jueves, 26 de septiembre de 2013

ROMPER LA INDIFERENCIA - José Antonio Pagola


ROMPER LA INDIFERENCIA - José Antonio Pagola

Según Lucas, cuando Jesús gritó “no podéis servir a Dios y al dinero”, algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero “se reían de él”. Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.

Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.

El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario, el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Sólo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.

No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.

No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.

Es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”. Es cruel seguir alimentando esa “secreta ilusión de inocencia” que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y es de nadie.

Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.

El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar. 



José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Lucha contra la indiferencia. Pásalo.
29 de septiembre de 2013
26 Tiempo ordinario (C)
Lucas 16, 19-31
OS LÁZAROS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Los lázaros,
los hijos de la calle,
los parias de siempre,
los sin techo,
los sin trabajo,
los desarraigados,
los apátridas,
los sin papeles,
los mendigos,
los pelagatos,
los andrajosos,
los pobres de solemnidad,
los llenos de llagas,
los sin derechos,
los espaldas mojadas,
los estómagos vacíos,
los que no cuentan,
los marginados,
los fracasados,
los santos inocentes,
los dueños de nada,
los perdedores,
los que no tienen nombre,
los nadie...
Los lázaros,
que no son aunque sean,
que no leen sino deletrean,
que no hablan idiomas sino dialectos,
que no cantan sino que desentonan,
que no profesan religiones sino supersticiones,
que no tienen lírica sino tragedia,
que no acumulan capital sino deudas,
que no hacen arte sino artesanía,
que no practican cultura sino costumbrismo,
que no llegan a ser jugadores sino espectadores,
que no son reconocidos ciudadanos sino extranjeros,
que no llegan a protagonistas sino a figurantes,
que no pisan alfombras sino tierra,
que no logran créditos sino desahucios,
que no innovan sino que reciclan,
que no suben a yates sino a pateras,
que no son profesionales sino peones,
que no llegan a la universidad sino a la enseñanza elemental,
que no se sientan a la mesa sino en el suelo,
que no reciben medicinas sino lamidas de perros,
que no se quejan sino que se resignan,
que no tienen nombre sino número,
que no son seres humanos sino recursos humanos...
Los lázaros,
los que se avergüenzan y nos avergüenzan,
pueblan nuestra historia,
fueron tus predilectos
y están muy presentes en tu evangelio.
Los lázaros
pertenecen a nuestra familia
aunque no aparezcan en la fotografía,
y serán ellos quienes nos devuelvan la identidad
y la dignidad perdidas.

Florentino Ulibarri





EL AMOR NUNCA PUEDE DESLIGARSE DE LA COMPASIÓN
Escrito por  Fray Marcos
Lc 16, 19-31

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lucas de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: "Oyeron esto los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él". Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola nos dice lo mismo que Mt 25,34-46: "Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber..." Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y castigo más allá, como solución de las injusticias del más acá.

Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá, no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que no se revelen contra la injusticia y poder así seguir disfrutando los ricos de sus privilegios. Aunque tengamos la obligación de superar el lenguaje de la época, el verdadero mensaje sigue siendo válido.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al "hades" (no nuestro infierno), debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. No existe en el AT un concepto puramente sociológico de rico y pobre, porque nada se podía desligar del aspecto religioso.

Para nosotros "rico" y "pobre" son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales.

En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, sobre todo Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple. La riqueza se amasa siempre a costa del pobre. El rico se erige en señor del pobre. Pero para un judío el único Señor es Dios, por lo tanto el rico usurpa el señorío de Dios y con ello está fallando religiosamente.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo que no tenían nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, -´el ´azar en hebreo- significa Dios ayuda).

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

Para comprender que no es fácil descubrir el verdadero sentido del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Sin duda ninguna, Jesús manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc.

No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza acumulada y no compartida, impide entrar en el Reino de los cielos; así lo predicó sin contemplaciones. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para con los ricos.

La clave de todo el relato es que el rico no descubrió a Lázaro que estaba a la puerta con los perros (animal impuro); aunque parece que después si lo reconoce cuando lo ve en el "seno de Abrahán". Es aquí donde debemos ver el toque de atención de la parábola. Vivimos tan enfrascados en nuestro hedonismo, que no queremos ver la miseria que existe en el mundo. Y eso que hoy, ni siquiera tenemos que salir a la puerta para descubrirla, porque se está colando a todas horas, dentro de casa por la ventana de la televisión.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino a denunciar una falsa actitud religiosa. Una correcta actitud religiosa solucionaría la injusticia social. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el "Reino de Dios", que consiste en hacer de todos los hombres una comunidad de hermanos.

La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor que nos une. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero el camino recorrido humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. El amor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo de ninguna manera.

El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es "amor" sino interés radical, porque en ello le va la vida. La inmensa mayoría de las relaciones que calificamos como amor, no superan el listón del interés egoísta.

Ahora podemos entender por qué refugiarse en la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no puede ser excusa para no hacer nada.

Vuelvo a recordarlo, la denuncia no es de un problema social, sino religioso. Nuestra pasividad está demostrando que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar alguna seguridad espiritual a las seguridades materiales que nos tranquilizan.

Jesús no te está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza como salvación. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Ahora bien, si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa¬mos y del que tenemos la obligación de salir.

No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a criticar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Es lo que hacemos todos. Se trata de descubrir que aunque yo esté dentro de la más estricta legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que mi relación con los hombres, y por lo tanto con Dios sea la correcta.

No basta con que los ricos sean despojados de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían inmediatamente su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución es la que propone Jesús y pasa por superar todos el egoísmo y hacer un mundo de hermanos.

Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero no es menos cierto que los pobres tampoco se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar nuestra religiosidad sin contar con el pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice algo muy distinto. El único pecado que existe es olvidarse del hombre que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Todo lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

"Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen".
No hay peor sordo que el que no quiere oír.
Todos los que han tenido una gran experiencia de humanidad, nos lo advierten;
Pero nosotros sólo escuchamos las sirenas del hedonismo.
......................

Intenta ir un poco más allá de los sentidos.
Instintos, apetitos y pasiones no son malos, pero son insuficientes.
Solo las exigencias de tu verdadero ser, te llevarán a la plenitud.
No tienes que renunciar a nada, sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.
..............

Deja de orientar tu vida bajo la perspectiva de un premio o de un castigo.
Dios te está dando unas posibilidades de plenitud aquí y ahora.
No desarrollar esa potencialidad, es la verdadera condenación.
Tú solito has malogrado tu existencia.
................

Fray Marcos





AUNQUE LOS TELEVISORES SE LLENEN DE MUERTOS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 16, 19-31

Esta parábola de Jesús está basada en una parábola conocida en Israel, de origen egipcio, en la que se oponía un publicano rico con un pobre escriba.

El rico no trabaja, sino que se da grandes banquetes todos los días. Lázaro (etimológicamente "Dios ayuda") es un mendigo lisiado y sarnoso: tiene su puesto de mendigo a la puerta del rico, escena habitual en aquel país y tiempo en que no había más que tres clases sociales: los ricos; los pobres que trabajaban con sus manos y ganaban mal que bien lo justo para vivir; y los mendigos, ciegos, cojos, lisiados, en número enorme.

Lo que se tira de la mesa de los ricos no es lo que cae, no son las migajas: es lo que se desperdicia, se tira intencionadamente.

El destino de los dos responde a la mentalidad judía habitual.

El seno de Abrahán es el lugar de honor en el convite, recostado en el diván ante el anfitrión. Se concibe el destino de los justos como un banquete con los antepasados, especialmente con los Patriarcas. (Otras veces la imagen es un jardín surcado de aguas vivas)

El hades es un lugar de castigo no definitivo. Es un estado intermedio, diferente de "la gehenna", que tiene más carácter definitivo. (El nombre está tomado del valle del mismo nombre al sur y oeste de Jerusalén, donde en la antigüedad se quemaban los niños en sacrificio, y en consecuencia fue tenido por lugar de horror, impuro y maldito).

Es habitual en la mentalidad judía la comunicación entre los destinados a uno y otro lugar, aunque el abismo a que se refiere Abrahán hace referencia a la imposibilidad del cambio de destino tras la muerte.

Es ésta una típica "Parábola con dos acentos", con dos momentos cumbres. El primero es la muerte de los dos protagonistas y su destino. El segundo, la frase final de Abrahán: en estos casos, el acento primero tiene menos importancia: el importante es el segundo.

El primero es el cambio de destino en el más allá. Es una doctrina tradicional, no el mensaje de Jesús. Los judíos (al menos los que creen en la vida eterna, como los fariseos a quienes se dirige la parábola) piensan en la inversión de los bienes y los males en la vida futura. Jesús recoge esta doctrina, aunque el hecho de recogerla no es siempre sinónimo de avalarla, sino que parte de esto para dar su propia doctrina.

La Parábola continúa la del administrador infiel que leíamos el domingo pasado: "Haceos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas" decía la anterior. Y esto llega, dice la de hoy, y cuando menos penséis. La correcta administración de los bienes es asunto tan serio como la parábola de hoy refleja. Pero este mensaje es conocido. Es la segunda parte la que distingue a Jesús.

El segundo es el rechazo de las peticiones del rico. Es lo que añade Jesús. Al rico y sus hermanos, que viven así, ni un milagro les cambiará el corazón. Es una parábola de desconfianza, semejante a la del camello y el ojo de la aguja.

No está en el mensaje de la parábola, ni es lícito sacar de ella la conclusión de que se premia la miseria por sí misma, ni la "resignación" del pobre.

La doctrina de Jesús sobre el dinero parece escalonarse en tres etapas.

La primera se expresa en Lucas 12,16, la parábola del rico insensato que, tras una gran cosecha, amplía sus graneros y se dice:

- "Descansa, alma mía; come, bebe, pásalo bien"

Pero Dios le dijo:
- "¡Imbécil! Esta misma noche te van a reclamar la vida: todo lo que tienes guardado, ¿para quién será".

Parece como si a Jesús, los ricos que afanosamente atesoran sus bienes le dan más bien lástima, o risa, le parecen ridículos. Se les aplica la pequeña parábola de Mateo 6,19:

"No amontonéis tesoros de la tierra, que los destruye la polilla o se los llevan los ladrones. Amontonad tesoros para el cielo, donde no hay polilla, ni herrumbre, ni ladrones"

Es la característica siempre presente en la enseñanza de Jesús: esta vida es para siempre, para construir la definitiva. Si no se toma así, es hacer el ridículo, es perder la vida.

Pero el dinero, amontonar dinero, tiene para Jesús otra dimensión más evidente y más radical. Es la que se expresa en la parábola de hoy. Se trata de un rico injusto, que crea miseria alrededor, que no tiene compasión de los otros, que tiene su dinero para disfrutar él y se desentiende del dolor de los otros. Y aquí Jesús se pone amenazador, intransigente, temible. La posesión creadora de injusticia, la riqueza que endurece el corazón.

La parábola de hoy estremece porque subraya lo irremediable del destino del rico y sus hermanos. Ni hay perdón para los que producen esa injusticia, ni hay remedio tampoco: aunque un muerto resucite, no cambiarán.

Más allá aún, está "entrar en el Reino", y se refleja muy bien en la escena del joven rico (Mateo 19,16 y par.). Todo lo cual culmina en el "dichosos los pobres", pero este tema nos llevaría mucho más lejos, demasiado para hoy.

Todo ello nos lleva a considerar esa radical desconfianza de Jesús hacia el dinero, porque "endurece el corazón", y esto no solamente impide entrar en el Reino sino que excluye de la categoría de "humano", hace insolidario, insensible a las dificultades de los demás, incluso cuando éstas son tan angustiosas como el morirse de hambre y de miseria.

Es impresionante comprobar que dos de las más "definitivas" parábolas de Jesús hacen referencia a este tema de manera radical: la del buen samaritano y la del juicio final.

En la primera, la medida de la religiosidad verdadera está en la compasión, excluyendo expresamente el carácter sagrado (el sacerdote y el levita) o el carácter de "extranjero hereje" (el samaritano). "Se compadeció" y echó una mano: ése se ha portado como prójimo, ese cumple el mandamiento que es igual que el primero, ése ama a Dios.

En la parábola del juicio final se da el resumen definitivo de toda la doctrina sobre el modo de actuar humano y salvador: "a Mí me lo hicisteis" aun cuando no supierais que me lo hacías a Mí. La relación de la Religión, el Amor a Dios, la Salvación, estar en el Reino y todo lo demás con el uso de los bienes para bien de todos no puede ser más subrayada.

Nosotros vivimos bien, en líneas generales, vivimos en sociedades ricas, disponemos de lo necesario y quizá de mucho más que lo necesario, hasta el punto que nos parece necesario lo que a otros muchos les parece un lujo y un derroche.

Comemos tres o cuatro veces al día, cambiamos de ropa según las estaciones, disponemos de numerosas comodidades domésticas, tenemos uno o varios coches, salimos a cenar...

Y en el mundo entero, y asomadas a nuestros hogares por las pantallas de TV, 70.000 personas se mueren diariamente de hambre y desnutrición. ¿No estamos representados, espantosamente bien retratados, en el rico que banqueteaba a diario mientras Lázaro se pudría a su puerta?

¡Pero nosotros somos los buenos, los que conocemos a Dios, los invitados a la intimidad con Dios, los que heredaremos la vida eterna!

Se estremece uno al pensar en todo esto, al comprobar cómo se ha endurecido nuestro corazón. Se estremece uno al escuchar las palabras de Abrahán: "aunque un muerto resucite, no cambiarán". Y desde luego, nosotros vemos muertos de hambre todos los días, y no cambiamos. Tenemos el dinero suficiente para que eso no suceda, pero nos lo gastamos en vivir mejor.

Saquemos dos conclusiones.

En primer lugar, en expresión de Jon Sobrino, no tenemos otra salida que la "austeridad solidaria". En nuestro consumo, las famosas tres R de los ecologistas: reducir (el consumo), reutilizar, reciclar, para salvar el planeta y nuestra propia persona, nuestra humanidad.

Pero añadiendo otra R: "redistribuir", hacer que lo que nos sobra salve vidas, dé vida a otros. Y no lo que nos sobre según el nivel de vida que tenemos, sino el que debemos tener, atendiendo a lo verdaderamente necesario, no a lo superfluo que a nosotros nos parece hoy imprescindible.

En segundo lugar, pensando a nivel mundial. El mundo es hoy una proyección perfecta de la parábola: naciones enteras viviendo en la abundancia: naciones enteras (muchísimas más), muriendo de hambre y de enfermedad y de miseria. Con lo que tiran las primeras podrían saciarse las segundas.

La tremenda crisis que han supuesto los ataques terroristas ha hecho que muchas personas en el mundo se pregunten por las causas profundas de tanto odio. Y todos las ven: la injusticia radical de las relaciones entre los pueblos, a las que se añade la tragedia del fundamentalista religioso, idolatría absoluta carente de todo viso de religión.

Si la dramática situación que hoy vivimos no nos hace reflexionar sobre las semillas de odio y venganza que siembra en el mundo la radical injusticia de las relaciones económicas internacionales, se cumplirán otra vez las terribles palabras finales de la parábola: aunque los muertos resuciten, aunque los televisores se llenen de muertos - muertos de hambre o de terrorismo, qué más da - las mismísimas salas de estar de sus hogares, no cambiarán.

ORACIÓN EN COMÚN

Hacemos juntos un acto de fe, un Credo no dogmático: decimos juntos que nos fiamos de Jesús, proclamamos que para nosotros Él tiene palabras de vida eterna:

Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.
Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Tí y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.
Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.
Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.
Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.
Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.
Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.
Y creo todo esto porque creo
en Jesús de Nazaret, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu, Jesús, el Señor.
José Enrique Galarreta




PELICULA-DOCUMENTAL MUY RECOMENDABLE:
BUSCANDO A SUGAR MAN
Escrito por  Luís García Orso

¿Alguien conoce a un cantante norteamericano de los años setentas llamado Sixto Rodríguez? Probablemente la mayoría responderá que no; en Sudáfrica y Australia responderán que sí, por supuesto que sí, y que sus baladas rock motivaron el movimiento contra el apartheid y por la igualdad de derechos. Rodríguez, de Detroit, grabó dos discos en 1970 y 1971: Cold Fact y Coming from Reality. Los dos fueron un fracaso en Estados Unidos, a pesar de su calidad musical (muy similar a la de Bob Dylan). Después ya no se volvió a saber nada de Rodríguez.

Por entonces, alguien viaja a Sudáfrica con el disco vinilo de Cold Fact, lo comparte a los melómanos, y de pronto se convierte en el número uno de ventas. Todos quieren una copia, todos conocen sus canciones, y se cantan en las protestas sociales. Pero, ¿quién es ese jovencito de tez morena y anteojos oscuros que aparece en la carátula? ¿Por qué no se sabe nada sobre él? Cuentan que un día se pegó un tiro sobre el escenario o que se quemó a lo bonzo: ¿es cierto? ¿Quién es Rodríguez, quién es Sugar Man?

A mediados de los años noventa, el propietario de una tienda de discos de colección y un periodista se unen en una intensa campaña para encontrar a Sugar Man; veinte años después, un cineasta sueco, Malik Bendjelloul, hace esta película documental para recuperar la historia de esta búsqueda. El resultado: una película cautivadora, emocionante, sensible, intrigante, sorprendente.

Searching for Sugar Man recoge entrevistas precisas sobre Rodríguez a productores musicales, aficionados de sus canciones, promotores de su fama en Sudáfrica; también fotografías y filmaciones de época, letras de las canciones, confesiones de sus compañeros de trabajo y de sus tres hijas.

Ir descubriendo a Rodríguez, poco a poco, como espectador, es al inicio una aventura de suspenso, casi detectivesca, y luego una convivencia de amigos entrañables, para compartirnos lo que somos y anudar lazos afectivos.

Omito decir más en particular lo que encontramos, para no anticipar la sorpresa emocional. Con la utilización continua de largos y delicados travellings, pocas veces este recurso de la cámara encaja tan bien como ahora, en este viaje: nostálgico, musical, social, revolucionario, tremendamente agridulce y esperanzador.

Buscando a Sugar Man, ganó en 2013 el Oscar al mejor documental; los otros filmes en competencia trataban sobre guerra, conflictos, problemas de salud. A diferencia de todos estos, el documental sobre Rodríguez habla sobre la pasión de disfrutar el día a día, y seguir los sueños, y compartir lo que creo, sin buscar reconocimiento personal.

Quizás sea justo lo que hoy necesitamos: contarnos lo que hay en el corazón, lo que nos anima a seguir adelante y a tener esperanza. Y las canciones de Rodríguez lo siguen haciendo hoy, cuarenta años después.

En un momento de las entrevistas, un compañero de trabajo de Rodríguez dice de él: "Transformó todo en algo distinto, hermoso; quizás trascendente, quizás eterno. Es un artista: representa lo que el espíritu humano puede alcanzar".

Luis García Orso, S.J.
Colegio Pío Latino, Roma





Un Papa se desnuda
Por Pedro Miguel Lamet, SJ.

La primera impresión tras leer la larga conversación-entrevista concedida por el Papa a 16 revistas jesuíticas de todo el mundo es el gozo de tropezarse con un hombre. Lo que parecería obvio se convierte aquí en noticia, pues todo periodista sabe por experiencia lo ominoso que es entrevistar a un eclesiástico, encorsetado por lo general por el miedo a la manipulación de los medios, y parapetado en el personaje y la doctrina que representa. Pues bien, aquí Francisco se desnuda como ser humano, con su historia personal desde la infancia, sus sentimientos, hasta sus errores y frustraciones como superior. Que bebe al mismo tiempo en el testamento de su abuela Rosa  como en la creación artística,  en las páginas del breviario o en los momentos íntimos de su intensa vida contemplativa.

Un ser humano consciente de sus limitaciones, que se percibe naturalmente “indisciplinado” y que elige hacerse jesuita buscando precisamente disciplina, comunidad y misión. Un hombre sencillo y culto a la vez, que se siente pecador y llamado; poroso al arte y la literatura, que igual cita a Dostoievski, Manzoni, Hölderlin  o Cervantes como las cartas de Pablo, la gran música, los pasajes de la ópera que recuerda de memoria o el cine de Fellini. Pero al mismo tiempo una persona frágil que se siente tocada por Dios hasta el extremo de alcanzar una gran claridad interior, lo que le permite hablar sin tapujos ni miedos y tener como una certeza, con una sabiduría más de “sabor” que de “saber”.

Subrayé desde el momento de su elección esa hábil mezcla de la sencillez de Francisco y el discernimiento de Loyola. Quizás por eso es “fan” del saboyano Pedro Fabro, un colega de Ignacio bastante olvidado,  que se distinguía por “el diálogo con todos, aun con los más lejanos y con los adversarios; su piedad  sencilla,  cierta  probable  ingenuidad,  su  disponibilidad  inmediata,  su atento discernimiento interior, el ser un hombre de grandes y fuertes decisiones que hacía compatible con ser dulce, dulce…”. Un beato que quiere ahora canonizar, una vertiente mística de la Compañía que prefiere a la ascética y que le autorretrata.

Parece espontáneo y directo, pero sus palabras brotan medidas y  filtradas por una recámara muy  de jesuita y apasionado por el discernimiento . Ya conocemos sus pasos y decisiones sobre la reforma de la curia, la revisión de las nulidades matrimoniales, su actitud misericordiosa con los homosexuales, su preferencia por los pobres y por cambiar el actual orden internacional en el tema de la justicia y la guerra. Poco nuevo hay pues en esta entrevista respecto a cuestiones concretas. Quizás la más importante es el matiz añadido al papel de la mujer que, sin entrar en el tema de su ordenación, parece querer darle  roles de gobierno, pues llega a decir que “en  los  lugares  donde  se  toman  las  decisiones  importantes  es necesario el genio femenino”

La fuerza de esta confesión radica en la actitud. Francisco quiere cambiar el rostro de la Iglesia, muy devaluado ante la opinión pública en los últimos tiempos; va decididamente a lo positivo; está en contra de estar vapuleando a la gente en los tres o cuatro temas sexuales de siempre  y quiere sembrar esperanza, tomándose en serio el olvidado Vaticano II, “una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea”. Por ejemplo,  da importancia al trabajo en común, la colegialidad y a rescatar el concepto de Pueblo de Dios. En este sentido puede escocer mucho la afirmación de que “el  conjunto  de  fieles  es  infalible  cuando cree,  y  manifiesta  esta  infalibilidad suya  al creer, mediante  el  sentido sobrenatural  de  la  fe  de  todo  el  pueblo  que  camina”,  por lo que insiste que el diálogo entre la gente los obispos y el Papa está asistido por el Espíritu Santo. En el  proyecto de Francisco está revisar el oficio de papa (petrino),  así como preferir al pueblo que a los teólogos, porque “María amó a Jesús con corazón de pueblo”. Es precisamente en el pueblo  que sufre día a día donde descubre  la santidad. Y está tanto en contra del cura rigorista como del laxo, porque la gente lo que necesita es misericordia.  Concibe al religioso como un profeta, lo que supone a veces “hacer ruido” , pide al jesuita trabajar en la frontera y al sacerdote homilías que anuncien más que recriminen.

En una palabra Francisco dice explícitamente que no se reconoce en la derecha que algunos le han situado. Acepta, eso sí, que ha cambiado, que siendo provincial fue autoritario, de lo que se arrepiente. Y alaba varias veces a Pedro Arrupe, el general  que optó por justicia como inseparable de la fe, lo que constituye todo un signo. Pero lo más emocionante de este autorretrato es  que  para él Dios  no es certeza sino  búsqueda, “está en la vida de toda persona,   y   aun  cuando  la  vida  de  esa  persona  haya  sido  un  desastre”. En una palabra un papa  que suena a  hermano más que a papa.
PML

NOTA  SOBRE PRISA:
Aunque los datos que aporto en el post anterior sobre PRISA y la Cadena SER son históricos, debo dejar constancia para hacer justicia que ayer me pidieron opinión sobre la entrevista  del Papa en Hora 25 el programa de Angels Barceló y disfruté en esta ocasión de plena libertad de expresión.

Fuente: http://blogs.21rs.es/lamet/2013/09/un-papa-se-desnuda/





DE GREGORIO VII A FRANCISCO
Escrito por  José María Castillo

Tengo la impresión de que somos muchos los católicos, y demasiados los ciudadanos, que no acabamos de caer en la cuenta de la extraordinaria importancia que entraña la larga entrevista que el papa Francisco ha hecho pública para darnos a conocer sus ideas y sus proyectos.

Por supuesto, es de enorme interés lo que Francisco afirma sobre la moral sexual en la que machaconamente insiste tanto el clero, sobre sus ideas políticas, sobre la misericordia y la bondad que debemos poner en práctica todos los seres humanos, sobre la religiosidad y otras cuestiones que sería largo enumerar.

Sin embargo, el asunto más importante, que, a mi modo de ver, trata el papa, sospecho que se le escapa a mucha gente. Y es que la teología, como ocurre con la biología o la medicina, no está al alcance de todo el mundo. Sin embargo, periodistas y tertulianos, que no se atreverían a pontificar sobre cuestiones técnicas de biología, dictan sentencia tranquilamente sobre asuntos teológicos que exigen muchos años de estudio y reflexión.

Pero vayamos al tema que interesa. Hace cerca de mil años, en 1073, fue elegido papa un monje que tomó el nombre de Gregorio VII. Corrían malos tiempos para la Iglesia. Como es sabido, era entonces cuando estaban en auge las investiduras. Los señores feudales nombraban a su antojo (o según sus conveniencias) a los obispos, abades, y toda clase de cargos eclesiásticos. La Iglesia estaba en manos de los laicos, en el peor sentido que pueda tener esta afirmación.

Y fue entonces cuando Gregorio VII decidió cortar con semejante estado de cosas. Lo cual era necesario y urgente. Pero, para conseguir un fin bueno, no se le ocurrió otra solución que concentrar todo el poder de la Iglesia en el papa.

El criterio determinante quedó formulado por el mejor conocedor de esta historia, Y. Congar:

"Obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia, y esto, a su vez, significa obedecer al papa y viceversa".

Gregorio VII fijó sus convicciones en un documento famoso que consistía en 27 axiomas contundentes, que se resumen en tres criterios patéticos:

1) el papa es señor absoluto de la Iglesia;

2) el papa es señor supremo del mundo;

3) el papa se convierte en indudablemente santo (H. Küng).

Ahora bien, al atribuirse estos poderes, Gregorio VII acabó con una larga etapa de diez siglos en la historia de la Iglesia. Siglos en los que la Iglesia floreció, creció y forjó una cultura, que el monje Hincmaro de Reims supo sintetizar de forma admirable:

"La Iglesia se expresa en plenitud en los concilios ecuménicos, al tiempo que regula su vida histórica por medio de los sínodos en los que se reúnen los obispos de una región determinada".

Lo cual quiere decir que el gobierno ordinario de la Iglesia no se gestionaba desde Roma, sino mediante los sínodos locales, que presidían los obispos de una región. Siempre tomando las decisiones democráticamente con la participación de todos los miembros de cada sínodo local. Los nombramientos de obispos, las leyes litúrgicas y canónicas, etc, se adoptaban en los sínodos.

La Iglesia no tenía una estructura de gobierno "curial", sino "sinodal". Sólo así se conocían los problemas que había que resolver. Y se tomaban las decisiones adecuadas. Así, aquella Iglesia tuvo una vida creciente, durante mil años.

El actual obispo de Roma, el papa Francisco, nos acaba de anunciar a todos que la Iglesia vuelve a retomar el gobierno sinodal. ¿Será como el del primer milenio? No puede ser idéntico. Pero, por lo que el papa ha dicho, irá ciertamente por ese camino.

Dice Francisco en su reciente entrevista:

"Los dicasterios romanos están al servicio del papa y de los obispos: tienen que ayudar a las iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda.

Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma.

Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores".

Esta es la idea que Francisco tiene sobre el papel que les corresponde a las Congregaciones de la Curia Vaticana. El papa las pone al servicio de las Conferencias Episcopales. Y no al revés.

Pero la cosa no se queda en esto. El redactor de la entrevista recuerda que el pasado día de San Pedro, el 29 de junio, el papa definió "la vía de la sinodalidad" como el camino que lleva a la Iglesia unida "a crecer en armonía con el servicio del primado".

En consecuencia, mi pregunta es ésta:

"¿Cómo conciliar en armonía primado petrino y solidaridad? ¿Qué caminos son practicables, incluso con perspectiva ecuménica?"

Esta pregunta es fuerte y, en cuanto empiece a ponerse en práctica el proyecto al que apunta, todo cambiará. Porque, en el fondo, lo que viene a decir es que nos sentaremos juntos todos los cristianos -sea cada cual de la confesión que sea- para intercambiar en serio nuestras propuestas, hasta que lleguemos al día dichoso de recuperar la unidad perdida.

Por eso, sin duda, el mismo Francisco siguió diciendo:

"Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad. El esfuerzo de reflexión común, observando cómo se gobernaba la Iglesia en los primeros siglos, antes de la ruptura entre Oriente y Occidente, acabará dando frutos".

Y el redactor añade estas palabras de Francisco, palabras que tienen que remover las bases de la teología:

"Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ése".

Con una añadidura final, que les calla la boca a los que viven de la protesta contra todo cuanto viene de Roma:

"Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del "machismo con faldas"... Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar... En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia".

Este papa es noticia mundial porque ha tomado en serio el Evangelio. Y más en serio aún, la centralidad de Jesús en la vida. Lo central no es la religión y sus ritos, ni los dogmas y sus ortodoxias. De nada de eso habla Francisco. Aquí no se escucha el sonsonete de la prédica clerical, moralizante, amenazante y con frecuencia excluyente. El futuro de la Iglesia está en recuperar su pasado. El pasado que nos lleva derechos al galileo Jesús de Nazaret. Si no echamos por ese camino, la Iglesia no va a ninguna parte.

Si el Evangelio es el centro, lo decisivo no será la religión. El centro será la humanidad, todo cuanto nos humaniza. Por eso el papa es noticia mundial.

José M. Castillo