jueves, 22 de noviembre de 2012

INTRODUCIR VERDAD - José Antonio Pagola


Imagen:  Maximino Cerezo Barredo

INTRODUCIR VERDAD
Escrito por  José Antonio Pagola

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año treinta un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.

El evangelio de Juan relata el dialogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio, parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento Jesús hace esta solemne proclamación: "Yo para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".

Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos e hijas.

Por eso, Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios que la defienden por obligación aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad sino testigo.

Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en "voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz" (Jon Sobrino).

Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los grandes poderes financieros y de la gestión política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.

Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.

Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No nos podemos acostumbrar a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en su defensa y ayuda. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net



Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la Buen Noticia al prójimo. Pásalo.
34 Tiempo ordinario (B)
25 de noviembre de 2012

Jn 18, 28-40


CAMINO, VERDAD Y VIDA
Escrito por  Florentino Ulibarri

Ahora que no hay novedad en nuestras vidas
ni en los caminos de la historia,
ni en nuestra memoria personal y colectiva...
es tiempo de reflexionar y ahondar
en todo lo que llevamos a cuestas,
y en las zonas yermas del mundo
y de las entrañas nuestras.

Ahora que tu palabra rompe nuestros planes
y el horizonte se nos nubla y cierra,
y en los caminos se mezclan tantas huellas...
es tiempo de hacer silencio,
de olvidar los tristes sentimientos,
de acoger tu insólita propuesta
y dar testimonio de la verdad.

Llegará un día en que la libertad no sea un sueño,
en que las fronteras desaparezcan
y los seres humanos seamos respetados
y encontremos en el otro a un hermano;
un día en que no haya clasificación de personas
por su color, dinero o raza,
ni por su poder, religión o condición social...

Llegará un nuevo día en que la verdad
resplandezca y alumbre a todas las personas
y no necesite protección ni ser explicada;
un día en que este mundo sea distinto,
se llene de verdades, sueños y proyectos
y se parezca ya al reino definitivo
que estamos llamados a crear juntos.

¡Pronto llegará un nuevo día, tu día, Señor,
pues Tú eres el camino, la verdad y la vida
aunque los nuevos Pilatos sean escépticos!

Florentino Ulibarri




YO SOY... Y SOY REY, EN JESÚS QUIEREN DECIR LO MISMO
Escrito por  Fray Marcos
Jn 18, 28-40

CONTEXTO
Es muy importante que tengamos una pequeña idea del momento y por qué motivo se instituyó esta fiesta. Fue Pío XI en 1925, cuando la Iglesia estaba perdiendo su poder y su prestigio acosada por la modernidad. Con esta fiesta se intentó recuperar el terreno perdido ante un mundo secular, laicista y descreído. En la encíclica se dan las razones para instituir la fiesta: recuperar el reinado de Cristo y de su Iglesia. Para un Papa de aquella época, era inaceptable que las naciones hicieran sus leyes al margen de la Iglesia y sin tener en cuenta su poder y sus directivas.

El contexto del evangelio es un jugoso diálogo entre Pilato y Jesús inmediatamente antes de condenarle a muerte. Es muy poco probable que sea histórico, pero eso no le resta nada de su importancia, todo lo contrario, nos está transmitiendo lo que una comunidad muy avanzada de finales del siglo I pensaba sobre Jesús. Dos breves frases puestas en boca de Jesús nos pueden dar la pauta de reflexión: "mi Reino no es de este mundo" y "yo para eso he venido, para ser testigo de la verdad".

EXPLICACIÓN
¿Qué significa un Reino que no es de este mundo? Se trata de una expresión que no podemos "comprender" porque todos los conceptos que podemos utilizar son de este mundo. ¿En qué estamos pensando los cristianos cuando después de estas palabras, nombramos a Cristo rey, no solo del mundo, sino del universo? Que me lo expliquen, porque soy incapaz de entenderlo.

Tal vez encontremos una pista en la otra frase: "he venido para ser testigo de la verdad". Pero solo si no entendemos la verdad como verdad lógica (adecuación de una formulación racional a la realidad) sino entendiéndola como verdad ontológica, es decir, como la adecuación de un ser a lo que debe ser según su esencia. Jesús siendo auténtico, siendo verdad, es verdadero Rey

Cuando los hebreos entran en contacto con la gente que vivía en ciudades, descubren las ventajas de aquella estructura social y los mismos israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas como una traición (el único rey de Israel es Dios); pero al final tienen que ceder. El rey era el que cuidaba de una ciudad o de un pequeño grupo de pueblos. Tenía la responsabilidad de que hubiera orden en las relaciones sociales. Lo mismo les defendía de los enemigos, que se preocupaba de los alimentos, que impartía justicia. A lo largo del AT, se va espiritualizando esa idea del rey, llegándose a identificar con la del Mesías, y termina por ser la imagen clave para toda la apocalíptica. El final de la historia será un Reino de Dios que termina venciendo el reino del mal.

Solo en este contexto podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo el contenido que él le da, es más profundo. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un reino de Dios muy distinto; un Reino del que nadie va a quedar excluido, y del que forman parte las prostitu¬tas, los pecadores, los marginados...

También los gentiles están llamados y muchos judíos se quedarán fuera. El Reino que Jesús anuncia no tiene nada que ver con las expectativas de los judíos de la época. Por desgracia tampoco tiene nada que ver con las expectativas de los cristianos de hoy.

El "poder" se presenta en los evangelios, como una tentación: "Te daré todo el poder de estos reinos y su gloria" (Lc 4, 6). En Juan, la multitud quiere llevárselo para proclamarle rey, pero él se marcha a la montaña, él solo. Toda la predicación de Jesús gira en torno al "Reino"; pero no se trata de un reino suyo, sino de "el Reino de Dios". Jesús nunca se propuso él mismo como objeto de su predicación. Es un error confundir el "reino de Dios" con el reino de Jesús.

La encíclica dice: "a Cristo le compete en sentido propio y estricto, como hombre, el título de Rey". ¿De qué reinado está hablando? Siempre que nos imaginamos a Jesús-el-Cristo separado de Dios, aunque sea sentado a su derecha, patinamos.

La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí, aunque no se identifica con las realidades mundanas. No hay que esperar a un tiempo escatológico, sino que ha comenzado ya, pero supera la idea de un reino externo: "No se dirá, está aquí o está allá, porque mirad: el reino de Dios está dentro de vosotros".

No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un reino que es Dios. Cuando decimos "reina la paz", no estamos diciendo que la paz tenga un reino. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, siendo lo que tenemos que ser; pero después de haber descubierto a Dios reinando en lo más hondo de nuestro corazón.

No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita, hago presente el Reino de Dios y cuando me preocupo de mí pisoteando a los demás, excluyo de mí y de mi entorno el Reino.

En el evangelio que acabamos de leer podemos encontrar alguna pista para descubrir el verdadero sentido que puede tener esta fiesta. Cuando Pilato pregunta a Jesús si era rey, responde: "mi reino no es de este mundo... mi reino no es de aquí". Pilato no entiende nada. Nosotros lo hemos entendido mal. Para Juan, la palabra "mundo" tiene varios significados. Aquí no significa la materialidad de lo creado, sino la manera injusta como los hombres se relacionan entre sí.

Jesús es lo contrario de lo que se entiende por un rey. Es el reino del amor y de la entrega al servicio a los demás. Para reinar de esa manera no necesita ni soldados ni poder. Lo va a demostrar entregando su vida en la cruz. Estaremos en la verdadera perspectiva si no olvidemos que Jesús reinó desde la cruz. Aceptar la muerte como entrega total, es toda su gloria y todo su poder. Jesús hace presente el Reino que es Dios, cuando se olvida de sí mismo y pone todo lo que es al servicio de todos.

Otra clave para orientar bien esta fiesta puede ser lo que dice Jesús a Pilato. "Yo para eso he nacido, para ser testigo de la verdad". Pero ¡ojo! No se trata de morir por una doctrina teórica. Se trata de morir por el hombre. Se trata de dar testimonio de lo que es el hombre en su verdadera realidad.

El "Hijo de hombre" (único título que Jesús se aplica a sí mismo), nos da la clave para entender lo que pensaba de sí mismo. Se considera el hombre auténtico, el modelo de hombre, el hombre verdad. Su intención es que todos lleguen a identificarse con él. Jesús es la última referencia para todo el que quiera llegar a manifestar en su vida la verdadera calidad humana.

Poco después del párrafo que hemos leído, Pilato saca afuera a Jesús, después de ser azotado, y dice a la multitud: "Este es el hombre". Jesús no solo es el modelo de hombre, sino que exige a sus seguidores que demuestren con su vida, que responden al modelo que ven en él.

Jesús dice: "soy rey", no: soy el rey. Indicando así que todo el que se identifique con él, será también rey. Esa es la meta que Dios quiere para todos los seres humanos. Rey de poder solo puede haber uno. Reyes servidores debemos ser todos. No se trata de que un hombre reine sobre otro, sino de un Reino donde todos se sientan reyes porque todos están al servicio de todos. Como Jesús, debemos identificarnos con Dios hasta tal punto, que todo lo que haga manifieste mi verdadero ser y haga presente a Dios.

Mucho me temo que no sea este el sentido que le damos a la fiesta. Cualquier connotación que el título tenga con el poder, tergiversa el mensaje de Jesús. Una corona de oro en la cabeza y un cetro de brillantes en las manos de Jesús, son mucho más denigrantes que la corona de espinas y la caña que le pusieron los soldados. Si no nos damos cuenta de esto, es que estamos proyectando sobre Dios y sobre Jesús nuestros propios anhelos de poder.

Ni el "Dios todopoderoso" ni el "Cristo del Gran Poder" tienen absolutamente nada que ver con el evangelio. El Dios de Jesús es el "Abba", padre y madre que cuida de nosotros entregándonos todo los que Él es en cada instante. Ni se impone ni nos gobierna ni nos domina. Es esta realidad la que tenemos que descubrir y hacer presente en nuestra vida. Esto es también lo que tenemos que expresar en todas nuestras relaciones con los demás.

Meditación-contemplación

Dijo Jesús: yo he venido para ser testigo de la verdad.
Está hablando de la verdad ontológica.
No se refiere a verdades doctrinales o científicas.
Está hablando de la verdad de su ser.
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Ser verdadero es lo contrario de ser falso.
Falso es todo aquello que aparenta ser una cosa
y en realidad es lo opuesto.
Ser Verdad es ser lo que somos sin falsearlo.
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Lo que los demás ven en mí,
¿es lo que soy en lo hondo del mi ser?
El más alto objetivo de tu vida
es descubrir tu verdadero ser y manifestarlo en todo momento.
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Fray Marcos




CRISTO REY, QUE VENGA TU REINO
Escrito por  José Enrique Galarreta
Jn 18, 28-40

En las nubes del cielo - Hijo de hombre - Se le dio imperio, honor y reino - Yo soy el Alfa y la Omega - Sí, soy Rey.

LAS IMÁGENES
Se repiten en estos textos imágenes semejantes. Y volvemos a insistir en su valor: imágenes, tomadas de lo humano para expresar lo divino. Las imágenes de "las nubes", "el trono de Dios" " el anciano..." nos recuerdan a las imágenes usadas en los relatos de la Ascensión. (En realidad, lo hoy celebramos es exactamente lo mismo que se celebra el día de la Ascensión).

Nadie hay tan ingenuo como para pensar en "el Cielo como lugar físico que está más arriba", a donde "se sube" o de donde "se baja".... Imágenes. Buenas imágenes para expresar lo divino, pero solamente imágenes.

El Imperio, el Poder, el Reino, Alfa-Omega... Buenas imágenes para expresar quién es Jesucristo. Jesús mismo ofrece un camino de interpretación:

"Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí."

"Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz."

La imagen del Rey es aceptada por Jesús: pero rey " de otra manera", otro tipo de reino, el reino de la verdad... El reino de Dios no es un Estado, ni un país, ni un gobierno...

Es muy importante advertir que Jesús usa "El reino de Dios" en contraposición a "los reinos de la tierra". Que Dios es Rey de manera opuesta a lo que son los reyes de la tierra.

Jesús usa la imagen del reino y del rey, precisamente para decir que los reinos de la tierra son lo más opuesto al reinado de Dios.

Vamos, pues, por buen camino si volvemos al principio de esta reflexión: "Imágenes", imágenes para hablar de Dios, de Jesús, de la Iglesia. Pero hemos de usar las imágenes en el sentido en que Jesús las usa. La imagen del rey poderoso, dominador, vencedor de enemigos, que manda a placer, que tiene dignidad y riqueza... no tiene nada que ver con el reino de Dios ni con Jesús. Más bien es lo opuesto. Y demasiadas veces caemos en ese error

EL MENSAJE
Analizamos algunas expresiones que aparecen en los textos.

Cristo Rey, Cristo Juez, nosotros Reyes y Sacerdotes.... Estamos proclamando nuestra fe en que Jesús es el eje de la vida humana, nuestro acceso a Dios, el que da sentido a la vida, el que marca el Bien y el Mal, el acierto y el error. Estamos proclamando nuestra fe en que "al final, Dios", y en el camino, Jesús. Esto es acertar.

Y nosotros, los humanos no necesitamos otro intermediario, otro Sacerdote: cada hombre es sacerdote de su vida. El puente a Dios, Jesús: Jesús revela a Dios y al ser humano: creer en otro Dios es creer en ídolos: construir el ser humano de otra manera está equivocado...

Es el Rey, el Único. Los que le siguen están en "el Reino", donde la Ley es el amor exigente y generoso de Dios, el sentido de la vida, ayudar a salvar, el pecado es cadenas que me impiden ser lo que Dios espera de mí, donde la riqueza, el dolor, la persecución, el triunfo... no son buenos o malos porque agraden o molesten sino porque sirven o no sirven para salvar... Nosotros vivimos en ese reino, y nos sentimos reyes, hijos, sacerdotes que consagran su vida, sus acciones, su trabajo...

La imagen de "vivir como un rey" "es el rey de la casa..." la usamos todavía: sabemos lo que significa: muy bien, el mejor... Pero la metáfora es siempre mucho más expresiva que el concepto. Y Jesús habla mucho en metáforas. Dios es padre, médico, puerta, agua, pastor, luz, pan y vino... cada metáfora aporta un poco, y ninguna es completa.

En esta línea, Jesús es el anti-rey. Ni poder, ni dinero, ni reconocimiento oficial, ni armas, ni acepción de personas. Los reyes de este mundo son así, pero Jesús no es un rey de este mundo. Sus armas son la capacidad de con-padecer, la dedicación a curar, decir la verdad hasta la muerte, preferir a los últimos, ponerse siempre a favor de las personas, ser impuro para poder ayudar. Extrañas armas y extraño rey.

Y, en esta misma línea, el reino de Dios es "el antirreino". Lo que reina en el mundo es la necesidad obsesiva de consumir, de trepar, de competir. Lo que reina en el mundo es la desconfianza y la venganza y la injusticia; el menosprecio de los pobres, la explotación de la naturaleza... y no digo que reinan porque todos son así, sino porque eso es lo que domina, lo que se impone, lo que aparece en los medios, lo que se propone como éxito.

Jesús propone exactamente lo inverso: que domine, que se imponga, que se considere como éxito la solidaridad, el respeto, la justicia, la buena fe, la reconciliación.

"Convertíos, que el Reino está ya entre vosotros". Esto nos lleva a la última consideración sobre la vida cristiana: "Cristo tiene que reinar" es la misión que hemos recibido: pero Cristo no reina porque en mi corazón reina el pecado, porque en los corazones de otros hombres sucede lo mismo.

Y de aquí, del pecado del corazón de los hombres, nace el mal del mundo que impide que éste sea lo que Dios ha soñado. La Buena Noticia es que esto no tiene por qué ser así.

La Buena Noticia es que el Bien es más poderoso que el Mal, que el Mal está irremediablemente condenado a desaparecer, porque en esta gran batalla universal, Dios no es un Juez impasible, sino que lucha en uno de los bandos. Y así, la palabra Liberación se convierte en el slogan del Cristiano. Por eso Jesús significa "Dios Libertador".

Pero Cristo tampoco reina porque se le hagan monumentos, ni porque la jerarquía reciba honores de los poderes del mundo, ni porque la liturgia se celebre con esplendor, ni porque algún partido político se autocalifique de "cristiano".

Cristo reina cuando Jesús es la norma de vida desde el corazón mismo de las personas. Una vez más, la levadura, la semilla. Cristo reina cuando toda la masa fermente, cuando la cosecha llegue a su fin.

PARA NUESTRA ORACIÓN
¿Quién es el rey de mi vida? ¿Quién o qué reina en mí?. "Los reyes de las naciones los oprimen... "¿Qué soberanos opresores oprimen mi libertad? ¿El consumo desenfrenado? ¿La falta de compasión? ¿Dios juez?

Hay muchos reyes, muchos dioses dispuestos a impedir que las personas sean hijos, conscientes, libres, queridos, solidarios, comprometidos. ¿Soy libre como un rey o agobiado como un esclavo?

Hemos optado por Jesús. Hemos elegido un Rey que es libertad, dignidad, ambición de hijos. Un rey libertador de todos, que invita a una guerra santa contra todos los ídolos, contra todas los opresiones, contra todo lo que humilla a las personas, a los hijos.

Un rey cuyos enemigos son el pecado y la muerte, cuyo poder es lavar los pies a todos. Un rey a cuya mesa están invitados todos, sobre todo los pobres, los tullidos, los ciegos, los endemoniados, las prostitutas, los pecadores. Ése, sólo ése, es mi rey.

Desde que le conocemos, le hemos oído hablar del Reino. Nos ha invitado al Reino, nos ha enseñado que esta vida puede ser el Reino, nos ha anunciado que llegará la plenitud del Reino.

Y, desde el fondo de nuestros anhelos más profundos, hacemos propias sus palabras y pedimos a Dios, para cada uno y para todos, para las personas y para la humanidad, lo que Él mismo nos enseñó a pedir: "Venga tu Reino".

Hoy sí que no podemos orar juntos más que recitando la oración de Jesús, la oración de los hijos, la oración del Reino. Que todos le conozcan y le alaben, que el reino se realice, que se cumpla el sueño de Dios, que haya pan y perdón y libertad.

Por encima de todas nuestras pequeñas peticiones de cada día, ahora expresamos el más íntimo deseo del que sigue a Jesús, los mismos deseos del mismo corazón de Jesús.

José Enrique Galarreta