lunes, 26 de noviembre de 2012

INDIGNACIÓN Y ESPERANZA -


Imagen:  Maximino Cerezo Barredo

INDIGNACIÓN Y ESPERANZA - José Antonio Pagola 

Una convicción indestructible sostiene desde sus inicios la fe de los seguidores de Jesús: alentada por Dios, la historia humana se encamina hacia su liberación definitiva. Las contradicciones insoportables del ser humano y los horrores que se cometen en todas las épocas no han de destruir nuestra esperanza.

Este mundo que nos sostiene no es definitivo. Un día la creación entera dará "signos" de que ha llegado a su final para dar paso a una vida nueva y liberada que ninguno de nosotros puede imaginar ni comprender.

Los evangelios recogen el recuerdo de una reflexión de Jesús sobre este final de los tiempos. Paradójicamente, su atención no se concentra en los "acontecimientos cósmicos" que se puedan producir en aquel momento. Su principal objetivo es proponer a sus seguidores un estilo de vivir con lucidez ante ese horizonte

El final de la historia no es el caos, la destrucción de la vida, la muerte total. Lentamente, en medio de luces y tinieblas, escuchando las llamadas de nuestro corazón o desoyendo lo mejor que hay en nosotros, vamos caminando hacia el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos "Dios".

No hemos de vivir atrapados por el miedo o la ansiedad. El "último día" no es un día de ira y de venganza, sino de liberación. Lucas resume el pensamiento de Jesús con estas palabras admirables: "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación". Solo entonces conoceremos de verdad cómo ama Dios al mundo.

Hemos de reavivar nuestra confianza, levantar el ánimo y despertar la esperanza. Un día los poderes financieros se hundirán. La insensatez de los poderosos se acabará. Las víctimas de tantas guerras, crímenes y genocidios conocerán la vida. Nuestros esfuerzos por un mundo más humano no se perderán para siempre.

Jesús se esfuerza por sacudir las conciencias de sus seguidores. "Tened cuidado: que no se os embote la mente". No viváis como imbéciles. No os dejéis arrastrar por la frivolidad y los excesos. Mantened viva la indignación. "Estad siempre despiertos". No os relajéis. Vivid con lucidez y responsabilidad. No os canséis. Mantened siempre la tensión.

¿Cómo estamos viviendo estos tiempos difíciles para casi todos, angustiosos para muchos, y crueles para quienes se hunden en la impotencia? ¿Estamos despiertos? ¿Vivimos dormidos? Desde las comunidades cristianas hemos de alentar la indignación y la esperanza. Y solo hay un camino: estar junto a los que se están quedando sin nada, hundidos en la desesperanza, la rabia y la humillación.


José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net



Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

Despierta a los seguidores de Jesús. Pásalo.
2 de diciembre de 2012
1 Adviento (C)
Lucas 21,25-28. 34-36


fuente: 



ADVIENTO
Este es tiempo de espera y anhelo,
de ilusión, de salir a los cruces y caminos.
Es un tiempo de ojos abiertos,
de miradas largas como el horizonte
y de pasos ligeros por calles y plazas.

Este es tiempo de salas de espera,
de viajes que llegan con sorpresa ,
de caminatas alegres y largas,
de sueños buenos que se realizan
y de embarazos llenos de vida.

Este es tiempo de pregones y sobresaltos,
de vigías, centinelas y carteros,
de trovadores, profetas y peregrinos,
y de todos los amantes de la utopía
que van en pos de la estrella que brilla.

Este es tiempo de luces, candiles y velas.
de puertas y ventanas entreabiertas,
de susurros, sendas y pateras,
de huellas en el cielo y la tierra
y, también, en el corazón de las personas.

Este es tiempo de pobres y emigrantes,
de parias, exiliados y desplazados,
de los desahuciados de sus casas
que se empapan y mojan en la calle
y de todos los que no tienen nombre.

Este es tiempo de quienes no llegan y rezan,
de hogares que se renuevan y mantienen,,
de los que disciernen serenamente
y de quienes sufren la crisis, más fuerte,
a pesar de tantas promesas electorales.

Este es tiempo de andar por oteros y valles
de de cantar por las cárceles que se abren
de romper grilletes, cadenas y fuerzas,
de ceñirse coronas de servicio y dignidad,
y de madurar como las hojas que vuelan .

Este es tiempo de Isaías y Juan Bautista,
de María y de José, sin pesadillas,
embarcados en la aventura divina
y pasando en vela sus horas nazarenas.
Es tiempo que gesta las promesas.

¡Este es tiempo de buenas noticias!

Florentino Ulibarri


ESTAMOS SALVADOS, PERO NO NOS HEMOS ENTERADO TODAVÍA

Escrito por  Fray Marcos
Lc 21, 25-28 y 34-36

INTRODUCCIÓN
Con el primer Domingo de Adviento, comenzamos el nuevo año litúrgico que es una puesta en escena de los acontecimientos que dieron lugar al cristianismo. De la misma manera que en la vida normal, se inventó el teatro para escenificar las relaciones sociales y así poder comprenderlas mejor, así en el ámbito religioso, escenificamos las experiencias religiosas de nuestros antepasados. Para nosotros la figura clave es Jesús, por eso el año litúrgico se desarrolla en torno a su vida.

No tiene mayor importancia que Jesús haya nacido el 25 de diciembre o en cualquier otro día del año. Como tampoco la tiene que haya nacido en el año 1 ó en el año 5 antes de Cristo. Lo importante es descubrir que la esencia de nuestra religión tuvo su origen en la experiencia humana del hombre Jesús.

Empezamos con los cuatro domingos de Adviento, como preparación para celebrar el momento más importante de ese proceso que terminó en la religión cristiana. No nos debe extrañar la increíble riqueza de los textos litúrgicos de este tiempo de Adviento. Ello se debe a que el pueblo de Israel vivió toda su historia como tiempo de adviento, es decir, como una continua espera.

Pero también el pueblo cristiano, vive las expectativas de la llegada definitiva del Reino de Dios. Por eso, tanto el AT, como el NT, están plagados de textos bellísimos sobre este tema fundamental en toda la Escritura. Nosotros encontramos una dificultad a la hora de entender estos textos, porque están escritos desde unas expectativas completamente diferentes y en un lenguaje extraño. Sin embargo el mensaje es simple: Pase lo que pase, debemos tener total confianza en Dios que salva siempre.

EXPLICACIÓN
Tal vez nos produzca una cierta confusión el hecho de que la liturgia apunta en una doble dirección. Por una parte, nos invita a estar en vela para la venida futura y definitiva de Cristo. Por otra, nos invita a prepararnos a celebrar dignamente la primera venida, es decir, su nacimiento como ser humano. Ambas perspectivas son hoy problemáticas. Celebrar el nacimiento de Jesús como acontecimiento histórico, no servirá de nada si no nos sentimos implicados en lo que significó su propia vida. Entender literalmente la segunda venida, será echar balones fuera por el otro extremo.

Esos dos extremos serán referencias importantes, solo si nos llevan a afrontar adecuadamente el presente. No tiene sentido hablar hoy del fin del mundo ni de catástrofes futuras. Ni siquiera de la "futura venida de Cristo". Lo importante no es que vino, ni que vendrá, sino que viene en este instante. Hablar hoy del futuro en cualquiera aspecto es ponerse fuera de juego y no aceptar el verdadero mensaje de las lecturas. Quedarse en la celebración de un hecho histórico, no cambiará nada en mi vida.

Debe hacernos pensar el hecho de que los Judíos esperaron durante dieciocho siglos la liberación. Y cuando llegó Jesús con su oferta de salvación, la rechazaron porque no era lo que ellos esperaban.

La venida del Mesías no fue suficiente para los judíos, porque no esperaban esa salvación, pero tampoco fue suficiente para los primeros cristianos, también judíos, que siguieron esperando la "segunda venida" en la que sí se realizará la verdadera salvación, porque entonces vendrá "con gran poder y gloria".

Aún hoy, seguimos esperando una salvación a nuestra medida, no la que realmente trajo Jesús, que es la que Dios quiere para nosotros. Si comprendiéramos que Dios ya nos ha dado todo lo que puede darnos, dejaríamos de esperar que Dios venga a "hacer" algo para salvarnos.

A todos nos resulta muy complicado abandonar una manera de ver a Dios que nos da seguridades, que es lo único que nos importa de verdad. Preferimos seguir pensando en el Dios todopoderoso que actúa a capricho, donde quiere, cuando quiere, y desde fuera. Solo requiere de nosotros que cumplamos, también externamente, sus mandamientos.

Desde esta perspectiva nos sentimos forzados a hacer lo que nos parece que le agrada y de otra, a esperar con miedo a que en el momento último nos coja confesados. De esa manera no hay forma de hacer presente el Reino de Dios que está dentro de nosotros. Y además, nos quedamos tan frescos, echando la culpa de que no estemos salvados, a Dios que es demasiado cicatero a la hora de concedernos lo que tanto deseamos.

Dios está viniendo siempre. Si el encuentro no se produce es porque estamos dormidos o, lo que es peor, con la atención puesta en otra parte. La falta de salvación se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no puede funcionar.

Da lo mismo que la esperemos aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro hombre. Esta es la causa de nuestro fracaso. Esperamos que otro haga lo que solamente yo puedo hacer.

Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí. Simplemente tengo que despertar y descubrirlo. Tengo que salir del engaño de creer que soy lo que no soy.

Esta vivencia me descentra de mí mismo y me proyecta hacia los demás; me identifica con todo y con todos. Mi falso ser, mi ego, mi individualidad se disuelve. Esa experiencia de salvación tendrá consecuencias irreversibles en mi comportamiento con los demás y con las cosas, que ahora, hecho el descubrimiento, forman parte de mí mismo. Dios no me salva como recompensa a mis actos. Mis obras serán la consecuencia de la salvación que Dios me da.

En las primeras comunidades cristianas se acuñó una frase, repetida hasta la saciedad en la liturgia: "Marañatha" = ¡Ven, Señor Jesús! Vivieron en la contradicción de una escatología realizada y una escatología futura.

"Ya, pero todavía no". Hay que tener mucho cuidado a la hora de entender estas expresiones. "Ya", por parte de Dios, que nos ha dado ya todo lo que necesitamos para esa salvación. Si no fuera así, se convertiría en un tirano. "Todavía no", por nuestra parte, porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto el alcance de la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque "todavía no" estamos salvados, tenemos que tratar de vivir el "ya". Eso nunca lo conseguiremos si nos dormimos en los laureles.

Jesús apunta hacia una salvación muy distinta de la que esperamos. "He venido para que tengan vida y la tengan abundante." ¿Cuál es la tierra prometida que nosotros esperamos hoy? Como los judíos, ¿esperamos una tierra que mane leche y miel, es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más? Seguimos apegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. Seguimos convencidos de que la felicidad está en el consumo. La liturgia nos propone cuatro domingos para prepararnos. Los comercios adelantan más cada año la oferta de productos navideños...

La confianza, la esperanza, la paz, la ilusión la tengo que mantener aquí y ahora, a pesar de todas las apariencias. No debemos esperar que el mundo cambie para alcanzar la verdadera salvación. Confiar, creer es ya cambiar el mundo. Si no es así, estoy confiando en el ídolo. Siempre tendemos a ver la presencia de Dios en los acontecimientos favorables, y pensar que Dios está alejado de nosotros cuando las cosas no van bien. Esa es la interpretación de la historia que hizo el pueblo judío. Jesús dejó muy claro que Dios está siempre ahí, pero se manifiesta con rotundidad en la cruz, aunque sea difícil descubrirlo.

El Adviento no me invita a mirar hacia fuera: pasado y futuro, sino a mirar hacia dentro. Si consigo que nada de lo que tengo me ate y me desligo de lo que creo ser, aparecerá mondo y lirondo mi verdadero SER. Solo ahí puedo encontrar la auténtica felicidad.

¡Qué nos está pasando! Celebramos con inmensa alegría el nacimiento de una nueva vida, pero seguimos despidiendo a nuestros muertos con un "funeral". Debemos atrevernos a no ver el fin de una vida como un fracaso. Al final del camino, nada de lo que eres en tu esencia, se ha truncado. Eso es lo que se desprende del evangelio. Eso es lo que Jesús predicó y vivió.

Meditación-contemplación

Dios viene, pero no de fuera.
Jesús vuelve, pero no se ha ido.
Hay que superar los conceptos de pasado y de futuro.
Solo así entrarás en la dinámica de una auténtica revelación.
................

Dios es siempre el mismo, no puede cambiar.
Está en la historia, y a la vez, más allá de la historia.
Descúbrelo en lo hondo de tu ser y aparecerá a través de ti.
No tienes nada que esperar de fuera.
................

No tiene nadie que venir a salvarte.
Tienes que descubrir que estás salvado desde siempre y para siempre.
Lo que te llegue de fuera ni aumenta ni disminuye esa salvación.
Pero puede ayudarte o impedir que la descubras y la vivas.
...............

Fray Marcos



VIENEN DÍAS MALOS, PELIGROSOS, PERO VIENE TAMBIÉN EL SALVADOR
Escrito por  José Enrique Galarreta
Lc 21, 25-28 y 34-36

No sabemos muy bien el sentido exacto ni si las palabras que aquí pone Lucas son exactamente las de Jesús, aunque tengan tantos parecidos con las de Marcos que leímos hace poco, pero sí nos sentimos aludidos por ellas:

"...en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo".

Discúlpeme si peco de catastrofista, pero eso está ya pasando. El mar, la naturaleza entera, están en peligro, y no precisamente por causas naturales, sino por nuestro modo concreto de tratarlos. Es clásica la interpretación del Génesis, en la que Dios hace todas las cosas, "su jardín", y pone allí al ser humano "para que cuide el jardín". Pues bien, nosotros estamos destrozando el jardín, y a tal velocidad que no sabemos cuánto puede tardar en quedar irrecuperable.

"Muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo". Las cosas que vienen ya sobre el mundo son el consumo desenfrenado, el ansia obsesiva de poseer y disfrutar, la falta honestidad y respeto, el escandaloso abuso de los poderosos sobre los indigentes.

Y no caen del cielo como una maldición; surgen del corazón de los hombres. El terror y la ansiedad están aquí, en la inmensa multitud de los que pasan hambre, injusticia, opresión, desprecio, deshumanización. Esto ha existido siempre en la historia de la humanidad, pero hoy se ha desbocado hasta amenazar la misma existencia del ser humano y de nuestro plantea, "el jardín de Dios".

Las fuerzas de los cielos han sido sacudidas. Esas fuerzas son nuestras fuerzas, la capacidad humana de elegir el bien, lo correcto, lo humano, lo que en definitiva hace posible la existencia de la humanidad, amenazada por las fuerzas del mal, el mal que nosotros producimos y padecemos. Estamos jugando con fuego, con la muerte.

Al paso que vamos, ni la naturaleza ni la humanidad podrán subsistir muchos años, ni aun quizá pocos.

Y tras este planteamiento, volvemos a Lucas: "Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación". Pues bien, estas cosas ya han empezado, ¿de dónde podemos esperar esa prometida "liberación"?

Lucas lo tiene clatro: "Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria". Nuestra manía de entender los símbolos como sucesos reales nos impide entender. Nos imaginamos un espectáculo celeste, de nubes y rayos y trompetas, y un Cristo glorioso terrible como el espantoso Juez de Miguel Angel en la Sixtina, arreglándolo todo a mangazos inmisericordes.

Pues no, no es su estilo. Su estilo es la semilla y la levadura y la sal. Y esto no está en sus manos, sino en las nuestras, alentadas por su Viento, por su espíritu. Es decir, que es ahora precisamente cuando llega nuestro tiempo, el tiempo en que la misión que Jesús nos encargó (construir el Reino) se hace más acuciante, más urgente.

"Cobrad ánimo y levantad la cabeza", porque no estamos solos para recomponer este mundo desquiciado. Les añadió una parábola: "Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca". "Los famosos brotes verdes"... ¿dónde están? ¿Es que alguien puede ver nuestra higuera mundial floreciendo? Pues sí, y no me tachen de ingenuo.

Es claro que nunca se han mostrado tan potentes los hielos y fuegos de los deshumanizadores. Es claro que estamos aterrados por el poder de las grandes fuerzas económicas, mantenidas por los poderes políticos, indiferentes a la destrucción, asesinas de las personas normales y de las naciones. Pero es más claro, para quien tenga ojos, que la inmensa mayoría de las personas hemos pasado de la sumisión resignada a la protesta y a la acción.

Hay dos acciones evidentes, verdes brotes de esperanza: la solidaridad que ha nacido desde hace no muchos años (antes sólo hablábamos de caridad); y la protesta, la subversión, la capacidad de plantar cara a los poderosos del mal.

Hasta en la Iglesia se ven brotes verdes, prometedores, frutos poderosos del Concilio Vaticano II. Son ahora como la hierba, que parece destinada a que todos la pisen, pero nunca muere por eso, sólo muere por la sequía, la falta de agua. Y es claro que infinito número de comunidades cristianas, pequeñas y desprotegidas y aun pisoteadas, están cada vez más verdes, más sanas, más comprometidas, más unidas a Jesús.

El Vaticano II fue semilla y levadura y sal, y mal que les pese a algunos, florece y transforma a la Iglesia con la fuerza de Dios: por eso le tienen muchos tanto miedo, porque no quieren el Reino.

Así que "guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida...". Es tiempo de opciones, de elegir a qué bando queremos pertenecer: a los de la hierba que brota, de la semilla, la levadura y la sal, o los que pisan la vida, borrachos de libertinaje, de ansias de poder, inflados por su condición, profana o sagrada, pero caracterizada por la abundancia y el poder.

"Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza..." Esa es el agua que necesita la humilde hierba del Reino. Verdaderamente necesitamos fuerza, fuerza de Dios, Viento del Padre, Espíritu de Jesús, porque las fuerzas contrarias no las tenemos sólo fuera, sino que se nos cuelan en nuestro propio espíritu y nos corrompen desde dentro. Pero no tenemos miedo.

El Reino, el Proyecto de Dios, no va a fallar: el futuro no es el desastre de la humanidad, el fracaso de Dios, el caos irreversible. El futuro es el Reino, y nosotros, los que nos decimos "Iglesia" somos las manos de Dios, la levadura de Jesús, los que podemos poner sal en las cosas para que no se pudran y tengan sabor. ¡Todo un destino, todo un desafío!

Y no podemos dejar de tener en cuenta que la sal, la levadura, la semilla, actúan de abajo a arriba, desde dentro, con paciencia. Todos los esfuerzos se den en la Iglesia por actuar desde arriba, con espectáculo, desde el poder, nos más que fuegos artificiales que parecen iluminar, que hacen ruido, para ni duran ni producen nada.

Nuestro futuro de constructores del Reino se nasa en la conversión personal, en la oración intensa, en la Cena del Señor, y también la coherencia de nuestra vida con el es tilo de Jesús, en la capacidad de denuncia profética.

Lo que más me gusta de las frases de Lucas es: "cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación".

PROPONGO DOS SALMOS PARA NUESTRA ORACIÓN VOCAL, MEJOR EN COMÚN

SALMO 16
Guárdame, Señor, que me refugio en Ti
Decid al Señor: "Tú eres mi Dios,
Tu eres mi Bien y no deseo otro"
Aunque todo el mundo corra tras sus ídolos
mi herencia eres Tú, Señor.
Eres Tu quien garantiza mi suerte
Eres Tú mi herencia y mi riqueza.
Bendigo al Señor, mi consejero
y lo tengo presente sin descanso.
El Señor a mi diestra. El es mi guía.
Así encuentra mi espíritu la paz
mi corazón reposa seguro
porque Tú no abandonas mi vida.
Tú me enseñas el camino de la vida
y encuentro ante tu rostro
la plenitud de vida y de alegría.


SALMO 80
Este salmo presenta la angustia de Israel ante sus enemigos, su miedo a que sus pecados le hayan separado de Dios, y su plegaria a Dios para que le salve. Todos estos elementos los trasladamos al plano espiritual y pedimos a Dios, con estas antiguas fórmulas, la liberación del pecado, el conocimiento, la liberación.

Pastor de Israel, escucha,
Tú que llevas a tu pueblo como un pastor,
Tú que reinas sobre los ángeles, muéstrate,
revela tu poder, y ven en nuestra ayuda.
¡Haznos regresar, Señor, tú que eres poderoso
que aparezca tu rostro y seremos libres!
¿Hasta cuándo, Señor poderoso,
rechazarás la oración de tu pueblo?
Nos alimentas con pan de llanto,
las lágrimas son nuestra bebida.
La gente se ríe de nosotros, nos vence el enemigo.
¡Haznos regresar, Señor, tú que eres poderoso
que aparezca tu rostro y seremos libres!
Tú sacaste esta cepa de Egipto
y la plantaste entre los pueblos.
La cepa prendió y los montes se cubrieron con su sombra.
¿Por qué has roto su cerca y la roban todos los que pasan,
por qué la dejas a merced de los depredadores?
Vuelve al fin, Señor, míranos por fin desde los cielos,
visita tu viña, protégela, pues la plantó tu mano.
Extiende tu mano sobre los hombres
no nos dejes andar lejos de Ti,
devuélvenos la vida, que se alabe tu Nombre.
¡Haznos regresar, Señor, tú que eres poderoso
que aparezca tu rostro y seremos libres!

José Enrique Galarreta SJ




SOBRE LA INOPORTUNIDAD DEL ADVIENTO
Dolores Aleixandre

Sí, inoportunidad, no me arrepiento del título, esa ha sido mi impresión después de hacer una lectura seguida de los textos de Adviento. Vienen cargados de tantas palabras resplandecientes: alegría, seguridad, gloria, esplendor, paz, confianza, salvación…, que esa insistencia luminosa resulta casi insultante en estos tiempos de tanta oscuridad.

Puestos a elegir, preferiríamos otras promesas más cercanas a nuestra realidad: en vez de colinas que se abajan y valles que se levantan, esperaríamos el anuncio de que bajan las hipotecas, desciende la prima de riesgo y se eleva la responsabilidad de los bancos que han dejado sin ahorros a tantas familias.

Estupendo que lo torcido se enderece, pero nos suena a música celestial mientras continúen los métodos tortuosos de muchos empresarios para solicitar EREs y mandar al paro a tanta gente.

Baruc nos exhorta a envolvernos en el manto de la justicia de Dios y es una magnífica cobertura pero ¿de qué les va a servir a los inmigrantes sin papeles si se quedan sin la sanitaria?

La teología y sus eruditos se defienden: “Se trata de una perspectiva escatológica”, distinguen. Claro, pero sólo con eso no llego a fin de mes, piensa más de uno.

Jesús, que afortunadamente no era un erudito, propone otras salidas: da por sentada la existencia de situaciones desastrosas que nos sacuden llenándonos de ansiedad y preocupación pero, donde nosotros no vemos más que catástrofes, él ve “señales”.

La condición para descubrirlas es “levantar los ojos”, ir más allá de lo inmediato que nos ciega y atrapa en redes de deseos insatisfechos, en obsesiones por retener modos de vida que considerábamos definitivos, en temores que embotan nuestro corazón impidiendo el fluir de la vida.

Y esas “señales” ¿dónde buscarlas?: en el desierto, responde el evangelio de Lucas en el 2º Domingo, en esos lugares marginales que nos obligan a afrontar sin distracciones esas preguntas de las que tratamos de escapar, que nos inquietan más allá de lo económico y que se enmascaran bajo pretextos de impotencias y desánimos.

Los personajes políticos y religiosos nombrados (Poncio Pilato, Herodes, Anás, Caifás….) quizá fueron peores que los que hoy nos gobiernan pero, a pesar de sus poderes e intrigas, no consiguieron extinguir la esperanza que convocaba la voz profética de Juan desde la periferia.

En la tercera semana las señales se vuelven más concretas: hay que abrirse a la alteridad hasta llegar a compartir con otros, hay que salir del estrecho círculo de “lo mío” para que la esclavitud del poseer deje paso a la libertad de preferir el bien mayor de la relación: la alegría de que una túnica sobrante abrigue ahora el cuerpo aterido de un hermano.

Las señales de la cuarta semana nos devuelven a la belleza de lo pequeño, a la humildad de lo cotidiano: Dios elige como morada a Belén, un pueblo insignificante; y un sencillo saludo, esa experiencia universal de acogida del otro, desencadena un torrente de comunicación entre dos mujeres embarazadas que se llenan de alegría, bendicen y se ríen juntas mientras la vida crece en sus entrañas.

No son señales fáciles ni evidentes porque el Evangelio es siempre un tesoro escondido, un don exigente, una gracia cara. Después de todo, quizá el Adviento pueda conducirnos “oportunamente” hacia ese júbilo que se atreve con tanto descaro a prometer.

Dolores Aleixandre
Homilética