martes, 3 de diciembre de 2013

RECORRER CAMINOS NUEVOS - José Antonio Pagola


RECORRER CAMINOS NUEVOS - José Antonio Pagola

Por los años 27 o 28 apareció en el desierto del Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: Abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”. No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: “La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida”. Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?“.

Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: “Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes”.

Me parece admirable la clarividencia evangélica del Papa Francisco. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes, es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos esta indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia. Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: “una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta”. No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: “una Iglesia que se encierra en el pasado, traiciona su propia identidad”. Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar “un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada”. “Buscar una Iglesia pobre y de los pobres”. Anclar nuestra vida en la esperanza, no “en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos”. 

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a recorrer caminos nuevos en la Iglesia. Pásalo. 8 de diciembre de 2013
2 Adviento (A)
Mateo 3, 1-12



CANTO DE MARÍA TRAS LA ANUNCIACIÓN
Escrito por  Florentino Ulibarri

Canto a Dios que me dio y da la vida
y envía su mensajero para conocer mi respuesta.
Él, que hizo el universo entero y lo mantiene,
no quiere forzar mi corazón ni mi voluntad.
Por eso bailo ante mi Señor con alegría,
porque es el único que ama, respeta y libera.

Él se ha fijado en mí sin motivo,
me ha sacado del anonimato de la historia
y colocado por encima de los prepotentes.
Sin estudios, sin nobleza, sin riqueza,
sin la belleza que ostentan las princesas,
soy, ahora, el orgullo de los humildes.

Siendo una joven humilde y sencilla,
poca cosa para lo que se estila y admira,
pero con un espíritu noble y generoso,
me pidió mi corazón, mi voluntad y mi futuro
y se lo di, a la primera, por amor, a ciegas.
Él, que es pura generosidad, me recompensa.

Sin trucos ni pactos ni milagros raros,
solo sirviéndose de un amor plenamente humano,
ha transformado mis entrañas en regazo de vida,
mi pobreza en riqueza y sabiduría.
Ha hecho brillar en mí su humanidad
que supera toda riqueza y hermosura.

Estaba sola en la soledad de mi infortunio
y me abandoné en sus manos tiernas;
Él me llenó de paz con su presencia cierta,
me levantó por encima de los engreídos
y de los que gozan con el mal y la injusticia.

Me dio fuerza, coraje y visión cierta
para auxiliar a emigrantes y desvalidos
y que todos vean que cumple sus promesas.
Él libera con prontitud al oprimido
y colma la libertad de todos sus hijos e hijas.

Él regala todo lo suyo a quien se deja regalar,
y acoge con ternura y gracia lo que le ofrecemos.
Es tanta la predilección y ternura que ha tenido por mí
que escucho su susurro de gracia y vida todos los días.
Poseída por su Espíritu no me importa ser elegida
y colaborar en el parto de su Reino de vida.

Florentino Ulibarri



EN TODOS HAY ALGO INMACULADO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 1, 26-38

Con preocupación y pena, descubro una y otra vez, que muchos no se han enterado de la diferencia entre "Inmaculada Concepción" y "Concepción virginal" de María.

"Inmaculada" hace referencia al momento en que María fue concebida. Es decir, María fue concebida sin ningún rastro de pecado, incluido el "pecado original", desde el primer instante.

La virginidad hace referencia a la concepción de Jesús por María. Debido a una interpretación literal de los evangelios, es tradición en la Iglesia, que María concibió a Jesús, no como los demás seres humanos, es decir, mediante el concurso de una mujer y un varón, sino que la parte que correspondía al varón la suplió el Espíritu Santo...

La doctrina de la Inmaculada es un dogma, proclamado por Pío IX en 1854. Puede ser interesante recordar el proceso histórico que llevó a esta formulación. Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de María inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado la idea que hoy tenemos del pecado original. Así de sencillo. El concepto de pecado original, tal como ha llegado hasta nosotros, se debe a S. Agustín. Solo cuanto se creyó que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (mácula), se empezó a pensar en una María in-maculada. Este pensamiento caló muy pronto en el pueblo sencillo, siempre abierto a todo lo que estimule su sensibilidad. En el siglo VII ya se celebraba una fiesta de la Inmaculada.

Durante toda la Edad Media, se mantuvo una violenta discusión entre los "inmaculistas" y los "maculistas". Entre los más de doscientos teólogos importantes, que no creían en la inmaculada, encontramos a figuras tan destacadas y tan marianas como S. Bernardo, S. Alberto Magno, S. Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Esto nos muestra que lo que pensaban no tiene nada que ver con la mayor o menor devoción a Maria. San Bernardo, el santo más devoto de María, dice en el año 1140: "esa invocación (Inmaculada) ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua".

Hay que dejar claro que la discusión se centraba en un punto muy concreto: ¿La santificación de María, que nadie discutía, se realizó en el "primer instante de su existencia" o "un instante después?"

Fue Juan Duns Escoto el que, por fin, dio con el argumento ¿decisivo? "A Dios le convenía que su madre fuera inmaculada. Como Dios, puede hacer todo lo que quiera. Lo que Dios ve como conveniente lo hace; luego Dios lo hizo" (y se quedó tan ancho). Ni la idea de Dios ni la idea de salvación ni la idea de pecado original que se manejaba en aquellas discusiones, puede ser sostenida hoy.

Aunque la realidad del pecado original es un dogma, los exegetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis que no es compatible con la idea de pecado original desarrollada por S. Agustín: "una tara casi física, que se trasmite por generación a todos". Menos sostenible aún es que la culpa la tengan Adán y Eva. Hoy sabemos que no ha existido ningún Adán creado directamente por Dios. El paso de los simios al "homo sapiens" ha sido mucho más lento de lo que habíamos creído. En ese proceso, no hay manera de colocar una línea divisoria que diferencie a un simio de un ser humano.

Si un usuario quema el motor de su coche por no ponerle lubricante, es ridículo pensar que por ese hecho, saldrán desde entonces de fábrica todos los coches chamuscados. La realidad es que no existe el coche perfecto y que todos, antes o después terminan por averiarse. Si el fallo se debiera a un defecto de fábrica, no solo el usuario no tendría ninguna responsabilidad sino que tendría derecho a una indemnización.

El pecado, incluido el original, no es ningún virus que se pueda quitar o poner. El primer "fallo" (pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y por lo tanto de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a un conocimiento limitado, que le hace tomar por bueno, lo que es malo para él.

La voluntad humana elige siempre el bien, pero ella no es capaz de discernir lo bueno de lo malo, tiene que aceptar lo que le propone el conocimiento. Lo que todos heredamos es esa limitación radical para conocer claramente el bien.

El concepto de pecado como ofensa a Dios, necesita una revisión urgente. Creer que los errores que comete un ser humano pueden causar una reacción por parte de Dios, es ridiculizarlo. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor y lo será siempre y para todos. Al fallar, yo me hago daño a mí mismo y a las demás, nunca a Dios. Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios será siempre invariable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento, la base de mi propio ser. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo y vivirlo.

El dogma dice: "por un singular privilegio de Dios". En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Nada puede haber fuera de Dios. Además no tiene partes. Si se da, se da totalmente, infinitamente.

Lo que nos dice Jesús es que Dios se ha dado a todos. Esto no quiere decir que María no sea un ser extraordinario. Al contrario desde aquí es desde donde podemos valorar la grandeza de su singularidad.

Ella fue lo que fue porque descubrió y vivió esa realidad de Dios en ella. Todo lo que tiene de ejemplaridad para nosotros se lo debemos a ella, no a que Dios le haya colmado de privilegios. Puede ser ejemplo porque podemos seguir su trayectoria y podemos descubrir y vivir lo que ella descubrió y vivió. Si seguimos considerando a María como una privilegiada, seguiremos pensando que ella fue lo que fue gracias a algo que nosotros no tenemos, por lo tanto, todo intento de imitarla sería vano.

Hablar de María como Inmaculada tiene un sentido mucho más profundo que la posibilidad de que se le haya quitado un pecado antes de tenerlo. Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) hubo algo, en lo más hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si ese núcleo inmaculado se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos. Esa parte de nuestro ser que nada ni nadie puede manchar, es nuestro auténtico ser. Es el tesoro escondido, la perla preciosa.

Para descubrir esa realidad tienes que bajar hasta lo más hondo de tu ser. Descubrirás primero los horrores de tu falso yo. Será como entrar en un desván lleno de muebles rotos, ropa vieja, telarañas, suciedad. Al encontrarte con esa realidad, la tentación es salir corriendo, porque tendemos a pensar que no somos más que eso. Pero si tienes la valentía de seguir bajando, si descubres que eso que crees ser, es falso, encontrarás tu verdadero ser luminoso y limpio, porque es lo que hay de divino en ti...

La fiesta de María Inmaculada nos manifiesta la cercanía de lo divino en ella y en nosotros. En ella descubrimos las maravillas de Dios. Pero lo singular de María esta en que hace presente a Dios como mujer, es decir, podemos descubrir en ella lo femenino de Dios. Para una sociedad que sigue siendo machista debería ser un aldabonazo. María es grande porque descubrió y vivió lo divino que había en ella. No son los capisayos que nosotros le hemos puesto a través de los siglos, los que hacen grande a María sino haber descubierto su mismo ser fundado en Dios y haber desplegado su vida desde esta realidad.


Meditación-contemplación


"Él nos eligió para que fuésemos inmaculados".
Esa elección es para todos sin excepción.
No es una posibilidad sino la realidad que me hace ser.
Descubrirla y vivirla sí depende de mí.
......................

No es nada fácil descubrir lo divino que hay en ti,
porque está escondido bajo la ganga que creo ser.
Mi tarea, que puede durar toda una vida,
es apartar la suciedad y llegar hasta el tesoro.
......................

Que nadie te convenza de que eres basura.
No dejes que nadie te desanime.
No basta con haber oído que el tesoro está ahí.
Es necesario experimentar y vivir esa presencia.
...............................



Fray Marcos




MARÍA Y NOSOTROS LA IGLESIA
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 1, 26-38

El evangelio de Lucas pertenece también al género "relato teológico". La pegunta que nos podemos hacer no es "¿qué pasó en el vientre de María?" ni mucho menos es cuestión de óvulos y espermatozoides, ni el mensaje se refiere a María sino a Jesus, para presentarlo, ya desde el principio como obra del Espíritu, lleno del Espíritu. Por tanto, este relato poco tiene que ver con la concepción de María.

Esta aplicación se ha hecho interpretando la frase "llena de gracia" que se interpreta como "completamente libre del pecado, incluso del pecado original". Esta interpretación es forzada, especialmente porque depende de la existencia del pecado original...

En consecuencia, la Inmaculada Concepción de María no tiene evidentemente fundamentos bíblicos. Se basa en la elaboración posterior de algunos teólogos.

Tanto el dogma de la Asunción como el de la Inmaculada Concepción como el de la maternidad divina de Maria son fruto de épocas en las cuales la Iglesia, los fieles y su jerarquía, pretenden ensalzar lo más posible a la madre de Jesús otorgándole toda clase de títulos, con mayor o menor fundamento en la Palabra de Dios.

De esa misma mentalidad provienen muchas imágenes de María ataviada como una reina terrenal, llena de joyas y oros, que excitan un fervor (dudosamente religioso) en muchas personas, así como la advocación a las diversas "vírgenes" locales, patronas de numerosas localidades, honradas en sus santuarios incluso por muchas personas que manifiestamente no tienen nada de seguidores de Jesús.

Este tipo de dogmas y devociones provienen escasa y lejanamente de La Buena Noticia y en consecuencia para muchos no son buenos instrumentos para acercarnos al seguimiento de Jesús. Respetándolos, pues, como merecen, me atrevo a ofrecer otra vía de devoción a María, por si a alguien le resulta útil.

Hubo un tiempo, y todavía perdura en la mente de muchos buenos cristianos y en la predicación de algunos (¿bastantes?) sacerdotes, en que el corazón de la Buena Noticia, "Abbá", había desaparecido. Se había vuelto atrás, al Dios terrible del AT, al que castiga severamente, al que manda a sus hijos al infierno, al Dios que da miedo.

La palabra "Padre", que en labios de Jesús significaba casi como "mamá", es decir, sentirse querido, confiar, había sido desplazada por la primera persona, todopoderosa y arcana, de la Trinidad. Hasta en la liturgia se notaba (se nota): la inmensa mayoría de las oraciones de la misa no se dirigen al Padre, a Abbá, sino al Dios Todopoderoso y Eterno. El pueblo cristiano se había quedado sin Abbá, sin madre.

Hasta el mismo Jesús se llegó a representar como un emperador terrible. No tienen más que mirar a los "Pantocrator" medievales. Un rey superpoderoso, sin un átomo de dulzura, sin un átomo de humanidad. Sólo distancia, ley, divinidad desencarnada, temor.

La Buena Noticia estaba en peligro. Pero el pueblo cristiano fue mucho más inteligente, mucho más cristiano que sus jefes y sus teólogos, y desplazó lo más cristiano de los atributos de Dios y de Jesús a la madre de Jesús, a María. Madre de misericordia, refugio de pecadores, consuelo de afligidos, auxilio de los cristianos...

Todo lo que es Abbá, todo lo que es Jesús, fue transferido a María. Y así se salvó lo esencial de la Buena Noticia de Jesús sobre Dios. Se había producido el milagro, la presencia del Espíritu en el pueblo de Dios. El pueblo cristiano, privado de Abbá, salvó su fe por María, la Madre.

La Madre no da miedo, porque no es Dios. Dios, y Jesús, daban miedo, porque se había retrocedido, ignorando la Buena Noticia: se había sustituido a Abbá, el papá en quien se puede confiar, que da seguridad y cariño, por el Señor Padre Todopoderoso, lejano y más bien temible; se había sustituido a Jesús de Nazaret, el que curaba porque era compasivo, el que era asequible y cercano a la gente normal, por el Verbo Encarnado, extraterrestre semejante, sólo semejante, a nosotros.

La gente se había quedado sin médico, sin padre, sin amparo. Y encontró a la Madre: refugio de pecadores, consuelo de afligidos... exactamente lo que significa Abbá.

Naturalmente, a María se le transfirieron también otros atributos divinos, para corroborar la fiabilidad de nuestra confianza: medianera de todas las gracias, sin pecado original, 'asumpta' al cielo, reina de todo lo creado... (hasta seguimos invocándola como "madre del Creador", sin que nadie que yo sepa haya reparado en la formidable contradicción de esos dos términos juntos).

No hay palabras ni sentimientos capaces de agradecer suficientemente a María, la madre de Jesús, la salvación de todo lo que más caracteriza a la religión de Jesús, a la Buena Noticia: sentirse querido, saber que alguien siempre te comprende, te perdona y te acoge, alguien a quien no temer, alguien que no lleva cuentas de mal, que lo olvida todo, que lo espera todo... Eso, que debería haber sido Dios/Abbá, fue para los cristianos la madre de Jesús, y con razón le ha llamado la Iglesia su madre, Madre de los cristianos.

Pero eso no fue todo, además, María nos ha ofrecido una enorme mejora en la imagen de Abbá. Le ha quitado para siempre su masculinidad patriarcal. Al dirigirnos a María como Madre, poniéndola en el lugar de Abbá, hemos iluminado a Abbá con luz maternal. Hemos entendido por qué en la Parábola del Hijo Pródigo no hay madre: porque no hace falta, porque el corazón del padre es maternal.

María, parábola de Dios. De ninguna manera renunciamos a la devoción, admiración, gratitud a María, la madre de Jesús, por la que pudo Jesús ser uno de nosotros. Ella es la que, a través de los siglos, ha sido la que nos ha llevado al Padre, a Abbá, ha sido la que ha engendrado en los cristianos el verdadero rostro de Abbá.

José Enrique Galarreta SJ