jueves, 4 de julio de 2013

SIN MIEDO A LA NOVEDAD - José Antonio Pagola


SIN MIEDO A LA NOVEDAD - José Antonio Pagola
 

El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.

Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: “cuando la Iglesia se encierra, se enferma”; “prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma”.

La consigna de Francisco es clara: “La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás”. No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: “Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza”.

El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. “La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos”.

Pero Francisco no tiene miedo a la “novedad de Dios”. En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: “¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?

No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. “Poneos en camino”. No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.

“No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto”. Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.

Cuando entréis en una casa, decid :”Paz a esta casa”. Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Reaviva el aliento evangelizador en la Iglesia. Pásalo.
7 de julio de 2013
14 Tiempo ordinario (C)
Lucas 10, 1-12. 17-20


CAMINANDO POR LA VIDA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Andar por la vida
portando tu mensaje y buena nueva;
andar erguido
a pesar de las inclemencias del camino;
andar de frente
sin temor a tormentas y huracanes;
andar tranquilos
aunque haya lobos escondidos.

Ir sin bolsa,
para aligerar la marcha;
sin monedas,
para que no hagan mella en el alma;
ligeros de equipaje,
sólo con túnica y sandalias;
pero llenos de paz
gozada y derramada.

Detener el paso
y descansar de agobios y penas;
saludar y dialogar
cada día con quienes van y vienen;
entrar en las casas
y compartir alimento y corazones;
lavarse el polvo
y cicatrizar las heridas.

Y de madrugada,
volver a salir a los caminos y a las plazas,
hacerse el encontradizo
y rozar con ternura
a los que pasan;
y agradecer el camino y sus historias
respetando
las costumbres y las sorpresas...

Cada día,
caminando por la vida
protegido por tu manto y sombra
me siento más hijo,
más discípulo, más enviado,
más ligero,
más lleno de alegría,
más encontrado.

Y regreso, muy contento,
a contarte mi aventura.

Florentino Ulibarri




SOLO VIVIENDO EL REINO DE DIOS, PODREMOS COMUNICARLO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 10,1-12; 17-20

Lucas es el único evangelista que narra la misión de los 72, (de los 70 como dicen algunos códices). También relata antes, la de los doce. Seguramente ha querido acentuar el carácter universal de la predicación de la nueva comunidad. Doce era el número de las tribus de Israel. Setenta era el número de las naciones gentiles, según el Génesis.

Si estamos en Samaría, cabe pensar que la mayoría de esos setenta eran samaritanos. Para los demás evangelistas, el límite de la gentilidad estaba en la frontera de Galilea, para Lucas se encuentra en la misma Samaria, porque estaban apartados de la religión oficial judía.

El domingo pasado se hablaba del fracaso de los discípulos en su intento de preparar el camino a Jesús en su subida a Jerusalén. Probablemente, Lucas quiere poner este envío de "otros setenta y dos" para dejar un buen sabor de boca. Estos vuelven "muy contentos" de sus correrías y tienen mejor acogida que los discípulos. "De dos en dos", porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el mensaje debe ser proclamado siempre por la comunidad.

No penséis que se trata de enviar a un número de especialistas en comunicación. No se trata de recomendaciones a unos cuantos escogidos. El evangelio dice simplemente: "envió a otros setenta y dos". Ni siquiera dice que fueran discípulos. Se da por supuesto que todo cristiano por el hecho de serlo, tiene la misión de proclamar la buena noticia que él vive.

El modo de esa predicación puede ser diferente, pero la base, el fundamento de toda predicación, es la vida misma del cada cristiano. Vivir como cristianos, es la mejor predicación y la que convence. En cada instante estamos predicando, para bien o para mal.

No es fácil delimitar lo estrictamente histórico de este relato. Además de que solo Lucas lo narra, exigiría un grado de organización que no se percibe en el grupo de los que han seguido a Jesús. El simbolismo del número 12 y 70 nos invita a pensar que son relatos elaborados más tarde. Por otra parte, para predicar El Reino, se necesita haberlo comprendido y experimentado. Los evangelios se encargan de manifestar que antes de la experiencia pascual ni los doce se habían enterado de nada.

Las recomendaciones de Jesús son la clave de todo anuncio del mensaje cristiano. Están puestas en boca de Jesús, pero son las condiciones mínimas que debería tener todo cristiano para llevar la Buena Noticia a los demás. En ningún caso se habla de doctrina que tengan que enseñar o de normas morales que deban exigir. Se trata de comunicar lo que Dios es para todos sin condiciones ni excepciones. Esa tarea la cumplió la primera comunidad en todas partes donde se fue implantando. Es la principal tarea que tiene que seguir llevando a cabo todo cristiano en cualquier tiempo y lugar.

1.- Itinerancia. "Poneos en camino". Es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar su buena noticia. El domingo pasado nos decía que no tenía dónde reclinar la cabeza. Este desapego de toda clase de seguridades es la actitud básica y fundamental que debe adoptar todo enviado. El anuncio no se puede hacer sentados. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas.

2.- Dificultad. "Os mando como ovejas en medio de lobos". Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano.

Denunciar la opresión o poder despótico, no puede agradar a los que viven desde esa perspectiva, y sacan provecho de ella a costa de los demás.

Por desgracia, cuando el cristianismo adquirió poder, se comportó como lobo en medio de corderos; eso sí, con piel de oveja. Desde el poder es imposible adivinar lo que sería bueno para el otro. El provecho personal o el de la institución, no es buena noticia para nadie.

3.- Pobreza. "Ni talega ni alforja ni sandalias". Es imprescindible la pobreza material, pero solo como signo de la superación de seguridades. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. El peligro está en hacer de la predicación del evangelio un logro humano.

Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. No buscar seguridades de ningún tipo, ni en el dinero ni en el poder ni en el prestigio ni en los medios, incluidos los de comunicación. Hoy tenemos la obligación de utilizar al máximo los medios de comunicación que la técnica nos proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

4.- Urgencia. "No os detengáis a saludar a nadie por el camino". No se trata de negar el saludo a los que se encuentren en el camino. "Saludar" tenía para ellos, un significado muy distinto al que tiene para nosotros. El saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar.

Seguramente está haciendo referencia a la inmediata llegada del fin de los tiempos, en que las primeras comunidades cristianas creyeron a pies juntillas.

5.- Paz. "Decid primero: ¡Paz! Para entender esta recomendación hay que tener en cuenta el sentido de la "paz" para los judíos de aquel tiempo. No significaba solo ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana.

Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno. Significa no ser causa de tensiones ni externas ni internas. Sería ayudar a los hombres a ser más humanos. El cristiano, vaya donde vaya, tiene que llevar armonía, comprensión, amor, paz.

6.- Humildad. "Comed y bebed de lo que tengan". Esta es una de las actitudes más difíciles. Ponerse al nivel del otro. Aceptar sus costumbres, su cultura, su idiosincrasia... Se trata de buscar solo el estar disponible para todos, sin esperar nada a cambio, pero aceptando con humildad lo que den; siempre que sea lo indispensable, comida y alojamiento, etc.

¡Qué difícil es no imponer lo nuestro! Muchos intentos de evangelización han fracasado por no tener esto en cuenta. Más difícil todavía es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes.

7.- Curad. "Curad a los enfermos". No se refiere solo a las enfermedades físicas. Todo aquello que impide al ser humano ser él mismo es enfermedad. De hecho los 70 solo hacen alusión a que los demonios se les sometían. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal, sin enterarnos de que con una grave enfermedad, puede un ser humano alcanzar su plenitud.

Curar significa alejar de un ser humano todo aquello que le impide ser él. Hoy las enfermedades físicas están cubiertas por la medicina. Pero ¿qué pasa con las enfermedades síquicas y mentales, que arruinan la existencia de tantas personas?

8.- Buena noticia (evangelio). "El reino, que es Dios, está cerca". Nada de peroratas teológicas, nada de discursitos apologéticos, nada de propagandas ideológicas, nada de doctrinas ni rituales ni normas morales... Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama.

Predicar el reino que es Dios, es hacer ver a cada ser humano que Dios es algo cercano, que está tan cerca, que es lo más hondo de su propio ser, que no tiene que ir a buscarlo a ningún sitio raro, ni al templo ni a las religiones ni a las doctrinas ni a los ritos ni al cumplimien¬to de la norma. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo...

Sin estas condiciones, la predicación se hace inútil. No es nada fácil salir de la dinámica de la propaganda, del proselitismo a toda costa, buscando más el potenciar la institución que el servicio de las personas.

El que va a proclamar el Reino de Dios, tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio en todo momento. No debe exigir absolutamente nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.
Meditación-contemplación

Haz una reflexión sincera, trata de descubrir la verdad:
¿Cuál es tu preocupación primera?
¿Es la comida, el vestido, la salud, la casa, el prestigio?
¿Tus esfuerzos están encaminados a buscar seguridades?
O ¿tu preocupación primera es vivir el Reino?

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Procura, al mismo tiempo no caer en demagogia barata.
De esas necesidades básicas tienes obligación de ocuparte.
Dios quiera que alcances el mayor bienestar posible, para ti y para los demás.
Siempre que la prioridad sea el desplegar tu humanidad.

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No te dejes llevar por lo que te pide el cuerpo.
No te olvides que eres también y sobre todo, espíritu.
Escucha también tu ser profundo;
lo que él te pida te llevará hacia tu plenitud y felicidad.

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Fray Marcos




LA IGLESIA/FUNDACIÓN Y LA IGLESIA/MISIÓN
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 10, 1-20

El texto que leemos es probablemente un resumen de doctrinas varias, instrucciones de Jesús pronunciadas en diversas ocasiones, reunidas aquí con el pretexto de la misión de los setenta discípulos. Destacan de todas maneras varios temas:

• el encargo mismo de Jesús, la elección de personas que sean, como él mismo, anunciadores de la Buena Noticia.
• la misión en pobreza y el riesgo de la misión.
• la transmisión a los discípulos del poder de Jesús.

En nombre de Jesús, animados por su mismo Espíritu, sin medios materiales, armados sólo con la Palabra, en un medio hostil, más fuertes que los demonios... Es una maravillosa imagen de la Iglesia y un motivo de reflexión tan estimulante como inquietante.

Se ha fundamentado a veces la iglesia con el concepto de "fundación", como una empresa cuyos estatutos y cargos directivos hubieran sido establecidos por Jesús mismo.

Es más radical, y más real, el concepto de Misión: Jesús, ser temporal y espacial como cualquier humano, que terminará su vida mortal como cualquier humano, lanza un movimiento que le continúe, envía en su nombre a muchos para su misma misión.

La Iglesia/fundación es más legal y tiende a dárselas de "oficial", con todos los derechos. La Iglesia/misión atiende ante todo al trabajo, a la responsabilidad y al Espíritu de Jesús.

La autenticidad de la primera se funda más en sucesiones que parecen dinásticas. La autenticidad de la segunda se basa en el Espíritu, en la fidelidad el mismo Espíritu de Jesús.

La misión se representa siempre en la curación de enfermedades y la liberación de demonios. Es sorprendente leer los tres primeros capítulos de Marcos: sale Jesús a su misión y parecen despertarse todas las furias del infierno, en forma de enfermos, de endemoniados y de adversarios. Y es así: Jesús, presencia del bien, desata la hostilidad del mal, en todas sus formas. Esto permite definir la actividad de Jesús como cumplimiento de su mismo nombre: el salvador, el libertador. Dios que salva. Y al ser humano como el esclavizado por el mal, por muchos males, el necesitado de la fuerza de Dios libertador.

Se utiliza una vez más la imagen física para representar la ación espiritual: "pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo" no es más que una imagen. Pero es una imagen que nos ayuda a leer el mundo.

Nosotros tenemos la grave tentación de leer el mundo como indiferente, inocuo, ajeno a Dios y al mal. Nos han vendido una imagen aséptica de la vida, de la naturaleza, del trabajo, de la actividad cotidiana: nos han convencido de la profanidad del mundo, recluyendo a Dios y al mal en ámbitos estrictamente religiosos. Nada tan diferente de la mentalidad de Jesús.

El mundo entero es el escenario de la gran batalla que los hijos de Dios libran contra todos los males: la ignorancia, la explotación, la perversión, la humillación, la destrucción del medio y de lo humano... cada día, en cada circunstancia, se desarrolla un fragmento del gran drama: la construcción o la destrucción del Proyecto de Dios, el triunfo o el fracaso de los hijos de Dios.

Jesús lee el mundo sin ninguna ingenuidad. Jesús invita al Reino, es decir, a pelear. Jesús sabe que la pelea es cotidiana. Por eso los evangelistas pueblan sus narraciones de endemoniados que reconocen a Jesús y se resisten violentamente, aunque en vano, porque la fuerza de Dios vence siempre.

Es una profunda y significativa imagen del mundo y de la humanidad, una imagen de riesgos y de batallas, bastante ajena a la tibieza y componenda de nuestra manera de vivir el seguimiento de Jesús.

Y es muy significativa la imagen de los enfermos y los endemoniados, porque no son ellos los malos, los enemigos, sino víctimas de sus demonios. Los enemigos de Jesús nunca son las personas, aunque le estén clavando en la cruz. Las personas son siempre víctimas de sus pecados; por eso se acerca a ellas Jesús, para curar y liberar.

Esta es la enorme misión de la Iglesia: ayudar a las personas contra todos sus males: liberar al ser humano de todo lo que le deshumaniza. Esta es la misión de Jesús, y la nuestra, como enviados suyos. Esta misión se realiza con el espíritu, con el estilo, con las armas de Jesús. Jesús no necesitó más medios que la palabra y el ejemplo.

Jesús renunció al dinero como medio de influir, renunció al poder como medio de imponer. Su prestigio es su modo de actuar, su compasión y su valor. Su fuerza es la Palabra. Su mayor poder, la Buena Noticia.

Jesús no dice que ama; Jesús ayuda. Jesús no crea sistemas filosófico-teológicos; muestra a Dios en parábolas. Jesús no predica desde la autoridad humana sino desde el servicio. Jesús se siembra, es grano de trigo enterrado y muerto; y resucita en la Iglesia, que no es una sociedad triunfal sino una levadura enterrada en la masa. La Iglesia hará florecer la humanidad del mundo si se siembra en un servicio fraternal, como Jesús mismo.

La eficacia de la iglesia está garantizada solamente por la fuerza del espíritu. La Iglesia, nosotros la iglesia, solemos ser más sabios que Jesús y le enmendamos la plana. Reducimos la noción de pecado a la culpabilidad personal, trabajamos por el prestigio externo de la Iglesia y su influencia social, nos despreocupamos de los males reales para atender "a lo espiritual", valoramos la influencia política y económica, combatimos como enemigos a personas...

En resumen, no ofrecemos la imagen de "crucificados para el mundo", ni el mundo nos considera como tales. Nos hemos convertido en una autentica religión convencional, con dogmas, ritos, jerarquías, prestigios, poderes, y hemos perdido la capacidad y la identidad de crucificados por la liberación de la gente.

Ante todo esto, debemos prestar atención no solamente a Jesús compasivo, sino a Jesús poderoso. Las curaciones, las liberaciones de los endemoniados, tienen un mensaje primero, sencillo y definitivo: en Jesús actúa Dios poderoso para liberar. La Buena Noticia es poderosa para liberar. Pero sólo es poderosa la Buena Noticia, sólo es poderoso el Espíritu de Jesús. Los poderes del mundo sólo pueden esclavizar, son los enemigos de la Buena Noticia.

Todo esto conduce a las preguntas más radicales:

¿Cuál fue el poder de Jesús? Tuvo poder de sanar, de liberar de decir la verdad a la cara de todos; tuvo el extremo poder de ser consecuente hasta la cruz. Tuvo el extraño poder de denunciar todas las falsas imágenes de Dios, de no dejarse comprar por nadie, de desmontar las pomposas teologías de los escribas con la simple arma de las parábolas, de ridiculizar la falsa santidad de los fariseos con el "a mí me lo hicisteis".

Jesús pisó inmune los escorpiones y las serpientes del falso mesianismo triunfal, del honor del sacerdote, del aprecio de los poderosos; Jesús fue más poderoso que los ejércitos de la Ley, del Templo, del Poder. Jesús caminó sobre todos esos, victorioso. Esos fueron, y sólo esos, los poderes de Jesús.

¿Qué significó Jesús para su mundo? Un loco peligroso, que debía ser, y fue de hecho eliminado. Su mundo lo crucificó y lo consideró como crucificado. Y los que él envía para anunciar "ya está aquí el Reino" no llevan al mundo una buena noticia para todos. Porque el reino no es buena noticia más que para los pobres, los enfermos, los pecadores, y no para los ricos, los sanos, los que se creen santos. Los ricos, los sanos, los fuertes, los que se creen santos, reciben lo de Jesús como una malísima noticia, como una locura peligrosa.

Es llamativa la imagen de Jesús: "como corderos en medio de lobos". Desarmados, pobres, sin más poder que curar y liberar. Sin más sabiduría que las parábolas. Con la estupidez mental de preferir la pobreza, el camino empinado, la fraternidad, la solidaridad... ¿cómo se puede triunfar en la vida con esas armas? ¿Cómo se puede un joven abrir paso en la selva del mundo con esos criterios? ¿Cómo se puede andar por la vida prefiriendo a los últimos, prefiriendo ser último? ¿Cómo se puede mirar con aprehensión el dinero, el éxito, el reconocimiento social? ¡La Buena Noticia es cosa de locos!

Hoy es un domingo para revisar valores y criterios, para revisar nuestra situación en el mundo. ¿Qué piensan de nosotros la iglesia el poder, el dinero, el éxito? ¿Qué piensan de nosotros la iglesia los creadores de opinión, los triunfadores de la sociedad, los gobernantes que crean constantemente opresión, injusticia y miseria, los manejadores del mercado, los que viven en la abundancia? ¿Nos tienen por locos peligrosos?

No puedo menos que recordar aquí una escena, retransmitida hace unos pocos años por televisión a medio mundo: una boda real, a la que asisten todos los poderes del mundo, los reyes, los príncipes, los magnates de las finanzas, los jefes de estado, los famosos de todos los ámbitos; dinero gastado a chorros, en vestidos, en coches, en fiestas, en alardes de todos los géneros. El edificio es suntuoso, las vestiduras sagradas son carísimas, el rito es solemne... Solamente estorbaba una cosa en tan magnífica ceremonia: el enorme crucifijo que presidía la asamblea entera, sangriento y agonizante, desnudo y ridículo, disonancia intolerable; deberían haberlo cubierto con un paño, o retirarlo a la sacristía para evitar que estropease tan magnífica ceremonia. Porque allí estaban todos los poderes, los criterios y los valores del mundo, todos los que crucificaron y crucifican hoy a los hijos de Dios, dueños del templo, impávidos ante el crucificado al que ellos mismo están matando.

Pero eso es sólo una imagen circunstancial, pasajera, anecdótica. Una anécdota significativa: la iglesia entera está representada en ella, nosotros la iglesia, que vivimos en el mundo dando culto a un dios que no es el de Jesús, impertérritos ante los crucificados, dedicados a nuestras teologías y a nuestros poderes, nuestros prestigios, nuestras seguridades religiosas... A nosotros no nos crucifica nadie, por una sencilla razón: porque el mundo sólo crucifica a sus enemigos, a Jesús, por ejemplo.

José Enrique Galarreta




100 DÍAS DE PAPADO
Escrito por  José Arregi

Miro con asombro las esperanzas que sigue despertando entre los católicos –y tantos otros que no lo son– el papa actual, el bendito papa Francisco a quien bendecimos como él nos pidió. Ya lleva 110 días, y no soy quién para decir cuánto hay de esperanza y cuánto de expectativas ilusorias en esta euforia papal que siguen mostrando los mejores –los más sencillos, inquietos, abiertos, los buscadores de lo nuevo entre los ruinas de lo viejo– de dentro o de fuera de la Iglesia católica.

Yo no comparto la euforia y tantas expectativas, pero quiero compartir y cuidar la esperanza que late en ellas. Pido perdón de antemano a quienes estas líneas puedan parecer demasiado escépticas, exigentes o simplemente impacientes. Pido perdón, y también licencia para errar. Y si algún día viera que yerro, seré el primero en alegrarme y en reconocerlo, con la bendición del papa Francisco.

1. No basta con que el papa sea buena persona. El papa Francisco atrae. Rezuma bondad. Su porte natural, su mirada directa, franca, su rostro afable, sus brazos grandes y acogedores; su trato llano, cercano; su estilo personal austero, sus zapatones viejos, su residencia en Santa Marta en vez del Vaticano, casi como uno más, su asiento vacío en el concierto para gentilhombres de otros tiempos; su palabra sencilla, descomplicada, fresca... todo eso nos toca el corazón, y también la razón, porque es un espejo de lo mejor que somos y que no llegamos a ser del todo y a lo que en verdad aspiramos en medio de todas nuestras contradicciones.

¿A qué se deben entonces mis cautelas? Se deben a que en un papa no cuenta solo su persona, sino aun más la institución y la ideología que la sustenta. El problema de fondo es el sistema católico, un sistema teocrático, una monarquía absoluta sustentada en "dios". Y mientras eso no cambie, nada sustancial cambiará, por bueno que sea el papa. Después de un papa humilde, austero y dialogante, puede venir otro más duro, ostentoso y rígido. ¿Qué habríamos adelantado?

2. Tampoco basta con reformar la Curia. Las curias vaticanas forman parte de ese sistema y de todas sus contradicciones. Un enorme aparato de poder sacralizado, de poder sustraído a todo control. Un mundo corrupto de lobbies, como nos acaba de decir el mismo papa (¡y qué más da que los lobbies estén formados por heterosexuales o por gais!). Un inmenso engranaje, del que el papa es cabeza y cautivo a la vez. Es imposible que una persona ejerza un poder absoluto, y es inevitable que el poder se diluya en organismos incontrolados, que oficialmente dependen del papa, pero de hecho y en la sombra manejan los hilos. Una contradicción difícil de resolver.

Ahora bien –se dirá–, el papa Francisco ya ha anunciado reformas radicales en la Curia. Es verdad, y estoy seguro de que las llevará a cabo. ¿Bastará? Creo que tampoco bastará con eso. Y ello porque las curias vaticanas no poseen la última llave del sistema. Las llaves están en manos del papa. Todo el poder está concentrado en una persona, y mientras eso no cambie, lo esencial del sistema seguirá vigente (por mucho que se depuren las curias, se suprima el Banco o incluso se anule el Estado del Vaticano). Seguirá en pie el poder absoluto, y otro papa podrá rehacer lo que éste deshaga.

3. Otra teología, otra Iglesia. "Francisco, repara mi Iglesia que amenaza ruina", dijo Jesús a Francisco de Asís desde el crucifijo de San Damián, según la leyenda. En nuestra sociedad moderna, la Iglesia católica – o el cristianismo católico– es un edificio en ruinas (podría decirse algo similar del cristianismo tradicional en conjunto, pero dejemos eso de lado). Y no se trata solo, ni siquiera en primer lugar, de su estilo de funcionamiento, ni siquiera de sus riquezas institucionales y escándalos personales, por graves que sean. Hay un abismo creciente entre la Iglesia y la cultura, como se hace patente en el vacío progresivo y desolador de las Iglesias. La Iglesia ya no constituye una buena noticia, un lugar de consuelo y liberación.

"Francisco, repara mi Iglesia". Si no se repara, se irá cayendo. Pero, para repararla, es preciso remover los cimientos hasta los mismos fundamentos, hasta refundarla en Jesús. No para repetir a Jesús, sino para hacer presente hoy su buena noticia. Que la Iglesia se deje inspirar por el aliento y la energía sanadora de Jesús, por su rebeldía profética, por su confianza apacible, por su esperanza activa. Que reinvente los dogmas o deje libertad para hacerlo, que las creencias valgan en la medida en que inspiran, que todas las normas morales vinculen en la medida en que ayudan a las personas y a todos los seres a respirar y vivir. Que reinvente todo los ministerios de servicio y de autoridad eclesial, rompiendo de una vez la lógica del poder sacralizado, clerical y patriarcal.

Mientras no suceda eso, la ruina de la Iglesia seguirá avanzando, y seguirá sepultando la buena noticia. ¿Pero es posible reparar esta Iglesia?

4. Solo haciendo que sea plenamente democrática. La Iglesia católica podrá ser Iglesia liberadora de Jesús con una condición, no suficiente, pero sí necesaria: su plena democratización, desde la última parroquia hasta la cúpula vaticana. La Iglesia católica no podrá ser y anunciar una buena noticia a los hombres y mujeres del siglo XXI, mientras el poder absoluto y vitalicio siga concentrado en manos de un papa, y éste siga nombrando a los obispos y cardenales que elegirán al papa siguiente; mientras no sean las comunidades quienes elijan a sus dirigentes, varones o mujeres, para todas las funciones, superando radicalmente un esquema clerical totalmente ajeno a Jesús; mientras los obispos (varones o mujeres) no sean elegidos por sus diócesis, y el papa no sea un presidente o presidenta elegida por las diversas iglesias locales para un tiempo limitado; mientras los tres poderes (legislativo, judicial, ejecutivo) no se distingan y vuelvan a las comunidades, que es la única manera de que el poder sea humano (y solo así divino).

Vayamos al meollo: la gran reforma que, desde el corazón del mundo de hoy y de todas las criaturas, el Espíritu o la Ruah creadora y consoladora pide a la Iglesia requiere que el papa, con su poder todavía absoluto, declare nulo el poder absoluto del papa, es decir, que anule los dos dogmas que lo sustentan, que fueron promulgados por el Concilio Vaticano I (1870) y que el Vaticano II dejó intactos por imposición de Pablo VI: la infalibilidad y el primado absoluto del papa sobre todas las iglesias.

No basta con que el papa Francisco sea un nuevo Juan XXIII, pues después de éste vinieron Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, y 60 años después estamos donde estábamos antes; en realidad, hoy estamos mucho más lejos del mundo, pues el mundo ha cambiado mucho desde entonces. Mientras el papa detente todo el poder, todo dependerá de cómo sea el papa (y los poderes ocultos nombrados o tolerados por él).

5. ¿Podemos esperar tanto del papa Francisco? A mi modo de ver, nada de lo que sabemos de su pasado y le hemos oído decir o visto hacer en estos 110 días permite esperar que promueva la reforma radical que urge en la Iglesia. No se lo reprocho, pues también él, con toda su bondad, es rehén del sistema. Pero en su bondad y frescura también es testigo del Espíritu de la Vida que ama y respira en todos los seres y que sigue recreándolo todo desde el corazón de todo. En él sí esperamos, y seguiremos empujando la reforma de la Iglesia desde abajo, sea o no sea promovida desde arriba.

José Arregi

Para orar
Invocación a la Divina Sabiduría-Sophía


Oh Sabiduría-Sophía,
Poder y esplendor de Dios.

Alimenta en tu mesa generosa nuestros espíritus hambrientos.
Yo soy el camino, la verdad y la vida:
Venid a mí, venid a mí.

Yo soy la Luz que os muestra el camino:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy el vino, la fuente de vuestro crecimiento:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy el agua viva que sacia vuestra sed:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy el Pan vivo que os da fuerza:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy la vida vertida en vuestros corazones:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy la resurrección y la vida:
Venid a mí, venid a mí.
Yo soy la Vida de la creación entera.
Venid a mí, venid a mí.

(Colleen Fulmer)




EL PAPA FRANCISCO NO TIENE MARCHA ATRÁS
José María Castillo


Es un hecho que el papa Francisco ha dado pruebas patentes de que se puede ejercer el papado "de otra manera". Por lo menos, sin el boato y la pompa a que nos tenían acostumbrados los papas anteriores. Y es evidente que, en este orden de cosas, Francisco ha tomado decisiones importantes.

Pero, tan cierto como lo que acabo de decir, es que sólo con su forma más sencilla de vivir y con su predicación en defensa de los pobres, con eso nada más la Iglesia no se arregla. Además de eso, es evidente que la Iglesia necesita un cambio muy profundo, no sólo en la renovación de la Curia y en la depuración transparente de la banca vaticana, sino sobre todo en el modo de ejercer la autoridad.

La "potestad plena, suprema y universal" del papa, de la que habla el Vaticano II (LG 22) se tiene que armonizar con la "suprema y plena potestad" del episcopado, que se menciona a renglón seguido del poder papal.

Así las cosas, hay quienes temen que la renovación que Francisco va a aportar a la Iglesia se quede en lo que hemos visto hasta ahora. Es más, no faltan los que recelan que todo esto, no sólo se frene, sino que incluso tenga marcha atrás. De manera que, de una forma más o menos disimulada, volvamos a lo de siempre. ¿Será así?

Francisco no tiene marcha atrás. Es más, estamos empezando. Nada más que empezando. No importa que las decisiones de cambios, y cambios muy profundos, se vayan tomando lentamente. Quienes conocen bien a Bergoglio saben perfectamente que es un hombre rectilíneo en la orientación firme que le ha dado a su vida: el proyecto social que Jesús presenta en el Evangelio.

Por eso ha tomado las decisiones que ha tomado. Pero él es el primero que sabe que todo lo hecho hasta ahora no puede ser nada más que un punto de partida. Porque se trata de decisiones que no se pueden limitar a cambios de imagen, de palabras, de apariencias. Es la Iglesia entera la que tiene que tomar una orientación distinta.

La Iglesia no es sólo imagen. Es una institución al servicio de una forma de vivir, de estar en la sociedad, de relacionarse con los poderes del "orden establecido".

Y si esto es así, o Bergoglio es un ingenuo, un insensato, un hombre superficial..., o el papa Francisco sabe muy bien lo que quiere. Y lo que tiene que hacer para que el proyecto evangélico de Jesús se haga realidad en la Iglesia. En ésas estamos. Y quede claro que a este papa no le tiembla el pulso cuando ve claro lo que tiene que hacer. Y lo va a hacer. El tiempo hablará.

José M. Castillo




Violación de la separación entre lo sagrado y lo profano
Jorge Costadoat, SJ
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El Papa Francisco ha invitado a subir al Papa-móvil a un niño down. Es una señal simpática. ¿A quién podría molestar? A nadie. Pero, ya que ha realizado varios gestos de este tipo muchos están inquietos. ¿Puede un Pontífice salirse a cada rato de su papel? Lo vieron un día sacando la basura de la casa Santa Marta. ¿No está llevando las cosas demasiado lejos? Después de algunos meses de su elección, hay católicos confundidos, irritados o preocupados.

 Algo así no es normal en un jefe de Estado. En el caso del Santo Padre, a unos entusiasma y a otros enfurece. ¿Por qué? Mi hipótesis es esta: Francisco vulnera la frontera entre lo sagrado y lo profano. ¿Lo hace provocativamente? No lo sabemos. Acerca de sus intenciones nadie puede decir nada. Pero sí es claro que hace lo que no se hace, como cuando Jesús curaba en sábado.

 Hagamos memoria. A Jesús lo mataron los romanos a instancias de los jefes de su propio pueblo. En el estipes de la cruz un letrero decía, en burla, El rey de los judíos. Se trató, en este caso, de la aplicación de la pena capital de parte de los romanos, la única autoridad que poseía el ius gladii. Fariseos, escribas, saduceos hicieron ver a los romanos que las expectativas mesiánicas que Jesús despertaba eran peligrosas para la estabilidad social y política de Palestina. No tuvieron que invocar como causa lo que realmente les resultaba insoportable: la desautorización que Jesús hacía de la religiosidad de la época, y de ellos en particular, pues interpretaba la Ley y se comportaba respecto del Templo con una libertad inaudita. Jesús, en sus actuaciones, subordinó la Ley y el Templo a la obediencia a Dios, la cual en todos los casos y siempre ha debido consistir en la liberación de personas concretas.

 Este fue, en su núcleo, el contenido del reino que Jesús quiso inaugurar como voluntad del Dios que él consideró su Padre. A este Padre no se le encontraría mejor en lugares y tiempos “sagrados” que en los valles, las montañas y entre las olas del mar de Galilea, de mañana o por la tarde. Jesús, en vez de erigirse en el guardián de la diferencia entre lo sagrado y lo profano, la saltó, la ridiculizó a veces y, con su muerte en cruz, la aniquiló para siempre. Así lo entendió la primera Iglesia. Ella vio en el rasgarse el velo del Templo al momento de la muerte de Jesús, el cumplimiento irreversible de la encarnación. El Dios entrado en la historia como un niño inerme y sacado de esta misma historia con violencia, se da a reconocer en los hechos humanos, especialmente allí donde la humanidad más se le asemeja crucificado. El “pecado” que el Sanedrín no toleró a Jesús podría llamarse “secularidad”. Jesús apostó toda la religión de Israel al amor secular. Al amor así no más, podríamos decir, sin articulación religiosa, como el del buen samaritano.

 Francisco desconcierta a personas que prefieren a un pontífice hierático. El sacerdote, piensan, debe representar la santidad de Dios. Otros, me incluyo, pensamos que debe representar la “humanidad” de Dios. O, mejor dicho, creemos que la verdadera santidad, la del Hijo de Dios encarnado, se manifiesta en la gran humanidad y humildad de Jesús. Y que, por el contrario, la santidad mal entendida hace creer que en Cristo lo divino neutraliza lo humano. El problema es que, de un Cristo que simula humanidad, resultan personas que simulan divinidad.

 Es extraño, por tanto, que Francisco pueda desconcertar a un cristiano. Llama la atención que sus gestos tan sencillos, realizados a contrapelo del manierismo eclesiástico, perturben a quienes debieran resultarles completamente naturales. Lo naturalmente pagano es la divinización de la autoridad. El cristianismo, en cambio, reconoce autoridad a quien practica la justicia y la clemencia. La investidura pontificia no basta. Es incluso ambigua, pues induce a la papolatría. Y la papolatría sí es un pecado, o una lesera.

 Como otro botón de muestra, tomemos el episodio de Francisco jugueteando con el solideo, poniéndoselo y sacándoselo a una niñita en la cabeza. A unos el gesto les parece lindo. Les calza exactamente con la alegría de Jesús. A otros, en cambio, no les debe parecer bien que el Papa bromee con la vestimenta sagrada. El solideo es esa especie de gorrito redondo y morado que usan los obispos. El solideo blanco solo lo usa el Papa. Cuando el prelado celebra la misa, debe sacárselo al momento de la plegaria eucarística, simbolizando respeto a Dios, como quien se quita el sombrero para saludar a alguien. ¿Qué ha querido simbolizar Francisco con este otro uso que él hace del solideo? ¿Estará queriendo decir a la niñita que ella algún día puede ser Papa? No lo creo. ¿Querrá tal vez decirle a ella y a todos los demás “yo, que soy el Papa, quiero que me sientan cercano y confiable”? Las demás señales indican que sí. Pienso también que esta interpretación, a su vez, puede caer muy mal a algunas personas. Al jugar de esta manera con el solideo, alguien puede pensar que el Papa cruza burlescamente la frontera de lo prohibido. Francisco no se pone la mitra cuando hay que ponérsela. Francisco lava los pies a una musulmana en la cárcel en Semana Santa. Francisco saluda de beso a la presidenta de Argentina, etc. Se sale frecuentemente del protocolo. ¿Cuál es el límite? ¿Podría un día celebrar la eucaristía sin alba, solo con la estola?

 Estos gestos totalmente intencionados del Papa pueden provocar inquietud, molestia o furia en cualquiera de los cristianos. Ninguno de estos sentimientos es culpable. Los sentimientos son inocentes. Nadie es culpable de sentir esto o aquello, ni tampoco de tener tal o cual cultura o sensibilidad religiosa. Debe tenerse presente, eso sí, que el fanatismo religioso que combina el celo por Dios con la ira psicológica, es peligroso.

 Este Papa está realizando acciones que provocan rabia en quienes no entienden que el dogma de la encarnación obliga a descubrir a Dios en un hombre común y corriente, y que la salvación en sentido estricto es humanización. La encarnación es un misterio difícil de comprender para la mentalidad de los mismos creyentes, pero no atinar con su concepto no es inocuo. Hay concepciones de lo sacro, de lo santo y de la salvación inhumanas y deshumanizantes.

 ¿Dejará alguna vez Francisco de usar el Papa-móvil? Aún lo necesita. De momento, si nos invitara a subir a él y aceptáramos, estaríamos más cerca de comprender quién es y quién no es el Dios de Jesús.

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