jueves, 14 de marzo de 2013

TODOS NECESITAMOS PERDÓN - José Antonio Pagola


TODOS NECESITAMOS PERDÓN - José Antonio Pagola

Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a "proclamar la liberación de los cautivos...y dar libertad a los oprimidos. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

Los acusadores "se van retirando uno tras otro". Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: "Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo".

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice "Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más".

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que "Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva".

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Anuncia el perdón inmerecido de Dios a todos. Pásalo
17 de marzo de 2013
5 Cuaresma (C)
Juan 8, 1-11

TUS DIBUJOS EN EL SUELO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Tus dibujos en el suelo
han tenido un efecto sorprendente:
el círculo moralista y acusador se ha roto
y, a solas contigo,
por primera vez, me he sentido libre.
Tus dibujos en el suelo
han sido el primer espejo no engañoso
que me ha hecho ver mi rostro triste,
mi ser pobre y vacilante,
y mis miedos de siempre.
Tus dibujos en el suelo
han creado un silencio penetrante,
pues han puesto al descubierto
la trágica parodia que vivimos
cuando nos creemos diferentes.
Tus dibujos en el suelo
me han devuelto la dignidad perdida,
cuando tu dedo suave y firme,
con el polvo de siempre y mis lágrimas perdidas,
ha plasmado mi nuevo rostro sonriente.
Después te has incorporado,
serenamente has mirado mis ojos,
me has besado como nadie,
y has dicho al aire: Vete y vive; ya sabes.
Y yo no me he atrevido a abrazarte.
Pero llevo tus dibujos del suelo
tatuados en mi piel para siempre,
pues has sido el primero en aceptarme,
en amarme y perdonarme gratis
y en dejarme limpia y libre.
¡Rompedor, como siempre!
Florentino Ulibarri

¡NINGUNA CONDENA EN NOMBRE DE DIOS!
Escrito por  Fray Marcos
Jn 8, 1-11

INTRODUCCIÓN
La principal característica de las tres lecturas de hoy es que nos invitan a mirar hacia adelante. Isaías desde la opresión del destierro, promete algo nuevo para su pueblo. Pablo quiere olvidarse de lo que queda atrás y sigue corriendo hacia la meta. Jesús abre a la adúltera un horizonte de futuro que los fariseos estaban dispuestos a cercenar.

El encuentro con el verdadero Dios nos empuja siempre hacia lo nuevo. En nombre de Dios nunca podemos mirar hacia atrás. A Dios no le interesa para nada nuestro pasado. A mí debía interesarme, solo en cuanto me permite descubrir mis verdaderas actitudes del presente y ver lo que tengo que rectificar.

CONTEXTO
El texto que acabamos de leer, está en un contexto artificial. No se encuentra en ningún otro evangelista y, seguramente ha sido añadido al evangelio de Juan. No aparece en los textos griegos más antiguos y ninguno de los Santos Padres lo comenta. Está más de acuerdo con la manera de redactar de Lucas; incluso aparece incorporado a este evangelio en algunos códices.

Está garantizado que es un relato muy antiguo y su mensaje está muy de acuerdo con todos los evangelios, incluido el de Juan. Puede ser que la supresión y los cambios se deban a su increíble mensaje de tolerancia y perdón, que se podía interpretar como lasitud o permisividad, en un tema tan sensible como el sexual. 

EXPLICACIÓN
En el relato, se destaca de manera clara el "fariseísmo" de los letrados y fariseos, acusando a la mujer y creyéndose ellos puros. Si con toda certeza saben que es culpable, ¿por qué no la ejecutan ellos? No aceptan las enseñanzas de Jesús, pero con ironía le llaman "Maestro". El texto nos dice expresamente que le estaban tendiendo una trampa. En efecto, si Jesús consentía en apedrearla, no solo perdería su fama de bondad y misericordia, sino que iría contra el poder civil, que desde el año treinta había retirado al Sanedrín la facultad de ejecutar a nadie. Si decía que no, se declaraba abiertamente en contra de la Ley, que lo prescribía expresamente. Como tantas veces, en el evangelio, los jefes religiosos están buscando la manera de justificar la condena de Jesús.

Si los pescaron "in fraganti", ¿dónde estaba el hombre? (La Ley mandaba apedrear a ambos). Hay que tener en cuenta que se consideraba adulterio la relación sexual de un casado con una mujer casada, no la relación de un casado con una soltera. La mujer se consideraba propiedad del marido, con el adulterio se perjudicaba al marido, por apropiarse de algo que era de él (la mujer). Cuando el marido era infiel a su mujer con una soltera, su mujer no tenía ningún derecho a sentirse ofendida. ¡Cómo iba a considerar venida de Dios, una Ley que estaba de acuerdo con esta barbaridad! ¡Qué poco han cambiado las cosas! Hoy seguimos midiendo con distinto rasero la infidelidad del hombre y de la mujer.

Aparentemente, Jesús está dispuesto a que se cumpla la Ley, pero pone una simple condición: que tire la primera piedra el que no tenga pecado. El tirar la primera piedra era obligación o "privilegio" del testigo. De ese modo se quería implicar de una manera rotunda en la ejecución y evitar que se acusara a la ligera a personas inocentes. Tirar la primera piedra era responsabilizarse de la ejecución. Nos está diciendo que aquellos hombres todos acusaban, pero nadie quería hacerse responsable de la muerte de la mujer.

En contra de lo que nos repetirán hasta la saciedad durante estos días, Jesús perdona a la mujer, antes de que se lo pida; no exige ninguna condición. No es el arrepentimiento ni la penitencia lo que consigue el perdón, sino que es el descubrimiento del amor incondicional lo que debe llevar a la adúltera al cambio de vida. Tenemos aquí otro gran margen para la reflexión. El perdón por parte de Dios es lo primero. Cambiar de perspectiva será la consecuencia de haber tomado conciencia de que Dios es Amor y está en mí.

APLICACIÓN
Es incomprensible e inaceptable que después de veinte siglos, siga habiendo cristianos que se identifiquen con la postura de los fariseos. Sigue habiendo "buenos cristianos" que ponen el cumplimiento de la "Ley" por encima de las personas. La base y fundamento del mensaje de Jesús es precisamente que, para el Dios de Jesús, el valor primero es la persona de carne y hueso, no la institución ni la "Ley". El PADRE estará siempre con los brazos abiertos para el hermano menor y para el mayor.

La cercanía que manifestó Jesús hacia los pecadores, no podía ser comprendida por los jefes religiosos de su tiempo porque se habían hecho un Dios justiciero. Para ellos el cumplimiento de la Ley era el valor supremo. La persona estaba sometida al imperio de la Ley. Por eso no tienen ningún reparo en sacrificar a la mujer en nombre de ese Dios inmisericorde. Por el contrario, Jesús nos dice que la persona es el valor supremo y no puede ser utilizada como medio para conseguir nada. Todo tiene que estar al servicio de los individuos.

Desde el Paleolítico, los seres humanos buscaron verse libres de sus culpas por medio de un "chivo expiatorio". En todas las religiones, podemos encontrar esta exigencia de los dioses. El colmo de esta servidumbre fue el sacrificio de un ser humano como medio de aplacar al dios. Una persona "elegida" como instrumento de propiciación y sacrificada, garantizaba la supervivencia y el bienestar del resto del pueblo.

Jesús nos dice que lo más preciado para Dios es precisamente la persona concreta. Que la causa de Dios es la causa de cada ser humano. Lo más contrario a Dios es machacar a un ser humano, sea con el pretexto que sea. Explicar la muerte de Jesús como sacrificio exigido por Dios para poder amarnos, va en contra de la esencia del mensaje del mismo Jesús.

Ni siquiera debemos estar mirando a lo negativo que ha habido en nosotros. El pecado es siempre cosa del pasado. No habría pecado ni arrepentimiento si no tuviéramos conciencia de que podemos hacer las cosas mejor de lo que las hemos hecho. Con demasiada frecuencia la religión nos invita a revolver en nuestra propia mierda, sin hacernos ver la posibilida¬d de lo nuevo, que seguimos teniendo, a pesar de nuestros fallos. Dios es plenitud y nos está siempre atrayendo hacia Él. Esa plenitud hacia la que tendemos, siempre estará más allá. Será como un anhelo que nos dejará sin aliento por lo no conseguido.

En la relación con el Dios de Jesús tampoco tiene cabida el miedo. El miedo es la consecuencia de la inseguridad. Cuando buscamos seguridades, tenemos asegurado el miedo. Miedo a no conseguir lo que deseamos, o miedo a perder lo que tenemos. Una y otra vez Jesús repite en el evangelio: "no tengáis miedo". El miedo paraliza nuestra vida espiritual, metiéndonos en un callejón sin salida. El acercamiento al verdadero Dios tiene que ser siempre liberador. La mejor prueba de que nos relacionamos con un ídolo, y no con Dios, es que nuestra religiosidad produce miedos.

El evangelio nos descubre la posibilidad que tiene el ser humano de enfocar su vida de una manera distinta a la habitual. La "buena noticia" consiste en que el amor de Dios al hombre es incondicional, es decir no depende de nada ni de nadie. Me ama porque es amor. Su esencia es el amor y no puede dejar de amar sin destruirse a sí mismo. Pero nosotros seguimos empeñados en mantener la línea divisoria entre el bueno y el malo. Fijaros que Jesús lo que hace es destruir esa línea divisoria. ¿Quién es el bueno y quien es el malo? ¿Puedo yo dar respuesta a esta pregunta? ¿Quién puede sentirse capacitado para acusar a otro hasta la muerte? El fariseísmo sigue arraigado en lo más hondo de nuestro ser.

Recordemos el evangelio del domingo pasado. La adúltera ha desplegado su hermano menor y se cree digna de condena. Los fariseos actúan desde su hermano mayor y se creen con derecho a condenar. Jesús está ya identificado con el Padre y unifica los tres. Tanto el menor como el mayor tienen que ser superados. Una vez más descubrimos que el menor está dispuesto a cambiar con más facilidad que el mayor. Seguimos empeñados en echar la culpa al otro, y naturalmente es el otro el que tiene que cambiar.

Meditación-contemplación

Tampoco yo te condeno.
Jesús nos dice, sin paliativos, que Dios no condena.
Todo aquel que se atreve a condenar, no habla en nombre de Dios.
Mientras esto no lo tenga claro, no daré un paso en la vida espiritual.
.............................
Si uno te ayuda a descubrir tus fallos,
te está ayudando a encontrar el camino de tu plenitud.
Si alguien te convence de que eres una piltrafa,
te está metiendo por un callejón sin salida.
.........................
Dios no es un ser que ama. DIOS ES AMOR y solo amor.
Cuando atribuimos cualidades a Dios, lo ridiculizamos.
Si descubro ese AMOR en lo más hondo de mí,
todo mi ser quedará empapado, trasformado en amor.
..........................
Fray Marcos

JESÚS DA LA CARA POR UNA MUJER DESCONOCIDA
Escrito por  José Enrique Galarreta
Jn 8, 1-11

El fragmento se inserta en la penúltima estancia de Jesús en Jerusalén, con motivo de la "Fiesta de las Tiendas", una gran fiesta religiosa anual que se celebraba desde antes del Exilio. Es la fiesta del cumplimiento de la Promesa, la fiesta mesiánica por excelencia. El símbolo fundamental era el agua, como signo de abundancia y de bendición de Dios, y las chozas de ramaje que se hacían alrededor de la ciudad, recordando la peregrinación por el desierto, desde las que se hacían procesiones rituales a las fuentes de Gijón, que brotaban en la ladera sudeste de la colina del Templo y derramaban el agua a la piscina de Siloé. Jesús ha aprovechado este simbolismo para declarar:

Si alguno tiene sed, que venga a mí
que beba el que cree en mí.
Como dice la Escritura
de su seno brotarán corrientes de agua viva.

Todo ello provoca la áspera disputa con las autoridades sobre la autoridad de Jesús, y discusiones entre la gente acerca de Jesús. Finalmente, los jefes mandan una patrulla para prenderle, pero los guardias se vuelven sin arrestarle diciendo: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como ese hombre!". ¡Qué admirable poder de la presencia y la palabra de Jesús, que deja embobados e inermes incluso a los policías que van a detenerle!

En este contexto se inserta el pasaje del evangelio de hoy. No es un texto original de Juan: es una adición posterior. Por sus características internas y literarias se parece mucho a Lucas. Incluso en algunos manuscritos antiguos se coloca en Lucas, después del 21, 38, es decir, al final de las últimas discusiones en el templo, inmediatamente antes del relato de la Pasión. De todas maneras nadie discute su autenticidad y es seguro que es un relato contemporáneo a los Evangelios, desplazado aquí por razones que conocemos mal.

El relato se podría incluir entre las "trampas" que se van poniendo a Jesús para desautorizarle. La discusión sobre el tributo al César, la cuestión de la Resurrección, el primer Mandamiento, el cuestionamiento de su autoridad... Esta vez la trampa es mortal. Condenar a la mujer, aparte de posibles problemas jurídicos sobre autoridad para condenar a muerte, supone que toda la doctrina del perdón no se lleva a la práctica. Perdonar a la mujer significa quebrantar la Ley de Moisés, "autorizar" el pecado. Es una trampa perfecta, rabínica, un callejón sin salida.

Jesús tenía una escapatoria; como lo hizo en Lucas 12,13 podía decir: ¿quién me ha nombrado a mí juez en Israel?. Pero entonces lapidarían a la mujer. Y es eso lo que quiere evitar Jesús, a toda costa.

La escena, por otra parte, es soberbia, incluso literariamente: el escenario, un pórtico del Templo; multitud de gente rodeando a Jesús, sentado, como un rabino prestigioso; un espacio libre en el centro, y allí, la mujer en pie y los sabios y santos del pueblo acosando a Jesús....

Como siempre, sin embargo, Jesús demuestra que todas esas dificultades están situadas en plano jurídico humano muy inferior, y "vuela" sobre ellas en una interpretación mucho más profunda. Varias son las frases determinantes.

"Aquel de vosotros que esté sin pecado, que tire la primera piedra"

¿Quién es el hombre para juzgar de los pecados de los hombres? La primera tremenda verdad que pasan por alto aquellos jefes religiosos es que se consideran jueces de la conciencia de los demás. Y esto pertenece sólo a Dios.

Pero, por encima de esto, hay otra lección más profunda, repetida en varios momentos por Jesús: ¿Por qué te consideras justo? La humanidad no está dividida en "justos" y "pecadores". La humanidad es una comunidad de pecadores, por lo que necesita del perdón para sobrevivir.

(La viga en tu ojo y la paja en ojo ajeno - El Fariseo y el Publicano - La parábola de los dos deudores - Todo ello culminación de la estupenda intuición del libro de Jonás: "pues si tú te contristas porque muere un arbusto, ¿no se va a preocupar Dios de la muerte de tantos hombres...?". Y, por encima de todo, la Parábola del Hijo Pródigo, que leímos el domingo pasado, en que muestra cómo es Dios respecto a los pecadores.)

Pero hay que recordar aquí que los escribas y los fariseos no hacen más que aplicar la ley, la ley de Moisés, la ley de "Dios":

LEVÍTICO 2,10: si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, será muerto, tanto el adúltero como la adúltera.

DEUTERONOMIO 22,22: si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos... Así harás desaparecer de Israel el mal.

¿Es que para Jesús La Ley no es válida? ¿No hay que cumplir la Ley de Dios? ¿No es Palabra de Dios?

Al responder a esta pregunta nos encontramos con dos sorpresas, fundamentales para entender lo de Jesús:

• Que sólo podemos afirmar que el Antiguo testamento es Palabra de Dios cuando es recogido por Jesús. Cuando es superado, corregido o negado por Jesús (recordemos Mateo 5,43 "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos...") no podemos entenderlo más que como pura provisionalidad, la manera, imperfecta, de entender la Palabra que se hizo en un tiempo muy lejano a la mentalidad de Jesús.

• Que Jesús supera la Ley en un sentido muy profundo: salvar a la persona es antes que cumplir la ley. Los escribas y fariseos quieren observar la ley matando a la persona. Jesús quiere salvar a la persona aun forzando la ley. No es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre.

Así, Jesús revela a Dios. Dios no es el que busca la justicia por el castigo. Dios es el que quiere salvar del pecado. Y nosotros los hombres o somos así o vamos contra Dios. Salvar al pecador, liberar del pecado es la obsesión de Jesús. Y por eso se indigna contra los "justos", porque en primer lugar no lo son, sino que son tan ciegos que no saben que son pecadores; y en segundo lugar porque, si lo son, es porque han recibido de Dios mucho más que otros, para que puedan salvar más.

"Tampoco yo te condeno. Vete en paz y no peques más"

Una vez más, Jesús ha actuado como Salvador, como Médico. Intenta ante todo curar a la mujer, y curar a los orgullosos letrados y fariseos, que son pecadores, están enfermos, pero no se dan cuenta, y ésa es su más grave enfermedad.

Es importante, sin embargo, darnos cuenta de que el mensaje no es que el pecado no tiene importancia. El pecado es una grave, quizá gravísima enfermedad. Quizá una enfermedad mortal. Una cosa es perdonar y otra decir que el pecado es indiferente.

El pecado es la muerte del hombre, y por tanto la preocupación de Dios, que no quiere que nadie se pierda (El Buen Pastor, la Oveja Perdida, la Mujer y las Cinco Monedas...). Pero Dios está para salvar, para evitar que el hombre se pierda. Dios es así. Esta es la Buena Noticia.

Nos viene a la memoria la "última acción de Salvador" de Jesús. Mientras le crucifican va diciendo "Perdónales porque no saben lo que hacen". Y casi justo antes de morir, acepta al ladrón que no le dice más que "no te olvides de este pecador".

Por tanto, nuestra actitud ante todos los hombres nunca es de condena, porque sabemos que no son culpables sino enfermos, como nosotros mismos. Y no les ofrecemos la salud nosotros los sanos, sino nosotros tan enfermos como ellos. Ninguna soberbia, ninguna superioridad, ningún sentido de que nosotros somos más que nadie: sedientos como todos, sabemos dónde está la fuente y compartimos el agua que hemos recibido. Oscuros como todos, nuestra mecha se ha encendido en el Fuego del Espíritu y procuramos que todo se encienda en él. Porque hemos entendido el sentido de la vida cristiana: dejar atrás todos los valores intrascendentes para dedicarse a la gran Misión: colaborar con el Salvador, ayudar a curar el mal del mundo.

La fuente de todo esto es el descubrimiento del amor de Dios. Dios ama. En el comportamiento de los fariseos y de Jesús frente a la mujer adúltera hay una diferencia esencial. A Jesús le importa la mujer, le quiere, quiere que salga de sus pecados. A los otros les importa sólo que se cumpla la Ley. Y éste es el secreto: si descubrimos que Dios nos quiere, empezaremos a querer, nos sentiremos hermanos en la enfermedad y procuraremos compartir la medicina.

José Enrique Galarreta SJ


DECLARACIÓN DEL P. GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

En nombre de la Compañía de Jesús doy gracias a Dios por la elección del nuevo Papa, Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., que abre para la Iglesia una etapa llena de esperanza.

Todos los jesuitas acompañamos con la oración a este hermano nuestro y le agradecemos su generosidad para aceptar la responsabilidad de guiar la Iglesia en un momento crucial. El nombre de "Francisco" con que desde ahora le conocemos, nos evoca su espíritu evangélico de cercanía a los pobres, su identificación con el pueblo sencillo y su compromiso con la renovación de la Iglesia. Desde el primer momento en que se ha presentado ante pueblo de Dios ha dado testimonio de modo visible de su sencillez, su humildad, su experiencia pastoral y su profundidad espiritual.

"Es rasgo distintivo de nuestra Compañía ser un grupo de compañeros (...) unido con el Romano Pontífice con un vínculo especial de amor y servicio" (NC 2, n. 2). Por ello, compartimos la alegría de toda la Iglesia al tiempo que deseamos renovar nuestra disponibilidad para ser enviados a la viña del Señor, conforme al espíritu de nuestro voto especial de obediencia, que tan particularmente nos une con el Santo Padre (CG 35, D.1, 17).
P. Adolfo Nicolás S.J.
Roma, 14 de marzo de 2013


Francisco I
Pedro Miguel Lamet, sj

Bueno, ya tenemos Papa. Francisco I o Francisco a secas, como parece ha precisado el portavoz. Me preguntan si estoy contento por ser un jesuita. Respondo que San Ignacio no quería dignidades eclesiásticas en la orden. Una vez elegido, posiblemente por un desbloqueo entre otros dos candidatos, observo lo siguiente: Han elegido a un hombre muy espiritual, muy austero, que no quería que le llamaran Eminencia y que viajaba con transporte público. Por tanto una figura que puede llevar a cabo libremente la reforma de la curia, descentralizando la Iglesia de Europa e Italia. Un hombre cercano al pueblo y preocupado por los pobres. Celebraba por ejemplo entre los cartoneros (gente que recoge basuras). El nombre elegido, Francisco y sus primeros gestos de orar por Benedicto XVI, le definen. Podría llegar a ser el “Papa de los pobres” y un gran impulsor de la vida de oración. La imagen en el balcón del Vaticano emana sencillez y bondad. Y reconozco un golpe de sorpresa propio del Espíritu.

Ahora bien no nos llevemos a engaño: es un jesuita conservador en materia de moral sexual, contrario a la Teología de la Liberación y que lideró una corriente espiritualista de la Compañía en Argentina. Pero ha atacado el liberalismo económico, la corrupción política e incluso a la gobernante actual. Dará sorpresas en cuanto humildad y gestos cercanos. Puede ayudar  a la unidad de la Iglesia, rota en movimientos, potenciar la vida religiosa y hacer que América Latina cobre porotagonismo en nuestro mundo.


Carta a Dios pidiendo un Papa
Pedro Miguel Lamet, sj

Querido Dios:

Te escribo desde este punto de la galaxia que llamamos Tierra y en un momento de la Historia en que el planeta para muchos parece girar sin sentido desde un sistema que llaman globalización y que abre cada día más la brecha entre los ricos y los pobres Con guerras que, como siempre, derrochan en armas lo que bastaría para dar de comer a cientos de miles de personas que exterminan a los más débiles. Con triste explotación de mujeres y niños, deterioro del medio ambiente, lacras producidas por el consumo, la drogadicción, el comercio sexual…, en fin qué te voy a contar que tú no sepas.

En este mundo somos  1.196 millones de bautizados católicos, el 17,5% de la población mundial. No vamos a creernos que somos tus hijos únicos, ni siquiera predilectos, pues todos «en ti vivimos, existimos y somos», como decía el apóstol Pablo, y tú llueves sobre santos y pecadores. Pero creemos que por amor a todos los hombres tu Hijo se hizo carne y asumió nuestra historia, creó una asamblea (Ecclesia) o comunidad de creyentes y puso a su frente a un pescador llamado Pedro, un hombre amigo tuyo con gran voluntad  aunque lleno de defectos.

A través de los siglos ha estado al timón de la barca por medio de sus sucesores, entre los que ha habido santos y pecadores, sabios e ignorantes, poderosos y débiles. Pero de un modo u otro tu Iglesia ha ido hacia adelante en la historia;  y en el últimos siglos, la verdad es que los papas se han distinguido por ser hombres de Dios y referentes éticos para el mundo.

El último de ellos, anciano y agotado, en un gesto de gran libertad de conciencia, ha decidido renunciar ante una responsabilidad que le superaba. No voy a contarte lo que ha sufrido con la lacra de la pederastia, la filtración de documentos, las divisiones en el Vaticano y las tensiones de un mundo materializado que parece dar la espalda a la Buena Noticia de tu Hijo.

El hecho es que los cardenales están reunidos en Roma para elegir un nuevo Papa. Resulta divertido que una sociedad a la que parece importar un bledo la vida cotidiana de la Iglesia, cientos de misioneros que trabajan en países en vías de desarrollo, curas y monjas que atienden a niños y ancianos desvalidos, escuelas,  hospitales, etc… se vuelque con sus medios de información en los cotilleos del cónclave y las quinielas de papables. En fin, somos así, cada vez más ‘revistas del corazón’ o programas de fugaces estrellas de la tele.

Yo, Señor, quisiera hacer un poco de silencio en medio de este barullo, cerrar los ojos y sentirte dentro, en ese rincón en el que habitas en lo profundo de mi ser y pedirte que nos des un buen timonel para la barca de Pedro.

Un hombre con sabor a ti, sabor a Evangelio a desprendimiento, pobreza y apertura. Un hombre que traiga esperanza y libertad a la Iglesia y al mundo, sobre todo por su ejemplo; que consiga acabar con las divisiones y corruptelas no sólo en el interior del Vaticano sino en toda la Iglesia. Cuando leo algunas webs de católicos, me echo a temblar: no parecen pertenecer a un mismo rebaño, sino a manadas de cabras montesas que se embisten a muerte por absurdas ideas preconcebidas, que  quieren convertir a la Iglesia en trincheras de ideologías preconcebidas en vez de un campo verde, que como decía san Ignacio, es un lugar amable y gracioso.

Queremos un papa que sea de todos, donde entremos todas las siglas y familias religiosas, pero que no sea una estatua de sal anclada en la cultura del pasado, sino que dialogue con la cultura, con los científicos, los intelectuales, los poetas. Que no conciba la Iglesia como castillo sino como plaza de pueblo. Que no se encierre en el Vaticano sino que baje a la calle. Que no sólo nos hable y nos guíe, sino que escuche; que llore con los que lloran y ría con los que ríen. Que todos lo reconozcamos como uno de los nuestros y sepa ayudarnos a despertar y encontrar a Dios no como una póliza de seguridad, sino como una luz que da sentido y se reparte. Pero sobre todo que dé esperanza y optimismo, o lo que es lo mismo, que crea de veras en Ti.

No me importa que sea guapo o dé bien en los medios, que sea de izquierdas o de derechas, que sea italiano, americano o europeo, aunque dicen que ha llegado la hora de un papa del Tercer Mundo. Lo que realmente nos importa es que sea un papa que te lleve dentro hasta el punto de que no se sienta el patrón de una propiedad o el director de un fábrica, sino el pastor amigo, el padre cercano, el hermano en cuyo hombro este mundo nuestro pueda descansar. Que pueda repetir ante un mundo en crisis aquella frase de tu Hijo: «Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré, porque soy manso y humilde de corazón».

No quiero acabar esta carta sin pedirte que no te olvides de tu hijo Joseph, el papa que ha renunciado.  A él le debamos muchas cosas, sobre todo la valentía de abrazarse con el vacío para abrir la puerta a otro. Dale tu consuelo y alegría en la profunda soledad que ha sabido elegir. Y cuida de este herido  mundo nuestro  del siglo XXI, oh Dios, que está más que nunca como ‘un rebaño sin pastor’. Te busca cada día y te quiere, tu hijo.

Pedro Miguel Lamet, sj