jueves, 26 de junio de 2014

SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA - José Antonio Pagola


SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA - José Antonio Pagola

El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión  a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades... Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la llamada del Papa a la renovación de la Iglesia. Pásalo.
29 de junio de 2014
S. Pedro y S. Pablo (A)
Mateo 16, 13-19

A TI TE ENTREGO LAS LLAVES
Escrito por  Florentino Ulibarri

A ti te entrego las llaves:
en tus manos pongo la creación entera,
también mi Reino, mis ilusiones,
y mi confianza y palabra de Padre.
Te hago portero de esperanzas y proyectos
para que te sientas libre y responsable.

Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para repartir los bienes de la tierra,
todo lo que puse y produce,
sin que te sientas ladrón de haciendas.

Llaves para mostrar todos los tesoros
de arcas, baúles y bibliotecas,
y poder sacar las cosas buenas.
Llaves para dar a conocer
los misterios de la ciencia
y desenredar conciencias.

Llaves para abrir lo que otros cierran
–bancos, fábricas, fronteras e Iglesias–,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para entrar en cárceles,
quitar trabas, soltar cadenas,
anular grilletes, conocer mazmorras.

Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar erguido y sin genuflexiones.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas
aunque sea noche oscura.

Llaves para desatar leyes,
mandatos, edictos y normas
de señores, jefes y prepotentes.
Llaves para liberar a los que sienten
que tienen las puertas cerradas
y la vida hecha y planificada.

Llaves para poder salir al mundo
a que te dé sol y brisa
y te quite la costra que llevas encima.
Llaves para que nadie se atrinchere
y busque refugio en tus rincones
cuando ha herido a los más pobres.

Llaves para que los insensatos
no pierdan el tiempo quejándose,
y puedan entrar aunque lleguen tarde.
Llaves para que siempre puedas,
a quien llega a tiempo o deshora,
enseñar tus entrañas y acogerle.

Llaves para abrir heridas
–en el cuerpo, en el alma, en las estructuras–
y así poder curarlas.
Llaves para cuidar y mostrar
la buena noticia, mi casa,
mis tesoros de Padre y Madre.

A ti te entrego las llaves;
pero mira los rostros setenta veces siete
antes de creerte juez, clérigo o jefe.

Florentino Ulibarri



COLUMNAS QUE SOSTIENEN EL TEMPLO PORQUE ESTÁN SEPARADAS
Escrito por  Fray Marcos
Mt 16, 13-19

Hay constancia de que ya en el s IV, se celebraba una fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. No es fácil descubrir las razones que llevaron a aquellos primeros cristianos a unir en una misma celebración litúrgica, dos figuras tan distintas. Lo más probable es que fuese por haber sido martirizados los dos en Roma en la persecución de Nerón y casi al mismo tiempo. También pudo deberse a que sus sepulturas estuvieron juntas durante mucho tiempo. Es también probable que muy pronto se descubriera la complementariedad de las dos figuras. De todas formas, son un claro ejemplo de que caracteres tan dispares, que incluso discutieron duramente aspectos importantes de la primitiva fe, pudieran ser dos seguidores auténticos de Jesús.

A Pedro y Pablo se les ha considerado, desde siempre, como las columnas de la Iglesia. En el caso de Pablo es tan evidente que algunos exegetas han llegado a decir que no debíamos llamar a nuestra religión "cristianismo", sino "paulinismo".

Pedro es la figura más destacada en todo el NT. Su nombre aparece 182 veces. Aún así sabemos muy poco de su vida. Por el contrario, Pablo es la persona mejor documentada. Es el único apóstol del que podemos hacer una biografía casi completa.

Aunque se presenta como hecho fundamental de su vida la misteriosa caída del caballo, la realidad seguramente, fue mucho más prosaica. Después de estar muchos años "dando coces contra el aguijón", un buen día "cayó del burro". Su conversión no consistió en ningún cambio de su actitud. Simplemente pasó de ser un fanático fariseo a ser un fanático seguidor de Cristo.

Lo primero que nos enseñan estos dos personajes, es que no es nada fácil aceptar el mensaje de Jesús. Precisamente los dos fueron los más reacios, cada uno a su manera, a la hora de dar el paso y aceptar al verdadero Jesús. Pedro, con toda espontaneidad, no pierde ocasión de manifestar su oposición a lo que decía el Maestro. Por ejemplo: se niega a aceptar la idea de un Jesús que tiene que ir a la muerte, lo cual le merecen las palabras más duras que Jesús dirige a una persona en todo el evangelio: "Retírate de mi vista Satanás, que me haces tropezar". En la Cena se significa también por su oposición a que su "jefe" le lave los pies. Un poco más tarde, en el momento más difícil para Jesús, le niega tres veces, que quiere decir que le niega absolutamente, sin paliativos.

Pablo fue un fanático de la defensa de su religión. Por defender el judaísmo se convirtió en perseguidor de todos aquellos que seguían la mayor herejía surgida del judaísmo.

También su formación personal fue completamente diferente. Pedro era simplemente un pescador, sin ninguna preparación, pero testarudo y sincero. Pablo era un intelectual. Había pasado por la universidad, que entonces era el estudio de la Ley. Uno con su sencillez y espontaneidad y el otro con su agudeza intelectual, construyen la única Iglesia, como nos dice el prefacio de la liturgia de hoy.

Esa dificultad que tuvieron Pedro y Pablo para seguir a Jesús, puede ser de mucha ayuda para nosotros hoy. Pedro, antes de la experiencia pascual, siguió a un Jesús acomodado a sus ideales e intereses de buen judío. Pablo, antes de la caída del caballo servía al Dios del AT que estaba a años luz del Dios de Jesús.

La dificultad para aceptar la figura de Jesús, hace más creíble la sincera adhesión a su persona. No sirve de nada seguir a Jesús sin haberle conocido bien. Solo después de haber superado la prueba de nuestros prejuicios, estaremos preparados para orientar a los demás en el mismo seguimiento que nos salva a nosotros.

Todavía se puede adivinar en los evangelios los obstáculos que tuvieron que superar para pasar del conocimiento de Jesús, a la vivencia personal de todo lo que predicó. Sería muy interesante descubrir que solo desde la vivencia personal se puede uno lanzar a la tarea de comunicar una fe. Esto explica el por qué un puñado de personas fueron capaces de trasformar el mundo conocido en muy pocas generaciones, y sin embargo nosotros, siendo dos mil millones, convencemos cada vez menos y estamos en franca recesión.

Querer enseñar la religión como se enseñan las Matemáticas es un desvarío. Por más información que reciba sobre Cristo y la Iglesia; por más normas morales y ritos que aprenda y practique, si nadie me invita con su vida a vivir lo aprendido, todo se quedará en una programación que en nada me enriquece.

Religión significa relación con Dios; pero esa relación solo se puede conseguir a través de la experiencia interior. Dios solo llega a mí, a través de lo hondo de mi ser. Si viene a mí por otro camino, ese Dios es falso. La misma idea de una clase de religión, es una contradicción en los términos. La información sobre una religión, no tiene nada que ver con el ser religioso.

Los ritos y ceremonias que practico por obligación o por rutina, no cambian nada de mi ser porque son simples programaciones externas. Lo mismo las normas morales que cumplo, aunque sea estrictamente, no me enriquecen porque no son más que respuestas automáticas a un disquete que me han colocado. Las normas, las cumplían los fariseos del tiempo de Jesús mil veces mejor que nosotros. Los ritos y las ceremonias, las realizaban los sacerdotes de su tiempo mucho mejor que nosotros. Sin embargo, a ellos les dijo Jesús: Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el reino de Dios. ¿Por qué?

Todos tenemos que pasar por el doloroso proceso de maduración, por el que pasaron Pedro y Pablo. En su caso, la dificultad se agravó porque los dos tuvieron que dar el salto desde una religión legalista a una religiosidad de experiencia interior, lo que no es en ningún caso, algo cómodo.

Del aprendizaje de una doctrina a la vivencia hay un gran trecho que todo cristiano debe haber recorrido. Sin ese paso la fe se convierte en pura teoría que ni nos salva ni nos permite ayudar a los demás a salvarse. Tal vez esté aquí la causa de nuestro fracaso a la hora de trasmitir lo que llamamos nuestra religión.

El paso de la creencia a la vivencia es una tarea que dura toda la vida. Nunca terminamos de dar el paso, porque nos encontramos más a gusto con las seguridades que nos da nuestro Dios fabricado a medida, que la total confianza en el Dios de Jesús que es cosa muy distinta.

Tanto Pedro como Pablo eran personas muy religiosas que se encontraban tan a gusto dentro de su judaísmo. El contacto con Jesús, desbarató esa seguridad y les hizo entrar en la dinámica de una auténtica relación con ese Dios que es amor.

Celebrar hoy la fiesta del papado tiene sus dificultades de encaje. El texto que hemos leído del evangelio de Mateo es de los más difíciles de interpretar y se ha entendido mal durante muchos siglos. Hoy sabemos que esas palabras nunca los pudo pronunciar Jesús. Jesús nunca pudo pensar en una Iglesia como la que hoy contemplamos. Tampoco el texto quiere decir lo que hemos interpretado después. No se trata de construir algo inquebrantable sobre una roca, sino de construir un edificio con piedras vivas de las cuales la primera sería Pedro, pero que todas conforman el único edificio.

Cuando pronunciamos u oímos la palabra Iglesia, todos pensamos en el Papa y la jerarquía. Aún no ha calado en la mayoría de los cristianos el vuelco copernicano que dio a este respecto el Vaticano II. En él se habla ciento treinta y tantas veces de "pueblo de Dios" que es una expresión más adecuada al concepto que deberíamos comprender cuando decimos Iglesia.

Jesús no pudo pensar en una jerarquía (poder sagrado) porque siempre estuvo en contra de todo poder. Recordemos como muestra: "no llaméis a nadie Padre, no llaméis a nadie maestro, no llaméis a nadie señor". "El que quiera ser grande que sea el servidor y el que quiera ser primero, que sea el último de todos".

Meditación-contemplación

Pedro y Pablo nos enseñan que la fe es un largo proceso.
Todos debemos pasar de la creencia a la fe.
Es un paso sutil, que se da a través de la vivencia.
Sin ese paso no hay religiosidad, sino solo programación.
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No basta con aceptar unas doctrinas.
No es suficiente el cumplimiento de unas normas.
No puede salvar la celebración de unos ritos.
Todo eso tendrá sentido cuando lo convierta en vida.
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Es imprescindible una formación religiosa.
Si no aprendo a vivir lo que me han enseñado,
esos conocimientos no me llevarán a la plenitud.
Sólo la vivencia interior transformará mi ser.
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Fray Marcos



Fiesta de san Pedro y san Pablo
José Luis Sicre, SJ.

Una pareja extraña para una fiesta peculiar
¿A quién se le ocurriría un homenaje común a Messi y Cristiano Ronaldo? Salvadas las enormes diferencias, la misma extrañeza produce esta fiesta que une a dos personajes muy distintos, de los que sabemos que, en cierto momento, en Antioquía de Siria, tuvieron un terrible altercado por motivos teológicos y prácticos. Parecería normal una fiesta de Pedro y Andrés, que eran hermanos; o de Pedro y Juan, que aparecen juntos a menudo en los evangelios y al comienzo del libro de los Hechos. Pero, ¿Pedro y Pablo?
La Iglesia, al unirlos en una celebración común, nos indica qué pretende con esta fiesta: no es cantar la gloria de ninguno de los dos santos (cosa que tanto nos gusta a los católicos) sino celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos.

Pedro, el cabecilla
Entre los discípulos de Jesús, Pedro fue sin duda el más lanzado, con el peligro que eso conlleva. Era el cabecilla del grupo, el primero en hablar en cualquier circunstancia, sin miedo a reprender a Jesús cuando anuncia su pasión, sin miedo a llevarle la contraria cuando quiere lavarle los pies o cuando anuncia que todos los traicionarán. El ser tan lanzado lo sitúa también en el lugar más peligroso, y termina negando a Jesús. Pero, como él mismo termina confesando después de la resurrección: «A pesar de todo, tú sabes que te amo». No es raro que Jesús lo viese como el cabecilla natural del grupo después de su muerte.

Pablo, el hombre universal
Pero la expansión de la Iglesia primitiva es humanamente inconcebible sin la figura de Pablo. Todos hemos leído su conversión. Lo que muchos no conocen es la revelación que Dios le hizo y en la que él tanto insiste en sus cartas: que la buena noticia de Jesús no era sólo para los judíos sino también para todo el mundo; para judíos y paganos. Es cierto que a mediados del siglo I ya hay cristianos en Roma (a ellos les dirige Pablo su famosa carta), pero si el evangelio se extiende por lo que actualmente es Turquía, Grecia, quizá España, es gracias a la labor de Pablo, que recorrió miles de kilómetros y se expuso a toda clase de peligros por llevar la fe en Jesús «hasta los confines de la tierra».

El enfoque de las lecturas
La liturgia concede especial importancia a Pedro, dedicándole las lecturas primera y tercera (evangelio). A Pablo dedica la segunda. En ambos casos se destacan los aspectos de protección divina y misión.

PEDRO: PROTECCIÓN Y MISIÓN
1ª lectura: protección divina
Se expresa a través de un sorprendente milagro: Pedro, a pesar de estar encadenado y vigilado por cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, es liberado durante la noche por un ángel.

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenla intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua, Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
 ― Date prisa, levántate.
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
― Ponte el cinturón y las sandalias.
Obedeció, y el ángel le dijo:
― Échate el manto y sígueme.
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo:
― Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos. 

Resulta imposible no pensar en la liberación de los israelitas de Egipto, cuando el ángel marcha delante de ellos también durante la noche. Esta es la tercera vez que meten a Pedro en la cárcel, y la segunda que lo saca un ángel. Algo que llama la atención, porque otros cristianos no gozan del mismo grado de protección divina: a Esteban lo apedrean, a Santiago lo degüellan, a Pablo lo persiguen a muerte y tienen que descolgarlo en una espuerta… Por otra parte, el mismo Pedro terminará crucificado según la tradición.
Esta primera lectura, que puede provocar una sonrisa escéptica en muchos cristianos actuales, tiene gran valor simbólico. Basta pensar en los últimos Papas, atados con todo tipo de cadenas: geográficas, culturales, económicas (desde el lejano caso Marcinkus hasta los recientes escándalos del IOR), tradiciones que tienen muy poco que ver con el evangelio, y vigilados por multitud de cardenales, obispos y teólogos (más atentos que las cuatro cohortes romanas de Pedro). Buen momento para pedirle a Dios que envíe un ángel a liberar a Francisco.

Evangelio: misión
La misión se cuenta con el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Felipe, que parte de la gran pregunta: ¿quién es Jesús? El pasaje se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente; 2) lo que afirma Pedro; 3) la promesa de Jesús a Pedro.

Lo que piensa la gente
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
― ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
― Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.

Jesús realiza una encuesta: quién dice la gente que es él. Un lector moderno con cierta cultura bíblica pensará que el resultado no puede ser más descorazonador. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, Jeremías o de otro profeta. De estas opiniones, la más "teológica" y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: "Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra".
Al lector moderno le puede resultar interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto...
Sin embargo, cuando se conoce la época de Jesús, la visión anterior resulta inadecuada. En la mentalidad popular, el título de "profeta" tiene fuertes connotaciones políticas; significa que la gente ve a Jesús como un libertador. Flavio Josefo nos ha dejado testimonio de varios "profetas" surgidos por entonces. Su visión es muy negativa, pero interesante:
"Hombre engañadores e impostores, que bajo apariencia de inspiración divina realizaban innovaciones y cambios, induciendo a la multitud a actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si allí Dios les hubiese mostrado los signos de la libertad inminente. Félix envió caballería e infantes contra estos, matando a gran cantidad. Mayor desgracia fue la que trajo sobre los judíos el falso profeta egipcio. Efectivamente, llegó al país un hombre charlatán, que, habiéndose ganado reputación de profeta, reunió a casi treinta mil de los seducidos por él; desde el desierto los llevó al monte de los Olivos, desde donde, según decía, podía penetrar a la fuerza en Jerusalén, vencer a la guarnición romana e imponerse como tirano sobre el pueblo" (Guerra de los Judíos II, 258-263).
Este mentalidad popular del profeta como libertador político es la que comparten los discípulos de Emaús; para ellos, Jesús era "un profeta poderoso en obras y en palabras... nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel" (Lc 24,19-21).

Lo que afirma Pedro
Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta:

Él les preguntó:
― Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
― Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás.
Según Mc 8,29, la respuesta de Pedro se limita a las palabras "Tú eres el Mesías". Mt añade "el Hijo de Dios vivo". ¿Aporta algo especial este añadido? Según algunos, Pedro confesaría no sólo la misión salvadora de Jesús (Mesías), sino también su filiación divina (Hijo de Dios). Sin embargo, esta teoría no es tan clara como parece. El rey de Israel -y por tanto el Mesías- era presentado desde antiguo como "Hijo de Dios" o "Hijo del Altísimo". En el fondo, parece que Mateo no añade nada nuevo. En cualquier caso, hay un dato indiscutible: confesar a Jesús como "Hijo de Dios" ya lo habían hecho los discípulos después de verlo caminar sobre las aguas (14,33). Por consiguiente, la novedad no reside aquí, sino en el título de Mesías. En su origen, el Mesías era el rey de Israel, al que se ungía derramando aceite sobre la cabeza. Con el paso del tiempo, especialmente en los siglos II y I a.C., la imagen del Mesías fue adquiriendo rasgos cada vez más sorprendentes, como se advierte en los Salmos 17 y 18 de Salomón (de origen fariseo, no forman parte de la Biblia). De él se esperaba la liberación política de Israel y la instauración de una sociedad de justicia, paz en entrega al Señor.
Por consiguiente, la confesión de Pedro reviste una importancia y novedad enormes. Además, es importante advertir que se sitúa inmediatamente después del episodio de fariseos y saduceos, representantes del judaísmo oficial, que no aceptan a Jesús. Pedro, contra la opinión oficial, ve en Jesús al salvador del pueblo elegido por Dios.

Las promesas de Jesús a Pedro
Jesús le respondió:
― ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. 

Esta tercera parte es exclusiva de Mateo y es la fundamental para la fiesta de hoy. En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: "Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías". Sin embargo, Mateo introduce aquí unas palabras de Jesús a Pedro.
Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. Humanamente hablando, Pedro es un hereje o un loco. Para Jesús, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar".
Basándose en este revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.
Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la "roca" es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras "y sobre esta piedra edificaré mi iglesia" se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).
La segunda afirmación ("te daré las llaves del Reino de Dios") se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín: "Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá". Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.
El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.
¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.
Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era "el Papa", ni gozaba de la "infalibilidad pontificia", las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. "Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

PABLO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

De Pablo se podrían haber elegido infinidad de textos, dada la abundancia de sus cartas y lo mucho que cuenta de él el libro de los Hechos. La liturgia ha elegido un breve pasaje, muy autobiográfico, de la segunda carta a Timoteo. A punto de morir, Pablo recuerda su intensa actividad apostólica y espera el premio prometido. Al mismo tiempo, es consciente de que siempre contó con la ayuda y la fuerza del Señor. Igual que a Pedro lo liberó milagrosamente, a él lo ha librado también de la boca del león, no milagrosamente, sino después de naufragios, azotes, apedreamientos, hambre y sed.

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 

JOSÉ LUIS SICRE DIAZ
Jesuita. Doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.



DISCÍPULOS DE JESÚS
Escrito por  Vicky Irigaray

En el evangelio, Jesús, nos habla de la esencia de la vida humana, del seguimiento, de la seriedad de nuestra existencia: encontrar y perder la vida. Ahí está el secreto. Oremos.
Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

• Por la Iglesia, por todos los creyentes, que nos tomemos en serio nuestra vida de fe, tu llamada a vivir según las coordenadas del Reino.
Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

• Por todos los hombres y mujeres que sufren con dolor la enfermedad, la falta de trabajo, el hambre, la marginación...la cruz de la vida; que nosotros seamos capaces de ayudarles con nuestra solidaridad, acogida y cariño.
Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

• Por todos los ricos y poderosos de este mundo, para que descubran que renunciar por solidaridad, vivir de modo austero para compartir más, compartir tiempo y dinero con otros, son el camino que nos lleva a la verdadera felicidad.
Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

• Por todos nuestros niños y jóvenes, para que crezcan en un ambiente que les enseñe a apreciar lo gratuito, la necesidad de compartir los bienes y la vida entregada en servicio.

Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

• Por todos nosotros, para que descubramos con gozo que entregar nuestra vida no es perderla sino llenarla de contenido, aunque vayamos a contra corriente de lo que los valores sociales nos proponen.
Padre, haz de nosotros discípulos de tu Hijo Jesús.

Padre, concédenos la gracia de entender el mensaje de tu Hijo Jesús. Que encontremos en la radicalidad de tu seguimiento el gozo profundo que nos lleva a vivir con plenitud. Contamos con tu ayuda y la de tu Hijo.

Vicky Irigaray



MIS RECUERDOS DEL COLEGIO
Escrito por  José Enrique Galarreta (qepd)

El P. José Enrique Ruiz de GALARRETA SJ es quizá la persona que ha vivido más aspectos o vertientes de todo lo que alguien ha podido vivir en el Colegio de San Ignacio de Pamplona, en el que ha sido casi todo: alumno, jesuita, profesor..., y más cosas. Hace unos años le pedimos que nos ofreciera unas cuantas pinceladas sobre esas parcelas de su vivir. Ahora, después de su muerte, lo volvemos a imprimir como su mejor testimonio.

COMO ALUMNO
Naturalmente los recuerdos son muchísimos, y casi todos muy buenos. En mi primer cole (46-47) éramos 50 alumnos cuidados por 4 jesuitas, así que todo era muy familiar.

Recuerdo varios jesuitas que me influyeron mucho. Seguramente el que más Florentino Azcoitia, como padre espiritual, y Ricardo López como profesor- extraordinario- de literatura.

El Colegio era pequeño en las tres sedes anteriores a la actual, dos de las cuales eran pequeños chalets (Arrieta 3 y Media Luna 19). Las clases, con pocos alumnos. Cada día había cuatro clases, tres horas de estudio, más recreos, misa, rosario...había tiempo para todo, porque las materias eran mucho más sencillas que ahora y en el horario del colegio había tiempo de estudio (cada clase iba precedida de al menos media hora de estudio).

Y mucho deporte, juegos, excursiones; y también teatro, actos religiosos... de todo un poco.

COMO JESUITA
Soy jesuita por vocación y por circunstancias. Por vocación, siento que mi vida es una llamada personal de Dios; por circunstancias, porque conocí a los jesuitas y no a otros, hice ejercicios...

De mi formación como jesuita creo que saqué en claro sobre todo que la formación nunca se acaba, que al terminar una carrera (una carrerita de quince años) tenía por delante muchísimo que aprender, por no decir casi todo. Y que quería dedicarme a la enseñanza media. Me tentaron con doctorados en Teología y esas cosas gordas, pero no creí que eso fuera lo mío.

Y desde luego, el tipo de formación, especialmente en lo académico, que recibíamos no era muy satisfactorio. Escolástica pura y dura en la mayoría de las materias, doctrinas anticuadas, miedo a novedades. Con todo eso nos nació a todos unas ganas imparables de cambiar, leer... que aún nos duran (y cada día más).

COMO TRABAJADOR DE ESTE COLEGIO
Profesor de Latín, Filosofía, Arte... tengo que dar las gracias porque siempre me lo he pasado muy bien; he hecho buenos amigos entre los alumnos y los profesores, aunque siempre te queda la pena de no haberte portado bien en algunas ocasiones (en bastantes).

COMO JUBILADO
Ahora que ya no me dedico a los alumnos, sino a profes y a familias, vivo una segunda etapa, en la que lo paso mejor que antes. Me parece que a mis años (68) puedo hacer un papel trabajando con personas mayores, en formación de profesores, padres y similares. Es claro que hay una falta de formación bastante fuerte, y aun despiste, porque algunas doctrinas teológicas son complicadísimas, veterotestamentarias, metafísicas e intragables (además de poco evangélicas). Así que hay trabajo de sobra para todo el que se lo quiera tomar en serio.

No sé qué es lo primero de mis ocupaciones (escribir, retiros, cursos...) Sí sé qué es lo primero en actitud: responder a lo que me piden. Lo demás depende de sentirme capacitado. Además, oh maravilla, tengo tiempo, así que puedo decir sí a casi todo. Y es de agradecer, porque los mayorcitos corremos el riesgo de sentarnos, de pensar que nuestra vida es cosa pasada. Afortunadamente, tengo aún muchos más proyectos que recuerdos.

Me parece que lo más importante que hago es trabajar para que haya buenas eucaristías; y no me refiero a las misas de los domingos, que son correctas sin más, poco íntimas, poco participadas..., sino a los grupos (muchos) en que celebramos de verdad, a fondo; pocos, en corro, con pocas normas y mucho sentir y compartir y engancharse a Jesús de Nazaret. Me parece que estas eucaristías de ahora son lo mejor que me ha pasado en toda mi vida.

José Enrique Ruiz de Galarreta SJ





Papa Francisco: "Jesús curaba el corazón del pueblo porque entendía sus dificultades"

 Buen Pastor Jesús de Nazaret y el pueblo 
"El pueblo sigue a Jesús porque reconoce que es el Buen Pastor". Es lo que ha destacado el Papa Francisco en la Misa matutina celebrada en la Domus Santa Marta. El Pontífice ha advertido contra quien reduce la fe a un moralismo, persigue una liberación política o busca acuerdos con el poder.

¿Por qué tanta gente seguía a Jesús? Es la pregunta con la que el Papa Francisco ha comenzado su homilía centrándola luego en el pueblo y en la enseñanza del Señor. A Jesús, observó, le seguía mucha gente porque "estaban sorprendidos por sus enseñanzas", sus palabras "sorprendían a su corazón, la sorpresa de encontrar algo bueno, grande". Los demás, sin embargo, "hablaban, pero no llegaban al pueblo". El Papa ha enumerado así cuatro grupos de personas que hablaban en el tiempo de Jesús, sobre todo los fariseos. Estos, dijo, "hacían del culto de Dios, de la religión, una serie de mandamientos y de los diez que había" hacían "más de trescientos", cargando "este peso" sobre las espaldas del pueblo. Había, añadió, "una reducción de la fe en el Dios Vivo" a la "casuística". Y había también "contradicciones de la casuística más cruel".

"Pero tú debes, por ejemplo, cumplir el cuarto mandamiento", ‘ ¡Sí, sí, sí!'; ‘¡Debes dar de comer a tu padre anciano, a tu madre anciana!'; ¡Sí, sí, sí!'; ‘Pero ella sabe, yo no puedo porque le he dado mi dinero al templo!'; ‘¿Tú no lo haces? ¡Y los padres se mueren de hambre!'. Así: contradicciones de la casuística más cruel. El pueblo los respetaba, porque el pueblo era respetuoso. Los respetaba, pero ¡no les escuchaba! Se les iba..."

Otro grupo, dijo, era el de los saduceos. "Estos, observó, no tenían fe, ¡habían perdido la fe! Su profesión religiosa la practicaban por el camino de los acuerdos con los poderes: los poderes políticos, los poderes económicos. Eran hombres de poder". Un tercer grupo, prosiguió, "era el de los revolucionarios" es decir los zelotes que "querían hacer la revolución para liberar al pueblo de Israel de la ocupación romana". El pueblo, sin embargo, destacó el Papa, "tiene sentido común y sabe distinguir cuándo la fruta está madura y cuándo no. ¡Y no los seguía!". El cuarto grupo, afirmó, era "de gente buena: se llamaban los Esenios". Eran monjes que consagraban sus vidas a Dios. Sin embargo, advirtió, "ellos estaban lejos del pueblo y el pueblo no les podía seguir".

Éstas, afirmó el Pontífice, "eran las voces que llegaban al pueblo y ninguna de estas voces tenía la fuerza de confortar el corazón del pueblo". "¡Pero Jesús, sí! La multitud, explicó, estaba asombrada: escuchaban a Jesús y el corazón estaba conmovido. ¡El mensaje de Jesús llega al corazón!".

Jesús, afirmó el Papa Francisco, "se acercaba al pueblo", "curaba el corazón del pueblo", entendía las dificultades. Jesús, dijo de nuevo, "no tenía vergüenza de hablar con los pecadores, iba a buscarlos". Jesús "se alegraba, le gustaba estar con su pueblo". Y esto porque Jesús es "el Buen Pastor", las ovejas escuchan su voz y lo siguen.

"Y por esto el pueblo seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor. No era un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que amaba los asuntos políticos con los poderosos, ni un guerrillero que buscaba la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo de monasterio. ¡Era un pastor! Un pastor que hablaba la lengua de su pueblo, se hacía entender, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡nunca negociaba con las cosas de Dios", si no que las decía de una forma que conseguía que el Pueblo las amase. Por esto lo seguían".

"Jesús, retomó, nunca se alejó del pueblo y nunca se alejó de su Padre". Jesús, afirmó de nuevo el Papa, "estaba muy unido al Padre, ¡era uno con el Padre!" y de esa manera se acercaba al Pueblo. "Él tenía esta autoridad y por esto el pueblo le seguía". Contemplando a Jesús, Buen Pastor, ha sido la invitación del Papa, nos hará bien pensar a quien nos gusta seguir:

"'¿A quién quiero seguir?' ¿A los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales? ¿a los que se dicen del pueblo de Dios, pero no tienen fe y negocian todo con los poderes políticos, económicos? ¿los que hacen cosas extrañas, cosas destructivas, guerras llamadas de liberación, pero que al final no son caminos del Señor? ¿o a un contemplativo lejano? ¿A quién quiero seguir?"

"Que esta pregunta, concluyó el Papa, nos haga volver a la oración y pedir a Dios, el Padre, que nos haga estar cerca de Jesús, para seguirle, para sorprendernos con lo que Jesús nos dice".



RELIGIÓN UNIVERSAL, RELIGIÓN PARTICULAR
Escrito por  José Arregi

Toda religión aspira a ser universal, a expresar un mensaje liberador que transciende la etnia y la lengua, el tiempo y la cultura. La religión supera fronteras. Pero toda religión está limitada por una cultura particular y, quiera que no, con sus creencias, ritos y normas traza fronteras: ortodoxos y herejes, creyentes e increyentes.

Supera fronteras y traza fronteras. Es la paradoja del ser humano cada vez que expresa el Infinito en lo finito. Así sucede en el arte, la ética, la religión... Tomemos, por ejemplo, la belleza. ¿Qué es la belleza? Es eso que agrada la vista y el oído, esa armonía profunda que nos conmueve más "adentro" de todos los sentidos, ese horizonte infinito de gracia que nos atrae más allá de todas las formas, ese arcoíris inasible, ese fondo irreductible a todas nuestras percepciones particulares... Nos alcanza a través de las formas, pero nunca la alcanzamos en ellas. ¿Cómo nos arrebataría más allá, si la alcanzáramos?

Lo mismo sucede con eso que llamamos "bondad": lo gustamos en todos los ojos, las manos, los gestos amables, pero nunca se agota en ellos. ¿Cómo, si no, seguiríamos gustando lo bueno y nos sentiríamos salvados de bondad en bondad?

Y también con la "verdad", esa llamita de luz que nos guía en la noche, esa llamarada cuyas chispas nos alumbran en las ciencias, las artes, los poemas inspirados. ¿Qué es la verdad? Es esa epifanía, esa revelación del Misterio sagrado del Ser: "Yo soy el que Soy", dice la Zarza Ardiente del Horeb. El Misterio sagrado del Ser, que no es "fuera" de todas las cosas, pero que es misteriosamente "más" que todas las cosas, "más" que la suma de todas ellas, e infinitamente más que todas las palabras.

Lo mismo pasa con las religiones. Son formas particulares en que el Infinito se nos abre, pero solo a condición de que las formas (ritos, creencias, normas y textos canónicos) no quieran identificarse con el Infinito y retenerlo en sí mismas. El Infinito es la belleza inaprensible, como un arcoíris. Es la bondad incontenible, como el agua entre los dedos; a lo sumo puede ser acogida por un tiempo en el cuenco vacío de la mano o del barro, pero luego también allí desaparece, se vuelve vapor, aire, nube, para seguir derramándose en otras arcillas. Es la verdad indecible, más allá de toda palabra y de toda Escritura por sagrada que sea, más allá de toda creencia y dogma por esencial que parezca, más allá de todo pensamiento y significado: el Infinito transciende todos los significados (¡todos!), como el agua se escurre entre los dedos de un niño, como se va la luz en el cielo de la tarde hacia otros cielos, otras tierras, suavemente.

Todas las religiones son formas particulares, pero están animadas en su raíz originaria por el Infinito universal. O a la inversa. Y su mayor tentación es atrapar el Infinito, encerrarlo en su forma y poseerlo en monopolio. En la medida en que incurre en esa tentación, una religión deja de religar a sus seguidores entre sí y a todos con el Todo, se vuelve secta, oculta el Infinito, ahoga el Aliento, sofoca la Vida. Y en las llamadas religiones monoteístas el peligro es infinitamente mayor, pues ellas –sus jerarquías más bien– fácilmente se consideran a sí mismas mediadoras únicas de un Dios único, de su revelación, su voluntad, su promesa de salvación.

Hoy, cuando cualquier adolescente accede con su móvil a una masa de información jamás sospechada pero también incontrolable, las religiones –paradójicamente– están más tentadas que nunca de absolutizar sus formas particulares. Querrían ofrecer seguridad en un mundo inseguro. Pero de esa manera vuelven el mundo más inseguro y peligroso todavía. Y sucede a menudo que, para difundir como universales y únicas sus opiniones particulares –premodernas–, las jerarquías religiosas utilizan el Ipad, el Smartphone y los medios más modernos, los mismos que nuestros jóvenes posmodernos, saturados de información. Empeño contradictorio y baldío.

Una religión será tanto más consciente de su particularidad histórica y cultural cuanto más animada está por el Infinito, y cuanto más consciente sea de su particularidad, tanto más será testigo del Infinito liberador.

José Arregi
(Publicado en DEIA y en los Diarios del Grupo Noticias)