martes, 12 de marzo de 2013

Orando con el Cardenal Martini ante el Cónclave























Última entrevista al Cardenal Carlo Maria Martini SJ.
“La iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo?"

por Georg Sporschill
y Federica Radice Fossati Confalonieri
Corriere della Sera de 1 septiembre 2012

El Padre Georg Sporschill, el mismo jesuita que entrevistó al Cardenal para el libro "Coloquios nocturnos en Jerusalén", y Federica Radice, se reunieron con Martini el 8 agosto de 2012. De allí salió una especie de testamento espiritual. El cardenal Martini leyó este texto y aprobó.


¿Cómo ve la situación de la Iglesia?
-La Iglesia, en los países ricos de Europa y América, está cansada. Nuestra cultura ha envejecido, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y la burocracia de la Iglesia, aumenta. Nuestros rituales y nuestra ropa son pomposos. ¿Expresan estas cosas lo que somos hoy en día? ¿Sirven acaso los bienes culturales que custodiamos al anuncio y al ser humano? ¿O atan tanto nuestras fuerzas, que ya no podemos movernos, cuando la necesidad lo exige?  La riqueza nos pesa. Nos quedamos ahí, como el joven rico que se fue triste cuando Jesús lo llamó para hacerle su discípulo. Sé que no podemos dejarlo todo con facilidad, pero por lo menos podríamos buscar hombres que fueran libres y cercanos al prójimo como fueron el obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están los héroes que nos inspiran? Por ningún razón debemos limitarlos con las trabas de la institución.

¿Quién puede ayudar a la Iglesia hoy en día?
-Al padre Karl Rahner les gustaba usar la imagen de las brasas escondidas bajo las cenizas. Lo que veo en la Iglesia de hoy es tanta ceniza sobre las brasas que a menudo me invade una sensación de impotencia. ¿Cómo se puede liberar el fuego de la ceniza con el fin de reavivar la llama del amor? Primero tenemos que buscar este fuego. ¿Dónde están esas personas llenas de generosidad como el buen samaritano? ¿Quién tiene fe como el centurión romano? ¿Quiénes son entusiastas como Juan el Bautista? ¿Quiénes se atreven con lo nuevo como Pablo? ¿Quiénes son fieles como María Magdalena? Aconsejo al Papa y los Obispos a buscar a doce personas extraordinarias para ocupar los lugares de dirección. Hombres que estén cerca de los más pobres, que estén rodeados de jóvenes y que experimenten cosas nuevas. Necesitamos la comparación con hombres que ardan, para que el espíritu pueda difundirse por todas partes.

¿Qué medios de sanación recomienda usted contra la fatiga de la Iglesia?
-Hay en la Iglesia medios de sanación, que nunca pierden su eficacia. Yo recomiendo tres medicamentos muy fuertes. 

El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus errores y seguir un proceso de cambio radical, empezando por el Papa y los obispos. Los escándalos de pedofilia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas acerca de la sexualidad y todos los temas relacionados con el cuerpo son un ejemplo. Estos son importantes para todo el mundo y, en ocasiones, tal vez son demasiado importantes. Debemos preguntarnos si la gente sigue escuchando los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿En este campo la Iglesia sigue siendo una autoridad o sólo es ya una caricatura en los Medios? 

El segundo es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano devolvió de nuevo la Biblia a los católicos. ¿Pero pueden entenderla? ¿Cómo podrían los católicos relacionarse con aplomo con la Palabra de Dios?  Sólo la persona que reciba en su corazón esta palabra puede participar en la renovación de la Iglesia y tomar buenas decisiones en asuntos personales. La Palabra de Dios es simple y busca como compañero un corazón que escuche. Para eso sólo se necesita callar, escuchar, aprender y esperar, cuando no se pueda comprender. Ni el clero ni el derecho Canónico pueden sustituir a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, las leyes y los dogmas están ahí para aclarar la voz interior y discernir los espíritus. 

¿Para quiénes son   los sacramentos? Estos son el tercer medio de sanación. Los sacramentos no son un medio para reprender a las personas, sino para ayudarles en los momentos decisivos de la vida  y en sus flaquezas. ¿Llevamos los sacramentos a personas que necesitan renovar sus fuerzas? Pienso en todas las parejas divorciadas y vueltas a casar, en las “familias extendidas”. Esta gente necesita una protección especial. La Iglesia está a favor de la indisolubilidad del matrimonio. Es una gracia cuando un matrimonio y una familia se logran. Cuando los esposos se mantienen unidos y se apoyan mutuamente. Cuando tienen hijos y los educan para llegar a ser cristianos independientes y valientes. Las familias cristianas se caracterizan porque tienen la fuerza para salir al encuentro de aquellos que tienen problemas de relación o en la educación.

La actitud que tomemos hacia las familias extendidas determinará la cercanía de la Iglesia a la generación de los hijos. Una mujer fue abandonada por su marido y tiene una nueva pareja que cuida de ella y sus tres hijos. Este segundo amor se logra. Si esta familia es objeto de discriminación, se corta, no sólo a la madre sino también a sus hijos. Si los padres se sienten excluidos o no sienten el apoyo de la Iglesia, esta perderá la próxima generación. Antes de la Comunión oramos: "Señor, no soy digno de que entres en mi pobre morada, pero di una palabra y mi alma quedará sana". Sabemos que no somos dignos y que no es por nuestros méritos que merecemos el amor. El amor es gracia. El amor es un don. La invitación a comulgar y a recibir el pan del cielo, se dirige a los que buscan y tienen necesidad. Y eso no significa querer congraciarse con la gente, sino realizar una oferta consciente de la Iglesia, sabiendo que para Dios nada es imposible.

Hay que darle la vuelta a la pregunta de si los divorciados pueden tomar la Comunión. ¿Cómo puede la Iglesia ofrecer ayudar con el poder de los sacramentos a quienes están en una situación difícil o que ha fracasado?

¿Con qué lucha usted personalmente?
-La Iglesia se ha quedado atrás 200 años. ¿Por qué no se mueve? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valor? Cuando la fe es más bien el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza, el valor.

Yo ya soy viejo y enfermo y dependo de otros. La buena gente a mi alrededor me hace sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desesperanza que a veces me invade cuando contemplo a la Iglesia en Europa. Sólo el amor vence a la fatiga. Dios es amor. Pero todavía tengo una pregunta para ti: ¿Qué puedes hacer tú por la Iglesia?