jueves, 25 de julio de 2013

TRES LLAMADAS DE JESÚS - José Antonio Pagola




TRES LLAMADAS DE JESÚS - José Antonio Pagola

“Yo os digo: Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá”. Es fácil que Jesús haya pronunciado estas palabras cuando se movía por las aldeas de Galilea pidiendo algo de comer, buscando acogida y llamando a la puerta de los vecinos. Él sabía aprovechar las experiencias más sencillas de la vida para despertar la confianza de sus seguidores en el Padre Bueno de todos.

Curiosamente, en ningún momento se nos dice qué hemos de pedir o buscar ni a qué puerta hemos de llamar. Lo importante para Jesús es la actitud. Ante el Padre hemos de vivir como pobres que piden lo que necesitan para vivir, como perdidos que buscan el camino que no conocen bien, como desvalidos que llaman a la puerta de Dios.

Las tres llamadas de Jesús nos invitan a despertar la confianza en el Padre, pero lo hacen con matices diferentes. “Pedir” es la actitud propia del pobre. A Dios hemos de pedir lo que no nos podemos dar a nosotros mismos: el aliento de la vida, el perdón, la paz interior, la salvación. “Buscar” no es solo pedir. Es, además, dar pasos para conseguir lo que no está a nuestro alcance. Así hemos de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia: un mundo más humano y digno para todos. “Llamar” es dar golpes a la puerta, insistir, gritar a Dios cuando lo sentimos lejos.

La confianza de Jesús en el Padre es absoluta. Quiere que sus seguidores no lo olviden nunca: “el que pide, está recibiendo; el que busca, está hallando y al que llama, se le abre”. Jesús no dice que reciben concretamente lo que están pidiendo, que encuentran lo que andan buscando o que alcanzan lo que gritan. Su promesa es otra: a quienes confían en él, Dios se les da; quienes acuden a él, reciben “cosas buenas”.

Jesús no da explicaciones complicadas. Pone tres ejemplos que pueden entender los padres y las madres de todos los tiempos. “¿Qué padre o qué madre, cuando el hijo le pide una hogaza de pan, le da una piedra de forma redonda como las que pueden ver por los caminos? ¿O, si le pide un pez, le dará una de esas culebras de agua que a veces aparecen en las redes de pesca? ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión apelotonado de los que se ven por la orilla del lago?

Los padres no se burlan de sus hijos. No los engañan ni les dan algo que pueda hacerles daño sino “cosas buenas”. Jesús saca rápidamente la conclusión: “Cuánto más vuestro Padre del cielo dará su Espíritu Santo a los que se lo pidan”. Para Jesús, lo mejor que podemos pedir y recibir de Dios es su Aliento que sostiene y salva nuestra vida.

José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a reavivar la confianza en Dios. Pásalo.
28 de julio de 2013
17 Tiempo ordinario (C)
Lucas 11, 1-13

ABBA, PADRE
Escrito por  Florentino Ulibarri

No nos hubiéramos atrevido,
si él no lo hubiera hecho
y no nos hubiera invitado
a seguir sus pasos
y a usar sus gestos y palabras
para expresar los sentimientos
más hondos de nuestras entrañas
cuando queremos hablar Contigo.

No nos hubiéramos atrevido,
pero al hacerlo Él, en su vida tan cotidiano,
forzó nuestras resistencias Contigo,
tan viejas, que se remontan al lío del Paraíso,
tan nuevas, que nos ofuscan la vista todavía
y dejan herida nuestra confianza
en Ti, en la vida y en nosotros mismos
haciéndote un desconocido.

No nos hubiéramos atrevido,
mas Él nos donó su Espíritu
para que no fuéramos esclavos
sino hijos libres y hermanos,
que no recaen en el temor nuevamente
sino que gozan de su condición de hijos
sabiendo que a Ti te agrada ser Padre
aunque nosotros seamos olvidadizos.

No nos hubiéramos atrevido
si Él no nos hubiera convencido
y no se hubiera decidido a orar con nosotros
en los buenos y malos momentos
para que gustáramos del diálogo Contigo,
de tu amor fiel, firme y gratuito
y de las caricias más tiernas
que salen de tus manos de alfarero.

No nos hubiéramos atrevido,
a pesar de ser tus hijos,
a llamarte Abba,
Padre nuestro,
Papaíto,
con gracia y respeto
como los niños.

Florentino Ulibarri



DIOS ES PADRE-MADRE DE TODOS Y DE CADA UNO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 11, 1-13

El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resume de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una experiencia única de Dios como "Abba", y la experiencia de ser Hijo.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene para nosotros mucho sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar, llamado cielo; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo. Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque se cumple siempre aunque no queramos nosotros. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía "Padre" caía en éxtasis... ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasarlo todo brevemente.

Padre. Llamar a Dios Padre, fue la gran revelación de Jesús. El "Abba" es la piedra maestra de todo su mensaje. En los evangelios se pone una sola vez en labios de Jesús, pero lo hace con tal rotundidad, que se ha convertido en resumen de todas las enseñanzas de Jesús.

Es una fuente inagotable de vivencias. El descubrir a Dios como Papá supone la situación de un niño pequeño, que ni siquiera sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que nos debe dar en cada momento. La aparente oración debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo mismo lo que necesito y está siempre dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Hay que eliminar de Dios la idea del padre dominador y represor, que a veces le hemos atribuido y que nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. No podemos proyectar sobre Dios la idea negativa de padre que aplicamos al padre biológico. Por eso decimos hoy que Dios es también Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de superar la literalidad de las palabras y de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir y pensar de Él.

El concepto de padre, es siempre relativo. Hace referencia a un hijo. No hay padre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. "Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre".

Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús, es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Que estás en el cielo. Esta frase no está en Lucas. Pero necesita explicación. Juan Pablo II dejó dicho, con toda claridad, que el cielo no era un lugar, sino un estado. Había que traducir: Padre celeste que estás en toda criatura. La verdad es que no puede estar en otro sitio ni de otra manera. Otra traducción podía ser: Que no puedes dejar de ser lo que eres. Pensar que Dios nos espera en el cielo, ha arruinado la posibilidad de vivir a tope en la tierra.

Santificado sea tu nombre. Ya sabéis que aquí "nombre" significa persona, ser. Nada ni nadie puede añadir nada a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa presencia en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es, a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte ni está aquí ni está allí, está dentro de nosotros. Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga realidad.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Un lugar contrario a la tierra, donde se cumple su voluntad no es inteligible. Dios no tiene voluntad. Es un ser simplicísimo que no puede tener facultades o potencias. La voluntad de Dios es su propio ser que se plasma y se manifiesta en cada criatura, es decir, en todas las personas y cosas. La voluntad de Dios no es un añadido que se hace realidad en el tiempo. Nosotros si podemos manifestar esa naturaleza de Dios en el tiempo acomodándonos a las exigencias de nuestro propio ser.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara solo del que se lo pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: "Yo soy el pan de Vida". Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, que también nosotros perdonamos. Sería ridículo que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender a perdonar, pero Dios no perdona. En Dios los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Dios es perdón. El descubrir que Dios me sigue amando sin merecerlo es la clave de toda relación con Él y con los demás. Si perdonamos es señal de que hemos descubierto y aceptado el perdón (amor) de Dios.

No nos dejes ceder a la tentación También esta formulación es complicada. Tanto el griego como el latín apuntan a que no nos induzca a pecar el mismo Dios, lo cual no tiene ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo. La única manera de no caer es precisamente la oración, es decir, la toma de conciencia, (conocimiento) de lo que verdaderamente soy y lo que es Dios.

Líbranos del mal. La frase tiene su sentido, pero su significado está más allá de la letra. Si Dios pudiera librarnos del mal y no lo hiciera, no sería Dios. La única manera de librarnos del mal es el conocimiento. Todo el mensaje de Jesús está encaminado a librarnos del mal, es decir, del engaño, del error, de la mentira. No hay manera de librarnos del mal sin el conocimiento del bien. Si yo supiera lo que es bueno o malo para mí, nunca elegiría el mal.

Meditación-contemplación

Dios es Abba.
Como Padre, es fundamento de todo lo que yo soy.
De mi ser material y de mi ser espiritual.
Mi existencia depende totalmente de Él en todo momento.
...........................

Como Padre es el único modelo al que debo imitar.
Mi plenitud consiste en imitarle.
Cuando sea capaz de experimentar que yo y el Padre somos uno,
habrá terminado mi camino de perfección.
.............................

Como padre de todos, todos participamos de lo que Él es.
Somos todos mucho más que hermanos.
Somos idénticos. Somos una sola cosa en Él.
Éste es el fundamento del amor que nos pide Jesús.
.........................

Fray Marcos



UNA ORACIÓN DE ACEPTACIÓN
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 11, 1-13

El pasaje de Lucas tiene dos partes muy claras: el Padrenuestro y otros consejos sobre la oración. Invertimos este orden, para dedicar mayor atención al Padrenuestro.

Los consejos de Jesús sobre la oración se reproducen en el contexto del Sermón del Monte ('del llano' en Lucas). Aquí se incluyen solamente los que hacen referencia a la eficacia de la oración. Si vosotros, que sois malos, sois capaces de escuchar a los amigos aun por malos motivos, si sois capaces de atender bien a vuestros hijos, cuánto más os va a escuchar vuestro Padre que es bueno.

Esta pequeña parábola es evidente en sí. Los hijos tienen todo el derecho de pedir cosas a su padre, y el padre, si lo es, atiende a sus hijos. Pero esta parábola no agota la doctrina de Jesús sobre la oración. Si el niño pide una serpiente, ¿se la dará su padre?. Y cuando pedimos insistentemente y el Padre no nos lo concede... como le ocurre a Jesús en Getsemaní...

Getsemaní es una enseñanza clave para nuestra oración de petición y para la divinidad de Jesús.

• Dios Hijo pide a Dios Padre. ¿Puede más la primera persona de la Trinidad que la segunda?
• El Padre no se lo concede. ¿Qué poder tiene la oración de petición?
• Hágase tu voluntad y no la mía. ¿La primera persona de la Trinidad y la segunda ¿tienen voluntades diferentes?

Pero todas estas elucubraciones dependen de una mala teología de la Trinidad. Nos importa ante todo que la oración de Jesús en Getsemaní es la propia de un hijo, que siente la necesidad de expresarse totalmente ante su Padre, y que acaba, como debe acabar toda petición: "hágase tu voluntad", que no es una petición sino una aceptación.

Todo esto es un buen ejemplo para recordar que un texto no debe ser leído aisladamente: este texto subraya la confianza en nuestro Padre, que siempre escucha; otros textos completarán este mensaje; y todos juntos nos darán una visión global de la doctrina de Jesús sobre la oración.

EL PADRENUESTRO
Una explicación a fondo del Padrenuestro rebasa las posibilidades de una homilía dominical. Deberemos centrarnos en lo más fundamental y lo haremos sobre dos puntos: el destinatario y el sentido global de lo que se pide.

El destinatario es Abbá. Sabemos que Dios es para Jesús 'Abbá'. En este momento, cuando Jesús nos enseña que debemos dirigir nuestra oración a Abbá, nos hace entrega de su Dios, de su propia relación con Abbá. Nuestra oración no es al Poderoso, al Juez, al Amo, es a Abbá. Esto significa también que los que oramos no somos los esclavos, los temerosos, los asalariados... sino los hijos.

Nuestra oración es una relación del hijo con su Padre. Esto trae como consecuencia primera que el planteamiento esencial es la seguridad de ser escuchado y atendido. No tenemos que ablandar a Dios con súplicas lastimeras, ni arrancarle el perdón o la protección a base de cansarle los oídos. "Ya sabe vuestro Padre celestial lo que necesitáis". "Gracias Padre porque siempre me escuchas".

Esto sitúa en otras coordenadas el concepto de eficacia de nuestra oración. Nuestra oración no es eficaz por nuestra insistencia. No hace falta. Y la oración de petición se transforma de tal manera que, en el fondo, no pedimos nada.

El sentido global de lo que se pide es "venga tu reino", lo que equivale a una renuncia a todas las pequeñas peticiones que suelen poblar nuestras oraciones en favor de una aspiración de verdaderos hijos. "Santificado tu nombre" es un reconocimiento de quién es Dios. "Venga tu reino" es el deseo máximo, único y unificador, lo que jerarquiza todos los demás valores y hace que "bueno/malo", "deseable/temible" adquieran un sentido diferente.

"Danos cada día nuestro pan de mañana" es una fórmula compleja, que tiene poco que ver con la subsistencia material y mucho con la confianza en Dios y la petición del alimento espiritual. Aspirar al perdón ofreciendo como justificación nuestra propia actitud de perdonar es una formidable inversión de la realidad: en realidad, nosotros perdonamos porque nos sentimos perdonados; nuestro perdón es respuesta. En esta "petición" manifestamos por tanto que vivimos en el perdón, en la reconciliación, hacia Dios y entre nosotros. Y al final se manifiesta nuestra desconfianza en nuestras propias fuerzas, rogando a Dios que no nos ponga a prueba, porque sabemos de nuestra debilidad.

Por tanto, esta oración, que aparentemente es de petición, se transforma en una oración de aceptación. Y su resumen es la fórmula que, precisamente, falta en Lucas y se incluye en Mateo: "Hágase tu voluntad". Fórmula que tampoco es una petición (por supuesto que la voluntad de Dios se hace) sino de aceptación.

El Padrenuestro es por tanto la oración de los hijos; sólo un espíritu filial puede orar así. Es una oración "en el espíritu", y constituye, mucho más que una serie de peticiones, una profesión de fe, una confesión pública de nuestra relación con Dios y con los demás.

Con razón la ha colocado la Iglesia como antesala de la comunión. Si por el bautismo nos adherimos a Jesús -crucificado para el mundo y vivo por el Espíritu-, en la comunión lo hacemos nuestro alimento y nuestra bebida. Comulgamos - todos juntos - con Jesús para renovar el Espíritu, para renovar nuestra comunión, nuestro espíritu filial, nuestro compromiso fraterno. Y todo ello se expresa en esa profesión de fe que recitamos juntos antes de comulgar con Jesús.

Por otra parte, sabemos que nuestro espíritu no es tan puro, sabemos que mentimos cuando proclamamos que queremos sólo el Reino, que aceptamos toda su voluntad y que perdonamos como Dios perdona. Cuando pedimos a Dios lo que nos apetece no recitamos el Padrenuestro; le pedimos suerte, dinero, salud, éxito, consuelo... Es evidente que si un hada maravillosa nos permitiera formular tres deseos, estos no serían "santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad"...

Para rezar el Padrenuestro necesitamos elevarnos por encima de la mediocridad y hacer un acto consciente de que somos hijos, constructores del Reino, y de cuáles son los valores supremos del reino. Recitar el Padrenuestro es un fuerte desafío a la mediocridad de nuestra fe. Pero lo profesamos así avalados por el mandato de Jesús. Porque Él nos dijo que orásemos así, por eso, sólo por eso nos atrevemos a decir .....

¿No sería muy necesario que recobrásemos el respeto al Padrenuestro?. No se pueden rezar "padrenuestros" a diestro y siniestro, en el rosario, en la bendición de la mesa, en los responsos, en las novenas, a los santos, en cualquier ocasión y momento. No tomar el nombre de Dios en vano, no exhibir a Cristo crucificado en vano, no multiplicar la eucaristía en vano, no desgastar el Padrenuestro en vano.

LA ORACIÓN DE LOS HIJOS
Los discípulos se acercaron a Jesús y le pidieron: "enséñanos a orar". Desde aquel día, los que siguen a Jesús saben orar como hijos, y levantan el corazón hacia su Padre.

Porque hay a quien dirigirse. Porque mi vida no es una porquería entre la nada y la nada, una pasión inútil entre no-ser y no-ser. Porque estoy a cubierto. Porque existe el proyecto, el destino, el que sabe. Porque estás ahí y eres el que me quita el miedo. Porque dirigirme a Ti es levantar el corazón, no machacarlo, porque levanto mi mano y hay una Mano mayor que me la coge. Porque sé a quién dirigirme, a quién referirme, de quién fiarme. Porque Jesús, el Hijo, me informó de quién soy y de Quién eres.

Por eso puedo levantar la vista, alzar la frente, mirarte a los ojos y decir:

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO
Ésta es la vida eterna, que te conozcan, que te quieran. Si todos te conocieran ¡se acabarían tantas oscuridades!. No te conocen, se han fiado en caricaturas de Ti. Por eso te ignoran, te niegan, blasfeman de Ti. Conocerte es amarte, pues no es posible sentirse querido y no querer. Bendito seas Tú, que creas porque necesitas Hijos, que nos sacas adelante, que preparas la mesa mientras llegamos. Bendito seas porque entregaste al mejor de tus Hijos para que todos te conozcamos. Bendito seas Señor, que todos los pueblos te conozcan y te quieran

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
Tienes que reinar. Entre nosotros reina ahora la violencia, el exceso de los ricos, la humillación de los pobres, reina la necesidad de consumir, reina la locura contra el planeta entero. Reina la oscuridad. Eso es lo que ahora reina. Queremos que reine la libertad, que reine la confianza, que reine la solidaridad, que reine el perdón, que reine la dignidad de tus hijos. Queremos que reines Tú. Y lo esperamos, con esperanza cierta: sabemos que el Reino es tu obra, tu empeño, tu sueño. Nosotros sembramos, abonamos, podamos, regamos, pero tú eres el que da la vida.

VENGA A NOSOTROS TU REINO
Sabemos cuál es tu voluntad, porque te conocemos: tu voluntad es que todas las personas sepan que son hijos, que todos vivan como hijos, que todos vivan para siempre. Esa es tu voluntad y tu proyecto, es la misión que encargaste a Jesús, es la misión que Jesús nos encargó a nosotros. Y, entretanto, este oscuro camino hacia la Patria, que no sabemos por qué lo hiciste tan oscuro, tan estrecho, tan lleno de peligros y de amargura. Si es así, lo habrás querido así y tenemos que aceptarlo, aunque no lo entendemos. En el cielo y en la tierra. Allí quedarán cumplidos tus planes; aquí seguimos peleándonos con las tinieblas. Que se cumpla, Señor, tu voluntad, tu voluntad de que la tierra sea como el cielo, tu voluntad de que haya luz y desaparezcan las tinieblas.

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO
Tú sabes bien de qué barro nos hiciste. Nos consta que sabes lo que necesitamos. Yo tengo pan, muchos no tienen pan. Yo tengo el Pan de tu Palabra, muchos no lo tienen. Yo tengo el Pan de Jesús, muchos no lo tienen. Porque no vivimos sólo del pan que se mastica, sino también – y mucho más – del pan de la esperanza, del pan del perdón, del pan de la justicia. Hoy pensaré en la Eucaristía que me estás dando tu Pan y desearé que nunca me falte. Hoy me alimento del Pan de Jesús, tu Palabra hecha carne para mi alimento. Y pediré que nunca me falte. Y pensaré en el hambre de mis hermanos, faltos de Pan y de Palabra. Y pediré que te acuerdes de te necesitamos. Que no nos falte, Señor, tu Pan.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA
Ofensas, fea palabra. Nunca ha pasado por mi mente ofenderte. Si alguien te ha ofendido es porque no te conoce. Sabes que no son ofensas, que son errores y esclavitudes. Yo sé que así lo sabes, pero es que necesito excusarme ante Ti, mi Padre, por ser tan poco hijo. Yo sé que vivo gracias a que Tú me conoces y me comprendes. Yo sé que esa manera tuya de comprender y perdonar está en mis hermanos, tus otros hijos. Sé que ellos me conocen y me comprenden, y me siento bien, conocido y comprendido. Quiero vivir en ese ambiente, quiero comprender y perdonar, quiero vivir perdonando y perdonado.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN
Tentación. Toda mi vida es una enorme tentación. Te confesaré que no me apetece el Reino. Me tienta el dinero, me tienta la venganza, me tienta el prestigio, me tienta todo. Tu Reino, tan fascinante, me atrae menos que muchas otras cosas, más cercanas, más tentadoras. El Reino se me convierte en una puerta estrecha, en un camino empinado, en un ojo de aguja difícil de acertar. No me abandones, no retires de mí tu Santo Espíritu, no permitas que mis ojos prefieran tesoros que roe la polilla, no me dejes servir a otros señores, no me dejes en manos de mí mismo. Que tu vara y tu cayado me conduzcan mientras camino por oscuras cañadas.

NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN
¿Por qué has dejado suelto tanto mal? ¿Es que no sabes que el mal nos impide creer en Ti? ¿Es que no miras el dolor de tantos hijos? ¿Es que van ser nuestros males más poderosos que Tú, es que nos van a impedir creer en Ti? Yo sueño con un mundo de Hijos que no sufren. Yo sueño con un mundo en no haya que creer en Ti, un mundo en que seas evidente. Me parece que estamos atados, agobiados, sometidos, al poder de las tinieblas que nos impiden verte, al poder de la tierra que nos atrae mucho más que el cielo. Líbranos, tú que eres poderoso, tú que pusiste a tu hijo el nombre de "El Libertador", en esta vida y para siempre, líbranos.

Y LÍBRANOS DEL MAL
Todo esto es sin duda una osadía, que empieza por dirigirnos a ti con tan descarada confianza. pero Jesús nos enseñó a orar así. y por eso, fieles a su enseñanza, nos atrevemos a decir ....
AMÉN

José Enrique Galarreta, SJ



25 FRASES del Papa Francisco

Desperdiciar alimentos es robar

"En muchas partes del mundo, no obstante el hambre y la desnutrición, se desechan los alimentos. Cuando la comida se comparte de modo justo, nadie carece de lo necesario. Los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que se roban de la mesa del pobre, del que tiene hambre"

Contra la cultura del descarte

"El egoísmo y la cultura del descarte han conducido a desechar a las personas más débiles y necesitadas"

Contra la cultura del bienestar

"No, no, no más de un hijo, porque no podemos tomar vacaciones, no podemos ir a tal sitio, no podemos comprar la casa'. Es bueno seguir al Señor, pero hasta cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar: nos lleva hacia abajo, nos quita el coraje, aquel coraje fuerte para caminar cerca de Jesús".

Contra la tiranía de los mercados y el culto al dinero

"El antiguo culto al becerro de oro ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía, que no tiene rostro. Hoy no manda el hombre sino el dinero. ¡El dinero debe servir y no gobernar!"

Respeto a los no creyentes

"Considerando que muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, y otros no son creyentes, les doy de todo corazón esta bendición, en silencio, a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que todos son hijos de Dios. Que Dios los bendiga". (A los periodistas acreditados en El Vaticano)

Los ateos también son salvos

"El Señor nos ha salvado a todos con su sangre, no solamente los católicos. 'Pero Padre, ¿y los ateos?' También ellos. ¡Todos! Esa sangre nos hace hijos de Dios de primera categoría.'Pero yo no creo, padre, ¡soy ateo!' ¡Pero haces el bien y allí nos encontramos! Todos tenemos el deber de hacer el bien".

La Iglesia no es una aduana

"Piensen en una joven madre, que va a la Iglesia: 'quiero bautizar a mi niño'. Y le dicen: 'No, no puedes porque no estás casada'. Esta joven, que tuvo el coraje de llevar adelante su embarazo y no devolvió su hijo al remitente, ¿qué encuentra? ¡Una puerta cerrada! ¡Esto aleja del Señor! Jesús se indigna cuando ve estas cosas. A menudo nos comportamos como controladores de fe y no como facilitadores. La Iglesia no es una aduana. Pidamos al Señor que todos aquellos que se acerquen a la Iglesia encuentren las puertas abiertas".

Una Iglesia libre de ideologías

"Los ideólogos falsifican el Evangelio. Cualquier interpretación ideológica, venga de una parte o de otra, es una falsificación del Evangelio. Estos ideólogos -y lo hemos visto en la historia de la Iglesia- acaban por convertirse en intelectuales sin talento, éticos sin bondad. Y de belleza, ni hablemos, ya que no entienden nada".

Jesús, única puerta

"Jesús es la única puerta para entrar en el Reino de Dios; todos los otros senderos son engañosos, no son verdaderos, son falsos. [...] La identidad cristiana es una pertenencia a la Iglesia... porque no es posible encontrar a Jesús fuera de la Iglesia".

Que las monjas no sean "solteronas"

"La castidad es un carisma que amplía la libertad de la entrega a Dios y a los demás con la ternura, la misericordia y la cercanía de Cristo (...). Pero, por favor, una castidad fecunda, una castidad que genera hijos espirituales en la Iglesia. La consagrada es madre, tiene que ser madre y no solterona. Perdónenme si hablo así, pero es importante esta maternidad de la vida consagrada, esta fecundidad".

La oración no es aburrida, la eternidad tampoco

"La oración que nos aburre está dentro de nosotros mismos como un pensamiento que va y viene; la oración en nombre de Jesús nos hace salir de nosotros mismos. [...] La eternidad será esto: alabar a Dios. Pero no será aburrido, será bellísimo".

La confesión no es una sesión de tortura ni una lavandería

"Jesús, en el confesionario, no es un producto de limpieza en seco. La posibilidad de avergonzarse es una verdadera virtud cristiana, e incluso humana. Bendita vergüenza (...). Así es como llegamos a ser conscientes del mal realizado (...) ¿Y si mañana hago lo mismo? Ir de nuevo.... Él siempre nos espera. El confesionario no es una sesión de tortura, sino el lugar donde Dios nos invita a experimentar Su ternura".

Dios no es un aerosol

Dios es una persona concreta, no un Dios difuso, un Dios spray, que está un poco por doquier, pero no se sabe qué es".

La Iglesia no es una niñera

"Si anunciamos el cambio la Iglesia se convierte en una Iglesia madre que genera hijos, para que nosotros, hijos de la Iglesia, llevemos (el Espíritu Santo). Pero cuando no lo hacemos, la Iglesia se convierte no en madre, sino en Iglesia baby-sitter, que cuida al niño para hacerlo dormir. Es una Iglesia adormecida".

Pecadores si corruptos no

"El problema no es ser pecadores, sino no arrepentirse del pecado, no tener vergüenza de lo que hemos hecho. Pese a que Pedro era pecador, Jesús mantuvo su promesa de edificar sobre él su Iglesia. Pedro era pecador, pero no corrupto. Pecadores, sí, todos: corruptos, no".

Papa Francisco



Manifiesto de la Juventud Cristiana, sobre la JMJ en Río de Janeiro 2013.
Xabier Pikaza 

La JMJ de Río es una buena ocasión para volver a la inspiración original del evangelio y para descubrir y potenciar “la juventud” de la iglesia, en la línea de una MJC, como verá quien sigue.

Se acaba un ciclo, no sólo por vejez de lo vivido, sino por la novedad del evangelio. No se trata sólo de empalmar con un tipo de jóvenes de Río, sino de inyectar juventud de evangelio al conjunto de la Iglesia. Río es un buen lugar para empezar, como indicaré, señalando unos motivos y criterios de rejuvenecimiento de la iglesia.

REJUVENECIMIENTO DE LA IGLESIA. TRES MOTIVOS:

1. Volver al evangelio, crear juventud

Para los cristianos, el principio de rejuvenecimiento que Jesús, entendido con radicalidad, desde su proyecto mesiánico de Reino, a partir de la experiencia pascual de los primeros cristianos. Éste es un Jesús a quien ahora (principios del siglo XXI) debemos situar ya en un mundo post-cristiano o, quizá mejor, post-sacral y post-ontológico donde todo sucede en un plano como si Dios no existiera y la Iglesia no importara.

Por eso, los seguidores de Jesús no pueden entenderse ya en clave de poder (con privilegios especiales de “mayores”, como “presbiterio”), sino como un grupo dispuesto a rejuvenecer la vida humana, en amor y libertad, en ternura e ilusión creadora.

2. Renacer, la novedad cristiana

Por eso, los cristianos ya no pueden entenderse como “sociedad establecida” (una buena gerontocracia, con pretensión de verdad sobre todos), sino como presencia kerigmática, dentro de un mundo que se vuelve viejo, creyéndose absoluto y cerrándose en sí mismo. La JMJ sólo puede tener sentido en Río (y en el resto del mundo cristiano) si es que apuesta por el rejuvenecimiento de la vida, desde el evangelio, superando una “lógica de lo mismo”, decidida a perpetuar una dinámica vieja de poder sagrado.

La renovación de la iglesia (y la apuesta a favor de una humanidad salvada) sólo es posible allí donde los cristianos optamos con Jesús por lo “nuevo” (eso es, por el evangelio); donde somos capaces de romper la rueda de un destino que parece volver siempre a lo mismo (el poder de los poderosos del sistema), para que pueda nacer la nueva vida humana. No se trata pues de una opción a favor de los jóvenes como grupo en una franja de edad, sino de una opción por el rejuvenecimiento de la iglesia, es decir, por la Novedad Cristiana.

3. Un Dios encarnado y comprometido

A partir de esa base (un rejuvenecimiento cristiano) se entiende la tarea kerigmática (es decir, de testimonio y anuncio) de Jesús, a quien hemos de mostrar como testigo del Dios encarnado, es decir, de un Dios que no se impone con poder desde lo alto (como clave ontológica de realidad), sino que se ofrece en Persona, regalando su Vida y entrando en nuestra vida para rejuvenecerla, asumiendo el sufrimiento de la realidad, de un modo purificador y creador, en compromiso personal, para transformar todo lo que existe, de manera que podamos “renacer”, pero de verdad (no conforme al dictado de unos poderes superiores).

Éste es el gran anuncio de la Iglesia, la buena noticia (evangelio) de su vida que algunos creyentes de vieja cristiandad parece que no han entendido todavía, pues da la impresión de que quieren que ell se pueda seguir imponiendo como antes sobre el mundo.

REFLEXIÓN DE FONDO

No es el evangelio para la Iglesia, sino la Iglesia para la evangelización, es decir, para la extensión del mensaje y presencia del Reino de Dios, es decir, para un rejuvenecimiento evangélico del mundo. Eso implicará un cambio de estructura eclesial, que es difícil programar de antemano, pues ello sólo puede hacerse a medida que se avanza en el camino, dejando que el impulso de Jesús (el gran tsunami del mensaje del Reino) transforme nuestra vieja humanidad. No se trata de tirar por la borda lo que ha sido la tarea histórica de la Iglesia, sino de asumirla para recrearla (superarla sin negarla) según el evangelio.

El paradigma secular de poder eclesial, propio de una Iglesia de ancianos instalados en su verdad y en su autoridad (un cristianismo entendido como instancia de imposición sacral sobre el mundo) no responde a las nuevas experiencias de la vida social (ni al evangelio de Jesús). Por impulso humano (la vida humana se define por su capacidad de re-nacimiento) y por influjo de fondo del mismo evangelio tenemos que romper y superar el paradigma del poder establecido. No se trata de una simple adaptación del evangelio a los jóvenes, sino de un rejuvenecimiento de la Iglesia desde el evangelio, para jóvenes y mayores de edad.

Nos hallamos en un momento clave de transformación humana (y cristiana), de manera que si la jerarquía de la Iglesia sigue defendiendo su modelo antiguo (de poder establecido, viejo) acabará perdiendo su sentido (y se opondrá además al evangelio). Pues bien, el nuevo paradigma emergente, por el que Dios no aparece dominando desde arriba, de un modo necesario todo lo que existe (sino ofreciendo a los hombres una nueva capacidad de creación), abre un camino nuevo para el cristianismo.

Quizá por vez primera, tras siglos de imposición religiosa, que ha corrido el riesgo de velar el evangelio, los cristianos católicos (=universales) pueden recuperar el poder radical de la propuesta de Jesús. Ésta no es ocasión para pequeños retoques estéticos, sino para un cambio radical, en línea de evangelio y de modernidad, en clave de tradición católica, pero aceptando y compartiendo los retos e impulsos de otras tradiciones cristianas (ortodoxa, protestante), retomando un impulso religioso de trascendencia y encarnación que también puede encontrarse en otras religiones.

Algunos cristianos quieren que, en este contexto, a los cincuenta años del Vaticano II, se convoque un nuevo Concilio abierto a las diversas confesiones cristianas y, en el fondo, a todas las religiones. Sería un concilio antropológico, fundado en la realidad del ser humano antes de toda religión particular, antes de todo rito. Habría que partir del hombre como viviente que busca la felicidad y la justicia, y que no tiene una respuesta dada de antemano, pero que es capaz de buscar la justicia, de optar por el amor, de seguir buscando con Jesús el Reino de Dios (es decir, la nueva humanidad).

SEIS CLAVES A FAVOR DE LA JUVENTUD (NOVEDAD) DEL CRISTIANISMO

Éstos pueden ser, a mi juicio, los momentos centrales de una opción por la Juventud de la iglesia

1. Recuperar a Jesús

En un mundo sin certezas previas (un mundo de opresión, de mentira económica, de engaño político…), los cristianos deben ofrecer y proclamar el mensaje de Jesús, como experiencia gozosa de vida, testimonio de trascendencia y compromiso de humanidad, al servicio de los más necesitados.

Ese mensaje no sirve para confirma lo que existía (un orden superior ya dado), ni para sacralizar el orden existente, sino para encender una luz y ofrecer una experiencia alternativa de humanidad. La Iglesia sólo puede ofrecer ese mensaje a través de su palabra y con el testimonio de su vida, como testigos del Dios de Jesús en el camino de la historia de los hombres.

2. En gesto de solidaridad

El mensaje de Jesús ha de entenderse como experiencia y tarea de solidaridad, dirigida a superar en lo posible el sufrimiento, ofreciendo y compartiendo unos estímulos de vida, un “rejuvenecimiento” de la humanidad. Los cristianos no pueden apelar a una verdad antecedente para imponerla desde arriba (su verdad no se prueba, ni refuta con razones), pero pueden (y deben) ofrecer un camino compartido de experiencia y esperanza sanadora, que les permite superar la angustia de la muerte.

Por eso, ellos no quieren crear un sistema sagrado, que domine con poder, sino abrir para los hombres y mujeres un espacio de libertad y diálogo interhumano, en gesto de comunión personal.

3. Un Dios que camina a paso de hombre

Dios ya no aparece como Señor impositivo (dominando desde arriba la historia de los hombres), sino como principio de encarnación, al servicio del despliegue de la vida, desde el interior de la historia. Éste es el Dios de la Navidad, el Dios de Is 7 (Emmanuel), el Dios que nace en la vida de los hombres. El Dios de una Iglesia imperial no responde al evangelio.

El nuevo cristianismo ha de insistir en lo que he llamado la kénosis de Dios (Flp 2), que se revela y actúa como presencia creadora y redentora en el interior de la vida de los hombres: Dios no está sobre el mundo (creación) para dominarlo desde arriba, ni en sus bordes para limitarlo, sino en su mismo centro, para así animarlo, siendo así su alma, en gesto de participación, sufrimiento compartido y transformación. Según eso, el Dios de la Iglesia de Cristo es el Dios del mismo camino de la historia de los hombres.

4 De la Teocracia a la comunión

Así pasamos del Dios teo-crático (autoridad dominadora) al Dios del renacimiento, Dios de la comunión personal y de la comunicación, como habían descubierto los israelitas en su camino de desierto y como supieron los cristianos al situarse ante Jesús.

El Dios teo-crático dominaba sobre el hombre y le imponía su pretendida verdad desde arriba; era un Dios viejo, envejecido en su labor de imponerse sobre el mundo. Por el contrario, el Dios de Jesucristo penetra como poder de juventud en la vida de los hombres y mujeres, potenciando su diálogo en amor y superando así el poder de la muerte (en esperanza de resurrección). Sólo en ese contexto se puede hablar de un designio de Dios, que no se impone por ley física o social, sino que abre un camino de futuro (resurrección) por desbordamiento gratuito de vida. Dios no traza (ni impone) un designio establecido de antemano, sino que abre un camino, que él mismo recorre con (a través) de los hombres.

5. Dios encarnado, el camino de Cristo.

El Cristo de Dios no es por tanto una especie de emperador supremo, que podría conceder su potestad a la Iglesia, sino el hombre Jesús, aquel en quien Dios ha encarna de manera privilegiada su proyecto de amor, comprometido en el despliegue de la historia de los hombres. Ese Cristo de Dios no sobre-viene sobre un mundo ya hecho, para dirigirlo desde arriba, sino que se introduce como hombre de amor en el mismo despliegue de la historia de los hombres, tan como se siente y se vive en Galilea y en Jerusalén en el siglo I. d.C. Dios nace así en la historia humana, realizando humanamente su designio de amor creador, en gesto de fidelidad total.

Eso significa que el cristiano, seguidor de ese Jesús, no querrá (ni podrá) imponer su verdad sobre nadie, pero querrá (deberá) ofrecer su testimonio, su propuesta, en diálogo creador con los hombres y mujeres de su entorno. No condenará a los que piensan de otra forma, sino que dialogará con ellos, ofreciéndoles una experiencia y camino de humanidad cristiana, en la línea del Jesús del Evangelio.

6. Iglesia, una experiencia de comunión

Desde el fondo anterior ha de entenderse la nueva visión de la Iglesia, que se despliega y entiende como experiencia de comunión, abierta a los que creen en Jesús, y, de un modo más extenso, a todos los hombres que aceptan y promueven el misterio de la vida en actitud de encuentro mutuo, sin imposición intelectual ni moral (ni social), pero con una gran creatividad.

Hoy, por vez primera, tras veinte siglos de ontología impositiva, es posible exponer y abrir el cristianismo (la Iglesia) en esa línea, como proyecto y camino de humanidad kenótico-redentora, abierta por Jesús a la culminación pascual de Dios (es decir, de la Humanidad). Es un buen momento para pasar de la JMJ (que es muy buena) al al CMJC: Compromiso mundial por la juventud del Cristianismo

Xabier Pikaza Ibarrondo