jueves, 6 de marzo de 2014

NUESTRA GRAN TENTACIÓN - José Antonio Pagola



NUESTRA GRAN TENTACIÓN - José Antonio Pagola

La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.

La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.

Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad. 

Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.

Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?

¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?

La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.

José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
No solo de bienestar vive el hombre. Pásalo.
9 de marzo de 2014
1 Cuaresma (A)
Mateo 4, 1-11

PREGÓN DE CUARESMA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Los que hemos sido bautizados,
los que hemos acogido la revelación del Dios vivo,
los que hemos descubierto que somos sus hijos,
los que seguimos escuchando la voz del Espíritu,
¡adentrémonos en el desierto sin miedo
y caminemos con paso ligero!

Cuaresma es ese tiempo de preparación e inicio,
tiempo para vivirlo en camino,
sin instalarse, sin retenerlo, sin lamento,
con la esperanza siempre mantenida
y la mirada fija en otro tiempo, la Pascua,
que siendo tiempo de paso es definitivo.

Entremos en Cuaresma convencidos,
listos para el combate, ligeros de equipaje,
con mente despejada, calzado apropiado,
entrañas llenas de ternura y misericordia
y mucha paciencia con nosotros mismos...
¡Bien equipados en cuerpo y espíritu!

Dejémonos mecer por la brisa del Espíritu;
pongamos nuestro corazón en sintonía
con los latidos de Dios y el grito de los afligidos,
desprendámonos de todo lo accesorio,
bebamos en los manantiales de la vida
y no nos dejemos engañar por los espejismos del desierto.

Bajemos del monte a los caminos de la vida,
no nos acomodemos en las alturas,
descendamos sin miedo y llenos de misterio,
y vayamos al encuentro de quienes andan perdidos
y necesitan salud y consuelo.
¡No profanemos los templos de Dios vivos!

Acudamos a los pozos de agua fresca de nuestra tierra
y, como aquella mujer samaritana,
dialoguemos con quien nos pide e interroga
aunque no sea de nuestra cultura, fe y cuerda.
¡Quizá así conozcamos el don de Dios:
cómo nos ama, busca, sueña y espera!

No miremos nuestra ceguera y vida rota
como consecuencia y castigo de nuestra historia.
Él no viene para que todo siga tal como está
sino para ofrecernos la novedad de Dios y su amistad,
para abrirnos los ojos, cambiarnos por dentro
y deshacer tantos e insoportables montajes y miedos.

En Cuaresma, y en todo tiempo, los cristianos
estamos amenazados no de muerte sino de vida,
aunque seamos unos parias o unos lázaros cualquiera.
Vivamos en paz y sin atormentarnos
a pasar de los afanes de la vida y de la historia,
pues Él pasa junto a nosotros, nos ama y cura.

Los que hemos sido bautizados,
vivamos la Cuaresma bien despiertos,
caminando en fraternidad, sin miedo,
con fe, esperanza y amor sostenidos,
y fijos los ojos en Jesús Nazareno
que va junto a nosotros abriéndonos camino.

Florentino Ulibarri



TOMA SIN MIEDO LOS MANDOS DE TU NAVE
Escrito por  Fray Marcos
Mt 4, 1-11

Se nos ha insistido hasta la saciedad que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos, para concienciarnos de que habíamos ofendido a Dios, para sentirnos pecadores. Una vez que descubrimos que estábamos enfangados en la mierda, pedir a Dios que nos sacara de ella y si Dios era reacio a perdonarnos, ahí estaba la muerte de Jesús que nos daba derecho a ese perdón. Pasada la alegría de sentirnos perdonados, llegaba la angustia de volver a fallar. Así año tras año.

Vamos a intentar un enfoque distinto. La cuaresma es un tiempo privilegiado para analizar la trayectoria humana de nuestra vida y descubrir que con demasiada frecuencia nos equivocamos, dando pasos que nos alejan de la meta.

No tiene mucho sentido que nos paremos a analizar la piedra en la que tropezamos ni si nos hemos alejado un paso o un kilómetro. Se trata de tomar conciencia de dónde nos encontramos y desde ahí, enderezar nuestros pasos hacia la meta.

De lo dicho se desprende, que más importante que mirar hacia atrás mortificándonos por los pasos mal dados, es descubrir donde está la meta y comenzar a andar en esa dirección. Lo importante es tomar conciencia clara de donde está la meta.

Pero resulta que no puedo saber donde está porque nunca estuve allí. Aquí puede venir en nuestro auxilio la experiencia de otros seres humanos que sí se aproximaron a ella. Para nosotros los cristianos, el hombre que más cerca estuvo de ella es Jesús, por eso es nuestro guía.

Las tentaciones de Jesús y las nuestras, nos advierten de la necesidad de esfuerzo para llegar a la meta. Los animales disponen de un piloto automático que les conduce en todo momento a su propia meta. Al ser humano se le han entregado los mandos de la nave y no tiene más remedio que dirigirla él mismo. No podemos conducir un vehículo manteniendo fijo el volante. Tiene que estar rectificando en cada instante. Tampoco nadie puede conducirlo por nosotros ni siquiera Dios. Es responsabilidad de cada uno.

Las dos primeras tentaciones pretenden convertir a Jesús en oprimido u opresor, a cambio de pan, poder o gloria. Tanto oprimir a otro como dejarse oprimir son ofertas satánicas. La opresión es el único pecado, porque es lo único que nos impide ser humanos. Vamos a analizar las tentaciones de Jesús en lo que tienen de común con las trampas que el placer, con apariencia de bien, tiende a todos los hombres.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como un hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral. Esto no quiere decir que sea simplemente mentira. El mito, en sentido estricto, es un intento de explicar conflictos vitales del ser humano, que no se pueden entender de una manera racional. El relato de Adán y Eva intenta explicar el problema del mal, y lo hace partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es una crónica de sucesos. Jesús se retiró muchísimas veces al "desierto" para orar. En esta ocasión se trata de resumir todas las pruebas que tuvo que superar a lo largo de su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea la tentación conforme a su situación personal. La talla de su humanidad tiene que darla en relación con la tarea que se le ha encomendado. La "prueba" será cómo desarrollar su mesianismo.

Los posibles tropiezos al recorrer su camino mesiánico, se relatan condensados en un episodio al comienzo de su vida pública, pero resumen la lucha que tuvo que mantener durante toda su vida. A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Por eso es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el más estrepitoso fracaso.

No se trata de una elección entre el bien y el mal. El ser humano no es el lugar de lucha de dos fuerzas contrarias: el Espíritu y el diablo, el Bien y el Mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de descubrir lo bueno y lo malo, más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien auténtico y el aparente. Plantear una lucha contra el mal no tiene ni pies ni cabeza. Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para vencerlo.

Las tres tentaciones de Jesús no son zancadillas puntuales que el diablo le pone. Se trata de contrarrestar una inercia que, como todo ser humano, tiene que superar. Ni el placer sensible, ni la vanagloria, ni el poder, pueden ser el objetivo último de un ser humano. El poder y las seguridades, como fundamento de una relación con Dios quedan excluidos. El poder podría haber dado eficacia a su mesianismo, pero no llevaría la libertad al hombre. La salvación tiene que llegar al hombre desde dentro de sí mismo. Cualquier clase de coacción desde fuera impediría su desarrollo humano.

No necesitamos ningún enemigo que nos complique la vida. Somos lo bastante complicados para meternos solitos en esos berenjenales. La tentación es inherente al ser humano. En cuanto surge la inteligencia y el ser humano tiene capacidad de conocer dos metas a la vez, no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, puede equivocarse y, adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo. Si esto no lo tenemos claro, pondremos el fallo en la voluntad que elige el mal, lo cual es imposible. Una vez que hemos planteado mal el problema, no tiene solución.

Si el problema no está en la voluntad, no se podrá resolver con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Si el problema es de entendimiento, solo se podrá resolver por el conocimiento. Mi tarea será descubrir lo que es bueno o es malo para mí.

Ese "para mí", se refiere a mi verdadero ser, no al yo egoísta e individualista. Ni siquiera podemos esperar de Dios que me saque del dilema. Lo que Dios quiere es que llegue a la plenitud. El camino para alcanzarla debo descubrirlo yo.

El garantizar la existencia de cada individuo y de la especie, ha sido el objetivo de todo progreso evolutivo. Esos logros han quedado grabados en nuestro ADN, y siguen marcando el objetivo del ser vivo (piloto automático). La inteligencia ha abierto otras posibilidades de ser, pero no ha anulado el cúmulo de información almacenado en nuestros genes. Nuestra "tentación" consiste en mantener como meta la que nos da la biología, renunciando a tomar los mandos que nos lleven a una meta más alta.

En nuestra sociedad tendemos a considerar como bueno lo que la mayoría acepta como tal. El esfuerzo por alcanzar una verdadera humanidad es todavía una actitud de minorías. A través de la historia humana, han sido muy pocos los que han manifestado con su vida una plenitud humana. La mejor prueba es que los consideramos seres extraordinarios. La mayoría de los mortales nos contentamos con vivir cómodamente sin valorar el esfuerzo por llegar a ser algo más. Aquí el valor de la democracia queda muy relativizado.

El "está escrito", repetido por tres veces, tiene un profundo significado. Adán y Eva pretendieron ser ellos los dueños del bien y del mal. Es la constante tentación de todo ser humano. Pretender que sea bueno lo que yo determine como tal y que sea malo lo que yo quiero que lo sea.

Cuando Jesús repite por tres veces 'está escrito', reconoce que no depende de él lo que está bien o lo que está mal, está determinado, no por una voluntad externa de Dios, sino por la misma naturaleza del ser.

Meditación-contemplación

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu.
La verdadera conquista de lo humano, se consigue en el interior.
Solo lejos del bullicio, del ruido y de la vorágine de los sentidos
te puedes encontrar contigo mismo y dilucidar tu futuro.
.....................

Inevitablemente, el Espíritu nos conducirá a la soledad interior,
porque solo en lo íntimo del ser, se puede plantear la batalla.
No tengas miedo. Si la planteas bien, está ganada.
Confía en lo que hay en ti de absoluto.
............

No te dejes engañar por los cantos de sirena.
Son cada vez más y con más poder de seducción.
Pero la fuerza del Espíritu, siempre será mayor,
Y, si te dejas guiar, te conducirá a la plenitud a través de la lucha.
.......................

Fray Marcos



Lavarse con silencio
Pedro Miguel Lamet SJ

Contaba una joven monja que muy agobiada fue a consultar a su director espiritual: “Mire, padre, estoy muy preocupada. Es que, cuando estoy mejor en la capilla, es cuando no hago nada, ni pienso en nada; simplemente estoy”. El sacerdote sonrió: “No se preocupe, hermana, acaba de descubrir el silencio”. La religiosa no se fue muy convencida. ¿Cómo podía alcanzar aquella paz interior sin pensar, reflexionar, sin leer algo? Y sin embargo, estando así simplemente,  saboreaba una quietud y una alegría que nunca hasta entonces había disfrutado.

Vivimos más que nunca  ensordecidos por el ruido. Hay un ruido exterior que no para: en el bar, en el coche, en casa, en la calle. La radio, la tele, el móvil, mensajes, publicidad nos embotan los sentidos. Pero hay otro ruido interior más peligroso, el de la mente, que runrunea dentro de nosotros desde un personaje que creemos ser y no somos. Te da la tabarra con la culpabilidad del pasado, que ya no existe, y por tanto se convierte en una tortura inútil. O con las preocupaciones de lo que va a venir, un futuro lleno de miedos que nos adelantamos también inútilmente de forma masoquista, porque aún no sabemos realmente cómo será. La mente siempre nos contamina con sus ruidos,  alejándonos de lo que es.

Sólo el silencio nos libera. Pero le tenemos pavor, porque lo identificamos con soledad y vacío, sin apreciar que es una soledad acompañada del Universo y un vacío lleno. Escribe Benedetti:
Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas.

Si nada más levantarnos, se enciende la tele en casa, y se apaga al irnos a la cama; si las noticias, en su mayoría negativas nos bombardean día  y noche; si el teléfono móvil, la publicidad y las redes sociales se han convertido en nuestro cordón umbilical con la vida, vivimos dentro de una nube de ruidos. Un autor anónimo medieval del siglo XIV escribió un libro titulado La nube del no saber. Es curioso lo moderno que resulta este viejo tratado en rechazo de toda conceptualización, en lo que coincide con el interés que despierta hoy en Occidente la meditación oriental del Yoga y el Zen. Quizás porque se ha convertido en una urgente necesidad de subsistir.

 Se trata de un hecho que va más allá de las religiones e incluso de la fe y la increencia. El silencio interior es la mejor terapia que existe. Dice Ana María Schlüter en una entrevista que publicamos en el último  número de la revista AVIVIR que “el silencio es regresar a casa”, es decir recuperar nuestra identidad que está en el fondo de nuestro ser, sobre el cual hemos echado mucha hojarasca, mucho ruido.

A la gente le da miedo el silencio porque cree que cuando se queda sola consigo misma le van a morder todos sus monstruos interiores. O que no va a conseguirlo por las distracciones y pensamientos que reaparecen. Hay métodos sencillos como contar respiraciones de diez en diez o repetir una frase o una palabra. Pero el objetivo es intentar, sin tensiones, sortear ese “loro interior” e ir conectando con el fondo de nuestro ser, donde estamos bien; quizás porque salimos así de fábrica y poco a poco nos hemos ido estropeando con palizas mentales e identificaciones absurdas: nos centramos en el papel que representamos en la comedia de la vida más que en lo que en el fondo somos.

No deja de ser paradójico en un mundo hipercomunicado como el nuestro que la tristeza mayor del hombre provenga de sentirse separado, en definitiva solo en medio de una multitud, solicitado por millones de signos y sonidos. El silencio cura porque nos conecta con lo que somos, nos devuelve a la unidad con todo. Mejor lo sintetiza esta hermosa frase de Tagore: “Pues que se prende en ti el polvo de las palabras muertas, lava tu alma en el silencio”.

fuente http://blogs.21rs.es/lamet/2014/03/lavarse-con-silencio/



Nueva parábola: A Dios rogando y con el mazo dando
José Luis Caravias SJ

“No basta con decir: ¡Señor!, ¡Señor!...” (Mt 7,21), dijo Jesús. Y el pueblo: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Cuentan que en una de esas grandes inundaciones que algunas veces ocurren en los “bañados” de Asunción, un señor mayor muy fervoroso de una de esas sectas profundamente fundamentalistas presumía que a él no le iba a pasar nada porque tenía puesta su confianza totalmente en su Señor Jesús. Y se desgañitaba cantando aleluyas desafiantes.
Las aguas del río desbordado subían cada día unos centímetros. Camiones del Municipio pasaban recogiendo personas y enseres. Pero los despreciaba: ¡él confiaba en Dios!
Unos días más tarde, ya con un metro de agua, pasaron preocupados con una canoa para rescatarlo. Pero él los despreció con su altanería religiosa.

Las aguas seguían creciendo sin piedad. Superaban ya el alto de las ventanas. El “creyente” se había subido al tejado, esperando la salvación de su Señor… Sus rezos y sus aleluyas retumbaban sobre las aguas. Pero una correntada arrastrando palos y maleza se lo llevó también a él. Su cuerpo se perdió en la torrentada…

Dicen que al llegar su alma a las puertas del cielo se quejó amargamente a Dios porque no lo había salvado de las aguas, a pesar de su confianza total en él.
Los habitantes del Bañado, con cierta ironía, comentaban que Dios le contestó:
- Tavyrongo (tarado), fui a salvarte con un grupo de personas en un camión, y me despreciaste. Después pasé repetidamente por tu casa en canoa, sobre las aguas cada vez más altas, y tú orgullosamente nos insultabas. ¿Qué más pude hacer? Yo ayudo a mis hijos a través de mis hijos… Pero no apoyo caprichos individualistas.

En otra ocasión estaban reunidas a la noche varias personas delegadas del barrio para planificar cómo encauzar los arroyos colmatados por las frecuentes lluvias. Había representantes de varios sectores y comunidades. Y en lo más acalorado de la reunión se apagó la luz eléctrica.

Las reacciones fueron significativas. 
El grupo de los pesimistas exclamó:
- Paciencia acá no hay ya nada que hacer. Vámonos a nuestras casas…
Algunas señoras se pusieron a rezar para que volviera la luz.
Un grupito de terciarios franciscanos pidió que alabáramos a Dios por la hermana oscuridad, y que saliéramos afuera para contemplar las estrellas.
Pero los de sentido común se fijaron si había luz en las otras casas, y al ver luz en los vecinos, fueron a revisar el tablero y verificaron dónde había un cortocircuito. Y consiguieron iluminar de nuevo el salón y proseguir la reunión.

Ni resignación, ni sólo rezos, sino investigación de la realidad y búsqueda, dialogada y comunitaria, de causas y soluciones. Si rezamos es para que seamos unidos y juntos podamos conocer sin engaños nuestras realidades y buscar soluciones eficaces. Luz y fuerza nos ofrece Dios, pero no soluciones hechas. “A Dios rogando y con el mazo dando”.

José Luis Caravias SJ



¿EXISTE 'DIOS'? ¿QUÉ 'DIOS'?
Escrito por  José Arregi

¿Tiene sentido hablar de Dios a la vista de tanto dolor, de tanto drama en la Tierra, del Congo a Mali, de Sudán a Ceuta y Melilla, de Siria a Afganistán y Pakistán, de Venezuela a Méjico, de la especulación al hambre, de la corrupción al paro, de la angustia al suicidio? Todo depende de lo que entendamos por "Dios".

Me asombra que, hoy todavía, sesudos teólogos, filósofos y científicos sigan discutiendo acaloradamente sobre si existe o no existe "Dios" –unos lo defienden, otros lo refutan– sin antes decirnos qué entienden por "Dios". Pero, a decir verdad, comprendo mejor a los ateos que niegan al "dios" que imaginan que a muchos teólogos que parecen sostener al "dios" que niegan los ateos.

Los ateos niegan la existencia de un dios separado del universo y necesario para explicarlo, un dios que existiría "desde antes" del universo y "fuera" de él, un dios que poseyera o que fuera la explicación –misteriosa, incognoscible– de que el mundo sea como es, con sus enigmas y dolores, un dios causa y motor primero de la realidad existente, fundamento y garante exterior del orden físico y del orden ético, un dios sin el que la bondad y la justicia carecerían de sentido, un dios omnipotente que pudiendo intervenir no interviene o que no interviene porque no puede, que actúa en el mundo cuando quiere o que no actúa para "respetar la autonomía del mundo", un dios que habla cuando lo desea o que calla por alguna razón que ignoramos, un dios que no pudo crear sino este mundo tal como es con su inmenso dolor o bien porque no pudo crear sino un mundo finito y por lo tanto sufriente o bien porque quiso respetar la libertad humana, capaz de hacer tanto bien pero también tanto daño... Un dios ente, el Ente Supremo, Algo o Alguien anterior y exterior al mundo.

Tal es el dios que niegan los ateos. Y hacen bien en negarlo, pues no existe. Tiene razón R. Dawkins al negar a un dios diseñador y creador que habría determinado de antemano toda la evolución del cosmos y de la vida, con el ser humano como centro y cima; efectivamente, un dios así es un constructo humano, un "espejismo". Tiene razón D. Dennet al negar a un dios causa necesaria del espíritu o de la conciencia o de la "libertad" humana, un dios causa distinta y separable de la realidad que llamamos materia; Dios y la realidad infinitamente abierta e infinitamente fecunda que es la materia-energía no son dos realidades que se puedan contraponer o añadir la una a la otra; la "materia" es siempre (¿"eternamente"?) más que lo que entendemos por "solo materia", y Dios no puede ser concebido como algo o alguien separable de ella. Tiene C. Hitchens al negar a un dios fundamento externo del mundo, necesario para explicar su existencia, o al negar a un dios que interviniera en el mundo desde fuera de él. Tiene razón S. Harris al negar a un dios garantía o justificación de la ética o del humanismo, como si para ser buenos necesitáramos una razón, un por qué; no hay atrocidad que no se haya cometido en nombre de dios; es decir, la fe en dios nunca ha sido garantía de bondad; todo depende, pues, de lo que se entienda por fe y de lo que se entienda por "dios".

Sin embargo, ¿no es demasiado burda la crítica de Dios de los autores mencionados? Ciertamente lo es. Pero debemos preguntarnos por qué gente tan inteligente sigue teniendo una imagen tan burda de Dios. Ciertamente, los ateos no dicen todo lo que se puede decir acerca del misterio indecible que llamamos Dios, pero los creyentes y los teólogos no deben empeñarse en afirmar al dios que niegan los ateos, sino al Dios del que no hablan. La afirmación de Dios ha de empezar allí donde termina la negación de los ateos.

Así lo han hecho los místicos de todas las religiones. También ellos, en virtud de su propia fe, se han visto conducidos a negar, desde dentro de la fe, al dios que niegan los ateos. Harían bien los teólogos en hacer como los místicos. Harían bien en partir del punto al que llegan los ateos y tratar de ir más allá, buscando y arriesgando nuevas palabras, imágines y horizontes. Más allá del ateísmo que niega al dios que no existe, pero más allá también del teísmo que afirma a un dios Ente Supremo, un ser consciente y libre otro o distinto del mundo.

Aventuremos palabras. "Dios" ni existe ni no-existe: es la Existencia. No está cerca ni lejos, ni presente ni ausente, ni está ni no-esta: es la Presencia. No es ni uno ni muchos. No es ni lo mismo ni distinto del mundo. No es menos que algo (nada), ni menos que persona (impersonal), pero no es Alguien, no es "otro" de nada y de nadie. Es el no otro de todos los seres. Es el Corazón latiente del mundo, de cada ser, de cada átomo, partícula y partículas de partícula si las hay.

Dios es el fondo de la realidad (Tillich), el poder de lo real (Zubiri), el silencio revelado como tal (Panikkar). Es Nada de cuanto es y decimos, es el Todo en todas las cosas, es el Vacío Pleno en todo lo que se manifiesta, más allá de inmanencia y trascendencia. Es la Presencia eterna en el instante.

Hoy se echan de menos teólogos a la altura de Nietzsche, antiteísta místico, profeta de los nuevos tiempos religiosos. Teólogos que aúnen la mirada mística con la visión científica de un universo o de un multiverso interrelacionado y dinámico, inacabado y evolutivo. Creyentes y teólogos que, más allá de creencia e increencia, pronuncien a Dios con su palabra y su vida como el misterio más hondo y real, como el Espíritu divino, como el aliento vital en el corazón de cuanto es. Que, al pronunciar a Dios lo hagan ser y recreen el mundo: "Hágase". Dios es el Aliento que nos habita y nos hace ser y que hacemos ser cuando somos.

En este mundo con tantos enigmas, con tantos dolores, no es inútil tratar de decir palabras creadoras sobre la Compasión que nos habita y nos une, sobre la Gracia que nos mueve en lo más profundo a cambiar las lágrimas en consuelo, a poner paz donde hay odio, a llenar de pan las mesas vacías, a seguir a creando este mundo inacabado.

José Arregi

Para orar
El indescriptible Corazón es el espejo en el que el universo entero aparece.
Solo la Consciencia Única, el Espacio del mero Ser,
es lo Primordial y Supremo, el Silente pleno.
El Corazón, la Fuente, es el comienzo, el medio y el fin de todo.
El Corazón, el Supremo vacío, no es nunca una forma.
Él es la Luz de la Verdad.
La muerte de la mente sumergida en el Océano de la Auto-conciencia
es el eterno Silencio.
El "Yo" real es el Supremo Espacio del Corazón
que es el gran Océano de Felicidad.
Tu mente no puede conocer al Ser,
que es la perfecta experiencia indivisa y el Uno sin segundo.
Solo el Corazón, libre del pensamiento y que es el Ser mismo.
El que conoce ese Corazón nunca será arruinado;
Habiendo perdido el sentido de la esclavitud, Él devine lo Supremo.
Es libre de los pensamientos de dualidad
Y solo Él goza, sin engaño, de la Felicidad.

(Ramana Maharshi).



Recomiendo este texto de Juan Villoro sobre su padre, Luis Villoro, que en paz descanse. Texto lleno de mención a los jesuitas.

La taquería revolucionaria, por Juan Villoro

Mi padre, que detesta las anécdotas personales, ha contado mil veces la escena que más lo horrorizó en su juventud. Todo ocurrió en una polvosa hacienda de San Luis Potosí, pero para entender ese momento de condensación hay que retroceder en el tiempo.

Luis Villoro Toranzo nació en Barcelona en 1922. Su madre era potosina y estaba casada con un aragonés de La Portellada, pueblo que hoy en día tiene trescientos habitantes. Doscientos de ellos se apellidan Villoro (no es de extrañar que en ese sitio redundante, por no decir incestuoso, mi abuelo se llamara Miguel Villoro Villoro).

Las fechas nunca han sido una especialidad familiar. No sabemos muy bien qué edad tenía mi padre cuando perdió al suyo, pero debe haber rondado los siete años. Mi abuela quedó viuda, con tres hijos, en un país que se descomponía rumbo a la Guerra civil. Volvió a México y mis tíos y mi padre fueron a dar a internados de jesuitas.

Mi padre creció cerca de Namur, en Bélgica. Aprendió latín, fue campeón de oratoria, llegó a obtener la nota más alta en francés y logró el milagro de ser feliz en un ambiente de severidad y reclusión. Su hermano Miguel sufrió con el aislamiento pero encontró ahí su vocación de jesuita.

En la Facultad de Filosofía de la Universidad Michoacana Foto: La Jornada Michoacán
Como tantas familias, la mía se vio afectada por el delirio expansionista de Hitler. Cuando mi padre llegó a la adolescencia, Europa se preparaba para la guerra, así es que se reunió en México con su madre e ingresó a Bachilleratos, la preparatoria de los jesuitas.

El dinero de la familia provenía de haciendas que producían mezcal. La escena definitiva de mi padre ocurrió en una de ellas, Cerro Prieto, que hoy es una ruina fantasmagórica.

Los peones de la hacienda se formaron en fila para darle la bienvenida y le besaron la mano. Mi padre vivió el momento más oprobioso de su vida. Ancianos con las manos lastimadas por trabajar la tierra le dijeron “patroncito”. ¿Qué demencial organización del mundo permitía que un hombre cargado de años se humillara de ese modo ante un señorito llegado de ultramar? Mi padre sintió una vergüenza casi física. Supo, amargamente, que pertenecía al rango de los explotadores.

Su vida pródiga se entiende como un valiente ejercicio de expiar la agraviante escena de la que todo se deriva. Su familia era monárquica y franquista, y él comenzó a poner en duda el sistema de valores en que había crecido. Buscó otra España y, como le ocurriría con frecuencia, la encontró en la forma de una mujer hermosa. Se enamoró de Gloria Miaja, hija del general republicano que había defendido Madrid.

El destino depende más de lo que se descarta que de lo que se realiza. Mi padre y sus sucesores dependemos de que no haya podido casarse con la hija de un militar rojo de pésimo carácter.

Para entender su país de adopción, dirigió la mirada a los españoles que en la Colonia pasaron por un trance similar al suyo. Clavijero, Las Casas y Tata Vasco fueron sus ejemplos. Su primer libro, Los grandes momentos del indigenismo en México, narra los afanes de los misioneros ilustrados que se pusieron de parte de la causa indígena.

Con José Narro y Pablo González Casanova, entre otros Foto: Carlos Cisneros/ archivo La Jornada
El filósofo que empezó su trayectoria estudiando a los primeros antropólogos del mundo americano, la concluye como un nuevo Las Casas, conviviendo con las comunidades indígenas en Chiapas. Otro discípulo de los jesuitas, el subcomandante Marcos, que tiene más o menos mi edad (la cronología de los mitos es imprecisa), es su interlocutor privilegiado. Mi padre es ajeno a las categorías sentimentales y los lazos determinados por el parentesco, pero no al afecto, que entiende como una variante de la inteligencia. Si tuviera que someterse al improbable ejercicio de elegir a un hijo entre sus conocidos, se llamaría Marcos, nuestro invisible hermano.

Su deseo de transformación social lo enfrentó desde joven a un conflicto que no ha resuelto del todo. El dinero ha sido para él un veneno que quiere convertir en medicina. Cuando mi abuela murió, mi padre hizo una especie de reunión de Comité Central con mi hermana Carmen y conmigo. Abrió una libreta con la orden del día y declaró: “Hemos recibido un dinero que no hemos hecho nada para merecer y que debemos regalar.” A los diez años me pareció estupendo salir a Bucareli, donde vivía mi abuela, a aventar billetes.

Mi padre tenía ideas más complicadas que ésa, pero no mucho más racionales. En vez de comprar propiedades y utilizar las rentas para ayudar a quienes querían cambiar el mundo, decidió fundar empresas románticas que prefiguraran, en sí mismas, un porvenir igualitario. Apoyó cooperativas, fideicomisos, sufragó a misioneros de izquierda e hizo préstamos a causas que a veces sólo representaban al solicitante. En cada una de estas aventuras, el dinero se desvaneció sin retorno posible.

Incapaz de aceptar la horrenda paradoja de que para promover el socialismo necesitaba una empresa capitalista, siguió apostando por formas comerciales de la aurora. Una de las más curiosas llegó en la forma de una taquería.

Heberto Castillo presidía el Partido Mexicano de los Trabajadores. Mi padre y yo participábamos ahí, él como teórico decisivo y yo como militante de base. Cuando Heberto iba a la casa, hablaba de ping-pong con mi hermana Carmen, campeona nacional, y de literatura conmigo. Luego disertaba sobre ciencia, filosofía o religión. Su curiosidad y su pasión por los más diversos temas lo desviaban siempre del asunto político, de enorme urgencia, que debía tratar con mi padre.

Durante el Primer Festival de La Digna Rabia celebrado en la Universidad de La Tierra en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 4 / I /2009
Foto: Moysés Zúñiga Santiago
Heberto pintaba al óleo, escribía relatos autobiográficos apasionantes, diseñaba estructuras de insólita resistencia y tenía proyectos para hacer llover con un bombardeo de iones y para acabar con la contaminación del DF. Amigo del general Cárdenas, líder de la Coalición de Maestros en el ’68, había estado en la cárcel de Lecumberri y hacía una insólita mancuerna con el ferrocarrilero Demetrio Vallejo al frente del PMT. En él, todo era heterodoxo. Como tantos visionarios sociales, incurrió en el problema de tener razón antes de tiempo. Preconizaba una izquierda democrática, autocrítica, ajena a dogmas y símbolos extraños. En aquella época, esto era visto como tibio, complaciente, moderado en exceso. El presidente Echeverría había lanzado la “apertura democrática” para fingir una relajación del poder autoritario, y a los miembros del PMT nos decían los “heberturos”.

Heberto aprovechaba cualquier circunstancia a favor de sus variadísimas iniciativas. En una ocasión lo acompañé a una imprenta donde vio que las hojas que recortaba una máquina liberaban unas tiras de papel que no eran usadas. Le pidió al impresor que le regalara todo el desperdicio en los cortes de papel. “¿Para qué quieres esas tiras?”, le pregunté. “Todavía no lo sé”, respondió el utopista.

El impulso de modificar la realidad llegaba a Heberto antes que los planes. Ese entusiasmo lo llevó a fundar un negocio con mi padre. El punto de partida fue nacionalista: “Nada es más nuestro que los tacos”, dijo Heberto en forma incontrovertible. Luego explicó que en la cárcel de Lecumberri había compartido crujía con unos taqueros de excelencia. Ellos ya habían sido liberados y necesitaban trabajo. El pmt estaba falto de recursos y la taquería podía ser la base de una plataforma económica para transformar el país. A mi padre esto no sólo le pareció lógico sino urgente.

Heberto nos reunió en un jardín a probar los tacos de sus amigos. Fue el que más comió, contando anécdotas de cada ingrediente. Mi padre lo escuchaba sin decir palabra. Rara vez habla en las reuniones, así es que esto nos pareció normal. Pero sus ojos tenían la concentración del que observa la realidad como algo discernible, clasificable, sujeto a explicación. Finalmente se decidió a opinar: los tacos eran magníficos, pero le parecían iconoclastas. Tenía razón. No había tacos al pastor, ni al carbón, ni quesos fundidos. Todos eran tacos de guisados: tinga, rajas con mole, chicharrón en salsa verde…

Heterodoxo incorregible, Heberto declaró que ésa sería nuestra ventaja: la taquería revolucionaria debía ser distinta.

Aunque el asunto tiene visos cómicos, ahí cristalizaron dos maneras sumamente serias de abordar lo real. Mi padre se esforzaba por interpretar el menú como un catálogo razonado y Heberto por convertirlo en una forma de la acción. El teórico y el líder discutían de tacos. Ganó el líder y unos meses después se inauguró La Casita, en la esquina de Pilares y Avenida Coyoacán, siendo mi padre el socio inversionista.

Corrían los últimos años setenta y yo trabajaba en Radio Educación, que estaba a unas cuadras. Extendí mi militancia a la promoción de la taquería y llevé ahí a los compañeros de la emisora. Recuerdo su decepción al ver la carta: “¡Puros tacos de guisado!”, dijeron. Les expliqué que eso era revolucionario, pero no quisieron regresar.

La Casita fue un fracaso. “No es posible que los izquierdistas sean tan dogmáticos”, se quejaba Heberto, incapaz de entender que un militante dispuesto a cambiar el mundo prefiriera un convencional taco de costilla en vez de uno de arroz con papa.

Mi padre invitó a Heberto a una de sus sesiones privadas de Comité Central, sacó la libreta en la que anotaba la orden del día y un ejemplar de El capital (apuntaba sus gastos en la cuarta de forros). En presencia de sus hijos, comentó que estaba dispuesto a poner el patrimonio familiar al servicio de la causa obrera, pero eso no excluía la autocrítica: había que cambiar de taqueros.

En el Primer Encuentro Continental Americano contra la Impunidad organizado por el EZLN en el Caracol Morelia, Chiapas, 21/ VI / 2009
Foto: Moysés Zúñiga Santiago
Como siempre, Heberto encontró una solución un poco loca: incluir a un parrillero que no había estado en Lecumberri pero rebanaba la carne como si ameritara la máxima sentencia. Los tacos de guisado podían coexistir con el trompo de pastor.

Esta cohabitación llevó a luchas intestinas y a la fragmentación de las tendencias en la taquería. La Casita no prefiguraba el futuro del México igualitario, sino de los partidos de izquierda.

La desunión interna ocurrió justo cuando el PMT, el PST y el PCM hablaban de fusionarse. Heberto criticaba a los comunistas por usar la hoz y el martillo y proponía el machete y el nopal, símbolos nuestros. Aunque pasaría a la historia por su renuncia a favor del ingeniero Cárdenas, Heberto fue duro en esa fase de la discusión. Mi padre le envió una carta memorable en la que, con todo el dolor de su corazón, le quitaba la taquería.

La Casita es hoy El Hostal de los Quesos, bastión de exitosos tacos conservadores.

Heberto Castillo y mi padre lucharon por cambiar el mundo con toda clase de ocurrencias. No hay pruebas definitivas de que lo hayan logrado. Pero tampoco hay pruebas en contra.

La realidad es heterodoxa.



Ryszard Kapuscinski
Reflexiones sobre periodismo y sobre la vida.

1.  ”Heródoto era un hombre curioso que se hacía muchas preguntas, y por eso viajó por el mundo de su época en busca de respuestas. Siempre creí que los reporteros éramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quizá por eso los periódicos son ahora más aburridos y están perdiendo ventas en todo el mundo. Ninguno de los 20 finalistas de la última edición del Lettre-Ulysses del arte del reportaje [premio que se otorga en Berlín], y del que soy miembro del jurado, trabaja en medios de comunicación. Todos tuvieron que dejar sus empleos para dedicarse al gran reportaje. Este género se está trasladando a los libros porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto”.

Lo dijo para El País de España:
2.El Mundo le preguntó:  ¿Cómo debe ser el periodista del siglo XXI?. El maestro respondió: “Se diferencia del siglo XX en el sentido técnico. Antes el periodista cuando se iba a una guerra tenía libertad para moverse. Dependía mucho de su talento, de su validez. Ahora, como tenemos teléfonos móviles o Internet el jefe de redacción sabe mucho más lo que está pasando. El periodista destacado en un lugar sabe lo que ve, mientras que el jefe, que está en Madrid o Roma, tiene la información de varias fuentes. Al final, el periodista, en vez de llevar a cabo sus investigaciones, se dedica a confirmar lo que el jefe le pide desde la redacción. El sentido del trabajo ha cambiado mucho.

3. “Me gustaría que mis libros sirvieran para que los lectores del siglo XXI comprendieran lo que ha sido el nacimiento del Tercer Mundo, la llegada al poder y la, soberanía de sociedades míseras, rurales e iletradas, un fenómeno sin precedentes que va a cambiar la mentalidad y el modo de vivir en todos los países”. (En El País)

4. ”Antes, los periodistas eran un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. La revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista. En Estados Unidos les llaman media worker. Los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad. Ahora la mayoría de estos media workers cambian constantemente de trabajo; durante un tiempo hacen de periodistas, luego trabajan en otro oficio, luego en una emisora de radio… No se identifican con su profesión”. (El País)

5. ”El verdadero periodismo es intencional… Se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro. Las guerras siempre empiezan mucho antes de que se oiga el primer disparo, comienza con un cambio del vocabulario en los medios. En los Balcanes se pudo ver claramente cómo se estaba cocinando el conflicto”. (El País).
6. ”Esta una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Éste es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo.O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto”. (En “Los cínicos no sirven para este oficio”)

7. “Hay profesiones para las que, normalmente, se va a launiversidad, se obtiene un diploma y ahí se acaba elestudio. Durante el resto de la vida se debe,simplemente, administrar lo que se ha aprendido. En el periodismo, en cambio, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo,profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día,tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente”. (En ”Los cínicos no sirven para este oficio”).

8. “Podemos encontrar muchos periodistas jóvenes llenos de frustraciones, porque trabajan mucho por un salario muy bajo, luego pierden su empleo y a lo mejor no consiguen encontrar otro. Todo esto forma parte de nuestra profesión. Por tanto, tened paciencia y trabajad. Nuestros lectores,oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla con nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto. Ése es el momento en que se convierte uno enun periodista estable. No será nuestro director quien lo decida, sino nuestros lectores”. (En ”Los cínicos no sirven para este oficio”).

9. “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe,sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento,en parte de su destino. Es una cualidad que en psicologíase denomina «empatía». Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás”. (En ”Los cínicos no sirven para este oficio”).

10. “Una de las cosas que resulta fundamental entender es que, en la mayor parte de los casos, la gente sobre la que vamos a escribir la conocemos durante un brevísimo periodo de su vida y de la nuestra. A veces vemos a alguien durante cinco o diez minutos, estamos viajando a otra parte y a esa persona no volveremos a verla nunca más. Por tanto, el secreto de la cuestión está en la cantidad de cosas que estas personas son capaces de decirnos en un tiempo tan breve. El problema es que las personas, en un primer contacto, son generalmente muy calladas, no tienen ganas de hablar. Es una experiencia que todos compartimos: es necesario cierto tiempo para adaptarse al otro. ¡Pero esos escasos minutos a veces son los únicos que tenemos para hablar con una persona! Para un periodista, si esos minutos transcurren en silencio o generan una comunicación insatisfactoria, el encuentro es un fracaso. El éxito depende entonces de situaciones que están fuera de nuestro control, casi casi de “accidentes”". (En ”Los cínicos no sirven para este oficio”).