jueves, 20 de junio de 2013

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS - José Antonio Pagola


CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS - José Antonio Pagola

 Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.
 Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado "reprimida" en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía "la parábola del hijo pródigo", pero nunca la han escuchado en su corazón.
 El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.
 A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.
 El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.
 Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.
 El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.
  El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.
 Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la Buena Noticia de Dios. Pásalo. 10 de marzo de 2013
4 Cuaresma (C)
Lucas 15, 1-3. 11- 32

A PRUEBA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Caminamos erguidos,
orgullosos de estar contigo
y, atentos, escuchamos tu voz
cuando vienes a nuestro encuentro.

Respondemos lo mejor que sabemos
poniendo en ello alma, vida y corazón.
Y cuando te presentamos lo conseguido,
lo que hemos aprendido y sabemos,
alzas tu rostro sonriendo
y se desmorona nuestro sueño
de ser algo en tu reino,
pues desgranas con paciencia y tino:

Demasiada gente para la empresa;
mucha estructura;
ideologías muy complicadas;
sobrados de técnica;
planteamientos perfectos;
lenguaje para entendidos,
títulos que no entiendo;
medios excesivos;
zurrones repletos;
invocaciones muy religiosas;
análisis muy sociológicos;
seguridades por todos los flancos...
pero... poca fe, mis gedeones y amigos,
¡no puedo contar con vosotros!

Y tras el susto,
recordamos lo que siempre nos dices:
que basta tener fe
como un grano de mostaza, no más,
para ser tus discípulos y seguirte,
para satisfacerte y ser felices,
para salvar la vida
dándola
y viviéndola con menos precauciones.

¡Y así,
recobramos la sonrisa y la esperanza
y te seguimos por el camino
con paso ligero!

Florentino Ulibarri





¿QUIÉN ES JESÚS PARA MÍ?
Escrito por  Fray Marcos
Lc 9, 18-24

Los tres sinópticos relatan el mismo episodio, aunque con diferencias notables. Se plantea abiertamente el significado del mesianismo de Jesús. Tema que no quedó resuelto hasta después de la experiencia pascual. No se trata, pues de un relato estrictamente histórico, sino de un planteamiento teológico del tema más importante y complicado de todo el NT. Ni para ellos fue fácil aceptar el verdadero mesianismo, ni lo es para nosotros, pues seguimos sin aceptar que el ser cristiano lleva consigo renunciar al ego y darse a los demás.

Jesús estaba orando, como siempre que va a decir o hacer algo importante. El evangelio dice que el único que estaba orando era Jesús solo, aunque los discípulos estaban allí. Sin tener en cuenta esa oración de Jesús nada de lo que fue y predicó puede explicarse. La forma en que Jesús habla de Dios, se inspira en su experiencia personal. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Jesús experimentó que Dios lo era todo para él y él debía ser todo para los demás. Tomó conciencia de la fidelidad de Dios-amor y respondió vitalmente a esta toma de conciencia. Al atreverse a llamar a Dios "Abba" (Papá), Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el Absoluto.

Para Jesús, como para cualquier ser humano, la base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. "Intimior intimo meo". Descubrir su fundamento en Dios, es fuente de una inesperada plenitud. La experiencia de Dios será la revelación de la más alta humanidad.

Jesús de Nazaret nunca se presenta como absoluto. Para él lo único absoluto era Dios. Él se consideró siempre como un ser humano más. La opinión de la gente indica ya una alta consideración de la persona de Jesús, pero está lejos de acertar. La opinión de Pedro, parece acertada; pero "el Ungido", era la manera de designar al Mesías que el pueblo esperaba. Un Mesías nacionalista que traería la salvación política, económica y religiosa. Esa opinión no debe ser divulgada porque es también falsa. A continuación se nos propone la verdadera figura del Mesías que la primera comunidad pascual había descubierto con tanta dificultad.

El Mesías se convierte en "Hijo de hombre", el modelo de hombre, el ser humano que vive su plenitud. No es el triunfador, el poderoso, el que está por encima de los demás, sino el que aguanta, el que sufre, el que tiene que padecer las iras y rencores de los suyos, el humillado y despreciado, precisamente por no renunciar a ser "humano". Y todo esto hasta el extremo, hasta perder la vida por mantener esa actitud. El que quiera adherirse al Mesías, no tiene más remedio que emprender el mismo camino. Exige el negarse a sí mismo.

La frase de Jesús "el que quiera salvar su vida la perderá"; no es una exageración, sino una verdad básica. Hacer que todo gire en torno a nuestro falso "yo", es potenciar en nosotros aquello que tiene un valor relativo. No podemos dejar de ser egoístas si no superamos el apego a un "ego". En la medida en que ponga como objetivo último salvar mi vida, seré egoísta y por lo tanto me deshago como persona. En la medida en que sea capaz de desprenderme de todo apego, incluido el apego a la vida, a favor de los demás, estaré amando de verdad, y por lo tanto creciendo como ser humano. Mi Vida con mayúscula se potenciará, y la vida con minúscula, cobra entonces su auténtico sentido.

La pregunta que se hicieron aquellos primeros cristianos tenemos que hacérnosla nosotros hoy. ¿Quién es Jesús? La mejor prueba de que no es fácil responder, es la falsa alternativa, que se planteó en el siglo pasado, entre el Jesús histórico o el Cristo de la fe. Los discípulos compartieron su vida con el Jesús de Nazaret y aceptaron a aquel ser humano que les proporcionó una paz, una alegría y una seguridad increíbles; pero mientras vivieron con él, no fueron capaces de ir más allá de lo que veían. Solamente a través de la experiencia pascual se adentraron en el verdadero significado de aquella persona fuera de serie.

Al morir Jesús, se preguntaron si con la muerte de su líder se había acabado todo. Solo entonces empezaron a trascender la figura aparente de Jesús y descubrieron lo que se escondía detrás de aquella realidad visible. Fueron dándose cuenta de que allí había algo más que un simple ser humano. Entonces fueron conscientes de que el verdadero UNGIDO ya se encontraba en el Jesús de Nazaret. Este Mesías, descubierto en pascua, no coincide con el que esperaban los judíos y los propios discípulos, antes de esa experiencia. Ahora se trata de Jesús el Cristo, Jesucristo, genial integración del Jesús histórico y el Cristo de la fe.

Cristo no es una idea abstracta surgida en la primera comunidad de seguidores, sino la realidad de Jesús visto con los rayos X de la experiencia pascual. Cristo ni se puede identificar con Jesús ni se puede separar de él. Durante tres años, sus seguidores convivieron con él sin enterarse de quién era en realidad; pero una vez que desapareció su figura sensible, fueron capaces de descubrir lo que en aquella figura humana se escondía. No se puede separar el valor de una moneda, de la cantidad y la forma del metal que la constituye. La moneda tiene tal valor, precisamente porque tiene tal forma, tal tamaño y un determinado metal precioso. Todo lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad.

¿Quién es Jesús para nosotros hoy? No se trata de dar una respuesta teórica ni una cristología aquilatada que responda a todas las cuestiones formales relativas a la persona de Jesús. Mucho menos, dogmas que definan su naturaleza divina. Lo tenemos crudo, porque los evangelios nos hablan de Jesucristo desde la experiencia pascual, y es muy difícil descubrir al Jesús de Nazaret que ellos conocieron y del que partieron para llegar a Cristo. Los cristianos de hoy empezamos la casa por el tejado y cuando nos damos cuenta, resulta que carecemos de muros y sobre todo de cimientos. Sin experiencia pascual no hay cristiano.

Debemos darnos cuenta de lo lejos que estamos del encarnar en nuestra vida ese valor supremo, que Jesús encarnó. Somos cristianísimos para tener a Dios de nuestra parte y nos saque las castañas del fuego. Echemos una ojeada a nuestras oraciones y descubriremos la idea que tenemos del Mesías. La misma que Pedro propuso y rechazó Jesús. Lo hemos colocado a la derecha de Dios; le hemos dado plenitud de poder y gloria; le hemos hecho juez de vivos y muertos; para, a renglón seguido, decir que el que cumpla con lo que dijo se sentará con él a juzgar a los infieles. Estas cosas las dice el NT, en contra de la misma actitud de Jesús. Un ejemplo más de lo difícil que fue aceptar su mensaje.

Una cosa es llamarse cristiano y otra serlo. No es nada fácil darse cuenta de que la plenitud humana está en el desarrollo de una capacidad de salir de sí, de identificarse con los demás. No es nada fácil salir de la dinámica del hedonismo que nos empuja a dar satisfacción a los sentidos, a buscar lo más cómodo, lo que me agrada, lo que menos me cuesta. Mantener estas actitudes hedonistas y llamarse cristiano, es una contradicción. Pero tampoco debemos caer en la trampa del masoquismo. Dios quiere para cada uno de nosotros lo mejor. Quiere que disfrutemos de todo lo que nos rodea, de las personas y de las cosas. Todo es positivo, siempre que tengamos claro que lo primero es el bien integral del hombre.

No es fácil entender bien lo que hoy nos dice el evangelio. No se trata de machacar una parte de nuestro ser para salvar otra. Se trata de descubrir un fallo en nuestra percepción de nosotros mismos, es decir, que con frecuencia creemos ser los que no somos y vivimos engañados. Se trata de liberarnos de todo aquello que nos ata a lo caduco y nos impide elevarnos a la plenitud que nuestro verdadero ser exige. La liberación llega cuando hemos establecido una auténtica escala de valores y somos capaces de dar a cada faceta de nuestra compleja vida, la importancia que tiene, ni más ni menos.

Meditación-contemplación

Lo que Jesús es y significa, no se puede meter en conceptos,
porque está más allá de los sentidos y de la razón.
Si experimentas lo que hay de Dios en ti,
podrás vislumbrar lo que Jesús vivió y manifestó.
........................

Más allá de nuestro "yo" físico, psíquico y mental,
se encuentra nuestro auténtico ser,
que es lo divino que hay en cada uno de nosotros
y que está siempre ahí como la única realidad verdadera.
........................

Para alcanzar ese verdadero ser y verdadera Vida,
es necesario no quedar enganchado en lo terreno.
"Perder" lo caduco, lo contingente, lo limitado
es el único camino para alcanzar lo absoluto.
....................

Fray Marcos




HAZNOS DE LOS TUYOS, SEÑOR
Escrito por  Mari Patxi Ayerra

Presentamos en el altar, junto a nuestras vidas, las necesidades propias y ajenas que queremos presentar a Dios, para que nos vaya ayudando a conseguirlas:

• Por cada cristiano que hay en el mundo, para que viva su fe con alegría y plenitud, a la luz de tu Espíritu, de forma que sea una persona dinamizadora, festiva, coherente y despierte en los demás deseos de conocerte y seguirte.

Haznos de los tuyos, Señor

• Por los niños y jóvenes que no han oído hablar de Ti, para que te descubran, te disfruten y puedan sentir el gozo del consuelo, apoyo e impulso de tu espíritu hacia el amor y la justicia.

Haznos de los tuyos, Señor

• Por los padres y abuelos que quieren transmitir su fe a los suyos y no saben cómo hacerlo de forma adecuada, para que les des sabiduría, espiritualidad y experiencia de Ti que te contagien y transmitan..

Haznos de los tuyos, Señor

• Por los que apenas saben de Ti y creen que la felicidad está en lo que se tenga o se acumule, para que vivan un encuentro con tu Espíritu que les remueve el corazón.

Hazlos de los tuyos, Señor

• Por los gobernantes, los poderosos y la iglesia, para que tu Espíritu haga que trabajen juntos para el bien común de todos los pueblos, especialmente para los más necesitados.

Hazlos de los tuyos, Señor

Tú, Señor, conoces lo que necesitamos y soñamos. Recoge nuestras oraciones y haz de nosotros fieles seguidores de tu Espíritu de Amor, para que donde estemos cada uno seamos un poco mejor. Amén.

Mari Patxi Ayerra





Cien días de utopía realizable
Francisco: La revolución de la bondad
Pedro Miguel Lamet

Cuando en pleno cónclave, durante un debate de la Uno,  me pidieron un título sobre el cambio de pontificado, ofrecí este: “Dos papas y un destino: la credibilidad de la Iglesia”. También recuerdo haber deseado en una carta “un hombre con sabor a evangelio, a desprendimiento, pobreza y apertura; que no conciba la Iglesia como castillo sino como plaza de pueblo. Que no se encierre en el Vaticano sino que baje a la calle para encontrar a Dios no como una póliza de seguridad, sino como una luz que da sentido y se reparte. Pero sobre todo que traiga optimismo, que no se sienta el dueño de una propiedad, sino el pastor amigo, el padre cercano, el hermano en cuyo hombro este mundo nuestro pueda descansar. En una palabra que pueda ser llamado ‘Papa de los pobres’”. 
Aquello fue lanzado como una utopía casi irrealizable.  A los cien días de pontificado, se puede constatar que algunos de tales deseos han cristalizado en la figura del  papa Francisco. Ya en su primera aparición sus signos fueron sencillez, oración, sobriedad y cercanía, con una identidad casi explosiva a medio camino entre Asís y Loyola, la pobreza revolucionaria de Francisco y la astucia práctica de Ignacio. 
Se ha dicho que hasta el momento su pontificado se puede reducir a una serie de gestos; pero que ocultan una actitud. Más allá del cambio de habitación, zapatos, papamóvil, paramentos litúrgicos y  protocolo, hay en el papa Francisco un giro copernicano, una descentralización evidente al  resituar a la Iglesia en la periferia. Insiste en llamarse a sí mismo “obispo de Roma”, subrayando el primus inter pares sobre el mítico pontífice máximo; baja a la calle y la parroquia con actitudes de pastor más que de definidor dogmático; celebra la misa cotidiana de Santa Marta, opta por una vida comunitaria para evitar el espléndido aislamiento, y sobre todo da sus primeros pasos para tomarse en serio el casi arrumbado Vaticano II en su concepción de la colegialidad. El más significativo de ellos es  sin duda la elección del Consejo de cardenales para el peliagudo tema de la corrupción, y que parece que podría institucionalizarse en una fórmula permanente de asesoramiento papal o gobierno colegiado. Aun se esperan nombramientos claves. Pero va relativamente deprisa para los paquidérmicos movimientos históricos de la Iglesia. 
Nada que se sepa de la temida bicefalia papal. Benedicto XVI ha cumplido su palabra de “papa nascosto” y Francisco va a publicar con él una encíclica “a cuatro manos”. En su pensamiento, el papa argentino se está manifestando como un gran comunicador, que pone el acento en lo positivo  en vez de la condena sistemática de los males del mundo. Ha fustigado sin duda la guerra, el desprecio de la vida, la vaciedad de la sociedad de consumo, el egoísmo imperante, pero sin arredrarse contra el actual imperio de las finanzas, la lacra del paro y la explotación de los pobres, su principal preocupación.  Lo ha hecho de forma casi cotidiana en intervenciones de sabor parroquial y  hallazgo en el lenguaje, pidiendo a los curas “olor a oveja” o definiendo al Dios de la New Age como una especie de “dios spray”.
 A diferencia de muchos obispos españoles, que no salen del monotema del aborto, la homosexualidad o la enseñanza de la religión,  sin haber publicado aún un documento sobre ética económica de la crisis, Francisco arranca desde  la autocrítica de la propia Iglesia: corrupción, ambición, carrerismo.  Hace unos meses hubiera sido inconcebible oír a un papa  palabras como las dirigidas a los religiosos de América Latina: “Es posible que reciban una carta de la Congregación de la Fe, pero no se preocupen y sigan adelante en denunciar los abusos. Abran puertas, hagan algo ahí donde la vida clama. Prefiero una Iglesia que se equivoca por hacer algo,  que una que se enferma por quedarse encerrada”. 
¿Conservador pues o progresista? Incatalogable, porque,  aunque sigue siendo el Bergolgio de siempre tradicional en la doctrina, rompe el molde por su bondadosa autenticidad evangélica. Y a pesar de que no se esperan cambios en el celibato, la ordenación de la mujer ni en la cuestión de la homosexualidad, su giro de enfoque ha cautivado incluso a teólogos progresistas como Boff, Küng, Sobrino o Gustavo Gutiérrez. Es verdad que a estos y a las comunidades de base le chirrían su frecuente recurso al diablo o la simplificación del panteísmo en modelos actuales de contemplación. También que ya se percibe una oposición silenciosa en ambientes próximos a los nuevos movimientos o webs integristas y aristócratas, tan pendientes de la rúbrica o el modelo de Iglesia wojtyliano. Francisco les canonizará a Juan Pablo II en octubre, pero a la vez ha desbloqueado el proceso de “san” Romero de América. El pueblo le quiere y las encuestas le refrendan. 
¿Acabarán comiéndoselo los cuervos vaticanos como aventuran algunos? No creo. La paloma franciscana vuela con alas de discernimiento jesuítico.  Y sólo llevamos cien días con esta “revolución de la bondad”. 

Pedro Miguel Lamet 
(Artículo publicado hoy en el diario EL MUNDO) - 





El Cristo inmigrante
Jorge Costadoat

No discuto la obligación del Gobierno de regular la inmigración. Pero no es la protección contra los extranjeros lo que asegura la paz, sino acogerlos y tratarlos con dignidad. Miremos la historia: ¿quién es más chileno que el mestizo, mezcla de nativo e inmigrante a lo largo de sucesivas generaciones?
 Tengo a mano tres casos prometedores. Entre los buses de la Alameda vi a un vendedor ambulante peruano con un gorro que decía “Chile”. ¡Qué símbolo! Pero, ¿de qué? ¿Trataba  de ganar la simpatía de sus clientes? ¿Se protegía contra posibles agresiones? Tal vez quería sinceramente ser otro chileno más. ¿Por qué no?
 Un caso mejor es el de tantas nanas que han dejado el Perú para venir a cuidar  niños chilenos. Varios reparos se podría hacer a la calidad moral de estos empleos, pero lo que aquí importa es la convivencia familiar y muchas veces amorosa entre estos niños y sus nanas. ¡Éste sí que es símbolo! Pongamos atención: para salvar a sus hijos de la miseria, una mujer abandona su patria, parte a una tierra desconocida, a veces hostil, a educar niños ajenos. Nuestro ojo superficial nos dirá que una mujer peruana y humilde no podrá enseñar a nuestros hijos más que rarezas. Nuestro ojo profundo, en cambio, verá que nadie podrá educar mejor a estos niños que una nana así, porque no hay aprendizaje más importante que el del amor y mujeres como éstas enseñan a amar con el puro ejemplo de su inmenso sacrificio.
 Para el tercer caso recurro a la ficción: ¿cómo no imaginar el nacimiento de un niño hijo de peruana y chileno, o al revés? No nos extrañe que la soledad, los acosos o el amor verdadero traigan a luz este año, estos días, nuevos mestizos, semejantes a Jesús mitad judío y mitad galileo. Si así sucede, no habrá mejor símbolo de una nacionalidad híbrida como la nuestra que un niño, una niñita chileno-peruana. Ojalá la unión de las razas exprese el amor entre las razas y sea el amor la única fuerza del intercambio cultural entre los dos pueblos.
 Volvamos al caso de Jesús. Téngase en cuenta que poco después de nacido Jesús, él y sus padres fueron refugiados en Egipto. ¿Buscó José trabajo allí subcontratado en la restauración de una pirámide? ¿Estuvo María dispuesta criar a Jesús a ratos, empleada principalmente en alimentar y cambiar guaguas egipcias? No es obligatorio conmoverse con la historia del hijo de un carpintero. Pero no habrá razón para recordarlo, enternecerse, ni menos aún para creer en él, si no es para abrir el corazón al Cristo que estos días es objeto de recelo político, el Cristo que nos sale al paso en un coreano, un ecuatoriano o un peruano.