jueves, 14 de febrero de 2013

NO DESVIARNOS DE JESÚS - José Antonio Pagola




NO DESVIARNOS DE JESÚS - José Antonio Pagola

Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas y tensiones que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio cerrado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, "el demonio se marchó hasta otra ocasión". Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.

En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: "no solo de pan vive el hombre". Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo: "Al Señor, tu Dios, adorarás". Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar:"No tentarás al Señor, tu Dios". Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Solo hará signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta su Amor a todos sus hijos.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Ayuda a los cristianos a no desviarse de Jesús. Pásalo.
17 de febrero de 2013 
1 Cuaresma (C)
Lucas 4, 1-13

fuente: 



Condúcenos al desierto,
Espíritu de Jesús.
Toma nuestra mano
y guíanos al encuentro con el Señor.
Invítanos al silencio
para aprender a escuchar su voz.
Enséñanos a dialogar
para llamar a Dios Papá
y discernir cuál es su voluntad
para nuestra vida.
Condúcenos al desierto,
para estar a solas con el Señor,
para saborear su presencia
y aprender a gustar su compañía.
En el silencio que brota
de la contemplación y la entrega.
¡Aquí estoy, como un niño,
para aprenderlo todo, Señor!
- Que así sea -
(anónimo)
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CUANDO SEA TENTADO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Cuando sea tentado por el hambre,
no me dejes caer en soluciones fáciles.
No a la gula,
no a la pereza,
no a la vida cómoda y satisfecha.
Dame sólo el pan nuestro de cada día.

Cuando sea tentado por la fama,
no me dejes caer en la soberbia.
No a la imagen,
no al orgullo,
no a una vida ambiciosa y fácil.
Dame sólo la grandeza de tener hermanos y Padre.

Cuando sea tentado por el poder,
no me dejes caer en sus redes.
No al uso de su fuerza,
no al dominio,
no a una vida arrogante y prepotente.
Dame sólo el gozo del servicio humilde.
Cuando sea tentado por lo que sea,

no me dejes solo con mi pena ni con mi osadía.
Y aunque no te lo pida,
ni haya apreciado tu ejemplo y propuesta,
dame tu segura compañía
para andar por la vida.

Y mientras caminemos por el desierto,
que tu Espíritu, sólo tu Espíritu,
me empuje y guíe
a los corazones y a los oasis
en los que Tú estás presente,
aunque no lo invoque.

¡No me dejes caer en estas
ni en otras tentaciones!

Florentino Ulibarri






JESÚS, MÁS ALLÁ DEL HEDONISMO, DE LA VANAGLORIA Y DEL PODER
Escrito por  Fray Marcos
Lc 4, 1-13

Debemos superar el enfoque maniqueo de la cuaresma que hemos vivido durante demasiado tiempo. Sin embargo, el sentido profundo de la cuaresma debemos mantenerlo e incluso potenciarlo. En efecto, en ninguna época de la historia el ser humano se había dejado llevar tan masivamente por el hedonismo. A escala mundial el hombre se ha convertido en productor-consumidor. El grito de guerra de las revueltas estudiantiles de hace unos años en Francia, era: "No queremos vivir peor que nuestros padres". No querían ganar menos y consumir menos; para nada hacían alusión a la posibilidad de ser más o menos humanos.

La crisis económica que estamos padeciendo puede abrirnos a la comprensión del dilema: queremos consumir más a toda costa o nos interesa ser cada día más humanos. En teoría no habría problema para responder, pero en la práctica todos nos dejamos llevar por la comodidad a todos los niveles, aún a costa de menor humanidad.

Aquí está la razón de la cuaresma. Todos tenemos la obligación de pararnos a pensar cual es la meta a la que nos dirigimos. Alcanzar plenitud de humanidad exige el esfuerzo de no dejarnos llevar por la comodidad. Par crecer en humanidad debemos ir más allá de la satisfacción de los instintos. Este es el interesante planteamiento de un tiempo de cuaresma para la reflexión.

EXPLICACIÓN
No debemos escandalizarnos cuando los exegetas nos dicen que estos relatos no son historia sino teología. Marcos, que fue el primero que se escribió, reduce el relato a menos de tres líneas. No son crónicas de sucesos, pero son descarnadamente reales. Empleando símbolos conocidos por todos, nos quieren hacer ver una verdad teológica fundamental: la vida humana se presenta siempre como una lucha a muerte entre los dos aspectos de nuestro ser: por una parte lo instintivo o biológico y por otra lo espiritual o trascendente. Si no hay lucha, es que hemos aceptado la derrota.

El mito del mal personificado (diablo), ha atravesado todas las culturas y religiones hasta nuestros días y por lo que se puede adivinar, tiene cuerda para rato. La realidad es que no necesitamos ningún enemigo que nos tiente desde fuera. El diablo nace como necesidad de explicar el mal, que no puede venir de Dios. Sin embargo, el mal no tiene ningún misterio; es inherente a nuestra condición de criaturas. La voluntad solo es atraída por el bien, pero como nuestro conocimiento es limitado, la inteligencia puede presentar a la voluntad un objeto como bueno, siendo en realidad malo.

El mal es consecuencia de una inteligencia limitada. Sin conocimiento, la capacidad de elección sería imposible y no podría haber mal moral. Si el conocimiento fuera perfecto, también sería imposible porque sabríamos lo que es malo, y el mal no puede ser apetecible. Si la voluntad va tras el mal, es siempre consecuencia de una ignorancia. Es decir, creemos que es bueno para nosotros lo que en realidad es malo. Recordar lo que dice el evangelio: "la verdad os hará libres. La libertad de elección solo se puede dar entre dos bienes, Plantear una lucha entre el bien y el mal, es puro maniqueísmo. La lucha se da entre el bien aparente (mal), y el bien real.

La primera observación que deberíamos hacer sobre el relato, es que al empezar se hace mención por dos veces del Espíritu. Lleno del Espíritu Santo quiere decir lleno del Dios. Jesús es un ser humano en el que Dios lo es todo y que actúa como lo haría el mismo Dios. El tiempo de desierto es precisamente un tiempo en que esa presencia de lo divino se activa y se potencia, para que nada de lo sensible, caduco, terreno, tenga la fuerza suficiente para no dejar actuar lo divino en él. Si dejamos actuar al Espíritu, la victoria está asegurada.

Que las tentaciones sean tres, no es casual. Se trata de un resumen perfecto de todas las relaciones que puede desarrollar un ser humano. La tentación consiste en entrar en una relación equivocada con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Una auténtica relación humana con los demás, que es lo que se manifiesta en nuestra vida real, depende, querámoslo o no, de una adecuada relación con nosotros mismos y con Dios.

1ª tentación: poner la parte superior de nuestro ser al servicio de la inferior. Si eres Hijo de Dios... No se debe entender desde los conceptos dogmáticos acuñados en el siglo IV. No hace referencia a la segunda persona de la Trinidad. Significa hijo en el sentido semita. Si tú has hecho en todo momento la voluntad de Dios, también Él hará lo que tú quieres. Fíjate bien que la tentación de hacer la voluntad de Dios para que después Él haga lo que yo quiero, no tiene que venir ningún diablo a sugerírnosla; es lo que estamos haciendo todos, todos los días. Jesús no es fiel a Dios porque es Hijo, sino que es Hijo porque es fiel...

Di que esta piedra se convierta en pan. La tentación permanente es dejarse llevar por los instintos, sentidos, apetitos. Es decir hacer en todo momento lo que te apetece. Es negarse a seguir evolucionando y superarse a sí mismo, porque eso exige esfuerzo. Los instintos nos ayudan a garantizar nuestro ser animal. Si ese fuera nuestro objetivo, no habría nada de malo en seguirlos, como hacen los animales. En ellos los instintos nunca son malos. Pero si nuestro objetivo es ser más humanos, sólo a través del esfuerzo lo podremos conseguir, porque debemos ir más allá de lo puramente biológico. El fallo está en utilizar la inteligencia para potenciar nuestro ser animal.

No sólo de pan vive el hombre. El pan es necesario, pero, ni es lo único necesario ni es lo más importante. Para el animal sí es suficiente. Nuestro hedonismo cotidiano demuestra que aún no hemos aceptado estas palabras de Jesús. El dar al cuerpo lo que me pide es para muchos lo primero y esencial, descuidando la preocupación por todo aquello que podría elevar nuestra humanidad. El antídoto de esta tentación es el ayuno. Privarnos voluntariamente de aquello que es bueno para el cuerpo, es la mejor manera de entrenarnos para no ceder, en un momento dado, a lo que es malo.

2ª tentación: Si me adoras, todo será tuyo. El poder, en cualquiera de sus formas, es la idolatría suprema. El poder lleva siempre consigo la opresión, que es el único pecado que existe. Adorar a Dios y darle culto no significa ir en busca del dios exterior que necesita incienso y alabanza. Se trata de descubrir lo que de Dios hay en nosotros y potenciarlo. Nuestro auténtico ser no está en el ego aparente, en nuestra individualidad, sino más a lo hondo. Si descubro mi ser profundo, no me importará desprenderme de mi yo y, en vez de buscar el dominio de los demás, buscaré el servicio a todos. El antídoto es la limosna. Para no caer en la tentación de aprovecharnos de los demás, debemos hacer ejercicios de donación voluntaria de lo que tenemos y de lo que somos.

3ª tentación: Tírate de aquí abajo. Realiza un acto verdaderamente espectacular, que todo el mundo vea lo grande que eres. Todos te ensalzarán y tu (vana) gloria llegará al límite. La respuesta es, que dejes a Dios ser Dios. Acepta tu condición de criatura y desde esa condición alcanza la verdadera plenitud. Dios no tiene que darte nada. Mucho menos podrá tener privilegios con nadie. Ya se lo ha dado todo a todos. Eres tú el que debes descubrir las posibilidades de ser que tienes sin dejar de ser criatura. Ya es hora de que dejemos de acusar a Dios de haber hecho mal su obra y exigirle que rectifique. El antídoto es la oración. Al decir oración no queremos decir "rezos" sino meditación profunda. Descubrir al verdadero Dios, me librará de utilizar al dios ídolo.

No debemos plantearnos la lucha contra el mal desde el voluntaris¬mo, sino desde un mejor conocimiento de la persona, de la realidad y de Dios. El pecado no consiste en la trasgresión de una ley, sino en deteriorar tu propio ser. La ley lo único que puede hacer es advertirte de que esto o aquello puede hacerte daño; pero eres tú el que tienes que descubrir la razón del mal si quieres que la voluntad deje de apetecer lo que te daña.

Meditación-contemplación

Cuaresma es tiempo de desierto.
Camina hacia tu interior repleto de peligros y asechanzas.
Para llegar a tu verdadero ser, hay que atravesar tu propio desierto.
Libérate de todo lo que crees ser, para llegar al centro.
..........................

Sólo en tu propio desierto afrontarás la verdadera batalla de la vida.
Eso sí, empujados por el Espíritu.
En desierto y solo, tienes que tomar la decisión definitiva.
Confía. La tierra prometida", está ya ahí, al otro lado de tu falso yo.
.............................

Mantente en el silencio, hasta que se derrumbe el muro que te separa de ti mismo.
Sólo la ignorancia nos mantiene alejados del SER.
Deja que la luz que ya está en tu interior te invada por completo.
Serás feliz y harás felices a los que viven junto a ti.
..........................

Fray Marcos



CUARESMA, TIEMPO PARA LA ORACIÓN

Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 4, 1-13

El Evangelio "narra" el retiro de Jesús en el desierto, en oración y ayuno, inmediatamente después del Bautismo en el Jordán y antes de empezar su predicación. Mateo y Lucas presentan dos relatos prácticamente iguales, mientras Marcos lo hace de una manera mucho más escueta:

"Y el espíritu le hizo salir para el desierto. Y estuvo en el desierto cuarenta días tentado por el diablo. Y vivía con las fieras, y los ángeles le servían."

El relato falta completamente en Juan, que empalma el Bautismo en el Jordán con la llamada de los primeros discípulos.

El relato es histórico-simbólico. Se trata sin duda de un retiro a la soledad, de un período de oración y ayuno, frecuente en las personas religiosas de la época, y practicado después por la iglesia. Pero aquí es, sobre todo, la preparación inmediata de Jesús para lanzarse a su trabajo. Treinta años de vida oculta terminan en el bautismo del Jordán. Ahora, arrastrado por el Espíritu, se va a lanzar a su misión de curar y predicar. El espíritu de Jesús necesita alimentarse en la oración.

El relato de las tentaciones parece mucho más simbólico. Se reúnen aquí y se simbolizan las tentaciones de Jesús: el mesianismo fácil, el poder, el éxito. Jesús está "aceptando la gracia del bautismo" y sintiendo la tentación de rechazarla. Tiene para nosotros el mensaje, fuerte e inquietante, de que Jesús sufre tentación, como cualquier ser humano, y la supera con la fuerza del espíritu.

Jesús experimenta tentaciones y busca fuerza en la oración. Verdaderamente, es un ser humano. Algunas cristologías parecen mostrar a Jesús como nosotros, pero menos, porque la presencia de la Divinidad altera la humanidad. Es el peligro de algunas cristologías derivadas del cuarto evangelio (que omite estas tentaciones, como omitirá la angustia de Getsemaní y el abandono de la cruz).

En cristologías de este tipo, que profesamos inconscientemente, Jesús pasa por la vida terrestre pareciéndose a nosotros, pero con "poderes especiales" que le hacen invulnerable, conocedor de todo futuro; cuando ora no hace más que actualizar y expresar su unión hipostática; camina, pero podría volar...

Las tentaciones en el desierto, la tentación de Getsemaní, la tentación de la cruz nos hacen sospechar de esa "fe" en la apariencia humana de Jesús. Es un hombre; nos parecemos en lo más íntimo de nuestro ser humano: la tentación y la necesidad de alimentar el espíritu en la oración.

Todo ser humano es un caminante. Jesús camina hacia la Resurrección. Tendrá que superar la cruz y entonces llegará, llegará hasta ser constituido Señor y glorificado a la derecha del Padre. Jesús es también modelo de caminantes, porque es caminante. Toda cristología que anule o disminuya la humanidad de Jesús es una falsa cristología. En el hombre Jesús descubrimos a Cristo el Señor. En el hombre Jesús vemos la fuerza del Espíritu divinizando sin deshumanizar. Quizá sea éste el centro más esencial de nuestra fe: humanizar y divinizar es lo mismo. Por eso creemos en Jesús tan verdadero Dios como verdadero hombre. Decía nuestro viejo catecismo: "Sin dejar de ser Dios quedó hecho hombre". Podríamos darle la vuelta y decir que nuestra fe en Jesús cree en su divinidad "sin dejar de ser hombre".

Esto es iluminador para nuestro camino hacia la resurrección: el camino que es toda nuestra vida y el camino representado en la Cuaresma. Ninguna deshumanización, sino divinización, que es liberación de todo lo que deshumaniza.

El camino de Jesús se inicia en el seno de su madre, pero su entrega incondicional y definitiva a la Misión arranca en el bautismo. ¿Podemos imaginar que en sus años oscuros Jesús va sintiendo la llamada a la Misión, y que en el Bautismo el Espíritu se le hace imperioso y definitivo, y Jesús se sumerge en la Misión, se tira de cabeza al agua de una vida total y definitivamente entregada a lo que el Padre le pide? Es ir demasiado lejos, es forzar los textos, pero no deja de ser una imagen subyugadora.

Y en el momento mismo de lanzarse a su misión Jesús da muestras de que sabe bien lo que esa misión significa. En el horizonte del monte de la tentación está el calvario. Como siempre hará en su vida, Jesús afronta todos los momentos difíciles preparándose con la oración. Éste es el más difícil de todos los momentos que ha vivido hasta ahora. Podríamos decir que Jesús siente una vocación y sabe cuál va a ser el riesgo de seguirla. El Espíritu se le ha mostrado en el Jordán, se sabe Hijo, conoce su misión. Y el Espíritu es fuerte, pero la carne es débil. La oración hará que el Espíritu sea más fuerte que la debilidad de la carne.

Es frecuente desmenuzar las tentaciones que presentan los evangelistas y presentarlas como tentaciones de falso mesianismo. También es frecuente recordar que la tentación – y esas tentaciones - estará presente en toda la vida de Jesús. Pero es necesario que nos detengamos también en este arranque de la vida pública de Jesús, y en su primera tentación: soslayar su vocación, eludir la misión. Los discípulos le seguirán "dejándolo todo". Y él también está ahora en el trance de dejarlo todo y dejarse llevar por el Espíritu.

Es una hermosa imagen para nuestro comienzo de Cuaresma. En nuestra vida está siempre el Espíritu invitando a más: a más misión, a ser más hijos. Se nos ofrece un magnífico destino: entregarnos al Reino. Pero la carne es débil, habrá que dejar algunas cosas, muchas cosas quizá. Nos encontramos quizá en la situación de aquel joven rico invitado por Jesús al Reino, y sentimos la gran tentación: retroceder hacia la vulgaridad de nuestra vida, cerrar las alas al Espíritu. En esa misma situación, Jesús cobra fuerzas en la oración. Bajará del monte y no volverá a Nazaret: ha vencido a la tentación y se entregará a la misión.

En este primer domingo de Cuaresma se nos ofrece la oportunidad de contemplar la vocación de Jesús, y nuestra propia vocación. El principio de la vida pública de Jesús, representado en la cuarentena en el monte nos lleva a pensar que Jesús está buscando la Voluntad de Dios sobre su vida. Buen tema parta reflexionar en Cuaresma. La voluntad de Dios: qué espera mi Padre de mí.

La voluntad de Dios sobre una persona puede encontrarse en un momento de iluminación, en sentir un llamamiento especial, personal. Y puede encontrarse de manera cotidiana, insistente, al modo de la levadura y de la semilla de mostaza. Esto es fruto de la oración, de la contemplación de Jesús, del contacto con el evangelio, que siempre se traduce en una llamada a caminar, a seguir a Jesús más de cerca.

La cuaresma no es un tiempo de excepción sino de intensificación. Y desde luego, en la oración: mejor que hacer acciones excepcionales –ayunos y abstinencias por ejemplo– hacer tiempos excepcionales, hacer huecos a la oración, retirarse como Jesús a contagiarse del evangelio, de los criterios y valores de Jesús, dejarse afectar por la fascinación de Jesús, hacer silencio para que se oigan mejor sus palabras.

Y si esa intensificación no termina con la Cuaresma, sino que se hace costumbre... mejor que mejor. Así, estos cuarenta días no serán excepciones en la vulgaridad de la vida, sino peldaños de crecimiento.

José Enrique Galarreta

fuente: 
http://feadulta.com 



PESADILLAS CUARESMALES: TIENTA EL YO Y LIBRA EL ESPÍRITU
Midrash de Jesús en el desierto
(Por la trasncripción, Juan Masiá)

Natanael rema hasta Patmos. Le recibe en la playa el nieto de Nicodemo, cuidador del anciano Juan, el evangelista. Juan pierde vista y ya no lee ni escribe. Le regala a Natanael un tesoro heredado de Malena: papiros del diario de Jesús. Los consultó en su día Lucas para escribir con exactitud (akribós grapsein, Lc 1,3) el guión de un DVD para Teófilo en la red de Biblia Digital.

Natanael está leyendo la secuencia de los cuarenta días en el desierto. Dice así el diario de Jesús:

Día 3 de luna menguante:

Soledad inquietante. Me debilita el ayuno. Pienso en el Bautista. ¿Sobrevivirá? Santiago decía que lo degollarían. Los de Santiago querían que yo me preparase para sucederle, pero me escapé. Lo mío no es bautizar. Además, no puedo hablar de Dios como él. Juan predica diciendo: “Ay de vosotros, si no os convertís, vendrá la ira de Yavé con látigo y fuego” (Mt 3, 10-12). Yo prefiero otro estilo de predicación: “Alegraos y confiad, porque siempre estáis a tiempo de convertiros. Ya está empezando a reinar Dios en vuestro medio” (Mt 4, 12-17Mt 11, 25-30).

(Siguen unas líneas ininteligibles, luego, medio borrosas frases: a todo hijo de vecindad, a cualquier hijo de humanos... la voz le dice: “tú eres mi hijo, mi hija...”).

Noche de luna nueva:

Espléndido firmamento. Recuerdo a mi madre, cuando mi hermano José y mi hermana Myriam se oponían a mi ida al Jordán: “Tú, hijo mío, sigue tu estrella, como nos enseñó el peregrino Melchor días después de tu nacimiento“.

A mi madre le había anunciado Simeón contradicciones y soledad. Ana le anunció dolores. Pero en casa la hemos conocido siempre con cara de María de la O, Macarena de Esperanza. Mi madre ha vivido siempre animada, abrazada al mismo tiempo por la Ruah y por mi padre, antes de los partos, en los partos y después de los partos...

Día 4 de luna creciente:

Este ayuno me debilita. ¿Debería continuar? No lo veo claro. Pregunto al cielo, pero Abba se calla. ¡Abba, no me desampares! Hoy al alba recogí maná y me alimenté, pero me supo a poco. En siesta tuve pesadillas. Soñaba con usar la fuerza de la Ruah para convertir piedras en pan, trepé hasta el pináculo del templo y descendía por los aires volando triunfalmente sobre la multitud en volandas de coros angélicos, luego tuvo un mítin junto a la torre pretoria para convencerlos de unirse a los celotes en un golpe de estado contra Jerusalén y contra Roma...

Día 7 de luna creciente:

De nuevo pesadillas. Apareció Satán proponiendo con lenguaje sibilino: “La fuerza que notas en tí no es de la Ruah, sino de Belcebú que te posee. Reconócelo y adórame. El mundo entero será tuyo”. (Lc 4, 7; Mc 3, 22) Desperté con sudor frío y arritmia. El cuerpo me pedía vomitar, pero no pude; no había probado bocado anoche. ¿Cómo sacudir de mi cabeza este torbellino de imaginación? Dejaré de ayunar. Cazo un conejo, lo aso y me recupero. Lástima no tener vino, que alegra el corazón deprimido.

Luna llena de Nisán:

Últimamente todo está cambiando. Hasta mejora el aroma del romero y tomillo. Subo cada mañana a lo alto para ver salir el sol. Hay que aprender en las alturas a ser ser “teleioi”, es decir, perfectos, pero no como los perfeccionistas, sino con la anchura de corazón y amplitud de miras del “telos”(horizonte) de Abba, que envía desde las alturas sol y lluvia sobre buenos y malos, sobre justos y pecadores .

Ahora veo claro que esas pesadillas eran tentaciones del yo, pero la Ruah me libra de ellas. Haré escala en Samaria para proveerme de pan y vino.Y regresaré a Galilea. Hacia allí me empuja la Ruah. La oigo que me llama: “Ve a dar esperanza al pueblo pobre, llévales liberación, abraza al infectado sin miedo al contagio, diles que son dichosos a pesar de ser injusticiados, que son felices, no por ser pobres, sino a pesar de serlo, porque la Ruah está de su parte y quiere que se libren de su pobreza, que no solo de pan se vive, pero que hay que compartir lo que tenemos para que peces y panes se multipliquen por obra y gracia de la solidaridad, que hay que salir del engaño del poder, que se fíen del poder de la Ruah, voz de los sin voz y fuerza de los sin fuerza...”

(Aquí acaba la media página rota del papiro en puntos suspensivos. Transcribimos a continuación, un trozo del papiro de Lucas, en griego y con letra de médico, conservado en el archivo del nieto de Nicodemo. Está escrito con audacia y “parresía” (Act 4, 31), tras consultar los papiros que conservó Malena).

Dice así el texto del médico escritor Lucas para su blog de Biblia Digital (Lc 4, 1-13):

Jesús renunció a seguir en el Jordán de los bautizadores. Sintió en su interior una fuerza irresistible de la Ruah (Mc 1, 12’14;Lc 4,14 y 4,43), que le impulsaba a caminar. Presentía Quién le empujaba, pero no veía claro hacia dónde. Se adentró en el desierto, entrenándose con ayuno y meditación. ¿Lograría entender lo que dice el Espíritu de Vida a quien camina escuchando? (Lc 4, 1-2).

El ayuno le debilitó y el exceso de meditación le provocó náuseas de estómago y alucinaciones de cerebro. Tuvo pesadillas angustiosas. Se le apareció en sueños una figura extraña, medio humano, medio cabrito. Pero el rostro del monstruo parecía su propio retrato, solo que en la frente llevaba una leyenda: “yo soy yo, 666” (Ap 13, 18).

“Vamos a usar la Fuerza, gritaba el energúmeno, haremos de piedras pan, volaremos milagrosamente por los aires y todo el mundo nos adorará” (Lc 4,4)

De pronto, la extraña figura se metamorfoseó en un dragón con tres cabezas: la de un emperador coronado, la de un pontífice magno tocado de mitra, y la de un polítco corrupto millonario de derechas (Ap 13).

Jesús se despertó angustiado. Salió a la intemperie. Bebió del escaso hilillo que brotaba entre las rocas y se lavó la cara, descansó boca arriba mirando las estrellas y quedó de nuevo dormido.

Esta vez el sueño fue sereno. Pasó la nube. Soñó que dormía como Jacob: por la escala entre cielo y tierra trepaban y descendían ángeles (Gn 28, 11-19).

Una voz de querubín le animó: “¡Lo que te queda por ver, Jesús!, verás cosas mayores (Jn 1, 50), nos verás revolotear sobre todo hijo de humanos, sobre cualquier hija de hombre, sobre cualquier hijo de mujer (Jn 1, 51).

Un serafín desenrolló la Escritura y le leyó al oído: ‘Sólo al Señor tu Dios adorarás... No sólo de pan se vive... Sólo al Señor te rendirás... Él es el único poder que no te esclaviza, sino te libera... Que no te tiente tu yo, que no te tiente el poder, no tientes a Abba...’ (Dt 8,3; 6,13; Ps 90, 11-12; Dt 6,16);

Jesús se despertó pacificado (cf. Jn 12, 29-33). Se sentía ungido por Abba (Mc 1,11) y abrazado por la Ruah (Mc 1,10). Y ya no volvió a tener esas pesadillas hasta tres años más tarde: la noche antes de que lo ejecutaran soñaría en el Huerto que no quería beber el caliz de pasión (Lc 22, 41-44); al día siguiente, medio en coma sobre la cruz, soñaría que quería desclavarse para convencer con un milagro a videntes ciegos (Mt 27, 39-44). Pero de ambos sueños de última tentación le libraría la Ruah (cf. Lc 4, 18-21), en cuyos brazos exhalaría el último suspiro con todo ya consumado (Jn 19, 30). Superaría la tentación de bajarse de la cruz (Mc 15, 30) y se dejaría morir hacia Abba (Mc 15, 37; Lc 23, 46) para vivir eternamente en su seno (Jn 19, 30).

Cuando Jesús salió de su cuarentena en el desierto, su camino estaba claro: puso rumbo a Galilea. Iba a partir pan con pobres, sin negar a nadie su vino. Iría diciendo por los caminos: Amigo soy, soy vuestro amigo...