viernes, 4 de enero de 2013

RELATO DESCONCERTANTE - José Antonio Pagola


RELATO DESCONCERTANTE - José Antonio Pagola

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.
Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.
En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.
Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.
Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.
El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.
Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.
Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.
El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Despierta la fe en un Dios encarnado. Pásalo.
6 de enero de 2013
Epifanía del Señor (C)
Mateo 2, 1-12

fuente: 



¡SIEMPRE ESTÁS!
Escrito por  Florentino Ulibarri

En las plazas y en las iglesias,siempre estás tú.
En los mercados y en los claustros,
siempre estás tú.
En las ciudades y en los desiertos,
siempre estás tú.
En los valles y en las montañas,
siempre estás tú.
En las fábricas y salas de fiesta,
siempre estás tú.
En las playas y en los monasterios,
siempre estás tú.
En las cumbres nevadas y en los oasis,
Siempre estás tú.
En las calles y en los corazones,
siempre estás tú...

Aunque ya no haya estrellas
y yo vaya por caminos inciertos,
tú siempre estás...

Aunque no te ofrezca nada
-ni oro ni incienso ni mirra-
tú siempre estás.

Aunque vuelva a mi hogar
en busca de paz y seguridad,
tú siempre estás.

Te veo junto a mí
en los días de éxito y favor
y en los oscuros y de tribulación.

Te veo junto a mí,
a veces delante, a veces detrás,
y también en mis flancos débiles y sin cubrir.

Te veo junto a mí
rodeándome y protegiéndome
y también sacándome al horizonte.

Te veo junto a mí
cuando ando entre la gente
y contemplo el rostro de quienes van y vienen.

Y cuando abro mis ojos,
ora camine ora me detenga,
es tu rostro el que me ilumina y emociona.

En todos los lugares en los que estoy, estás.
A todas las horas que estoy, estás;
y tu rostro encarnado, siempre me ama más.

Florentino Ulibarri




La fiesta de lo humano
José Ignacio Gonzalez Faus.

A Anna, a quien la sola pregunta: “¿y si fuese verdad que Dios se ha hecho hombre?”…, le cambió la vida. Más allá del ser cristiano o no, los días de Navidad siguen conservando un atractivo extraño que perdura incluso falsificado por un consumo irracional. Creo que es posible identificar ese atractivo si comprendemos que la Navidad (desde su origen como celebración del hacerse hombre de Dios) no es más que la fiesta de lo humano.
Todos intuimos más o menos vagamente que lo humano es una maravilla pero que necesita ser curada y potenciada. La Navidad es el anuncio de que la puerta hacia esa sanación y esa potenciación está abierta, aunque no lo parezca en este mundo inhumano.
Este mensaje se agudiza porque lo humano divinizado se concreta estos días en un niño. En el niño las relaciones humanas que nos constituyen no están todavía degradadas: podrá llorar por su miedos, sus dolores o su hambre que no sabe expresar; pero, en circunstancias “normales” que no sean las de los orfanatos chinos o las hambrunas africanas, al contacto con los demás tiende a nacerle la sonrisa, y sus ojos miran con una ingenuidad que ya no cabe en nosotros, como si estuvieran descubriendo que vivir puede ser maravilloso.
Nuestra expresión casi absurda -“el niño Dios”- transmite algo de eso: no puedo olvidar el comentario gráfico y bien humorado de una amiga sobre su hijos: “cuando son pequeños te los comerías a besos; cuando crecen… te arrepientes de no habértelos comido”. Esta puede ser la razón por la que, en Navidad, intentamos recuperar esas relaciones rotas volviendo a sentar las familias en torno a una mesa, aunque a veces ese gesto acaba dejando las relaciones peor de lo que estaban. Sin embargo, quizá volveremos a intentarlo en las próximas navidades.
Algo de esta redención de lo humano se expresa en los villancicos, cantos exclusivos de la Navidad y que no nos cansamos de repetir cada año. En todas las lenguas que conozco,los villancicos transmiten con sus letras un mundo que parece hecho de ingenuidad, armonía, don y humildad.
Ingenuidad que es (con expresión de P. Ricoeur) “una segunda ingenuidad”: los villancicos no ocultan el establo, ni el frío ni los animales junto a la cuna; pero se atreven a decir que “els angels canten a desdir, en la establia” o que ése que está “en un pobre pesebre” es el “chiquirritín queridito del alma”.
Esa posibilidad de una segunda ingenuidad proviene de que las navidades son la fiesta del don. Nosotros hemos falsificado la donación convirtiéndola en un intercambio que calcula si hemos dado más o recibido menos. Pero el villancico sólo sabe que el pobre pastor va “a llevar al portal requesón, manteca y vino”, o que al “noi de la mare” hay que darle “panses i figues i mel i mató”, porque la primera pregunta no es qué me traerá sino “que li darem” . Y aunque no tenga “más que un pobre zurrón”, el niño sonreirá igual.
A su vez, el don transforma la realidad en armonía: en el universo del don “los ángeles están cantando y el romero floreciendo”, y aunque haya que lavar y peinar, “los cabellos son de oro y el peine de plata fina”. Si hace frío y nieva (cosa muy improbable en el lugar del nacimiento de Jesús), la nieve servirá para hacer unas “navidades blancas” y una “noche de paz”. Todos estos rasgos de pintura “naiv” sugieren la armonía de lo humano como una novedad que hay que redescubrir: porque no está en el retrato normal de nuestra realidad, que es ese desgarre entre “la vida en sí”, tan bella; y “esta vida nuestra”, tan horrible.
Sólo una cosa hace posible ese don capaz de devolvernos una nueva ingenuidad y de transformar la realidad en armonía. Ese requisito es la humildad: en Belén se puede ver al mismo Dios “recién nacido”, por eso se nos invita a acudir allí para adorar esa humildad (“venite adoremus”), mientras los ángeles no paran de cantar “gloria, gloria” en una especie de fuga inacabable, con la esperanza de que “los hombres lo escucharán”. Porque sólo en esa adoración de la humildad (que no tiene nada que ver con la falta de autoestima sino que brota de la sobreabundancia del ser), sólo ahí será posible la “paz para los hombres”. Una paz que todavía no hemos conseguido porque la buscamos siempre como fruto de la victoria y no como fruto de la justicia.
Que hemos desfigurado la Navidad hasta hacerla irreconocible y anticristiana parece innegable. Pero también sigue latiendo hoy el atisbo de otras navidades posibles. Ojalá pues que, al menos los cristianos, al desearnos este año Feliz Navidad explicitemos que nos estamos deseando la dicha de una humanidad “sobria y solidaria”, donde todo lo que en la fiesta hay de sobreabundante, es compartido con decisión y serenidad.





EN JESÚS, DIOS AMANECE PARA TODOS
Escrito por  Fray Marcos
Mt 2, 1-12

Es una de las fiestas más antiguas que se conocen. "Epifanía" significa en griego manifestaciones, en plural. Hasta hace bien poco se conmemoraban este día tres hechos de la vida de Jesús: la adoración de los magos, la boda de Caná y el bautismo. En la actualidad se celebra en occidente la adoración de los magos, más conectada con la Navidad y como símbolo de la llamada de todos los pueblos a la salvación ofrecida por Dios en Jesús.

El relato que hoy leemos del evangelio de Mateo, no hay la más mínima posibilidad de que sea histórico. Esto no nos debe preocupar en absoluto, porque lo que se intenta con esa "historia" es dar un mensaje teológico. Dios se está manifestando siempre. Si el que, en un momento determinado lo descubre, quiere comunicarlo a otros, tiene que materializarlo en imágenes, para que los que no lo han descubierto, lo conozcan como si hubiera sido percibida por los sentidos. Dios está actuando siempre y en todas sus criaturas. Nosotros descubrimos esa presencia, sólo en circunstancias muy concretas.

El concebir la acción de Dios como venida de fuera y haciendo o deshaciendo algo en el mundo terreno, sigue jugándonos muy malas pasadas. Muchas veces he intentado explicar cómo es la actuación de Dios, pero acepto que es muy difícil de comprender, después de tanto tiempo creyendo en un Dios remedio de todos los males, apto para deshacer cualquier entuerto. Pensemos, por ejemplo, en el comienzo de la mayoría de las oraciones de la liturgia: "Dios todopoderoso y eterno... para terminar poniendo el cazo."

La expresión más simple de la teología escolástica reza así: Dios es acto puro. Quiere decir, que en Él no existe ni rastro de "potencia" (en sentido filosófico, capacidad o 'posibilidad' de ser o de actuar). En Dios no hay ninguna posibilidad de ser o de actuar que no esté colmada. El ser "nadapoderoso" no le viene por falta de poder, sino porque ya lo ha realizado todo. No puede hacer nada más. Si Dios empezara a hacer algo, antes de hacerlo no sería perfecto, porque todo acto lleva consigo un enriquecimiento, por lo tanto no sería Dios. Si Dios dejara de hacer algo, perdería una perfección y dejaría de serlo.

Debemos superar el concepto que tenemos de Dios creador. Dios no puede desentenderse de la criatura, como hacemos nosotros al 'crear' algo. La cosa creada es manifestación de Dios, que está ahí sosteniendo en el ser a su criatura, entregado totalmente a ella. Imaginad que la creación es la imagen que se refleja en el espejo. Si quitamos del medio la realidad reflejada, el espejo no podría reflejar ninguna imagen.

Dios crea porque es amor y en la creación manifiesta su capacidad de darse. Al crear Dios solo puede buscar el bien de las criaturas, no puede esperar nada para Él.

En contra de lo que nosotros creemos, la creación no falla nunca; para Dios todo está en orden y equilibrio en cada momento. En el Génesis se repite una y otra vez, que lo que iba haciendo Dios era "bueno", pero cuando llega a la creación del ser humano dice que era todo "muy bueno". La idea de un Dios que tiene que estar constantemente haciendo chapuzas con la creación, es mezquina. La idea de una salvación como reparación de una creación que le salió mal, es consecuencia de un maniqueísmo mal disimulado. Cada ser humano puede no ser consciente de lo que es y vivir como lo que no es, pero en el fondo seguirá siendo criatura de Dios y como tal único y perfecto.

Podemos seguir diciendo, que Dios actúa en la historia, que se sigue manifestando en los acontecimientos, pero conscientes de que es una manera impropia de hablar. Con ello queremos indicar que el hombre, en un momento determinado, se da cuenta de la presencia de Dios, y para él es como si en ese momento Dios se hiciera presente. Como Dios está en todas sus criaturas, y en todos los acontecimientos, está en ese momento. La manifestación de Dios es siempre la misma para todos, pero sólo algunos, en circunstancias concretas, llegan a descubrir su teofanía.

La presencia de Dios nunca puede ser apodíctica, nunca se puede demostrar, porque no tiene consecuencias que se puedan percibir por los sentidos y por lo tanto no se puede obligar a nadie a admitir esa presencia. Es indemostrable. Tener esto claro equivaldría a desmontar todo el andamiaje de las acciones espectaculares como demostración de la presencia del poder de Dios. No digamos nada cuando ese poder se quiere poner al servicio de los "buenos", e incluso, en contra de los "malos". Pascal decía: "Toda religión que no confiese que Dios es un Dios escondido, es falsa".

La gran paradoja está en que Dios es a la vez, el Dios que se revela siempre y el Dios que siempre está escondido. La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el ausente. Juan de la Cruz lo dejó muy claro: "Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido. Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eres ido."

Y el místico sufí persa Djelal Eddin Rumi dice: "Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma das vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver Tu faz escondida."

Veamos algunas conclusiones teológicas del relato de los Magos. No hace referencia a personas concretas, sino a personajes. No eran reyes, sino 'magos', es decir sabios que escudriñaban el cielo para entender mejor lo que pasaba en la tierra. Porque estaban buscando, descubrieron, encontraron. Fijaros que lo descubren los que estaban lejos, pero no se enteraron de nada lo que estaban más cerca del niño. Para descubrir la presencia de Dios, lo único definitivo es la actitud. Al descubrir algo sorprendente, se pusieron en camino. No sabían hacia dónde, pero arriesgaron.

Otro mensaje importantísimo para los primeros cristianos, casi todos judíos, es que todos los seres humanos están llamados a la salvación. Para nosotros hoy esto es una verdad obvia, pero a ellos les costó Dios y ayuda, salir de la conciencia de pueblo elegido. Pablo lo propone como un misterio que no había sido revelado en otro tiempo: "También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa". Lo definitivo no es pertenecer al pueblo elegido, sino estar en sincera búsqueda.

Preguntan por un Rey, contrapuesto al rey Herodes. La ciudad se sobresaltó con él, es decir identificada con el rey en su tiranía. Es Herodes el que lo identifica con el Mesías. Los sacerdotes y escribas "sabían" dónde tenía que nacer, pero no experimentan ninguna reacción ante acontecimiento tan significativo. Una vez más se demuestra que el conocimiento puramente teórico no sirve de nada.

El signo de la presencia extraordinaria de Dios en una vida humana era la estrella. Se creía que el nacimiento de todo personaje importante estaba precedido por la aparición de una estrella en el cielo. El relato nos dice que la estrella de Jesús, solo la pudo ver el que está mirando al cielo. El que está mirando a la tierra, nunca descubrirá la estrella. Solo los que esperan y buscan algo nuevo, están en condiciones de aceptar esa novedad. Para los magos, lo ya conocido no les satisfacía, por eso siguen escudriñando el cielo para poder detectar la gran novedad de Jesús. En Jerusalén nadie la descubre.

Los dones que le ofrecen, son símbolo de lo que significa aquel niño para los primeros cristianos después de haber interpretado su vida y su mensaje. El oro el incienso y la mirra son símbolos místicos de lo que el niño va a ser: el oro era el símbolo de la realeza; e incienso se utilizaba en todos los cultos que solo se tributa a Dios; la mirra se utilizaba para desparasitar el cuerpo y para embalsamar, como hombre.

Meditación-contemplación

Dios se manifiesta siempre y en toda criatura.
¿Por qué no lo descubro? Muy sencillo:
O busco un dios que no existe.
O le busco donde no está.
O le busco con la razón y no con el corazón.
.......................

No hay que buscar a Dios,
sino la luz que nos permita verlo en todas partes.
Al entrar en una habitación, no busco la lámpara, sino el interruptor.
Una vez pulsado, instantáneamente se hace la luz.
.................

La luz está dentro de ti. Puede llevar tiempo encontrar el interruptor.
Sigue tanteando, en cualquier momento lo descubrirás.
Tú no eres la habitación iluminada por UNA lámpara.
Eres la LÁMPARA que se transforma en LUZ.
...................

Fray Marcos