fe cristiana.

b. Trinidad y comunión (pags 402-430). → Ricardo de san Víctor desarrolló en el siglo XII una visión fascinante de la comunión trinitaria, que aún sigue sirviendo de modelo para muchos. Andrade ha querido también presentarla como principio y referencia para su propia exposición. Agudamente ha distinguido dos aspectos o problemas. Ricardo sigue siendo ejemplar en un nivel de intuición básica: sabe que el Dios cristiano es comunión de amor y añade que sólo un estudio y praxis de amor permite conocer y interpretar su misterio. Más aún, la misma exposición temática de Ricardo contiene principios valiosos de búsqueda y despliegue racional; por eso hay que estudiar su teología trinitaria.

Pero la elaboración conceptual del esquema de Ricardo resulta al fin insuficiente. Ciertamente, Ricardo sabe que el Dios cristiano es comunión de amor, pero después no logra encontrar categorías racionales y sociales capaces de expresarlo: sigue entendiendo la persona en perspectiva de sustancia (a pesar de que introduce en ella un momento de origen: ex-sistencia), interpreta la relación como derivada, distingue entre amor gratuito y debido, no ha vinculado Trinidad y pascua... Eso significa que su intuición básica debe ser reelabora, desde una perspectiva conceptual y eclesiástica distinta, como Andrade hará en el último capítulo de su libro.

c. Vaticano II (págs. 430-454). Andrade supone que el Vaticano II contiene dos eclesiologías que no han sido unificadas, de manera que siguen estando separadas, como si fueran opuestas: una, de tipo jerárquico-jurídico y decarácter esencialista, entiende la iglesia como sistema sagrado, que se organiza y unifica desde arriba, de manera que sus miembros, los cristianos, aparecen en realidad como pasivos; otra, de tipo relacional y prioridad comunitaria, interpreta a los creyentes y humanos como personas libres que, en libertad de amor, expresan en su misma comunión el misterio del Dios trinitario.

En contra de lo que sucede en el plano de la Iglesia, en la doctrina sobre Dios, el Vaticano II sólo mantiene el lenguaje relacional o comunitario; no habla nunca de la sustancia de Dios, ni emplea un lenguaje esencialista (más propio del Vaticano I), sino sólo una terminología de amor compartido o de familia, presentando a Dios como relación personal, en línea kerigmática. Desde ese fondo, Andrade piensa que puede y debe elaborarse una teología trinitaria que recoja y exprese su realidad comunitaria.
Situándose en la segunda línea del Vaticano II, Andrade ha querido elaborar una visión trinitaria que sea, al mismo tiempo, kerigmática y comunitaria, que responda al mensaje cristiano (partiendo del anuncio del evangelio, no de una visión filosófica del ser supremo) y sea capaz de mostrar el sentido e implicaciones de la experiencia comunitaria de Dios en la iglesia.

De esa forma asume un reto teológico y eclesial planteado por otros autores significativos, como → H. Mühlen y J. Moltmann. En esa línea, ella ha querido superar el lenguaje y estilo esencialista de algunas eclesiologías del momento actual, que destacan de nuevo el carácter jerárquico y sacral de la iglesia, apelando para ello a una visión de Dios que no es la propia del Concilio, ni tampoco del principio de la iglesia (es decir, del Nuevo Testamento). Por eso, su visión de la Trinidad implica grandes consecuencias eclesiales y pastorales.

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