miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gracias Jorge Manzano


Lo quise mucho, lo quiero y seguiré queriendo. Le seguiré admirando y su testimonio me seguirá inspirado. Me dirigió la tesis sobre Kierkegaard, pues el me adentró en sus apasionantes textos. Releo y me vuelvo a emocionar, ahora que rescato aquel mail que me enviste a los días posteriores a la ordenación, aquí lo comparto. ¡Gracias, ilustre Jorge!

Sábado 10 de febrero 2009: 

Ordenaciones de Ismael Bárcenas (Mayo) como presbítero; de César Palacios, Fernando Morales y Justino Calderón como diáconos, a quienes ordena el Sr. Obispo Benjamín Castillo Plascencia, de Villahermosa (hermano del jesuita José María), y últimos votos del Hermano David García. La ceremonia tiene lugar en el Gimnasio de la UIA_Torreón. Mayo, César y Fernando fueron miembros de nuestra comunidad de Tláhuac en épocas diferentes, en los últimos semestres de sus estudios de filosofía. Domingo 11, cantamisa de Mayo en la Casa Iñigo de Torreón, a que lo acompañmos como concelebrantes cosa de 20 jesuitas. En la ceremonia de ordenación está el Provincial Carlos Morfín Otero, los asistentes cumpliendo su tarea primordial de superiores nada más riendo y saludando ridentes et salutantes: Fernando Fernández Font, Carlos Cervantes, Sergio Cobo y Luis Valdez; dos antiguos asistentes: Rafael Moreno Villa y David Fernández. El socio, impedido de la mano da órdenes con un solo movimiento de cabeza hacia arriba o hacia abajo. De la Ibero y la Pereira de Torreón, donde trabaja Mayo: con su tranquilidad olímpica Felipe Espinosa superior y Quintín Balderrama, rector de la UIA, el efectivo Alejandro Treviño, el flamante Héctor Acuña (hasta hace unos días con nosotros en Tláhuac) muy relajado y distendido como si nada; los caballos de batalla Miguel Buch, Paco Goitia, Luis Manrique, Enrique Ponce de León, el maestrillo Ricardo Cámara, y en buena salud Horacio Chávez. De la Parroquia San Judas de Torreón, donde trabaja Fernando Morales están: los invulnerables José María Castillo y Guillermo Cortés; vacacionando de sus estudios en Chile Juan José Esquivias, los aguerridos José de J. Segura, Toño Ávila y el fabuloso hermano Moisés Cortés. De la Ibero de México, donde vivieron algunos escolares de los ordenados: impertérritos Antonio Oseguera, Mario López Barrio y Martín Mac. Intosch. De otras comunidades del DF: los por supuesto Carlos (La Güera) Espinosa, Luis Morfín, Sebastián Mier, Gerardo Cortés, Chuy Acosta, Carlos Rodríguez y Luis García Orso. De Guadalajara estamos El novísimo Rector Guillermo Prieto; con su futuro de teología (incierto dónde) el maestrillo Roberto Padilla, y yo. De otras partes de la República: Félix Palencia que sin arete parecía un padre grave de los antiguos reverendísimos al estilo de los PP. Orvañanos, Vértiz, Iglesias, Cuevas, Heredia, Torroella, Escalante; la única prenda moderna que lleva son los tenis, eso sí bien cubiertos por el alba; el enigmático Luis Avitia, de Parras, donde trabajó Justino; Grandes figuras del cuadro: José Luis Gallegos, Luis González de Cosío, Daniel Steevens, Tomás Ortiz. Del extranjero, el P. Ministro de Berkeley, donde no hace mucho Justino y César pasaron un semestre; José Luis Moreno (Bigos, muy laureado por sus libros sobre matemáticas), y el fabuloso hermano Ricardo Greeley. Asisten también algunos de los sacerdotes ordenados no hace mucho, con la seriedad que exige el caso: Mario Alberto Cisneros, Pedro Reyes, Eduardo Silva y Aristeo López (Tello). Y varios escolares de teología: sacando fotos infatigable, Enrique Carrasco; y los incólumes Ricardo Machuca, Salvador Ramírez, Enrique Mireles. Como liturgos en acción, Gustavo González (Chunuk) y Pedro Flores, que tienen la prudente debilidad de no cubrir con roquete a los tres monaguillos, chavos de la Ibero. Espero que no se me haya escapado algún nombre. En fin cincuenta concelebrantes, y otros ocho o nueve no sacerdotes. Y la ceremonia bella, arrebatadora en su sencillez. Nunca en Torreón había habido tal despliegue litúrgico. Algunos torreonitas preguntan si ya estamos en el paraíso. Se añade, para los que creen en eso, que hay excelentes augurios. Por lo pronto la ordenación es en el gimnasio en que prepondera la cancha de básket, deporte preferido de MAYO. Con su traje de gala huichol va CÉSAR, que en la ceremonia fue cubierto por los capisallos comunes, pero que en el brindis final lució en todo su esplendor; además de que hubo luna llena. Una vez en Tláhuac tuvo que oír fuerte diatriba, de parte de uno de los NN, de por qué se des-culturizaba (Cf. esta Historia Domus, febrero 20, 2001); y me imagino que habrá sufrido otra de parte de los mismos huicholes. El caso es que su mamá, y otras dos damas huicholas, también en traje de gala,  pasaron a colocarle la estola, y lo hicieron con mucha ternura, máxime cuando lo besaron. Realmente podríamos pensar que estábamos en el paraíso. Sobre FERNANDO: van muchísimos jóvenes de los que atendió y atiende en Torreón. JUSTINO y DAVID están resplandecientes, signo seguro de lo que es una verdadera y fuerte consolación. Del canta misa de Mayo sobresalen las vivencias de amistad y de alegría, aparte de las palabra de Félix que comenzando por Moisés siguió por los profetas. En resumen, el conjunto de ordenación y canta misa fue todo un happening. 

Por Jorge Manzano, SJ.