jueves, 14 de noviembre de 2013

TIEMPOS DE CRISIS - José Antonio Pagola



TIEMPOS DE CRISIS - José Antonio Pagola

En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.

Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”. Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?

Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?

La crisis está abriendo una fractura social  injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?

Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos...) ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista  desde las comunidades cristianas?

No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza.  ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana...? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a difundir la solidaridad. Pásalo. 17 de noviembre de 2013
33 Tiempo ordinario (C)
Lucas 21, 5-19

SE SUPRIMIRÁ
Escrito por  Florentino Ulibarri

Se suprimirá el diálogo en nombre de la verdad;
después se suprimirá la verdad.

Se suprimirá la libertad en nombre de la responsabilidad;
después se suprimirá la responsabilidad.

Se suprimirá la caridad en nombre de la justicia;
después se suprimirá la justicia.

Se suprimirá la honradez en nombre de la eficacia;
después se suprimirá la eficacia.

Se suprimirá la democracia en nombre del bien común;
después se suprimirá el bien común.

Se suprimirá la fe en nombre de la ciencia,
después se suprimirá la ciencia.

Se suprimirá la conciencia en nombre de la razón;
después se suprimirá la razón.

Se suprimirá el derecho en nombre del orden;
después se suprimirá el orden.

Se suprimirá la paz en nombre de la revolución;
después se suprimirá la revolución.

Se suprimirá la utopía en nombre de los proyectos;
después se suprimirán los proyectos.

Se suprimirá el espíritu crítico en nombre del respeto;
después se suprimirá el respeto.

Se suprimirá el amor en nombre de la dignidad,
después se suprimirá la dignidad.

Se suprimirá la ética en nombre de la estética;
después se suprimirá la estética.

Se suprimirá la tolerancia en nombre de la ciudadanía,
después se suprimirá la ciudadanía.

Se suprimirá al profeta en nombre de la estabilidad;
después se suprimirá la estabilidad.

Se suprimirá el estado de bienestar
para hacer posible una sociedad mejor que no llegará...

Y en nombre de nada se suprimirá al ser humano
–al niño, al vecino, al ciudadano,
al emigrante, al débil y a nosotros mismos–,
y un océano de violencia anegará nuestro mundo,
nuestros pueblos,
nuestras casas,
nuestras entrañas...

Pero sobre el caos
aleteará nuevamente tu Espíritu,
y tu palabra creadora y liberadora
nos llenará de esperanza e identidad.

Florentino Ulibarri





DIOS NO TIENE PASADO NI FUTURO, SIMPLEMENTE 'ES'
Escrito por  Fray Marcos
Lc 21, 5-19

Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El próximo celebraremos la fiesta de Cristo Rey que remata el ciclo. Como el domingo pasado, el evangelio nos invita a reflexio¬nar sobre el más allá.

El lenguaje apocalíptico y escatológico tan común en la época de Jesús, es muy difícil de entender hoy. Corresponde a otra manera de ver al hombre, a Dios y la realidad presente. Desde aquella visión, es lógico que tuvieran también otra manera de ver lo último, el "esjatón".

Una vez más los discípulos están más interesados por la cuestión del cuándo y el cómo, que por el mensaje.

Tanto el pueblo judío en el AT como los cristianos en el NT están volcados sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundan¬tes. Se encuentran siempre en tensión, esperando una salvación que ha de venir.

Para ellos esa salvación solo puede venir de Dios. Desde Noé, al que se le ofrece algo nuevo a través de la destrucción de lo viejo. Abraham, al que se le pide salir de su tierra para ofrecerle descendencia y una tierra propia. Pasando por el Éxodo, que fue la experiencia máxima de salvación, desde la esclavitud hacia la tierra prometida. Todos vivieron siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar.

Los profetas se encargaron de mantener viva esta expectativa de salvación definitiva. Pero también introdujeron una faceta nueva: el día de esa salvación habría de ser un día de alegría, de felicidad, de luz, pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de tinieblas; día en que Yahvé castigará a los infieles y salvará al resto. El objetivo de este discurso era urgir a la conversión.

Los cristianos no tienen inconveniente en utilizar las imágenes que le proporciona la tradición judía y el ámbito religioso en el que se desenvolvía. A primera vista parece que entra en esa misma dinámica apocalíptica, muy desarrollada en la época anterior y posterior a su vida terrena. El NT pone en boca de Jesús un lenguaje que se apoya sobre el telón de fondo de los conocimientos y las imágenes que le proporciona el AT.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predicación de Juan Bautista y de Jesús. Las primeras comunidades cristianas acentuaron aún más esta expectativa de final inmediato. Pero en los últimos escritos del NT, es ya patente una tensión entre la espera inmediata del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Ante la ausencia de acontecimientos en los primeros años del cristianismo, las comunidades se preparan para la permanencia.

Con los conocimientos que hoy tiene el ser humano y el grado de conciencia que ha adquirido, no tiene ninguna necesidad de acudir a la actuación de Dios, ni para destruir el mundo para poder crear otro más perfecto (apocalíptica), ni para enderezar todo lo malo que hay en él para que llegue a su perfección (escatología).

El Génesis nos dice que al final de la creación, Dios "vio todo lo que había hecho y era muy bueno". ¿Por qué, nosotros, lo vemos todo malo? Hemos exagerado incluso la capacidad del ser humano para malear la creación. Para Dios todo está siempre en total equilibrio.

La justicia de Dios no es un trasunto de la justicia humana, sólo que más perfecta. La justicia humana es el restablecimiento de un equilibrio perdido por una injusticia. Dios no tiene que actuar para ser justo ni inmediatamente después de un acto, ni en un hipotético último día donde todo quedaría definitivamente zanjado.

Dios no hace justicia. Él es justicia. Todo acto, sea bueno, sea malo, en sí mismo lleva ya el premio o el castigo, no se necesita por parte de Dios ninguna acción posterior. Ante Dios todo es justo en cada momento.

Por fin podemos desistir de aplicar a Dios nuestra justicia. Dios es justicia y toda la creación está siempre de acuerdo con lo que Él es. Él ha querido nuestra contingencia como criaturas que somos. El dolor, el pecado y la muerte no son en el hombre un fallo, sino que pertenecen a su misma naturaleza. La salvación no consistirá en que Dios nos libre de esas limitaciones, sino en darse cuenta de que Él está siempre con nosotros, y todo hombre puede alcanzar plenitud de ser, a pesar de ellas.

Lo que en el mundo creemos que está mal y no depende del hombre, no es más que una falta de perspectiva. Una visión que fuera más allá de las apariencias, nos convencería de que no hay nada que cambiar en la realidad, sino que tenemos que cambiar nuestra manera de interpretarla.

Lo que nos debería preocupar de verdad es lo que está mal por culpa del hombre. Ese habría de ser nuestro campo de operaciones. Ahí nuestra tarea es inmensa. El ser humano está causando tanto mal a otros seres humanos y al mismo mundo que deberíamos estar aterrados.

No nos debe extrañar la referencia a la destrucción del templo. Este evangelio está escrito entre el año 80 y el 90, por lo tanto ya se había producido esa catástrofe. Para un judío, la destrucción del templo era el "fin del mundo". Era lógico asociar la destrucción del templo al fin de los tiempos, porque para ellos el templo lo era todo, la seguridad total. Para ellos era impensable la existencia sin templo. De ahí la preocupación de la pregunta: ¿Cuándo va a ser eso? Poro Jesús responde hablando del fin de los tiempos, no del templo. La única preparación posible es la confianza total en lo que Dios nos está dando.

Sin embargo, Jesús introduce elementos nuevos que cambian la esencia de la visión apocalíptica. En la lectura de hoy podemos apreciar claramente estos matices. A Jesús no le impresiona tanto el fin, como la actitud de cada uno ante la realidad actual ("antes de eso"). Es el presente del creyente lo que interesa a Jesús. ¡Que nadie os engañe! (toda mi predicación se podía resumir en esta idea). Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia ninguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debe perturbarnos "no tengáis pánico". Sabemos que la realidad material termina, pero lo esencial dura.

La seguridad no la puede dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. Tampoco debemos seguir edificando "templos" que nos den seguridades. Ni organigramas ni doctrinas ni un cristianismo sociológico, garantizan nuestra salvación. Todo lo contrario, puede ser que la desaparición de esas seguridades nos ayude a buscar nuestra verdadera salvación. Decía ya San Ambrosio: "Los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que ahora que nos protegen".

Lo esencial del mensaje de hoy está en la importancia del momento presente frente a los miedos por un pasado o las especulaciones sobre el futuro. Aquí y ahora puedo descubrir mi plenitud. Aquí y ahora puedo tocar la eternidad. Hoy mismo puedo detener el tiempo y llegar a lo absoluto. En un instante puedo vivir la totalidad, no solo de mi ser individual, sino la TOTALIDAD de lo que ha existido, existe y existirá.

Para el despierto, no hay diferencia ninguna entre el pasado, el presente y el futuro. Si dependo de mi falso yo, elegiré prolongar eternamente esta vida, y cortaría el acceso a mi verdadero ser.

Jesús venció a la muerte, muriendo. Pero no nos engañemos, su muerte no fue un paripé, aunque doloroso, para recuperar la misma vida que perdió. Fue la aceptación total de su limitación lo que le proyectó a lo absoluto. Solo descubriendo y aceptando plenamente mi limitación, podré entrar en la dinámica de lo eterno que hay en mí. El mayor peligro que nos acecha es que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material.

Meditación-contemplación

"Cuidado con que nadie os engañe".
Con frecuencia nos convence lo que halaga el oído.
Cuando la verdad nos exige esfuerzo,
buscamos escapatorias más fáciles de asimilar.
....................

Los predicadores de todos los tiempos lo saben,
y tratan de aprovechar esa debilidad para engañarnos.
Profundizar en la realidad de nuestro propio ser,
es el único camino para escapar de las voces de sirena.
.....................

Todas las promesas de futuro que se hacen en nombre de Dios
son falsas, porque Dios no tiene futuro.
Dios no promete, da. Y se da desde siempre y para siempre.
En esa eternidad del don, tenemos que entrar nosotros.
...................

Fray Marcos





MAESTRO, ¿CUÁNDO SERÁ DESTRUIDO TODO ESO?
Escrito por  José Enrique Galarreta SJ
Lc 21, 5-19

Es la última estancia de Jesús en el Templo. A la escena de hoy le han precedido las fuertes polémicas con los jefes religiosos del pueblo y la invectiva de Jesús contra ellos (más amplia y violentamente en Mateo 23) y el elogio de la pobre viuda que echa una monedita en el Tesoro del Templo.

Lucas sitúa a continuación el "Discurso escatológico", del que hoy leemos la primera parte, que se termina con la parábola de la higuera y la exhortación a la vigilancia. El pasaje termina con un dato que parece biográfico:

"De día enseñaba en el Templo; de noche salía y se quedaba en el Monte de los Olivos. Y todo el pueblo madrugaba para escucharle en el Templo" (Luc 19,47 y 20.37)

El discurso escatológico mezcla, como en los otros evangelistas, cuatro temas:

las predicciones sobre la destrucción de Jerusalén.
las predicciones sobre el final de los tiempos.
el anuncio de que sus discípulos serán perseguidos.
la exhortación a la vigilancia, estad alerta.

Los temas se presentan un tanto mezclados, de manera que no es fácil deslindar cuándo está hablando de uno u otro tema, ni cuándo el texto ofrece palabras de Jesús o interpretaciones posteriores de la comunidad. La impresión que se recibe es que se trata de un conjunto un tanto artificial en el que, con motivo de los últimos momentos de vida pública de Jesús, se recogen temas de predicación diversos unidos por la urgencia de responder a la Palabra, como tema espiritual básico.

Estos textos nos permiten precisar algo el tiempo en que se escribieron los libros: en tiempos de la destrucción de Jerusalén y en un clima de persecución que afectaba seriamente a los seguidores de Jesús.

Por esto, resulta difícil precisar qué hay en ellos de "predicciones" de Jesús y qué de consejos de predicadores para los cristianos que lo están pasando muy mal, especialmente los cristiano-judíos, que ven acabarse su mundo, su capital, su Templo. Si estos predicadores recogen palabras de Jesús, ponen en boca de Jesús sus propias palabras o acomodan a los sucesos, amplificándolas, algunas predicciones de Jesús, es difícil de dilucidar.

Es claro que Jesús pronuncia una serie de palabras negando la importancia del Templo, anunciando a sus discípulos que serán perseguidos y tomando pie de todo esto para una exhortación general a estar siempre preparados.

Este fue sin duda un golpe tremendo para los cristiano-judíos, que verían desaparecer una de las columnas básicas de su fe: el Templo. Tendrán que entender las palabras de Jesús: el Templo no tiene importancia, es parte de lo antiguo, que está superado. El Templo sí que es un odre viejo, roto por el vino nuevo de Jesús. Pero tendrán que asimilarlo, y la destrucción física del templo les obligará a re-pensar las palabras de Jesús y les hará entenderlas mejor.

Entonces surge la pregunta –muy verosímilmente histórica– de los discípulos: "cuándo sucederá todo esto y qué señales anunciarán la catástrofe". Como casi siempre, dan más importancia a las curiosidades que a la esencia del mensaje.

Jesús entonces se eleva de esta pregunta (muy importante para los oyentes, pero intrascendente en sentido verdaderamente religioso) al tema general de la persecución y de la vigilancia.

Es muy probable, por tanto, que nos encontremos ante un ejemplo típico de manipulación de las palabras de Jesús. Las preocupaciones de las iglesias alrededor de los años 70 se proyectan sobre la enseñanza de Jesús.

La enseñanza de Jesús se centra en que el Templo no tiene importancia, en que los discípulos serán perseguidos y en que todo creyente debe vivir siempre en la despierta atención a la palabra. La aplicación parenética lo ha aplicado a las tribulaciones concretas, interpretándolo todo en género profético.

¿Cuándo sucederá eso, qué señales habrá?

A Jesús siempre le preguntan tonterías, le hacen preguntas aparentemente religiosas, pero que son sólo negaciones de lo religioso.

La Samaritana le pregunta por el Templo, en Jerusalén o el Garizim. Los discípulos están siempre preocupados por la instauración del nuevo reino, en el que esperan recibir hermosas poltronas de ministros. El escriba le pregunta con qué prójimo está exactamente obligado y con cuáles no. Otra vez le preguntan si son muchos los que se salvan. Ahora le piden señales de los cielos para conocer cuándo llegará el final.

A veces parece que Jesús está harto. A todas estas preguntas de curiosidad pseudo-religiosa ha contestado siempre respondiendo no a lo que le preguntaban sino a lo que deberían haber preguntado.

A la samaritana: ni este Templo ni el otro Templo, sino en el corazón. A los discípulos: os perseguirán, os echarán de la Sinagoga, estáis llamados a lavar los pies de todos. Al escriba: pórtate tú como prójimo. A "cuántos se salvan": entra tú por la puerta estrecha. Ahora, en mitad del templo: lo que vale es la viuda.

También respecto a los últimos tiempos dice lo mismo: ni el Hijo lo sabe, sólo el Padre. O, lo que es lo mismo: ¿qué importa eso?, vive atento a la palabra, que lo demás es tirar la vida.

Lo peor es que todos estos subterfugios sirven para eludir la atención a La Palabra.

El juicio: ¿se alegran de la condenación?

Al leer el texto de Malaquías nos parece sentir que Dios justo y vengador condena al fuego a "los malos" sin la menor piedad, sin rastro alguno de dolor. El amor y la misericordia llegan hasta el día del juicio; después, justicia seca. Dios no tiene sentimientos. Es comprensible que en la prehistoria de la fe alguien tuviese esos pensamientos. Desde Jesús, no.

Si alguien se pierde, a Dios se le pierde un hijo; el pastor no ha podido encontrar la oveja que se quedó en el monte, la mujer ha barrido la casa pero no ha aparecido la moneda, el hijo pródigo no ha vuelto a casa (para satisfacción quizás del hermano mayor) ¿Cuándo vamos a hacer teología desde las parábolas, no desde nuestros presupuestos judiciales?

¿Será necesario repetir una vez más que Dios quiere que todos los hombres se salven, y que Dios es, antes que nada "El amor Omnipotente?. Por culpa de predicadores catastrofistas ¿deberemos renunciar a la esperanza en el poder salvador del Padre? ¿Admitiremos sin pestañear que en el Banquete final del reino habrá puestos vacíos sin que a nadie, ni al Padre, le importe?

¿En aquel tiempo?

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:- "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido."

¿En aquel tiempo? En todos los tiempos, en todas las religiones, desde Mesopotamia, pasando por Egipto, Grecia y Roma, incluyendo a Israel, a las basílicas bizantinas, a las catedrales góticas y barrocas, a San Pedro de Roma, a la catedral de Santiago de Compostela, a la basílica (menor) de la Sagrada Familia ... ¡mira maestro qué piedras, qué construcciones, qué exvotos, cuánto oro, cuánta riqueza, cuántos personajes sagrados vestidos como reyes, cuántos cálices tachonados de joyas...¡ ¡Mira, mira maestro!

Y un día dijo Jesús, a propósito del Bautista (que se vestía con un pellejo de camello y no comía más que saltamontes y miel): "¿qué salisteis a ver al desierto, un hombre vestido con ropas preciosas? No, los que visten así están en los palacios de los reyes".

Tienes razón, maestro, los templos siempre han sido los palacios de los reyes, reyes de la tierra, reyes de poder, de riquezas, que se exhiben y disfrutan de su aparatoso status y gastan más dinero y tiempo en sí mismos y en sus palacios que en cuidar de tu rebaño (por otra parte debidamente recluido en su redil, sin voz pero con hambre, sin pastores pero con espectáculos).

Pero también dijiste, Maestro: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido."

Y, perdóname, me asalta la inoportuna pregunta que te hicieron entonces, y no puedo menos de repetirla: "Maestro, ¿cuándo será destruido todo eso?". No me importan gran cosa los palacios de los reyes, pero me importa mucho que se derrumben todas las piedras sagradas, todas las vestiduras regias, todos los alardes de vana pompa. Me importa mucho que Pedro vuelva a ser pobre, que no lleve anillo, que no viaje más que a pie y descalzo, y lo justo para animar la fe, que los pastores no vivan en palacios, que no se vistan con telas costosas, que el oro se gaste sólo en dar de comer a los pobres... ¿cuándo sucederá eso, Maestro?

No me lo vas a decir, pero creo en tu palabra y confío en que sea pronto. Hasta creo, en mi ingenuidad, que los signos de crisis y desprestigio de la iglesia son señales de que el proceso ha comenzado, y ha comenzado, como todo lo tuyo, desde abajo, desde la fe de los que quieren seguirte de veras, que están cansados de tanto palacio regio, de tanta pompa y despilfarro, y se van alejando, no de ti, sino de ellos.

Pero échanos una mano porque también dijiste que "antes de todo eso, os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre". Y ya lo están haciendo, hay muchos buenos seguidores tuyos que lo están pasando muy mal y, lo peor de todo, hemos visto a los reyes, a los gobernantes corruptos, a los descaradamente ajenos y hostiles a tu mensaje y a tu estilo, mezclados con tus pastores (vestidos de reyes) que para nada les recriminan nada sino que disfrutan con ellos de la magnificencia de tu (¿?) sagrado templo.

¿A quiénes te referías cuando dijiste "Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: ' Yo soy' o bien 'el momento está cerca'; no vayáis tras ellos." Maestro, te decimos aquello de Pedro: "¿Señor, a quién iremos? Tú solo tienes palabras de vida eterna". Pero cuando las palabras de los que deberían decirnos tus palabras nos resultan extrañas a ti, cuando sus gestos y su estilo no son los tuyos, ¿a quién iremos Maestro?.

¿Qué quisiste decir con aquello de : "Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre". ¿Tan mal se tienen que poner las cosas? Padres, parientes, hermanos, amigos ¿son también sacerdotes, teólogos, pastores...?

Sin templos de mármol, sin vestiduras de seda, sin cálices de oro, sin altares, sin poder, sin condenas, sin tiaras, ¿cómo será tu iglesia cuando todo eso se derrumbe?.

Porque yo creo en ti, Maestro, creo que tu palabra se cumplirá y espero que todo eso se derrumbe. Espero que la única fuerza de tu iglesia sea la de la semilla, la del pan y el vino, la de la viuda que echó su monedita, la del samaritano del camino de Jericó, la de la primera comunidad, en la que no había indigentes porque nadie consideraba sus bienes como propios, la del humilde Pedro que aceptaba las recriminaciones del exaltado e intransigente Pablo.

Ya sé que todo eso tardará, pero al menos déjame soñar un poco, déjame rezar con tus propias palabras: "¡que venga tu reino!".

José Enrique Galarreta



El "Credo" del Papa

Quiero creer en Dios Padre, que me ama como un hijo, y en Jesús, el Señor, que me infundió su Espíritu en mi vida para hacerme sonreír y llevarme así al Reino eterno de vida. Creo en la Iglesia.

Creo que en la historia, que fue traspasada por la mirada de amor de Dios y en el día de la primavera, 21 de septiembre, me salió al encuentro para invitarme a seguirle.

Creo en mi dolor, infecundo por el egoísmo, en el que me refugio.

Creo en la mezquindad de mi alma que buscar tragar sin dar…, sin dar.

Creo que los demás son buenos y que debo amarlos sin temor y sin traicionarlos nunca buscando una seguridad para mí.

Creo en la vida religiosa.

Creo que quiero amar mucho.

Creo en la muerte cotidiana, quemante, a la que huyo, pero que me sonríe invitándome a aceptarla.

Creo en la paciencia de Dios, acogedora, buena, como una noche de verano.

Creo que papá está en el cielo, junto al Señor.

Creo que el padre Duarte está también allí, intercediendo por mi sacerdocio.

Creo en María, mi Madre, que ama y nunca me dejará solo.

Y espero en la sorpresa de cada día en que se manifestará el amor, la fuerza, la traición y el pecado, que me acompañarán siempre hasta ese encuentro definitivo con ese rostro maravilloso que no sé cómo es, que le escapo continuamente, pero quiero conocer y amar. Amén.

Cardenal Jorge Mario Bergoglio





Es necesario devolver a la Iglesia la frescura y el perfume del Evangelio.
Pedro Miguel Lamet, SJ.

Frente a la eclesialización del cristianismo hay que recristianizar la Iglesia, devolverle la frescura y el perfume del Evangelio. Es el mensaje que dio el sacerdote jesuita y periodista Pedro Miguel Lamet sobre el nuevo pontificado de Francisco, "cuya figura es un estallido de alegría en lo que se podría denominar una primavera en la Iglesia", en la conferencia organizada por el Centro de Pastoral Indalo Loyola que dirige el jesuita Rafael Yuste, enmarcada en un ciclo sobre el Papa Francisco.

Conocer a este Papa puede ayudarnos a comprender muchas cosas de nuestra fe y del cristianismo, manifestó Lamet a un auditorio que abarrotó el salón de actos del Colegio Compañía de María. "Antes de ser elegido Papa, yo le escribí una carta a Dios, absolutamente utópica, con mis deseos sobre el nuevo pontífice. Yo pedía un hombre con sabor a Evangelio, con desprendimiento, pobreza y apertura; un hombre que traiga esperanza y libertad a la Iglesia y al mundo, sobre todo por su ejemplo, que no fuera tanto lo que dijera sino lo que viviera, lo que transparentara; que consiguiera acabar con las divisiones y corruptelas no sólo en el interior del Vaticano sino en toda la Iglesia; que no conciba la Iglesia como un castillo sino como una plaza del pueblo, porque Jesús estuvo en la calle, estuvo con la gente. También pedía en aquella carta que no sólo nos hable y nos guíe, sino que nos escuche, que llore con los que lloran y ría con los que ríen; que sepa ayudarnos a despertar y encontrar a Dios no como una póliza de seguridad, sino como una luz que da sentido; pero sobre todo que dé esperanza y optimismo".

Todo ello se produce gracias a la gran decisión de Juan Pablo II, continuó Lamet. Entonces aparece Jorge Bergoglio, el segundo más votado en el Cónclave de 2005 pero poco papable en el de 2013. Será el primer Papa de procedencia americana, primero que no ha nacido en Europa, Oriente Medio o norte de África; primer pontífice hispano desde Alejandro V, primero no europeo desde 1741 y primero perteneciente a la Compañía de Jesús.

El conferenciante realizó un repaso por la vida de Jorge Mario Bergoglio para presentar su trayectoria humana en la que destacó su formación, la entrada como novicio en la Compañía de Jesús en 1958, su ordenación como sacerdote en 1969 o su nombramiento como Provincial de Argentina en 1973, en el que permanecería durante seis años. "Su gran personalidad marcó la vida de la provincia jesuítica hasta el extremo de que le acusaron de dividirla, afirmó Pedro Miguel Lamet, quien igualmente destacó que durante la dictadura de Videla, Bergoglio escondió y ayudó a huir a un centenar de personas.

Una vez elegido Papa, el primer gesto es muy importante, al hacer su primera aparición pública sin los ornamentos propios. "Es sencillo como Francisco, eficaz y práctico como Ignacio y, como ambos, un hombre profundamente espiritual y austero, amante de la oración y de una Iglesia auténtica despojada de poder y opulencia que quiere estar en la calle con el pueblo de Dios".

Los primeros gestos de Francisco reflejan un nuevo estilo marcado por la cordialidad y por un nuevo plan de gobierno pastoral que implica "una Iglesia como hospital de campaña, que se ocupe de los pobres, de la periferia y de la calle, que se equivoca por hacer algo antes que una que enferma por quedarse encerrada", en palabras del propio Francisco. El Papa ha empezado a escuchar al pueblo a través de la Encuesta del Sínodo de la Familia y ha pedido a los sacerdotes homilías que anuncien más que recriminen. Lamet concluyó su exposición resaltando el diálogo de Francisco con todos, "con humildad, amor y sencillez".

Pedro Miguel Lamet, SJ.
Periodista, jesuita y escritor, analiza la figura y modo de gobierno de Francisco en el Centro de Pastoral Indalo Loyola



Entrevista al actor argentino Ricardo Darín:

Fantino: ¿Es cierto que vos rechazaste una oferta para filmar en Hollywood con Tarantino?.
- Darín: Sí, claro.
- F: Y ¿Por qué?.
- D: Porque me ofrecieron el papel principal pero tenía que hacer de narco mexicano, y yo le pregunté a su productor por qué los mexicanos tienen que seguir haciendo de narcos si los que más consumen merca a nivel planetario son los yankees.
- F: ¿Y qué te contestó?.
- D: Bueno…a ver…la respuesta que me dio me molestó tanto que afirmó que estaba en lo correcto no filmar con Tarantino. Me dijo: “Entonces es una cuestión de plata, diga cuánto más quiere que se la pagamos, usted ponga la cifra”. Es decir, no pueden llegar a ver ni comprender que hay códigos por fuera del dinero que algunos todavía portamos, ¿me explico?.
- F: Mmm...no…la verdad que no.
- D: ¿Cómo que no?, Ale, vos sos un tipo piola, tenés que comprender de qué te hablo.
- F: Pero podrías haber tenido más plata.
- D: ¿Más plata? ¿ser millonario?...y…¿Para qué?.
- F: ¿Cómo para qué?...para ser feliz!.
- D: ¿Feliz con más plata?, ¿De qué me hablás?.
- F: Bueno…todos quisiéramos tener más plata y ser felices.
- D: Ale, yo tengo plata, tengo un auto importado de alta gama. Desayuno, ceno y almuerzo lo que quiero y puedo darme dos duchas calientes al día ¿vos tenés idea de cuánta gente del mundo puede darse dos baños calientes al día?, muy poca gente puede darse ese gusto. Y como no me considero un excelente actor, siempre digo que lo mío fue pura suerte ¿me entendés? En este mundo capitalista salvaje yo soy un tipo de muchísima suerte. Yo soy un privilegiado entre millones de personas, y además tengo la suerte de poder ver eso en mí, que me permite tener una buena cuenta bancaria y no creérmela. Yo me puedo ver desde afuera y me digo “Puta, loco, qué suerte que tuviste”.
- F: Pero hubieras filmado en Hollywood…y no podés negarme que de Tarantino al Oscar hay un paso.
- D: Creo no me sé explicar bien…yo ya estuve en la ceremonia de los Oscar y no me gustó, todo es de plástico dorado, hasta las relaciones entre las personas. Fui, la pasé lindo, lo disfruté…pero ese mundo no es lo mío, no es lo que yo elegí en esta vida.
- F: Realmente me asombrás, Ricardo…te hacía más realista…más con los pies sobre la tierra.
- D: Mirá qué casualidad !!!…yo a vos también.

Inserto video de esta entrevista: http://www.youtube.com/watch?v=izOatvH5vPk