jueves, 6 de diciembre de 2012

ABRIR CAMINOS NUEVOS - José Antonio Pagola



ABRIR CAMINOS NUEVOS - José Antonio Pagola

Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: "Preparad el camino del Señor". ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy?  ¿Cómo
abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del "desierto espiritual" de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una fe nueva, no por vía de "adoctrinamiento" o de "aprendizaje teórico", sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de la "nueva evangelización" consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva. 

José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Abre caminos nuevos a Jesús. Pásalo.
9 de diciembre de 2012
2 Adviento (C)
Lucas 3, 1-6

fuente: 



ESPERAR
Escrito por  Florentino Ulibarri

Esperar bien despiertos, pero no desvelados.
Esperar caminando, pero no adelantándonos.
Esperar embarazados, pero no adueñándonos.
Esperar expuestos, pero no a cualquier viento.
Esperar sedientos, pero no yermos.

Esperar entre niebla, pero no perdidos en esta tierra.
Esperar con velas encendidas, pero no consumidos.
Esperar ofreciéndonos, pero no vendiéndonos.
Esperar preparando tu camino, pero no encorvándonos.
Esperar en silencio, pero cantando al Verbo encarnado.

Esperar gestando, no abortando.
Esperar acogiendo, no reteniendo.
Esperar dándonos, no reclamando.
Esperar en silencio, no alborotando.
Esperar compartiendo y disfrutando.

Esperar aunque sea de noche
y no veamos signos en el horizonte.
Esperar a cualquier hora del día
aunque nos quedemos solos y se rían.
Esperar en soledad... ¡y en compañía!

Esperar con mucha paz, pero pellizcados por los hermanos.
Esperar anhelando, pero mecidos en su regazo.
Esperar mirando a lo alto, pero con los pies asentados.
Esperar refrescándonos en tus manantiales vivos y claros.
Esperar encarnados y ya naciendo a tu Reino.

Esperar en este tiempo de crisis y recortes.
Esperar con el Evangelio en la mano.
Esperar con los que vienen y con los que se van.
Esperar disfrutando lo que se nos ha dado.
Esperar viviendo y amándonos.

Esperar como Isaías, viviendo y profetizando.
O como Jeremías, sufriendo, pero enamorados.
O como Juan Bautista, pregonando lo que nos has dado.
Esperar, para que no pases de largo.
Esperar, aunque no entendamos a tu Espíritu Santo.

Florentino Ulibarri




JESÚS APRENDIÓ DE JUAN Y DESPUÉS LE SOBREPASÓ
Escrito por  Fray Marcos

INTRODUCCIÓN
Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. La liturgia de hoy empieza por el primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía, por lo menos, trescientos años que no aparecía un profeta en Israel.

Al narrar Lucas la concepción y el nacimiento de Juan antes de decir casi lo mismo de Jesús, está manifestando lo que este personaje significaba para los cristianos de la época. La idea de precursor inmediato es la clave de todo lo que nos dicen de él.

Los evangelistas destacan la figura de Juan, aunque todos están interesados en resaltar la superioridad de Jesús. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no tuvo que ser fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. Relatos extrabíblicos confirman que en el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús aún no le conocía nadie.

CONTEXTO
Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el capítulo 3, y curiosamente se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza de verdad el evangelio. Se intenta situar los acontecimientos en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar, para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el "lugar" no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica, no solo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: "todos verá la salvación de Dios".

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una auténtica liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud en la relación con Dios y con los demás.

El mensaje de Jesús se aparta en gran medida del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio -buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar.

No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de "el que ha de venir" pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una "buena noticia". Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él.

Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

Hay un aspecto de su doctrina que sí coincide con el mensaje de Jesús. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comporta¬miento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y la observancia puramente externa de la Ley.

APLICACIÓN
Al ser humano se le ofrecen hoy infinidad de caminos por los que puede desarrollar su existencia. ¿Cuál será el que le lleve a la verdadera salvación? Como decía Pablo, más que nunca necesitamos hoy crecer en sensibili¬dad para apreciar los auténticos valores humanos. Precisamente porque las ofertas engañosas son más variadas y mucho más atrayentes que nunca, es más difícil acertar con el camino adecuado.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede "prometer" nada. Dios es la salvación que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir, y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios, llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros, si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato, es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Hace ya tiempo, un ministro del gobierno, hablando de los problemas del norte de África, decía muy serio: "Es que para los musulmanes, la religión es una forma de vida". Se supone que para los cristianos, no.

Al celebrar una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo, del placer y del egoísmo. Pero lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada en estas Navidades. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. De esta manera, sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Cuando nuestras "necesidades" podemos satisfacer¬las en el supermercado, ¿qué necesidad tenemos de otra salvación?

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien¬cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede, de una vez por todas, planificar su salvación trazando un camino claro y directo que le lleve a su plenitud. Su capacidad es limitada. Solo tanteando puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su propio progreso, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como nueva salvación. Ninguna de las salvaciones anunciadas por los profetas puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc (Bar 5,1-9) y también Pablo (Flp 1,4-11), como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia, es el romano, que era la restitución según la ley de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor.

Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.

Meditación-contemplación

El profeta es una persona que descubre algo importante para su vida,
y que se lo comunica a los demás para que también lo vivan.
No se trata de un conocimiento intelectual, sería un maestro.
Se trata de un descubrimiento de lo que ES.
.......................

Trata de recordar a los "profetas" que te han ayudado en ese camino hacia tu ser.
Piensa no sólo en los "grandes" sino en los pequeños, pero cercanos.
Siente agradecimiento hacia todos ellos.
Piensa ahora si has descubierto en ti mismo algo interesante.
.....................

Lo que vivió-experimentó Jesús,
ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
................

Fray Marcos




LA HISTORIA SE REPITE
Escrito por  José Enrique Galarreta

Los dos primeros capítulos de Lucas se dedican al "evangelio de la infancia". En este tercero comienza la vida pública de Jesús, introducida por la predicación de Juan Bautista.

Lucas hace una presentación "histórica", intentando precisar la fecha exacta de la aparición del Bautista en el Jordán. A pesar de ellos, los datos son menos precisos de lo que parece, aunque a través de ellos podemos fijar estos sucesos hacia el año 28 de nuestra era, con un margen de error de un año más o menos.

La intención de Lucas sin embargo no es preferentemente histórico-cronológica, sino la de presentar a Jesús a través del anuncio de Juan. El Bautista, en éste y en los otros evangelios, es el precursor, el que anuncia que la llegada del Salvador es ya inminente. Y se presenta al Salvador con las mimas palabras que los antiguos profetas (Isaías, Baruc...) anunciaban la restauración de Israel.

Jesús es presentado por tanto por medio de un profeta, como "El que había de venir, el que esperábamos, el salvador de Israel". En estos capítulos de los evangelios (Mateo 3, Marcos 1, Lucas 3, Juan 1) encontramos, como casi siempre en los evangelios, un suceso que ocurrió y la interpretación que da la fe del evangelista. Apareció un profeta llamado Juan que bautizaba con un bautismo de penitencia. En realidad, su función era preparar el camino de Jesús, que es "el que esperábamos, el Salvador".

Pero estaría muy bien no descontextuar este fragmento (cosa que hace la liturgia sin escrúpulo alguno constantemente). Los evangelios del Bautista dan un mensaje completo y amplio, que apenas se vislumbra en este trocito. Recordemos algún contexto más, que nos servirá para nuestra reflexión y nuestra oración.

MATEO C. 3
Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.» Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, |v6 y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente? Dad, pues, fruto digno de conversión, y no creáis que basta con decir en vuestro interior: "Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»



JUAN C. 1
Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?» El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.» Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.» Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»

REFLEXIÓN
Fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Juan, hijo del sacerdote Zacarías, no es sacerdote. Vive en el desierto, quizá en el entorno de Qumran; una vida austera, alimentado y vestido con lo que el desierto le da, que es bien poco. La Palabra de Dios no sale del Templo. El Precursor es un don nadie que vive en el desierto; como aquél a quien el Precursor anuncia.

La Palabra de Dios fue dirigida; de nuevo, una vez más. Porque la Palabra es incansable. Toda esa larguísima trayectoria que es la historia de Israel narrada en la Escritura no es más que la crónica de la constante, incansable presencia de la Palabra. También es la crónica de las respuestas – buenas y malas – del pueblo a la Palabra.

La Palabra que no cesa. La Palabra que es aceptada y rechazada. La Palabra que es entendida y malentendida. Pero siempre, la peregrinación humana acompañada por la Palabra. Podríamos decir que éste es el dogma básico, la creencia más profunda de Israel: Dios está ahí, acompañando el peregrinar del pueblo: Dios es Palabra para iluminar el camino.

En la larga peregrinación del pueblo, la Palabra fue a veces bien, a veces mal correspondida. Pero, antes de eso, la Palabra fue entendida como aquellas personas pudieron entender. Palabra por Palabra, tan Palabra de Dios es "amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo" como "amad a vuestros enemigos". Tan Palabra de Dios es "ojo por ojo y diente por diente" como "poned la otra mejilla". tan Palabra de Dios es el mandato de las guerras de exterminio como la negativa de Jesús a identificarse con un Mesías davídico. Palabras de Dios contradictorias.

También Juan Bautista fue Palabra para su tiempo: una Palabra que resonaba con los más puros acentos de los profetas alarmistas. "Ya está el hacha puesta a la raiz del árbol", ya está aquí el día de la venganza del Poderoso, temblad, arrepentíos para escapar al castigo inminente. Una terrible Palabra de Dios, como tantas otras antes, como tantas otras después.

Esta Palabra fue recibida de manera diversa: mucha gente, gente normal, soldados, publicanos, acudían a Juan, quedaban impresionados, cambiaban de vida, salían de sus pecados. Mucha gente normal, pecadora normal, reconoció en Juan La Palabra y estuvieron dispuestos a cambiar de vida.

Otra gente, letrados y fariseos, le pedían cuentas: ¿con qué autoridad hablas así, pues no eres el Mesías, ni siquiera un Profeta? Gente importante, experta en La Palabra, recelaron de Juan y le pidieron garantías; no estaban dispuestos a cambiar de vida: ellos ya tenían la Palabra, y no estaban dispuestos a que un don nadie sin cualificación oficial alguna les anunciara nada de parte de nadie.

Con Jesús pasará lo mismo. La Palabra vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron. Es el argumento principal del cuarto evangelio: y ya lo había sido de Marcos: hay que creer en éste Mesías, no en el que os habíais imaginado. ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Evidentemente, esperaban a otro, y por tanto, no era Jesús el que había de venir.

Sorprendentemente, la Palabra/Jesús es fuertemente discordante con la Palabra/Juan. El austero penitente amenazante tiene poco que ver con el conversador de sobremesa que trae Buenas Noticias. El Dios que empuña vengadora el hacha tiene poco que ver con el padre del hijo pródigo. Pero tendrán algo en común: las dos Palabras serán aceptadas por los mismos y rechazadas por los mismos. Sea como sea la Palabra, por los mismos es aceptada. Por los mismos es rechazada. Y, sin duda, por las misma razón; porque YO conozco de sobra la Palabra, porque ¿quién es ése para decirme a MÍ, la Palabra?

En conclusión, en la larga peregrinación de la humanidad hacia la plenitud soñada por el Padre Creador, el Padre es Palabra, permanentemente presente en la aventura de los que caminan hacia la cumbre que es ser hijos. La Palabra es siempre luz, luz cada vez más intensa, de manera que una luz vista desde la oscuridad es luz, y vista desde más luz es casi oscuridad. Es la única manera que tenemos de leer como luz las oscuridades del antiguo testamento.

Fueron luz en un momento de tinieblas: son tinieblas vistas desde Jesús. Hacemos mal en acudir a las velas cuando resplandece la luz del sol. Hacemos mal en recurrir a las velas de las antiguas palabras cuando podemos vivir al sol de Jesús. Ni la Alianza ni la promesa ni el Pueblo Elegido ni los Sacrificios ni el Templo ni el Juicio del Terrible, ni Yahvé justiciero... son más que velas de mortecino resplandor, que fueron quizá útiles para un pueblo en su caminar a tientas. Juan Bautista es la última de esas vacilantes candelas. Y lo dijo Jesús: el más grande de los profetas, pero el más pequeño del Reino es mayor que él. Y nosotros estamos en el Reino, porque en la noche de Navidad va a salir el sol, ante el cual todas las candelillas anteriores parecen estar apagadas.

Pero a lo largo de la historia, las personas se han comportado paradigmáticamente igual ante la palabra, fuera modesta vela parpadeante o radiante sol de mediodía. Todas las historias de los profetas de la Vieja Ley y del Reino se parecen: Palabra de Dios aceptada por gente vulgar y rechazada por sabios, santos y poderosos.

Los profetas oficiales rechazando a Jeremías, los ricos y los reyes riéndose e incluso dando muerte a los portadores de la Palabra. Juan Bautista acosado por los escribas y fariseos y asesinado por Herodes, Jesús, igualmente acosado por escribas, fariseos y sacerdotes, y entregado a la muerte a mano de los poderes políticos.

Y siempre por la misma razón de fondo, una actitud: estar a la espera de la Palabra, necesitar la Palabra, desear la Palabra, o, por el contrario, estar seguro, no necesitar ninguna palabra. Actitud que es la manifestación de otra más interior: estar insatisfecho, desear mejorar, estar dispuesto a cambiar. o, por el contrario, estar satisfecho, no estar dispuesto a cambiar.

Impresiona mucho comprobar cómo toda historia religiosa, de antes y de ahora, repite como calcos las mismas actitudes vitales; por esa razón, las situaciones y los personajes que aparecen en los evangelios se convierten en paradigmas extra-temporales; nos reconocemos a nosotros mismos en los personajes y en las situaciones.

Por eso, la palabra clave del Adviento "viene el Señor" puede ser una Gran Noticia o un tópico. Y que sea una cosa o la otra podrá servirnos para conocer a qué bando pertenecemos: si esperamos la Palabra para mejorar o la encajamos sin más en el catálogo de las cosas ya conocidas para no cambiar.

José Enrique Galarreta SJ