jueves, 1 de agosto de 2013

CONTRA LA INSENSATEZ - José Antonio Pagola


CONTRA LA INSENSATEZ - José Antonio Pagola
Cada vez sabemos más de la situación social y económica que Jesús conoció en la Galilea de los años treinta. Mientras en las ciudades de Séforis y Tiberíades crecía la riqueza, en las aldeas aumentaba el hambre y la miseria. Los campesinos se quedaban sin tierras y los terratenientes construían silos y graneros cada vez más grandes.

En un pequeño relato, conservado por Lucas, Jesús revela qué piensa de aquella situación tan contraria al proyecto querido por Dios, de un mundo más humano para todos. No narra esta parábola para denunciar los abusos y atropellos que cometen los terratenientes, sino para desenmascarar la insensatez en que viven instalados.

Un rico terrateniente se ve sorprendido por una gran cosecha. No sabe cómo gestionar tanta abundancia. “¿Qué haré?”. Su monólogo nos descubre la lógica insensata de los poderosos que solo viven para acaparar riqueza y bienestar, excluyendo de su horizonte a los necesitados.

El rico de la parábola planifica su vida y toma decisiones. Destruirá los viejos graneros y construirá otros más grandes. Almacenará allí toda su cosecha. Puede acumular bienes para muchos años. En adelante, solo vivirá para disfrutar:”túmbate, come, bebe y date buena vida”. De forma inesperada, Dios interrumpe sus proyectos: “Imbécil, esta misma noche, te van a exigir tu vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”.

Este hombre reduce su existencia a disfrutar de la abundancia de sus bienes. En el centro de su vida está solo él y su bienestar. Dios está ausente. Los jornaleros que trabajan sus tierras no existen. Las familias de las aldeas que luchan contra el hambre no cuentan. El juicio de Dios es rotundo: esta vida solo es necedad e insensatez.

En estos momentos, prácticamente en todo el mundo está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Este es el hecho más sombrío e inhumano: ”los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres” (Zygmunt Bauman).

Este hecho no es algo normal. Es, sencillamente, la última consecuencia de la insensatez más grave que estamos cometiendo los humanos: sustituir la cooperación amistosa, la solidaridad y la búsqueda del bien común de la Humanidad por la competición, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de los más poderosos del Planeta.

Desde la Iglesia de Jesús, presente en toda la Tierra, se debería escuchar el clamor de sus seguidores contra tanta insensatez, y la reacción contra el modelo que guía hoy la historia humana.


José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Lucha contra la insensatez. Pásalo
4 de agosto de 2013
18 Tiempo ordinario (C)
Lucas 12, 13-21

LÍBRAME, JESÚS
Escrito por  Florentino Ulibarri

Del anhelo de ser amado,
del deseo de ser alabado,
del ansia de ser honrado,
del afán de ser consultado,
del empeño en ser aprobado,
de la aspiración a ser perfecto...
líbrame Jesús.

Del afán de almacenar bienes,
del anhelo de ser rico,
del empeño en caer bien,
del deseo de sobresalir,
del ansia de darme a la buena vida,
de la aspiración a no fallar...
líbrame, Jesús.

Del temor a ser despreciado,
del temor a ser calumniado,
del temor a ser olvidado,
del miedo a ser ofendido,
del miedo a ser ridiculizado,
del miedo a ser acusado...
líbrame, Jesús.

Del temor a lo desconocido,
del temor a ser amado,
del temor a salir perdiendo,
del miedo a vivir en pobreza,
del miedo a renunciar a lo necesario,
del miedo a fracasar en la vida...
líbrame, Jesús. 

Florentino Ulibarri





MUCHAS COSAS NECESARIAS, SOLO UNA ES ESENCIAL
Escrito por  Fray Marcos

Por una vez, las tres lecturas coinciden en el tema principal:

Ecl 1,2; 2,21-23: "Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad..."
Col 3,1-11: "Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra."
Lc 12,13-21: Guardaos de toda clase de codicia.

Recordad que Jesús va camino de Jerusalén y el evangelista aprovecha distintos episodios para ir formando a sus discípulos en el verdadero seguimiento. El evangelio tiene dos partes: En la primera, Jesús se niega a ser árbitro en un conflicto económico. ¡Cuantos problemas se habría evitado la Iglesia si hubiera seguido su ejemplo! En la segunda advierte del riesgo de buscar seguridades terrenas, olvidando el verdadero objetivo de toda vida humana.

Desplegar la verdadera Vida no depende de tener más o menos, sino de ser. Que lo acumulado lo vaya a disfrutar otro, tampoco es el problema; porque en el caso de que lo pudiera disfrutar él mismo, parece que sería válida la acumulación de riquezas.

Tampoco se trata de proponer como alternativa el ser rico ante Dios, si se entiende como acumulación de méritos que después te tendrán que pagar, porque eso sería seguir pensado en potenciar el ego. Esta propuesta va en contra del mensaje de Jesús que nos pide olvidarnos del yo.

En este episodio Jesús manifiesta claramente, no tener ninguna política concreta, ni económica ni social. No tiene como objetivo la liberación de las carencias materiales. Jesús pretende la liberación personal, sin la cual la liberación social o económica es incompleta. Con demasiada frecuencia se ha querido etiquetar como cristiana una política concreta. No podemos confundir el mensaje evangélico con ninguna ideología política. Jesús va al centro de la persona y no está condicionado por credos ni doctrinas.

Más que a un contexto social, el evangelio responde a un contexto antropológico. Se trata de dar auténtico valor a la vida humana. El tema de hoy es el desapego de toda una escala de valores para aferrarse a otra escala que es la que nos puede llevar a nuestra plenitud humana.

Si el primer objetivo de todo hombre es desplegar al máximo su humanidad y el evangelio nos dice que tener más no nos hace más humanos, la conclusión es muy sencilla en teoría: la posesión de bienes de cualquier tipo, no puede ser el objetivo último de ningún ser humano.

La trampa de nuestra sociedad de consumo está en que no hemos descubierto que cuanto mayor capacidad de satisfacer necesidades tenemos, mayor número de nuevas necesidades desplegamos; con lo cual no hay posibilidad alguna de marcar un límite. Ya los santos padres decían que el objetivo no es aumentar las necesidades, sino el conseguir que esas necesidades vayan disminuyendo cada día que pasa. Ese sería el objetivo personal.

¡Mucho cuidado! Las tres lecturas podemos entenderlas rematadamente mal. La vida es un desastre solo para el que no sabe traspasar el límite de lo caduco. Querámoslo o no, vivimos en la contingencia y eso no tiene nada de malo. Nuestro objetivo es dar sentido humano a todo lo que constituye nuestro ser biológico. Lo humano es lo esencial, lo demás es soporte.

Aspirar a los bienes de arriba y pensar que lo importante es acumular bienes en el cielo, es contrario al verdadero espíritu de Jesús. Ni la vida es el fin último de un verdadero ser humano ni podemos despreciarla en aras de otra vida en el más allá. Dios quiere que vivamos lo más dignamente posible; pero no a costa de los demás seres humanos.

Es muy difícil mantener un equilibrio en esta materia. Podemos hablar de la pobreza de manera muy pobre y podemos hablar de la riqueza tan ricamente. No está mal ocuparse de las cosas materiales e intentar mejorar el nivel de vida.

Dios nos ha dotado de inteligencia para que seamos previsores. Prever el futuro es una de las cualidades más útiles del ser humano. Jesús no está criticando la previsión, ni la lucha por una vida más cómoda. Critica que lo hagamos de una manera egoísta, alejándonos de nuestra verdadera meta como seres humanos.

Si todos los seres humanos tuviéramos el mismo nivel de vida, no habría ningún problema, independientemente de la capacidad de consumir a la que hubiéramos llegado.

El ser humano tiene unas necesidades como ser biológico, que no tiene más remedio que atender. Pero a la vez, descubre que eso no llega a satisfacerle y anhela acceder a otra riqueza que, de alguna manera, le transciende. Esta situación le coloca en un equilibrio inestable, que es la causa de todas las tensiones que padece. O se dedica a satisfacer los apetitos biológicos, o intenta trascender y desarrollar su vida espiritual, manteniendo en su justa medida las exigencias biológicas.

En teoría, está claro, pero en la práctica exige una lucha constante para mantener el equilibrio. Bien entendido que la satisfacción de las necesidades biológicas y el placer que pueden producir, nada tiene de malo en sí. Lo nefasto es poner la parte superior del ser, al servicio de la inferior, aunque para ello tenga que privar a otros seres humanos de lo imprescindible para la vida.

Solo hay un camino para superar la disyuntiva: dejar de ser necio y alcanzar la maduración personal, descubriendo desde la vivencia lo que en teoría aceptamos: El desarrollo humano, vale más que todos los placeres y seguridades; incluso más que la vida biológica. El problema es que la información que nos llega desde todos los medios nos invita a ir en la dirección contraria y es muy fácil dejarse llevar por la corriente.

El error fundamental es considerar la parte biológica como lo realmente constituyente de nuestro ser. Creemos que somos cuerpo y mente. No tenemos conciencia de lo que en realidad somos, y esto impide que podamos enfocar nuestra existencia desde la perspectiva adecuada. El único camino para salir de este atolladero, es desprogramarnos. Debemos interiorizar nuestro ser verdadero y descubrir lo que en realidad somos, más allá de las apariencias y tratar de que nuestra vida se ajuste a este nuevo modo de comprendernos.

La parábola nos dice que la codicia incapacita para vivir una vida humana. Se trata de desplegar una vida verdaderamente humana que me permita alcanzar una plenitud en lo que tengo de específicamente humano. Solo esa Vida plena, puede darme la felicidad. Se trata de elegir entre una Vida humana plena y una vida repleta de sensaciones, pero vacía de humanidad.

La pobreza que nos pide el evangelio no es ninguna renuncia. Es simplemente escoger lo que es mejor para mí. No se trata de la posesión o carencia material de unos bienes. Se trata de estar o no, sometido a esos bienes, los posea o no. Vale más ser dueño de 1 € que esclavo de un millón.

Es importante tomar conciencia de que el pobre puede vivir obsesionado por tener más y malograr así su existencia. La pobreza tiene que ser combatida siempre, pero también al pobre debemos enseñarle a ser más humano.

La clave está en mantener la libertad para avanzar hacia la plenitud humana. Todo lo que te impide progresar en esa dirección, es negativo. Puede ser la riqueza y puede ser la pobreza. La pobreza material no puede ser querida por Dios. Jesús no fue neutral ante la pobreza/riqueza.

No puede ser cristiana la riqueza que se logra a costa de la miseria de los demás. Pero no se trata solo de la consecución injusta, sino del acaparamiento de bienes que son imprescindibles para la vida de otros.

Aquí no se puede andar con tapujos. El progreso actual es radicalmente injusto, porque se consigue a costa de la miseria de una gran parte de la población mundial. "Si todos los habitantes del planeta consumieran como los europeos, harían falta cinco planetas Tierra para satisfacer esas necesidades"... El progreso desarrollista en que estamos inmersos, es insostenible además de injusto.

Confiar en que las riquezas darán la felicidad, es la mayor insensatez. La riqueza puede esclavizar hasta límites increíbles. Nos han convencido de que si no poseo aquello o no me libro de esto otro, no puedo ser feliz. Tú eres ya feliz. Solo tu programación te hace ver las cosas desde una perspectiva equivocada. No tienes que hacer nada, para conseguir la felicidad, sencillamente porque ya la tienes. Si el ojo está sano, lo normal es la visión, no hay que hacer nada para que vea (Tony de Mello).

Aún sin tener nada de lo que ambicionamos normalmente, podríamos ser inmensamente felices. Aquello en lo que ponemos la felicidad, puede ser nuestra prisión. En realidad, no queremos la felicidad sino seguridades, emociones, satisfacciones, placer sensible. Esto es lo que nos mata.

Meditación-contemplación

Codiciar es desear con ansia lo que no tiene verdadero valor.
Lo correcto sería poner todo nuestro empeño en conseguir lo esencial.
Solamente una justa valoración, evita la codicia.
Estás fallando si te quita el sueño lo secundario.
.........................

Me debo ocupar de las necesidades materiales;
pero mi preocupación debe ser el desplegar mi humanidad.
El único camino es tomar conciencia de lo que soy.
El tesoro no está en el cielo, sino dentro de mí.
....................

Dentro de ti está la plenitud, está la felicidad. Descúbrela.
Necios somos si nos empeñamos en buscarla fuera.
No la encontraré en las cosas de este mundo,
pero tampoco en un cielo futuro o en un Dios fuera de mí.
.........................

Fray Marcos





PADRE, LLENA NUESTRO CORAZÓN CON TU PRESENCIA
Escrito por  Vicky Irigaray

Levantemos nuestro corazón hacía nuestro Padre Dios y presentemos las necesidades de todos los hombres y mujeres que buscan llenar de sentido sus vidas.
Padre, llena nuestro corazón con tu presencia.

• Por todos los que queremos seguir a Jesús, para que aprendamos a mirarnos a nosotros mismos y a mirar a los demás con la mirada de Dios.
Padre, llena nuestro corazón con tu presencia.

• Por todos los hombres y mujeres que se sienten vacíos, por los que no encuentran ninguna ilusión en sus vidas, para que sepan descubrir la belleza de lo sencillo y pequeño.
Padre, llena nuestro corazón con tu presencia.

• Por todos nosotros, para que no busquemos tener cada día más sino que pongamos todo nuestro empeño en SER cada día más para los demás.
Padre, llena nuestro corazón con tu presencia.

• Por todos los enfermos de nuestra comunidad para que descubran en Dios al mejor Médico.
Padre, llena nuestro corazón con tu presencia.

Dios, tú que nos quieres tanto, llénanos por dentro con tu amor y tu ternura, y enséñanos a comprender que Tú eres nuestro mayor tesoro.

Vicky Irigaray





RICOS ANTE DIOS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 12, 13-21

Este pasaje evangélico nos da la oportunidad de tener una visión global del mensaje de Jesús sobre el dinero. Este mensaje se puede concretar en tres aspectos.

En primer lugar, el texto de hoy hace un planteamiento básico, colocando el dinero en la perspectiva correcta de cualquiera de los bienes (talentos o sucesos) de la vida humana: si el dinero tiene valor de cara a la vida definitiva, tiene valor: si no lo tiene o la perjudica, no tiene valor o es un peligro. Hay que destacar la radicalidad del sentido escatológico de Jesús. Es la vida definitiva la que marca los valores, y solamente ella.

Esta doctrina se ve expresada en las sentencias cortas recogidas en el Sermón del Monte:

"No acumuléis riquezas aquí, donde roe la polilla y roban los ladrones; acumulad riquezas para el cielo".

Y más radicalmente:

"Si tu ojo o tu mano te estorba para la vida eterna, córtatelos...".

La concreción positiva de esta doctrina la encontraríamos en la parábola de los talentos. El dinero es algo que Dios nos ha confiado; se espera de nosotros una administración correcta...

En segundo lugar, la parábola del Rico Epulón y el pobre Lázaro muestra un giro violento, mucho más exigente. Se trata del que pervierte la finalidad del dinero, usándolo solamente para su propio disfrute y produciendo con ello la desgracia de otros. Es el dinero pervertido en su fin y la falta de com-pasión.

La postura de Jesús no puede ser más violenta ni más radical. Pocas veces en los evangelios encontramos una condena tan dura; se recurre a toda la simbología tradicional de la condenación para siempre, con llamas y tormentos incluidos.

La base de esta doctrina se encuentra sin duda en la parábola del juicio final. El "a mí me lo dejasteis de hacer" es la sentencia definitiva y su fundamentación: puesto que solamente podemos servir a Dios en sus hijos, abandonar a sus hijos es rechazar a Dios.

En tercer lugar, Jesús toma postura de manera muy inquietante hablando del dinero en relación con El Reino. "Qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios: le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino".

Hasta aquí tratábamos de salvar o tirar la vida; ahora tratamos de seguir a Jesús, de aceptar la misión. Aquí se trata ya de la consagración al Reino; todo para el reino: las cualidades, el tiempo, lo que se posee...

Y es aquí cuando Jesús habla de la riqueza como peligro, como droga. La escena en que todo esto se personifica es la del joven rico: muy buena persona, buen cumplidor de sus obligaciones; daría sin duda abundantes limosnas, pero no va a entrar en el Reino; es demasiado rico.

Hagamos todavía algunas reflexiones.

Leamos correctamente la historia: durante siglos, la apariencia de la iglesia ha sido de riqueza. La Iglesia ha sido más bien la jerarquía y las clases altas y poderosas. Y cuando se producen las grandes revoluciones obreras, la clase obrera en masa se aparta de la Iglesia mientras la burguesía acomodada permanece en la Iglesia.

¿Qué ha pasado con el evangelio? ¿No debería ser al revés?

Incluso hoy se siguen haciendo afirmaciones tales como "la opción preferencial por los pobres". ¿Pueden los pobres hacer una opción preferencial por los pobres? ¿Por qué se puede hacer, de forma tan descarada, esta afirmación, dejando claro que los que hacen esa opción son ricos?

Occidente es rico: y por eso no puede entrar en el Reino. Occidente ha perdido el sentido de la austeridad, se ha instalado en esta vida para disfrutar de ella lo más posible. Su verdadero dios es la vida cómoda, cuando no el puro consumo.

La iglesia de Occidente "subsiste" solamente en comunidades o personas muy marginales poco contagiadas del nivel de vida general.

A este occidente sólo le puede salvar la com-pasión. La constante presencia de noticias e imágenes sobre las atroces necesidades del mundo son la Palabra de Dios más urgente que recibimos. Responder a esa Palabra, sin embargo, suele limitarse a darles algo de lo que nos sobra (¡¡ ni el 0'7 % !!). Solucionamos un poco de sus necesidades y tranquilizamos la conciencia, pero seguimos adorando al mismo dios: vivir lo mejor posible.

La situación de Occidente (el Norte, el Primer Mundo... como se quiera decir) se ve atacada por los tres posicionamientos del evangelio:

desde luego, de entrar en el Reino, nada.

mucho, muchísimo de acumular aquí, donde roe la polilla

y la parábola del rico Epulón que nos toca muy de cerca: con lo que consumimos y tiramos no solamente embotamos nuestro espíritu sino que creamos la miseria del resto del mundo y destruimos el planeta. Este debe ser un tema de permanente concienciación en la iglesia.

Viviendo como vivimos, ¿cómo podremos acercarnos a comulgar con Jesús, con Jesús crucificado al que nosotros crucificamos?.

¡Qué estupenda frase termina el evangelio de hoy! "Ser rico ante Dios".

Nos invita sin duda a una inversión de valores en nuestra manera de considerar a las personas y a nosotros mismos. Admiramos y respetamos la salud, la juventud, la fama, el dinero, el poder, la popularidad. Las revistas y los programas de radio o tele que se dedican a la vida social se hartan de exhibir estos ídolos. El empresario triunfador, el cantante del momento, el artista de cine, el personaje popular sin más... tantos y tantos y tantos, que encarnan al "rico ente el mundo".

¿Quiénes son "ricos ante Dios"? ¿Con qué ojos mira Dios a todos esos "ricos"? Sin duda con una enorme compasión, como se mira a un hijo tonto; con una enorme preocupación, como se mira al hijo atolondrado de incierto futuro; con una enorme angustia, como se mira al hijo cruel que produce daños irreparables a los demás.

Debemos pedir los ojos de Dios para valorar a las personas, a los ídolos, a los modelos.

José Enrique Galarreta





En el avión: un Papa sin pelos en la lengua
Pedro Miguel Lamet

La entrevista concedida por el Papa en el avión a su regreso de Brasil revela su talante abierto, sencillo, directo, positivo y dialogante ante las preguntas más candentes de nuestro anterior post. Responde a todo.

Primero: Responde sin rodeos, sin rehuír las preguntas.

Segundo: Revela su manera positiva, alegre y evangélica de afrontarlos.

Tercero: Abre una puerta muy clara al tema de la posible reincorporación de los divorciados vueltos a unir a la comunión, un tema que se abordará en otoño.  Pone el ejemplo de la Iglesia Ortodoxa que admite una segunda oportunidad y habla de la revisión de las “nulidades”.

Cuarto: Pone la misericordia por encima de la ley en el caso de los pecados individuales y ataca los lobys. Sobre los homosexuales: “¿Quién soy yo para juzgarlos?”

Quinto: Tiene interés de que la mujer participe más activamente en la Iglesia aunque constata y rafirma, como nos temíamos, que Juan Pablo II cerró definitivamente la puerta de esta al sacerdocio.

Sexto: insiste en lo de ser obispo de Roma más que primus inter pares, por humildad y para fomentar el ecumenismo.

Séptimo: Se confiesa, débil, pecador, pero alegre y contento, por lo que pide oraciones.

Octavo: está satisfecho de estar cerca de la gente y no haber utilizado protecciones en Brasil.

Noveno: Se sigue sintiendo jesuita.

Y décimo: Descubre el misterio de su maletín y del libro que le acompaña: uno sobre Teresa de Liesieux, la santa de la “infancia espiritual”, todo un símbolo.

Pedro Miguel Lamet





El jesuita franciscano
Jorge Costadoat SJ (Chile)

Soy renuente a decir una palabra sobre de la identidad jesuítica del Papa. No me interesa hacer propaganda a la Compañía de Jesús. Tampoco soy papólatra. Si yo, jesuita, celebrara su elección como triunfo partidista desorientaría a los demás de lo fundamental. Que sea jesuita me es secundario. Pero, al ver lo que está ocurriendo, me inclino a ayudar a otros a entenderlo. Que este Papa jesuita se llame Francisco, me parece decisivo. Es la indicación más poderosa.

 Tengo, además, otra dificultad para hablar del Papa en cuanto jesuita: no logro ver con claridad cuál pueda ser la diferencia genérica respecto de otros papas. Se supone que yo debiera conocer mejor esta diferencia. Ambos somos hijos de San Ignacio. Pero me ocurre prácticamente lo mismo que cuando me dicen que nos parecemos con mi hermana. La veo, veo a mis otros hermanos, y no descubro el parecido. Para los demás es evidente. No para mí.

 Con todo, diré una palabra sobre lo que es un jesuita. Puede ayudar a entender qué es lo que el Papa Francisco está desencadenando. Estoy convencido de que es en el Pueblo de Dios donde hay que observar el quehacer del Espíritu, más que en la persona misma del Pontífice.

 Doy otro paso atrás. Como un niño antes de arrojarse a la piscina, reculo y tomo distancia. No basta definir qué es un jesuita porque, como he dicho más arriba, lo principal es que este jesuita ha querido llamarse Francisco. ¿Qué tenemos delante? ¿Un jesuita franciscano o franciscano jesuita? El obispo de Roma actual tiene algo de enigmático. No acabo de entenderlo. Pero sí reconozco que la inmensa aprobación que Francisco Papa ha generado en el Pueblo de Dios tiene que ver con el anhelo más profundo que muchos tenemos del Evangelio.

 Terminado este largo preámbulo, me arriesgo a definir qué es un jesuita y cómo esta condición pudiera estar influyendo en el Papa y, a través del Papa, en la Iglesia.

 ¿Por qué San Ignacio admiró y quiso imitar a San Francisco? No lo sabemos. El no lo explica. En la Autobiografía simplemente dice: “qué sería si yo hiciese esto que hizo San Francisco?”. Durante el tiempo de su conversión, cerca de Monserrat, inspirado en la pobreza de los santos, regaló su ropa a un pobre y se vistió con tela para hacer sacos. También decía: “San Francisco hizo esto; pues yo lo tengo de hacer”. Entre la admiración por Francisco del primer jesuita y la de los seguidores de Ignacio hay una conexión interior extraordinaria. Los jesuitas “envidiamos” en el espíritu franciscano esa capacidad de experimentar el mundo como un don de Dios, de vivir agradeciendo y alabando, todo lo cual se expresa en la pobreza radical de quien sabe ser feliz con poco porque, para amar a Dios, basta con el mínimo. Dios ama a los pobres, pero también a los pobres de espíritu. Por esto Ignacio fue pobre y, algunas veces, exageradamente. Esto es lo que me alegra de mis compañeros cuando los veo ligeros de equipaje, prontos a partir con lo puesto a las misiones más sacrificadas. Así entiendo lo franciscano en un jesuita. Tengo una manera jesuítica de amar a San Francisco.

 ¿Qué puedo decir in recto del ser jesuita? Dicho en seco: es un hombre que sabe lo que quiere y se lanza con todo a conseguirlo. ¿Cuál es la tentación del jesuita? Dicho en breve: la impaciencia por doblegar la realidad como solo Dios puede hacerlo. ¿Cuál es el pecado del jesuita? No sin dolor lo digo: buscar las influencias poderosas necesarias para cambiar el mundo olvidando que estos son medios, pues el único fin es el Evangelio que prevalece no sin estos recursos, pero gracias al Espíritu del Pobre crucificado, el Jesús que triunfa con su impotencia.

 Amplío la definición del jesuita: es un hombre al que Dios, liberándolo de sus apegos mundanos, le ha revelado qué quiere de él y le pide la vida entera para conseguirlo; es un hombre encendido por Dios para amar al ser humano como Jesús lo ama, apasionadamente. El jesuita vive concentrado en lo que quiere, porque sabe que Dios quiere lo que él quiere. ¿Qué? En el siglo XXI, cuando arrecia la globalización, el jesuita quiere un mundo compartido. Cuando se comparte el mundo se alaba a Dios. Solo se alaba a Dios compartiendo el mundo. Solo se vive el Evangelio sumándose al quehacer de personas samaritanas que imaginan cambios, los piensan y se arriesgan por conseguirlos. La lucha por la justicia que desvive al jesuita hace más de un siglo, es la mejor expresión de su fe en el Dios que quiere hermanar a la humanidad con todos los medios materiales y culturales disponibles. Su enemigo es el capitalismo salvaje, la acumulación de las riquezas y el mercado desregulado, tres nombres del mismo Ídolo Dinero que está destruyendo el planeta y excluyendo nuevamente a  los pobres.

 No debiera extrañar, en consecuencia, que el espíritu jesuita y el espíritu franciscano converjan hoy en un Papa que ha recibido la misión de reformar la Curia romana. Lo que está en juego, en realidad, es todavía más importante: se trata de reformar la Iglesia de acuerdo a las coordenadas del Vaticano II. Esto ha sido difícil de hacer precisamente porque la Curia romana lo ha dificultado.

 Francisco Papa es una flecha jesuita. El sabe que le quedan pocos años de vitalidad. Su tentación es la impaciencia. Actúa con una gran determinación. ¿Cuál es su estrategia? No la conocemos. Pero bien podríamos suponerla.

 El Papa Francisco no solo es como siempre ha sido. El sabe que su estilo evangélico tiene fuerza revolucionaria. San Francisco reformó la Iglesia con su pobreza. El jesuita franciscano sabe que al atacar la versión principesca y absolutista de la Santa Sede, causa de la crisis de gobierno de la Iglesia universal, combate, en lo inmediato, lo mismo que combatiría Jesús y, en el largo plazo, pone las bases de una reforma estructural duradera. El futuro de la Iglesia no depende de deshacerse del personal corrupto e ignorante de la Curia. Organización y funcionarios siempre serán necesarios. Tampoco depende de un Papa más bueno que otro. Se necesitan cambios estructurales, cambios en la línea de la pluralización que el Espíritu apura en todos los países en que la Iglesia echa sus raíces. Pero, para que una nueva organización eclesiástica perviva en el tiempo, es necesario que se ajuste al Evangelio. Y el Evangelio, lo supieron San Francisco, San Ignacio, los mejores santos cristianos, y este Papa da señales esperanzadoras de entenderlo, consiste en la práctica del amor de Dios por los pobres. La pobreza sufrida o elegida es el check in al cristianismo.





"No juzguéis y no seréis juzgados" (Mt, 7, 1)
José Mª Castillo

Si algo está dejando patente el papa Francisco, cada día más patente, es que se trata de un papa que cree más en el Evangelio que en el Papado, que toma más en serio lo que dijo Jesús que lo que imponen las normas vaticanas. No pretendo ahora discutir, ni siquiera insinuar, que haya, o pueda haber, contradicciones entre el Evangelio y el Vaticano. Me refiero a lo que es la “convicción determinante” en la vida.

Esa convicción puede ser la bondad o puede ser el poder. Ha habido papas cuya convicción determinante ha sido la bondad. Como ha habido papas cuya convicción determinante ha sido el poder. Ahora bien, el mecanismo que hace funcionar la bondad es el respeto a todos. Mientras que el mecanismo que hace funcionar el poder es el juicio. Esto quedó claro en el principio satánico que pronunció la serpiente, en el mito del paraíso, cuando le dijo a Eva: “Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gen 3, 5).

Lo que define a Dios, según el demonio, es el poder que delimita lo que está bien y lo que está mal. Y a eso se han dedicado, demasiadas veces, los llamados “representantes de Dios” en la tierra. Por eso, sin duda, el papa Francisco se ha dedicado, en su todavía corto pontificado, a atizarles fuerte a los clérigos, empezando por él mismo, por los papas, los cardenales, los obispos, los curas, los frailes.... Los clérigos, ha dicho Francisco, han sido los que han alejado a los jóvenes de la Iglesia. Una Iglesia que se ha dedicado a juzgar a buenos y malos. Una Iglesia que se ha dedicado a “hacer de Dios”, a producir la impresión de que tiene la última palabra, como si fuera Dios.

Por eso, en pocos minutos, le ha dado la vuelta al mundo la respuesta que Francisco le dio a un periodista en el avión de vuelta que le llevaba de Río a Roma: “Si una persona gay busca al Señor, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Francisco tiene conciencia de su responsabilidad. Pero también sabe que esta responsabilidad está limitada por su condición humana. Una condición, y su consiguiente limitación, que el papa lleva siempre consigo, por muy papa que sea. Jesús les prohibió a sus operarios arrancar la cizaña en el mundo porque - tengan el cargo que tengan - se pueden equivocar. Y bien puede suceder que, en lugar de arrancar la mala hierba, lo que hagan en la vida sea pasar por este mundo arrancando el trigo de Dios (Mt 13, 24-30. 36-43). Sólo los ángeles de Dios, en definitiva, solamente Dios puede saber y puede decidir lo que está bien y lo que está mal.

Y para terminar, un criterio que dejó muy claro el papa Francisco: “Los pecados se perdonan, los delitos no”. El problema está en que abundan los clérigos (con sus monaguillos) que, si es preciso, se tiran a la calle para pedir que, en cuanto eso es posible, algunas cosas que dice el Catecismo se copien en el Código Penal. Ya es malo pecar y tener que confesarse. Pero, si encima de eso, tienes que pasar por el juzgado para acabar en la cárcel.... ¿No es eso pretender que vuelva el Nacional-Catolicismo?

¡Por Dios Santo!, no nos cansemos de ser buenas personas. Porque sólo la bondad - y siempre la bondad - tiene fuerza para cambiar el mundo. Y hasta para darle un giro nuevo a la historia.

José Mª Castillo





El Papa de la libertad de espíritu y de la razón cordial
Leonardo Boff, 27-Julio-2013

Una de las mayores conquistas de la persona humana en su proceso de individuación es la libertad de espíritu. La libertad de espíritu es la capacidad de ser doblemente libre: libre de los mandamientos, normas, estándares y protocolos que fueron inventados por la sociedad y las instituciones para uniformar comportamientos y moldear personalidades según tales determinaciones. Y fundamentalmente significa ser libre para ser auténtico, pensar con su propia cabeza y actuar de acuerdo a su norma interior, madurada a lo largo de toda la vida, en resistencia y tensión con esos mandatos.


Y esta es una lucha titánica, pues todos nacemos dentro de ciertas determinaciones que son independientes de nuestra voluntad, sea en la familia, en la escuela, en el círculo de amigos, en la religión y en la cultura que dan forma a nuestros hábitos. Todos estos elementos actúan como superyós que pueden ser limitantes y en algunos casos hasta castradores. Lógicamente, estos límites tienen una función reguladora importante. El río llega al mar porque tiene márgenes y límites, pero estos también pueden represar las aguas que deberían fluir; entonces se salen por los lados y se convierten en charcos.

Las actitudes y los comportamientos sorprendentes del actual obispo de Roma, como a él le gusta presentarse, comúnmente llamado Papa Francisco, nos evocan esta categoría tan determinante de la libertad de espíritu.
Normalmente, el cardenal nombrado papa pronto encarna el estilo clásico, hierático y sacral de los papas, ya sea en la vestimenta, en los gestos, en los símbolos del poder sagrado y supremo, y en el lenguaje. Francisco, dotado de una gran libertad de espíritu, ha hecho lo contrario: ha adaptado la figura del Papa a su estilo personal, a sus hábitos y a sus convicciones. Todo el mundo conoce las rupturas que ha introducido sin mayor ceremonia. Se aligeró de todos los símbolos de poder, especialmente de la cruz de oro y piedras preciosas y de esa pequeña capa (mozzetta) que llevaban los otros, llena de brocados y joyas, otrora símbolo de los emperadores romanos paganos. Sonriente dijo al secretario que quería ponerla sobre sus hombros: “guárdela porque el carnaval ha terminado”. Se viste con mayor sobriedad, de blanco, con sus zapatos negros habituales y, por debajo, con sus pantalones, negros también. Prescinde de todos los servicios asignados al Pastor supremo de la Iglesia, empezando por el palacio papal que ha reemplazado por una hospedería eclesiástica, y come con los demás huéspedes. Piensa antes en Pedro, que era un rudo pescador, o en Jesús, que según el poeta Fernando Pessoa, «no sabía nada de contabilidad ni consta que tuviera biblioteca» pues era un «factótum» y un simple campesino mediterráneo. Se siente sucesor del primero y representante del segundo. No quiere que le llamen Su Santidad, porque se siente «hermano entre hermanos», ni quiere presidir la Iglesia en el rigor de la ley canónica, sino en la caridad, que es cálida.

En su viaje a Brasil no ha hecho espectáculo, aquí está su libertad de espíritu: desea como transporte un vehículo popular, un jeep cubierto para poder moverse a través la multitud, se detiene para abrazar a los niños, para beber un poco de mate, para intercambiar su solideo papal blanco por otro medio chafado que le ofrece un fiel. Durante la ceremonia oficial de bienvenida del gobierno, que sigue un estricto protocolo, después del discurso se dirige a la presidenta Dilma Rousseff y la besa para consternación del maestro de ceremonias. Y hay muchos otros ejemplos.
Esta libertad de espíritu trae un brillo innegable hecho de ternura y vigor, las características personales de san Francisco de Asís. Se trata de una persona de gran entereza. Estas actitudes personales serenas y fuertes muestran un hombre de gran ternura que ha realizado una síntesis personal significativa entre su ser interior y su yo consciente. Es lo que se espera de un líder, sobre todo religioso. Evoca al mismo tiempo ligereza y seguridad.

Esta libertad de espíritu se ve reforzada por el espléndido rescate que hace de la razón cordial. La mayoría de los cristianos están cansados de doctrinas y se muestran escépticos ante las campañas contra los enemigos reales o imaginarios de la fe. Todos estamos impregnados hasta la médula de la razón intelectual, funcional, analítica y eficiente. Ahora viene alguien que en todo momento habla desde el corazón, como lo hizo en su discurso a la comunidad de la favela de la Varginha o en la isla de Lampedusa. En el corazón es donde mora el sentimiento profundo por los demás y por Dios. Sin el corazón las doctrinas son frías y no plantean ninguna pasión. Ante los supervivientes venidos de África, confiesa: «Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar». Sentencia con sabiduría: «La medida de la grandeza de una sociedad viene dada por la forma como trata a los más necesitados».
Según esta medida, la sociedad global es un pigmeo, anémica y cruel.
La razón cordial es más eficaz en la presentación del sueño de Jesús que cualquier doctrina erudita y convierte a su principal mensajero, Francisco de Roma, en una figura fascinante que llega al corazón de los cristianos y de otras personas.

Leonardo Boff acaba de publicar Francisco de Asís y Francisco de Roma, Mar de Ideas, Río 2013, que pronto será también publicado en español.
Traducción de Maria J. Gavito