sábado, 4 de enero de 2014

RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola


RECUPERAR LA FRESCURA DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola

En el prólogo del evangelio de Juan se hacen dos afirmaciones básicas que nos obligan a revisar de manera radical nuestra manera de entender y de vivir la fe cristiana, después de veinte siglos de no pocas desviaciones, reduccionismos y enfoques poco fieles al Evangelio de Jesús.

La primera afirmación es ésta: “La Palabra de Dios se ha hecho carne”. Dios no ha permanecido callado, encerrado para siempre en su misterio. Nos ha hablado. Pero no se nos ha revelado por medio de conceptos y doctrinas sublimes. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús para que la puedan entender y acoger hasta los más sencillos.

La segunda afirmación dice así: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Los teólogos hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Los dirigentes religiosos y los predicadores hablamos de él con seguridad, pero ninguno de nosotros ha visto su rostro. Solo Jesús, el Hijo único del Padre, nos ha contado cómo es Dios, cómo nos quiere y cómo busca construir un mundo más humano para todos.

Esta dos afirmaciones están en el trasfondo del programa renovador del Papa Francisco. Por eso busca una Iglesia enraizada en el Evangelio de Jesús, sin enredarnos en doctrinas o costumbres  “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio”. Si no lo hacemos así, “no será el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas”.

La actitud del Papa es clara. Solo en Jesús se nos ha revelado la misericordia de Dios. Por eso, hemos de volver a la fuerza transformadora del primer anuncio evangélico, sin eclipsar la Buena Noticia de Jesús y “sin obsesionarnos por una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. 

El Papa piensa en una Iglesia en la que el Evangelio pueda recuperar su fuerza de atracción, sin quedar obscurecida por otras formas de entender y vivir hoy la fe cristiana. Por eso, nos invita a “recuperar la frescura original del Evangelio” como lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario”, sin encerrar a Jesús “en nuestros esquemas aburridos”.

No nos podemos permitir en estos momentos vivir la fe sin impulsar en nuestras comunidades cristianas la conversión a Jesucristo y a su Evangelio a la que nos llama el Papa. Él mismo nos pide a todos “que apliquemos con generosidad y valentía sus orientaciones sin prohibiciones ni miedos”.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 Despierta la conversión al Evangelio. Pásalo.
5 de enero de 2014
2 Domingo después de Navidad (A)
Juan 1, 1-18
 
ENSÉÑAME, SEÑOR, TUS CAMINOS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Son tantos los lugares recorridos
y tantos los sueños tenidos
creyendo y afirmando
que no hay más caminos
que aquellos que marca el caminante,
que hoy mi palabra duda y teme alzarse.

Pero desde este lugar en que me encuentro,
a veces sin rumbo y perdido,
a veces cansado, roto,
a veces triste y desilusionado,
a veces como al inicio,
te susurro y suplico:

Enséñame, Señor, tus caminos;
tus caminos verdaderos,
tus caminos desvelados y ofrecidos,
seguros, limpios y fraternos,
tus caminos de gracia, brisa y vida,
tus caminos más queridos,
tus caminos de "obligado cumplimiento",
a contracorriente de lo que más propaganda tiene,
que se recorren en compañía
y nos dejan a la puerta de tu casa solariega.

Llévame por tus avenidas de paz y justicia,
por tus rotondas solidarias y humanas,
por tus autopistas de libertad y dignidad,
por tus cañadas de austeridad y pobreza,
por tus sendas de utopía y novedad,
y si es preciso, campo a través siguiendo tus huellas
y por la calle real de la compasión y misericordia.

Y que al llegar a la puerta de tu casa
pueda lavarme y descansar en el umbral,
oír tu voz que me llama, y entrar
para comer y beber contigo
y sentirme hijo, y hermano en el banquete
preparado por ti y tus amigos. 

Florentino Ulibarri



DIOS ES MADRE DE QUIEN DEPENDEMOS
Escrito por  Fray Marcos
Lc 2, 16-21

Es una fecha cargada de connotaciones profundamente humanas: La circuncisión e imposición del nombre a Jesús. La maternidad de María. El comienzo del año. El día de la paz. No me gusta tratar más de un tema en cada homilía, pero hoy tenemos que hacer una excepción. La fiesta quedaría incompleta si omitiéramos alguno de los aspectos. De todas formas, desde el punto de vista litúrgico, la más importante es la de María madre.

1º.- "María madre de Dios". Es la fiesta más antigua de María en occidente. Pablo VI la recuperó y la colocó en este día de la octava de Navidad y primero del año. La maternidad de María es un dogma. Esto no nos tiene que asustar, porque lo que de verdad importa es la manera de entender hoy esa verdad.

Fue definido en Éfeso en el 431. Pero no se trata de un dogma mariológico, sino cristológico. ¡Ya me hubiese gustado que en aquella época se hubieran interesado por la figura de una mujer como madre! La verdad es que, ni en los evangelios ni en los primeros escritos cristianos se preocuparon de María.

La mejor prueba de que en la definición de Éfeso no querían decir lo que después se entendió, es que tuvo que ser aclarada veinte años después por el concilio de Calcedonia (451). En este concilio se afirmó, que María era madre de Dios, pero "en cuento a su humanidad". ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la humanidad de Dios?

Efectivamente, llamar a María "madre de Dios" porque fue la madre de Jesús, es violentar los conceptos. Jesús fue un ser humano que comenzó a existir en un momento determinado de la historia. Dios está fuera del tiempo y no puede tener ni principio ni fin.

Para entender el dogma de la "Theotokos" (la que pare a Dios), debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado. Era un intento de confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona: Jesús. Contra Nestóreo, que afirmaba dos personas en Jesús, una humana que era Jesús, y una divina, la segunda de la trinidad.

No debemos olvidar que el concilio de Éfeso lo promovió el mismo Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo. Faltó el canto de un duro, para que se saliera con la suya y condenaran como herejía lo que se definió como dogma.

Aunque no es lo que se definió, lo que se ha entendiendo del dogma, no deja de tener su importancia a la hora de pensar la realidad insondable de Dios. Que nos hayamos atrevido a dar una madre a Dios tiene unas connotaciones sicológicas incalculables. Manifiesta una necesidad de comprender a Dios desde nuestra realidad humana. Somos hijos de Dios y Él es a la vez Hijo de una mujer... Dios entrando en la dinámica humana y el hombre entrando en la dinámica divina. Llamar a María Madre es manifestar que es origen de algo tan importante como es la presencia de Dios en Jesús.

2º.- La circuncisión se hacía a los ocho días y era el rito religioso fundamental para el pueblo judío. Mucho más que el bautismo para nosotros. Implicaba ponerle un nombre, que en aquella época era muy importante y que en este caso no lo eligen ellos, sino que viene impuesto. Lo que significa el nombre "Jesús" (Dios salva) resume todo lo que fue su vida. La circuncisión suponía, además, la adhesión legal de la criatura al pueblo de Israel. Si era primogénito, como en el caso de Jesús, había que rescatarlo de la obligación de ofrecer al Señor todo primogénito, hombre o animal.

3º.- El comienzo del año supone traspasar una frontera. En el NT griego, encontramos dos palabras que traducimos por "tiempo", pero que tienen un significado muy diferenciado.

"Chronos" es el tiempo astronómico. Se refiere al paso de las horas, días y años... En principio, es lo que estamos celebrando hoy.

"Kairos". Sería el tiempo humano. Es el tiempo oportuno para hacer algo importante que atañe a la condición humana de cada uno. Este es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Se trata del tiempo que se me da a mí como oportunidad de crecer en el ser.

Nadie debería traspasar la frontera de un nuevo año sin hacer una reflexión sobre sí mismo, y valorar cómo está haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.

Sabemos que Dios es amor y que el don de sí mismo es total, absoluto y eterno. Nunca se podrá "arrepentir" de ser lo que es para nosotros. Pero ese don no es una imposición desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará absolutamente nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida animal y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que sólo se da más allá de lo biológico y lo racional. Para que Dios llegue a nosotros, tenemos que concebirlo y tenemos que darle a luz.

4º.- El día mundial de la paz, Tal vez sea una de las carencias que más afecta al ser humano de hoy, porque la ausencia de paz es la prueba palpable de una falta de humanidad. Ahora bien, la reflexión que hacemos no puede quedarse en aspavientos y quejas sobre lo mal que está el mundo. No podemos descubrir lo que significa la paz, hablando de guerras y conflictos.

No son las contiendas internacionales, por muy dañinas que sean, las que impiden a los seres humanos alcanzar su plenitud. Los grandes conflictos internacionales los originamos nosotros con nuestras riñas y pendencias individuales. Si no hay paz a escala mundial, la culpa la tengo yo, que lucho a brazo partido por imponerme a los que están a mi alrededor. El egoísmo que impide la armonía en nuestras relaciones personales es el causante de las más feroces guerras a todos los niveles.

La paz no es una realidad que podamos buscar con un candil. La paz será siempre la consecuencia de unas relaciones verdaderamente humanas entre nosotros. Es muy deprimente que nos sigamos rigiendo por el proverbio latino: "si vis pacem parat vellum". Si te preparas para la guerra, es que estás pensando en quedar por encima del otro para esclavizarlo. Si no existe una auténtica calidad humana no puede haber una verdadera paz, ni entre las personas ni entre las naciones.

El primer paso en la búsqueda de la paz, tengo que darlo yo caminando hacia mi interior. Si no he conseguido una armonía interior; si no descubro mi verdadero ser y lo asumo como la realidad fundamental en mí, ni tendré paz ni la podré llevar a los demás. Este proceso de maduración personal es el fundamento de toda verdadera paz. Pero es también lo más difícil. Una auténtica paz interior se reflejaría en todas nuestras relaciones humanas, comenzando por las familiares y terminando por las internacionales.

¡Recupemos el shalom judío! En esa palabra se encuentra resumido todo lo que intento deciros en estas líneas. Nuestra palabra "paz" tiene connotaciones exclusivamente negativas: ausencia de guerra, ausencia de conflictos, etc. Pero el shalom se refiere a realidades positivas. Decir shalom significaría un deseo de que Dios te conceda todo lo que necesitas para ser auténticamente tú, incluida la misma presencia de Dios en ti.

El ser humano auténtico es el que ha superado el egoísmo, es decir, ha dejado de pretender que todo, personas y cosas, giren en torno a él. Aprender a amar, preocuparse de los demás, entrar en armonía, no sólo con los demás sino con toda la creación es la auténtica preparación para la paz. El que ama no pelea por nada ni pretende nada de los demás, sino que está encantado de que todos saquen provecho de él.

Meditación-contemplación

¡Convierte el Chronos en Kairos!
Esta es mi principal tarea como ser humano.
Tengo que aprovechar el "tiempo" que se me da.
Mi tiempo no puede ser sólo geológico o biológico.
Mi tiempo tiene que ser siempre "humano".
...............

El tiempo que dedico a mí mismo,
puede ser el más humano y el más inhumano.
Conocerme mejor y crecer interiormente,
es el mejor camino para llegar a los demás.
..................

Sin interiorización no puede haber verdadera entrega a los demás.
Si descubro que todo lo que soy se debe a Otro,
será fácil que entre en la dinámica de unidad con los demás.
El Otro nos une a todos hasta identificarnos en el Uno.
........................

Fray Marcos



CUANDO LA PALABRA SE HACE CUERPO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Vivir es dejar que la Palabra se haga cuerpo
en nuestro cuerpo humano,
cuerpo de carne y sangre
con espíritu bíblico
y aliento solidario.

Y para ello
se necesita paciencia y tiempo,
cántaros de esperanza compartida
y dejar que la semilla crezca sola
en nuestras entrañas humanas
aunque no sepamos cómo.

Vivir
es gestar en paz y con cuidado al esperado,
que siempre es nuestro hermano,
que viene ilusionado a su casa,
sin ánimo de destronarnos
y sí de enriquecernos y alegrarnos.

Pero para ello
hay que estar embarazados
o dejar al Espíritu que repose,
como él quiera, en nuestro regazo;
y ponerse de parto
para que la Palabra acampe entre nosotros.

Vivir es...
¡Ya estoy, Señor, dándote cuerpo!

Florentino Ulibarri



CUANDO AL MIRARME EN EL ESPEJO
por Pedro Miguel Lamet SJ

Cuando al mirarme en el espejo, vago
hacia la sombra que detrás me dejo
y desayuno en la ventana un poco
de esta luz que me regala el tiempo,
te pregunto, Señor, cómo me llamo
y quién es este que pregunta al cielo
ahora que dicen que se acaba un año
y lo despiden con risas y festejos,
como si el fin no fuera cada día
y cada hora un nuevo comienzo;
como si pudiera retornar al niño
que jugaba a peonzas en el suelo
o al soñador sentado en la escollera
por bucear tu luz entre los versos.

Me parece este paso como un río
que no puedo atrapar; cual un intento
que no tiene otro fin ni otra diana
que despeñarse en un desfiladero
donde el “yo” ya es la nada iluminada
una gota amor unida al Universo.

Pedro Miguel Lamet



BUENOS SUEÑOS
Escrito por  Faustino 

Hoy necesitaríamos soñar:
Que todas las naciones se ponen de acuerdo para cuidar de todos los hombres y toda la tierra.
Que solo hay soldados para la paz, que se acaban las armas de guerra, que todo se resuelve negociando de forma trasparente y clara y ya no hay misiles, ni ejércitos entrenados para matar, ni aviones ni barcos de guerra.
Que todos los hombres y mujeres amamos los animales, los peces, las aves, los árboles, las plantas, el sol, la luna, las estrellas, el aire, las aguas, la lluvia, la nieve y el viento.
Que todos juntos eliminamos el hambre, la sed, las desigualdades, la indiferencia, la contaminación, la avaricia, las enfermedades.
Que todas las multinacionales dejan de explotar a Ruanda, al Congo, a Nigeria, a Guatemala, a Colombia, a la selva amazónica, a Somalia...
Que todos aprovechamos bien todos los recursos, evitamos el despilfarro, no contaminamos y cuidamos con mimo extremo a los más débiles.
Que recuperamos y rehabilitamos a todos los presos del mundo, abrimos todas las cárceles para que salgan todos y las cerramos para siempre.
Que todas las religiones se respetan, se ayudan y se unen para el amor, la armonía, la fraternidad, el cuidado de los niños, enfermos y ancianos, la construcción de la paz, la protección de la vida de todos y de todo, y reconocen a Dios como Padre-Madre de todos y de todo.
Cuantos más y cuanto más soñemos todos/as con esta utopía, más nos acercaremos a ella y nos iremos acercando a la felicidad de Jesús para todos los seres humanos y toda la creación.
Aún hay muchos muy dormidos sin soñar, que siguen con los ojos cerrados, pero cada vez hay más personas muy despiertas soñando con un mundo mejor.

Faustino Vilabrille



FELIZ AÑO NUEVO, HERMANOS
Escrito por  José Enrique Galarreta

Feliz año nuevo, hermanos,
feliz, que no se cumplan
vuestros deseos, que siempre son para mal.
Que no os toque la Lotería, que con el dinero
se os endurecerá el corazón y miraréis
al suelo, sólo al suelo,
y dejaréis de caminar.
Que no os sonría la salud, que un día
el dolor os haga comulgar con el dolor
de los hermanos.
Y que no os quiera todo el mundo,
que el mundo sólo quiere a los suyos
y vosotros no,
no sois del mundo.

Feliz año, hermanos, año nuevo,
nuevo de nuevas ganas de vivir caminando,
nuevo de caminar mejor, de ser más libres,
año de servir más, año de conocer
a Jesús, el Libertador.

Feliz año libre, hermanos, libre
de necesitar más tierra en vuestras bolsas, libre
de no pensar en que otros pasan hambre, libre
de medir a los otros como ellos os miden, libre
de estar histéricos porque os quieran y os alaben, libre
de estar angustiados por vuestros propios pecados, libre
de prescindir de Dios, y de temerle, libre
hasta de la Ley, que ya ha venido
Jesús Libertador, que se muera la muerte
de servir al dinero y al confort y a la envidia,
que se muera la muerte del temor a Dios juez,
que se muera y se pudra el precepto,
el castigo, que se muera el infierno, que se muera
ese viejo de tierra calculador y corto de vista
que nació con nosotros en nuestra propia carne,
que se muera la carne, que ya está entre nosotros.

La Vida, Nueva de primavera, brillante de pura aurora,
que todo es nuevo, que nos han roto las cadenas,
que los montes y las estrellas van radiando
la Gran Noticia, el Evangelio eterno,
que Dios te quiere, que ya te han Liberado, que eres
Hijo, que nunca, nadie
podrá apartarte del amor de tu Padre,
manifestado en Jesús,
nuestro hermano mayor, nuestra cabeza
de puente, el caminante
que ya está allí, arrastrando la cordada
de todos los hermanos
desde la casa de la luz eterna.

José Enrique Galarreta



JESÚS, VINO NUEVO
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 2, 16-21

Es el relato inmediatamente posterior al nacimiento. Se plantea ya en él, protagonizada por María, la pregunta básica del evangelio y de todo hombre: ¿quién es éste niño, de apariencia normal?

La segunda parte del texto muestra la circuncisión de Jesús. La circuncisión es la señal del pueblo, la señal de la Alianza, y expresa el sometimiento a la Ley.

La gran polémica que sostendrá Pablo en los primeros años de la Iglesia se centrará precisamente en la circuncisión: ¿hay que seguir circuncidándose para seguir a Jesús?. No se trata de algo exterior, de un mero rito. La circuncisión simboliza la aceptación de toda la ley judaica. Pero Pablo vio bien, mejor que nadie, que Jesús no es simplemente la plenitud de Israel, y que la Ley de Israel se ha quedado atrás, absolutamente superada por Jesús.

Se supone que hoy es el primero de Enero, el primer día del año, en que los pueblos de cultura occidental celebran el Año Nuevo. La fiesta de hoy ha sufrido una serie de cambios. Hace años, esta era la fiesta de la Circuncisión, a los ocho días del nacimiento. Después se celebró, como extensión de esa fiesta, el Nombre de Jesús, puesto que era el día de la circuncisión cuando se imponía el nombre. Últimamente se celebra la fiesta de Santa María, la Madre de Jesús, con el título de Madre de Dios.

Las lecturas de la Eucaristía, sin embargo, no han cambiado, así que no vamos a fijarnos en estas cambiantes "advocaciones", sino más bien en el mensaje que sugieren los textos por sí mismos.

El centro del mensaje de estos textos es sin duda la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús. El hecho de la circuncisión en sí nos resulta a nosotros lejano, de escaso interés. Nosotros entendemos la circuncisión como un rito propio de algunos pueblos, y practicado también entre nosotros en algunas ocasiones, con más o menos sentido higiénico o iniciático, según las culturas, sin más trascendencia.

Para el pueblo de Israel, la circuncisión era la señal externa, impresa en la propia carne, de la Alianza con el Señor. Era la señal visible de la consagración a Yahvé. Y así, "incircunciso" es un término peyorativo, significa que no pertenece al pueblo, que es gentil, pagano, que no tiene nada que ver con Yahvé, con la Alianza, con la Promesa.
Circuncidarse significa por tanto comprometerse con Dios, aceptar la Ley. La circuncisión de Jesús es la expresión de pertenecer al pueblo y aceptar la Ley del Señor. Es una acción normal para cualquier israelita, todos los niños se someten a ella. El hecho de que el evangelista lo recoja tiene además un sentido añadido. Jesús, nacido bajo la Ley, como se recoge en la carta a los Gálatas.

"Nacido bajo la Ley". Esto planteaba para aquellos israelitas un tema de suma importancia. Observar fielmente la Ley era para Israel la garantía de que Dios estaba con ellos, garantizaba la existencia del pueblo contra sus enemigos, le mantenía su protección.

La fe más antigua de Israel consiste en un pacto con Dios: la parte de Israel es cumplir la Ley; la parte de Dios es proteger a Israel contra sus enemigos. Cuando ocurren desgracias, cuando se pierden batallas, todo esto se atribuye siempre a la infidelidad del Pueblo, o del rey. Cuando el pueblo es llevado al destierro, Jerusalén y el Templo son destruidos, se entiende que el Señor castiga la infidelidad, pero mantiene su Promesa para el futuro, cuando vuelvan a cumplir la Ley.

Así, la religión de Israel es una religión nacional, tiene un peligroso parecido con otras religiones, y su dios se parece a otros dioses, que también defienden a sus pueblos con tal que el pueblo les ofrezca la veneración debida.

En el Destierro y al regresar a la Tierra, la reflexión de los Profetas irá entendiendo que todo eso es muy exterior, que no es suficiente. La relación con Dios va adquiriendo cada vez más un sentido personal, espiritual. Dios no quiere tanto sacrificios en el Templo como verdad y justicia. Israel no es tanto el pueblo favorito de Yahvé cuanto Luz de las naciones.

Pero esto es lo máximo a lo que puede llegar la fe de Israel. Jesús nace en esa fe... para ir mucho más lejos, y el que entendió perfectamente esto fue precisamente Pablo. En los primeros tiempos después de Jesús, muchos judíos convertidos a Jesús siguieron pensando que seguía en vigor la Ley antigua, perfeccionada por Jesús.

Primero fue una sorpresa que hubiera que anunciar el evangelio también a los paganos. Luego fue un escándalo que para seguir a Jesús no hubiera que circuncidarse, ni observar el Sábado y los otros preceptos de la Ley. Esto produjo una fuerte polémica e incluso divisiones muy serias: aparecen con claridad en Los Hechos de los Apóstoles.

Finalmente se impone la tesis de Pablo. No hay que circuncidarse, no hay que observar la ley de Moisés, se trata de algo nuevo, no simplemente de perfeccionar la Ley antigua.

Toda esta polémica, que fue crucial para la primera Iglesia, a nosotros nos resulta lejana, pero tiene un sentido profundo que nos importa mucho. Hemos heredado de la primitiva Iglesia el nombre de "Pueblo de Dios", como un nuevo Israel. Sabemos que la circuncisión corporal fue sólo un rito externo y que lo que importa es, como dijeron los Profetas, "la circuncisión del corazón". Sabemos que la expresión "Pueblo de Dios" no tiene nada que ver con una nación, una raza, una organización.

Pero es el momento de reflexionar sobre el pecado de Israel y nuestro pecado. "Somos el Pueblo de Dios"... ¿y otros no? Israel pensó que Dios estaba con ellos "contra otros". Nosotros sabemos que Dios está con nosotros, con todos nosotros, con todos lo humanos, contra el pecado. Israel pensó que era un privilegiado entre los demás porque conocía a Dios: ¿lo pensamos así nosotros? Hemos sido capaces de formular aquello de "fuera de la iglesia católica no hay salvación", y algunos hasta lo han defendido como un dogma.

Quizá nosotros no seríamos ya capaces de afirmar todo esto, pero sin duda seguimos creyendo que somos nosotros los que sabemos algo de Dios, y otros no; que, acerca de Dios, no tenemos que aprender nada de los que no conocen a Jesucristo; y quizá también que para nosotros la salvación es más sencilla que para ellos... En resumidas cuentas, que seguimos pensando que pertenecer al Pueblo de Dios es una prebenda, un privilegio, un don que nosotros tenemos y otros no. Seguimos teniendo en la cabeza una arcaica noción: hemos recibido la Palabra de Dios, luego Dios es nuestro.

Pero la Palabra de Dios no está encadenada, ni siquiera a su Pueblo, ni a su Iglesia, ni a nada. La palabra de Dios es la luz del mundo y está en toda verdad, en toda belleza, en toda sabiduría, en todo bien. Y el corazón de los seres humanos de todas las razas y culturas y épocas, la siente, la recibe o la rechaza.

Nosotros hemos llegado a pensar que Jesús puso en marcha otra Religión, la Verdadera, la Definitiva, y así, hemos equiparado lo de Jesús con las demás religiones, que siempre expresan la manera de ser de cada pueblo, que hablan siempre de "nuestro Dios", y rechazan los dioses de los demás como ídolos o demonios...

Lo de Jesús está más en el fondo. Revela lo que hay de verdad en toda religión, cultura o comportamiento, y saca a la luz sus carencias. Y nuestra religión puede ser iluminada por la luz de Jesús, mostrando sus verdades y sus carencias, o puede creerse tranquilamente que, puesto que somos el Pueblo de Dios, todo en nosotros es verdad y somos la Luz de las Naciones.

Le pusieron por nombre Jesús, el libertador. El pueblo de Israel tuvo que ser liberado incluso de su concepto de sí mismo, de su concepto de pueblo elegido. Podemos preguntarnos de qué tenemos que ser liberados nosotros, la Iglesia, y si el concepto de Pueblo de Dios que tenemos no es nuestro primer pecado, uno de los más viejos de todos los pueblos: querer apropiarnos de Dios, pensar que somos más que otros porque "Dios está con nosotros".

NOTA SOBRE "SANTA MARÍA MADRE DE DIOS"

Decir "Madre de Dios" implica que conocemos los dos términos: "Madre" y "Dios".
"Madre" es la que engendra, para lo cual tiene que existir antes que el hijo.
"Dios" es el ser eterno, trascendente, creador de todo lo demás. Así que no puede tener madre pues nada puede ser anterior a Él.
Esto quiere decir que vamos por mal camino. Cuando decimos "Madre de Dios" decimos algo tan ininteligible como "Jesús es Dios". Ya hablamos de esto a propósito de la divinidad de Jesús en la fiesta de la Navidad.
La Iglesia, de siempre, ha intentado honrar a la madre de Jesús con todo lo más hermoso que se le ha ocurrido: Inmaculada, Mediadora Universal, Madre de la Iglesia... Madre de Dios... Es magnífico. Todo lo que se nos ocurra y más es poco para honrar a la Madre de Jesús. Al decir "Madre de Dios" queremos decir "Madre de Jesús", que es "El Hijo Único", "El Primogénito", "en quien reside toda la plenitud de la divinidad"... Conforme: y con todo eso no hacemos más que expresar nuestra admiración, nuestra sospecha de que hay más de lo que podemos entender, y mucho más de lo que estos pobres términos contradictorios pueden expresar.
Y no se arme más líos, que no va usted a entender más.

José Enrique Galarreta



Bendición para el nuevo año
por Florentino Ulibarri

Que tu mirada gane en hondura y detalle
para que puedas ver más claramente
tu propio viaje con toda la humanidad
como un viaje de paz, unidad y esperanza.
Que seas consciente de todos los lugares
por los que caminas y vas a caminar en el nuevo año,
y que conozcas por experiencia
qué bellos son los pies del mensajero que anuncia la buena noticia.
Que no tengas miedo a las preguntas
que oprimen tu corazón y tu mente,
que las acojas serenamente y aprendas a vivir con ellas
hasta el día en que todo quede al descubierto.
Que des la bienvenida con una sonrisa
a todos los que estrechan tu mano:
las manos extendidas forman redes de solidaridad
que alegran y enriquecen con su presencia protectora.
Que sea tuyo el regalo de todas las cosas creadas,
que sepas disfrutarlas a todas las horas del día,
y que te enfrentes, con valentía y entusiasmo,
a la responsabilidad de cuidar la tierra entera.
Que el manantial de la ternura y la compasión
mane sin parar dentro de ti, noche y día,
hasta que puedas probar los gozos y las lágrimas
de quienes caminan junto a ti, tus hermanos.
Que despiertes cada mañana sereno y con brío,
con la acción de gracias en tus labios y en tu corazón,
que tus palabras y tus hechos, pequeños y grandes,
proclamen que todo es gracia, que todo es don.
Que tu espíritu esté abierto y alerta
para descubrir el querer de Dios en todo momento,
y que tu oración sea encuentro de vida, de sabiduría,
y de entendimiento de los caminos de Dios para ti.
Que tu vida este año, cual levadura evangélica,
se mezcle sin miedo con la masa
y haga fermentar este mundo en que vivimos
para que sea realmente nuevo y tierno.
Y que la bendición del Dios que sale a tu encuentro
que es tu roca, tu refugio, tu fuerza, tu consuelo
y tu apoyo en todo momento, lo invoques o no,
descienda sobre ti y te guarde de todo mal.

(Florentino Ulibarri, de su libro “Al viento del Espíritu”)


¿Quienes somos los jesuitas?

Nos apodan Jesuitas...
pero somos los Compañeros de Jesús y hoy es la fiesta titular de la Compañía de Jesús.

Cuentan que cuando San Ignacio de Loyola y los primeros compañeros, decidieron fundar una orden religiosa, alguien había sugerido el nombre de “ignacianos”. San Ignacio se resistió y dijo: “No quiero seguidores para mi, quiero compañeros para seguir a Jesús”. Y así surgió el nombre de Compañía de Jesús.

La espiritualidad de la Compañía de Jesús viene de los Ejercicios Espirituales, en donde el foco central es el seguimiento de Jesús. Por eso el nombre de Jesús acompaña siempre el nombre los trabajos de los compañeros. El anagrama IHS (significa Jesús) y esté se encuentra en el centro del escudo de la Compañía. Es significativo también que desde el principio los compañeros de Jesús fuimos apodados “jesuitas”. Este fue un apodo con “cool”, se volvió diríamos hoy “viral”, de manera que terminó siendo un nombre oficial para nosotros.

El día 3 de enero se celebra la fiesta litúrgica para el “Santísimo Nombre de Jesús”. En una carta reciente del Padre Adolfo Nicolas SJ, nuestro general, nos pide que esta fiesta sea celebrada como solemnidad en todas nuestras casas, pues celebrar el nombre de Jesús, es renovar el compromiso con Él y su misión, procurando siempre el mayor servicio a la misión de Cristo (CG 35)

Hoy el Papa presidirá la eucaristía de esta solemnidad para los jesuitas en la Iglesia de Gesú en Roma. Y también daremos gracias por la canonización de nuestro hermano Pedro Fabro SJ.

Que el Señor Jesús nos ayude a ser fieles a su seguimiento y nos permita descubrir a donde somos llamados para ir servir en su misión para que todo podamos amar y servir.

- texto escrito por un jesuita de Brasil.



El Papa Francisco está celebrando la Misa en la Iglesia de Jesús en el día de la fiesta litúrgica del Santo Nombre de Jesús es de una celebración de acción de gracias, agradeciendo la canonización del jesuita Pierre Favre, cofundador de la Compañía de Jesús.


Concelebraron con el Papa sus compañeros jesuitas presentes en Roma. Esta es la tercera vez que Francisco visita esta iglesia querida por san Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús, en el corazón de Roma. En la histórica iglesia romana tan ligada a la vida de su fundador, Francisco, primer Papa jesuita, celebró la fiesta litúrgica de San Ignacio de Loyola, con los jesuitas, de forma privada, el pasado 31 de julio. Así como también, se detuvo en ella en el marco de su visita forma privada al Centro Astalli de Roma, que es la sede italiana del Servicio Jesuita para los Refugiados, el pasado 10 de septiembre.

El Papa Francisco dijo en su homilía que el Evangelio debe ser anunciado con mansedumbre y amor, no con palos. "Cada uno de nosotros, los jesuitas, que seguímos a Jesús, debemos estar dispuesto a vaciarnos, siendo hombres que no vivan centrados en si mismos, porque el centro debe ser Cristo y su Iglesia. Dios es lo primero y si Dios no es lo primero la compañía está confundida."

Texto completo de la homilía del Papa Francisco:

"San Pablo nos dice, lo han escuchado, 'Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús, Él mismo estando en la condición de Dios, no consideró un privilegio ser como Dios pero se anonadó a si mismo asumiendo una condición de siervo'. Nosotros, los jesuitas, queremos llevar el nombre de Jesús, militar debajo del estandarte de su cruz, y esto significa tener los mismos sentimientos de Cristo, significa pensar como Él; querer bien como Él; ver como Él; caminar como Él.

Significa hacer lo mismo que Él hizo y con sus mismos sentimientos, con los sentimientos de su corazón. El corazón de Cristo, de un Dios que por amor se ha vaciado. Cada un de nosotros los jesuitas, que siguen a Jesús, deberían estar dispuestos a vaciarse a sí mismo. Estamos llamados a este vaciamiento, ser vaciados, ser hombres que no deben vivir centrados sobre si mismos, porque el centro de la Compañía es Cristo y su Iglesia.

Y Dios es siempre el 'Deus semper maior', el Dios de las sorpresas, y si el Dios de las sorpresas no está siempre en el centro, la Compañía se desorienta. Por eso ser jesuita significa ser una persona del pensamiento incompleto, del pensamiento abierto, porque piensa siempre mirando al horizonte que es la gloria de Dios, siempre mayor, que nos sorprende sin descanso. Es esta la inquietud de nuestra aspiración, la santa y bella inquietud.

Porque pecadores, podemos pedirnos si nuestro corazón ha mantenido la inquietud de la búsqueda o si por el contrario se ha atrofiado, si nuestro corazón está siempre en tensión, un corazón que no se relaja, no se cierra en si mismo, pero que marca el ritmo de un camino que es necesario cumplir junto a todo el pueblo de Dios. Es necesario buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo y siempre. Solamente esta inquietud le da paz al corazón de un jesuita.

Una inquietud también apostólica no nos debe hacer renunciar al anuncio del kerigma, a evangelizar con coraje. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apostólica, sin inquietud somos estériles. En esta inquietud que tenía Pietro Favro, hombre de grandes deseos, había otro Daniel.

Favre era un hombre modesto, sensible, de profunda vida interior, dotado del don de tener amistad con personas de todo tipo. Era un espíritu inquieto, indeciso, nunca satisfecho. Bajo la guía de san Ignacio logró unir su sensibilidad inquieta, pero también dulce y exquisita, con la capacidad de tomar decisiones. Era un hombre de grandes deseos, se ha hecho cargo de sus deseos y los ha reconocido. Más aún, Pierre Favre, cuando se proponen cosas difíciles es que se manifiesta el verdadero espíritu de un hombre de acción. Una fe profunda implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo.

Esta es la pregunta que debemos ponernos: tenemos también nosotros grandes visiones y arrojos? ¿Somos nosotros también audaces? Nuestro sueño vuela alto, el celo nos devora? O somos mediocres y nos conformamos de nuestras programaciones apostólicas de trabajadores. Recordémoslo siempre: la fuerza de la Iglesia no vive en sí misma y en su capacidad organizativa, pero se esconde en las aguas profundas de Dios. En estas aguas se agitan nuestros deseos y los deseos ensanchan el corazón, como decía san Agustín: rezar para desear y desear para ensanchar el corazón.

Justamente en sus deseos Favre podía discernir la voz de Dios. Sin deseos no se va a ninguna parte. Es por ello que hay que ofrecer los propios deseos al Señor. En las constituciones se dice que se ayuda al prójimo con los deseos presentados a Dios Nuestro Señor. Favre tenía el verdadero deseo de ser dilatado en Dios, estaba totalmente centrado en Dios, por eso podía ir en espíritu de obediencia, también muchas veces a pié por todas partes de Europa a dialogar con todos con dulzura, era la lanza del evangelio.

Me hace pensar a la tentación que quizás podemos tener nosotros, de relacionar el anuncio del evangelio con palazos inquisitorios y condenatorios. No, el evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor. Su familiaridad con Dios le llevaba a entender que la experiencia interior y la vida apostólica van siempre juntos. Escribe en sus memorias que el primer movimiento del corazón tiene que ser desear lo que es esencial y originario, o sea que el primer puesto sea dado a la solicitud perfecta de encontrar a Dios nuestro Señor. Favre encuentra el deseo de dejar que Cristo opere en el centro del corazón. Solamente si se está centrado en Dios se puede ir a las periferias del mundo. Y Favre viajó sin tregua también por las fronteras geográficas a tal punto, que se decía de él 'parece que haya nacido para no estar quieto en ninguna parte'.

Favre era devorado por el intenso deseo de comunicar al Señor. Si nosotros no tenemos su mismo deseo entonces tenemos necesidad de detenernos en oración y con fervor silencioso pedirle al Señor por intercesión de nuestro hermano Pietro, que vuelva a fascinarnos con el brillo del Señor que llevaba a Pietro a todas estas locuras apostólicas y a ese deseo sin control.

Nosotros somos hombres en tensión, somos también hombres contradictorios e incoherentes, pecadores todos, pero hombres que quieren caminar bajo la mirada de Jesús. Somos pequeños, pecadores, pero queremos militar bajo el estandarte de la cruz, en la Compañía que lleva el nombre de Jesús. Nosotros que somos egoístas queremos entretanto vivir una vida agitada por grandes deseos. Renovemos entonces nuestra oración al Eterno Señor del Universo, para que con la ayuda de su Madre Gloriosa, podamos querer, desear, vivir el sentimiento de Cristo que se vació a si mismo. Como decía Pietro Favre, no busquemos en esta vida un nombre que no se aferre a aquel de Jesús. Recemos a la Virgen de ser puestos con su Hijo.