jueves, 5 de septiembre de 2013

NO DE CUALQUIER MANERA - José Antonio Pagola


NO DE CUALQUIER MANERA - José Antonio Pagola

Jesús va camino de Jerusalén. El evangelista nos dice que le “acompañaba mucha gente”. Sin embargo, Jesús no se hace ilusiones. No se deja engañar por entusiasmos fáciles de las gentes. A algunos les preocupa hoy cómo va descendiendo el número de los cristianos. A Jesús le interesaba más la calidad de sus seguidores que su número.

De pronto “se vuelve” y comienza a hablar a aquella muchedumbre de las exigencias concretas que encierra el acompañarlo de manera lúcida y responsable. No quiere que la gente lo siga de cualquier manera. Ser discípulo de Jesús es una decisión que ha de marcar la vida entera de la persona.

Jesús les habla, en primer lugar de la familia. Aquellas gentes tienen su propia familia: padres y madres, mujer e hijos, hermanos y hermanas. Son sus seres más queridos y entrañables. Pero, si no dejan a un lado los intereses familiares para colaborar con él en promover una familia humana, no basada en lazos de sangre sino construida desde la justicia y la solidaridad fraterna, no podrán ser sus discípulos.

Jesús no está pensando en deshacer los hogares eliminando el cariño y la convivencia familiar. Pero, si alguien pone por encima de todo el honor de su familia, el patrimonio, la herencia o el bienestar familiar, no podrá ser su discípulo ni trabajar con él en el proyecto de un mundo más humano.

Más aún. Si alguien solo piensa en sí mismo y en sus cosas, si vive solo para disfrutar de su bienestar, si se preocupa únicamente de sus intereses, que no se engañe, no puede ser discípulo de Jesús. Le falta libertad interior, coherencia y responsabilidad para tomarlo en serio.

Jesús sigue hablando con crudeza: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser mi discípulo”. Si uno vive evitando problemas y conflictos, si no sabe asumir riesgos y penalidades, si no está dispuesto a soportar sufrimientos por el reino de Dios y su justicia, no puede ser discípulo de Jesús.

No se puede ser cristiano de cualquier manera. No hemos de confundir la vida cristiana con formas de vivir que desfiguran y vacían de contenido el seguimiento humilde, pero responsable a Jesús.

Sorprende la libertad del Papa Francisco para denunciar estilos de cristianos que poco tienen que ver con los discípulos de Jesús: “cristianos de buenos modales, pero malas costumbres”, “creyentes de museo”, “hipócritas de la casuística”, “cristianos incapaces de vivir contra corriente”, cristianos “corruptos” que solo piensan en sí mismos, “cristianos educados” que no anuncian el evangelio...

José Antonio Pagola



Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Ayuda a vivir como verdaderos seguidores de Jesús. Pásalo.
8 de septiembre de 2013
23 Tiempo ordinario (C)
Lucas, 14, 25-33
PERO TAMBIÉN PUEDO SER DISCÍPULO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Podría seguir así,
tirando más o menos como hasta ahora,
manteniendo el equilibrio prudentemente,
justificando mis opciones y decisiones,
diciendo sí aunque todo sea a medias...
Pero también puedo ser... discípulo.

Más que nunca quiero ser dueño
de mis hechos, pasos y vida,
no renunciar a la libertad conseguida,
entregarme a los míos con cariño,
y tener esa serena paz del deber bien cumplido...
Pero también puedo ser... discípulo.

Puedo cargar con mi cruz, quizá con la tuya;
también complicarme la vida
y complicársela a otros con osadía,
hablar de tu buena noticia
y sembrar nuevas utopías...
Pero también puedo ser... discípulo.

Anhelo hacer proyectos,
proyectos vivos y sólidos
para un futuro más humano y solidario;
deseo trabajar, ser eficaz,
dar en el clavo y acertar...
Pero también puedo ser... discípulo.

Soy capaz de pararme y deliberar,
escuchar, contrastar y discernir;
a veces, me refugio en lo sensato,
otras, lanzo las campanas al vuelo
y parece que rompo moldes y modelos...
Pero también puedo ser... discípulo.

Puedo entretenerme en cosas buenas,
agradecer, día a día, mi tarea, mi suerte,
mis amigos, mis estudios,
mi vida sana y solvente;
puedo construir torres y puentes...
Pero también puedo ser... discípulo.

No siempre acabo lo que emprendo;
otras arriesgo y no acierto,
o me detengo haciendo juegos de equilibrio;
me gusta dejar las puertas abiertas, por si acaso.
y la agenda con huecos...
Pero también puedo ser... discípulo.

Florentino Ulibarri





LLEGAR HASTA EL FINAL DEL CAMINO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 14, 25-33

Seguimos en camino hacia Jerusalén. Jesús advierte a esa multitud que le seguía alegremente, de las dificultades que entraña un auténtico seguimiento. Les hace reflexionar sobre la sinceridad de su postura.

Solo en el contexto del seguimiento de Jesús, podemos entender las exigencias que nos propone. Hace unos domingos, Jesús decía al joven rico: Si quieres llegar hasta el final... Hoy nos dice: si no piensas llegar hasta el final, es mejor que no emprendas el camino. Si no eres capaz de concluir la obra, no es que te hayas quedado a la mitad, es que has fracasado. Una casa a medio hacer no sirve para nada.

Ni siquiera Jesús te exige que seas cristiano, pero si decides caminar con él, no hay más remedio que dejar de caminar en otras direcciones.

Una de las interpretaciones equivocadas de este radicalismo, es entender el mensaje como dirigido a unos cuantos privilegiados, que serían cristianos de primera. Jesús no se dirige a unos pocos, sino a la multitud que le seguía. Pero lo hace personalmente. "Si uno quiere..." La respuesta tiene que ser también personal y adulta.

No hay pues, cristianismo a dos velocidades; una la de los clérigos, y otra la de los laicos. Esta visión, no puede ser más contraria al mensaje de Jesús. Todos los seres humanos estamos llamados a la misma meta.

No se trata de machacar o anular el instinto. (Es lo que se ha predicado con demasiada frecuencia). Sería una tarea inútil porque el instinto es anterior a mi voluntad y escapa a su control. Se trata de que el instinto no sea manipulado por la voluntad, torciéndolo hacia un objeto distinto del suyo propio.

Como seres humanos, debemos comprender que el fin que el instinto quiere garantizar, aunque es bueno en sí, no es absoluto. Fin último solo hay uno. Todos los demás serán penúltimos, es decir, medios. De este modo, la tendencia instintiva seguirá ahí y cumplirá su objetivo, pero la última palabra la tendrá la parte específicamente humana, es decir, el conocimiento y la voluntad.

Tres son las exigencias que propone Jesús:

1ª.- Posponer a toda su familia.

2ª.- Cargar con su cruz.

3ª.- Renunciar a todos sus bienes.

Las tres se resumen en una sola: total disponibilidad. Sin ella no puede haber seguimiento.

No es fácil entender bien lo que Jesús propone. La manera de hablar nos puede jugar una mala pasada. La radicalidad absoluta tiene una explicación. En una lengua que carece de comparativos y superlativos tiene que valerse de exageraciones para expresar la idea. Lo notable es que se haya mantenido la literalidad en el texto griego, que dice "misei" = odia, aborrece, ten horror. También se ha mantenido en latín que dice simplemente "odit" = odia. No podemos entenderlo al pie de la letra. Fijaos que también dice "...incluso a sí mismo".

Ni debemos entenderlas al pie de la letra, ni podemos ignorarlas. Son como los famosos "koan" del zen. Tienen que hacernos trascender la formulación y meternos por el camino de la intuición. Fallamos estrepitosamente cuando queremos comprenderlas racionalmente. La verdad que quieren trasmitir no es una verdad lógica, sino ontológica. Por mucho que nos exprimamos el coco, no podemos entenderla con la razón, pero podemos indicar por donde van los tiros.

Para la primera exigencia la clave está en la frase: "...incluso a sí mismo". El amor a sí mismo puede ser nefasto si se refiere al 'falso yo' que desemboca en el egoísmo. Ese falso yo tiene también su padre y su madre, sus hijos y hermanos.

Posponer a la familia. El amor a la familia puede ser la manifestación de un egoísmo amplificado, que busca la potenciación del individualismo y la seguridad de los "yoes" de los demás. Lo que se busca en ese amor es que mi egoísmo quede garantizado, sumado al egoísmo de los demás miembros de la familia. Ese yo ampliado es mucho más fuerte y asegura mejor el interés del pequeño yo de cada uno.

El seguir a Jesús está basado en el amor. Pero el amor que nos pide no está reñido con el verdadero amor al padre o a la madre. Si el seguimiento es incompatible con el amor a la familia es que está mal planteado. El amor que nos pide el evangelio está más allá del sentimiento, pero no estará nunca en contra. Seguir a Jesús nos enseñará a amar más y mejor también a nuestros familiares.

Otro problema muy distinto es que ese seguimiento provoque en los familiares la oposición y el rechazo, como le pasó al mismo Jesús. Entonces no se puede ceder a las exigencias del instinto, porque está maleado. El tema del rechazo está más ligado al aceptar la cruz que al amor a la familia. Si los familiares, muy queridos, te quieren apartar de tu verdadera meta, está claro que no puedes ceder por un amor mal entendido, aunque eso cause un verdadero dolor.

El hombre alcanza su plenitud cuando despliega su capacidad de amor, que es lo específicamente humano. Este amor no puede estar limitado, tiene que llegar a todos. Por eso el profesar un verdadero amor a una persona, no puede impedir ni condicionar la entrega a otros. Si un amor impide otro amor, es que no es verdadero amor evangélico.

Cargar con la cruz hace referencia al trance más difícil y degradante del proceso de ajusticiamiento de un condenado a muerte de cruz. El reo tenía que transportar él mismo el travesaño de la cruz. Jesús va a Jerusalén precisamente a ser crucificado. No olvidemos que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y la tienen siempre presente.

Está haciendo referencia a lo que hizo Jesús, pero a la vez, es un símbolo de todas las dificultades que encontrará el que se decide a seguirle. Una vez emprendido el camino de Jesús todo lo que pueda impedir seguir adelante hay que superarlo cueste lo que cueste.

Renunciar a todos sus bienes. No es nada fácil entenderlo esto hoy. Recordemos que a los que entraban a formar parte de la primera comunidad cristiana se les exigía que pusieran a disposición de la comunidad todo lo que tenían. No se tiraban por la borda los bienes. Solo se renunciaba a disponer de ellos al margen de la comunidad. El objetivo era que en la comunidad no hubiera pobres ni ricos.

Hoy sería imposible llevar a la práctica este ideal de desprendimiento. Pero podemos entender que la acumulación de riquezas se hace siempre a costa de las carencias de otros seres humanos, hoy tendríamos que descubrir que lo que yo poseo, puede ser causa de miseria para otro ser humano. En realidad se trata de elegir entre las seguridades que da la posesión de cualquier bien o alcanzar un mayor grado de humanidad.

El seguimiento de Jesús no puede consistir en una renuncia, es decir en algo negativo. Se trata de una oferta de plenitud. Mientras sigamos hablando de renuncia, es que no hemos entendido el mensaje. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir lo mejor para mí.

No es una exigencia de Dios, sino una exigencia de nuestro verdadero ser. Jesús vivió esa exigencia. La profunda experiencia interior le hizo comprender a dónde podía llegar el ser humano si despliega todas sus posibilidades de ser. Esa plenitud fue también el objetivo de su predicación. Jesús nos indica el camino.

En cuanto a las dos parábolas, el cálculo que nos propone Jesús es que no se puede repicar e ir en la procesión, cosa que estamos intentando nosotros a todas horas. Queremos ser cristianos, pero a la vez, queremos disfrutar de todo lo que nos proporciona la sociedad de consumo. Queremos lo mejor para el espíritu, pero intentando a la vez satisfacer los sentidos. Eso es imposible. No tenemos más remedio que elegir.

Preferir el hedonismo a la plenitud de ser, es un error de cálculo. Las parábolas quieren decirnos que se trata de la cuestión más importante que nos podemos plantear, y no debemos tratarla a la ligera. Es una opción vital que requiere toda nuestra atención. Nuestro problema hoy es que somos cristianos sin haber hecho una clara opción personal.

Radicalidad no quiere decir rigorismo. El mismo Jesús dijo que su yugo era suave y su carga ligera. La radicalidad nace de dentro, de la libertad, una vez conocido lo que es verdaderamente bueno para mí, la voluntad no tiene problema alguno para elegirlo. El rigorismo llega de fuera, nace del miedo y nos hace esclavos. Por abandonar la radicalidad de la opción, la Iglesia se ha visto obligada a reforzar el rigorismo. ¡Así nos luce el pelo!

Meditación-contemplación

"Sí alguno quiere venirse conmigo..."
Jesús no impone nada, simplemente propone.
Las condiciones no las impone él:
son exigencia de la misma naturaleza humana.
.....................

Elegir lo que es mejor para mí por convicción personal,
nunca puede ser renuncia o sacrificio.
Sólo si me muevo por programación externa
renunciaré a aquello que sigo creyendo que es mejor.
....................

Sólo el verdadero conocimiento, la iluminación, la sabiduría
puede llevarme a una búsqueda de los bienes definitivos.
Mientras no alcance esa luz, andaré dando tumbos.
Descubierto el tesoro, todo lo demás pierde valor.
...............

Fray Marcos






EL REINO TIENE UN PRECIO
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 14, 25-33

Estos capítulos de Lucas son una especie de cajón de sastre en que se alternan enseñanzas y actividades de Jesús, hasta cierto punto unificadas en el marco genérico de "la subida hacia Jerusalén".

La lectura litúrgica nos ha privado de los versos 15 - 24 de este capítulo 14, la gran parábola del banquete nupcial, quizá porque ya propuso esta parábola en su paralelo de Mateo 22, el domingo 28º del ciclo A.

Se desarrollan dos temas diferentes, aunque conectados.

El primero, la renuncia, enunciado al principio, posponer al padre... incluso a sí mismo, y al final, en la frase que cierra la lectura.

El segundo tema se expresa en dos ejemplos: el que construye la torre y el rey que mide su ejército.

El tema de la renuncia se expresaba antes en otra traducción más violenta: "el que no odia a su padre...", que sería la traducción literal del original. La traducción actual "pospone" no es literal, pero da mejor el sentido que tendría la palabra "odiar" para los oyentes de Jesús.

Por otra parte, "odiar" o "posponer" al padre, madre, mujer, hijos, hermanos, cobra sentido completo cuando se lee el último objeto de ese odio: "incluso a sí mismo". Esta expresión sitúa bien el sentido del pasaje entero: incluso lo más querido puede ser puesto en cuestión frente a las exigencias del Reino.

En definitiva, la doctrina es la misma que la de "si tu mano o tu ojo te escandalizan...", de Mateo 9,47, y, en el fondo, la de la de la parábola del Tesoro. Pero en esta ocasión se insiste solamente en la parte de la renuncia, en el precio, no en el inapreciable valor de lo que se compra.

(Volvemos a insistir: el mensaje del Evangelio es el Evangelio entero; fragmentarlo puede ser muy peligroso. La cruz es mensaje, pero separada de la resurrección puede ser fuente de toda clase de espiritualidades aberrantes).

Esta renuncia, este precio, exige valor, hay que ser capaz de ello, hay que atreverse. Esto se subraya en los dos ejemplos, de la torre y del rey. Estas pequeñas parábolas van en la misma línea del episodio del joven rico: no quiso pagar el precio. (Lo cual no significa que no se salva, que no entra en La Vida, sino que no sigue a Jesús en el Reino, que es algo bien diferente).

Los dos temas, por tanto, expresan desde ángulos diferentes un mismo mensaje: el Reino tiene un precio. Parece que el contexto interior de estas expresiones se ha de poner precisamente en el tiempo en que fueron dichas, que es muy probablemente el final de la vida de Jesús, cuando el Reino va a tener un gravísimo precio para él mismo. Jesús tiene que optar, ha hecho ya su opción; por eso va a Jerusalén, y sabe que va a Jerusalén a pagar ese precio. La invitación a seguirle cobra en consecuencia tintes extremos, y las fórmulas con que se expresa son especialmente disonantes.

¿Qué es lo que más quiero en este mundo? Mi madre, mi padre, mis hermanos, mis amigos, mi marido, mi mujer, mis hijos ... Y, sobre todo, en lo más íntimo, yo mismo. Es muy inteligente la formulación del Gran Mandamiento: "Al prójimo como a ti mismo", porque del amor a nosotros mismos no nos cabe la menor duda.

Poner el amor al prójimo a la altura del propio amor es un reto y una inversión profunda de valores: yo mismo ya no soy un absoluto. Yo mismo soy también para el Reino. Se invierte también el sentido de la religión: ya no es "Dios para mí", soy "yo para Dios".

Lo cual no destruye que yo me ame a mí mismo, que yo busque como máximo bien mi propia felicidad, sino que posiciona correctamente esa aspiración, me libra de considerarme el centro del universo, de hacer orbitar a todos, Dios incluido, alrededor de mí; esta liberación me lleva a una felicidad verdadera, mucho más plena, me libra de una limitación frustrante, porque revela lo mejor de mi ser, que es "ser con otros y para otros". "Ser para el Reino" es una dimensión humana superior al "ser para mí".

Cuando el ser humano entiende que lo más íntimo y caracterizador de su propia persona es la misión, su papel en el Reino, su dimensión personal se engrandece, las limitaciones infantiles y empequeñecedoras de lo individual dejan paso a la responsabilidad del adulto. El placer de disfrutar aquí y ahora de lo que aquí y ahora me apetece deja paso a la satisfacción de encontrar profundo sentido a todo, de saberse querido personalmente por Dios y tenido en cuenta para el Proyecto común. El Reino es Misión y la misión sitúa correctamente al individuo y lo engrandece.

A esto invita Jesús. Esto hizo cuando dejó Nazaret, su honrado oficio, probablemente respetable, su madre, su clan, sus hermanos y amigos. Todo esto era para el Reino. Quedarse en ello hubiera significado buscarse sólo a sí mismo. Bajar al Jordán, aceptar el Espíritu, pelear cuarenta días con la tentación en el desierto... Jesús tuvo que pagar un precio por aceptar la Misión. Tendrá que pagar más. Y lo pagará. ¿Mereció la pena?

La doctrina de la resurrección significa entre otras cosas que sí mereció la pena. Que Jesús es "El Señor" porque pagó el precio, un precio que, aunque pareció grande en el momento, no lo fue respecto a lo que se compraba con él.

Debemos aplicar todo esto a nuestra situación respecto al Reino.

El Reino, aquí, es una sociedad en que reinen los criterios y valores de Jesús.

El Reino, a nivel individual, es un conjunto de criterios y valores que se viven.

El Reino es también la realidad definitiva, que supera a ésta y es su fruto.

Y las tres son realidades que hay que construir: la invitación de Jesús es a intentarlo, a meterse en esa aventura, en todas sus dimensiones: convertirse al Reino, crecer para el Reino, construir el Reino, esperar el Reino.

El Reino abarca todas las realidades vitales: mis cualidades, para el Reino; salir de mis pecados, porque estorban al Reino; trabajar, para el Reino; irse de vacaciones, para el Reino; casarse, para el Reino... Porque el Reino no es huir de la realidad humana sino dar pleno sentido todas las realidades humanas. Por eso, el Reino no es esencialmente renunciar a nada sino dirigirlo todo hacia ese fin. ¿Y todo lo que no vale para ese fin, todo lo que estorba al Reino? A eso hay que renunciar.

La fundamentación de la renuncia está en que el ser humano siente la tentación de conformarse con poco, con apariencias de felicidad. La invitación al Reino es una oferta más ambiciosa, de mayor plenitud humana. Pero todas las mediocridades atrayentes atrapan nuestra ambición, nos domestican, y acabamos viviendo para ideales superficiales que a la postre resultan deshumanizadores.

En un extremo está el Reino, la plena realización humana; en el otro extremo está el fracaso, la deshumanización. En medio, el Espíritu, alentando, soplando, despertando, invitando... siempre a más.

Jesús sabe que este dilema es muy radical. El ser humano se puede echar a perder. Diríamos que es el único viviente (que conozcamos) que puede no llegar a realizarse; por eso es libre, dignidad y riesgo, pero en todo caso, condición y destino. Por eso, puede realizarse y puede fracasar. Y por eso son radicales las expresiones de Jesús.

El resumen final es el mismo de tantas parábolas: no tires tu vida; tú eres mucho más que todo eso; el Espíritu te invita a mucho más; se puede pagar mucho, incluso todo, por El Tesoro.

Pero tampoco así está perfectamente enfocado el tema, porque no se trata de dejarlo todo a ver si consigo encontrar el tesoro, sino de encontrar el tesoro y volverse loco de alegría, de manera que el valor de las demás cosas palidece e incluso desaparece. Importante para la vida ascética, para el progreso espiritual: no es primero la renuncia para llegar a la alegría: es primero la alegría, de ella se derivan las renuncias... que no se sienten como renuncias sino como liberación.

Ha sido muy frecuente que los directores espirituales y los libros de espiritualidad lo enfoquen al revés. Se pone el secreto de todo en la fuerza de voluntad, en el esfuerzo ascético. No es así. Lo que todo lo cambia no es mi voluntad ni mi esfuerzo: es la alegría de encontrar el Reino, que es regalo de Dios, no un logro de nuestra voluntad. Una vez más, la palabra clave es alegría: nada ni nadie puede hacernos más felices que el Reino: ya lo dijo, preciosamente, Pablo en Filipenses 3,6.

"Lo que era para mí ganancia, lo he considerado pérdida a causa de Cristo. Más aún, juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas y las considero basura por ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene del cumplimiento de la Ley, sino la que viene de la fe de Cristo, la que viene de Dios, apoyada en la fe."

José Enrique Galarreta, SJ.






Todos con el Papa; la oración y el ayuno por la paz

En una plaza San Pedro abierta a todos los fieles, la meditación comenzará a las 18.30 hrs., cuando será leído el texto del Ángelus con el que el domingo pasado el Papa llamó a la “Jornada de oración y ayuno por la paz en Siria, Medio Oriente y en el mundo entero”.

A las 19.00 comenzará la vigilia: la primera parte, explicó Lombardi, tendrá un carácter mariano, con la entronación de la Virgen “salus populi romani”, que partirá desde el Obelisco. Después comenzará el Rosario, dirigido por el Papa: al comienzo de cada misterio, después de la lectura bíblica, se leerá el texto de un poema de Santa Teresita del Niño Jesús, y al final se repetirá la invocación “Reina de la paz, ruega por nosotros”. Esta primera parte concluirá con la meditación del Papa (alrededor de las 20.30 hrs.).


Después de las palabras de Francisco, comenzará la segunda parte de la vigilia, en la que estará presente Bergoglio y que tendrá un carácter eucarístico. La adoración eucarística tendrá cinco momentos, cada uno de los cuales será precedido por una lectura bíblica sobre el tema de la paz, una oración de Pío XII sobre la paz, invocaciones en forma de responsorio para pedir la paz, el canto, la ofrenda del incienso, el silencio para la adoración personal.


Al final de cada uno de estos cinco tiempos de la adoración cinco parejas de personas (en representación de Siria, Egipto, la Tierra Santa, los Estados Unidos y Rusia) ofrecerán el incienso, en el brasero colocado a la derecha del altar.

Después de tres minutos de silencio, comenzará el oficio de las lecturas, «de la manera más larga prevista para una celebración vigilar», indicó elpadre Lombardi. Al final, alrededor de las 22.25 hrs., habrá otro momento de silencio que durará hasta las 22.40. Después, la bendicicón eucarística del Papa. El sábado por la tarde, a las 17.45 hrs., los fieles que lo deseen podrán confesarse en los 50 confesionarios que serán instalados en el brazo de Constantino y bajo la columnata de la plaza.


«Lo quiso así expresamente el Papa –refirió Lombardi–, considerando que la verdadera paz nace del corazón del hombre reconciliado con Dios y con los hermanos». Para favorecer la participación en la vigilia, no será necesario ningún billete para acceder a la plaza.







No entiendo quién ha dado autorización a EE.UU.
o a Francia para actuar contra un país...
P. Adolfo Nicolás, SJ

"Los Estados Unidos de América tienen que dejar de actuar y reaccionar como el chico Grande en el barrio del mundo". Con esta crudeza se ha pronunciado Adolfo Nicolás, prepósito general de los jesuitas, en contra de la intervención militar en Siria. Haciendo suyo el clamor del Papa Francisco por la paz, Nicolás critica duramente a EE.UU. y Francia, posibles responsables de "la barbarie a la que somos conducidos".

Tanto jesuitas como salesianos, a través de un mensaje de su Rector Mayor, Pascual Chávez, se han sumado "al cien por cien" a la iniciativa de paz del Papa, y animan a sus comunidades y simpatizantes a participar en la jornada de ayuno y oración por la paz que tendrá lugar este sábado en la plaza de San Pedro y en centenares de ciudades de todo el mundo.

El más duro fue el prepósito general de los jesuitas. En una entrevista publicada en la web de la Curia General, Adolfo Nicolás sostiene que "apoyamos la acción del Santo Padre al 100% y deseamos desde el fondo de nuestro corazón que la anunciada acción punitiva no tenga lugar". Para Nicolás, "estamos frente a una situación humanitaria que supera los límites normales que apoyarían el silencio. Y tengo que decir que confieso que no entiendo quién ha dado autorización a los Estados Unidos o a Francia para actuar contra un país de tal modo que sin duda aumentará el sufrimiento de una población que ya ha sufrido más de la cuenta".

"La violencia o acciones violentas, como la que se está preparando, solamente son justificables como último recurso y de tal manera que solamente los culpables reciban daño", continúa el general de los jesuitas, quien tilda de "totalmente inaceptable" el recurso a las armas.

"Los Estados Unidos de América tienen que dejar de actuar y reaccionar como el chico Grande en el barrio del mundo. Esto lleva inevitablemente al abuso, el atropello y el 'matonismo' sobre los miembros más débiles de la Comunidad" reflexiona el religioso, quien subrayó que "hay que demostrar al mundo" que sólo una de las partes enfrentadas ha utilizado armas químicas, "para que el mundo pueda confiar en este país. Esta confianza no se da actualmente, y han comenzado ya las especulaciones sobre ulteriores motivos que pueda tener USA en su proyectada intervención".

"La experiencia -prosigue Nicolás- nos dice que los resultados posteriores son que aumenta el sufrimiento de los ciudadanos ordinarios inocentes y ajenos al conflicto". Por ello, añadió, "es muy preocupante que en nombre de la justicia planifiquemos un ataque que va a aumentar el sufrimiento de las víctimas".

La dura andanada del general de los jesuitas contra Estados Unidos viene precisamente de "su decicación, espiritualidad y pensamiento". "Lo que más me preocupa -añade- es que precisamente este país, que yo admiro sinceramente, está al borde de cometer un gran error. Y podría decir algo parecido sobre Francia. Un país que ha sido un verdadero líder en espíritu, inteligencia, y que ha contribuido en gran manera a la Civilización y a la Cultura y que está ahora tentada a conducir a la Humanidad hacia atrás, a la Barbarie, en abierta contradicción con todo lo que ha simbolizado a lo largo de muchas generaciones. Que estos dos países se unan ahora para una medida tan horrenda es parte de la ira de tantos países en el mundo. No tenemos miedo al ataque; nos aterra la barbarie a la que somos conducidos".

¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? "Porque el problema es ahora", apunta Nicolás. "Porque el Santo Padre está tomando medidas extraordinarias para hacernos conscientes de la urgencia del momento. El haber declarado el día 7 de Septiembre como día de ayuno por la paz en Siria es una medida extraordinaria y nosotros queremos unirnos a ella".

"A mí me resulta dificilísimo aceptar que un país, que se considera, al menos nominalmente, cristiano no pueda concebir más que acción militar en una situación de conflicto y con ello puede llevar al mundo, de nuevo, a la ley de la jungla", concluye el padre general jesuita.

Por su parte, el Rector Mayor de los salesianos, Pascual Chávez, ha enviado un mensaje a toda la familia de Don Bosco en el que invita a todos los religiosos y religiosas de esta orden a sumarse al Papa en la jornada de ayuno por la paz en Siria y en el mundo.

"Como veis es una llamada angustiosa que se refiere en primer lugar a la dolorosa situación de Siria, envuelta desde hace tiempo en una guerra civil, y en segundo lugar es una invitación a no olvidar los otros numerosos conflictos que atormentan a tantas regiones y poblaciones de los diversos continentes", subraya Chávez quien pide "a todas las comunidades que organicen algún acto litúrgico según esta intención. Os espero el próximo sábado a las 19 en la Plaza de San Pedro". 
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"Todos nosotros creemos que la paz es un bien extraordinariamente necesario para el desarrollo y el progreso de la comunidad nacional e dela co munidad mundial. Ella se nutre del respeto de los derechos fundamentales que deben ser garantizados a los pueblos y a las personas y, al mismo tiempo, viene edificada por la observancia de los deberes igualmente importantes que nacen de estos mismos derechos", concluye el rector de los salesianos, que pide a todas las instituciones de la congregación que vivan al menos tres momentos: "Un momento de oración por la paz, vivido sobre todo como adoración eucarística, preparada por un ayuno particular; alimentando la oración con textos bíblicos o textos tomados de documentos de la Iglesia sobre el tema de la paz"

"Un momento de educación en la paz. En las escuelas, en los oratorios, en otros contextos educativos, ofrecer a los jóvenes un encuentro sobre el tema de la paz, proponiéndoles una reflexión a partir de las noticias de actualidad sobre el tema, presentado el valor del texto de la encíclica de Juan XXIII "Pacem in terris", de otros documentos de la Iglesia y también de textos significativos de autores laicos".

"Un momento de testimonio sobre la paz. Es posible celebrar comunitariamente un momento de reconciliación comunitaria, invitando también a nuestros laicos y a los jóvenes, durante el cual pidamos perdón a Dios de nuestras divisiones y de nuestros conflictos, pequeños y grandes".

Jesús Bastante - Religión Digital






Otro aires en la Iglesia
Bernardo Pérez Andreo

Este hombre, Jorge Mario Bergoglio, elegido para la sede episcopal de Roma, y por tanto sucesor de Pedro, ha conseguido en 5 meses revertir el camino que había emprendido la Iglesia en los últimos 50 años. En cada gesto, cada palabra, cada discurso, cada acto que lleva acabo, deja ver que su etapa como sucesor de Pedro va a marcar un hiato en la historia de la Iglesia como nunca antes se había vivido. Será un giro, pero hacia el origen, hacia la prístina pureza del Evangelio que nos muestra cómo debe la Iglesia estar en el mundo: como sal, como luz, como fermento, haciendo que el Reino fructifique por doquier en continuo peregrinar. Alimentando la solidaridad, sí la solidaridad, que en nada se opone a la fraternidad; incrementando el diálogo y la búsqueda de la unidad; ahormando la comunidad de los que creemos y de los que no, porque todos somos hermanos, aunque no todos se reconozcan como hijos. Este giro será estudiado como una cesura y un nuevo comienzo, como la vuelta a Nazaret de la Iglesia.

Los que estamos dentro lo notamos en muchas cuestiones, pero la que quizás más nos ha impactado es el cambio de aires que se respira. Ahora, por fin, podemos respirar hondo sin miedo a levantar sospechas. Ahora podemos hablar en la plaza pública lo que antes quedaba reducido a los círculos de confianza. Ahora se puede hablar de pobreza sin levantar sospechas de liberacionista; se puede plantear el diálogo religioso como un buscar la verdad y no como mera estrategia apologética; se puede criticar el capitalismo sin tener que soportar la losa de comunista (aunque algunos no cambian en esto); se puede decir "no a la guerra" sin parecer un ultra izquierdista paniaguado por los de la ceja. Ahora, en fin, se puede decir lo que se piensa y sentir lo que se dice, cosa que, como dijera Hume siguiendo a Tácito es más bien rara. Pes bien, estamos en esos tiempos extraños (rara temporum) en los que la libertad fluye como agua pura y en los que los torquemada de siempre deben guardar las herramientas para otra ocasión (de seguro que la tendrán y por eso esperan agazapados).

Publiqué un libro, No podéis servir a dos amos, en el que expongo una crítica a esa Iglesia que no sabe sino enrocarse en posiciones numantinas que solo la arrastran a lo más lúgubre de la mundanidad. Me permito hacer unas propuestas de salida, para el mundo y para la Iglesia, que permitan vivir en este mundo hoy como sería posible dado el avance científico y moral al que hemos llegado, pero que no se pone en práctica porque la avaricia extrema elevada a sistema social, el capitalismo, sigue coartando las posibilidades de la humanidad, secuestrando los espíritus y encerrándolos en una jaula dorada, en occidente, y una prisión oscura, el resto del mundo. Hacia el final del libro expreso mis anhelos con estas palabras:

"Nuestra ciudadanía, nuestra pertenencia política, no es de este mundo, es una ciudadanía celestial, dicho en los términos del Nuevo Testamento, o con una traducción adaptada al mundo de hoy, es una república alternativa. Se trata de otra forma de hacer las cosas, de otra manera de organizar la política, de otra manera de hacer la economía. En definitiva, se trata de otro mundo que debe ser posible, de otra Globalización, la del amor y la pobreza. Porque esta nueva civilización, como hemos dicho en varias ocasiones, se opone a la actual y resulta de una confluencia de perspectivas: la del Magisterio eclesial, la civilización del amor; y la de las víctimas del IGP (Imperio Global Posmoderno), la civilización de la pobreza, que “supone el des-quiciamiento del mundo actual, es decir, una alteridad radical”[1]. Hemos de ser capaces de cambiar la mentalidad de los habitantes del planeta, como única forma real de desconstruir un mundo que ha crecido contra los hombres y su desarrollo. El desarrollo a toda costa ha sido la ideología dominante, una especie de promesa del cielo en la tierra que generó un sueño, un sueño monstruoso que la razón occidental convirtió en realidad. La civilización de la pobreza"

La Iglesia, me atrevo a proponer, debe empujar la historia hacia esa República alternativa que es otra forma de llamar al Reino de Dios y que lo debemos construir entre todos. Los cristianos no tenemos ningún privilegio, no somos especiales, pero sí tenemos la confianza puesta en que el Dios de Jesús, el Señor de la historia, empuja en la dirección de hacer del mundo un lugar de fraternidad, un lugar donde el hombre puede vivir como tal.

[1] Jon Sobrino, “Revertir la historia” Concilium 308 (2004) 146.