miércoles, 24 de octubre de 2012

CON OJOS NUEVOS - José Antonio Pagola


CON OJOS NUEVOS -  José Antonio Pagola

La curación del ciego Bartimeo está narrada por Marcos para urgir a las comunidades cristianas a salir de su ceguera y mediocridad. Solo así seguirán a Jesús por el camino del Evangelio. El relato es de una sorprendente actualidad para la Iglesia de nuestros días.

Bartimeo es "un mendigo ciego sentado al borde del camino". En su vida siempre es de noche. Ha oído hablar de Jesús, pero no conoce su rostro. No puede seguirle. Está junto al camino por el que marcha él, pero está fuera. ¿No es esta nuestra situación? ¿Cristianos ciegos, sentados junto al camino, incapaces de seguir a Jesús?

Entre nosotros es de noche. Desconocemos a Jesús. Nos falta luz para seguir su camino. Ignoramos hacia dónde se encamina la Iglesia. No sabemos siquiera qué futuro queremos para ella. Instalados en una religión que no logra convertirnos en seguidores de Jesús, vivimos junto al Evangelio, pero fuera. ¿Qué podemos hacer?

A pesar de su ceguera, Bartimeo capta que Jesús está pasando cerca de él. No duda un instante. Algo le dice que en Jesús está su salvación: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí". Este grito repetido con fe va a desencadenar su curación.

Hoy se oyen en la Iglesia quejas y lamentos, críticas, protestas y mutuas descalificaciones. No se escucha la oración humilde y confiada del ciego. Se nos ha olvidado que solo Jesús puede salvar a esta Iglesia. No percibimos su presencia cercana. Solo creemos en nosotros.

El ciego no ve, pero sabe escuchar la voz de Jesús que le llega a través de sus enviados: "Ánimo, levántate, que te llama". Este es el clima que necesitamos crear en la Iglesia. Animarnos mutuamente a reaccionar. No seguir instalados en una religión convencional. Volver a Jesús que nos está llamando. Este es el primer objetivo pastoral.

El ciego reacciona de forma admirable: suelta el manto que le impide levantarse, da un salto en medio de su oscuridad y se acerca a Jesús. De su corazón solo brota una petición: "Maestro, que pueda ver". Si sus ojos se abren, todo cambiará. El relato concluye diciendo que el ciego recobró la vista y "le seguía por el camino".

Esta es la curación que necesitamos hoy los cristianos. El salto cualitativo que puede cambiar a la Iglesia. Si cambia nuestro modo de mirar a Jesús, si leemos su Evangelio con ojos nuevos, si captamos la originalidad de su mensaje y nos apasionamos con su proyecto de un mundo más humano, la fuerza de Jesús nos arrastrará. Nuestras comunidades conocerán la alegría de vivir siguiéndole de cerca.

José Antonio Pagola
vgentza@euskalnet.net


Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Ensancha el horizonte de la Iglesia de Jesús. Pásalo.
29 Tiempo ordinario (B)
Mc 10, 46-5
27 de octubre 2012


fuente: 

AL BORDE DEL CAMINO
Escrito por  Florentino Ulibarri

Aquí estoy, Señor,como el ciego al borde del camino
–cansado, triste, aburrido,
sudoroso y polvoriento,
sin claridad y sin horizonte-;
mendigo por necesidad y oficio.

Aquí estoy, Señor,
en mi sitio de siempre pidiendo limosna,
sintiendo que se me escapa la vida,
el tiempo y los sueños de la infancia;
pero me queda la voz y la palabra

Pasas a mi lado y no te veo.
Tengo los ojos cerrados a la luz.
Costumbre, dolor, desaliento...
Sobre ellos han crecido duras escamas
que me impiden verte.

Pero al sentir tus pasos,
al oír tu voz inconfundible,
todo mi ser se estremece
como si un manantial brotara dentro de mí.

Te busco,
te deseo,
te necesito
para atravesar las calles de la vida
y andar por los caminos del mundo
sin perderme.

¡Ah, qué pregunta la tuya!
¿Qué desea un ciego sino ver?
¡Que vea, Señor!

Que vea, Señor, tus sendas.
Que vea, Señor, los caminos de la vida.
Que vea, Señor, ante todo, tu rostro,
tus ojos,
tu corazón.

Florentino Ulibarri

MIENTRAS NO VEAMOS CLARO, SERÁN INEVITABLES LOS TROPIEZOS
Escrito por  Fray Marcos

CONTEXTO
Seguimos en la misma dinámica. Sale Jesús de Jericó, camino de Jerusalén. Hoy no hay enseñanza añadida, el mimos relato entraña la lección. Es la última jornada hacia Jerusalén (Jericó está a unos 30 kms. y era la última parada y fonda). Estamos en la última escena, antes de entrar en Jerusalén. Después, el evangelio de Marcos da un profundo quiebro. Lo que acontece en Jerusalén está más cerca de la pasión que de lo narrado hasta ahora de su vida pública.

Los detalles del relato de hoy tienen poco que ver con los que Marcos ha utilizado hasta ahora. Jesús le llama. Le pregunta qué es lo que quiere. Admite el título de Hijo de David. No lo aparta de la gente. La curación no va acompañada de ningún gesto. No le manda guardar silencio sobre lo sucedido...

Una vez que Marcos ha dejado claro que el camino hacia el Reino es la renuncia y la entrega hasta la muerte, ya no hay lugar para los malentendidos. No tiene sentido mandar callar ni rechazar el título de Mesías. Como vamos a ver, todo son símbolos.

EXPLICACIÓN
Al borde del camino. Bartimeo es el símbolo de la marginación, está fuera del camino, tirado en la cuneta, sin poder moverse, viendo cómo los demás pasan, dependiendo de ellos. El ciego tenía ya asignado su papel, (la exclusión), pero no se resigna. Sigue intentando superar su situación a pesar de la oposición de la gente.

"Hijo de David" era un título mesiánico equivocado; suponía un Mesías rey poderoso, que se impondría con la fuerza. A Marcos ya no le importa, no le manda callar. En el relato siguiente (la entrada de Jesús en Jerusalén) vuelve a poner "Hijo de David" en boca de la multitud.

Le regañaban para que se callara. Los que acompañan a Jesús no quieren saber nada de los problemas del ciego. En la situación en que te encuentras no tienes derecho a protestar ni a gritar. Aguanta y cállate. Era el sentir del pueblo judío, tan religioso él.

"La gente" significa, para nosotros hoy, la inmensa mayoría de los cristianos que siguen a Jesús, pero no descubren la necesidad de ver más allá de sus narices y emprender un nuevo camino. Una vez más aparece la sutil ironía de Marcos: los que seguían a Jesús eran un obstáculo para que el ciego se acercara a él.

Llamadlo. Se advierte claramente la carga simbólica del relato. En menos de una línea se repite por tres veces el verbo llamar. La llamada antecede siempre al seguimiento.

Soltó el manto, dio un salto y se acerco a Jesús. Jesús valora la situación de muy distinta manera que sus acompañantes. Al menor síntoma de acogida, el ciego tira el manto y da un salto. Un ciego debía andar a tientas y con cuidado. Ahora confía, aunque no ve. El manto representa lo que había sido hasta el momento. Lo que era su refugio, se convierte en un estorbo. Todas sus esperanzas están ahora en Jesús. Este es el verdadero milagro, que el mismo ciego realiza.

¿Qué quieres que haga por ti? Desde el punto de vista narrativo, la pregunta no tiene ningún sentido. ¡Qué va a querer un ciego! La pregunta que le hace Jesús, es la misma que, el domingo pasado, hacía a Santiago y Juan. La pregunta es idéntica, pero la respuesta es completamente distinta. Los dos hermanos quieren "sentarse" en la gloria con Jesús. El ciego quiere ver para "caminar" con él. La diferencia no puede ser más abismal.

¡Que pueda ver! Jesús provoca, con su pregunta un poco absurda, este grito. En toda la Biblia, el "ver" tiene casi siempre connotaciones cognitivas. Ver significa la plena comprensión de aquello que es importante para la vida espiritual. Este grito es el centro del relato, siempre que descubramos que no se trata de una visión física. Se trata de ver el camino que conduce a Jerusalén para poder seguirlo. El camino de la renuncia que conduce hacia el Reino. De ahí la respuesta de Jesús: ¡Anda! El objetivo final no es la visión, sino la adhesión a Jesús y el seguimiento. Una lección para los discípulos que no terminan de ver. Siguen a Jesús por el camino material, pero no por el de la renuncia hacia la cruz.

Tu fe te ha curado. Una vez más, la fe-confianza es la que libera. Solo él ve a Jesús. Solo él le sigue por el camino... el camino que lleva a la entrega total en la cruz. Marcos deja bien claro que una respuesta auténtica a la llamada de Jesús, será siempre cosa de minorías. La multitud que seguía a Jesús sigue ciega. Todos estos domingos venimos viendo la falta total de comprensión de los discípulos. No habían ni siquiera atisbado la propuesta de Jesús. Solo después de la experiencia pascual ven a Jesús y le siguen.

Y lo seguía por el camino. El ciego, una vez que descubrió a Jesús le sigue en el camino. Antes estaba al borde, es decir fuera del camino. El relato de una ceguera material es el soporte de un mensaje teológico: Jesús es capaz de iluminar el corazón de los hombres que están ciegos y a oscuras. Los discípulos demuestran una y otra vez, su ceguera. Un hombre tirado en el camino, ve. Antes de ver, espera el falso "Mesías davídico". Después sigue al auténtico Jesús, que va hacia la entrega total en la cruz, y le sigue.

Ya en la primera lectura de Jeremías encontramos un anuncio de este mensaje: Dios salva un resto de su pueblo. No salva a los poderosos, ni a los sabios, ni a los perfectos, (no sienten ninguna necesidad de ser salvados) sino a los ciegos y cojos, preñadas y paridas. Es decir a los pobres.

No es el ciego el que está hundido en la miseria. La verdadera miseria humana está en los que, aun siguiendo a Jesús, mandan al ciego que se calle. Lo estamos repitiendo todos los días. ¡Que se callen todos los miserables que molestan! ¡Que eliminen los mendigos de las calles! No nos dejan vivir en paz. No oír, no ver la miseria que hay a nuestro alrededor, mirar hacia otro lado, es la única manera de vivir tranquilos...

APLICACIÓN
La evolución ha sido posible gracias a que la vida ha sido despiadada con el débil. El evangelio establece un cambio sustancial en la marcha de la evolución. Jesús trastoca esa escala de valores, que aún prevalecía entre los hombres de su tiempo. Se daba por supuesto que Dios estaba en esa dinámica, y que todo lo defectuoso era rechazado por Él.

Esto es lo que no podía soportar Nietzsche, porque creía que el evangelio exaltaba la mezquindad. Nunca fue capaz de descubrir el valor de un ser humano a pesar de sus radicales limitaciones. La esencia de lo humano no está en la perfección ni física ni síquica ni mental ni moral sino en la misma persona, independientemente de sus circunstancias.

La actitud de Jesús fue un escándalo para los judíos de su tiempo y sigue siendo escandalosa para nosotros hoy. Creemos ingenuamente que hemos superado esa dinámica. Tal vez hemos avanzado con relación a las limitaciones físicas, pero ¿qué pasa con los fallos morales?

Jesús no solo se acercó a los ciegos, cojos y tullidos; también se acercó a los pecadores públicos, a las prostitutas, a las adúlteras. Lucas, inmediatamente después de este relato, inserta el de Zaqueo (publicano-pecador) que expresa lo mismo que este del ciego, pero con relación a los excluidos por impuros.

Nosotros aún seguimos hoy creyendo que los pecadores que nosotros rechazamos, son también rechazados por Dios. Ellos nos preceden en el Reino de los Cielos, porque seguimos estando ciegos a la manifestación de Dios en Jesús.

La escala de valores que nos propone el evangelio, no solo es distinta, sino radicalmente opuesta a la que los humanos manejamos todavía hoy. Entendemos al revés el evangelio cuando pensamos: 'Qué grande es Jesús, que de una persona despreciable, ha hecho una persona respetable'.

Desde nuestra perspectiva, primero hay que cambiarla, después hablaremos. El evangelio dice lo contrario, esa persona ciega, coja, manca, sorda, pobre, andrajosa, marginada, pecadora; esa que consideramos un desecho humano, es preciosa para Dios. ¡Nos queda aún mucho por andar!

Meditación-contemplación

¿Qué quieres que haga por ti? –Maestro, que pueda ver.
Grita desde lo hondo de tu ser una y otra vez:
¡Que pueda ver! ¡Que pueda ver!...
Y pronto te responderán:
¡Pero si puedes ver! Solo tienes que abrir los ojos.
...................

Nos han convencido de que para ver,
Necesitamos que alguien me coloque unas gafas.
Absolutamente falso. El ojo interior está hecho para ver,
y tu verdadero ser está siempre iluminado.
..................

Descubre la causa de tu ceguera.
Abre bien los ojos y si hay algo que no te deja ver, apártalo.
Nade tiene que traerte un candil o prestarte prismáticos.
Tu e-mail puede estar lleno de basura y no cabe el verdadero mensaje.
.......................

Fray Marcos


LOS CIEGOS VEN: HA LLEGADO EL REINO
Escrito por  José Enrique Galarreta, SJ.

Nos encontramos ante el último relato de Marcos antes de la entrada mesiánica en Jerusalén, que marcará el principio de la última semana de la vida de Jesús. (Mateo repite en este momento la misma secuencia de hechos de Marcos). Para los tres sinópticos, Jesús llega a Jerusalén desde Jericó, y su último milagro es el del ciego (dos ciegos en Mateo) de esta ciudad.

El episodio es una sanación y una sanación de un ciego, pero además sirve a Marcos de "bisagra" entre dos secciones diferentes de su libro. Los diez capítulos anteriores se han dedicado a los "hechos y dichos" de Jesús, partiendo de Galilea.

Los capítulos once a trece se sitúan en Jerusalén: Jesús no hace milagros; su actividad es una fuerte polémica con los jefes religiosos de Israel y supone la ruptura definitiva. Desde aquí, los capítulos catorce a dieciséis se dedican a la pasión y resurrección.

Por tanto, estos seis versos del capítulo diez sirven de final de una época e introducen la siguiente: son, a su modo, un pregón mesiánico, más sutil pero más profundo que la misma entrada de Jesús en Jerusalén.

En este último milagro de la vida pública de Jesús (según Marcos) el protagonista es un mendigo ciego, que es ignorado y silenciado por todos menos por Jesús. Entre tanta muchedumbre y tanto entusiasmo, él es el único capaz de invocar a Jesús con su verdadero nombre "Hijo de David" y su más importante cualidad, "la compasión".

Y Jesús corresponde a esa proclamación con lo mejor que tiene: la curación de la vista material y la proclamación de que lo mejor del curado es su fe en el mismo Jesús.

Marcos se muestra por tanto tan sutil como siempre: sus narraciones, con tanto aspecto de documentos fiables, de crónica de testigo presencial, son, sin perder nada de lo anterior, profesiones de fe y retratos no sólo de lo que sucedió sino de lo que sucede en los seres humanos en su relación con Jesús y en su misma relación con Dios, su religiosidad. Lo hemos venido viendo así durante varios domingos anteriores.

Llama sin duda la atención el paralelo existente entre esta narración y la del tercer milagro de Jesús según la narración de Marcos, la del leproso. En ambas se da la diferenciación clara entre la postura de la gente, que no acoge al enfermo, y la de Jesús, compasivo.

En ambas Jesús se acerca, se interesa por la persona y habla con él. En ambas resalta la fe del que va a ser curado. En ambas el curado se convierte en pregonero de la salvación de la que ha sido objeto. Jesús es el mismo, y los recursos de los evangelistas también. El necesitado - la multitud indiferente - Jesús compasivo - la fe - Jesús se acerca – Jesús cura – los curados le siguen y le proclaman.

La curación es, precisamente, de un ciego. En el contexto de la ceguera de los jefes de Israel que ya desde el capítulo siguiente va a ser el gran enemigo de Jesús, este milagro cobra carácter de símbolo y no puede menos de hacernos evocar el final que el cuarto evangelio pone al milagro de la curación del ciego de nacimiento: "He venido a este mundo para un juicio: para que los ciegos vean y los que ven se queden ciegos.

A lo que contestaron los fariseos: ¿es que nosotros estamos ciegos?. Y les dijo Jesús: si estuvierais ciegos, no seríais culpables; pero como decís que veis, vuestro pecado permanece".

Todo este conjunto nos lleva a asomarnos al sistema de recursos simbólicos de que hacen uso los evangelistas para preparar el relato de la Pasión. Como siempre los hechos tienen sobre todo importancia por su significado. Recordemos que el relato de la Pasión va siendo preparado con varios anuncios de Jesús y con la escena de la Transfiguración.

A los evangelistas les importa mucho narrar la Pasión a un lector que sepa ya bien quién es el que la sufre y cuál es su significado. Jesús-Luz del Padre va a sufrir la Pasión, es decir, el rechazo de los ciegos. Este es el simbolismo que Marcos quiere dar a ésta última curación de Jesús, cerca ya de Jerusalén. Se está tratando ya de Jesús el Enviado, Jesús Luz, luz que será rechazada por los que dicen que ven y aceptada por los mendigos ciegos. Todo un riquísimo contenido.

R E F L E X I Ó N
En una curación tan "mesiánica" como esta, no podemos menos de sentir la evocación de la misma manifestación mesiánica de Jesús al responder a la embajada del Bautista. Juan Bautista, desde la cárcel, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús:

- ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? Jesús responde: - Id y decid a Juan lo que habéis visto: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y son los pobres lo que reciben la Buena Noticia: dichosos los que no tropiezan por mi causa.(Mateo 11, Lucas 7)

Jesús, por tanto, se hace heredero del mesianismo más puro de Isaías. Reciben la Buena Noticia los pobres, los ciegos, los enfermos. Pero otros tropezarán. Serán los ricos, los que ven, los sanos.

Es una estremecedora línea, en la que se confunde, hasta no poder separarse, lo sucedido a Jesús, lo sucedido a lo largo de la historia y nuestra propia trayectoria espiritual.

Creyeron en Jesús los que se sentían necesitados de salvación, especialmente los más necesitados, los pecadores. Y los que no se sentían pecadores, no creyeron en Él, más bien tropezaron en Él porque atendía a los pecadores. Jesús ironizó sobre ellos diciendo que "los sanos no tienen necesidad de médico" (Mt.9, Mc.12, Lc.5).

Y los ricos tampoco se atrevieron a irse con él, tenían demasiado bienestar para sentir necesidad de Jesús (Lo vimos hace dos domingos leyendo Marcos 10, el joven rico).

En el pasaje de hoy, el ciego mendigo encuentra a Jesús porque necesita de él y cree en él. La muchedumbre le sigue con aspavientos externos, pero nada más. En el mismo contexto situacional ubicará Lucas el episodio de Zaqueo, que resulta brillantemente paralelo con la vocación de Leví (Mt.9, Mc.2, Lc,5).

Y resulta bastante sintomático que en el principio de la vida pública Jesús se define llamando a los pecadores y comiendo con ellos y al final de la misma (último episodio de Lucas antes de la entrada en Jerusalén) se repite la escena, con el mismo escándalo y la misma reiteración del mensaje de Jesús.

Los evangelistas por tanto acumulan signos sobre el mensaje fundamental: Jesús Salvador, Libertador del pecado, Luz para los humanos, es recibido por los pecadores, que alcanzan la luz de la fe, y rechazado por los "sanos y ricos", que quedan ciegos aunque parezcan sanos, videntes, poderosos. Todo esto nos da pie a largas consideraciones que resumiremos brevemente.

Fundamentalmente, sobre la religiosidad. Jesús se coloca en las antípodas de toda religiosidad de apariencia, de identificación con los poderes de la tierra, de equiparación de fe con esplendor externo, de religión como aceptación de "personas oficialmente santas".... cosas todas ellas tan presentes en las religiones.

Los sacerdotes como personas santas, el alto clero con poder, ocupando un lugar social cercano al poder político, los grandes sabios entendidos en las ciencias sagradas... y la masa de gente sin importancia ni voz, que solamente por medio de los altos eclesiásticos tendrán acceso a Dios. Es una situación real, históricamente repetida en la mayor parte (¿en todas?) las religiones, y espiritualmente aceptada incluso ahora entre nosotros.

Jesús es al revés: el mendigo ciego tiene acceso directo por necesitado y por creyente. Los demás, menos. Y los altos eclesiásticos, los que menos de todos. Aun teniendo acceso como todo el mundo, lo rechazarán explícitamente.

Es significativo comparar esos dos extremos. Mirar la historia de las religiones, tan llenas de acepción de personas, de personajes sagrados con poder, de multitudes de necesitados marginados por la estructura religiosa... Es más impactante aún mirar la historia triunfal de la religión cristiana en Occidente, la estructura física de una catedral gótica, la jerarquizada disposición de la gente en una gran celebración actual.

Mucho más aún, contemplar la historia de las naciones cristianas, el protagonismo religioso de los poderosos, la pobreza y desatención crónica de la gente del pueblo. Mucho más aún mirar las naciones del mundo, las cristianas y las no cristianas, mirar que es el primer mundo el que se dice cristiano y el miserable tercer mundo el que es evangelizado por el primer mundo poderoso...

Mirar la esclavitud, cometida por los cristianos y los musulmanes poderosos contra los miserables paganos de los que se llegó a decir que no tenían alma... Contemplar así la historia religiosa del mundo estremece, porque es exactamente lo contrario de lo que Jesús hacía y decía.

A nivel personal, no puedo menos que recordar la sabiduría del planteamiento de le Ejercicios de San Ignacio: parten del reconocimiento de los pecados. Si no me siento necesitado de Dios, no hay manera de llegar a Jesús.

No pocas veces la Primera Semana de ejercicios se considera como un momento ascético de purificación, examen de conciencia y confesión de los pecados, para poder luego conocer a Jesús. No es correcto. Se trata de sentir necesidad del Salvador. Solamente desde este profundo sentimiento de necesidad, de pobreza y ceguera, se puede acceder a Jesús Salvador.

PARA NUESTRA ORACIÓN
Sería útil hacer un ejercicio imaginación e identificación. Imaginar la escena de Jericó y reconocernos en alguno(s) de los personajes. Jesús está rodeado de la multitud entusiasta. La multitud entusiasta ignora al mendigo ciego. La multitud entusiasta no estará al pie de la cruz.

Entre la multitud hay sin duda (siempre están) fariseos y doctores, y quizá algún sacerdote. Están, como siempre, al acecho para intentar cazar a Jesús en algún desliz. Jesús les ofrece materia abundante de crítica. Se va a ir a comer a casa del pecador más aborrecido de la ciudad, Zaqueo. Ellos ya saben que "este hombre no es de Dios, porque no cumple el Sábado". Ellos son los sabios y los santos. Ellos le matarán.

Junto a Jesús están los discípulos. Incondicionales y a medio convertir. En la escena anterior a la de hoy les hemos visto competir entre sí por los puestos de honor en el reino. En la Pasión abandonarán a Jesús. Sólo uno se atreverá a seguirle, y renegará de Él. Sólo uno estará al pie de la cruz.

Pero lo han dejado todo para seguir a Jesús. Llegarán a creer en Él y acabarán dando la vida por Él. No son perfectos, pero creen en Él y le quieren.Está el mendigo ciego. Pura encarnación de la necesidad. Lo tiene fácil para acudir a Jesús, porque no tiene otra cosa a donde acudir.

Si nos metemos en la escena, estaría bien pensar en dónde entramos, cuál es nuestra situación ante Dios, nuestra relación con Jesús, la profunda, la que nadie más que cada uno sabemos.

En resumen. una historia de ciegos ignorantes que ven y de sabios respetables que se quedan ciegos. Una radiografía de la humanidad y de la Iglesia. Y un desafío: ver con los ojos de Jesús o preferir otros ojos. Dejarse iluminar o preferir las propias luces.

Como los Zebedeos del domingo pasado, como el joven rico de hace dos domingos... como la historia entera de la Iglesia. Pero hoy estábamos hablando de éxito, del éxito de Jesús en Jericó, fracaso a los ojos de los verdaderos ciegos. Y podríamos hablar de éxito y fracaso de la Iglesia.

Quizá volvemos hoy los ojos con añoranza a tiempos en que la Iglesia era más triunfante, sus templos estaban más llenos, sus jerarcas eran más ricos y poderosos, los monasterios rebosaban, se podían desplegar banderas sacras en concurridos desfiles públicos, se erigían imágenes de Cristo que presidieran las ciudades, incluso bendiciendo sus playas, sus casinos, sus negocios ...

Quizá quedamos hoy satisfechos y consolados de los éxitos públicos de personajes sacros, de las multitudes que aclaman, de los magníficos actos religiosos desarrollados con toda pompa y retransmitidos al mundo entero. Quizá todo eso esté muy bien, quizá sea necesario, o conveniente, quizá... Pero los criterios de Jesús en Jericó me parecen disonar de todo eso.

Éxito, el éxito de Jesús, el éxito de la Iglesia. Y mi propio éxito personal, vital... ¿Es un éxito de la Iglesia que los templos rebosen de fieles, cuando estos fieles son creadores de injusticia y de opresión? ¿Es un éxito mío que los negocios me salgan bien y pueda vivir aquí como si ésta de aquí fuera la vida eterna?

Los ciegos ven, los cojos andan, y es a los pobres a los que se anuncia la Buena Noticia, dijo un día Jesús; y me parece que lo dijo muy satisfecho, porque ésas son, precisamente ésas, las señales del éxito del Reino.

ORACIÓN

Creo, Señor, ayuda mi poca fe.
Creo en Ti, el Padre con quien puedo contar siempre,
Creo en Jesús, Camino estrecho, Verdad segura, Vida verdadera,
Creo en el Espíritu, que me libera de la tierra.
Creo en la Iglesia, que dice sí a Jesús
y camina desde sus pecados construyendo el Reino.
Creo en la bondad y en la limpieza de corazón,
creo en la exigencia y en la pobreza,
creo que el perdón es mejor que la justicia,
creo que es mejor dar que recibir,
creo que servirte es servir a los hombres,
creo que mi vida tiene valor y sentido
creo que me quieres y me ayudas,
creo en Ti Señor, ayuda mi poca fe.

José Enrique Galarreta, SJ.