jueves, 12 de septiembre de 2013

EL GESTO MÁS ESCANDALOSO - José Antonio Pagola

EL GESTO MÁS ESCANDALOSO - José Antonio Pagola
El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.

De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.

Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?

Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.

Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.

Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.

La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos..., la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Anuncia el perdón gratuito de Dios a todos. Pásalo.
15 de septiembre de 2013
24 Tiempo ordinario (C)
Lucas 15, 1-32
LETANÍA DEL HIJO PRÓDIGO EN LA NOCHE DEL ENCUENTRO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Me amas como río que fluye
y me lleva dentro, en su corriente,
por cascadas, pozos, remansos y afluentes.

Me amas, invisible, cual el aire que respiro,
pero haciéndote presente como viento,
brisa, cierzo o huracán al instante.

Como la primavera que renace, así me amas
despertándome y seduciéndome
con tu savia, perfumes y flores.

Como el verano que abre horizontes
con su calor, luz, sueños y frutos,
entras en mi alma y vientre amándome.

Como el otoño tranquilo y maduro,
después de haberme vestido de colores,
me amas despojándome y serenándome.

Como el invierno que, en paz y silencio,
cubre de nieve cumbres, llanuras y valles,
así me amas siempre, sin cansarte.

Me amas como sutil lagartija
que busca luz, sol y calor febrilmente
recorriendo los entresijos de mi vientre.

Como ciervo que brama y corre veloz
a las fuentes de agua viva que calman su sed,
así me amas, alcanzas y sorbes.

Como pelícano que se entrega y desvive
por alimentar a su crías más débiles,
así me amas Tú, alimentándome.

Y a veces me amas como corzo arrogante
que, que en época de berrea, todos los días
suspira y reclama encontrarme y rozarme.

Me amas con un corazón desbocado
que se entrega sin importarle los riesgos
cuando percibe gemidos humanos.

Me amas con unos ojos que me traspasan,
desnudan y llevan, en armonía,
al primer paraíso y a la tierra prometida.

Me amas con tus entrañas tiernas y cálidas
que generan, dan y cuidan la vida anhelada,
siempre nueva, hermosa y, a la vez, desvalida.

Me amas al alba, entre trinos y danzas,
con la fuerza, la pasión y el mimo
de quien ha descansado y busca nuevos caminos.

Y, al atardecer, cansado y casi en silencio,
me abrazas más fuerte que la última vez,
porque tu amor es así y solo puede querer.

Así me amas y siento tu querer, una y mil veces,
en mi rostro, en mi mente, en mi vientre,
en mi corazón... ¡en todo mi ser!

Por eso no me extraña tu forma de comportarte:
que anheles mi vuelta a pesar de mis andanzas,
que otees el horizonte desde tu atalaya,
que me veas, a lo lejos, antes que nadie,
que se te enternezcan las entrañas,
que salgas corriendo a mi encuentro,
que me abraces con fuerza y llenes de besos...

Y tampoco me extraña tu anillo, traje y banquete,
y el que no dudes en acogerme como hijo,
pues no quieres renunciar a ser Padre.

Florentino Ulibarri






PARA DIOS NADIE ESTÁ PERDIDO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 15, 1-32

Hoy leemos el capítulo 15 de Lucas, que empieza exponiendo el contexto en que se desarrollan las tres parábolas: la oveja, la moneda y el hijo perdidos. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a él. Los fariseos y letrados critican a Jesús por esto. Las parábolas son una respuesta de Jesús a esas murmuraciones.

Los fariseos tenían una idea equivocada de Dios. Pensaban acercarse a Él a través del cumplimiento de la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios por ese camino, que nos quedamos con el culo al aire cuando el evangelio nos dice que es Él el que nos está buscando siempre. No se trata aquí de la conversión del pecador, sino de la bondad absoluta de Dios para con nosotros.

A pesar de la radicalidad del domingo pasado (odia a tu familia, ama la cruz, renuncia a todo), hoy nos dice el evangelio que los "pecadores" se acercaban a Jesús para escucharle. Es la mejor demostración de que no lo entendieron como rigorismo, sino como acogida entrañable.

Los fariseos y letrados (los buenos) se acercaban también, pero para espiarle y condenarle. No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los "malditos". El Dios de Jesús está radicalmente en contra del sentir de los fariseos. Toda la religiosidad que nace de esta concepción equivocada de Dios es también equivocada.

Las parábolas no necesitan explicación alguna, pero exigen implicación, es decir, que nos dejemos empapar por su mensaje. El dios que nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza tiene que saltar por los aires. Atreverse a romper una y otra vez el ídolo es la tarea más complicada de toda religión, porque ese ídolo es fruto de nuestros intereses egoístas que pretenden manipular a la divinidad.

El Dios de Jesús se identifica con cada una de sus criaturas haciéndolas participes de todo lo que él es. No somos nosotros los que tenemos que "convertirnos" a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo recibimos de Él.

Las tres parábolas van en la misma dirección. No solo nos invitan a la confianza en un Dios que nos busca con amor sino que trastocan radicalmente la idea de Dios, la idea de pecador y la idea de justo. Si comparamos la primera lectura con el evangelio, descubriremos el abismo que existe entre una concepción y otra. Pero se trata de sustituir conceptos religiosos, que son los más difíciles de desarraigar del corazón humano. Después de veinte siglos, seguimos teniendo la misma dificultad a la hora de cambiar nuestro concepto de Dios. Seguimos pensándolo como el que premia y castiga.

En los conceptos religiosos de la época, Jesús no pudo expresar toda su experiencia de Dios. Pero si estamos atentos podemos descubrir en su mensaje, rasgos definitivos del verdadero Dios. El Dios de Jesús es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión. Nada del ser poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez que analiza con meticulosidad nuestras acciones. Nada del impasible que defiende su gloria por encima de todo. Las tres parábolas insisten en la búsqueda, por su parte, del hombre, aunque se haya extraviado.

Hoy podemos apuntar a Dios con mucha más precisión que lo que fueron capaces de expresar los evangelios, porque tenemos mejor conocimiento del hombre y del mundo. Hoy sabemos que Dios no es un ser, ni siquiera el más sublime de todos los seres. Lo que Dios es, lo ha dejado plasmado en cada una de sus criaturas. Dios no puede ser aislado de la creación. No es ni cada criatura ni el conjunto de lo creado; pero tampoco es algo al margen, que se encuentra en alguna parte fuera de la creación. El concepto de creación que hemos manejado hasta la fecha debemos superarlo. Dios no "hizo" el mundo en un momento determinado. La creación es la manifestación de Dios que no exige un principio temporal.

El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (ágape) estamos diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido.

Si somos capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de "buenos" y "malos". La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es anterior a lo que cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es una aberración incompatible con el espíritu de Jesús. Dios no nos ama porque seamos buenos, al contrario, seremos "buenos" si hemos descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Si somos "malos", es porque no hemos descubierto a Dios como base y fundamento de nuestro ser.

Alguno puede pensar que aceptar la misericordia de Dios, invita a escapar de la responsabilidad personal. Si Dios me va amar lo mismo siendo bueno que siendo malo, no merece la pena esforzarse. Esta reflexión, muy corriente entre nosotros, indica que no hemos entendido nada del evangelio. Nada más contrario a la predicación de Jesús. La misericordia de Dios es gratuita, eterna e infinita, aunque no puede afectarme hasta que yo no la acepte y la haga mía. Creer que puedo acogerme a la misericordia sin responder a su búsqueda, es entender la relación con Dios de una manera mecánica, jurídica y externa. Al contrario, la actitud de Dios para conmigo, tiene que ser el motor de cambio en mí.

La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia manera de perdonar. Nuestro perdón es una reacción a la ofensa del otro. En cambio, el perdón de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros lo descubrimos como perdón, cuando nos sentimos perdonados, por eso para nosotros está siempre unido al pecado. Para aclararnos un poco, vamos a examinar dos conceptos: cómo podemos entender el perdón de Dios, y cómo podemos entender el pecado.

Dios sólo puede amar. Decimos que Dios ama porque Él es amor, no porque las cosas o las personas sean amables. Dios no ama las cosas porque son buenas, sino que las cosas son buenas porque Dios las ama. El perdón en Dios significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los hombres. Si nosotros amamos a unas criaturas y no a otras, se debe a nuestra ceguera, a nuestra ignorancia. Ahora comprenderéis lo equívoco de nuestro lenguaje sobre Dios cuando hablamos de su perdón como un acto.

Tenemos que cambiar el concepto de pecado como ofensa a Dios. Es ridículo pensar que podamos ofender a Dios. La incapacidad de los cristianos para aceptar a los "malos", se debe a nuestro concepto de pecado. Lo identificamos con la persona misma y no somos capaces de descubrir que la persona es una cosa y su postura y sus acciones otra muy distinta.

El pecado es siempre fruto de la ignorancia. Para que la voluntad se incline hacia un objeto, tiene que presentarlo el entendimiento como bueno. Claro que el entendimiento puede ver una cosa como buena, siendo en realidad mala. Esta es la causa de nuestros fallos. Por eso, para superar una actitud de pecado, no debemos apelar a la voluntad, sino al entendimiento.

Si las reflexiones que acabamos de hacer, son ciertas, ¿de qué sirve la confesión? Mal utilizada, para nada. Pero si la sabemos utilizar, es uno de los hallazgos más interesantes de los dos mil años de cristianismo, porque responde a una necesidad humana. Somos nosotros, no Dios, quienes necesitamos de la confesión como señal de su perdón. La confesión no es para que Dios nos perdone, sino para que nosotros descubramos el mal que hemos hecho y aceptemos el amor de Dios que llega a nosotros sin merecerlo. Esa aceptación lleva consigo un proceso interno, que es lo que intenta la confesión sacramental al facilitar la apertura a ese amor de Dios que solo llega a nosotros cuando nos abrimos a Él.

Meditación-contemplación

Que Dios pudiera amar a los pecadores, era impensable para los fariseos.
Esta actitud hace imposible toda relación con el Dios de Jesús.
Si no vivo el amor de Dios como pura gratuidad,
será imposible responder a ese amor y vivirlo.
.....................

El amor de Dios es anterior a mi propio ser.
No puedo hacer nada para merecerlo o para evitarlo.
Todo lo que soy, tiene como fundamento ese don gratuito de Dios.
Lo que se me pide, es dejar que ese Ágape se manifieste a través de mí ser.
.......................

Tengo que dejarme encontrar por ese Dios que está siempre buscándome.
Tengo que sentir su fuerza y dejar que me inunde.
Dios en mí, es energía trasformadora.
Todo mi ser debe convertirse en esa energía que es Dios.

Fray Marcos





SENTIR QUE DIOS NOS QUIERE
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 15, 1-32

De las tres parábolas que se contienen en el capítulo 15, solamente la oveja perdida tiene un paralelo en los sinópticos (Mateo 18.12), y una amplificación en "El buen pastor" de Juan 10. La moneda perdida y el hijo pródigo están sólo en Lucas, y produce sorpresa que estos mensajes que nosotros consideramos tan reveladores de Jesús no aparezcan en ninguna otra parte. Los expertos más radicales llegan a afirmar que la parábola del Hijo Pródigo sea una amplificación redaccional lucana sobre la línea general del perdón expresada por Jesús. Pero esta teoría no ha tenido apenas aceptación.

Como todas las parábolas, están tomadas de la vida cotidiana y buscan la identificación del auditorio (¿quién de vosotros?). Su contexto vital es la permanente discusión con los fariseos y escribas, que reprochan a Jesús su trato con pecadores. En este sentido, la situación vital es la misma que la del banquete en casa de Leví, y su mensaje es el mismo de "no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos", con su velada ironía respecto a los "sanos".

Las dos pequeñas parábolas, de la oveja y de la moneda son paralelas, tienen el mismo mensaje. Llama la atención en ellas la pasividad del encontrado (la oveja, la moneda). No son parábolas de conversión sino revelaciones del corazón de Dios.

Son, por otra parte, parábolas paradójicas, especialmente para aquellos a quienes se dirigen - fariseos y letrados - porque ofrecen una imagen de Dios sorprendente para su mentalidad. Los escribas y fariseos que aparecen en los evangelios representan una religiosidad perfectamente razonable: Dios está con los buenos, los buenos son los que cumplen la ley de Dios, nosotros cumplimos la ley de Dios, nosotros somos los buenos, Dios está con nosotros. Lo más que se puede pedir de Dios es que esté dispuesto a recibir al que se convierte.

Jesús va más allá. El pastor y la mujer preocupados por lo que han perdido son una imagen de Dios más atrevida. No es que Dios esté dispuesto a recibir al pecador "si se convierte", sino que Dios es un activo buscador de algo suyo que ha perdido.

Una vez más, Jesús está desmontando la imagen de Dios-Juez. Nada más opuesto a la imagen del juez que la figura de la mujer pobre que se vuelve loca de alegría al encontrar su monedilla hasta el punto de hacer el ridículo alborotando a toda la vecindad por algo tan insignificante. Esto nos lleva a dos consideraciones.

En primer lugar. Nuestra fe se basa en la Palabra. Conocemos de Dios lo que Dios ha dicho de sí mismo. Pero nuestra mente es orgullosa, y se permite definir a Dios y especular sobre Dios. Puede hacerlo hasta cierto punto, pero puede engañarse y crear ídolos, dioses a su imagen y semejanza.

El problema está en que no comparamos las creaciones de nuestra mente con La Palabra, para verificar si acertamos, sino que sometemos la Palabra a las creaciones de nuestra mente. Y así llegamos a la definición de Dios como Juez Misericordioso (juez más bien blando).

Pero Jesús no habla de Dios juez en el sentido jurídico judicial. Las imágenes de estas dos parábolas lo dejan muy claro. Tampoco hace Jesús definiciones de Dios en sí, sino de cómo se porta Dios con nosotros. Pero nuestra razón investiga sin descanso la esencia de Dios, hasta el punto de que las mayores fracturas de la Iglesia se producen en este campo, y nos hemos rechazado como herejes ante todo por cuestiones de comprensión de la esencia divina. ¿No sería importante, quizá necesario, volver a una teología más evangélica y menos elucubrativa?

En segundo lugar. Jesús propone estas parábolas para defenderse de una acusación de los fariseos y letrados. Jesús justifica su propia actuación. Come con pecadores porque quiere rescatarlos. Toma la iniciativa del médico que se acerca al enfermo porque el enfermo le necesita, porque quiere curar.

Nosotros entendemos así muy bien el corazón de Jesús, sus sentimientos, su actitud ante las personas. Y nuestra fe consiste en subir desde ahí hacia Dios. No pensamos que Jesús es así simplemente porque es un buen hombre: creemos que Jesús es así porque está lleno del Espíritu de Dios.

Por eso, el que ve a Jesús ve cómo es Dios. Creemos que Dios es así porque lo vemos actuar en Jesús. Este es un pilar de la fe cristiana: Jesús revelación de Dios. Es al revés que el ingenuo planteamiento del libro del Éxodo, cuando Moisés aplaca a Dios airado, o el del Génesis, cuando Abrahán regatea con Dios por la salvación de los pocos justos de Sodoma. Dios es el bueno: Jesús es bueno porque el Espíritu de Dios estaba con él. El Padre es el Salvador: Jesús es salvador porque se parece a su padre. Jesús es capaz de dar la vida porque el padre es capaz de dar la vida, y no, desde luego, porque el Padre exija sangre para aplacarse.

Es de radical importancia que reflexionemos cómo nos sentimos ante Dios. En muchos de nosotros predomina la sensación de siervo de un Amo Poderoso a quien hay que obedecer. Si esto es así, no hemos recibido la Buena Noticia, la mejor de las noticias: Dios te quiere, y está dispuesto a cualquier cosa por ti. Toda la vida espiritual de un cristiano nace de aquí: sentirse querido por Dios, como nos sentíamos queridos por nuestra madre. Sin esta base, toda nuestra vida espiritual se ve falseada, y nuestra relación con los demás también.

Si el Primer Mandamiento es amar a Dios y al prójimo, esto significa que o fundamos todo, nuestra relación a Dios y a los demás, sobre el amor, o no hemos entendido nada. Pero cada cosa en su sitio: el amor de Dios, saber, sentir que Dios me quiere, es la fuente. De ahí nace todo lo demás.

El amor de Dios no es una evidencia, es un acto de fe; a esta fe no podemos llegar con argumentos, no es una deducción de la lógica. A esta fe llegamos por la contemplación de Jesús, sólo así. Y es la esencia de la fe: creo en Jesús significa que me fío de él y acepto a Dios como él lo muestra, en sus palabras y en sus acciones. Y nosotros, cristianos viejos, seguimos oyendo la invitación primera de Jesús: "convertíos", cambiad, cambiad de Dios, abrir el corazón al amor de vuestra Madre.

Esto es aún más importante en nuestras situaciones de fallo, lo que llamamos pecado. La reacción normal de un cristiano normal es ante todo apartarse, sentirse indigno de acudir a Dios. La reacción normal es también sentir la necesidad de pedir mil veces perdón a Dios, la necesidad de pagar, de expiar. Una vez más, convertíos, cambiad: si estás enfermo, acudes rápidamente al médico. Dios madre, médico, pastor que recorre el monte en busca de la oveja, mujer que se afana en buscar la moneda... Es fuerte decirlo, pero sentirse pecador es la situación privilegiada para acercarse a Dios.

Una aplicación importante es nuestra concepción del sacramento de la reconciliación. Hasta tal punto lo hemos entendido con categorías del Antiguo testamento que le llamábamos "sacramento de la penitencia", porque dábamos más importancia a nuestra penitencia. "Sacramento de la reconciliación" suena mejor, pero aún parece que los dos amigos estaban enfadados. Se podrían usar otras fórmulas: sacramento del encuentro, sacramento del abrazo, sacramento del regreso... Cualquier cosa que sirva para entender y expresar que Dios no está enfadado, ni ofendido, ni airado, ni cosas de esas que decía el Antiguo Testamento. Dios está preocupadísimo, buscando afanosamente cómo sacarme del mal paso en que me he metido.

Y el sacramento no es un acto judicial en que un juez blando pasa por encima de la justicia y me perdona sin pagar nada. Es que me vuelvo a Dios y le encuentro, que me quiere como siempre, o más que antes, porque le necesito más. Hemos de recordar que el sacramento de la reconciliación no es para que Dios me perdone, sino para celebrar que Dios me perdona. No es una condición para que Dios me perdone, sino una fiesta porque Dios es siempre así y mis pecados no le hacen quererme menos sino más.

José Enrique Galarreta



¿El Papa Francisco está renovando la Iglesia?
José Mª Castillo

Tengo la impresión de que hay gente que ni se hace esta pregunta. Como también es cierto que hay personas, que nunca se han interesado por las cosas de la Iglesia y de la religión, que ahora se preguntan por lo que hace y dice el nuevo papa. En todo caso, abundan los que piensan de forma que ni les interesa si el papa cambia o no cambia las cosas de la Iglesia y de le religión. En todo caso, me parece que la cuestión, que plantea este artículo, es un asunto que ni le llama la atención a una importante mayoría de nuestra sociedad en su conjunto. Lo cual, a mi manera de ver, es la prueba más clara de la respuesta que voy a proponer a la pregunta que sirve de título a este artículo. Me explico.

Es un hecho que el nuevo obispo de Roma, el jesuita J. Bergoglio, encarna un modelo de papa muy distinto a sus antecesores. Se trata de un hombre que tiene un comportamiento más sencillo, más espontáneo, más humano, más libre que el de los últimos papas, incluido Juan XXIII. Pero, tan cierto como lo que acabo de decir, también es verdad que son muchos los ciudadanos que piensan que sólo con sencillez, espontaneidad, humanidad y libertad no se arreglan los problemas que tiene la Iglesia en este momento. Además de la forma de ser, de hablar o de comportarse del papa que gobierna, parece evidente que es necesario, incluso apremiante, que el papa gobernante tome las decisiones que más demanda y necesita la gente.

Lo que ocurre es que, en cuanto afrontamos esta cuestión a fondo, nos encontramos con un problema que, a primera vista al menos, tiene muy difícil solución. Porque, tal como están las cosas en la Iglesia en este momento, los católicos estamos tan divididos y, a veces, tan enfrentados que ni todos esperamos y deseamos la misma respuesta del papa a las cuestiones que el obispo de Roma tendría que resolver. Por la sencilla razón de que, en asuntos de religión, las posiciones de unos y otros son tan distintas, tan opuestas y hasta tan incompatibles, que el modelo de Iglesia, que unos vemos como solución, para otros es un problema que no están dispuestos a aceptar. Baste pensar en asuntos como el de la organización transparente y ejemplar de la Curia Vaticana, la ordenación sacerdotal de las mujeres, el celibato de los sacerdotes, el matrimonio de los homosexuales, el Vaticano como Estado, la existencia y los poderes de los cardenales, el nombramiento de los obispos, los poderes y participación de las Conferencias Episcopales en el gobierno de la Iglesia, los conflictos del IOR (el Banco del Vaticano), la organización de la Curia. Y un largo etcétera que no tendría fin. ¿Qué solución le puede dar este papa - o cualquier otro papa - a estos problemas (y a tantos otros similares a éstos), de forma que sea solución para todos?

Lo que hasta ahora hemos visto en lo que, a todas luces, le preocupa al papa no es ni su autoridad, ni su doctrina, ni su imagen pública, ni quiénes ocupan los cargos en la Curia Vaticana, ni pronunciar discursos brillantes, ni el buen nombre de los “hombres de Iglesia”, ni los eternos problemas de la moral sexual que predica el clero (excepto en el grave delito de muchos clérigos en lo que respecta a los abusos sexuales de menores), ni en potenciar los dogmas de la teología o la liturgia de los sacramentos.... El papa Bergoglio ha ido derechamente a lo más grave que ahora mismo está pasando en el mundo: el sufrimiento de los pobres ya es demasiado grande y demasiado insoportable. Por eso la preocupación primera de la Iglesia tiene que ser el hambre, la salud y el dolor de los más desgraciados de la tierra. Esto, sin duda alguna, es lo más grave que, a juicio del actual obispo de Roma, está pasando en el mundo. Y por este problema, quiere el papa Bergoglio, que todos nos preocupemos antes que por ninguna otra cosa.

Ahora bien, esto quiere decir, ante todo, que la preocupación fundamental de este papa no es una preocupación religiosa, sino que es una preocupación humana. Porque el sufrimiento de los pobres no es específicamente un problema religioso, sino que es sencillamente un problema humano. Un problema que afecta a todos los que pasan necesidad, sean o no sean creyentes. Y tengan las creencias que tengan. En este asunto, el papa Francisco no ha hecho sino retomar el Evangelio. Yo invito a cuantos lean y relean este escrito, que tomen los evangelios en sus manos. Y verán enseguida que el tema obsesivo de Jesús fue el sufrimiento de los enfermos, de los pobres, de los despreciados porque eran pecadores o publicanos o mujeres despreciadas (por el motivo que fuese).

¿Le preocupó a Jesús la religión? Jesús habló mucho de Dios, del Padre del Cielo, al que puso como ejemplo, no de poder, sino de bondad. Y esto lo hizo de forma que, por dejar clara y patente su obsesiva preocupación por el sufrimiento de los más desgraciados, por eso Jesús entró en conflicto con la religión, con los observantes religiosos (escribas y fariseos), con los sacerdotes y senadores, con el templo y sus responsables, con las normas religiosas. Hasta que, por llevar su preocupación hasta el extremo, asegurando que Dios estaba de su parte (era su Padre), por eso acabó colgado como un subversivo. Y despreciado como un blasfemo.

¿Qué nos viene a decir todo esto, en el fondo? Que Dietrich Bonhoeffer tenía toda la razón del mundo cuando, el 30 de abril de 1944, escribió desde la cárcel de Tegel, poco antes de ser asesinado por los nazis: “Nos encaminamos hacia una época totalmente arreligiosa. Simplemente, los hombres, tal como de hecho son, ya no pueden seguir siendo religiosos. Incluso aquellos que sinceramente se califican de “religiosos”, no ponen esto en práctica en modo alguno, sin duda con la palabra “religioso” se refieren a algo muy distinto”.

La historia, los hechos que estamos viviendo, le están dando la razón a Bonhoeffer. Porque estamos palpando que, lo mismo el Evangelio que la incesante preocupación del papa Francisco, coinciden con la dura pregunta que se hacía aquel pastor luterano en vísperas de su muerte: “¿No constituyen la justicia y el reino de Dios en la tierra el núcleo de todo?”. El discurso del papa Francisco en Lampedusa, ante los más desamparados de este mundo, traza el camino que este papa ha visto, a la luz del Evangelio, que hay que seguir. ¿Se puede decir más claro? Y si no lo vemos así, ¿no será que seguimos creyendo más en la religión que en el Evangelio? ¿Será cierto que seguimos atascados en la situación que tanto criticamos, en la “pre-modernidad” de hace más de doscientos años?

José Mª Castillo





40 años: qué aprender, qué enseñar
Jorge Costadoat, SJ. (Chile)

La revisión de los últimos 40 años -los años antes del “golpe”, los de la dictadura y los de la recuperación de la democracia-, tal como está teniendo lugar, indica que nos encontramos en un momento importante. La ebullición de emociones y de argumentaciones, las discusiones sin fin sobre tal o cual punto, ha generado un ambiente que, aunque a ratos nos abrume, es positivo. De la calidad de la memoria que hagamos de lo acontecido, depende la calidad de las proyecciones del país que queremos.

La evaluación en curso tiene innumerables accesos: políticos, jurídicos, económicos, psicológicos, sociológicos, históricos… Cualquier cientista social tendría algo que decir. Corresponde, por cierto, que lo haga en su círculo de pares y en el foro público. Por mi parte ofrezco otra entrada. ¿La de un educador? ¿La de un humanista? ¿La de un teólogo? Me parece decisivo que todos los protagonistas de estos años nos preguntemos qué hemos de aprender y qué de enseñar.

Nuestra generación, la de quienes fuimos testigos y actores antes y después del “golpe”, tenemos el deber ante nosotros mismos de preguntarnos por lo ocurrido. Es un asunto de biografía. Si tuviéramos que escribir un “diario” de nuestra vida nos veríamos obligados a explicar ante nuestra conciencia (que representa el valor absoluto del prójimo que nos habita, nos juzga y nos redime), dónde estuvimos y hacia dónde querríamos ir. Los 40 años tienen para nosotros tal contundencia existencial que nos ponen ante la pregunta por el sentido de nuestra vida. ¿Cuánto pesa nuestra humanidad? ¿Cuánto vale?

Lo que está en juego es cómo nosotros somos leales con los esfuerzos titánicos de la humanidad por crecer en civilización y nuestra responsabilidad con los que hemos arrojado al mundo.  No podemos asistir al debate que presenciamos en el foro público como meros espectadores. No podemos decir “esto sí, esto no”, emocionarse, acalorarse y terminar por cambiar de canal. Es necesario dar un paso más.  “¿Qué aprendemos?”. Esta es una pregunta clave.  La respuesta equivale a ser protagonistas o turistas sobre la tierra. La otra pregunta nos obliga a salir de la indolencia y hacernos cargo de quienes amamos: “¿Qué enseñamos?”.

Qué trasmitimos? ¿Cuál es la tradición que nos ha hecho humanos, y que nosotros podemos acrecentar o traicionar? No hay ninguna confrontación más decisiva que la de preguntarse cómo educar a un hijo. Una posibilidad, la más superficial aunque necesaria, es explicarle lo sucedido con la mayor objetividad posible. Pero hay otro nivel de la realidad aún más profundo: un padre y una madre, cualquier educador, tiene que enseñar a amar y a odiar. Sí, no solo a amar. Porque solo se ama bien cuando se odia del modo mejor posible. Me explico: se educa bien cuando se enseña que el amor nunca podrá separarse del todo de los miedos, fobias, traumas y odios que nos habitan y nos impiden encontrar la verdad. Pues toda vez que se niega el lado oscuro de nuestra realidad, la exaltación del amor y de la reconciliación se vuelve palabrería moralizante y farisaica. La verdad que hemos de transmitir a la siguiente generación, si no reconocemos que nos ha sido fatigoso obtenerla, venciendo sobre intereses que no cesamos de camuflar, como toda falsa ética, se muerde la cola. En vez de liberar, esclaviza.

Lo que estamos viendo es inquietante. Debe serlo. Debemos permitirnos contactarnos con nuestra historia al nivel más básico y fundamental de nuestra biografía, si queremos conocer el misterio de nuestra vida y poder compartirlo con cuidado, sin imponerlo a los que nos seguirán. La historia a veces no nos pide más que seamos honestos. Los jóvenes nos demandan autenticidad. Hoy toca reconocer qué hemos podido aprender y cómo las heridas y la imposibilidad de pedir perdón o de perdonar son una realidad en nosotros que, sin embargo, no puede devorarnos el corazón y envilecer el relato de la historia que debemos contar.

Estamos en un momento importante. Bien vale dejarnos tocar por la discusión pública y las imágenes que producen dolor. Lo que está en juego es llegar a ser mejores. Sufrir si corresponde, hasta que el prójimo que no despreciamos sin despreciarnos a nosotros mismos nos pida cargar con él para que, de tanto en tanto, cargue también él con nosotros.

Jorge Costadoat, SJ. (Chile)





"Francisco es un Papa muy bueno, pero necesita ayuda"
Raúl Vera, Obispo de Saltillo

Es uno de los profetas de la Iglesia latinoamericana, que es la que ha de marcar el futuro de la institución. "Cada día la historia da la razón a los padres de la Iglesia latinoamericana", sostiene el obispo de Saltillo, Raúl Vera, que hoy participa en el Congreso de Teología de la Juan XXIII. Sin pelos en la lengua, denuncia la posible intervención militar en Siria, país que visitó en junio pasado, y aplaude "la reacción del Santo Padre, que está siendo excelente".

"Hace muchísimos años que se probó que no se puede considerar a la homosexualidad una enfermedad ni una deformación, moralmente tampoco", argumenta contra quienes le acusan de heterodoxo. "Ya no se pueden consentir interpretaciones cargadas de homofobia y sin una base seria ". Tampoco sobre la mujer: "En la Iglesia todo lo estamos decidiendo los varones: ¡Por amor de Dios, no podemos seguir prescindiendo de las mujeres!". 

¿Cómo lleva usted lo de las jerarquías?

Mira, un día hice un análisis de cómo había vivido yo mi vida de fraile, de sacerdote y de obispo; y la verdad es que me di cuenta de que en lo que más me ha ayudado el servicio ha sido en el interés por el ser humano que poco a poco me han ido despertando la vocación de dominico y el sacerdocio ministerial. Después, con el ministerio de obispo, lo que siento que más se ha sedimentado en mí es también el humanismo. Y creo que lo que más cuenta en la vida es lo humano que uno llega a ser. Porque la capacidad que Dios nos ha dado para servir a los demás, es también la capacidad de ser humano. Estoy cada día más convencido de que si tengo alguna cualidad, y si he extraído alguna riqueza de mi historia personal, es por lo que he recibido de los demás. Y esto es lo que más me tranquiliza.
Recuerdo cuando era formador de novicios en los dominicos: Después de tener unos ocho grupos de novicios, pensé que ya había aprendido a ser maestro de novicios. Pero en cuanto me sentí maestro, fue cuando más errores cometí. Fue entonces cuando me di cuenta de que sería un aprendiz toda mi vida. Con el clero, con los grupos de laicos, con los grupos de la sociedad civil... Soy uno más, aunque siento una grave responsabilidad. Para mí ser el hombre que Dios espera que sea es lo más fundamental.

¿Qué estudió usted en la universidad?

Ingeniería química. Esa experiencia de conocimientos que adquirí en la universidad y que también pude poner en práctica siempre lo consideré como una riqueza que yo tenía que aportar, no como un plus sobre los demás. Cuando estuve ubicado en la vida entendí que yo no quería valer más, sino ser más para los otros.
Entré a ser dominico con una gran pasión por aprender y por servir al desarrollo de mi patria y a los cambios del mundo. No estudié en una universidad confesional, pero en la universidad nacional lo dominicos tenían una parroquia universitaria, y ellos fomentaron mi conciencia no sólo de estudiante, sino también de cristiano.
Yo sabía que para poder ayudar tenía que prepararme. ¡Y qué bien me prepararon en la universidad y en la parroquia, para que a los 21 años yo ya entendiera que los males de México y del mundo obedecían a una situación estructural, que había que modificar de alguna manera!
Como ingeniero tuve que trabajar precisamente con estructuras: estructuras dinámicas de producción, y además me di cuenta de que mi profesión formaba parte también de una gran estructura: una rueda en la que lo importante es conseguir el rendimiento óptimo para el industrial, a costa de la explotación de los obreros. Una estructura, también, de extracción de los recursos naturales (por parte de las multinacionales). Y por último, una estructura falsa en cuanto al desarrollo económico, que importaba una tecnología que no era la que México necesitaba.
Santo Tomás de Aquino fue la columna vertebral de mi formación teológica, en diálogo siempre con la teología contemporánea y con el Concilio, y me gusta mucho la frase de Pablo que dice que nos queda mucho trabajo... "hasta que alcancemos al hombre perfecto, que es Cristo".
Y el servicio que a mí me interesa no es el que espera reconocimiento, sino el que sirve asertivamente y busca lograr procesos de dignificación de la persona.

¿Está usted de visita en Madrid?

Sí. Esta mañana estuve concelebrando misa con los dominicos de Atocha, y leíamos el Evangelio de Lucas que narra la primera pesca milagrosa de Jesús con los Apóstoles. Cuando Jesús le dice a Pedro: "A partir de ahora serás pescador de hombres".
Y yo pensaba en la importancia de esto... ¡Si ahora pudiéramos pescar a todas esas personas que en este momento están haciendo lo que están haciendo en Siria...! ¿Cuántas cosas nos evitaríamos?
Eso es pescar al hombre: salvarlo. Pero salvarlo aquí, no "después del techo", como creíamos antes del Concilio. El Concilio nos vino a hacer ese favor.
Salvar a un hombre es "pescarlo" para el bien... Cuánto bien podría hacer la Iglesia si fuera un fermento más vivo.

¿Estuvo hace poco en Siria?

Sí, con una misión internacional, a principios del mes de junio.

¿Cómo vio la situación entonces, y cómo la ve ahora, a las puertas de una intervención militar?

En Siria hay un conflicto protagonizado por una familia, que se ha convertido casi en una familia "noble", con poder hereditario... Y la gente quiere verdadera democracia, eso es cierto. Lo que no es cierto es que sean muchos los que quieren que esa democracia se alcance por medio de la lucha interna, de una guerra civil. Es decir, que la mayor parte del pueblo sirio quiere democracia, sí; pero no quiere guerra civil.
Y las intervenciones externas lo complican todo mucho más. El hecho de que haya un conflicto interno ha abierto grandes ambiciones para las grandes potencias.
No tanto el petróleo: creo que el mayor botín que representa Siria es su posición geopolítica. Realmente de lo que quieren apoderarse es de su situación estratégica. Y para eso sirven las intervenciones extranjeras.

¿Ya se hablaba de armas químicas en el momento en que usted visitó Siria?

Algo se oía, había algunas acusaciones... pero no parecían alarmantes. Y nuestra misión no vio nada. Lo que sí que comprobamos fue la cantidad de armas que llegan de fuera, los mercenarios, y los distintos frentes que ya entonces había. No es que haya una coalición firme de países extranjeros, no señor. Cada quien trabaja para su propio amo.
El Gobierno se quejaba muchísimo y ponía todo su énfasis para que nos lleváramos la impresión de que ellos son la víctima. Pero lo que realmente pasa en Siria es que hay un conflicto de intereses terrible, y un botín que se va buscando.
Algo que me impresionó mucho fue ver que el pueblo sabía perfectamente que estaba en riesgo. Los muchachos sirios sabían que se podían quedar sin patria.
En el momento en que nosotros fuimos, una tercera parte de la población ya estaba desplazada, y un 75% de ellos como refugiados. Según información de la ONU, el 80% de la economía siria estaba destruida, y habían conocido casos de gente comiendo pasto.

¿Y la situación de los cristianos?

Visitamos a unos refugiados cristianos que estaban acogidos en un convento de una de las iglesias orientales. Ellos nos dijeron que tuvieron que salir, porque todos los cristianos orientales estaban en riesgo. Un representante del Vaticano les había ido a ver, y el gran mufti de los musulmanes sunnitas, que me parece un gran tipo, expresó su deseo de hablar con el Santo Padre (que era todavía Benedicto), para pedir que los cristianos se queden, o que no se los lleven definitivamente. Porque lo que él sospechaba es que en Siria se quiere hacer un Estado confesional, y eso sería terrible.
En definitiva, la experiencia que extraje fue que la mayor parte del pueblo sirio quiere la paz, no quiere guerra civil, quiere democracia, pero no quiere derramamiento de sangre. No quieren más muertos.
Una de las personas que estaba conmigo en la misión era el griego que encabezó la flotilla que fue a Gaza a llevar medicinas y alimentos, otro tipo genial. Y en la misión había otros activistas, defensores de derechos humanos, comunicadores, académicos... Muchos de ellos ya habían hecho gestiones, habían hablado con personas del Gobierno sirio, habían visitado Turquía y otros países de la zona... Y asociado a la misión estaba también Pérez Esquivel, que entonces no pudo venir a Siria con nosotros por razones médicas, pero que ahora acaba de mandarle una carta a Obama. En ese momento nosotros habíamos propuesto una conversación en Austria entre los dos frentes opuestos, sólo que la hemos tenido que retrasar a noviembre porque ahora mismo está todo paralizado. Pero de lo que estamos convencidos es de que los que tienen que ser los principales actores son los miembros de la sociedad civil. Porque en la sociedad civil fue donde encontramos la mejor disposición para que haya un arreglo pacífico y un diálogo político.

¿Cree honestamente que es posible parar la intervención militar en Siria?

Lo veo muy difícil, pero creo que sí es posible. Somos muchas personas y muchas naciones las que queremos la paz.

¿Considera importante que Francisco esté capitaneando la defensa de la paz?

La reacción del Santo Padre está siendo formidable, sí. Excelente. Este sábado es la jornada de oración y yo espero que el mufti pueda estar.

Sería la primera vez que un líder musulmán rezara en el Vaticano

Sí, pero es que el mufti tiene de veras espíritu ecuménico. Es un hombre extraordinario, convencido de que puede haber democracia en Siria. Me conmovió su madurez política y su agudeza de análisis.
Durante la guerra de Independencia de México hubo un sacerdote que era estratega militar, del que Napoleón llegó a decir: "Denme 10 hombres como él, y conquisto el mundo". De igual modo, yo pienso que con el mufti, con el sindicato demócrata de Siria y con el partido más de izquierdas de su parlamento, hay salida a la situación actual del país. Por eso no debemos desistir, aunque venga la intervención militar. No podemos dejar de buscar salidas para ese pueblo, no es justo.

Vivimos en un mundo globalizado en el que, paradójicamente, no son muchos los personajes mundialmente conocidos. Dos de ellos son, seguro, el presidente Obama (Premio Nobel de la Paz) y el Papa Francisco. ¿Qué papel desempeñan en esta crisis?

La tradición de la reflexión latinoamericana de la opción por los pobres, de los que sufren, de los pequeños... es la riqueza que tiene Francisco. Es un Papa muy bueno, pero necesita ayuda. Quienes creemos en un mundo diferente, y quienes vemos con toda claridad que la Iglesia tiene que entender que la construcción del Reino se hace en medio de la sociedad; somos los que tenemos que ayudarle. La Iglesia tiene que atravesar los muros de sus templos, y entender que en medio de los pobres, de los perseguidos, de la gente amenazada de muerte... es donde tiene que estar.
Ya somos muchos los que creo que hemos entendido, a raíz del Concilio y gracias a los padres de la Iglesia latinoamericana (obispos, pastores, teólogos y teólogas, catequistas...). Ya hay mucha sangre vertida, hay un caudal con mucha fuerza. Francisco no llega solo: detrás de Francisco hay mucha sangre derramada de quienes han dado su vida por una Iglesia diferente.

¿Como en el caso del Concilio, que no fue inspiración tan sólo de Juan XXIII, sino que hubo muchas personas que ya antes habían "preparado el terreno"?

Claro, muchos pastores, obispos, sacerdotes... El Espíritu Santo no trabaja de golpe y porrazo. La Historia de la Revelación, la historia del Pueblo de Israel, es otro ejemplo de esto. Se trata de una evolución muy seria. Los teólogos en especial fueron fundamentales para la apertura de la Iglesia que se daría con el Concilio.

Los que no vivimos el Concilio en cierto modo nos acostumbramos a vivir una Iglesia "cuesta abajo": No llegamos a vivir misas en latín, ni iglesias sin participación de laicos... Y sin embargo, hemos visto cómo en estos últimos años todo eso se iba subsumiendo. ¿Cree que las reformas que hay que emprender tienen que ir encaminadas a recuperar los principios del Concilio?

La Teología de la Liberación en Europa no fue conocida: fue interpretada y castigada, precisamente por una cúpula eclesiástica demasiado europea. A lo mejor a alguno le parece fundamentalista lo que voy a decir, pero a mí me da la impresión de que la reforma conciliar en Europa la centraron mucho en la liturgia. Se quiso acabar con la piedad popular, desmitificar ciertas cosas...
Cuando los obispos latinoamericanos se reunieron en Medellín, completaron el Concilio. Pidieron que la Iglesia hiciera una revisión de su renovación (de su aggiornamento), desde los pobres. Ésa fue la propuesta latinoamericana, que no fue asumida. Porque en Europa había habido guerra, pero no había tantos pobres. Por eso la reforma del Concilio se centró en la eclesiología de comunión (que no estuvo mal), pero no en los pobres.
Sin embargo, el Espíritu Santo hizo su trabajito, y cuando los obispos latinoamericanos (que son los únicos que tienen magisterio propio) se reunieron en sus conferencias generales, hicieron una reflexión del Concilio desde los pobres. Y ése fue "el escándalo": la apertura de la Iglesia a la injusticia, a la explotación, al manejo del dinero y a las complicidades que provocaron tantos muertos en Centroamérica. El escándalo no fueron las reformas litúrgicas del Concilio, sino esta apertura de Medellín. Y entonces comenzó la carga. Ésa fue la Guerra Fría de la Iglesia.
En ese sentido, el Concilio Vaticano II en América Latina hizo un camino mucho más incisivo y más lógico, viendo las desigualdades del mundo, las contradicciones que son cada vez más agudas y más fuertes, los abusos que se cometen contra las personas... Cada día la historia da la razón a esos padres de la Iglesia latinoamericana. Y Bergoglio está formado en esta teología.

Es curioso que en la Iglesia se suela rehabilitar a personajes que antes han sido condenados, cuando se demuestra que buena parte de sus ideas o su teología no eran tan "pecaminosas" como parecían...

Hay que tomar en cuenta que hay personas geniales que ven cosas antes de tiempo. San Alberto Magno, doctor de la Iglesia, dominico y maestro de Santo Tomás de Aquino, dijo que no contaría todo lo que había observado en la naturaleza (él era filósofo y especialista en botánica), porque lo considerarían brujo y lo condenarían. Y es cierto, porque en su tiempo él comprobó más cosas científicas de las que a lo mejor podía soportar la gente.
Así, al mismo tiempo que nuestra teología latinoamericana sigue madurando, aparece un obispo de Roma con una carga muy fuerte, forjado en una escuela de mucho dolor, con espíritu martirial... Y eso es una bendición.

¿Cree que veremos pronto la beatificación de Romero, de Ellacuría o de otros de los mártires a los que usted se refería?

Espero que sí, que se abra camino.

Usted ha hecho declaraciones sobre la homosexualidad a raíz de las palabras del Papa Francisco s su vuelta de Río de Janeiro...

Sí, y antes de hacerlas me he asesorado, y he hablado con científicos que aseguran que no se puede considerar a la homosexualidad una enfermedad ni una deformación. Moralmente tampoco. Y esto lleva ya muchísimos años probado, desde la segunda mitad del siglo XX. Así que ya no se puede consentir que se hagan interpretaciones sin una base seria, y además cargadas de homofobia. El Papa Francisco dijo: "¿Quién soy yo para condenar...?", pero precisamente, condena y rechazo es lo que había por parte de la Iglesia. Tenemos que avanzar en el diálogo con la comunidad homosexual del mundo. ¡Por amor de Dios!
Nosotros comenzamos a trabajar con la comunidad homosexual de Saltillo a raíz de los casos de muchos muchachos que son echados de su casa por sus propios padres, llenos de ira. A una madre le tuve que decir: "Ya, mijita, deje en paz a su hijo".

¿Cuál es el papel que debe tener la mujer en la Iglesia?

Un lugar de decisión. Todo lo estamos decidiendo los varones. ¡Por amor de Dios, tenemos que ver los signos de los tiempos! Ya lo dijo Juan XXIII en los años 60: no podemos seguir prescindiendo de las mujeres. Yo lo veo en las pobres hermanas religiosas, las monjas de clausura: son las más marcadas por nuestro machismo.

¿Cree posible el sacerdocio de la mujer?

Sinceramente, no estiraría el tema hasta ahí porque entonces vamos a acabar tronando, y eso puede retrasar más años aún la presencia de la mujer en la Iglesia. Pero de alguna otra manera hay que resolver ese problema ya, que la mujer deje de aguantarnos y soportarnos mientras nosotros tenemos el poder de decisión porque tenemos el "orden sagrado". Eso no es ningún argumento para estar aplastando de esa forma a las mujeres.

Va a participar este fin de semana en un congreso organizado por la Fundación Juan XXIII en el que hablará de Teología de la Liberación. Hacía mucho tiempo que un obispo en ejercicio no acude a este congreso...
Los mandamientos laicistas de Hollande
Pedro Miguel Lamet, SJ.

En las escuelas públicas francesas se han colgado  para empezar  este curso una especie de Holandemandamientos del laicismo, que se enseñarán a los alumnos como la base de los valores del país.

El ministro de Educación, Vincent Peillon, recordó que el laicismo es ‘una exigencia de razón, de justicia y de paz’ que fija ‘un cierto número de obligaciones, de límites y de reglas: el respeto de los demás, la neutralidad del Estado, de los espacios en los que no se hace la distinción del saber y de la fe‘. La Carta del Laicismo recuerda la libertad de opinión de los alumnos, pero que no pueden contestar los contenidos de lo que se les enseña ni faltar a clases alegando motivos religiosos. el punto más polémico es el que impide mostrar signos religiosos sobre todo por la prohibición que supone para los islámicos de llevar el velo.

Siempre he defendido la separación de Iglesia y Estado. Pero primero no comparto la palabra “laicismo” porque no es neutral, sino partidista como todos los “ismos”. Lo suyo sería “laicidad”.  Segundo, la obligación de enseñar “los valores del laicismo” (10) puede ser también un camino para enseñar la creencia de los que no creen. En el punto 8 se garantiza la libertad de expresión y en el 14 se impide la misma. Y en el 13  en realidad se impide la objeción de conciencia.

Así que libertad pero menos. Me parece que la mejor manera de dejar libres es no adoctrinar sobre la libertad, a la  que en este caso se le pone límites.

CARTA DEL LAICISMO

1. Francia es una República indivisible, laica, democrática y social que respeta todas las creencias.

2. La República laica organiza la separación entre religión y Estado. No hay religión de Estado.

3. El laicismo garantiza la libertad de conciencia. Cada cual es libre de creer o de no creer.

4. El laicismo permite el ejercicio de la ciudadanía, conciliando la libertad de cada uno con la igualdad y la fraternidad.

5. La República garantiza el respeto a sus principios en las escuelas.

6. El laicismo en la escuela ofrece a los alumnos las condiciones para forjar su personalidad les protege de todo proselitismo y toda presión que les impida hacer su libre elección.

7. Todos los estudiantes tienen garantizado el acceso a una cultura común y compartida.

8. La Carta del Laicismo asegura también la libertad de expresión de los alumnos.

9. Se garantiza el rechazo de las violencias y discriminaciones y la igualdad entre niñas y niños.

10. El personal escolar está obligado a transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo.

11. Los profesores tienen el deber de ser estrictamente neutrales.

12. Los alumnos no pueden invocar una convicción religiosa para discutir una cuestión del programa.

13. Nadie puede rechazar las reglas de la escuela de la República invocando su pertenencia religiosa.

14. Está prohibido portar signos o prendas con las que los alumnos manifiesten ostensiblemente su pertenencia religiosa.

15. Por sus reflexiones y actividades, los alumnos contribuyen a dar vida a la laicidad en el seno de su centro escolar.