miércoles, 6 de febrero de 2013

LA FUERZA DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola


LA FUERZA DEL EVANGELIO - José Antonio Pagola

El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y "la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios". No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años. 

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos "haciendo cosas" desde una Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo?. Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la fuerza del Evangelio. Pásalo.
10 de febrero de 2013
5 Tiempo ordinario (C)
Lucas 5, 1-11

fuente: 



EN ESTA BARCA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Muchos dicen que en esta barca
vamos, más que nunca, a la deriva;
que es muy antigua y nada atractiva,
que ha perdido seguridad y rumbo,
que hace aguas por todas las esquinas
a pesar de los arreglos y proclamas;
y que sus timoneles desconciertan
a quienes se acercan con fe y ganas.

Dicen que sólo ofrece palabras;
que coarta la libertad y la gracia;
que ata, en nombre de Dios, la esperanza
anunciándose servidora humana;
y que se cree tan verdadera y necesaria
que las personas honestas y sanas
acaban dejando que pase,
olvidándola o rechazándola.

Y aunque se pase las noches bregando
ya no pesca nada en las aguas que surca
ni puede compartir con otras barcas
las fatigas y gozos de las grandes redadas.
Antes de quedar varada en la orilla,
todavía puede, siguiendo tu palabra,
remar mar adentro y echar las redes,
pero se halla falta de pericia y confianza.

Y, sin embargo, esta barca,
tan llena de miserias, tan humana,
tan poco atractiva y desfasada,
a la que ya pocos miran
y es objeto de risas y chanzas,
es la que nos llevó por el mar de Galilea
y nos enseñó a no temer tormentas,
y a descubrirte, sereno, en la popa.

Esta barca a la que Tú te subiste,
para hacernos compañía y prometernos
ser pescadores y entrar en tu cuadrilla,
todavía recibe ráfagas de brisa y vida
y es, aunque no lo comprendamos,
nuestra casa, hogar y familia
para andar por los mares de la vida
a ritmo y sin hundirnos, con la esperanza florecida.

Florentino Ulibarri



POR NUESTRA CUENTA NO SOMOS NADA, PERO CON DIOS LO PODEMOS TODO
Escrito por  Fray Marcos
Lc 5, 1-11

INTRODUCCIÓN
Hoy las tres lecturas van en la misma dirección. Experiencia de indignidad ante la cercanía de lo divino y salto al descubrimiento de lo que los protagonistas son por la cercanía de Dios.
• Isaías (Is 6,1-8) descubre que es un hombre de labios impuros, pero, tocado por el fuego, se cree capacitado para la misión. Aquí estoy, mándame.
• Pablo (I Cor 15,1-11), que se considera un aborto, reconoce que ha trabajado más que todos ellos, "pero no yo, sino la gracia de Dios en mí".
• Pedro (Lc 5,1-11) se reconoce "pecador" y pide a Jesús que se aleje, pero, dejándolo todo lo siguió. En los tres casos se trata de proclamar la fuerza de Dios.

CONTEXTO
De la lectura del domingo pasado, hemos saltado varios episodios: La primera predicación en la sinagoga de Cafarnaún, la curación de un endemoniado, la curación de la suegra de Pedro y otros enfermos que le trajeron. Empezamos Hoy el capítulo 5 con un episodio múltiple: la multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a volver al mar; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos; el inmediato seguimiento.

EXPLICACIÓN
El relato de Lucas que acabamos de leer, tiene mucho que ver con el que Juan narra en el capítulo 21, después de la resurrección. Allí es Pedro el que va a pescar en su barca. También allí se habla de una noche de pesca sin fruto alguno. Jesús les manda, contra toda lógica que echen las redes a esa hora de la mañana y en aquel lugar. El mismo resultado de abundante pesca. Y también la precipitada respuesta de Pedro de ir hacia Jesús. Dado el simbolismo que envuelve todo el relato, tiene más sentido en ambiente pascual. De hecho Pedro llama a Jesús "Señor", título que solo los primeros cristianos le asignaron. Cuando se escribieron estos evangelios, la "barca" ya era considerada como símbolo de la Iglesia caminando en medio del mundo hostil.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso, tiene un significado teológico muy profundo. La actuación de los hombres, por su cuenta y riesgo lleva al fracaso. Tendrá éxito cuando actúe en nombre de Jesús. Claro que "en nombre de Jesús", quiere decir que debemos de actuar de acuerdo con su manera de pensar, de actuar y de decir, que es algo muy distinto a ponerlo como coletilla al final de nuestras oraciones.

Es simbólica también la sugerencia de Jesús: "rema mar adentro". En griego "bados" y en latín "altum" significan profundidad, y expresan mejor el simbolismo. Solo de las profundidades se puede sacar lo más auténtico del hombre. Todo lo que buscamos en vano a nuestro alrededor, está dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro no es tan fácil como pudiera parecer. Exige traspasar las seguridades del yo superficial y adentrarse en lo incontrolable de nuestro ser. Confiar en lo que no controlamos exige una fe-confianza auténtica. Decía Teilhard de Chardin: "Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, llegó un momento en que dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío".

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús, que le manda contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos por todos los medios domesticar lo que es más que nosotros, con el pretexto de que sabemos más que nadie, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: "El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a donde le llevaban sus pasos". Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarcamos con nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más grande que nosotros es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y la vida son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Liberarnos de todo miedo sería el primer paso para adentrarnos en nuestro interior y descubrir lo que somos realmente. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión auténtica hacia la verdadera Vida. El temor más dañino es el temor a lo divino. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, podemos estar seguros de que ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo para hacer cumplir sus preceptos, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. "Pescar hombres" era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Cristo. Aquí quiere decir ayudar a los hombres a salir de la influencia del mal. Pero solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo verdadero de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás y por la creación entera. La primera y principal tarea de todo ser humano está dentro de él, nunca fuera. Aquí podemos descubrir los errores de planteamiento de la propia vocación, cuando la planificamos como hacer bien al prójimo. Dios sólo quiere que seas auténtico.

Y, dejándolo todo, le siguieron. Estamos ante un lenguaje teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas, los peces cogidos, la familia y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra.

Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la "vocación" al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una mínima minoría. Todos estamos llamados por Dios y nadie es llamado de una manera externa y ostensible. Los ejemplos de vocaciones que encontramos en la Escritura y en la vida, son experiencias internas de Dios.

APLICACIÓN
Hoy se está dilucidando la diferencia entre el verdadero Dios que libera, que salva y eleva al ser humano hasta su mismo ser, dándole su misma vida, y el ídolo que mantiene al hombre alejado, humillándolo y sometiéndolo. Es más, mientras más hundido se sienta el hombre, más grande será el ídolo. Lo triste es que nos sentimos mucho más a gusto frente al ídolo, porque lo hemos creado según nuestros intereses. Eso es lo que haríamos nosotros si fuésemos Dios. Pero sobre todo, ese es el dios más útil para mantener, en su nombre, a los seres humanos dominados. El Dios de Jesús no admite siervos. Lo que desea para nosotros es lo que desea para Él; por eso nos hace partícipes de su misma Vida.

Una vez descubierto el don de Dios, nos sentiremos capacitados para llevarlo a los demás. Sentiremos que en Él lo podemos todo. No caeremos en la trampa de creer que puede darnos o no dar, que puede elegirnos o no. Dios elige a todos, y no elige a nadie en particular. Soy solo una nota, pero imprescindible en el coro del universo. Lo único que debo pretender es que mi ser esté en armonía con el resto de la creación y así ayudar a desplegar la sinfonía universal. El fallo más común es querer llevar la voz cantante por encima de los demás, estropeando el coro. Descubrir que soy solo una voz, me ayudará también a valorar a los demás como indispensables para formar el coro armónico total.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene manera de decirme lo que espera de mí, más que a través de mi ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni privilegios. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Al crearme, me ha puesto todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas las posibilida¬des que puedo desplegar, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos. Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores unos que otros. Lo importante es acertar con el que mejor se adecue a mis aptitudes personales. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva consigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Meditación-contemplación

"Rema mar adentro". Llega a lo profundo de tu ser.
Es una invitación que se hace a todo hombre.
Sin esa profundización, no es posible la plenitud humana.
La contemplación es el único camino.
.............................

No es necesario que recorras los mares buscando alimento.
Aprende a pescar en tu propio pozo.
Lo que con tanto afán buscas fuera de ti,
lo tienes todo al alcance de la mano dentro de ti.
.......................

Si no has pescado nada, ¿qué podrás ofrecer a los demás?
Si no has aprendido a pescar, ¿cómo podrás enseñar a los demás?
Da verdadero sentido a tu vida,
y ayudarás a los demás a conseguirlo.

Fray Marcos




LA VOCACIÓN DE LOS DISCÍPULOS Y DE TODOS NOSOTROS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 5, 1-11

Seguimos haciendo una lectura del evangelio de Lucas, aunque saltando algunos pasajes. El domingo pasado veíamos a Jesús al principio de su predicación, en Nazaret. Lucas lo lleva después a Cafarnaúm donde empieza su predicación y sus curaciones. Su fama se extiende, de manera que todo el mundo acude a escucharle.

El tema de fondo es la vocación de los primeros discípulos, dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. La vocación de los discípulos se refiere en los cuatro evangelios: Juan 1:35-51, Mateo 1:16-22, Marcos 1:16-20.

• Mateo y Marcos dan una versión semejante: Jesús pasa por la orilla del mar y llama, sin más, a las dos parejas de hermanos. Ellos dejan las redes y le siguen.
• Lucas lo presenta más dramático, como consecuencia del asombro por la pesca milagrosa.
• Juan no hace referencia alguna ni al mar ni a la pesca: habla solamente de llamamientos personales, directos; el orden del llamamiento es distinto, y el número de los llamados es mayor.

Esto nos indica por una parte la diversidad de fuentes utilizadas por los evangelistas, aparentemente tres. Por otra parte, el escaso interés de los evangelistas por el género estrictamente histórico. Importa, mucho más que los sucesos exactos, el significado de esos sucesos. Incluso lo que sucedió puede ser modificado si esto es conveniente para dejar más claro el significado, el mensaje. En este evangelio, por ejemplo, la abundancia de la pesca es sobre todo simbólica, y se repite en varios pasajes: indica la abundancia del Reino, contrapuesta a la pobreza de la vida sin Dios.

Lucas nos muestra el reclutamiento de los primeros discípulos en el contexto de la admiración del pecador ante el poder de Dios. Es por tanto una línea paralela a la de la vocación de Isaías. Atraídos por la santidad de Dios, a pesar del pecado, enviados por Dios. Pero esta vez no se trata de clamar anunciando los castigos futuros. Esa imagen de Dios intolerante con el pecado es ampliamente superada por Jesús. Se trata de "pescar", es decir, salvar de las aguas del pecado. No son elegidos sólo para profetas sino para salvadores, libertadores como Jesús, que es Dios-con-nosotros-Salvador.

Es claro que los tres textos por tanto dan tres "versiones" diferentes del mismo tema, la vocación del apóstol, insistiendo en los mismos aspectos: la desproporción de la misión con la pequeñez del elegido; la posibilidad de realizarlo por la fuerza de Dios.

Es claro también que los elegidos no lo son por sus méritos. Ni siquiera por sus aptitudes, por sus cualidades. Es un tema habitual en toda la Escritura. Moisés es elegido a pesar de que no sabe hablar correctamente. David es elegido siendo el pequeño, el menos importante de sus hermanos... y muchos otros casos más. El ejemplo mayor sin embargo es el mismo pueblo de Israel, el más insignificante de los pueblos, y, además, pueblo rebelde ante Dios. Todo esto se interpreta siempre así: para que veáis que no son vuestras fuerzas sino el poder de Dios que está con vosotros.

Esto podría interpretarse en el Antiguo testamento como un alarde de Yahvé. Las victorias sobre los enemigos son victorias de Dios; Israel es sólo un instrumento, patéticamente desproporcionado. Esta es sin duda una lectura adecuada del famoso Paso del Mar, en el Libro del Éxodo.

Pero esta línea es aún imperfecta y sólo llega a su madurez en el Nuevo testamento. Los discípulos no son elegidos para hacer proezas militares luchando contra otros hombres u otros pueblos. Su único enemigo es el pecado y lo es porque es el enemigo del ser humano: esa es la única batalla de Dios. Los pecadores no son enemigos, sino enfermos, víctimas del pecado.

La imagen de "pescar" tiene mucho más significado que el que nosotros percibimos desde nuestra cultura. El mar es para nosotros un elemento de la naturaleza, más bien bello aunque inmenso. Para Israel el mar y todas las aguas caudalosas siempre son imagen del caos, de la oposición a Dios, del pecado. Poner las aguas en su sitio es lo primero que hace Dios al crear, inmediatamente después de hacer la luz. Noé el justo es salvado por Dios de las aguas del diluvio, provocadas por el pecado. Moisés y el Pueblo son salvados de las aguas, del Nilo y del Mar. La última oposición a la entrada en La Tierra es el difícil (¿?) paso del Jordán, milagrosamente resuelto por el poder de Dios.

Aunque en el contexto del desierto el agua es la vida, esto se reduce a los pozos y a los manantiales. Las grandes masas de agua son el caos, el poder de lo incontrolable, el pecado del que triunfa sólo el poder de Dios.

Dios se presenta como "El que salva del Caos", en el Génesis de modo muy genérico; en el Éxodo como salvador político del pueblo y más tarde, por medio de La Ley, en la Teofanía del Sinaí. El pecado es el Caos: la palabra de Dios, los Diez Preceptos, vienen a poner orden en ese caos. Es una simbología paralela a la de la luz. El pecado es caos y oscuridad: Dios trae el orden y la luz.

En esta misma línea, cuando los evangelistas presentan a Jesús caminando sobre las aguas, calmando la tempestad, salvando a Pedro de las aguas, provocando pescas milagrosas, enlazan con toda la línea del Antiguo Testamento que acabamos de exponer y nos muestran, de manera gráfica, con imágenes más que con palabras, que ahí está el Espíritu del Señor, el mismo que puso orden en el caos primigenio, el mismo que salvó a Noé y a Moisés y al Pueblo.

Por tanto, y una vez más, lo que Jesús está anunciando es cómo es Dios; y el Dios de Jesús es otra cosa completamente distinta de lo que se había entendido. No es Dios el que castiga y condena; es el pecado el que nos castiga y nos condena. Dios no amenaza; es el pecado el que amenaza. Dios salva, Dios es el Creador, el que hace existir y vivir; el pecado es el que hace morir.

La dramática imagen de la condenación es una constatación existencial del ser humano: el ser humano puede echarse a perder, destruirse. Es el precio de la libertad. Pero Dios no es el árbitro indiferente, el notario final que certifica que se ha destruido, ni mucho menos el que condena. Dios es el que ayuda a que no pase nada de eso, el que engendra y trabaja por sacar adelante a su hijo. Ése es el Dios de Jesús.

Finalmente, existe entre muchos cristianos la idea de que los llamados al apostolado son "los apóstoles", los sacerdotes, los religiosos... Es un grave error. Todos los que siguen a Jesús son llamados por Dios para que sean creadores de humanidad como él. Esta no es una vocación especial de algunos, sino la vocación básica de todo cristiano: encendidos en la luz de Jesús para que en el mundo brille la luz de Jesús.

Esto es una invitación a ver nuestra vida cristiana de una manera "cotidiana", no "extraordinaria". No se trata de hacer cosas diferentes para ser "apóstol", ni de dedicar horas extras al apostolado, ni de pertenecer a asociaciones, meterse en actividades... que puede ser muy bueno e incluso necesario, pero sólo además. Además de la vida cotidiana, que es nuestro servicio, nuestro trabajo querido por Dios, lo que tiene valor profético. La misión de todos los cristianos es hacer visible el reino, vivir como hijos de Dios: así se anuncia la Buena Noticia.

Hay en la iglesia vocaciones de consagración exclusiva. Como los profetas, o los Apóstoles. Los sacerdotes, los religiosos... que tienen un carisma propio, una función específica en la Iglesia. Sirven para la Iglesia, para alimentar a la Iglesia, al Pueblo de Dios. Pero no son ellos "los" apóstoles, "los" profetas. La vocación de anunciar el Evangelio es de la Iglesia entera.

Lo que anuncia el Evangelio es la vida cotidiana de los cristianos. Así hemos de entender la oración, los sacramentos, la Eucaristía... como medios que nos ayudan a vivir para que nuestra vida sea apostólica, profética. Ser padre, madre, esposo, esposa, médico, albañil, maestro, estudiante.... ese es nuestro trabajo querido por Dios, y eso es nuestro apostolado. Para que lo sea, necesitamos de la Palabra de Dios, de la Oración, de la Eucaristía.... Pero estarán vacías si no sirven para que la vida cotidiana anuncie el Reino.

Aquí podemos hacer una seria consideración sobre el sentido de ser cristiano, tan común. "Ser cristiano es conocer la ley de Dios y obedecerla, y poder recibir el perdón cuando se falla, y así poder salvarse". ¡Qué empequeñecimiento del mensaje! Ser cristiano es comprometerse con Dios en la Creación y en la Salvación del ser humano.

Y otra reflexión sobre la frase tan usada: "Sacerdos, alter Christus", el sacerdote, otro Cristo. Debería decir: "El cristiano, otro Cristo". Anunciar el Reino, ser Palabra de Dios en el mundo no es trabajo de los sacerdotes, sino de los cristianos.

 José Enrique Galarreta