miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lo mejor de la Iglesia - José Antonio Pagola

Lo mejor de la Iglesia - José Antonio Pagola
El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes religiosos:"¡Cuidado con los letrados!", su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda, llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.

Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.

La religión les sirve para alimentar fatuidad. Hacen "largos rezos" para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo, solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles a las que deberían servir.
Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.

En la segunda escena, Jesús está sentado enfrente del arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.

Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, "ha echado todo lo que tenía para vivir". Mientras los letrados viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende de todo por los demás, confiando totalmente en Dios.

Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los futuros dirigentes de su Iglesia.

También hoy, tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso son lo mejor que tenemos en la Iglesia. No escriben libros ni pronuncian sermones, pero son los que mantienen vivo entre nosotros el Evangelio de Jesús. De ellos hemos de aprender los presbíteros y obispos.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde el amor a Dios y al prójimo. Pásalo.
32 Tiempo ordinario (B)
11 de noviembre de 2012

Marcos 12, 38-44


fuente: 


NO OS DEJÉIS ENGAÑAR
Escrito por Florentino Ulibarri

¡Qué tiempos estos que nos toca viviren la calle y en la Iglesia,
en casa y en el trabajo,
tan convulsos y duros
que, para afrontarlos,
necesitan tu palabra evangélica!

En ellos hay cosas
que nos deslumbran antes de conocerlas,
o que nos seducen
al primer golpe,
o al cabo de un rato,
o al caer de la tarde,
o en plena noche,
porque tienen tantas caras y brillos
como nosotros portamos
frustraciones y necesidades.

Y también las hay
que juegan a camuflarse
y engañan a los caminantes
perdiéndonos entre debates,
comparaciones,
dogmas
y yermas verdades.

Aunque más duro y triste
es encontrarse con personas,
de cultura y fe reconocida y solvente,
que, humildemente y en tu nombre,
se proclaman servidores
mas ejercen de jefes y señores
sin descubrir sus contradicciones,
y hacen sufrir a sus semejantes
y traicionan a tantos y tantos creyentes...

Pero tú nos dijiste para momentos así:
Tened cuidado y no os dejéis engañar.
Y aunque desplieguen gran parafernalia,
no los sigáis... ni a orar ni a tomar cañas.
Aprended de esa viuda, que es pobre
y ha dejado en el cepillo lo que necesitaba.
Permaneced firmes en mi palabra
y tendréis vida en abundancia.

Florentino Ulibarri



EL CORAZÓN APORTA EL VALOR RELIGIOSO A MIS ACTOS
Escrito por  Fray Marcos
Mc 12, 38-44

CONTEXTO
Nos encontramos en los últimos versículos del c. 12. Solo queda por delante en el evangelio de Mc el discurso escatológico del c. 13 y la pasión.

Jesús una vez más, enseña. A pesar de que el episodio que acabamos de leer se reduce a cuatro versículos, tiene una profundidad enorme. Es el mejor resumen que se puede hacer del evangelio. La simplicidad del relato esconde el más profundo mensaje de Jesús: toda la parafernalia religiosa externa no tiene ningún valor espiritual; lo único que importa es el interior de cada persona.

En las dos viudas de las lecturas, encontramos hoy un nuevo ejemplo de lo que significa una fe auténtica, confianza absoluta.

(I Re 17,10-16) La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará.
(Heb 9,24-28) "Él se ha manifestado una sola vez en el momento culminante..."

Después de manifestar de muchas maneras la actitud de los dirigentes judíos en los versículos precedentes, el evangelio quiere proponernos como ideal, la sencilla postura de la viuda. Lo que el rico, de hace unos domingos, fue incapaz de hacer, lo hace ella con toda naturalidad. El mensaje no puede ser más transparente. Hoy hay poco que explicar. Tenemos que dejarnos interpelar por el relato.

En este episodio queda claro el talante de Jesús. Cualquiera de nosotros, progresistas, le hubiéramos dicho a la viuda: no seas tonta; no des esas monedas a los sacerdotes; tienen más que tú. Utilízalas para comer. Pero Jesús que acaba de criticar tan duramente los trapicheos del templo, descubre también la riqueza espiritual que manifiesta la pobre viuda y reconoce que a ella sí le sirve esa manera de actuar, porque es reflejo de su actitud para con Dios. Alejada de todo cálculo, se deja llevar por el sentimiento religioso más genuino.

EXPLICACIÓN
"Echaban". Las monedas se depositaban en una especie de embudos enormes en forma de bocina, colocados a lo largo del muro. La amplia boca de las bocinas de bronce permitía lanzar las monedas desde una distancia considerable. Los ricos podían oír con orgullo, el sonido de sus monedas al chocar con el metal. Lo que echó la viuda fueron dos monedas del más bajo valor de la época. Las dos monedas constituían una cantidad ridícula. La traducción debería acomodarse a cada época. Hoy serían dos céntimos.

Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. El comienzo "amen dico vobis" indica que la frase es muy importante. La idea de que Dios mira más el corazón que las apariencias no es nueva en la religiosidad judía; se encuentra en muchos comentarios del AT. Jesús profundiza en la idea y se la propone a los discípulos como ejemplo da actitud religiosa. Esta es la originalidad.

Dio todo lo que tenía para vivir. Para captar toda la fuerza de esta frase final, tenemos que tener en cuenta que en griego "bios" significa no sólo vida, sino también, modo de vida, recursos, sustento; sería el conjunto de bienes (normalmente alimentos) imprescindibles para la subsistencia. Nosotros tenemos una palabra que se podría aproximar bastante a lo que expresa el texto griego: "víveres" o "sustento". Dio todo lo que constituía su posibilidad de vivir. Equivaldría a poner su vida en manos de Dios.

APLICACIÓN
Hay que tener en cuenta que Jesús ya había llevado a cabo la "purificación del templo". Sabemos su opinión sobre la manera como se gestionaba el culto y su crítica al expolio de los pobres en nombre de Dios, para que los jefes religiosos vivieran como reyes. De hecho, el templo era el centro económico de todo el país. Esa economía estaba basada en la obligación de ofrecer sacrificios y de dar al templo el diezmo de todo lo que cosechaban, además de voluntarios donativos. El Dios liberador, se había convertido en el dios opresor y exigente que esclavizaba el pueblo por medio de sus dirigentes.

En contra de los que solemos pensar, el evangelio nos está diciendo que el principal valor de la limosna no es socorrer una necesidad perentoria de otra persona, sino mostrar una verdadera actitud religiosa. La limosna de la viuda, a pesar de su insignificancia, demuestra una actitud de total confianza en Dios y de total disponibilidad. En nuestras relaciones con Dios no sirven de nada las apariencias. La sinceridad es la única base para que la religiosidad sea efectiva. A Dios no se le puede engañar con apariencias.

No se trata directamente de generosidad, sino de desprendimiento. Lo que el evangelio deja claro es que el egoísmo y el amor son dos platillos de la misma balanza, no puede subir uno si el otro no baja. Nuestro error consiste en creer que podemos ser generosos sin dejar de ser egoístas. Lo que Jesús descubre en la viuda pobre es que, al dar todo lo que tenía, el platillo del ego bajó a cero; con lo que, el platillo del amor había subido hasta el infinito. Si mi limosna no disminuye mi egoísmo, no tiene valor espiritual.

El evangelio de hoy, ni cuestiona ni entra a valorar la limosna desde el punto de vista del necesitado, porque lo que la viuda echó en el cepillo no iba a solucionar ninguna necesidad. Se trata de valorar la limosna desde el punto de vista del que la hace. Jesús ensalza la actitud de la viuda, aunque acaba de criticar muy duramente la manera que tenían los sacerdotes de gestionar los donativos al templo.

La limosna de la que hoy se habla, no es la que salva al que la recibe, sino la que salva al que la da. La diferencia es tan sutil que corremos el riesgo de hablar hoy de tanta necesidad acuciante que podemos encontrar en nuestro mundo y por tanto, de la necesidad de hacer limosna para remediar esas necesidades extremas. Hoy no se trata de eso. Se trata de dilucidar donde ponemos nuestra confianza. Podemos ponerla en la seguridad que dan las posesiones o en la seguridad que nos da la confianza en Dios.

La motivación de cualquier limosna no debe ser, en primer lugar, remediar la necesidad de otro, que está en peores condiciones que yo, sino el manifestar el desapego de las cosas materiales y afianzar nuestra confianza en lo que vale de verdad. La cuantía de la limosna en sí, no tiene ninguna importancia; solo tendrá valor espiritual, si el hacerla, supone privarme de algo. Dar de lo que nos sobra, puede aliviar la carencia de los demás, pero ningún valor religioso para mí. Mi limosna valdrá la pena solo si me duele un poquito.

El que recibe una limosna, puede estar realmente necesitado de lo que recibe; en ese caso, la limosna ha cumplido un objetivo social. Ese objetivo no es lo esencial, porque puede alcanzarse por circunstancias ajenas a una voluntad humana. El que recibe una limosna, puede aceptarla como una lotería sin descubrir la calidad humana del que se la ha dado. O puede darse cuenta de que la actitud del otro le está invitando a ser también él mismo más humano. Si esto segundo no sucede, es que la limosna como acto religioso, ha fallado para el que la recibe. Alcanzar este último objetivo, depende de la manera de hacerla.

El que la da puede ser que tenga sus necesidades bien cubiertas y da de lo que le sobra; o puede ser que se prive de algo que necesita, al hacer la limosna. En el primer caso, aún podía demostrar un cierto desapego al superar el afán de acaparar y buscar en las riquezas seguridad. En el segundo, entramos en una dinámica religiosa. Se podría dar el caso de que un necesitado hace una limosna de la que se va a aprovechar el que no la necesita. En ese caso, el objetivo religioso se cumple. Sin tener esto en cuenta, con frecuencia dejamos de dar una limosna, porque no estamos seguros de que vaya a remediar una necesidad real.

Solo cuando das lo último que te queda, demuestras que confías absolutamente. El primer céntimo no indica nada; el último lo expresa todo, decía S. Ambrosio: Dios no se fija tanto en lo que damos, cuanto en lo que reservamos para nosotros. Un famoso escritor actual dijo en una ocasión: solo se gana lo que se da; lo que se guarda se pierde. La viuda, al renunciar a la más pequeña seguridad, manifiesta la verdadera pobreza.

Meditación-contemplación

La viuda entregó todo lo que tenía para subsistir.
Las dos monedas no tenían ningún valor,
pero la actitud interna que demuestra ese insignificante don
es lo más valioso que podemos imaginar.
...............

Los actos solo tienen valor religioso y humano
en la medida que son expresión de nuestro interior.
No importa que sean espectaculares o insignificantes.
Su valor está en lo más íntimo de la persona.
..................

Mi escala de valores debe cambiar.
Debo dejar de valorar lo que se ve,
Para empezar a valorar en mí y en los demás
lo que me hace más humano y más cristiano.
..................

Fray Marcos

LOS OJOS DE JESÚS
Escrito por  José Enrique Galarreta
Mc 12, 38-44

Todo israelita debe pagar impuestos al templo, proporcionados a su condición económica. Esto tiene dos finalidades: para los fieles, reconocer a Dios, como una especie de sacrificio en que se ofrece a Dios parte de lo que se posee para manifestar que todo es de Dios; para el Templo, es una de las formas de financiarse.

Teniendo en cuenta que este precepto afecta a todos los israelitas, incluso los que viven lejos de Jerusalén, y que hay mucha gente rica entre ellos, los ingresos del Templo son cuantiosos. De estos ingresos viven también los sacerdotes, muy especialmente los sacerdotes importantes. Conocemos por la arqueología algunas casas de sacerdotes de Jerusalén: suntuosas, al estilo greco-romano, con peristilos, mosaicos, estanques...

La ofrenda de estos tributos se hace en los cepillos con boca en forma de trompeta, cerca del Arca del Tesoro, en el "Gazofilacio" del Templo, cercano probablemente al Pórtico de Salomón, magnífica "stoa" de trescientos metros de largo, con cuatro filas de altísimas columnas de mármol con capiteles de bronce dorado y artesonados de cedro.

Las enormes riquezas depositadas en el Arca, la ostentosa ofrenda de los ricos, el ambiente de esplendor y lujo casi inimaginables contrastan violentamente con la ofrenda de la viuda. En el original, dos monedas de cobre del más ínfimo valor.

La escena se sitúa en el Templo de Jerusalén, en el pórtico de Salomón y frente al Arca del Tesoro, donde la gente deposita las ofrendas. Estamos en la última semana de la vida de Jesús. El contexto es el siguiente: han precedido las disputas de Jesús, primero con los Fariseos por el tributo debido al César, luego con los saduceos por el tema de la resurrección, y finamente con los letrados acerca del primer mandamiento, texto que leímos el domingo pasado.

Jesús ha contraatacado después proponiéndoles una pregunta sobre el Mesías Hijo de David, a la que nadie ha sabido responder. Una vez desautorizados sus poderosos enemigos, Jesús sigue con su ataque. Es el texto que hoy leemos.

Parece tener dos partes: la advertencia de Jesús al Pueblo contra los letrados (que adquiere extrema violencia en Mateo 23), y el episodio de la limosna de la viuda. Independientemente considerados son fáciles de entender. Dios acepta los actos humanos valorando el corazón del hombre, no juzga según las apariencias humanas.

Hay que notar sin embargo que están unidos, y colocados en este contexto de enfrentamiento: Jesús se decanta en favor de los que sencillamente sirven a Dios, y en contra de la religiosidad oficial de Israel. Este rechazo, correspondido naturalmente por los jefes y letrados del pueblo, llevará a Jesús a la cruz.

Y llama la atención la expresión usada por Jesús.: "De verdad os digo" (en el original, "en verdad, en verdad os digo"), que es la fórmula que Jesús utiliza para dar énfasis a sus mensajes importantes.

R E F L E X I Ó N
Una de las constantes de Jesús es que se decanta siempre por la persona más que por la institución, por el cumplimiento sincero, de corazón, sin importarle gran cosa el cumplimiento "legal". La institución no puede aguantar esto, se tiene que basar en el control externo del cumplimiento de lo mandado.

Recordemos el gran enfrentamiento acerca del Sábado, que le acarrea la condena tajante:"Este hombre no es de Dios, porque no cumple el Sábado". La traducción a nuestro tiempo sería: "... porque no va a Misa el Domingo".

Por eso, la trayectoria de Jesús se va convirtiendo poco a poco en un enfrentamiento con las autoridades. Jesús no dice que no hay que cumplir la Ley, al contrario, insiste en que hay que cumplirla, pero dejando bien claro que este cumplimiento es un medio, no un fin.

Esto se refiere muy especialmente a las leyes que los hombres hemos promulgado aplicando la Ley de Dios. Son, en nuestro lenguaje, "los mandamientos de la iglesia", que son una manera establecida de concretar lo que Dios quiere de nosotros. Pero son leyes humanas, que hay que cumplir como medios, y nunca son fines.

La limosna de la viuda, el fariseo y el publicano, la acogida a los niños, las comidas con los pecadores, acercarse a los leprosos.... todo va en la misma línea: aceptar el corazón que quiere buscar a Dios, atender primero a la necesidad de las personas... Jesús es así. Dios es así.

Dentro de esta línea está la constante atención y preferencia de Jesús por "los pequeños", "los últimos". "Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros" es casi un tópico en el Evangelio. Y nos asoma al juicio de Dios, nos hace ver con los ojos de Dios. En la escena del templo, los sacerdotes, los doctores y los fariseos son los primeros, por su función sagrada y su poder, por su ciencia teológica, por su reconocida santidad.

Parece que "tienen derecho" a estar en el Templo y al respeto de todo el mundo. La viuda es la última, puede estar agradecida de que no la echen de ahí, porque no es nadie, ni su dinero significa nada para la impresionante riqueza del templo: a nadie le importa.

Pero es la primera para los ojos de Jesús. Jesús mira siempre al corazón, y sabe dónde está el bien o la apariencia. Jesús es un juez experto que no se deja engañar. Ha hecho un inmenso esfuerzo por convencer a los sabios, a los santos y a los poderosos; se le han cerrado a cal y canto.

Ha ofrecido el camino la verdad y la vida a la gente sencilla y necesitada, y le han seguido. Le han seguido los últimos, le han rechazado los primeros. Y proclama ahora que el mundo lo ve todo al revés, juzga por las apariencias, mientras Dios ve el corazón.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Esta escena tan sencilla nos desafía una vez más, si nos vemos retratados en ella, como suele sucedernos al enfrentarnos a las escenas del Evangelio. Estas narraciones simples tienen el poder de sacar a la luz lo más íntimo de nuestros escondrijos espirituales.

Es increíble la facilidad con que nos consideramos buenos, mejores, superiores, primeros, y la tentación de considerar a otros peores, inferiores, últimos. Una grave tentación. Nuestra consciencia de superioridad suele basarse en la constatación de que tenemos más cualidades, mejor posición o consideración social, más "virtudes" y menos "pecados" reconocidos.

A otros los consideramos inferiores por menos cualidades, menos consideración social y más evidentes pecados. Pero cuando Jesús antepone la viuda a los doctores, y mucho más aún cuando dijo "las prostitutas y los publicanos van delante de vosotros en el Reino", estaba desmontando esta consideración, tan humana y tan errónea.

Las dos monedas de cobre de la viuda no valen nada: ante Dios valen más que los tesoros que donan los ricos. Un pequeño acto de generosidad de una de esas personas que nosotros consideraríamos quizá "pecadores públicos" pasa desapercibido en el mundo y no es comparable con las grandes acciones sociales de muchos creyentes. ¿Cómo lo mirará Dios?.

La regla es, en el fondo, la relación entre lo que se ha recibido y lo que se da. Haber recibido poco significa no ser nadie a los ojos de los humanos, e incluso no tener más remedio que vivir de mala manera. Haber recibido mucho significa ser muy considerado y quizá también vivir virtuosamente. Pero los ojos de Dios saben las causas y su balanza no pesa apariencias. Todas las desgracias de la viuda están en la columna de su HABER, y toda la ciencia y santidad de los doctores están en la columna de su DEBE. Y los ojos de Jesús saben verlo.

A nivel eclesial, esto nos llevaría a considerar la atención de la iglesia a los marginados. No simplemente a los que tienen poco dinero, sino a los marginados sociales profundos, los que quedan "fuera de la ley", porque la vida o el pecado les ha llevado ahí. Y no estamos hablando de su ayuda económica sino de su juicio.

La insuficiencia de las leyes de la iglesia sobre el divorcio, sobre la asistencia obligatoria a la Eucaristía, sobre la participación en los sacramentos de los "pecadores públicos" que no pueden dejar de serlo.... Todo esto significa que se sigue considerando últimos a los que en realidad son simplemente más necesitados.

PARA CONTEMPLAR
¡Cómo disfrutan los ricos escuchando el tintineo de su oro en las arcas de bronce del Templo! Pueden dar eso y más, porque les sobra mucho más de lo que dan. Es la limosna porcentual. Doy un 25 % de lo que gano a Dios, quedo bien con Dios y con los sacerdotes, y el 75 % restante es mío y sólo mío, para lo que yo quiera, porque ya he cumplido.

Una viuda pobre se muere de miseria, es la persona más desamparada de Israel. Pero da, quitándoselo de la boca. Se equivoca, porque podría habérselo dado a otra viuda aún más pobre, que ni siquiera tiene esa monedita para dar. Pero da.

Jesús lee muy bien el corazón de la gente. Y le importan muy poco los alardes de los ricos, las riquezas del Templo y la opinión de la gente. Le importa el estupendo corazón de la viuda, que sabe que reconocer a Dios es más importante incluso que comer.

Estoy seguro de que Jesús sintió la urgencia de liberar a la viuda, de liberar a los pobres del peso obsceno de la riqueza del Templo, del Templo mismo, de los sacerdotes y su poder.

Pero, sin ir tan lejos, nos quedamos mirando: hay miles de personas en el Templo, cientos de sacerdotes, docenas de ricos en quienes todos se fijan. Y una viuda pobre en la cual nadie se fija, nadie, más que Jesús.

José Enrique Galarreta, SJ.