miércoles, 27 de marzo de 2013

Para orar y reflexionar la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección

ENCONTRARNOS CON EL RESUCITADO
Escrito por  José Antonio Pagola
Jn 20, 1-9

Según el relato de Juan, María de Magdala es la primera que va al sepulcro, cuando todavía está oscuro, y descubre desconsolada que está vacío. Le falta Jesús. El Maestro que la había comprendido y curado. El Profeta al que había seguido fielmente hasta el final. ¿A quién seguirá ahora? Así se lamenta ante los discípulos: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

Estas palabras de María podrían expresar la experiencia que viven hoy no pocos cristianos: ¿Qué hemos hecho de Jesús resucitado? ¿Quién se lo ha llevado? ¿Dónde lo hemos puesto? El Señor en quien creemos, ¿es un Cristo lleno de vida o un Cristo cuyo recuerdo se va apagando poco a poco en los corazones?

Es un error que busquemos "pruebas" para creer con más firmeza. No basta acudir al magisterio de la Iglesia. Es inútil indagar en las exposiciones de los teólogos. Para encontrarnos con el Resucitado es necesario, ante todo, hacer un recorrido interior. Si no lo encontramos dentro de nosotros, no lo encontraremos en ninguna parte.

Juan describe, un poco más tarde, a María corriendo de una parte a otra para buscar alguna información. Y, cuando ve a Jesús, cegada por el dolor y las lágrimas, no logra reconocerlo. Piensa que es el encargado del huerto. Jesús solo le hace una pregunta: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?".

Tal vez hemos de preguntarnos también nosotros algo semejante. ¿Por qué nuestra fe es a veces tan triste? ¿Cuál es la causa última de esa falta de alegría entre nosotros? ¿Qué buscamos los cristianos de hoy? ¿Qué añoramos? ¿Andamos buscando a un Jesús al que necesitamos sentir lleno de vida en nuestras comunidades?

Según el relato, Jesús está hablando con María, pero ella no sabe que es Jesús. Es entonces cuando Jesús la llama por su nombre, con la misma ternura que ponía en su voz cuando caminaban por Galilea: "¡María!". Ella se vuelve rápida: "Rabbuní, Maestro".

María se encuentra con el Resucitado cuando se siente llamada personalmente por él. Es así. Jesús se nos muestra lleno de vida, cuando nos sentimos llamados por nuestro propio nombre, y escuchamos la invitación que nos hace a cada uno. Es entonces cuando nuestra fe crece.

No reavivaremos nuestra fe en Cristo resucitado alimentándola solo desde fuera. No nos encontraremos con él, si no buscamos el contacto vivo con su persona. Probablemente, es el amor a Jesús conocido por los evangelios y buscado personalmente en el fondo de nuestro corazón, el que mejor puede conducirnos al encuentro con el Resucitado.

José Antonio Pagola




CREEMOS EN CRISTO RESUCITADO
Patxi Loidi


Puesto que Cristo ha resucitado,
estamos en revolución permanente
y es preciso cambiar el mundo 
desde sus cimientos.

Puesto que Cristo ha resucitado,
creemos en una Tierra Nueva.

Y porque creemos y esperamos,
no tenemos nada que conservar;
y afirmamos
que el mejor modo de conseguirlo todo
es perderlo todo
por una sola cosa.
Patxi Loidi






AFIRMACIÓN DE FE EN JESÚS - PREGÓN
Escrito por  Florentino Ulibarri

Creemos en Jesús,
presente en la alegría y esperanza del pueblo
marcado por una historia de dolor y pobreza.

Creemos en Jesús,
presente en las personas que atraviesan situaciones críticas
a causas de las decisiones de otras personas.

Creemos en Jesús,
presente en los jóvenes marginados y sin trabajo
por causa de las estructuras que hemos creado.

Creemos en Jesús,
presente en el pobre que sufre,
en el triste y sin futuro,
en el perseguido y encarcelado,
en los emigrantes y exiliados,
en los niños explotados y abandonados,
en las mujeres humilladas y marginadas,
en las personas sin trabajo y sin salario digno,
en los desahuciados y sin techo,
en las personas sin derechos humanos...

Creemos en Jesús,
presente en las personas libres y compasivas,
en los cristianos perseguidos por ser solidarios,
en los creyentes ninguneados en la Iglesia,
en toda persona que lucha por un mundo nuevo,
en sus seguidores y mártires.

Creemos en Jesús,
y reafirmamos nuestra esperanza en él,
y la fuerza sanadora y liberadora
de su amor derramado en nosotros.

Creemos en Jesús, vivo y presente
en nuestro mundo e historia,
en nuestra vida e Iglesia,
en toda Pascua Florida
y acá, en este lugar y día.

Florentino ulibarri






JESÚS VIVE
Escrito por  Rafael Calvo Beca
Acción de gracias

Es justo que aclamemos tu nombre, Padre santo,
y te bendigamos de corazón,
es lo que nos corresponde hacer
en esta fiesta de resurrección y vida.
Aunque todavía vivimos en una penumbra de fe,
te damos gracias porque vislumbramos ya
un amplio horizonte de esperanza.
Hoy celebramos la pascua,
el paso por nuestra historia de Jesús
y cantamos gozosos el aleluya.
Creemos que él sigue viviendo en Ti,
de igual forma que Tú, su Padre y fuente de vida,
viviste siempre en él.
Jesús nos ha descubierto que esta fiesta
también puede ser nuestra propia pascua de liberación
si pasamos de nuestros egoísmos
y nos decidimos a vivir plenamente para los hermanos.
Gracias, Padre Dios.
Por todo ello te bendecimos
y cantamos en tu honor este himno de alegría.

Memorial de la Cena del Señor

Padre nuestro que vives en Jesús y en todos nosotros,
a la luz de los acontecimientos que celebramos,
recordamos las palabras de Jesús a Nicodemo:
"hay que nacer de nuevo".
Las hizo realidad en su persona:
murió como el grano de trigo muere,
pero pervivió, sigue viviendo,
en el nuevo tallo germinado.
Ha llegado la hora de que se manifieste
la gloria de tu hijo Jesús,
de que proclamemos agradecidos
su empeño personal por darte a conocer tal como eres
y su lucha por la implantación de tu reino en el mundo.
Nuestro gozo y nuestra alabanza
surgen espontáneamente al descubrir a Jesús
y al conocer la buena esperanza que nos trajo:
que es posible un nuevo mundo
donde reinen la justicia y el amor.
No tuvo apego a su propia vida
y le costó la muerte en cruz.
Pero no fue en balde,
porque los frutos de su mensaje revolucionario
aún perduran, están vivos,
y seguirán multiplicándose a través de los siglos.
Recordamos y prometemos imitar su entrega total
y sellamos nuestro compromiso de seguirle de por vida.

Invocación al Espíritu de Dios

Padre de bondad infinita,
bendícenos, ya que somos tus hijos,
y derrama tu Espíritu sobre nosotros
para que comprendamos
que la Vida de la que gozó Jesús
antes y después de su muerte,
es la misma Vida que podemos tener nosotros
si morimos al egoísmo
y nacemos al verdadero amor a los demás,
si muriendo en el día a día a todo lo terreno,
nacemos también en el día a día a lo divino.
Sabemos que de esta forma
nuestro único horizonte será la Vida.
Te pedimos por todos los que integramos nuestra Iglesia
para que seamos encarnación viva
de la buena noticia de Jesús.
En la esperanza renovada de reencontrarnos en Ti
con todos nuestros amigos y familiares difuntos,
brindamos en tu honor, en compañía de Jesús,
como queremos hacer por toda la eternidad.
AMÉN.

Rafael Calvo Beca






A LA VERDADERA VIDA NO LE AFECTA LA MUERTE
Escrito por  Fray Marcos

VIGILIA PASCUAL
Lc 24, 1-12

Aunque son relativamente pocos los cristianos que acuden a celebrar la Vigilia Pascual, debemos tomar conciencia de que se trata de la liturgia más importante de todo el año. Celebramos la VIDA que en la experiencia pascual descubrieron los discípulos en su maestro Jesús. Los símbolos centrales de la celebración son el fuego y el agua, porque son los dos elementos imprescindibles para que pueda surgir la vida biológica. La vida biológica es el mejor símbolo que nos puede ayudar a entender lo que es la Vida trascendente. Las realidades trascendentes no pueden percibirse por los sentidos, por eso tenemos que hacerlas presentes por medio de signos que provoquen en nosotros la presencia de la Vida.

El recordar nuestro bautismo, apunta en la misma dirección. Jesús dijo a Nicodemo que había que nacer de nuevo del agua y del Espíritu. Este mensaje es pieza clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. En el prólogo del evangelio de Juan dice: "En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres". Estamos recordando esa Vida y esa luz en la humanidad de Jesús. Al desplegar durante su vida terrena la misma Vida de Dios que le atravesaba, nos abrió el camino de la plenitud a la que todos podemos acceder.

Lo que estamos celebrando esta noche, es la llegada de Jesús a esa meta. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva que es la Vida de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es eterna. Podemos seguir empleando el término "resurrección", pero debemos evitar el aplicarla inconscientemente a la vida biológica y sicológica, porque es lo que nosotros podemos sentir, es decir descubrir por los sentidos. Pero lo que hay de Dios en Jesús no se puede descubrir mirando, oyendo o palpando. Ni vivo ni muerto ni resucitado, puede nadie descubrir lo que hay en él de Dios. Tampoco puede ser el resultado de alguna demostración lógica. Lo divino no cae dentro del objeto de nuestra razón. A la convicción de que Jesús está vivo, no se puede llegar por razonamientos. Lo divino que hay en Jesús, y por lo tanto su resurrección, sólo puede ser objeto de fe. Lo mismo nosotros, solo a través de la vivencia personal podemos comprender la resurrección.

Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Cristiano es el que está constantemente muriendo y resucitan¬do. Muriendo a lo terreno y caduco, al egoísmo, y naciendo a la verdadera Vida, la divina.

Creemos que hemos sido bautizados un día a una hora determinada y que allí se realizó un milagro que permanece por sí mismo. Para descubrir el error, hay que tomar conciencia de lo que es un sacramento. Los sacramentos están constituidos por dos realidades: un signo y una realidad significada. El signo es lo que podemos ver, oír, tocar. La realidad significada ni se ve ni se oye ni se palpa, pero está ahí siempre porque depende de Dios que está fuera del tiempo. En el bautismo, la realidad significada es esa Vida divina que "significamos" para hacerla presente y vivirla.

DOMINGO DE PASCUA
Jn 20, 1-9

En este día de Pascua, debemos recordar aquellas palabras de Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, somos los más desgraciados de todos los hombres." Aunque hay que hacer una pequeña aclaración. La formulación condicional (si) nos puede despistar y entender que Jesús podía resucitar o no resucitar, lo cual no tiene sentido porque Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Y él fue consciente de ello.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que estamos celebrando hechos teológicos, no históricos ni científicos. Todavía la muerte de Jesús fue un acontecimiento histórico, pero la resurrección no es constatable porque se realiza en otro plano fuera de la historia. Esto no quiere decir que no haya resucitado, quiere decir que para llegar a la resurrección hay que ir por otro camino. Nadie pudo ver, ni demostrar con ninguna clase de argumentos la resurrección de Jesús. No es un acontecimiento que se pueda constatar por los sentidos ni comprender por la razón. Esta es una de las claves para salir del callejón sin salida en que nos encontramos por haber interpretado los textos de una manera literal.

Cuando hablamos en un contexto religioso, de muerte y vida, estas palabras tienen un sentido analógico. Pero no estamos hablando de la muerte ni de la vida biológica. La muerte y la vida física no son objetos de teología, sino de ciencia. La teología habla de otra realidad que no puede ser metida en conceptos.

En ningún caso debemos entender la resurrección como la reanimación de un cadáver. Esta interpretación ha sido posible gracias a la antropología griega (alma – cuerpo), que no tiene nada que ver con lo que entendían los judíos por "ser humano". Por otra parte, la reanimación de un cadáver, da por supuesto que los despojos del fallecido mantienen una relación especial con el ser que estuvo vivo. La realidad es que la muerte devuelve al cuerpo al universo de la materia de una manera irreversible. La posibilidad de reanimación de un cadáver, es la misma que existe de hacer un ser vivo, partiendo de elementos de un estercolero, lo cual no tiene ningún sentido.

¿Qué pasó en Jesús después de su muerte? Nada. Absolutamente nada. La trayectoria histórica de Jesús termina en el instante de su muerte. En ese momento pasa a otro plano en el que el tiempo no transcurre. En ese plano no puede "suceder" nada. En los apóstoles sí sucedió algo muy importante. Ellos no habían comprendido nada de lo que era Jesús, porque estaban en su falso yo, pegados a lo terreno y esperando una salvación que potenciara su ser contingente. Solo después de la muerte del Maestro, llegaron a la experiencia pascual. Descubrieron, no por razonamientos, sino por vivencia, que Jesús seguía vivo y que les comunicaba Vida. Eso es lo que intentaron comunicar a los demás utilizando el lenguaje humano al uso que es siempre insuficiente para expresar lo trascendente.

Todos estaríamos encantados de que se nos comunicara esa Vida, la misma Vida de Dios. El problema consiste en que no puede haber Vida, si antes no hay muerte. Es esa exigencia de muerte lo que no estamos dispuestos a aceptar. "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto". Esa exigencia de ir más allá de lo biológico, es la que nos hace quedarnos a años luz del mensaje de esta fiesta de Pascua; porque no estamos dispuestos a dar más valor a la Vida que a la vida.

Pero no debo quedarme en la resurrección de Jesús. Debo descubrir que yo estoy llamado a esa misma Vida. A la Samaritana le dice Jesús: El que beba de esta agua nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida eterna. A Nicodemo le dice: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me coma, (el que me asimile), vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Creemos esto? Entonces, ¿qué nos importa todo lo demás?

Jesús, antes de morir, había conseguido, como hombre, la plenitud de Vida en Dios, porque había muerto a todo lo terreno, a su egoísmo, y se había entregado por entero a los demás, después de haber descubierto que esa era la meta de todo ser humano, que ese era el camino para hacer presente lo divino. Eso era posible, porque había experimentado a Dios como Don absoluto y total. Una vez que se llega a la meta, es inútil seguir preocupándose del vehículo que hemos utilizado para avanzar. Todo el esfuerzo de Jesús consistió en hacer ver a sus seguidores las posibilidades de esa Vida.

Meditación-contemplación

Yo soy la resurrección y la vida.
No hay Vida sin resurrección y tampoco resurrección sin Vida.
En la medida que haga mía la Vida,
estoy garantizando la resurrección.
..................

No te preocupes de lo que va a ser de ti en el más allá.
Además de ser inútil, te llevará a una total desazón.
Lo importante es nacer de nuevo y vivir ya ahora, esa nueva VIDA.
Todo lo demás ni está en tus manos ni debe importarte.
...................

Deja que la VIDA que ya está en ti, se haga realidad.
Deja que todo tu ser quede empapado de ella.
Deja que Dios Espíritu (fuerza) sea el núcleo de tu ser.
Entonces podrás decir como Jesús:
yo y el Padre somos "ya" uno.

Fray Marcos






DÍA DE PASCUA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Siempre esperando ese día de fiesta,
gozo y graciaque podía transformar nuestra vida
con experiencias extraordinarias.

Siempre viéndolo acercarse por el horizonte
dejando a nuestro alrededor su perfume,
pero sintiéndolo, una y otra vez, alejarse.

Siempre convencido que los grandes acontecimientos
suceden en fechas importantes
que dejan huella en los calendarios y en los corazones...

Siempre.
Hasta que comprendí, hace bien poco,
escuchando silenciosa y abiertamente
a alguien de palabra honesta y breve,
que la Pascua,
la Pascua de tu resurrección, Jesús de Nazaret,
el paso de Dios por nuestra historia,
el florido anhelo de toda persona
y de la misma naturaleza,
sucedió
pasada la fiesta,
pasado el sábado,
el primer día de la semana.

O sea, ¡un día de resaca!,
un día para el olvido,
un día sin historia,
un día del montón,
un día sin aliciente,
un día de cuerpos y espíritus decaídos,
un día de oscuro horizonte,
un día con el crédito gastado,
un día nacido para pocas ilusiones,
gris, triste, pesado,
con dolores en el cuerpo y el espíritu,
hecho simplemente para digerir los excesos
o vomitarlos en los rincones.
¡Peor que un día cualquiera!

En un día así
resucitaste Tú,
y floreció nuestra esperanza.

Ahora comprendo por qué cualquier día,
aún el más insospechado,
puede ser día de paso y Pascua.

Y al recordarlo
siento que florece la Buena Nueva
en mi tierra yerma.

¡Bendito seas Tú, Dios de la vida y de la historia,
que rompes todos nuestros esquemas
y nos llenas de sorpresas y Buenas Nuevas!

¡Bendito seas Tú, Jesús de Nazaret,
que nos mandaste hacer memoria
para celebrar la vida y la entrega!

¡Bendita seas Tú, Ruah divina,
que nos acompañas a lo largo de la vida
y nos animas a compartir y a hacer fiesta!

¡Aleluya, con todo mi ser,
con mi cuerpo y alma,
con mis gestos y palabras,
con mi canto y danza,
con mi vida resucitada!

¡Aleluya! 

Florentino Ulibarri




NO TENEMOS VIDA, SOMOS VIDA
Escrito por  Enrique Martínez Lozano
Jn 20, 1-9

La palabra “Pascua” (paso) expresa bien el significado de la muerte: un paso o un despertar de la misma Vida. Sabemos que, en el mundo de las formas, todo es polar. Pero el polo opuesto a “muerte” no es Vida, sino “nacimiento”. Nacimiento y muerte son “episodios” –o incluso apariencias- que toma la Vida, pero esta no muere, del mismo modo que nunca nació: Vida es Lo que (siempre) es.

Las mujeres del relato buscan a Jesús entre los muertos. Desconocen que su nombre es “el que vive”. Y, una vez más, lo que ocurre con Jesús es lo que ocurre con todos nosotros.

Como él, nuestra identidad última no es un yo que tiene vida. No; somos Vida que se expresa, transitoriamente, en la forma concreta de un yo. Cada uno puede decir con razón: yo soy vida. Sabiendo que el sujeto (yo) de esa frase no es el individuo particular, sino el Yo Soy universal de la única Vida, que se expresa en infinitas formas.

Para poder experimentarlo, necesitamos, por tanto, ir más allá (o venir “más acá”) de nuestra identidad particular. Si te atrae, puedes probar de esta manera:

Empieza por tomar un tiempo para ti, en el que puedas permanecer en el momento presente, sin dejarte arrastrar por la prisa o la ansiedad. Y empieza tomando consciencia de tu respiración.
Una vez preparado/a, trae la atención a tu propio cuerpo. Toma consciencia de cualquier sensación corporal que detectes: calor, hormigueo, cosquilleo, suave movimiento interno, vibración… (tu cuerpo es un campo de energía que está vibrando constantemente).
Entrégate a esas sensaciones que detectas en tu cuerpo. Y tómate un tiempo –siendo paciente con las prisas- para sentirlas con detenimiento.
Poco a poco, advierte el fondo común de todas esas sensaciones, lo que todas ellas manifiestan: es energía, Vida. Siéntela de un modo inmediato.
Entrégate cada vez más a ella, nota cómo crece y se expande: solo hay Vida.
Permanece en ella, hasta que te reconozcas en ella: esa Vida eres tú; ella es tu verdadera identidad. Saboréala, familiarízate con ella, déjate ser ella. Mientras estés en esa consciencia de quien realmente eres, experimentarás Plenitud.
Realmente, solo podemos saber lo que es la Vida cuando la somos de un modo consciente, inmediato y autoevidente. Es entonces, al serlo, cuando experimentamos que somos Vida. Y que hay una única Vida que vive en nosotros.

Mónica Cavallé lo dice de una manera hermosa: “El sabio no siente que «viva su vida»; se sabe vivido por la corriente de la única Vida. Y descansa en esa certeza, sorprendido y maravillado ante la obra que la Vida realiza a través de él y a través de todo lo existente. Somos expresiones de la Vida, sostenidos por Ella”.

Precisamente por eso, “no es posible escapar de la Vida. Nadie puede concebirla como algo «Otro», distinto del mundo o de sí mismo. Somos la Vida. O, más propiamente, Ella nos es. Y la Vida es una constante celebración de sí misma” (M. CAVALLÉ, La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia, Oberon, Madrid 2002, pp.110 y 107. Existe una nueva edición de este valioso libro en editorial Kairós, Barcelona 2011).

La “conversión” también significa esto: vivir el “paso” de pensar que somos el yo particular que, durante un tiempo, tiene vida, a experimentar que somos Vida –la única Vida- que se expresa en esa forma. Y, poco a poco, permitir que la Vida se viva a través de nosotros.

Es obvio que la Vida, tal como la nombramos aquí, es lo mismo que las religiones han querido expresar con la palabra “Dios”. Pero para muchos de nosotros tiene tantas connotaciones que se nos hace difícil usar ese término para nombrar Aquello (el Misterio) a lo que apunta.

El despertar, en cualquier caso, consiste en reconocer que la Vida o Dios es nosotros. Y que, cuando no ponemos obstáculos a que se viva libremente, lo que aparece es Jesús, “el hombre que pasó por la vida haciendo el bien” (Hech 10,38).

Enrique Martínez Lozano






CREER EN LA RESURRECCIÓN
Escrito por  Julián Mellado

Cuando hablamos de la resurrección nos solemos referir a los acontecimientos de aquel domingo de hace 20 siglos, después de la crucifixión de Jesús de Nazaret, y de los cuales nació la Iglesia cristiana. También significa la esperanza futura de los creyentes una vez que cruzan la última frontera. De un modo, quizás inconsciente, situamos la resurrección, bien en un pasado, bien en el futuro. ¿Pero tiene algo que decirnos en el Presente?
En primer lugar, debemos recordar que la resurrección de Jesús, es la respuesta de Dios a los verdugos que actuaron en su nombre. Dios se puso del lado del ajusticiado. El crucificado tenía razón. Por lo tanto, la resurrección significa el gran SÍ de Dios a la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Dios de vida no de muerte.

Existen muchas maneras de "morir", no solamente la física. En nuestro mundo, se dan muchas negaciones, que anulan el deseo de vivir. Muchas personas saben lo que es ir "muriendo en vida" debido a una grave depresión, a la pérdida de esperanza, al sinsentido del sufrimiento o a todas esas circunstancias que hacen que dudemos si mereció la pena haber venido a este mundo.

Creer en la resurrección de Jesús, es creer que el Mal no es omnipotente. Que no tiene la última palabra. Nos espanta, nos paraliza, parece ser todopoderoso. Pero no lo es.

La resurrección indica que en este mundo se ha producido una insurrección. El fatalismo ha sido derrotado. Y de una manera inesperada, mediante la fragilidad de un hombre crucificado acogido por el poder del Amor de un Dios pródigo.

Creer en la resurrección, es confiar en la vida otra vez. Es no rendirse a lo que nos anula, lo que pretende oscurecer nuestro horizonte. Es descansar en un Dios que nunca descansa para encontrar las salidas a nuestras sin-salidas.

Creer en la resurrección, es creer que la vida es más poderosa que lo que mata. Lo que mata la ilusión, las ganas de vivir, el deseo de compartir.

Como las mujeres ante el sepulcro, estamos ante lo inesperado, que quizás nos espante y nos deja sin voz. Pero luego ya no podemos callar, la vida ha rebrotado, el Viviente se nos ha "aparecido", su voz nos ha vuelto a levantar, y el silencio se ha convertido en palabra, palabra de vida, palabra de resurrección.

Resucitemos pues ahora, en alguna medida, es decir volvamos a re-suscitar en nosotros la esperanza, la confianza, la alegría, la vida eterna, y anunciémoslo a este mundo desesperado, perdido en sus oscuridades. Digámosle que la Luz ha resplandecido, que el Crucificado vive, que hubo un día en que la muerte murió. Que es hoy, cuando podemos descubrir el "poder de su resurrección" como anunciaba el apóstol Pablo. Es hoy, que experimentamos que no quedaremos atrapados en la muerte. Como nuevos Lázaros, volvamos a la vida, porque hemos oído la palabra de Cristo que nos dijo: ¡Sal de ahí!

Julián Mellado