miércoles, 27 de marzo de 2013

BERGOGLIO: DERECHO A LA CONVERSIÓN - José Luís Caravias SJ

BERGOGLIO: DERECHO A LA CONVERSIÓN
Escrito por  José Luís Caravias SJ

Estoy impresionado por la tozudez con que se insiste en refregar supuestas deficiencias ya lejanas del recién nombrado Papa Francisco. Jorge Bergoglio, como todo ser humano, tiene una historia personal, llena de aciertos, problemas, errores y dubitaciones. Tiene su carácter, su temperamento y la carga de su pasado. Pero como todos los mortales tiene el derecho de poder corregir rumbos y curar las heridas de sus batallas.
Me encontré con él, repetidas veces, durante 1975. Fue mi superior provincial. Me escuchó y atendió siempre con cariño. Pero yo era un problema para él.

En mayo del 72, en Asunción del Paraguay, fui secuestrado por un comando policial y tirado sin papeles en la frontera argentina. La dictadura de Stroessner no escatimó calumnias con las que ensuciar mi compromiso con las Ligas Agrarias Cristianas, de las que era su asesor nacional.

Me quedé dos años al fondo del Chaco argentino, donde logré formar un sindicato de hacheros, cruelmente explotados por los obrajeros de la zona, que extraían madera de quebracho para la industria del tanino. El sindicato fue aprobado y funcionó, pero los obrajeros no me lo perdonaron... Las trampas mortales que nos tendieron fueron tan graves, que tuve que decidir marcharme a Buenos Aires. Allá empecé a incursionar en las Villas Miseria atendiendo a los paraguayos.

En medio de tremendas tensiones, a los pocos meses Bergoglio me comunicó que había conocido que la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) había decretado mi muerte, junto con otros, y que lo mejor sería que me fuera una temporada a España.

En esos días, en una visita de despedida a Resistencia, capital del Chaco, fui arrestado y pasé una noche terrorífica en un calabozo inmundo. Es terrible el golpe del cerrojo del calabozo y la incertidumbre de que no sabes si vas a amanecer... A media noche me hicieron un simulacro de fusilamiento.

Dos amigos sacerdotes habían sido asesinados en los meses anteriores: Mujica en las villas, y Mauricio Silva, sacerdote barrendero, con quien había compartido hermosas charlas y eucaristías. Una vez más sentía el cuchillo de las dictaduras en mi garganta. Pensé que ya estaba bien de hacerme el valiente, y decidí aceptar la invitación de Bergoglio de salir de aquella tan convulsionada Argentina. Más tarde me contaron cómo la policía hizo "operaciones rastrillo" borrando mis huellas en el Chaco. Pero lo que más me dolió fue que apresaron a amigos con muy crueles torturas buscando información sobre mí.

¿Qué pensaba Bergoglio de todo esto? Me animó a huir. Creo que se sintió aliviado cuando me marché. Seguramente no estaba del todo de acuerdo con mi accionar organizativo entre el pueblo. Quizás tantos informes policiales le hicieron dudar, pero conmigo fue noble y me ayudó a escapar de una muerte cierta. Y por ello le estaré siempre agradecido.

Algunos le acusan de que no fue suficientemente valiente en denunciar aquellas situaciones. Esto me desasosiega. Había que haber vivido aquellas terribles tensiones para poder hoy recriminar... Torturaban y mataban a la menor denuncia en contra.

Posiblemente Jorge Bergoglio, ser humano, cometió errores. A veces fue desacertado. Se dejó llevar por miedos y prejuicios. Pero eso lo hicimos todos. Los gases venenosos de las dictaduras nos enloquecieron a todos. No nos hinchen por haber respirado esos gases. Ahí vivíamos, y respirábamos como podíamos...

Lo importante es cómo curamos nuestros pulmones de aquellas heridas. Ciertamente para Jorge Bergoglio, como para muchos de nosotros, ha supuesto mucho esfuerzo de sanación. No es fácil olvidar y perdonar aquellos horrores. Pero para él, para mí, y para tantos otros, como Francisco Jalics por ejemplo, la fe en Jesús ha sido definitiva. Los que sufrimos aquello, y hoy día respiramos tranquilos, reconocemos que la fuerza del Resucitado nos he hecho renacer con nuevos bríos.

Todos cambiamos con el tiempo. Maduramos. Jorge también. Sus actitudes no son las mismas de hace casi cuarenta años. Lo demuestran sus últimos años en Buenos Aires. Está más cerca del pueblo, tiene ideas más claras y denuncias más contundentes. Y sobre sus hombros ha caído ahora una carga mucho más pesada. ¿Por qué empeñarse en refregarle sus posibles errores del pasado? ¿No sería mucho más sensato apoyarlo en su austeridad y su servicio a los pobres?

La extrema derecha ya empieza a denunciarlo como traidor, antipapa... Y quizás el alto capitalismo mundial esté orquestando las calumnias para desprestigiarlo, pues un Papa austero comprometido por los pobres es para ellos peligroso...

Algunos lamentan que el Papa no sea un gran revolucionario. Eso no es posible. Pero si consigue, como ha afirmado, que la Iglesia sea pobre al servicio de los pobres habrá dado pasos históricos significativos.

Una muestra de cambio. Hace unos diez meses en la Facultad de Teología de Buenos Aires reivindicó la memoria del sacerdote Rafael Tello, uno de los iniciadores de la Teología de la Liberación, que fue condenado y apartado por la Jerarquía de entonces.

Dice Bergoglio: "La historia tiene sus ironías... Vengo a presentar un libro sobre el pensamiento de un hombre que fue separado de esta Facultad. Cosas de la historia. Esas reparaciones que Dios hace: que la jerarquía que en su momento creyó conveniente separarlo, hoy diga que su pensamiento es válido. Más aún, fue fundamento del trabajo evangelizador en Argentina. Quiero dar gracias a Dios por eso." Vale la pena escuchar completo su discurso, de casi una hora.

Apoyémoslo. Animémoslo. Él ha pedido la bendición del pueblo. Ayudémoslo a ser consecuente con su fe en Cristo, impulsado por San Ignacio e iluminado por San Francisco.

José L. Caravias sj
Redes Cristianas


(sobre lo mismo)

Después de una semana de controversia sobre la supuesta culpa del papa Francisco en la detención y tortura de dos curas por parte de la dictadura militar argentina, ahora salen voces en dirección contraria: un cura español que vive en Paraguay ha dicho que el Papa le salvó la vida avisándole de que un grupo paramilitar argentino quería asesinarlo, y por otro lado un exactivista de izquierdas uruguayo ha contado que Francisco lo ayudó a huir de Argentina cuando los militares iban tras él.

El sacerdote español se llama José Caravias. Afirma que Jorge Mario Bergoglio le advirtió de que querían matarlo: "Me dijo: 'Tengo noticias de que la Triple A [grupo paramilitar ligado a la dictadura] ha decretado tu muerte y la de Jalics'". Francisco Jalics es uno de los dos jesuitas a los que supuestamente delató Francisco, según las versiones que lo acusan de ser corresponsable de aquellos hechos. El propio Jalics ha dicho esta semana que no quiere hablar de lo que sucedió y que para él ese episodio ya es un asunto "cerrado".

La versión de Caravias, originario de Málaga, es que Jalics fue imprudente y no se puso a resguardo tras el aviso de Bergoglio. Después de su arresto y de ser sometido a torturas, según el sacerdote español, que trabajaba con Jalics en los barrios más pobres de Buenos Aires, el Papa "se empeñó en averiguar dónde estaba". "Si no hubiese ido a buscarlo, lo hubieran matado", ha asegurado Caravias a la agencia AFP. El otro jesuita al que supuestamente habría delatado el Papa era Orlando Yorio. Falleció en el año 2000. Una hermana suya afirma que Bergoglio lo "desprotegió". José Caravias dice lo contrario, que también "salvó" a Yorio.


El exactivista uruguayo Gustavo Mosca, el viernes en Montevideo. / M. R. (AFP)
José Caravias sostiene que las acusaciones contra Francisco forman parte de una campaña orquestada por "el gran capitalismo internacional". "Quieren ensuciarlo. Para ellos es muy peligroso un Papa que denuncia la pobreza en el mundo", ha dicho el cura español.

Las declaraciones de Caravias coinciden con las de un exactivista uruguayo que también ha salido a defender al Papa. Se llama Gonzalo Mosca, tiene 63 años y fue miembro del Grupo de Acción Unificadora, un movimiento de la izquierda uruguaya de los años setenta. Mosca ha afirmado en una entrevista con AFP que Jorge Mario Bergoglio le ayudó a escapar de Argentina, donde lo perseguía la dictadura militar, y a exiliarse a Europa.

Mosca, de acuerdo con su relato, había llegado a Argentina escapando de la dictadura uruguaya, y luego en Argentina supo que también iban tras él los militares argentinos. El hermano mayor de Mosca, que era jesuita, le pidió ayuda a Bergoglio, que había sido profesor suyo, y el Papa, según el exactivista, se ocupó de buscarle una salida al problema. 

Gustavo Mosca dice que Francisco se lo llevó una noche en coche a un convento jesuita a 30 kilómetros de Buenos Aires y que se quedó escondido allí durante unos días. Después, Jorge Mario Bergoglio, según el exactivista uruguayo, ideó un plan con el que consiguió sacarlo de Argentina por Paraguay para mandarlo luego a Brasil, en donde se pasó unos meses guarecido en una casa jesuita hasta que consiguió que le diesen refugio en Naciones Unidas. Finalmente se exilió a Europa

Mosca ha dicho que ha decidido revelar su historia para "contrabalancear" las acusaciones que está recibiendo el papa Francisco: "Yo no era nadie (...). La actitud de él fue comprometida, fue valiente, y en mi caso fue eficaz".




Despertar del sueño papal
25.03.13 | José Ignacio González Faus SJ

Soy de la era del papel, y nunca imaginé que esto de las redes pudiera tener tanto poder de difusión. Ello me anima a escribir ahora a cuantos comentaron mi escrito anterior sobre el papa Francisco. A niveles personales sólo he contestado a tres (un hermano jesuita y dos laicos latinoamericanos) que se mostraron más recelosos o críticos. A los entusiasmados, no quisiera hacerles ahora de aguafiestas: simplemente recordar que también las fiestas necesitan agua, para no agostarse.

1.- A toda gran esperanza le es intrínseco el peligro de que “más dura sea la caída”. Atención pues. Los gestos iniciales del papa Francisco han sido muy alentadores, pero hay que tener en cuenta dos cosas: han sido sólo de formas, aunque fueron formas con simbología muy adecuada. Y, si se los mira serenamente, veremos que han sido muy elementales: le comentaba ayer a una amiga que es como si nos entusiasmáramos porque una persona de cuarenta años, que nunca hablaba, de pronto dice claramente papá y mamá; será esperanzador pero ¡son cosas tan de cajón!. (Ello es señal más bien de hasta qué punto estábamos habituados todos nosotros a cosas absurdas).

2.- Con el tiempo habrá que ir pasando de las formas al fondo. Y ahí, el hermano Francisco puede tropezar, como mínimo, con cuatro grandes dificultades:

a) la curia romana que resistirá hasta el máximo y tiene enorme poder. No sé si la curia es un nudo de víboras como algunos insinúan. No creo que sean malas personas sino más bien víctimas de una estructura que fomenta la intriga y el carrerismo como insinuó el cardenal Martini. Sobre el poder de la curia me comentaba ayer otro amigo que los papas se encuentran en ella como el ciudadano vulgar en sus conocimientos de informática que, de repente, se ve ante un ordenador descomunal que no conoce: si todo el equipo informático (la curia) decide no colaborar (“no sé”, “esto no es de mi competencia”…), el pobre ciudadano se desesperará impotente, como un nuevo Luciani, y como nos ha pasado alguna vez a nosotros con esto de las computadoras.

b) Hay que tener en cuenta que la crisis de la Iglesia no radica sólo en los estamentos institucionales (los llamados “jerárquicos”), sino en infinidad de movimientos de la base eclesial, de corte fundamentalista, que parecen querer servir a Dios como a ellos les gusta y no como Dios quiere ser servido.

c) Hay que contar con que todos los poderes de la tierra, por mucho que asistan a la consagración del obispo de Roma, no desean un mundo más fraterno sino la salvaguarda de lo que ellos consideran sus “intereses vitales”; y que, en defensa de ellos, siempre acaban uniéndose Herodes y Pilatos (o Merkeles y Putins o pongan los nombres que ustedes quieran).

Y finalmente d) se dice, aunque yo no la conozco, que Francisco es conservador en su teología. Habrá que esperar a ver si eso significa algo, pero puede ser bueno tenerlo en cuenta. A mí personalmente, no me ha satisfecho en sus primeras palabras la repetición en hablar “del diablo”. No porque yo niegue su existencia -que tampoco sé tanto como algunos progres seguros- pero sí porque tengo problemas sobre ella y sobre el significado correcto del lenguaje bíblico cuando habla del Enemigo (Satán) o del Separador (dia-bal.lon). La existencia de un ser que junte a la vez, la perfección ontológica de lo personal y la consistencia absoluta del mal, que es la negación misma del ser, no me parece fácil de entender. Prefiero, por eso, el lenguaje neotestamentario del “misterio de iniquidad” (2 Tes 2,7) que pone de relieve esa verdad del mal como misterio que trasciende nuestros niveles de existencia. Hablar así me habría resultado más razonable. Pues, en mi opinión, la enseñanza bíblica sobre el diablo no es “que existe” sino que, si existe, está vencido (lo cual ya no es una verdad meramente de información, sino “por causa de nuestra salud”, como enseña el Vaticano II al hablar de la verdad de la Biblia).

Pero esto es sólo un ejemplo. Lo importante es cobrar conciencia de que las cuestiones de fondo son muy serias y no se arreglan con gestos, por imprescindibles y bonitos que estos sean. Ello nos exige, a la vez, serenidad, esperanza y colaboración pero ningún entusiasmo ciego. Ahora que se acerca semana santa, puede ser oportuno evocar que las multitudes humanas somos así: gritamos un día: hosanna y bendito el que viene en Nombre del Señor, para cinco días después gritar: crucifícale. Jesús nunca fue un optimista a pesar de que traía el más bello de los anuncios (la paternidad de Dios y reinado de la fraternidad); pero, aun sabiendo que somos malos, Jesús se atrevía a esperar que imitemos la bondad del padre Celestial. Ni los partidos de futbol se ganan gritando simplemente “este partido lo vamos a ganar”, sino encontrando la manera de abrir el cerrojo rival. Pues bien, parodiando a Jesús: “aquí hay mucho más que un partido”.

3.- A las dificultades enumerada habrá que añadir la oposición de un sector de la opinión mediática que intentará revolver puntos oscuros. Tras la elección de Bergoglio, en cuanto pude constatar que los media sabían ya de todo, me pareció que lo más evangélico por nuestra parte era no querer ocultar nada (porque eso acaba haciéndonos más daño), sino poner en práctica las sabias palabras de Pablo VI que me recuerda Julín (un cura amigo dominicano): “aceptamos con humildad y reflexión crítica y admitimos lo que se señala con justicia. Roma no necesita ponerse a la defensiva cerrando los oídos a observaciones que proceden de fuentes respetadas, y menos aún cuando esas fuentes son amigas y hermanas”.

En este contexto, las declaraciones de Orlando Yorio, hermano del jesuita torturado y expulsado, me parecen muy dignas de respeto: sólo piden conocer del todo la verdad. Y a ello tienen pleno derecho porque los familiares de una víctima guardan algún deber respecto a ella que es algo distinto del deber de perdonar. (Jalics, en cambio, sigue vivo y plenamente reconciliado y, según he leído, ha modificado algo lo que explicaba en el capítulo V de su libro -Ejercicios de contemplación- aunque sin citar ningún nombre).

No necesitamos ningún encubrimiento porque sabemos bien que la Iglesia se apoya sobre una “roca”, pero una roca agrietada: que negó a Cristo cobardemente, pero a quien Jesús logró cambiar. Pedro fue muy querido en la Iglesia primera que conocía su debilidad. Si hubiera algún pasado que lamentar, entonces estaríamos poniendo en práctica lo que el mismo Francisco nos pidió antes de dar su bendición: que le perdonáremos nosotros a él. Y cabría imaginar una nueva escena evangélica donde los hodiernos Vicarios de Cristo que son los pobres de la tierra le preguntan al sucesor de Pedro “¿nos amas más que éstos?” (más que todos nosotros). Por tres veces y para poder decirle después: “guíanos”. Y quizás añadiendo una nueva pregunta: “¿nos amas más que a éstos?” Y en “éstos” segundos están todos los poderes económicos de la tierra (banqueros, ejecutivos de multinacionales, millonarios, narcotraficantes, magnates del petróleo …) y otros que quizás asistan a misa y den un pequeño pellizco limosnero a la Iglesia, pero han de ir aprendiendo lo que significa una Iglesia de los pobres y un papa para los pobres, como dijera nítidamente el obispo Bossuet en su impresionante sermón “sobre la eminente dignidad de los pobres en la Iglesia”.

En resumen otra vez: serenidad esperanzada y colaboración. Una colaboración que evite convertir el entusiasmo actual en un gallinero de reivindicaciones insolidarias, donde cada cual va sólo a la suya, y que es una de las razones por las que fracasan tantas reformas posibles.
Vosotros lo veréis. Yo, seguramente, ya no tanto.




Qué hay en la biblioteca de Francisco

El método Bergoglio para gobernar
En sus tiempos de arzobispo, Jorge Bergoglio tenía un conjunto de libros de cabecera que pueden dar una pista de las predilecciones del Papa. Desde luego, no agotan las lecturas del papa Francisco, más variadas y caudalosas. Pero son los textos que él suele recomendar a las personas que se ponen bajo su guía espiritual:

El libro que tal vez más entusiasme al nuevo pontífice es El Señor, del célebre teólogo e historiador Romano Guardini.

Otra autora predilecta es la española Dolores Aleixandre. Es una monja del Sagrado Corazón de Jesús y teóloga de la Universidad de Comillas. Los títulos más divulgados por Bergoglio son Bautizados con fuego y Contar a Jesús.

El cardenal François-Xavier Nguyen van Thuan, que pasó 13 años en las cárceles del régimen vietnamita y es, como él, devoto ferviente de Santa Teresita de Lisieux, es otro de los preferidos. Sobre todo por Testigos de esperanza, los ejercicios espirituales predicados a Juan Pablo II.

El célebre cardenal Carlo María Martini, jesuita como él y fallecido el año pasado, figura con los comentarios bíblicos de Palabras para vivir y con Effatá, dedicado a la comunicación social.

Otro favorito de Francisco es el holandés Henri Nouwen, capellán de la Fundación El Arca y autor de El regreso del hijo pródigo.

Caminos de libertad, un libro fronterizo con la autoayuda, es otro de los recomendados de Bergoglio. Su autor es el benedictino Anselm Grün, un monje experto en finanzas y administración de empresas.

El cura español José Luis Martín Descalzo, fallecido en 1991, figura por su libro Testamento del pájaro solitario.

Al final, Ethel Mannin, autora de Tarde he llegado a amarte, anarquista pacifista inglesa que tuvo un conocido romance con Bertrand Russell, uno de los maestros del ateísmo





Lo que interesa no es Bergoglio y su pasado, sino Francisco y su futuro
Leonardo Boff

¿Cuál es el interés de agitar el pasado del papa Francisco y no discutir la grave
crisis de la Iglesia?, se pregunta Leonardo Boff. Crédito: Daniela Pastrana/IPS

El teólogo brasileño Leonardo Boff, exponente de corrientes progresistas de la Iglesia Católica latinoamericana, no cree en las denuncias que describen al flamante papa Francisco como colaborador de la última dictadura argentina.

En entrevista con IPS, Boff admitió que se trata de un "tema polémico", con versiones contradictorias. Pero él prefiere confiar en las vertidas por notorios defensores de derechos humanos de Argentina, que negaron toda vinculación de Jorge Bergoglio, elegido papa por el Vaticano, con el régimen militar que soportó Argentina entre 1976 y 1983.

Boff, figura clave de la Teología de la Liberación, mira con esperanza hacia adelante y confía en que Francisco haga honor a su condición de jesuita y sea "enérgico y radical" contra la epidemia de pedofilia y la corrupción que plagan la conducción católica actualmente.

IPS: ¿Cómo interpreta la "descentralización" que implica haber elegido un papa latinoamericano?

LEONARDO BOFF: La Iglesia central, es decir el Vaticano y las Iglesias europeas, se sentían humilladas y avergonzadas por los escándalos creados dentro de sus propios muros. Así que eligieron a alguien de afuera, con otro ánimo y otro estilo de conducir la Iglesia.

En el Tercer Mundo viven 60 por ciento de los católicos. Era tiempo de que se escucharan mejor estas iglesias. Ya no son iglesias-espejo de Europa sino iglesias-fuente, con su rostro y formas de organizarse, generalmente en redes de comunidades.

Para mí el nombre Francisco es más que un nombre, es un proyecto de Iglesia pobre, cercana al pueblo, evangélica, amante y protectora de la naturaleza hoy devastada. San Francisco es un arquetipo de este tipo de Iglesia. Con el papa Francisco se inaugura una Iglesia del tercer milenio: lejos de los palacios y en medio de los pueblos y sus culturas.

IPS: ¿A qué atribuye la preferencia de Bergoglio, frente al cardenal brasileño Odilo Scherer?

LB: Scherer era el candidato del Vaticano, donde trabajó e hizo muchos amigos. Pero públicamente defendió a la curia y al Banco Vaticano, criticado por todos, incluidos muchos cardenales. Esto desató una discusión pública, que lo quemó. Además, no habría sido bueno para la actual situación de la Iglesia. Es conservador y autoritario. Habría sido un Benedicto XVII.

IPS: En Argentina la elección de Bergoglio fue criticada por su presunta complicidad en secuestros de dos sacerdotes jesuitas durante la dictadura.

LB: Yo sé que, en general, la Iglesia argentina no fue profética en denunciar el terrorismo de Estado. Pese a esto, hubo obispos como (Enrique) Angelleli, que murió de manera siniestra, (Jorge) Novak, (Jaime) De Nevares y Jerónimo Podestá, entre otros, que claramente fueron críticos.

Pero con referencia a Bergoglio, prefiero creer en Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, y en la exintegrante de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Graciela Fernández Meijide) que califican esa acusación de calumnia. No encontraron ni una vez el nombre de Bergoglio en documentos o denuncias.

Al contrario, salvó a muchos escondiéndolos en el Colegio Máximo de San Miguel. Además, va contra su carácter ya conocido, de hombre fuerte y tierno a la vez, pobre y que continuamente denuncia las injusticias sociales existentes en Argentina y la necesidad de justicia y no de filantropía.

Finalmente, lo que interesa no es Bergoglio y su pasado, sino Francisco y su futuro.

IPS: ¿Por qué usted pasó por alto este tema en sus declaraciones iniciales?

LB: Es un asunto polémico y hay que conocerlo bien. Las versiones son contradictorias. Yo no hablo sobre cosas en las que no tengo claridad. Y me pregunto: cuál es el interés de algunos grupos de levantar esta cuestión y no discutir la grave crisis de la Iglesia y su sentido de cara a la crisis de la humanidad.

Tal vez, esto lo concedo, pudo haber sido ser más profético, como fueron en Brasil el obispo Hélder Câmara y el cardenal Paulo Evaristo Arns. Pero aquí el Estado es laico y separado de la Iglesia. En Argentina el catolicismo es la religión del Estado, lo que dificultó pero no impidió que hubiera resistencia y denuncias de una parte de la Iglesia.

IPS: ¿Omisión no es pecado?

LB: La cuestión no es responder si es pecado o no. Esto es tema de religión. La cuestión es política y para mí es de qué lado está la persona: ¿del lado de los pobres, de los que sufren desigualdades perversas? ¿O del statu quo que quiere crecimiento ilimitado y una cultura del consumo? En 1990 había cuatro por ciento de pobres en Argentina. Ahora son 33 por ciento (según mediciones no oficiales).

Bergoglio se puso de parte de esas víctimas y vive reclamando justicia social. Si no entendemos esto, nos estamos desviando del punto central.

IPS: Usted atribuyó su elección del nombre Francisco a "la desmoralización" de una "Iglesia en ruinas" por varios escándalos. ¿Cómo debería expresarse en la práctica ese nombre?

LB: Él ha dado señales de otro tipo de papado, sin símbolos de poder ni privilegios. Un papa que paga sus cuentas en el hotel, que va en un sencillo automóvil a rezar a la basílica Santa María Mayor y visita escondido a su amigo, el cardenal Jorge Mejía, que se enfermó en Roma..., son gestos que el pueblo entiende.

Estoy seguro de que con referencia a los pedófilos y a los delitos financieros será más jesuita que franciscano, enérgico y radical, porque tal como está la Iglesia, no se puede continuar.

IPS: El nuevo pontífice creyó ver la "mano del Diablo" en cuestiones como la despenalización del aborto y el matrimonio homosexual en Argentina y se ha enfrentado por eso al gobierno. ¿Debemos anticipar un papa más o igual de conservador en estos temas doctrinarios?

LB: Estos temas están prohibidos por el Vaticano. Nadie podría alejarse de la postura oficial. Yo espero que Francisco, como papa, habilite una larga discusión de todos estos temas, porque son parte de la vida real del pueblo y de la cultura nueva que está naciendo, especialmente la cuestión del celibato y de la moral sexual.

Esto no significa que la Iglesia renuncie a sus posturas de fondo, pero sí que discuta dentro del campo democrático, y tendrá que respetar lo que se decida democráticamente. Lo bueno de la democracia es que impide imposiciones de arriba hacia abajo y que permite que se escuchen opiniones distintas, aun cuando no resulten victoriosas.

[Río de Janeiro, 18 marzo 2013].