miércoles, 12 de junio de 2013

DEFENSOR DE LAS PROSTITUTAS - José Antonio Pagola



DEFENSOR DE LAS PROSTITUTAS - José Antonio Pagola
 
Jesús se encuentra en casa de Simón, un fariseo que lo ha invitado a comer. Inesperadamente, una mujer interrumpe el banquete. Los invitados la reconocen enseguida. Es una prostituta de la aldea. Su presencia crea malestar y expectación. ¿Cómo reaccionará Jesús? ¿La expulsará para que no contamine a los invitados?
​La mujer no dice nada. Está acostumbrada a ser despreciada, sobre todo, en los ambientes fariseos. Directamente se dirige hacia Jesús, se echa a sus pies y rompe a llorar. No sabe cómo agradecerle su acogida: cubre sus pies de besos, los unge con un perfume que trae consigo y se los seca con su cabellera.
​La reacción del fariseo no se hace esperar. No puede disimular su desprecio: “Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer y lo que es: una pecadora”. El no es tan ingenuo como Jesús. Sabe muy bien que esta mujer es una prostituta, indigna de tocar a Jesús. Habría que apartarla de él.
​Pero Jesús no la expulsa ni la rechaza. Al contrario, la acoge con respeto y ternura. Descubre en sus gestos un amor limpio y una fe agradecida. Delante de todos, habla con ella para defender su dignidad y revelarle cómo la ama Dios: “Tus pecados están perdonados”. Luego, mientras los invitados se escandalizan, la reafirma en su fe y le desea una vida nueva: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”. Dios estará siempre con ella.
​Hace unos meses, me llamaron a tomar parte en un Encuentro Pastoral muy particular. Estaba entre nosotros un grupo de prostitutas. Pude hablar despacio con ellas. Nunca las podré olvidar. A lo largo de tres días pudimos escuchar su impotencia, sus miedos, su soledad... Por vez primera comprendí por qué Jesús las quería tanto. Entendí también sus palabras a los dirigentes religiosos: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de los cielos”.
​Estas mujeres engañadas y esclavizadas, sometidas a toda clase de abusos, aterrorizadas para mantenerlas aisladas, muchas sin apenas protección ni seguridad alguna, son las víctimas invisibles de un mundo cruel e inhumano, silenciado en buena parte por la sociedad y olvidado prácticamente por la Iglesia.
​Los seguidores de Jesús no podemos vivir de espaldas al sufrimiento de estas mujeres. Nuestras Iglesias diocesanas no pueden abandonarlas a su triste destino. Hemos de levantar la voz para despertar la conciencia de la sociedad. Hemos de apoyar mucho más a quienes luchan por sus derechos y su dignidad. Jesús que las amó tanto sería también hoy el primero en defenderlas.
José Antonio Pagola
 
Red Evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a defender a las mujeres
más indefensas.
Pásalo.
11 Tiempo ordinario (C)
Lucas 7,36-8,3

LO QUE A DIOS LE PLACE
Escrito por  Florentino Ulibarri

Cuando entré en tu casa
tú no me ofreciste agua para los pies;
ella, en cambio, me los ha regado
con sus lágrimas
y me los ha secado con su pelo largo.
 
Tú no me besaste;
ella, en cambio, desde que entró
no ha dejado de besarme.
 
Tú no me echaste ungüento en la cabeza;
ella, en cambio, ha ungido hasta mis pies
con perfume caro.
 
Y si pasamos a otras cosas...
 
Tú me invitaste
y me has dejado plantado;
ella se invitó
y me ha acompañado.
 
Tú has estado mirando de reojo;
ella, con ternura y amor desbordado
a través de sus húmedos ojos llorosos.
 
Tú, en tu fuero interno, has murmurado
de ella y de mí sin reparo;
ella me ha amado como sabe
y me place ser amado.
 
Tú has sido bien tacaño
y hasta taimado;
ella, agradecida
con sus gestos humanos.
 
Tú te has escandalizado;
ella ha recuperado su dignidad perdida
y se ha salvado...
 
El banquete ha terminado.
No te sorprendas.
Dios quiere personas nuevas.
 
Florentino Ulibarri



EL VALOR SUPREMO ESTÁ EN LA PERSONA, NO EN SU MORAL
Escrito por  Fray Marcos
Lc 7, 36-8, 3

Este relato lo narran los cuatro evangelistas, aunque con detalles muy diferentes. Es un relato clave en los evangelios, porque nos demuestra con un hecho concreto, la actitud de Jesús para con los pecadores; pero también la actitud de aquellos fariseos cumplidores, que no eran capaces de ver más allá de sus narices o mejor, más allá de lo que manda la Ley. Los fariseos identificaban al pecador con su pecado. Jesús ve el valor de la persona humana más allá de sus fallos, que puedan hacernos pensar que esa persona es despreciable.

Hoy no se necesita mayores exégesis, porque el mensaje está muy claro. La clave está en analizar con cuidado los personajes que manifiestan sus actitudes a través del relato. La pecadora, Jesús, el fariseo y en los otros evangelistas, los apóstoles (Judas), que desde la superficialidad y raquitismo, desde la que solemos operar la mayoría de los mortales, no se enteran de nada y hablan, de despilfarro y de los pobres. Pero no debemos olvidar, que el verdadero protagonista es Dios o mejor las ideas sobre Dios.

Es muy interesante descubrir que este relato y otros parecidos, no concuerdan con la idea que los cristianos hemos mantenido sobre los fariseos. No debían ser tan enemigos de Jesús, cuando le invitaban a comer, gesto que solo se tenía con las personas distinguidas y de cierto rango. Aunque no estuvieran de acuerdo con muchas de sus enseñanzas, su oposición no debió ser tan tajante desde el principio.

"Evangelio" significa en griego, buena noticia. Pues la mejor de todas las noticias que podía recibir cualquier ser humano es la que vamos a comentar hoy: Dios es perdón, porque Dios es amor. Tal vez sea el aspecto más original de todo el mensaje de Jesús. La experiencia de Dios que llegó a tener él, es la raíz de todo su mensaje. Esa experiencia le llevó a hablar de Dios como Abba (padre y madre). Si no comprendemos y aceptamos este mensaje, todo lo demás carece de coherencia y nos llevará a un callejón sin salida.

Los judíos no fueron capaces de encajar el tema del perdón tal como lo predicaba Jesús. Claro que creían en el perdón de Dios, pero lo interpretaban a la manera del perdón humano. Después de dos mil años, seguimos sin aceptar el perdón que predicó Jesús. Seguimos escandalizándonos de que Dios ame a los malos. Aceptamos que Dios perdone a los buenos, pero eso de que ame al pecador antes de que se arrepienta, es algo que supera todo lo que pudiéramos aceptar de un Dios "justo". ¿Que ventajas tendríamos, entonces los que nos portamos bien, aunque alguna vez fallemos? Es ésta una actitud muy sutil que pone de manifiesto hasta qué punto aceptamos con sordina el mensaje del evangelio.

Nos distanciamos del evangelio cuando planteamos nuestras relaciones con Dios como si fuera un ser humano. Es más, nos atrevemos a decirle que tome ejemplo de nosotros (perdónanos como nosotros perdonamos).

Dios no tiene actos. En Dios los verbos no se conjugan porque no está afectado por tiempos ni modos. Dios todo lo que hace, lo es. Todo lo que posee, es esencial en Él. Pensar que Dios cambia de postura con relación a un pecador porque hace penitencia es descabellado, si lo entendemos literalmente. Es solo una manera de decir que el pecador, en un momento determinado, se da cuenta de lo que Dios es para él, y que sus pecados no le han apartado un ápice de ese Dios que es amor.

"Tus pecados están perdonados". El mismo evangelio presupone una mala interpretación de la frase cuando se pone en duda la potestad de Jesús para perdonar pecados. No queremos ver la realidad. Jesús no dice: 'Yo te perdono', porque con el conocimiento que tiene de Dios, sabe muy bien, que ni él ni Dios tiene nada que perdonar. La actitud de Dios es siempre la misma, no puede cambiar. Eternamente será amor.

Lo que dijo Jesús, lo puede decir cualquiera a cualquiera. Por parte de Dios, tus pecados están siempre perdonados. La pelota está siempre en tu tejado. Tú eres el que debes cambiar tu actitud vital para que descubras ese perdón y pueda significar algo esencial para cambiar tu vida. El descubrir que Dios sigue amándote, a pesar de tus fallos, tiene que llevarte a una confianza absoluta y total en Él. Eso confianza es el fundamento de todo futuro verdaderamente humano. Sin esa confianza, el futuro se oscurece definitivamente.

Este es el mensaje de Jesús. Esto es lo que Jesús quiso decirnos de Dios. Otra cosa es que nosotros lo hayamos aceptado realmente. ¿En qué lugar queda la confesión, tal como se ha entendido durante siglos? Es un problema que tenemos que resolver, pero nunca a costa del mensaje evangélico. La confesión se ha utilizado muchas veces como instrumento de control sobre la gente. Esto es lo que tenemos que superar. Recordemos aquel cuento oriental: Un vendedor de agua tenía su puesto muy cerca de una fuente, el éxito de su negocio consistía en que los transeúntes no descubrieran que la fuente estaba a unos metros de distancia, detrás de unos arbustos... La conclusión es clara: no os dejéis engañar, no aceptéis agua envasada y tasada. Id a la fuente.

Lo que acabamos de decir, no sólo no hace inútil la confesión, sino que le otorga su verdadera dimensión humana. Para mí, la confesión es el más maravilloso invento de nuestros dos mil años de cristianismo. El mayor bien que yo mismo he hecho nunca a una persona ha sido en la confesión. Dios no necesita la confesión, pero nosotros sí. Esto debemos tenerlo muy claro a la hora de utilizar el sacramento de una manera provechosa. La confesión es un signo que debe llevarme al descubrimiento de una realidad, el amor que es Dios. Es un proceso de iluminación que cambia la manera de verme.

Basta tomar conciencia de que alguien me ama para que todo cambie a mi alrededor La mujer del evangelio mostraba un agradecimiento tan grande, porque era consciente de que el perdón que había recibido era signo de un gran amor. El amor es una realidad tan profundamente humana que nadie, que se sienta querido de verdad, puede seguir indiferente. Es más, solo si uno se siente amado, podrá descubrir su capacidad de amar.

El automatismo a la hora de celebrar los sacramentos no tiene sentido. La confesión no es un quitamanchas. La confesión es un proceso que me debe llevar de una conciencia de pecado a una conciencia de superación de esos fallos. De una desesperanza a una total confianza, en lo que yo soy, y en lo que es Dios. Esta es la verdadera fe-confianza. El objetivo primero de la confesión debe ser el descubrir el amor incondicional de Dios. Una vez que nos sentimos amados, surgirá en nosotros el deseo de corresponder, amando.

No podremos entender el tema del perdón si no tenemos claro el concepto de pecado. Pecado no es el incumplimiento de una ley. Una acción o una omisión, no son pecado porque esté mandada o prohibida. Al contrario, está mandado o prohibido porque es pecado. Esta sutileza no es fácil de captar, pero es imprescindible para aclararse.

Si no descubro la razón de mal en lo que hago o dejo de hacer, nunca estaré motivado para la acción o la omisión. El pecado siempre es fruto de una falta de conocimiento. Si yo estoy convencido de que algo es malo para mí, nunca podría la voluntad apetecerlo. Cuando la voluntad quiere algo, es porque la razón se lo presenta como bueno. Por eso la superación del fallo no se consigue por voluntarismo, sino por un conocimiento más profundo.

"Tu fe te ha salvado". No es lo que ha hecho y dicho Jesús lo que salva. Es el cambio de actitud de la mujer, reconociendo y confesando su pecado, y descubriendo que por parte de Dios está superado, lo que le ha traído la salvación. En realidad se trata de una toma de conciencia de lo que Dios es, a pesar de lo que somos nosotros. Es reconocer que Dios, que me conoce mejor que yo mismo, me acepta como soy.

Aquí "fe", como casi siempre en la Biblia, significa confianza. La confianza salva siempre, porque no tiene en cuanta la calidad ni la cantidad de los fallos sino la calidad de la confianza que tengamos en Dios.

Meditación-contemplación
 
"Tus pecados están perdonados".
El mayor obstáculo para una experiencia mística,
es el creer que mis fallos me alejan de Dios.
Este sentimiento es fruto de un desconocimiento del hombre y de Dios.
......................
 
Si no somos capaces de aceptarnos tal como somos.
Nuestra relación con Dios estará falseada y no puede llevarnos a buen puerto.
Descubrir que Dios nos acepta como somos,
es un gran avance para que nos aceptemos también nosotros.
......................
 
Si consigo ir más allá de mis fallos,
descubriré mi ser luminoso e intachable.
Descubriré que esa parte de mi ser no depende de mi sino de Dios.
Es por tanto, amable, digno de ser amado, por Dios y por mí.
.......................

Fray Marcos



UNIDOS EN LA ORACIÓN
Escrito por  Mari Patxi Ayerra

Presentamos al Señor nuestras peticiones, junto al pan y el vino, respondiendo a ellas, como comunidad: "Te pedimos unidos, Señor".

• Por todas las personas que tienen dificultades emocionales, económicas o físicas, para que tú nos hagas fuertes y nos quites los miedos,
Te pedimos unidos, Señor

• Por cada ser humano que necesita el encuentro contigo, para poder con la vida,
Te pedimos unidos, Señor

• Por las familias, para que vivan la dificultad en confidencias y con amor,
Te pedimos unidos, Señor

• Por la iglesia que formamos entre todos, para que este nuevo curso responda a las necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo,
Te pedimos unidos, Señor

• Por los políticos y responsables de la marcha de la sociedad, para que sientan empatía por los más desfavorecidos y obren lo mejor posible para facilitar la vida de las personas,
Te pedimos unidos, Señor

Escucha, Padre Dios, esta oración que hoy te presentamos como comunidad, para que nos ayudes a vivir unidos como hermanos. Amén.

Mari Patxi Ayerra



El miedo al Papa y el miedo a los pobres
José Ma. Castillo

Es un hecho que abundan en la Iglesia las personas a quienes no les gusta el papa Francisco. Más aún, es un hecho también que existen en la Iglesia personas que le tienen miedo a este papa. Ese miedo se explica, no sólo porque Francisco es un hombre que no se ajusta a las costumbres y al modo “normal” de proceder de los papas que hemos conocido, sino además porque Francisco no para de hablar de un tema que, por lo visto, a no pocas personas les pone nerviosas. Me refiero al tema de los pobres.

Yo no sé qué tienen los necesitados, que, cuando ese asunto se plantea, somos muchos (me meto yo también, por supuesto) los que nos sentimos mal, sobre todo cuando eso se nos presenta a fondo, con todas sus causas y todas sus consecuencias. Además - y esto es lo más grave -, este papa no se limita a recordarnos el amor que debemos tener a los necesitados, sino que, además de eso y sobre todo a propósito de eso, en sus discursos y homilías, suele arremeter contra la gente de Iglesia, denunciando, sin pelos en la lengua, a los funcionarios de la religión que no hacen lo que tienen que hacer, que se muestran como unos trepas que lo que quieren es colocarse en puestos de importancia, ganar dinero y vivir bien. Y Francisco hasta ha llegado a denunciar públicamente a los mafiosos vestidos de sotana. No estábamos acostumbrados a este lenguaje en “los augustos labios del Pontífice”, según solía expresarse “L’Oservatore Romano” hasta los tiempos de Juan XXIII, que cortó en seco con semejante estupidez en la forma de hablar.

No estoy exagerando. Y menos aún inventando cosas que no son verdad. La semana pasada he estado en Italia dando unas conferencias. Y allí me han dado cuenta de gente de mucho nombre y de mucho rango, en los ambientes eclesiásticos y clericales, a quienes no les llega la camisa al cuerpo. ¿Temen traslados? ¿Temen descensos? ¿Tienen miedo a no alcanzar lo que ya creían estar tocando con punta de los dedos? ¡Cualquiera sabe! Sea lo que sea, lo que parece no admitir duda es que se está reproduciendo exactamente lo que insistentemente repiten los evangelios: los sumos sacerdotes del tiempo de Jesús, con las otras autoridades religiosas, senadores y letrados, “tenían miedo” (Mt 21, 26. 46; Lc 20, 19; Mc 11, 18; Lc 22, 2; Mc 11, 32; 12, 12). Miedo, ¿a quién? A la gente, al pueblo, a los pobres. Así lo dicen los textos de los evangelios. Como dicen también que Jesús les espetó en su cara que habían convertido el templo en una “cueva de bandidos” (Mt 21, 13; cf. Jer 7, 11 par). Por eso el papa no ha tenido reparo en repetir, refiriéndose a determinados clérigos actuales, que son unos “ladrones”. Y Francisco añadía: “lo dice el Evangelio”.

Hay quienes se quejan de que este papa no toma decisiones. Porque no quita a unos y pone a otros en los cargos más importantes de la Curia. Nadie sabe lo que el papa Francisco piensa hacer. Lo que sabemos es lo que ha hecho ya. Y, por lo menos hasta ahora, ha hecho dos cosas que están a la vista de todos : 1) Ha adoptado una forma de vivir, que no es la que estábamos acostumbrados a ver en los papas hasta ahora. 2) Se ha puesto decididamente a favor de los pobres y habla muy duro en contra de los ricos y de los trepas que buscan poder y privilegios.

¿Se va a quedar en eso? Yo creo que no. Estamos empezando, nada más que empezando. Y eso es lo que más miedo les da a algunos. Pero, en cualquier caso, no vendrá mal recordar que Jesús hizo lo mismo que hasta ahora viene haciendo este papa: llevar una vida austera y tener una libertad para hablar y hacer ciertas cosas, que sacan de quicio justamente a los mismos que sacó de quicio la conducta de Jesús. Francisco trae de cabeza a los más observantes de no pocas tradiciones que en los sectores más tradicionales de la Iglesia se consideraban intocables. Y mire Vd por dónde las dos cosas que ya ha puesto en marcha Francisco - que son las dos que puso en marcha Jesús - fueron (y siguen siendo) el motor de cambio en la historia: 1) una forma de vivir sencilla y solidaria; 2) y una opción preferente por los pobres, que descoloca a los privilegiados e importantes, hasta ponerlos en el último lugar.

El papa Francisco no ha nombrado cargos ni ha tomado decisiones clamorosas. Se ha limitado a poner en el centro de sus preocupaciones lo mismo que puso Jesús: el sufrimiento de los pobres. Y eso les ha metido el miedo en el cuerpo a los que anhelaban un papado con otras pretensiones. Las pretensiones de los trepas y la ambición de la observancia que bien puede ocultar una ética dudosa, quizá contradictoria con la conducta de la gente honrada. Y termino: les aseguro que me da lo mismo que el papa sea progresista o conservador. Lo que me importa de verdad es que el papa Francisco se ha centrado y concentrado en el Evangelio. No para de hablar de Jesús, de lo que hizo y dijo Jesús. Tenga la ideología que tenga, si está identificado con Jesús, me siento espontáneamente identificado con el papa. Ni más ni menos que eso.

José Ma. Castillo



NO TEMAS
Escrito por  José Arregi

Me acuerdo perfectamente dónde y cuándo me dijo mi padre: "El hombre no debe tener miedo ni aunque lo estén despellejando". Yo era entonces un chaval de 11 años, tímido, incluso temeroso, y quedé muy impresionado. Imaginé con asombro que mi padre sería capaz permanecer impertérrito aunque lo despellejaran. Pronto descubrí que no era así, cuán fácilmente se alarmaba. Pero a la vez tenía esa seguridad profunda tan campesina, cuasi telúrica, arraigada en la Tierra o en Dios, de que nunca faltaría a su numerosa prole con qué vivir y salir adelante, a pesar de la pobreza.

No todo miedo es malo. El miedo es una señal de alerta, un mecanismo de supervivencia. Ante un riesgo cualquiera, en nuestro cerebro primario –que compartimos con casi todos los animales, por ejemplo los reptiles– se activa la amígdala del lóbulo temporal y nos pone a la defensiva. Sin esa alarma no podríamos sobrevivir. Lo que pasa es que nuestro cerebro "superior" –así lo llamamos solo porque es nuestro– recuerda demasiado los peligros del pasado y los proyecta en el futuro, inventa peligros y hace que aumenten los miedos sin causa. Y esos miedos, que son la mayoría, impiden la paz, no nos permiten respirar y vivir.

No es que nos falten motivos reales para temer. Nos están despellejando, efectivamente. Cada semana nos arrancan un nuevo tirón desde Berlín, Bruselas o La Moncloa, o desde los grandes bancos cuyas deudas nos están haciendo pagar a todos. Y si eres de los que pagas puntualmente tu hipoteca, pronto verás cómo tu banco te ofrece nuevos créditos para seguir despellejándote, hasta que algún día te echen de tu trabajo o de tu casa. Nos están robando ese "espacio de seguridad" que –como decía Maurice Zundel– "nos permite convertirnos en espacio de generosidad". Nos lo ponen muy difícil para seguir confiando y siendo generosos.

A pesar de todo, ahora que nos están arrancando la piel en nombre de un futuro cada vez más oscuro, es posible y es muy bueno decirnos de todo corazón y escuchar desde el Corazón de la Realidad o de Dios la voz que nos dice: "Amiga, amigo, no temas".

No temas mirar de frente a la dura realidad y a lo que está por venir, ni de llamarlo por su nombre. Abre los ojos y ve lo que nos ha traído hasta aquí. Nadie somos inocentes, pero no todos somos igualmente culpables. Los que menos han ganado en los tiempos de bonanza son los que más están perdiendo en la crisis: ésos son los más inocentes. Entidades financieras, especuladores, corruptos y beneficiarios de pingües sobresueldos: ésos son los más culpables. Y los políticos que se les someten. ¿Cómo se vuelven tan sensibles y vulnerables ante una pacífica protesta ante su portal quienes cada viernes o incluso cada día toman tan impasibles medidas violentas que empobrecen a los pobres sin impedir que los ricos se enriquezcan? Pero no se trata ante todo de repartir culpas ni de imponer castigos. Se trata de crear otro futuro desde la compasión.

No temas creer que otro futuro, otra política, otra economía es no solo necesaria, sino también posible. Si lo creemos, será posible. Si no lo creemos, no.

No temas abrirte a la esperanza y la utopía. La utopía no es para alcanzarla algún día, sino para saber hacia dónde caminar cada día. La utopía nos indica el camino y la esperanza nos impulsa a caminar.

No temas tu impotencia, ni tus incoherencias y desfallecimientos. Ni tus miedos. Tampoco temas el fracaso. No es preciso que lo des todo ni que salves a todos. Basta que añadas un granito de trigo a la mesa, un granito de arena a la casa.

"No temáis pensando qué vais a comer o con qué os vais a vestir –dijo una vez Jesús de Nazaret–. Mirad cómo viven las aves del cielo, cuán bellos son los lirios del campo". Las aves del cielo viven con poco y con muy poco son tan bellos los lirios del campo. También nosotros podremos ser felices, más felices incluso, con menos.

No temas, amiga, amigo, a pesar de todo.
No Temas
José Arregi

El esplendor de la confianza

Si no ves ningún fulgor en tu horizonte,
evoca las pacientes luces que anidan
luminiscentes en tu corazón.
 
Si la aflicción te lastima hasta el dolor,
déjate sanar por la ternura
que está aguardándote en el umbral.
 
Si el agua turbia del arroyo se asemeja
a un mar tormentoso y embravecido
crúzalo a pie, despaciosa, resuelta.
 
Si la tribulación anega tu mirada
con amargas lágrimas, desfallecidas,
llégate a quien te espera para el ardor y su abrazo.
 
Si rescatas del olvido el entusiasmo que está aguardándote,
la confusión y las brumas te abandonarán
para que el día te arrope con el esplendor de la confianza.