jueves, 15 de agosto de 2013

SIN FUEGO NO ES POSIBLE - José Antonio Pagola

SIN FUEGO NO ES POSIBLE - José Antonio Pagola

En un estilo claramente profético, Jesús resume su vida entera con unas palabras insólitas: "Yo he venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!". ¿De qué está hablando Jesús? El carácter enigmático de su lenguaje conduce a los exegetas a buscar la respuesta en diferentes direcciones. En cualquier caso, la imagen del "fuego" nos está invitando a acercarnos a su misterio de manera más ardiente y apasionada.

El fuego que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Jamás podrá ser desvelado ese amor insondable que anima su vida entera. Su misterio no quedará nunca encerrado en fórmulas dogmáticas ni en libros de sabios. Nadie escribirá un libro definitivo sobre él. Jesús atrae y quema, turba y purifica. Nadie podrá seguirlo con el corazón apagado o con piedad aburrida.

Su palabra hace arder los corazones. Se ofrece amistosamente a los más excluidos, despierta la esperanza en las prostitutas y la confianza en los pecadores más despreciados, lucha contra todo lo que hace daño al ser humano. Combate los formalismos religiosos, los rigorismos inhumanos y las interpretaciones estrechas de la ley. Nada ni nadie puede encadenar su libertad para hacer el bien. Nunca podremos seguirlo viviendo en la rutina religiosa o el convencionalismo de "lo correcto".

Jesús enciende los conflictos, no los apaga. No ha venido a traer falsa tranquilidad, sino tensiones, enfrentamiento y divisiones. En realidad, introduce el conflicto en nuestro propio corazón. No es posible defenderse de su llamada tras el escudo de ritos religiosos o prácticas sociales. Ninguna religión nos protegerá de su mirada. Ningún agnosticismo nos librará de su desafío. Jesús nos está llamando a vivir en verdad y a amar sin egoísmos.

Su fuego no ha quedado apagado al sumergirse en las aguas profundas de la muerte. Resucitado a una vida nueva, su Espíritu sigue ardiendo a lo largo de la historia. Los primeros seguidores lo sienten arder en sus corazones cuando escuchan sus palabras mientras camina junto a ellos.

¿Dónde es posible sentir hoy ese fuego de Jesús? ¿Dónde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Cuándo arden nuestros corazones al acoger su Evangelio? ¿Dónde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos? Aunque la fe cristiana parece extinguirse hoy entre nosotros, el fuego traído por Jesús al mundo sigue ardiendo bajo las cenizas. No podemos dejar que se apague. Sin fuego en el corazón no es posible seguir a Jesús.

José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Comaprte buenas noticias. Pásalo
18 de agosto de 2013
20 Tiempo ordinario (C)
Lc 12, 49-53


¡PRÉNDENOS CON TU FUEGO!
Escrito por  Florentino Ulibarri

¡He venido a prender fuego,
y cuánto deseo que arda
en vosotros, mis amigos,
y en el mundo entero!

Fuego para purificar las conciencias,
calentar las entrañas frías,
cauterizar las heridas,
quemar las cargas impuestas,
iluminar las zonas oscuras,
incendiar todas las barreras,
acrisolar vuestras pertenencias
y poner en ascuas los corazones.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Fuego para calcinar las cuerdas que os sujetan
y dejaros en libertad en esta tierra;
para infundiros calor de vida
y moldear vuestros sueños y utopía;
para reducir a cenizas las murallas
y renacer con más brío de ellas;
para prender vuestras entrañas
y haceros presencia de mi buena nueva.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Fuego que aviva las mechas humeantes
y los rescoldos de toda obra buena;
que ilumina los caminos y sendas
y hace que resplandezca vuestra presencia;
que da calor de vida al mundo
e infunde brillo y atracción a la Iglesia;
que abrasa la maldad y la mentira
y hace llamear la justicia.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Mi fuego es llama y hoguera
en cumbres, valles y praderas;
horno y brasero para encuentros,
tertulias, cenas y acogidas;
lámpara y faro en todo momento
para quienes andan vagando;
cirio pascual fuera y dentro,
gratuito, sin precio y sin dueño.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Mi fuego arde sin consumirse,
es zarza en el desierto y el silencio,
es Espíritu abierto a todos los vientos;
levanta los ánimos decaídos,
infunde energía a los abatidos
y reconforta a los esforzados;
mi fuego es bautismo de vida,
amor que prende y enamora.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Y, a vosotros, os envío a ser fuego:
lumbre interior y antorcha en lo alto;
hoguera, horno y brasero,
llamarada incontenible y sin miedo,
volcán, rayo, incendio;
fogata de campamento y rescoldo mañanero,
faro en este mundo proceloso
y cera de mi propio cuerpo.

¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Acercaos a mí,
saltad la hoguera,
caminad sobre las ascuas,
arded, incendiad,
brillad, iluminad,
cauterizad las heridas...
¡Dad calor al mundo!
¡Que prenda la buena nueva!


¡Préndenos, Señor, con tu fuego!

Florentino Ulibarri




NO PUEDE HABER VIDA SIN LUCHA
Escrito por  Fray Marcos
Lc 12, 49-53

Como colofón a la larga instrucción sobre la confianza y la vigilancia, Jesús habla brevemente de sí mismo de una manera un tanto enigmática. ¿Qué clase de fuego trae al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz hablando? Son frases enigmáticas que no es fácil colocar en un contexto que las hagan significativas para nosotros.

No se trata de un fuego destructor, como el que anunciaba el Bautista. Se trata más bien del fuego que purifica y da vida. El AT está plagado de imágenes en este sentido y ahí se apoya Jesús para transmitir la idea de renovación.

Jesús viene a traer fuego, pero no contó con la capacidad que tenemos nosotros de abrir cortafuegos y usar extintores. Nos defendemos con uñas y dientes contra todo lo que pueda socavar nuestro yo. El bautismo (ser sumergido por las aguas) era signo de pruebas terribles, las aguas caudalosas del AT que destruyen todo lo que encuentran a su paso. Está haciendo clara alusión a su pasión y muerte. Será la gran prueba que demostrará la autenticidad de su verdadero ser.

Una vez más nos encontramos con una tajante contradicción. ¿Cómo podremos armonizar estas palabras: "no he venido a traer paz, sino división", con aquellas otras: "La paz os doy, mi paz os dejo?" A veces, la mejor manera de comunicar una idea difícil, es la paradoja, que obliga a salir de los caminos trillados.

La primera lectura nos habla de la guerra que le hicieron a Jeremías por ser auténtico. Pablo nos habla de otra guerra, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Vamos a intentar salir de toda esta maraña de guerras y paces, examinando distintas realidades a las que llamamos guerra y paz. Ni todas las guerras son malas, ni toda paz puede ser bendecida sin más.

1.- Tenemos en primer lugar la paz que se consigue con violencia. La paz que conseguían los romanos cuando conquistaban un país. Ponían allí sus tropas, y nadie se movía, había paz. Es una paz que nace de la injusticia, nunca puede ser auténtica ni duradera. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Por ejemplo, la paz que existe en muchos matrimonios, porque uno de los miembros está anulado, y ya no tiene posibilidad de rechistar.

2.- Existe otra clase de paz que podíamos llamar la paz justa: Es la que se da entre personas o países que dialogan, que defienden posturas distintas, pero que saben atender y respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de fuerzas o de intereses. Es una paz positiva, aunque nos se trata de la verdadera paz, porque no es suficiente.

3.- La paz que equivaldría a la ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es una paz que todos de alguna manera buscamos; incluso vamos a la religión o a Dios en busca de esta paz. Que no nos compli¬quen la vida, que se solucionen los problemas. Es una paz que anula la vida, porque la vida es, por naturaleza lucha, superación de obstáculos. Si llegáramos a conseguir esa paz y en la medida que la consigamos, dejamos de vivir, estamos ya muertos.

4.- La paz que Jesús propone es la armonía interna; es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser, cuando todo su ser está de acuerdo con las exigencias de su ser profundo. Esta es la autentica paz. Esta es la paz (Shalom) que los judíos se deseaban al saludarse y al despedirse. Esta es la base de toda paz verdadera. Esa armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con los demás y con Dios. Esta paz es la consecuencia de un descubrimiento de lo trascendente como fundamento de nuestro ser.

Tenemos paralelamente cuatro clases de guerra que debemos analizar con cuidado

1.- La guerra que se hace para someter al otro, para subyugarlo y utilizarlo, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona libre. Es la ley de la selva. Es el fruto del egoísmo más refinado. Surge siempre que utilizamos la superioridad biológica, mental o sicológica para machacar al otro. Es la guerra más frecuente y más dañina.

2.- La guerra que hace el que está sometido, para salir de su situación. Es una guerra que se ha llamado "justa". A primera vista, parece lo más natural del mundo, pero hay que tener mucho cuidado de no caer en la trampa de la misma violencia contra la que se lucha. Todo ser humano tiene la obligación de luchar por su libertad, pero si lo hace utilizando los mismos medios que el opresor, no tiene nada de cristiano. La Iglesia ha bendecido a través de la historia cañones y bombardas. Y sin embargo, no cualquier clase de guerra es evangélica. En el evangelio se dice: "Si te pegan en una mejilla preséntales la otra"... Todo el evangelio es un canto a la no-violencia. Esta vivencia surge cuando el sometido descubre los resortes para levantarse contra el opresor y lo supera en su misma dinámica.

3.- La guerra que se hace a otro por ser auténtico, porque su manera de ser denuncia nuestra maldad. Es la guerra que le hicieron a Jeremías por ser fiel a sí mismo, por no querer halagarles el oído a aquellos jefes, que por su mal comportamiento estaban llevando a su pueblo al desastre. Esta guerra ni hay que hacerla, ni hay que temerla. Esto no es fácil, porque, la mayoría de las veces, actuamos pensando más en el 'qué dirán' que en nuestras convicciones. Muchas veces en nuestra vida, lo que determina que obremos de una o de otra manera, es la respuesta que vamos a obtener de los demás. Si nos interesa más que nos tengan por normales, tratando de no molestar a los demás para que no se vuelvan contra nosotros, antes o después caeremos en la trampa y dejaremos de ser auténticos.

4.- La guerra de la que habla Pablo, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Dentro del ser humano existen fuerzas y tendencias que le exigen estar en tensión. No podemos librarnos de esta tensión, tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar un objetivo humano. El objetivo del ser humano es el amor. Pero el amor cristiano es una posibilidad que no está en los genes, que no viene dada por el ADN. Los instintos, los apetitos, las pasiones están ordenadas a la supervivencia del ser biológico, no están orientadas a la plenitud específicamente humana. Al decir esto, la mayoría de los mortales caemos en la trampa de creer que los instintos son malos. Para nada. Todos los logros de la evolución que han quedado grabados en el ADN son buenos, pero no son suficientes para alcanzar una plenitud verdaderamente humana.

Solo el ser humano con su capacidad mental, es capaz de tergiversar los instintos y hacerlos malos. Para conseguir el objetivo de su existencia, el ser humano no tiene más remedio que luchar, esforzarse, intentar cada día llegar un poco más lejos en el desarrollo de su ser. En esta pelea, tendríamos que llegar incluso a la sangre.

Con todos estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar a toda costa, y qué "guerra" debemos aceptar como la cosa más natural del mundo. Pero debemos estar muy atentos, porque la diferencia es a veces muy sutil, y muchas veces la diferencia la marca la intención de nuestra actitud.

Jesús se presenta no solo como objeto de conflicto, sino como la misma causa del conflicto.

La actitud de Jesús no es la causa de la división, sino la aceptación o no de esa actitud vital que él exige a los que le escuchan. Jesús no viene a garantizar una paz exterior como esperaban los judíos de su mesías. La paz o la guerra exterior no afectarán para nada a la interioridad de los que le sigan. 'Mi paz os doy, pero yo no la doy como la da el mundo'.

En resumen, podíamos decir que en estos versículos se presenta la figura de Jesús como el centro de la historia que tienen que imitar los que le escuchan. El bautismo como inmersión en aguas abismales que son el signo de lucha y sufrimiento. Pero ese fuego y ese bautismo son deseados porque de ellos surgirá la verdadera paz. Las tensiones e incluso rupturas violentas no las origina Jesús, sino los que deciden rechazarle.

Meditación-contemplación

Una acertada guerra, me conducirá a la verdadera paz.
Miles de años de experiencia humana nos dicen que no es fácil acertar.
Jesús nos da unas orientaciones valiosísimas.
Con esas claves podemos intentar la travesía sin miedo.
.......................
No son las fuerzas externas las que me impiden alcanzar la armonía.
La primera y más importante guerra la tengo que librar dentro de mí.
Sólo cuando dentro haya conseguido la paz,
estaré preparado para ganar otras batallas.
........................
Ese desorden que encuentro dentro, lo he provocado yo.
No es algo natural ni que se deba a que estamos mal hechos.
Es el conocimiento imperfecto el que me lleva a buscar lo que me daña.
La primera arma será el conocimiento, la sabiduría.
..........................
No te quedes en la superficialidad del ego.
Baja más al fondo de ti mismo y descubrirás la armonía.
Tu verdadero ser es paz, es armonía y es felicidad.
Vete más allá de tu falso ser.

Fray Marcos



LA VIDA DE JESÚS ES VIOLENCIA
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 12, 49-53

Toda esta parte de Lucas reúne muchas enseñanzas y sucesos de la vida de Jesús englobadas literariamente en el gran viaje hacia Jerusalén, convocando multitudes y sufriendo la hostilidad y el acoso de los jefes y letrados.

Los temas concretos del fragmento de hoy son tres imágenes: el fuego, el bautismo y la división.

Jesús presenta su predicación y su trabajo total como un fuego que tiene que hacer arder al mundo entero. No es ésta una imagen evangélica habitual, ni ha sido apenas utilizada. El fuego ha sido en el AT una imagen de Dios y de su acción sobre los humanos: fuego para purificar, para iluminar, para propagarse. Y el Espíritu se entregará a la Iglesia en forma de lenguas de fuego.

Lo menos que podemos decir del espíritu de Jesús es que es "ardiente". Podríamos pensar si la habitual mansedumbre con que representamos a Jesús no es una domesticación que nuestra conveniencia impone a su verdadera imagen, la que se desprende directamente de los textos evangélicos.

Jesús habla frecuentemente de su "bautismo", no refiriéndose al Jordán, sino a la cruz. Quizá la expresión más evidente sea la respuesta a las aspiraciones "ministeriales" de los Zebedeos, a las que Jesús contrapone: "¿podéis beber el cáliz que yo de he de beber, bautizaros con el bautismo que yo he de recibir?" (Mt 20, Mc 10), es decir, ¿podéis soportar lo que yo voy a padecer?... textos que se relacionan directamente con los anuncios de la Pasión y la incomprensión de los discípulos respecto a la misma.

La consecuencia de todo lo anterior es que Jesús sabe que el resultado de su misión no será la conversión global, la adhesión de Israel, sino la división: con Él o contra Él. Y que esta división hará que los que opten por Él sean perseguidos, como Él mismo lo será.

Ante todo, debemos reflexionar sobre la imagen que tenemos acerca de la vida y figura de Jesús. Treinta años de vida oscura; de uno a tres años de vida "pública", que empiezan con un enorme impacto popular y se deslizan hacia el seguimiento de un grupo más reducido y más fiel; y un violento desenlace producido por el enfrentamiento mortal con las autoridades religiosas de Israel.

Es una vida violenta: sorpresa, impacto, enfrentamiento, muerte. La sociedad de Jesús le responde con violencia, porque se ha sentido agredida y teme por su supervivencia. La doctrina y el modo de actuar de Jesús ha sido un agresión, un fuego; la sociedad teme ser consumida por ese fuego; e intenta apagarlo, matarlo.

La acción de los enemigos de Jesús se representa también en el agua, que puede ser mortal. Se recobra el viejo significado agua = muerte (las aguas del caos primordial, el diluvio, el Nilo, el mar "Rojo"...) las aguas caerán sobre el fuego de Jesús intentando ahogar su fuego. Son las aguas mortales de la religión deformada: la Ley más que la persona: el culto más que la vida: la justicia más que la compasión. Jesús vuelve a encender el fuego de la persona, la vida, la compasión, y entonces los legistas, los sacerdotes y los fariseos no tienen más remedio que apagar ese fuego.

Esta imagen de Jesús, tan real e indiscutible, nos propone dos vías de reflexión de gran trascendencia. Ante todo a nivel personal. La vida interior de todo seguidor de Jesús es violencia, porque partimos de la situación existencial del pecado, de la instalación, de la conformidad con lo vulgar o lo meramente agradable. Y la llamada de la Palabra es "sal de tu tierra, sal de la cómoda esclavitud... al desierto, hacia la libertad". Es la motivación de toda la ascesis cristiana: arrancarse del cómodo y ficticio paraíso (interior y exterior).

Seguir a Jesús es siempre preferir la puerta estrecha y la senda empinada, es venderlo todo por el Tesoro, dejar las redes en la barca... Los evangelios están llenos de estas imágenes.

A nivel comunitario, la iglesia es un poderoso fermento de cambio. Una comunidad de seguidores de Jesús actúa con criterios, maneja valores, actúa de forma radicalmente opuesta a la sociedad en que se inserta: no valora el poder, la instalación, la riqueza, el dominio; no pretende preferentemente disfrutar ni imponer; no piensa ante todo en ganancias ni en prestigios sociales...

Si los criterios y valores de estas comunidades fueran mayoritarios en la sociedad occidental, toda la trama económica y política de esta sociedad quedaría destruida. Una iglesia verdaderamente seguidora de Jesús sería un peligro público, sería atacada, la sociedad reaccionaría como se reaccionó con Jesús.

Pero de hecho no es así. Los cristianos occidentales tenemos la tentación de que nuestra fe no altere demasiado nuestras costumbres. El seguimiento de Jesús puede no significar un esfuerzo para salir de sí mismo y liberarse de los pecados. El sacramento del bautismo puede no ser una adhesión personal al crucificado, ni el sacramento de la penitencia suele ser expresión de nuestra constante pelea con nuestros pecados, ni la Eucaristía es comunión con la fe de los demás y un compromiso vital con el Libertador y para la Liberación.

Es más conveniente priorizar la imagen del perdón de los pecados (no detestados), de la comunión personal con Cristo (no transformadora, estéril). El conocimiento de "Abbá" puede no impulsarnos y comprometernos a ser Hijos sino más bien simplemente a tranquilizarnos porque entendemos a Dios como Juez corrupto, bonachón, que pasará por alto nuestra mediocridad.

Si así fuera, el fuego se habría extinguido. Ni la Palabra nos quema por dentro, ni los cristianos quemamos en la sociedad. La Palabra serviría para tranquilizar nuestra mediocridad y la Iglesia se convertiría en una religión más, expresión sacra de la idiosincrasia de un pueblo y los mecanismos tradicionales de su sociedad.

De ser así, habría desaparecido la fuerza incontenible del grano de mostaza, el poder de fermento de la levadura... Se habría extinguido el fuego.

La división, el padre contra el hijo... ¿cómo no va a haber división si alguien se toma en serio el Evangelio? "Todos los que quieran vivir religiosamente, como Jesús, serán perseguidos". La elección de carrera, el status de vida elegido, los amigos, el club a que se pertenece, invertir o colaborar... ¿cómo no van a dividir a las personas estas elecciones que constituyen el tejido habitual de nuestras vidas?

Dios es Amor. La imagen del Espíritu es el fuego. El fuego quema la ofrenda. El fuego es lo que hace válido el cirio, que se consume para ser luz...

Este domingo es una magnífica invitación a un examen en profundidad de lo que significa para nuestras vidas la fe en Jesús. Ardiente o tibio, agresivo o domesticado, salir o seguir instalado, ponerse al servicio o conformarse... Contemplar cómo cambió a Jesús el fuego del Espíritu, qué peligroso lo hizo. Mirar mi vida, tan poco peligrosa para nadie. Mirar la iglesia, intentar descubrir en ella dónde quema el Espíritu...

José Enrique Galarreta



EL PAPA FRANCISCO, PORTADOR DE UNA VIEJA Y MODERNA NOVEDAD -1
Escrito por  Benjamín Forcano

No sé si los lectores la compartirán, pero es posible que muchos de ellos abrigaran la certeza de que el Papa Francisco, en su viaje a Brasil, -a la cristiandad, a la humanidad- iba a repetir lo de siempre, lo que otros Papas anteriores: doctrinas y normas, preceptos y leyes , dogmas y , a la par, reproches y anatemas contra el abandono e infidelidades de los cristianos.

Llevábamos mucho tiempo escuchando en tono casi obsesivo la voz de muchos dirigentes eclesiásticos, que no cesaban de repetir: no a la ausencia de la práctica religiosa, no a la secularización, no al Estado aconfesional, no al relativismo moral, no a la politización izquierdosa de la fe, no a la autonomía de la ciencia y de la libertad, no al aborto, no a la homosexualidad, no a la igualdad de la mujer, no a la aceptación intraeclesial de los divorciados, no...

De repente, y confirmando los gestos y palabras que en su breve recorrido de Obispo de Roma había ido proyectando, el Papa Francisco se muestra con una frescura y libertad, con una cercanía y comprensión del pueblo, con un enseñar nuevo, limpio y simple que penetra y cautiva , y asombra a muchos doctos y fariseos de nuestro tiempo. Dice:

"La barca de la Iglesia no tiene la potencia de los grandes transatlánticos que surcan los océanos. Y, sin embargo, Dios quiere manifestarse precisamente a través de nuestros medios, medios pobres, porque siempre es él el quien actúa. -La Iglesia no puede alejarse de la sencillez. Sin la garantía de la simplicidad la Iglesia se ve privada de las condiciones que hacen posible "pescar" a Dios en las aguas profundas de su misterio.-Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de las necesidades de los que la han abandonado, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para las nuevas cuestiones; quizás la Iglesia tenía repuesta para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta".

El Papa Francisco no parece hablar muy preocupado por la doctrina de la Iglesia ni se afana por defenderla, sino que sus palabras mencionan una y otra vez, ante todos los públicos, una realidad nueva, frente a la cual, como ocurriera en otro tiempo, la gente queda encandilada y se llena de gozo y entusiasmo. Parecía que ya no era un obispo mal encarado, sino un descubridor de la sublime figura de Jesús de Nazaret. Dice:

"Como Pablo y Bernabé anunciamos el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo, luz para el camino y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En realidad, nuestro vivir en Cristo marca todo los que somos y lo que hacemos. La eficacia y fecundidad de nuestro servicio apostólico quedan garantizadas por nuestro ser fieles a Jesús. Permanecer con Cristo no es aislarse, sino permanecer para ir al encuentro de los otros. Es en las favelas, en los cantegriles, en las villas miseria, donde hay que buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría. Jesús, el buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro, tratemos de fijar cada vez más nuestro corazón en él (Cf. Lc 12,34)". (Catedral de San Sebastián, Río de Janeiro, 27 de julio de 2013)

Ya no era el superconocido y prohibido por nuestros obispos, teólogo José Antonio Pagola (por su libro JESUS, Una aproximación histórica, en poco tiempo vendidos más de 140.000 ejemplares) quien despertaba admiración y aplausos, sino él, un Papa directo, popular, no controlado, que venía poseído por la misma pasión: anunciar la gran novedad de Jesús de Nazaret, -descuidada, dejada en la penumbra y hasta secuestrada-.

Novedad la de este hombre Jesús de Nazaret que, según José Antonio Pagola: "Ha marcado decisivamente la religión, la cultura y el arte de Occidente hasta imponer incluso calendario, que ha tenido como nadie un poder grande sobre los corazones, que ha expresado como nadie las inquietudes e interrogantes del ser humano, que ha despertado ingentes esperanzas y que todavía hoy, frente a la crisis de ideologías y religiones, sigue alimentando la fe de millones y millones de hombres y mujeres".

Y el Papa Francisco proseguía en su principal empeño:

"Quisiera que hoy nos preguntáramos todos: ¿Somos una Iglesia que vuelva a nuestras fuentes de modo que ellas despierten la fascinación por su belleza? Se requiere una Iglesia con una pastoral que no es otra cosa que el ejercicio de la maternidad de la Iglesia. Sin la misericordia , poco se puede hacer hoy para insertarse en un mundo de "heridos" que necesitan comprensión, perdón y amor. - En el ámbito social, la Iglesia sostiene el derecho de servir al hombre en su totalidad, diciéndole lo que Dios ha revelado sobre el hombre y su realización y ella quiere hacer presente ese patrimonio inmaterial sin el cual la sociedad se desmorona, las ciudades se verían arrasadas por sus propios muros, barrancos y barreras. La Iglesia tiene el derecho de mantener encendida la llama de la libertad y de la unidad del hombre" (A los obispos del Brasil, 27 de julio de 2013).

Yo he quedado sorprendido: el papa no ha hablado de prohibiciones eclesiales, no ha reclamado el absolutismo de la verdad católica, no ha hablado ni una sola vez del aborto, ha mirado a todos, a todos les ha invitado a compartir y convivir en respeto y fraternidad, desde la defensa de los grandes valores, que nos enriquecen mutuamente. Y ha hablado con fuerza, eso sí, de los ídolos y falsas ilusiones sembradas por doquier por el depredador y homicida neoliberalismo.

No Occidente, sino ciertas ideologías devastan la conciencia y los hábitos éticos que más profundamente tejen nuestra humanidad. Y el Nazareno, recuperado de nuevo, sin tantas cosas que lo oscurecen y lo han traicionado, ha sido el anuncio central, la enseñanza atractiva y más conmovedora que ha estado en los labios del Papa Francisco:

"Ayudemos a los jóvenes a darse cuenta de que ser discípulos misioneros es parte esencial del ser cristiano, y que el primer lugar que se ha de evangelizar es la propia casa, el ambiente de estudio o de trabajo, la familia y los amigos. No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio. No es un simple abrir la puerta para acoger, sino salir por ella para buscar y encontrar. Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados... Tengan el valor de ir contra corriente, en sus manos tienen los elementos para que nuestra civilización sea verdaderamente humana: el encuentro , la acogida de todos, la solidaridad y la fraternidad"(En la catedral de San Sebasttián, Rio de Janeiro, en la Misa con obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas, 27 de julio de 2013)."

Me he acordado que algo nuevo estaba aconteciendo, que se estaban cumpliendo las palabras de otro gran teólogo mal visto en nuestra larga restauración:

"Siempre que la Iglesia ha pasado por momentos de crisis , relajación o desorientación, los cristianos más lúcidos (...) han vuelto al seguimiento de Jesús para encontrar orientación, identidad, relevancia y gozo en la vida cristiana".(Jon Sobrino, Seguimiento, en Conceptos Fundamentales de Pastoral, Madrid, 1983, p. 936).

Me he acordado también, de por qu é los grandes de nuestro tiempo, civiles o religiosos, no han podido o querido comprender las palabras del gran exegeta Joachim Jeremías:

"Jesús invita a su mesa a los publicanos, a los pecadores, a los marginados, a los reprobados; él llama al gran banquete a las gentes "de los caminos y las lindes" (Lc 14,16-24). Cada página del Evangelio nos habla de escándalo, de la agitación , de la inversión de valores que Jesús provoca llamando precisamente a los pecadores. Continuamente se le pidieron las razones de esta actitud incomprensible y, continuamente, sobre todo por medio de sus parábolas, Jesús dio la misma respuesta: Dios es así. Dios es el Padre que abre la puerta de la casa al hijo pródigo ; Dios es el pastor que se llena de alegría cuando encuentra la oveja perdida; es el rey que invita a la mesa a los pobres y mendigos".

Y he seguido acordándome, cómo no, de tantos exegetas y teólogos –censurados y proscritos- que con rigor y gran amor a la Iglesia, han tratado de presentar y recuperar la imagen histórica y liberadora del Nazareno:

-"Si la Iglesia predica la cruz, pero no sufre ella misma, si se entrega al orden del poder y no se opone a él en nombre de la justicia y en su apuesta por los marginados, no sigue a Jesús" (E. Käsemann).

"Jesús estaba situado en ese lugar social que son los pobres y, desde ese lugar, que purificaba e iluminaba su corazón, es desde donde estaba con Dios y con las cosas de su Padre. Y su estar con Dios no era ajeno a su estar con los pobres, entre quienes quiso poner su morada" -- "Por más escandaloso que resulte en una situación como la de América Latina, gran parte de los cristianos, incluidos religiosos, sacerdotes, obispos y cardenales, no sólo no cuentan con el carisma del profetismo, sino que lo contradicen y lo constituyen en antisigno como perseguidores de profetismo y favorecedores de las estructuras y fuerzas de dominación " (Ignacio Ellacuría).

"Lo nuevo y lo importante del momento presente estriba en el papel que la fe en el Dios liberador está jugando en este proceso de percibir y sacudir las causas de la injusticia" (Gustavo Gutiérrez).

-"Para el Papa Juan Pablo II la reevangelización de Europa requiere superar la modernidad y todos los valores modernos y regresar al primer milenio. Yo critico este retorno porque los valores modernos de la libertad de conciencia, de la religión, de la tolerancia no son, desde luego, los valores del primer milenio". (E. Schillebeeckx).

- "Del caracter absoluto del cristianismo hemos pasado a otorgar carácter absoluto a la Iglesia, a los dogmas, a la moral y, durante siglos, hasta a las formas litúrgicas" (Manuel Fraijó).

- "Muertos los ídolos y fantasmas, creo firmemente en El, creo únicamente en El, el Dios Hombre que ha asumido y revolucionado y solucionado la historia humana, y es el Rostro verdadero del Dios vivo y el Rostro primogénito del Hombre Nuevo. (Obispo Pedro Casaldáliga).

No sé si Francisco, el nuevo obispo de Roma, ha vuelto con toda su fuerza a Jesús, consciente de que la crisis de la Iglesia y de la la llamada sociedad cristiana está en que se han apilado normas y normas, fardos enteros, para regular y oprimir la vida de los cristianos dejando en la trastienda el anuncio que el apóstol Pedro hizo ante los jefes y senadores de su pueblo:

"Quede bien claro para vosotros y para todo Israel que ha sido por obra de Jesús Mesías, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de la muerte, por quien hemos sanado a este enfermo. Jesús es la piedra que desechastéis vosotros los constructores y que se ha convertido en pìedra angular. La salvación no está en ningún otro, es decir, que bajo el cielo no tenemos los hombres otro diferente al que debamos invocar para salvarnos".

Me resulta normal poder concluir con estas palabras del Papa Francisco:

- Si la Iglesia como Institución se funcionaliza, "Entonces pretende tener luz propia -la gran tentación de la Iglesia es tener luz propia- y deja de ser ese "mysterium lunae" del que nos hablan los Santos Padre. El misterio de la luna. Se vuelve cada vez más autrorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De "Institución" fundada por Jesucrsito,se transforma en "Obra". Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora: de Servidora se transforma en Controladora". Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre,Servidora, facilitadora de la fe y no tan to controladora de la fe" ( Al Comité de Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe –CELAM- (Río de Janeiro, 28 de julio de 2013) .

- "El mandato de anunciar el evangelio para toda la Iglesia no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza del amor, del hecho que Jesús ha venido a nosotros y nos ha dado, no algo de sí, sino todo él, ha dado su vida para salvarnos y mostrarnos el amor y la miseri- cordia de Dios. Jesús no nos trata como a esclavos, sino como a hombres libres, amigos, hermanos; y no sólo nos envía , sino que nos acompaña, está siempre a nuestro lado en esta misión de amor" ( Vigilia de Oración con los jóvenes en el Paseo Marítimo de Copacabana 27 de julio de 2013).

Benjamín Forcano



"NO JUZGUÉIS Y NO SERÉIS JUZGADOS"
Escrito por  José María Castillo

Si algo está dejando patente el papa Francisco, cada día más patente, es que se trata de un papa que cree más en el Evangelio que en el Papado, que toma más en serio lo que dijo Jesús que lo que imponen las normas vaticanas.

No pretendo ahora discutir, ni siquiera insinuar, que haya, o pueda haber, contradicciones entre el Evangelio y el Vaticano. Me refiero a lo que es la "convicción determinante" en la vida. Esa convicción puede ser la bondad o puede ser el poder. Ha habido papas cuya convicción determinante ha sido la bondad. Como ha habido papas cuya convicción determinante ha sido el poder.

Ahora bien, el mecanismo que hace funcionar la bondad es el respeto a todos. Mientras que el mecanismo que hace funcionar el poder es el juicio. Esto quedó claro en el principio satánico que pronunció la serpiente, en el mito del paraíso, cuando le dijo a Eva: "Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal" (Gen 3, 5).

Lo que define a Dios, según el demonio, es el poder que delimita lo que está bien y lo que está mal. Y a eso se han dedicado, demasiadas veces, los llamados "representantes de Dios" en la tierra. Por eso, sin duda, el papa Francisco se ha dedicado, en su todavía corto pontificado, a atizarles fuerte a los clérigos, empezando por él mismo, por los papas, los cardenales, los obispos, los curas, los frailes.... Los clérigos, ha dicho Francisco, han sido los que han alejado a los jóvenes de la Iglesia. Una Iglesia que se ha dedicado a juzgar a buenos y malos. Una Iglesia que se ha dedicado a "hacer de Dios", a producir la impresión de que tiene la última palabra, como si fuera Dios.

Por eso, en pocos minutos, ha dado la vuelta al mundo la respuesta que Francisco le dio a un periodista en el avión de vuelta que le llevaba de Río a Roma: "Si una persona gay busca al Señor, ¿quién soy yo para juzgarla?". Francisco tiene conciencia de su responsabilidad. Pero también sabe que esta responsabilidad está limitada por su condición humana. Una condición, y su consiguiente limitación, que el papa lleva siempre consigo, por muy papa que sea.

Jesús les prohibió a sus operarios arrancar la cizaña en el mundo porque -tengan el cargo que tengan- se pueden equivocar. Y bien puede suceder que, en lugar de arrancar la mala hierba, lo que hagan en la vida sea pasar por este mundo arrancando el trigo de Dios (Mt 13, 24-30. 36-43). Sólo los ángeles de Dios, en definitiva, solamente Dios puede saber y puede decidir lo que está bien y lo que está mal.

Y para terminar, un criterio que dejó muy claro el papa Francisco: "Los pecados se perdonan, los delitos no". El problema está en que abundan los clérigos (con sus monaguillos) que, si es preciso, se tiran a la calle para pedir que, en cuanto eso es posible, algunas cosas que dice el Catecismo se copien en el Código Penal.

Ya es malo pecar y tener que confesarse. Pero, si encima de eso, tienes que pasar por el juzgado para acabar en la cárcel.... ¿No es eso pretender que vuelva el Nacional-Catolicismo? ¡Por Dios Santo!, no nos cansemos de ser buenas personas. Porque sólo la bondad -y siempre la bondad- tiene fuerza para cambiar el mundo. Y hasta para darle un giro nuevo a la historia.

José M. Castillo