jueves, 15 de noviembre de 2012

NADIE SABE EL DÍA - José Antonio Pagola

NADIE SABE EL DÍA
Escrito por  José Antonio Pagola

El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús, sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.

Un día la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones.

Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. "Nadie sabe el día o la hora...,sólo el Padre". Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.

Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?

Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida, se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la Humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?

Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al "Hijo del Hombre", es decir, a Cristo resucitado que vendrá "con gran poder y gloria". Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.

Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.

Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos Dios.


José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde el amor a Dios y al prójimo. Pásalo.
33 Tiempo ordinario (B)
18 de noviembre de 2012
Mc 13, 24-32


fuente: 


AQUÍ ESTOY, SEÑOR, TÚ SABES CÓMO!
Escrito por  Florentino Ulibarri

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
entre estremecida, asustada, aturdida,
expectante... enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
entre estremecida, asustada, aturdida,
expectante... enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
sintiendo cómo despiertas, con un toque de nostalgia,
mi esperanza que se despereza y abre los ojos,
entre asustada y confiada,
deslumbrada por el agradecimiento.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
enfrentada a las paradojas de esperar lo inesperable,
de amar lo caduco y débil,
de confiar en quien se hace humilde,
de enriquecerse entregándose.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
con la mirada clavada en tus ojos que me miran
con el anhelo encendido y el deseo en ascuas,
luchando contra mis miedos,
queriendo entrar en las estancias.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
medio cautiva, medio avergonzada,
a veces pienso que enamorada,
queriendo despojarme de tanto peso, inercia y susto...
para entrar descalza en este espacio y tiempo de gracia.

Aquí estoy, Señor,
¡tú sabes cómo, mejor que nadie!,
intentando traspasar la niebla que nos separa,
rogándote que enjugues tú mis lágrimas,
queriendo responder a tu llamada con alegría
y salir de mí misma hacia el alba.

Aquí estoy, Señor,
orientando cuerpo y alma
hacia el lugar de la promesa que no veo,
aguardando lo que no siempre quiero,
lo que desconozco,
lo que, sin embargo, es mi mayor certeza y anhelo.

Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa.
¡No te canses de llamar, Señor!
¡No te canses de llegar!
¡No te canses de venir, Señor!
Yo continuaré aquí confiado en tu Palabra.

Florentino Ulibarri





LO QUE ERA Y LO QUE SOY, ES LO QUE SIEMPRE SERÉ
Escrito por  Fray Marcos

CONTEXTO
Estamos en el c. 13 de Marcos, dedicado todo él al discurso escatológico. Este capítulo hace de puente entre la vida de Jesús y la Pasión. Los tres sinópticos relatan un discurso parecido, lo cual hace suponer que algo tiene que ver con el Jesús histórico. Pero las diferencias entre ellos son tan grandes, que presupone también una elaboración de la primera comunidad. Es imposible saber hasta qué punto Jesús hizo suyas esas ideas. En el evangelio se habla del Reino de Dios como futuro y como presente a la vez...



EXPLICACIÓN

Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada hoy. Pero si prescindimos de la apocalíptica, dejamos fuera de nuestra consideración una parte nada despreciable de la Escritura, tanto del AT como del NT. Solo con la ayuda de la exégesis podemos abordar estos temas. Lo que dicen literalmente es para nosotros un sinsentido, pero lo que quieren decir, descifrado el lenguaje, puede aclararnos muchas cosas.

El lenguaje apocalíptico y escatológico corresponde a un modo mítico de ver el mundo, a Dios y al hombre. Tanto en el AT como en el NT, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Esta actitud le distingue de los pueblos circundan¬tes cerrados en el continuo devenir de los ciclos naturales. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir. Desde Abrahán, a quien Dios le dice: "sal de tu tierra", pasando por el éxodo hacia la tierra prometida; y terminando por la espera del Mesías, Israel vivió siempre con la esperanza de algo mejor, que Dios le iba a dar.

Pronto se tomó conciencia de que tenía que haber una salvación definitiva. Los profetas fueron los encargados de mantener viva esta expectativa de salvación total. En principio, el día de esa salvación debía ser un día de alegría, de felicidad, de luz; pero a causa de las infidelidades del pueblo, los profetas empiezan a anunciarlo como día de sufrimiento, de tinieblas para la mayoría de los hombres que no hacen caso a Dios. Será el día de Yahvé (intervención de Dios para juzgar) en que castigará a los infieles y salvará al resto. Se trataba de ver el futuro como criterio de valoración juiciosa del presente.

La apocalíptica es una actitud vital y un género literario. La palabreja en griego significa desvelar. Pretende escudriñar el futuro partiendo de la palabra de Dios. Nace en los ambientes sapienciales y desciende del profetismo.

Desarrolla una visión pesimista del mundo, que no tiene arreglo; por eso, tiene que ser destruido y sustituido por otro de nueva creación. Invita, no a cambiar el mundo, sino a huir de él. El mundo futuro no tendrá ninguna relación con el presente.

El objetivo es alentar a la gente en tiempo de crisis para que aguante el chaparrón hasta que llegue el día de Yahvé. El resto que se conserve fiel, reinará con Él. Todo lo demás será aniquilado.

Una variante de esta concepción, es el milenarismo, que defiende un reinado terreno de Dios durante un período de tiempo limitado (mil años) en el que todo será dicha; eso sí, solo para los elegidos.

Escatología, procede de la palabra griega "esjatón", que significa "lo último". Su origen es también la palabra de Dios, y su objetivo, descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad, sino por un intento de acrecentar la confianza. El futuro está en manos de Dios, pero ese futuro llegará como progresión del presente, que también está en manos de Dios, y es positivo a pesar de todo.

Este mundo no será consumido sino consumado. Dios reserva una plenitud de sentido para la creación. Dios salvará un día definitiva¬mente, pero esa salvación ya ha comenzado aquí y ahora.

La referencia a los tiempos finales de los evangelios, no es apocalíptica, sino más bien escatológica, aunque nos despiste bastante el hecho de que el NT usa el lenguaje apocalíp¬tico, porque es muy sugerente y llama la atención. Uno de los logros de la apocalíptica fue enriquecer el lenguaje religioso con multitud de símbolos e imágenes. Los evangelistas, no pudieron librarse de esta mentalidad apocalíptica, muy desarrollada en aquella época.

APLICACIÓN
Con demasiada frecuencia se ha hecho un mal uso de esta temática. Parece que es una tentación constante el acudir al juicio final, para urgir a la gente a que se porte como Dios manda. En todas las épocas han proliferado los milenarismos de todo tipo; incluso en nuestro tiempo se predican calamidades como castigo de Dios porque los seres humanos no somos como deberíamos ser.

La experiencia de la muerte nos obliga a unir tiempo y eternidad, contingencia y absoluto, lo divino y lo terreno, cielo y tierra.

Hoy debemos interpretar la realidad, a la luz de los nuevos conocimientos que tenemos de ella. Al final del relato de la creación, Dios "vio todo lo que había hecho, y era muy bueno". Es ridículo pensar que la creación le salió mal a Dios y que ahora tiene que arreglarla de alguna manera. Mayor ridículo es creer que el hombre puede malograr la creación de Dios.

Tal vez lo que tendríamos que hacer, sería dejarnos de especulaciones sobre como será el más allá y tomar la responsabilidad que nos toca en la marcha del más acá.

Para la escatología, Dios es el dueño absoluto del universo y de la historia. El hombre puede malograr la creación, pero no puede volver a enderezarla. Solo Dios puede salvarla.

Al superar la idea del dios intervencionista, se nos plantea un dilema insuperable. Por una parte sabemos que Dios no tiene pasado ni futuro; que no está en el tiempo ni en el espacio sino en la eternidad. Por otro lado, el hombre no puede entender nada que no esté en el tiempo y el espacio. Meter a Dios en el tiempo para poderlo entender es un disparate mayúsculo. Por otra parte, sacar al hombre del tiempo y el espacio, es descoyuntarlo como criatura.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva, iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica¬ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT, es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanen¬cia. Recordar que la palabra "venir" referida al Hijo del hombre, significa "manifestarse".

Tal vez hoy estemos en mejores condiciones para entender las imágenes de la escatología, que ninguna otra época. Hasta hace muy poco tiempo, la historia era exclusivamente cosa del pasado. En nuestros días parece que hemos descubierto la importancia que tiene esa historia no sólo para nuestro presente, sino para nuestro futuro. El hombre se considera fruto de un pasado; sigue su curso en el presente y se encamina hacia el futuro. La escatología está hoy implícita en la manera de entender la existencia humana, pero se trata de "lo último" dentro de la marcha del mundo, no más allá de él.

Dios no tiene que actuar para ser justo ni ahora, ni en un hipotético último día. Dios no hace justicia, Él es justicia. Toda acción, sea buena, sea mala, lleva en sí misma el premio o el castigo, no se necesita ninguna acción posterior de Dios.

Ante Dios todo es justo en cada momento. No tiene sentido amenazar con la ira de Dios. El triunfo del mal es siempre aparente.

Esta mejor comprensión de la manera de actuar (no actuar) de Dios en la histeria, hace superfluas las imágenes espectacula¬res sobre el "exjatón", pero obliga a una reflexión sobre la importancia que el ser humano tiene a la hora de planifi¬car su futuro.

Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son productos mentales, extraídos de la experiencia de un mundo terreno. ¿Qué sentido puede tener el hablar de tiempo y espacio más allá de lo material? Hablar de un "lugar" (cielo o infierno) más allá de este mundo, solo puede tener un sentido simbólico. Hablar de un "día del juicio", donde no puede darse tiempo ni espacio, es un contrasentido. No hay inconveniente en seguir empleando ese lenguaje, pero sin olvidar que se trata de un lenguaje simbólico y no de realidades objetivas.

Meditación-contemplación

Jesús nos dice que aprendamos de la higuera.
En los brotes que empiezan a moverse en la primavera,
tenemos que adivinar los futuros higos.
En cualquier fragmento de realidad está ya Dios.
...............

La realidad que todos vemos por igual
está diciendo cosas distintas a cada uno.
El ser humano tiene que aprender a ver
mucho más de lo que le entra por los ojos.
..................

Hace cuatro mil años, los orientales descubrieron
que la realidad que vemos, no es más que apariencia.
La verdadera realidad hay que descubrirla
más allá y a pesar de lo que vemos y oímos.
...................

Fray Marcos





SE ACABA EL TIEMPO: ACERTAR CON JESÚS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Mc 13, 24-32

En el Evangelio vemos el género escatológico en boca de Jesús. Aparte de estas imágenes, las acostumbradas, se añade otra imagen muy usada en el género: EL JUICIO. Al final, el juicio de Dios. En este caso concreto, el juez es Jesús (el Hijo del Hombre). Nosotros solemos creer que cuando se aplica a Jesús el nombre de "el Hijo del Hombre" es para subrayar su humanidad.

Es lo contrario: es un término tomado precisamente de la profecía de Daniel que significa más o menos lo mismo que "El Mesías", "el hombre especialísimo, mensajero de Dios". Nos encontramos, pues, ante una especie de epílogo de la predicación de Jesús. Jesús, rechazado ya definitivamente por los sacerdotes y los doctores, está proclamando su Verdad: Él es el Juez, la norma: optar por él es acertar.

Nos encontramos por tanto ante unos textos en que se mezclan varios niveles de redacción y varios "sucesos" diferentes. Podemos aclarar esta mezcla diferenciando tres temas en estos "discursos escatológicos" de los evangelios:

- la destrucción de Jerusalén y del Templo
- el final de los tiempos
- la conducta del cristiano

Está claro que los textos muestran una predicción de la destrucción de Jerusalén. Pero muestran sobre todo una interpretación de esa destrucción. Los judíos piensan que el Templo es el centro de la presencia de Dios en la tierra.

Por eso pueden pensar que la destrucción del templo es el final: no lo es. Jesús muestra aquí algo muy importante de su mensaje: ha pasado el tiempo en que el Templo, la Circuncisión, el Sábado, los sacrificios... tenían (si tenían) importancia religiosa. Por afirmaciones como ésta decidieron los jefes religiosos de Israel matarle. Jesús anuncia que ése no es el fin sino el tiempo de anunciar el evangelio a todo el mundo.

Esta parte del texto muestra por tanto la gran crisis de los judeo-cristianos, que quedaron obligados a dejar atrás todos los resabios judaicos y abrirse al mundo entero cuando el Templo y el culto son destruidos y ellos mismos expulsados de la Sinagoga. Por eso se les advierte de lo mucho que tendrán que sufrir por mantenerse fieles a Jesús.

En segundo lugar, se habla del final de los tiempos. Se utilizan ingenuas imágenes tomadas de los apocalipsis judíos y que reflejan concepciones cosmológicas muy primitivas. El mensaje no está ahí, en cómo y cuándo va a suceder el final de los tiempos. Más bien se elude la respuesta: "ni el Hijo lo sabe, sólo el Padre". Y se habla expresamente de los falsos profetas que van a anunciar el final de los tiempos con muchos falsos motivos.

En tercer lugar, todo lo anterior se pone como prólogo al mensaje verdadero: estamos viviendo hacia un futuro que necesariamente viene: la vida del ser humano no se explica sin mirar hacia su futuro. Nada de la vida cristiana, ni nada de Jesús, tiene sentido sino mirando al destino de todo.

Ya conocemos la imagen del caminante, del peregrino, para el que el valor primero es llegar y todo lo demás se subordina a ese valor, de manera que cualquier cosa es importante o no lo es solamente si ayuda a caminar. Aquí la imagen es otra: el futuro viene hacia nosotros de manera inexorable. Pero el contenido, el mensaje es el mismo: todos nuestros valores se fundan en el final.

El final se presenta con otra imagen: el JUICIO. Pero esta palabra no debe ser reducida a la interpretación teatral-superficial y a las amenazas catastrofistas. El juicio significa que al final de todo resplandece la verdad. Mientras dura el camino estamos sujetos a error, a apariencias, a engaños.

Esta es una condición del caminante que al final desaparece: al final, la VERDAD. La verdad es Dios, la verdad la anuncia la Palabra de Dios, Jesús. Esto se expresa también con imágenes: Cristo no viene de ningún sitio ni cabalga sobre las nubes sino que todos los humanos se encuentran al final con la revelación definitiva del bien y el mal, el acierto o el error. Y el acierto es Jesús, la Palabra de Dios. Por eso el juez es Cristo.

EN RESUMEN, ESTOS TEXTOS SIGNIFICAN:
- Para los cristianos de aquel tiempo: que cuando se derrumbe la Antigua Ley no se ha acabado nada: empieza la evangelización del mundo.
- Para aquellos cristianos especialmente y también para todos. Que el cómo y el cuándo del final de los tiempos lo sabe sólo Dios y hay que guardarse de los falsos profetas.
- Para todos: todos vivimos "de cara al final". El tiempo sólo es tiempo, se acaba: hay que vivir la vida en tensión hacia ese final, porque lo pasajero sólo tiene sentido de cara a lo definitivo.
- Las primeras generaciones cristianas tuvieron dos tentaciones: pensar que el final de los tiempos era algo inminente, e interpretar la destrucción de Jerusalén como el final de los tiempos.

Se suele afirmar que Jesús mismo pensaba que el final de los tiempos estaba próximo. Personalmente creo que estos textos muestran precisamente lo contrario. Cuando Jesús habla de escatología se desinteresa por el final de los tiempos y da primacía al sentido escatológico personal: es mi tiempo el que se termina; por eso, hay que estar bien despierto.

ÚLTIMAS PUNTUALIZACIONES
En el contexto más histórico, se trata de que Jesús, rechazado por las autoridades religiosas y por los letrados de Israel, va a afrontar su final y se proclama JUEZ. Juez significa que Él es la norma, la Verdad.

Que los que no le aceptan se equivocan y que "aún hay tiempo", pero estamos "en los últimos tiempos", cuando el Reino de Dios ya se ha hecho plenamente presente, cuando hay que optar.

La Palabra de Dios está ahí, y puede ser rechazada. Jesús está proclamando la condición humana: el hombre es dramáticamente libre: puede elegir para su mal. La Palabra está presente, para salvar al hombre, porque puede perderse, y Dios no quiere que esto suceda.

No es correcto sacar de aquí conclusiones sobre la severidad del juicio, sobre el número de los que "se pierden".... Dios no es un Juez: se usa la imagen de un juicio al final, pero es una imagen, como todas las del género escatológico. La idea es que Dios es la Verdad. Jesús es la Verdad, el acierto. El mensaje no es que Dios se va a portar con los hombres como un Juez severo. Un mensaje aún más fuerte del Evangelio – su mensaje fundamental - es que Dios es Padre, que Jesús es la prueba visible de que Dios es "El Salvador".

No podemos separar estos textos de la gran parábola final de Mateo (25,31), en que se da el mensaje definitivo, la materia del juicio: "A mí me lo hicisteis, a mí me lo dejasteis de hacer".

Se trata de una última, definitiva y drástica "des-sacralización" de lo religioso: servir a Dios no tiene nada que ver con el templo, el rito... sino con la construcción de humanidad. Así construimos nuestra visión del futuro, y nuestro modo de vivir presente: entre la urgencia de seguir a la Palabra, y de anunciarla, para salvar lo humano, que es lo que Dios quiere; y la consciencia de que el ser humano es libre, incluso - aunque parezca increíble - contra la Voluntad Salvadora de Dios.

Otra de las preguntas estériles que nos hacemos es cuántos se salvan, si alguien se condena. Se la hicieron a Jesús: (Lucas 13,23)

"- Señor ¿son pocos los que se salvan? Y Jesús contesta: "esforzaos por entrar por la puerta estrecha..." Una vez más, no es propio de Jesús satisfacer curiosidades sino provocar actitudes de conversión.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Muchas parábolas de Jesús, la de la higuera, la del amo ausente que va a volver, la de los talentos, la del administrador infiel, la de las doncellas necias ... hacen referencia a la urgencia de aprovechar el tiempo.

Nuestro tiempo es momento de negociar, de caminar, de sembrar... y se acaba. Interpretar toda la vida desde su final, estimarlo todo desde su valor definitivo, no conformarse con el engaño de lo provisional... es Sabiduría de Jesús.

Nuestra vida cristiana no tiene sentido sino mirando al final: esto significa que nuestra vida puede tener sentido, un espléndido sentido; pero también se puede decir que, mirando al final, el modo de vida que llevamos puede no tener sentido.

Aquí se ponen a prueba todas nuestras "sabidurías". "Carpe diem", "a vivir que son dos días", "la vida es para disfrutarla" ... Todo eso es verdad, y Jesús lo cumple a rajatabla: aprovechar la vida, vivir a tope, porque la vida es breve, disfrutar ya del reino, buscar las felicidades más íntimas, más profundas y duraderas --- NO CONFORMARSE CON MENOS QUE CON SER HIJO, CON EL REINO.

Si algo caracteriza a Jesús es la ambición, el deseo de plenitud, personal y de todos. Y engancharse a ese ideal: que todos, empezando por mí, lleguen a ser todo lo que Dios ha soñado. Porque EL REINO es, ante todo, el sueño de Dios.

S A L M O 16

Guárdame, Señor, que me refugio en Ti.
Decid al Señor: "Tú eres mi Dios,
Tu eres mi Bien y no deseo otro"
Aunque todo el mundo corra tras sus ídolos
mi herencia eres Tú, Señor.
Eres Tu quien garantiza mi suerte
Eres Tú mi herencia y mi riqueza.
Bendigo al Señor, mi consejero
y lo tengo presente sin descanso.
El Señor a mi diestra. El es mi guía.
Así encuentra mi espíritu la paz
mi corazón reposa seguro
porque Tú no abandonas mi vida.
Tú me enseñas el camino de la vida
y encuentro ante tu rostro
la plenitud de vida y de alegría.

José Enrique Galarreta SJ