jueves, 24 de enero de 2013

PROFETA - José Antonio Pagola


PROFETA - José Antonio Pagola
En una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que había crecido.
La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.
Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Según Lucas, la gente "tenía los ojos fijos en él". La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?
Movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y sus gestos, su ternura y su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".
Profeta de Dios. Jesús no ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido "ungido" por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo le podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.
Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.
Dedicado a liberar. Vive entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida  definitiva.

José Antonio Pagola


 Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Da a conocer al Profeta de Dios. Pásalo.
27de enero de 2013
3 Tiempo ordinario
Lucas 1,1-4; 4,14-21 

fuente: 


LLEGARÁ UN NUEVO DÍA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Llegará un día
en el que vivir no sea una pesada carga,
que doble las espaldas
y sofoque los corazones,
sino una asombrosa experiencia de plenitud
para todas las personas,
sea cual sea su origen, color, país o religión.

Llegará un día
en el que la libertad no sea un sueño,
temeroso de ser perdido
si despierta entre nuestros frágiles brazos,
sino una alegre realidad
capaz de ilusionar y emocionar
a todos los que vivimos y soñamos.

Llegará un día
en el que la igualdad no esté en entredicho
ni necesite discriminación positiva,
sea cual sea la cultura,
la condición social,
la patria, la riqueza
o el sexo de las personas.

Llegará un día
en el que los derechos humanos
no necesiten defensores ni leyes,
pues todos los llevaremos tatuados
en nuestras entrañas
y sabremos transmitirlos
a las generaciones futuras.

Llegará un día
en el que la justicia florecerá
en todos los campos y rincones
de nuestro ser y tierra
y podremos mirar sin temor,
en cualquier dirección,
con ojos limpios y acogedores.

Llegará un día
en el que las fronteras desaparecerán,
y todos los seres humanos
podremos movernos,
sin controles ni tarjetas,
de acá para allá,
como en nuestra propia casa.

Llegará un día
en el que la fraternidad
será la mejor carta de ciudadanía,
de dignidad y de respeto,
y todas las personas serán respetadas,
sean o no compañeras, camaradas,
adversarias o amigas.

Llegará un día
en el que podremos convivir,
dialogar y enriquecernos,
amar, compartir y criticarnos,
soñar, trabajar y cantar,
y ser diferentes sin excluirnos
en la mesa, en el corazón y en la historia.

Llegará un día
en el que esta sociedad se sienta renacer
en todos los cruces y sendas,
revistas, periódicos, radios y televisiones;
y en el que la buena noticia
sea el pan nuestro cada día
para quienes aman y caminan.

¡Pronto llegará ese nuevo día, Señor,
Si proclamamos sólo palabras de gracia!
¡Ya se anuncia!

Florentino Ulibarri




AÚN NO HEMOS ACEPTADO LA BUENA NOTICIA: LIBERARNOS Y LIBERAR
Escrito por  Fray Marcos
Lc 1, 1-4 / Lc 4, 14-21

CONTEXTO
Como sabéis, este ciclo C nos toca leer al evangelista Lucas. Después de los relatos de infancia, narra el bautismo de Jesús y a continuación las tentaciones del desierto. En 4, 14 comienza propiamente la vida pública de Jesús con este relato de la predicación en la sinagoga de su pueblo, después de una breve introducción general en la que habla de sus enseñanzas por las sinagogas de Galilea. En el texto queda claro que no es la primera vez que entra en una sinagoga porque dice "como era su costumbre". Y en los versículos siguientes: "haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún".

EXPLICACIÓN
El texto de Isaías que Jesús mismo lee, es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte del párrafo, que dice: "... y un día de venganza para nuestro Dios" (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Jesús manifiesta talante, antes de empezar el comentario. Los que escuchaban conocían de memoria el texto, y se dieron cuenta de la omisión. Parece que le muestran su aprobación, pero no pasa de una nerviosa expectación. Que el hijo de José se atreva a rectificar la Escritura era inaceptable. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios reflejada en la Escritura. En el texto de Isaías queda claro que la buena noticia anunciada era para los judíos. Jesús trae una buena noticia para todos.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo de aquel tiempo, sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Debemos dejar claro que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús para ir mucho más allá de ella. El valor absoluto que se daba a la Escritura queda abolido. No se anula la Escritura, sino el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ningún rito, ninguna norma pueden tener valor absoluto. El hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de "Ungido". Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: la mayor cercanía a la persona de Jesús se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que verdaderamente representa.

Con la Escritura en la mano, Jesús anuncia la raíz más profunda de su mensaje. Fijémonos bien. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos, "hoy se cumple esta Escritura". Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación por parte de Dios. Pero debemos tener mucho cuidado para no entender literalmente ese mensaje, y seguir esperando de Dios lo que ya nos ha dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Soy yo el que debo tomar conciencia de que soy libre y puedo vivir en libertad sin que nadie me lo impida. Como Jesús, no debo dejar que nada ni nadie me oprima. Ni Dios ni los hombres en su nombre, pueden exigirme ningún vasallaje.

La libertad es el estado natural del ser humano. La "buena noticia" de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material. Pero tampoco podemos conformarnos con una propuesta de salvación meramente espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales, en nombre de una salvación que nos empeñamos en proyectar para el "más allá".

Oprimir a alguien o desentenderse del oprimido, es negar radicalmente al Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos que le caen en gracia. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios. Es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte de Dios, si estamos con ellos. De otro modo, podemos estar seguros de que nos relacionamos con un ídolo. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica. Cuando el Bautista envía dos discípulos a preguntar a Jesús si era él el que había de venir, responde Jesús: "id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan... etc.

Más que nunca busca hoy el ser humano su liberación, pero algo está fallando en esa búsqueda. Buscamos con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuidamos la liberación interior que es la primera que tenemos que conseguir. Jesús habla de liberarse, antes de hablar de liberar a los demás. Sobre todo en el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, aunque le lluevan sometimientos externos. Hay siempre una parte de su ser que nada ni nadie puede doblegar. La vida de Jesús ha sido el mejor ejemplo. Para Jesús, la primera obligación de un ser humano es no admitir ninguna esclavitud. Y el primer derecho de todo hombre es verse libre de cualquier opresión. Debe quedar muy claro que la opresión más deshumanizadora es la que se ejerce en nombre de Dios.

¿Cómo conseguir ese objetivo? El evangelio nos lo acaba de decir: Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar a uno para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es sencillamente genial. Ninguna explicación teológica puede llevarnos más lejos que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses encontrados es tan demencial como pensar que cualquier parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. El individualismo instintivo solo puede ser superado por la conciencia de unidad a la que nos lleva el Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferentes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella el ser vivo sería inviable. Tal vez sea una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, aceptar la diversidad, aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia, no una amenaza sino una riqueza insustituible. Si somos sinceros, descubrimos que estamos en la dinámica opuesta: rechazar y aniquilar al que no es como nosotros. Todavía hoy sigue siendo una asignatura pendiente para nuestra religión, no ya la aceptación, sino el simple soportar al diferente.

La única predicación de Jesús fue el amor, es decir, la unidad de todos los hombres. Eso supone la superación de todo egoísmo y por lo tanto la superación de toda conciencia de individualidad. Los conocimientos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos empeñándonos en encontrar el sentido de mi existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino que es su propio constitutivo esencial. No solo para sentirme unido a toda la materia, sino para sentirme identificado con todo el Espíritu.

Ya sabemos que el "Espíritu" no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer, querámoslo o no. No tiene ni pies ni cabeza que sigamos empeñados en potenciar lo que de nosotros es más endeble, aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer dar sentido a mi existencia potenciando lo caduco, es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Meditación-contemplación

Todo lo que es y significa Jesús, es obra del Espíritu.
Él descubrió dentro de sí esa realidad, y la vivió.
Por eso le llamaron Jesús el Cristo (ungido)
La buena noticia es que todos podemos llegar a la misma experiencia.
...............................

Hoy se cumple esa Escritura en ti.
Ese mismo Espíritu que actuó en Jesús, está actuando siempre en ti.
Dios da el Espíritu sin medida.
Si no descubres y experimentas esto, ninguna vida espiritual será posible.
...........................

El Espíritu te llevará al encuentro del otro.
El amor se manifestará en actitudes, que siempre beneficiarán a los demás.
La fuerza del ego nos separa. La fuerza del Espíritu nos identifica.
Conecta con esa energía divina que ya está en ti,
y la espiritualidad será lo más espontáneo y natural de tu vida.
.........................

Fray Marcos




JESÚS EXPLICA CUÁL ES LA BUENA NOTICIA
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 1, 1-4 / Lc 4, 14-21

Según una antiquísima tradición, Lucas es un médico griego convertido por Pablo, que le acompaña en sus viajes hasta el final. El texto que hoy leemos tiene dos partes. La primera parte es el prólogo de su evangelio. En él se presenta la intención y método del autor. Un griego llegado a la fe ofrece una justificación de por qué puede creer en estos hechos, garantizados por testigos de vista, fiables.

Es un texto importante para nosotros: conocemos cómo se escribieron los Evangelios. Hubo personas, como Lucas, que recogieron cuidadosamente la información: la recogieron de personas que fueron testigos oculares de los hechos, y luego fueron predicadores de ese mensaje. Se trata de ofrecer una aportación más a la justificación de la fe en Jesús, de mostrar que no estamos creyendo en leyendas inventadas, sino que nuestra fe parte de hechos, garantizados por testigos fiables, que por esos hechos llegaron a la fe en Jesús y nos la transmiten.

La segunda parte se sitúa en el principio de la predicación de Jesús. Después del "evangelio de la infancia" (caps. 1 y 2) se presenta la predicación del Bautista, el bautismo de Jesús y la cuarentena en el desierto (cap.3). Inmediatamente después Jesús empieza su predicación en Galilea. Éste es el texto de hoy.

Jesús se presenta a sí mismo como la presencia del Espíritu, como el Mesías, anunciado en Isaías (61:1-2). Es decir, Lucas presenta a Jesús como el Mesías esperado, pero no como Mesías davídico-guerrero-triunfante, sino como el que ya vislumbran algunos profetas ("el que va a dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor") El mismo pasaje está también en Marcos c.6, pero subrayando otros matices diferentes.

LA ANTIGUA Y LA NUEVA LEY
La Ley se proclama al pueblo: el pueblo llora al oírla. Se invita a una conversión gozosa. ¡Tenemos la Palabra! Aunque nuestros pecados nos han apartado de ella, la Palabra está ahí, ofrecida, para que tengamos vida. Jesús se presenta también así: la Buena Noticia, la libertad.

Los evangelistas presentan a Jesús como plenitud y también como superación del Antiguo Testamento. Y ésta es una línea clave de toda la Biblia: Dios Libertador. Se planteó el tema en el Génesis y se desarrolló ampliamente en el Éxodo.

Desgraciadamente, existió en Israel la tendencia a apropiarse del mensaje: Dios con nosotros, para que seamos un pueblo fuerte, para que todos los pueblos tengan que venir a rendir culto a Dios en nuestro Templo. Cuando el pueblo y Jerusalén y el Templo son destruidos, y al volver del destierro, los Profetas llegan a comprender mejor el mensaje y lo hacen mucho más espiritua¬l. No esperamos la protección de Dios como un mensaje político, sino espiritual. Cumplir la Ley no nos traerá el triunfo sobre otras naciones, sino sobre el pecado.

Jesús se presentará así; no sólo como cumbre de lo antiguo, sino como superación sorprendente. Tan sorprendente, que el pueblo de Israel, sus jefes y sacerdotes, lo rechazarán. Este episodio de Nazaret termina en escándalo. Sus convecinos le rechazan y hasta quieren matarlo. No es ése el Mesías que esperan.

La relación entre los dos textos es clara. La Antigua y la Nueva Ley. La Palabra de Dios realizada en Jesús. El testimonio de los que descubrieron en Jesús la Plenitud de la Alianza y de la Palabra. La Buena Noticia que se anuncia a todos los pueblos, no sólo a Israel. Y la Buena Noticia que es liberación, enorme alegría para todos los pobres, los pecadores, los que sienten necesidad de Dios. Y puede ser rechazada.

LA NOVEDAD DE JESÚS: LA BUENA NOTICIA.
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el Libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír"

La Buena Noticia es que para Dios todo es al revés: los de arriba tienen que ponerse a servir: los de abajo son los más queridos. Dios no es patrimonio de ricos o poderosos: ni siquiera es poder: Dios es alimento, luz, liberación.

Esta es la línea que da coherencia a toda la actividad de Jesús, hechos y dichos: Buenas Noticias: Dios no es como nos lo habían pintado, amo poderoso, juez temible, poder que reina desde templos; y por eso Jesús está a gusto entre la gente normal, cura infatigablemente, libera a los poseídos y enseña de manera que todos le entienden.

Buenas Noticias... para algunos. Para los que están bien instalados en una religión de poderes, de cultos, de misterios... malísima noticia. Esta Noticia le llevará a Jesús a la muerte. Pero los que buscan de corazón a Dios creerán en él a pesar de la cruz y verán en el la presencia de Dios: es la esencia de la primera predicación: "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal porque Dios estaba con éL".

Así que el resumen de la Buena Noticia es con quién está Dios, y que esto se ve en Jesús. Por eso creemos en él, y eso es lo que creemos de él.

La escena de la Sinagoga de Nazaret es impresionante. No es casual que Lucas la elija como punto de partida de todo el ministerio de Jesús. Llama la atención ante todo el "descaro" de Jesús: él, el carpintero del pueblo, sin cualificación alguna, se levanta en la sinagoga de su propio pueblo y se arroga la función del escriba, se presenta como maestro, ante la admiración de todos. Admiración que va a cambiarse en rechazo.

"¿No es éste el hijo de José?". Lo que viene a significar: ¿quién se ha creído éste que es? ¡Si le conocemos de toda la vida!

Reconocer a Dios es difícil cuando entre Él y nosotros se interponen nuestros modos culturales, nuestros prejuicios religiosos, nuestras conveniencias... La gente de Nazaret sería gente normal... como la de Cafarnaún, como tantos que le siguieron. Pero no pudieron reconocer a Dios en su vecino el carpintero. Quizá nosotros, la iglesia, estamos demasiado cerca de Jesús, lo conocemos de toda la vida... de tal modo que la Buena Noticia nos resulta escándalo...

LOS "CARISMAS" EN LA CARTA A LOS CORINTIOS
La primera carta de Pablo a los cristianos de Corinto tiene un contenido doctrinal muy variado. A partir del capítulo 11 trata ampliamente de la celebración de la "Cena del Señor", y del buen orden de la reunión. Dentro de estas instrucciones, se incluye la parte referida a los "carismas", los diferentes dones de cada cristiano, con la intención de ordenar su participación en la asamblea, para el bien común. Este tema se inició ya en la lectura del domingo pasado.

En este contexto, se hace una exposición de los "carismas", para mostrar que todos ellos están dados por Dios para la Iglesia, para el bien de todos, y que el mayor de ellos es la caridad, que les da sentido a todos y sin el cual todos los demás no son nada.

Para aclarar este punto, Pablo expone su imagen de la iglesia como "Cuerpo de Cristo". La intención de la imagen es mostrar que así como en un cuerpo cada órgano no tiene fin en sí, sino para el conjunto del cuerpo, y ninguno es despreciable, así también en la Iglesia, todos tienen su función, y no se aprecia más a uno por ser cabeza que a otro por ser pies, puesto que todos son necesarios en el Cuerpo de Cristo. Pero el carisma de todos, el alma de todo el Cuerpo, es el amor, sin el cual todos los demás carismas carecen de sentido. Y éste será el tema que recogerá nuestra lectura del próximo domingo.

Esto nos lleva a una consideración de la vida cristiana desde el plan de Dios. Todos pensamos que nuestras cualidades son "nues¬tras" y que al ejercitarlas contraemos "méritos ante Dios". El Evangelio, muy especialmente en la parábola de Los Talentos, invierte esta noción - como tantas otras - dándole un sentido mucho más profundo. Las cualidades son "dones", regalos que Dios ha puesto en mí para el provecho común. Es la noción que se aplica igualmente a los bienes interiores y a los exteriores. Toda propiedad, toda cualidad se entiende como algo dado por Dios para el bien de todos, de lo que el propietario es "administrador" para beneficio común.

Esta es la explicación profunda de la parábola del Fariseo y el Publicano. El Fariseo tenía razón para dar gracias, pero no tenía razón porque se creía bueno por lo que tenía, como si fuese suyo, como si no fuera eso su obligación con Dios. Son varias las parábolas que encarnan este mensaje. Los siervos vigilantes, el administrador infiel, el rico insensato, las minas y los talentos. En todas ellas, todo lo que poseemos tiene valor para sacar rendimiento de ello. Este rendimiento se logra cuando se usan para lo que Dios nos lo da. Y Dios nos lo da porque los demás lo necesitan.

Así, somos un don de Dios para los otros, y los otros son un don de Dios para mí. Soy inteligente porque mis hermanos necesitan inteligencia: tengo el don de consolar porque en este mundo hace falta el consuelo... Hasta las carencias y los defectos pueden entenderse así. Las enfermedades dan ocasión a los sanos para servir, la ignorancia da ocasión para enseñar....

Entender así nuestras relaciones es formidable. Doy y recibo, soy don de Dios para todos y todos son regalos de Dios para mí. Quizá mi falta de inteligencia me la soluciona el otro, quizá su falta de ojos se la soluciono yo...Si tenemos un poco de imaginación, veremos un mundo diferente, una fraternidad universal que comparte sus dones, para construir un cuerpo, la humanidad pensada por Dios.

PARA NUESTRA ORACIÓN
1.- Reflexión sobre la sociedad humana entendida como Dios la entiende: todo lo que los hombres necesitan, lo tienen. En unos, el don de consolar, en otros el de dirigir, en otros el de curar, en otros.... Y esta gran familia se construye en la solidaridad, en el apoyo mutuo... Pensar qué lejos ha estado siempre la sociedad de poder llamarse cristiana, aunque hayamos bautizado a sus miembros y a sus estructu¬ras. Soñar en la Ciudad de Dios, en una humanidad según la voluntad de Dios. Terminar pidiendo a Dios "venga tu Reino", "hágase tu voluntad".

2.- Pensar en mis carismas, mis dones pensados por Dios para los demás. Examinar si me creo algo por tenerlos, o si, - como debe ser - me creo obligado por ellos a servir mejor. Pensar qué reciben de mí los que me rodean: pensar si considero a los demás para mí o me considero a mí para los demás. Dar gracias a Dios porque cuenta conmigo.

3.- Dar gracias a Dios por la Palabra y los que nos la han transmitido. Desde los "testigos", que vivieron con Jesús, pasando por los evangelistas, que pusieron por escrito la enseñanza de los testigos.... hasta nuestros padres, hasta nosotros. Dar gracias a Dios por esta cadena de testigos por la que nos ha llegado el evangelio. Esta cadena es la Iglesia, en la que conocimos a Jesús. Sentirnos eslabón de esa cadena. Ese carisma es de todos: comunicar la Palabra. Y lo haremos viviendo conforme a la Buena Noticia de Jesús, haciéndo¬la visible en nuestras acciones, poniendo nuestros carismas al servicio de todos.

MIS PALABRAS PARA TI
El salmo responsorial de la eucaristía de hoy es el salmo 18, que da gracias a Dios por la Ley. Reconocemos en este Salmo que la manera de vivir que Jesús nos propone es la verdad, que no hay modo de vida imaginable mejor que éste.

Los cielos cantan la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
No son misterios incomprensibles
En toda la tierra resuena su Palabra, hasta los confines del mundo.
La Ley del Señor es perfecta, reconforta el alma.
La Palabra del Señor es verdad, sabiduría de los sencillos.
El Mandato del Señor es luminoso, luz para los ojos.
Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.
Los juicios de Dios son verdad, justos para siempre.
Mucho más deseables que la riqueza,
más dulces que la miel son sus Palabras.
Cuanto más las conoce mi alma,
más se alegra de cumplirlas.
Pero ¿quién está libre de error?
Líbrame de mis pecados más secretos.
Preserva mi alma del orgullo,
que no tenga poder sobre mí,
entonces quedaré libre de mi peor pecado.
Acepta las palabras de mi boca
y el murmullo incesante de mi alma,
ante Ti, Señor, mi roca, mi salvador.

José Enrique Galarreta