miércoles, 17 de julio de 2013

NADA HAY MAS NECESARIO - José Antonio Pagola


NADA HAY MAS NECESARIO - José Antonio Pagola
El episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.

Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un “discípulo” que solo correspondía a los varones.

En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano”. ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?

La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”.

En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser lo prioritario para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.

Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes de nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.

Esta escucha del Evangelio en pequeñas “células” puede ser hoy la “matriz” desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.

José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a difundir el Evangelio de Jesús. Pásalo.
21 de julio de 2013
16 Tiempo ordinario (C)
Lucas 10, 38-42
Aclarando posturas. 
Florentino Ulibarri

Señor:
demasiados interrogantes,
dudas y oscuridades;
a veces, demasiados golpes
heridas y sinsabores,
como para no protestar.

Yo soy así, lo sabías;
refunfuño, me enfado,
me quejo, te increpo,
te acuso de ambiguo y tramposo
y me enfrento a ti sin autocensura;
pero trabajo.

Y tú, no te rebelas
ni rompes los lazos
de seducción y amor.

No sé si te ríes,
nos toleras
o eres todo misericordia.

Quizá te agrade nuestra libertad,
frescura y rebeldía.

Quizá temas más el silencio
y la incomunicación de tus hijos
que nuestros cuestionamientos
e impertinencias.

Sé que esto no es un pulso
aunque lo parezca,
pues todo sucede
en esta casa mía
que es la tuya,
en nuestro huerto y bodega.

Señor, nuestra trayectoria vital
se asemeja a un arco de tiro
cuando se tensa:
los dos extremos entre los que somos
y nos manifestamos,
se acercan tanto que se tocan.

Cuanto más juntos están
rebeldía y confianza,
protesta y obediencia,
desahogo y silencio,
grito y abrazo,
negativa y amén...
más veloz sale la flecha
de nuestros anhelos íntimos,
cálidos y vivos,
dejando las cañadas oscuras,
hacia la tierra prometida,
o el regazo de quien le da acogida.

Y después de tantos rollos,
quejas y protestas,
o en medio de ellas,
la única respuesta que descubrimos
está ya tatuada en la historia
y en tu Buena Noticia:
"Déjense de preocupaciones,
pues una sola cosa es necesaria
en esta travesía:
gozar del viaje y de la compañía.
Elegid, pues, la mejor parte".

Florentino Ulibarri





NI DE MARTA NI DE MARÍA PODEMOS PRESCINDIR
Escrito por  Fray Marcos
Lc 10, 38-42

Si queremos entender el verdadero sentido del texto, no debemos olvidar el contexto en el evangelio de Lucas. Enmarcado dentro del viaje a Jerusalén, este relato intenta determinar el perfil de aquellos que quieren seguir a Jesús. Durante esa subida, va formando a sus discípulos.

Lucas es el único que relata este episodio y no es casualidad que una vez más se sienta interesado en destacar la importancia de la mujer en la vida pública de Jesús.

No debemos interpretar el texto como una condena de la actitud de Marta. Es solo el contrapunto para resaltar la necesidad que todo cristiano tiene de escuchar al único Maestro.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. No es correcto el interpretar este evangelio como proclamación de dos clases de cristianos, unos que se dedican a la vida activa y otros a la contemplativa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo.

En los primeros siglos del cristianismo se desarrolló la idea de que no se podía vivir el evangelio en medio del mundo. Surge así la idea del monacato y de la huída del mundo en el desierto. Esto no tiene nada de cristiano, porque el evangelio no invita a una separación de la vida, sino a vivirla en plenitud dentro de las situaciones normales para la mayoría.

No debemos interpretar la falta de vocaciones a la vida religiosa como un desastre para la comunidad. Nuestra verdadera preocupación debería estar en que todos los que somos cristianos por el bautismo, desarrollemos de verdad esa vida cristiana como decía hoy Pablo.

El domingo pasado terminaba el evangelio con esta frase: "Anda, haz tú lo mismo". Del evangelio se deduce que no puede darse un amor a Dios directo, que no se refleje en el amor a los demás. Aplicado al tema que nos ocupa, no puede haber auténtica contemplación que no se manifieste en la acción. Puede darse una contemplación sin acción, pero será siempre una falsa ilusión.

Tampoco puede haber una acción verdaderamente espiritual que no surja de la contemplación. Claro que puede haber acciones buenas sin contemplación, pero no son más que programaciones que no nos enriquecen espiritualmente.

Una vez más debemos superar la aparente contradicción del evangelio. En otro lugar dice Jesús: "el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena". Edificar sobre roca es escuchar y obrar en consecuencia. Por lo tanto, nada más lejos puede estar este relato de un espiritualismo desencarnado. Eso sí, para actuar con verdadero sentido espiritual, debemos primero escuchar a Jesús y descubrir en su vida y enseñanzas los motivos de la acción. Esto, que parece tan sencillo, es la clave para entrar en la dinámica del mensaje de Jesús. Todo lo que no sea entrar por este camino, será engañarnos.

Marta, al quejarse, no tiene en cuenta lo que María está haciendo. Solo tiene en cuanta las consecuencias de esa actitud que le perjudica. Jesús no critica a Marta por estar ocupada, sino por estar preocupada e inquieta por realidades materiales, que tienen muy poca importancia. Tampoco dice que lo que hace sea malo. Fijaos, que dice: "María ha escogido la parte mejor", lo cual significa que lo que hacía Marta era también bueno. El mensaje es que toda acción verdaderamente cristiana debe nacer de la contemplación.

Todos tenemos que ser a la vez, Marta y María. No es nada fácil mantener el equilibrio. En un árbol frutal, ¿qué es lo más importante, las raíces o el fruto? La pregunta es absurda. Sin las raíces es impensable el árbol. Sin los frutos, el árbol sería completamente inútil. Es muy fácil resbalar hacia una u otra dirección. En todas las épocas ha habido místicos que despreciaron el trabajo y hombres y mujeres de acción que despreciaron como inútil la contemplación.

A la luz de este relato, se abre una nueva perspectiva para la mujer. María, es aceptada por Jesús como interlocutora válida de su mensaje. A pesar de su apariencia inocua, tal vez sea el relato más subversivo de todo el evangelio. "Sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra". Está haciendo referencia a la postura que adoptaban los discípulos a los pies del maestro. María está allí como discípula. Esto trastoca todos los valores en que estaba fundada la sociedad de la época.

Algunos dichos rabínicos nos dan una pista de lo que pensaban de la mujer: "El que enseña la Torá a una mujer, le enseña necedades". "Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Torá, antes de ser entregada a la mujer". "Maldito el padre que enseña a su hija la Torá". Para ellos la mujer era incapaz de comprender la Ley.

También la mujer tiene que desarrollar su interior, tiene que buscar el enriquecimiento como ser humano. Tiene que descubrir que la realización como ser humano, es más importante que todas las tareas comúnmente asignadas a la mujer. Jesús invita a las mujeres a desarrollar sus valores espirituales.

La actitud de María ayuda a Jesús a descubrir todo eso. Vio que había adquirido unos valores espirituales que a él mismo le servían de referencia. María era para él, una valiosa interlocutora espiritual. Después de esto, Jesús está en condiciones de responder a la mujer que le quiso hacer una alabanza diciendo: "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron" (tarea femenina). Pero Jesús responde: "Dichosos más bien todos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen".

No es el parir a los hijos el valor fundamental de una mujer, aunque el varón sigue empeñado en mantener esta valoración. La mujer es un ser humano, no es una criada a la que ni siquiera hay que pagar.

Esta actitud de Jesús para con la mujer, se manifiesta también en otros muchos lugares del evangelio. El comportamiento de Jesús con la mujer está completamente libre de misoginia o antifeminismo. Ni asomo de miedo al sexo o machismo, ni siquiera paternalismo. Los evangelios nos dicen que en el grupo de seguidores había también mujeres. Los relatos de la mujer adúltera, la pecadora, la Magdalena, la Cananea, la Hemorroisa, nos indican esa preocupación constante por la mujer, que en su tiempo estaba completamente marginada. Lástima que esa actitud de Jesús haya quedado relegada al olvido en la Iglesia, que sigue manteniendo después de dos mil años, su ideología machista.

El Concilio Vaticano II rechazó toda forma de discriminación por razón de sexo como contraria al plan de Dios; pero a renglón seguido nos demuestra, en la práctica, que eso no tiene vigencia en la institución. Las mujeres que se sintieron comprendidas y liberadas por Jesús, son discriminadas por sus sucesores.

La opresión de las mujeres en la Iglesia es solo una manifestación externa de la represión de lo femenino en la jerarquía. Es hora de superar un patriarcado ciego, inconsciente y fanático. Si la mujer hubiera tenido algo que ver en las decisiones de la Iglesia, no habría cometido tantas barbaridades.

No es que el cristianismo haya incrementado la marginación de la mujer, pero sí ha mantenido actitudes ancestrales que habían sido superadas por Jesús. Lo que los cristianos hemos hecho con la mujer no es solo mantener una mala costumbre; con el evangelio en la mano podemos afirmar que es una injusticia en toda regla. Contra esa injusticia no sólo tienen que luchar las mujeres, tenemos que luchar todos; y no por hacer un favor a la mujer, sino porque es un despilfarro de energías, prescindir de un plumazo de más de la mitad de sus miembros a la hora de buscar soluciones a sus problemas.

Y no se trata solamente del problema de la ordenación sacerdotal. Desde luego no hay ninguna razón teológica ni exegética en contra, que tenga un mínimo de consistencia. Pero ese problema quedaría resuelto en el momento en que la mujer quedara equiparada al varón en todos los ámbitos de la estructura eclesial. Hay que reconocer con toda sinceridad, que se trata de una lucha por el poder. ¿Por qué tiene que ser el varón el que toma decisiones, incluso en temas que afectan exclusivamente a la mujer?

Meditación-contemplación

"¡Andas preocupada e inquieta por tantas cosas!"
Hoy se propone un análisis personal de nuestra vida.
Nadie puede dar por supuesto el difícil equilibrio.
Como el volante de un automóvil, siempre tendremos que estar rectificando.
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No hay parte mejor o peor.
Como en el frutal, raíz y fruto son igualmente importantes.
En el tiempo, echar raíces (escuchar a Jesús) es lo primero.
El objetivo será siempre el fruto (el servicio a todos)
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Intenta ser cada día más Marta y más María.
Es la única manera de madurar en la vida cristiana.
Cada día más enraizado en Cristo
Y más volcado hacia los demás.
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Fray Marcos





ESCUCHAR LA PALABRA Y PONERLA EN PRÁCTICA
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 10, 38-42

El relato se presenta sólo en Lucas. El carácter de ambas hermanas es muy similar al de la Marta y María que presenta el cuarto evangelio en la escena de la resurrección de Lázaro. Otras Marías "amigas" de Jesús, y la "María" Magdalena, la pecadora que unge los pies de Jesús, y la escena en Betania, donde María unge los pies a Jesús, inducen a los exegetas a ver en estas dos hermanas del texto de Lucas a las mismas de los otros acontecimientos, aunque, evidentemente, la identificación de esta María de Betania con María de Magdala es inadecuada.

Por otra parte, esta mujer llamada Marta que le recibe en su casa no parece tener un hermano, que sería el jefe de la familia (como no fuese menor de edad); y la localización de esta escena en Betania, tan cerca de Jerusalén, es difícil en el itinerario de Lucas (Jesús está todavía lejos de Jerusalén, y tiene que pasar aún por Jericó...) aunque sabemos que el itinerario de Lucas es sólo un recurso literario.

Prescindiendo por tanto de localizaciones e identificaciones, la esencia del relato es sencilla y no necesita mayor explicación para su comprensión. Jesús no llega solo; le acompañan muchas personas, y alojarle es un problema (algo así está en el trasfondo de la falta de vino en Caná).

Hay una variante en los textos; en vez de la expresión "una sola cosa es necesaria", algunos prefieren "hay necesidad de pocas cosas" o incluso "a mí me basta con poco". La fórmula "sólo una cosa es necesaria" tiene más resonancias teológicas y probablemente es una elaboración de la fórmula primitiva. Ha tenido más fortuna probablemente por su mayor resonancia "espiritual".

Jesús, predicador itinerante al que acompañan discípulos y discípulas, acogido con reverente hospitalidad... es una buena imagen del Jesús real. Nada posee, no tiene dónde reclinar la cabeza, pero su condición de profeta, la fe en él como mesías, le hace ser recibido muchas veces con gran solicitud, aunque otras veces es rechazado, como vimos en el evangelio del domingo 13º (Lucas 9,51) en una aldea de Samaria.

La preocupación de Marta es lo lógico: huéspedes (al menos trece), huésped importante, tirar la casa por la ventana, muchísimo trabajo... El comportamiento de María es incorrecto; le deja a su hermana con todo el trabajo. Jesús da la razón a lo incorrecto. Una vez más, Jesús presenta una inversión de valores.

Es un tema permanente en los evangelios, y se nos ha presentado varias veces en los últimos domingos. En la profesión de fe de Pedro, en quién es el más grande, en el rechazo de los que quieren seguirle, en el evangelio proclamado a los sencillos, en el buen samaritano... La imagen de Jesús invirtiendo los criterios y los valores habituales está presente en todo el evangelio (y culminará, dentro de pocos domingos, en el capítulo 15 de Lucas, con las paradójicas parábolas de la misericordia).

Tratar bien al huésped es un criterio honroso. Pero cuando llega la Buena Noticia, el Reino, todas estas honras quedan purificadas. Tratar bien al huésped revierte en honra del que lo hace: quedar bien con todo el mundo. Y éste ya no es un criterio que a Jesús le importe mucho. Sobre todo, porque hay otra cosa más importante en aquel momento. Llega Jesús, y es importante recibirle como se merece; pero es más importante escucharle. A María no le importa tanto lo primero; escuchar a Jesús, mano a mano, en su propia casa, ¡eso sí que es fascinante!

En este sentido, cobra gran importancia la interpretación olvidada de las palabras de Jesús: "Marta, tranquila, no se trata de tirar la casa por la ventana, que nos basta con cualquier cosa", es mucho más profundo que una fórmula de cortesía del huésped que no quiere molestar. Expresa una manera de ser de Jesús, coherente con la actuación de toda su vida. Es coherente sobre todo con el "mesianismo" que Jesús rechaza y con el que ofrece. La gloria externa, el agasajo, los honores al Rey... no son lo de Jesús.

Pero en el texto no solamente se afirma que todo eso no tiene importancia, sino que se aclara qué tiene importancia: escuchar la palabra. La llegada de Jesús a la casa es una oportunidad sin igual de escuchar la palabra: eso es lo importante. Por eso tiene razón María.

Aplicar este evangelio a la superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa es una deformación del mensaje. Cuando se redacta este texto, no existía esa "vida contemplativa" a que suele referirse tal interpretación. No hagamos que los textos digan lo que a nosotros nos parece. Aquí podríamos extendernos sobre esa presunta "superioridad", pero evidentemente no es el lugar adecuado.

Escuchar la palabra. Todos los seguidores de Jesús, no solamente los "contemplativos profesionales", tenemos que atender a "lo único absolutamente imprescindible", que es escuchar la Palabra. Absolutamente imprescindible porque escuchar la palabra es el alimento, el agua. Sin eso, no hay vida espiritual. Jesús mismo se define como Palabra, que es Agua viva venida del cielo, que es maná dado por el Padre... Los mejores símbolos del AT. se aplican de este modo a Jesús.

"Oyente de la Palabra" ha sido una de las más bellas fórmulas inventadas para describir al que sigue a Jesús. Nos viene a la mente la importancia de aquel pasaje, breve y desapercibido a veces, de Lucas 11,27.

"Estando él diciendo estas cosas, una mujer del pueblo alzó la voz:

- ¡Dichoso el vientre que te levó y los pechos que te amamantaron!.

Pero Jesús le dijo:

- Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica".

Este evangelio nos invita por tanto a reflexionar sobre la fuente misma de nuestra conversión, de nuestra vida cristiana. El itinerario interior del que sigue a Jesús se resume en: atender constantemente a la Palabra, dejarse guiar por la Palabra, ponerla en práctica. La Palabra y nuestra respuesta van cambiando nuestros criterios, van produciendo nuestra conversión. Nos identificamos quizá con Marta: la Palabra está ahí, pero nosotros nos dedicamos a otras muchas cosas, no a lo verdaderamente necesario.

Como aplicación práctica para nuestra vida, debemos hacer dos reflexiones: la enorme responsabilidad de los sacerdotes que en las homilías dominicales tienen la misión de presentar la Palabra; la enorme urgencia que tenemos todos los que queremos seguir a Jesús: conocer a Jesús en los evangelios, dedicar un tiempo a orar, no a pedir, sino a escuchar.

Deberíamos ser insaciables en nuestra dedicación a conocer a Jesús, a contemplarlo: es eso lo que puede transformar nuestras vidas, ése es el grano de mostaza, la levadura que ha de fermentar la masa.

Y aquí, no podemos menos que subrayar esta grave carencia del pueblo cristiano: orar, orar con la Palabra. Insistimos una vez más: muchos cristianos rezan mucho y escuchan poco. Escuchar la Palabra, entender el mensaje, masticarlo, asimilarlo. Contemplar a Jesús, para que se nos vaya metiendo dentro y sea levadura que nos vaya cambiando, desde dentro.

La dificultad que muchos sienten es "no tengo tiempo". No es verdad. "No tengo tiempo" significa, simplemente, "otras cosas me importan más". Si no tenemos tiempo para orar, esto significa que escuchar la palabra nos importa poco.

José Enrique Galarreta





PADRE, CUIDA DE NOSOTROS Y HABÍTANOS
Escrito por  Vicky Irigaray

Con la confianza puesta en el Padre, presentamos nuestras necesidades y las de todos los hombres y mujeres.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

• Por todos los que queremos seguir a Jesús, para que no nos olvidemos de que Dios nos invita a hacer realidad su Reino entre nosotros.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

• Por todos los que tienen responsabilidades particulares dentro de la Iglesia: el Papa Francisco, los obispos, los sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, para que sean signos vivos y cercanos del Dios que vive con nosotros.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

• Por todos los hombres y mujeres que sufren por cualquier causa, para que encuentren en nosotros, los creyentes en Jesús de Nazaret, acogida, cercanía y solidaridad.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

• Por nuestras familias, para que nuestros hogares sean espacios de paz y fraternidad.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

• Por todos nuestros familiares y amigos que ya no están con nosotros, para que disfruten siempre de la compañía de Dios.
Padre, cuida de nosotros y habítanos.

Escucha, Padre, nuestras peticiones. Haznos hombres y mujeres con vida interior, que cada día cuidemos y mimemos nuestra relación contigo porque estamos seguros que eso nos ayudará a ser mejores.

Vicky Irigaray





Mensaje de las Calles
Frei Betto

Las manifestaciones en las calles del Brasil traen de cabeza a los analistas y cientistas políticos. Dirigentes partidarios y líderes políticos se preguntan perplejos ¿quién lidera ese movimiento si nosotros no estamos en él?

Recuerdo cuando dejé la cárcel a fines de 1973. Al entrar en ella, cuatro años antes, predominaba el movimiento estudiantil en la contestación a la dictadura. Al salir encontré un movimiento social -comunidades eclesiales de base, oposición sindical, grupos de madres, lucha contra la carestía- que me sorprendió. Desde lo alto de mi vanguardismo elitista me hice la pregunta ¿cómo es posible si nosotros los líderes estábamos encarcelados?

Con esa misma perplejidad encaró Marx la Comuna de París en 1871; la izquierda francesa el Mayo de 1968; y la izquierda mundial la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética en 1989.

“La vida sobrepasa a la idea”, decía mi hermano de hábito santo Tomás de Aquino en el siglo 13. Ahora aquí, en el Brasil, todos los liderazgos políticos encaran confusos y despechados las recientes manifestaciones de la calle. Con el mismo interrogante envidioso con que la izquierda histórica del Brasil miró el surgimiento del PT en 1980: ¿qué historia es ésa de que ahora los proletarios quieren ser la vanguardia del proletariado?

Históricamente éramos los líderes de la izquierda brasileña hombres oriundos de la clase media (Astrogildo Pereira, Mario Aves y João Amazonas), de los círculos militares (Prestes, Gregorio Bezerra, Apolonio de Carvalho) y de la intelectualidad (Gorender y Cayo Prado Junior). Marighella fue uno de los pocos líderes de las clases populares.

El mensaje de las calles es sencillo; nuestros gobiernos se alejaron de la base social. Para usar una categoría marxista, la sociedad política se divorció de la sociedad civil, peligro al que ya aludí en el libro “La mosca azul. Reflexión sobre el poder”, en el año 2005.

La sociedad política -ejecutivo, legislativo y judicial- se convenció de que representaba de hecho al pueblo brasileño y mantenía bajo control a los movimientos representativos de la sociedad civil, como sucede hoy con la UNE y la CUT.

No sólo de pan vive el hombre, indicó Jesús. Aunque diez años de gobierno del PT hayan mejorado las condiciones sociales y económicas del país, el pueblo no vio saciada su hambre de belleza (educación, cultura y participación política).

El gobierno del PT optó por una gobernabilidad asegurada por el Congreso Nacional, en el que todavía perduran los “300 pícaros” denunciados por Lula. Se despreció la gobernabilidad apoyada en los movimientos sociales, como hizo Evo Morales, con éxito, en Bolivia.

De ese modo nuestro gobierno poco a poco perdió los anillos para conservar los dedos. Creyó que todo permanecería como antes en el cuartel de Abrantes. Sea porque la oposición está deteriorada por sus propios pleitos internos, sea porque considera a Eduardo Campos y a Marina Silva meros instrumentos de ensayo.

Lo que ni la Abin (ojos y oídos secretos del gobierno) previó fue el súbito tsunami popular invadiendo las calles del país en pleno período de la Copa de Confederaciones, cuando se esperaba que todos estuvieran con su atención puesta en los juegos.

Ahora el gobierno inventa el discurso de que sin partidos no hay política ni democracia. Pero basta con una hora de clase de enseñanza media para aprender que la democracia nació en Grecia muchos siglos antes de la era cristiana y mucho antes aún de la aparición de los partidos políticos.

Hoy la mayoría de los partidos niega la democracia al impedir un gobierno del pueblo con el pueblo. No basta con pretender gobernar para el pueblo y ya considerarse demócrata. El pueblo en las calles exige nuevos mecanismos de participación democrática, mientras manifiesta su desconfianza en los partidos. Éstos están obligados a renovar sus métodos políticos o serán atropellados por la sociedad civil.

He ahí el mensaje de las calles; democracia participativa, no sólo delegativa, o sea gobierno del pueblo con el pueblo y para el pueblo. Eso no es utopía, desde que no se considere modelo perpetuo el pluripartidismo y se admita que el régimen democrático puede y debe generar nuevos estilos de participación popular en las esferas del poder.

Frei Betto, OP





LAS MULTITUDES EN LAS CALLES: ¿CÓMO INTERPRETARLO?
Escrito por  Leonardo Boff

Un espíritu de insurrección de masas humanas se extiende por el mundo, ocupando el único espacio que les queda: las calles y plazas. El movimiento apenas está comenzando, primero en el norte de África, luego en España con los "indignados", en Inglaterra y Estados Unidos con los "ocupas", y en Brasil con la juventud y otros movimientos sociales.

Nadie se refiere a las banderas clásicas del socialismo, de la izquierda, de algún partido liberador o de la revolución. Todas estas propuestas o están agotadas o no ofrecen el atractivo suficiente para mover a las masas.

Actualmente interesan los temas relacionados con la vida cotidiana de los ciudadanos: el trabajo participativo, la democracia para todos, los derechos humanos, personales y sociales, la presencia activa de las mujeres, la transparencia pública, el claro rechazo a todo tipo de corrupción, un nuevo mundo posible y necesario.

Nadie se siente representado por los poderes instituidos que generan un mundo político palaciego de espaldas al pueblo o manipulando directamente a los ciudadanos.

Interpretar este fenómeno supone un reto para cualquier analista. No basta la razón pura, tiene que ser una razón holística que incorpore otras formas de inteligencia, datos no racionales, emocionales y arquetípicos y acontecimientos propios del proceso histórico e incluso de la cosmogénesis. Sólo así tendremos una forma más o menos completa de hacer justicia a la singularidad del fenómeno.

Para empezar, hay que reconocer que es el primer gran evento resultado de una nueva fase de la comunicación humana completamente abierta, una democracia en grado cero que se expresa a través de las redes sociales.

Todo ciudadano puede salir del anonimato, tomar la palabra, encontrar sus interlocutores, organizar grupos y reuniones, alzar una bandera y salir a la calle. De repente, se forman redes de redes que mueven a miles de personas más allá de los límites del espacio y del tiempo.

Este fenómeno debe ser analizado cuidadosamente, porque puede representar un salto civilizatorio que marcará un nuevo rumbo a la historia, no sólo de un país, sino de toda la humanidad.

Las manifestaciones de Brasil provocaron manifestaciones de solidaridad en decenas y decenas de otras ciudades del mundo, especialmente en Europa. De repente, Brasil ya no es sólo de los brasileños. Es una parte de la humanidad que se identifica a sí misma como especie, en una misma Casa Común constituida por las causas colectivas y universales.

¿Por qué estos movimientos masivos han estallado en Brasil ahora? Hay muchas razones. Me detengo solamente en una y volveré a las demás en otra ocasión.

Mi sentimiento del mundo me dice que, en primer lugar, se trata un efecto de saturación: el pueblo está harto del tipo de política que es practicado en Brasil, incluso por las cúpulas del PT (hago notar la excepción de las políticas municipales, que aún conservan el antiguo fervor popular).

El pueblo se ha beneficiado de los programas de bolsa familia, luz para todos, mi casa mi vida, del crédito consignado... y ha entrado en la sociedad de consumo. ¿Y ahora qué? Bien dijo el poeta cubano Ricardo Retamar: "el ser humano tiene dos hambres: hambre de pan, que es saciable, y hambre de belleza, que es insaciable". Por belleza se entiende la educación, la cultura, el reconocimiento de la dignidad humana y de los derechos personales y sociales, una atención sanitaria de calidad y un transporte básico menos inhumano.

Esta segunda hambre no ha sido atendida adecuadamente por el poder público, sea el PT u otros partidos. Los que han saciado su hambre, quieren ver atendidas otras hambres, y no en último lugar el hambre de cultura y de participación.

Aumenta la conciencia de las profundas desigualdades sociales, que es el gran estigma de la sociedad brasileña. Este fenómeno se hace más y más intolerable en la medida en que crece la conciencia de ciudadanía y de democracia real.

La democracia, en sociedades profundamente desiguales como la nuestra, es puramente formal, practicada sólo en el acto de votar (que en el fondo viene a ser el poder de elegir a su "dictador" cada cuatro años, porque el candidato, una vez elegido, da la espalda al pueblo y practica la política palaciega de los partidos).

Una política que aparece como una farsa colectiva y esa farsa está siendo desenmascarada. Las masas quieren estar presentes en las decisiones de los grandes proyectos que les afectan y para los que no se les consulta en absoluto. Y no hablemos de los indígenas cuyas tierras son secuestradas para el agronegocio o las industrias hidroeléctricas.

Este hecho de la multitud en las calles me recuerda la obra de Chico Buarque de Hollanda y Paulo Pontes escrita en 1975: "La gota de agua". Se ha llegado a la gota que desborda el vaso. Los autores de alguna manera intuyeron el fenómeno actual al decir en el prefacio del libro: "La clave es que la vida brasileña pueda ser devuelta, en el escenario, al público brasileño... Nuestra tragedia es una tragedia de la vida brasileña".

Ahora esta tragedia es denunciada por las masas que gritan en las calles. El Brasil que tenemos no es para nosotros, no nos incluyen en el pacto social que garantiza siempre la parte del león para las élites. Quieren un Brasil brasileño en el que el pueblo cuenta y quiere contribuir a la reconstrucción del país sobre otras bases, formas más democráticas, participativas, más éticas y menos malvadas de relación social.

Este grito no puede dejar de ser escuchado, comprendido y seguido. La política puede ser otra en el futuro.

Leonardo Boff





UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA
Escrito por  Francisco Asensi

Francisco y las canonizaciones
Acabo de enterarme de que el papa Francisco piensa canonizar a Juan Pablo II a la vez que a Juan XXIII. También se ha dicho que tiene la intención de beatificar al arzobispo Oscar Romero y a Álvaro del Portillo, el sucesor de Escrivá de Balaguer en la prelatura del Opus Dei... ¿Qué intenta con esa mezcolanza? Porque salta a la vista que los miembros de cada duplo poco tienen en común, por no decir que son polos opuestos.

Hasta que llegó Wojtyla, con su afán (capricho, diría yo) de llenar el cielo de santos, las causas seguían un proceso lento, sereno, escrupuloso, sin quemar etapas. Con su Constitución Divinus perfectionis Magister de 1983, el ritmo se volvió frenético, loco.

Los procesos se redujeron a la simple redacción de una positio, sin debates serios sobre la heroicidad de las virtudes, con total arbitrariedad a la hora de seleccionar los testigos, con la dispensa de milagros, etc.

De ese modo, cualquier siervo de Dios que contase con influencias y dinero abundante para afrontar los cuantiosos gastos y comprar algunas voluntades tenía la mitad del camino recorrido. No obstante, muchas causas fracasan no porque sus protagonistas no hayan llevado una vida virtuosa y sean merecedores de los altares, sino porque sus postuladores desconocen los entresijos y recovecos de la tramoya y dan palos de ciego.

Lo primero que los promotores han de averiguar es si la santidad de su patrocinado concuerda con la santidad oficial vigente en el Vaticano; de otro modo, perderán el tiempo y malgastarán su dinero. Cada época tiene su moda de santidad. Hay verdaderos santos por los que hoy no se da un céntimo.

Un ejemplo de lo que digo: el arzobispo Oscar Romero, considerado mártir en Latinoamérica. La Iglesia de los pobres que defendió hasta derramar su sangre se da de bruces con la Iglesia que fomentó Wojtyla y Ratzinger. ¡La Iglesia de los pobres no se ha puesto de moda hasta que ha llegado el papa Francisco!

Como digo, para que un personaje llegue a los altares hay que encontrar un relator que, como ocurre en el mundo de las novelas, sepa tejer bien la trama y contar su vida y milagros de modo que encaje en la línea de la santidad oficial. Si no acierta a la primera y la positio es rechazada, no tiene que desanimarse: todo es cuestión de redactarla de nuevo, volviendo del revés lo que antes había escrito al derecho, hasta presentar una hagiografía al gusto de los cardenales que han de decidir.

¿Y qué decir de los milagros que se exigen? El cupo se ha rebajado, se ha reducido a uno, como si los santos de hoy fuesen más enclenques que en el pasado e incapaces de obrarlos. Ya no tenemos santos que resuciten muertos, o recompongan cuerpos descuartizados, o vuelen por los aires, o aparezcan en varios lugares a la vez. Los milagros de hoy están abaratados. Los postuladores sólo aportan curaciones de tumores, cánceres o cosas por el estilo. ¡Muchas radiografías, análisis de laboratorio y literatura médica! En definitiva, nada rotundo y concluyente. El caso de Escrivá de Balaguer ha quedado como ejemplo flagrante de esto que digo.

A diferencia de otros tiempos, en que se respetaba la independencia y buen hacer de la Congregación, con la llegada de Juan Pablo II, como digo, quedó completamente a merced de las continuas intromisiones papales. Wojtyla señalaba los individuos a canonizar según sus intereses políticos y personales, y fijaba la fecha sin importarle lo más mínimo la fase en que se hallase el proceso y lo que pensase el "abogado del Diablo".

Ratzinger, motu proprio o presionado por la Curia, siguió esa misma conducta. ¿Seguirá por esa senda el papa Francisco? Puede que la Iglesia sea infalible y eterna pero el Vaticano es muy voluble y terrenal, y sus criterios respecto a las canonizaciones ni son santos ni siempre los mismos.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que, por encima de la heroicidad de las virtudes (heroicidad que en el caso de Escrivá de Balaguer y del papa Wojtyla no está suficientemente probada), la finalidad que se persigue al canonizar a los venerables es poner como tipo de Iglesia la que defienden sus promotores. La Curia y los movimientos ultraconservadores en el caso de Juan Pablo II. El Opus Dei en los casos de Escrivá de Balaguer y de Álvaro del Portillo.

No es lo mismo la Iglesia polaca, que el papa Wojtyla impuso a todo el orbe católico, que la Iglesia de Juan XXIII, la del Concilio, diametralmente opuesta. Como nada tiene que ver la Iglesia que promovía el arzobispo Óscar Romero y la Iglesia de Álvaro del Portillo que patrocina el Opus Dei. Expuestos estos considerandos, es inevitable preguntarse qué idea de Iglesia tiene el papa Francisco.

En este asunto nada baladí de las canonizaciones, tengo la impresión de que el papa Francisco da un paso hacia atrás; o una de cal y otra de arena. Al menos, adopta una decisión ambigua. Está fuera de duda de que el papa Francisco, al ser elegido pontífice, ha ido a parar a un nido de víboras que no se lo pondrá nada fácil.

¿Acaso la sombra ultraconservadora de Benedicto XVI es demasiado alargada? Se ha encontrado con una Iglesia dividida y con grupos enfrentados. Así las cosas, es su obligación no fomentar ni mantener la división y el enfrentamiento, sino ayudar a la tolerancia, el respeto, la unión. Ser el papa de todos los católicos no es tarea fácil pero no creo que sea necesaria esa ambigüedad. El papa Francisco tendrá que pensar qué tipo de Iglesia le conviene al mundo de hoy y cuál va a ser el rumbo a seguir. Si ha optado por una Iglesia pobre y para los pobres no parece que este tipo de Iglesia case muy bien con algunas de las canonizaciones en curso.

Francisco Asensi